El 24 de Diciembre, papá pasó a recogerme al colegio. Casi todos habían abandonado el instituto. Había recibido una tentadora oferta de los Cullen, que pasarían las fiestas como siempre con los Hale, de compartirlas esta vez con ellos. Ang y Ben habían aceptado, pero yo no podía decirle que no a mi papá, a mis abuelos, a de los cuales extrañaba mucho su presencia, su comprensión, su compañía, sus voces. Laurent, no podía creer que hubiese rechazado ese ofrecimiento. Seguía tratándome como lo hacía desde el último tiempo, pero a veces no lograba ocultar del todo su desagrado. Sabía muy bien que ella hubiese dado lo que fuese para ser invitada por la familia de su novio (una de las más respetadas en el ámbito) a una cena en su hermosa mansión en Phoenix. Sabía que era un poco envidia, pero creía comprenderla, después de todo no era una chica con malas intensiones. En ese momento pensaba que era obvio que le molestara que la familia de su novio me prefiriese, asique lo dejé pasar. Ese había sido el detónate de su enojo, según me explico Edward y todavía las cosas no se calmaban, mucho menos con lo acontecido en el fin de semana. Pero en los últimos días él único que parecía emocionado por pasar las fiestas conmigo y que seguía insistiendo era Edward. Los demás alentaban mi decisión y apenas si intentaban hacerme cambiar de opinión. Ellos pasarían estas fiestas en New York, dónde tenían una hermosa casa, según los Cullen habían descripto. Los papás de Rose y Jazz al igual que los de Ang y Ben con sus respectivos hermanos pasarían las Navidades con Carlise, Esme (los padres de Alice, Emmet y Edward) y sus hijos. Iba a ser una gran reunión. Ya lo tenían planeado desde hacía semanas. Desde cómo se iban a vestir hasta el mínimo detalle con respecto a la cena. Por el poco contacto que había tenido con los padres de ella, entendía de quien derivaba su buen gusto y detallismo: Esme era una incansable detallista y al parecer excelente organizadora y anfitriona de eventos. Se habían pasados horas al teléfono eligiendo mantelería y platos para la cena. Si eran así las navidades no quería ni imaginarme lo que sería un cumpleaños en las manos de ellas: los más despampanantes e inolvidables de todos.

Los chicos ya se habían ido yendo todos hacía New York. Alice, Ang y Rose me desearon suerte. Los abrasé muy fuerte a todos. Desde que nos conocíamos jamás nos habíamos separado ni un momento. Iba a ser una situación extraña. Cuando le tocó el turno a Edward, me levantó entre brazos y me hizo reir, generalmente eso lo hacía Emmet.

Te voy a extrañar Bella- me susurro al oído.

Esos días iba a tener que dedicarme a pensar y muy seriamente mi situación sentimental actual. Edward era mi amigo y las cosas se estaban desvirtuando. No era como me sucedió con Mike, con el que me hubiese molestado tener algo, por la presión, por las burlas, por la cantidad de tiempo que pasaríamos juntos. Era en realidad que con Edward no me molestaba nada. Ni siquiera me molestaba malgastar tiempo pensando en él, cosa que sabía no debía hacer. Tenía cientos de problemas: mi familia, mi nuevo colegio, lo mucho que hachaba de menos Florida, pero no era como si pudiera pensar que no me importaba. Porque el si me importaba. No me molestaría sumar un problema más a la lista. El problema era que amaba a Paul, que era mi novio, que Laurent era la novia de Edward, que éramos amigos y que él era el chico más popular del colegio. Su sola amistad me traía miradas de furia, no quisiera saber una relación.

Sabemos que la vas a pasar GENIAL- me guiñó el ojo Emmet.- que me alzó en el aire tal y como esperaba que lo hiciera, dando vueltas hasta marearme. Sí claro, genial. No mejor que ellos. Aunque de verdad prefería estar con mi familia.

Si bien me hubiese gustado ir a Florida los tiempos no me daban y sabía que a papá no le gustaría la idea de hacer viajar a los abuelos. Él tampoco podría. Para su película solo le habían dado libres Noche buena y Navidad, asique iba a disfrutar al máximo con ellos el poco tiempo que teníamos.

El tiempo que me quedé sola esperándolo me puse a charlar con Ryan. Era tan increíblemente bueno y comprensivo. Podía pasar horas hablando con él sin cansarme. Pero algunas veces podía tornarse algo avasallante. Para mis charlas serias prefería a Rose o a Eddie. En un momento se acercaron Rcih, Mel, John y Perse. Ellos siempre estaban juntos y eran muy unidos. A mí me caían bastante bien, pero al parecer a Ryan no porque apenas se acercaron a mí, salió disparado. Era un lástima, él siempre me hacía sentir tan cómoda. Me alegraba que mis amigos vienieran a hablarme. Siempre me hacían reír contándome chismes o criticando a alguna de las porristas.

Mírame- dijo Mel haciendo una muy buena imitación, aunque algo exagerada, de cómo caminan ellas en general.- Saco cola, saco tetas – estaba en una posición bastante extraña, toda encorvada pero no por eso menos acertada.- Soy Jessica y me ENCANTA Mike. Se sabe que no me molesta en lo absoluto que me usen- dijo con una voz finita como de REGALADA?

No podía parar de reírme, pero en seguida me pasaron a buscar. Los estreche fuerte y les desee una muy feliz navidad. Ellos estaban esperando a los padres de Perse, ellos también pasarían las fiestas juntos. Me daba lástima Laurent, no tenía una muy buena relación con su familia y además no estaba pasando un buen momento con Edward. Y yo lo estaba empeorando todo…

Charlie bajó de su auto, un hermoso convertible negro. Ya había cambiado de auto otra vez. Me ayudo a subir mi equipaje de mano (Alice me había obligado a llevar 2 vestidos y maquillajes, cosas que consideraba superfluas para una cena familiar, pero era imposible contradecirla.) y las cajas que había preparado con los regalos, incluidos los de mis amigos de Florida. Finalmente mi papa cedió a enviarlos para estas fiestas. Ni bien vi a mi papá no pude contener el abrazo que necesitaba darle. Lo extrañé tanto y apenas me había dado cuenta. Entre de un salto al asiento del copiloto y me puse el cinturón de seguridad, encendí la radio y escuché que sonaba mi banda preferida. She's electric, she's in a family full of excentrics. Mi papa parecía de buen humor. Casi todo el trayecto nos la pasamos hablando. Él me contaba sobre su nuevo proyecto, sobre los actores, sobre cómo se iba desarrollando la historia. Le agradecí por todo el merchandaising. Me causaba gracia que él me preguntara de que manera llevar a cabo la historia. También me halagaba.

Me sentía muy agarrotada cuando por fin tuve el placer de salir del auto y estirarme. En la puerta, juntos parados frente al muérdago de la puerta me esperaban mis abuelos. Corrí hacia ellos y los abracé, los bese y casi los ahogo por tanta expresión de cariño. Se veían tan contentos y no era por presumir, pero sentía que parte de esa sonrisa se debía a mí. Entré al vestíbulo de la casa de Charlie. Bajo un gran espejo se encontraba Kelly que me saludó cordialmente. No podía creer que todavía siguieran juntos mi padre y ella. Me caí rendida en uno de los sillones y papá pronto trajo mi equipaje. Dos cajas grandes y un bolsito de mano. Sin hacer otra parada me dirigí directamente a mi cuarto. Encontré cortinas nuevas y una funda azul combinada con celeste para mi cama. Habían agregado otro sillón y pude apreciar que había una nueva pintura colgada en una pared. No podía creerlo, era una de mis obras preferidas, "El Beso". Ese detalle me estrujó el corazón. Me asomé al balcón. El paisaje que podía observarse era hermoso. Todo cubierto de blanco, imposible. Aunque últimamente ya casi nada me lo parecía. La última vez que había estado aquí había llorado tanto, me sentía triste, sola, parecía que no le importaba a nadie. Recuerdo mi conflicto por pensar en un nuevo hogar-escuela, con gente nueva que no conocía. La inseguridad del no saber que me depararía el nuevo lugar me había puesto histérica y melancolica, había derramado lagrimas por doquier. Hoy me volvía encontrar melancólica pero porque echaba de menos a mis nuevos amigos y a los antiguos. Sentía que lo que antes tenía tan claro ahora parecía confuso. Hacía mucho tiempo que no veía a Paul y eso me daba miedo, necesitaba confirmar que lo seguía amando. No que solo fuese un hecho determinado si no que lo volviese a sentir. Lo que me producía fue claramente inducido por la presión de todos en East Coast, pero necesitaba corroborarlo. Por eso este receso me serviría para alejarme de todo y poder conectarme nuevamente conmigo y descubrir que era lo cierto si es que algo lo era. Necesitaba echarle agua fría a mi cabeza y que pudiese pensar con tranquilidad. Comenzé a divagar en medio del espectáculo blanco que se asomaba frente a mis ojos y se extendía más allá de lo que podía apreciar. Una sonrisa se extendió por mi cara. La perspectiva que se presentaba frente a mi, de unos días junto a los que más quería para poder pensar con tranquilidad me abría un muy buen panorama. Terminé de acomodar algunas cosas más y salí corriendo para agradecerle a mi abuela. Era obvio que esto era cosa de ella. En el largo pasillo que debía recorrer antes de llegar al vestíbulo que conducía a las escaleras vi un par de puertas abiertas, incluida la de los huéspedes. No podía comprender por qué, con un clima tan frío como continuaba haciendo se les había ocurrido ventilar la casa. Cuando llegué a las escaleras murmullos subían en espiral desde la planta baja. Me asomé por las barandas de madera pulida. La música de un piano llegaba a mis oídos y ni siquiera mis ojos podían dar crédito de lo que veían. La alegría nubló mi corazón y ya no pude volver a pensar. Corrí escaleras abajó y lo abracé tan fuerte como fui capaz.