Espero que hayan tenido una buena navidad, que hayan recibido lo que querían y/o que la hayan pasado bien con sus seres queridos. Es hora de continuar con nuestra historia.
Cake se desmayó en el instante de la revelación y Jake lo hizo unos momentos después cuando llegó con Arcoíris, que se dedicó a atender a su pareja mientras Flama hacía lo propio con la gata. Bonnibel llegó unos minutos después gracias al vuelo rápido de su fiel Morrow. Traía una mochila en sus espaldas, aparte de la que traía con todas sus cosas para la pijamada. Cuando vio a Fionna, reaccionó igual que Marceline y corrió a abrazarla con lágrimas en los ojos.
-Sabía que esto podría pasar algún día y pensé que estaría preparada, pero…-, la princesa cortó sus palabras y siguió sollozando de felicidad abrazada a la humana, que seguía sin comprender lo que ocurría.
La princesa se separó de Fionna.
-Lo siento, lo siento-, se disculpó Bonnibel, limpiándose las lágrimas de felicidad, -Marceline, ¿ya les dijiste…?-
-¿Qué son hermanos? Sí. Pero siguen sin creerme-
-¿Esperan que les crea que tengo una hermana de la que no he sabido nada por 15 años y quieren que actúe como si nada?-, reclamó Finn
-Yo ni siquiera las conozco. ¿Cómo esperan que confíe en ustedes?-, reclamó también Fionna.
-Uh… ¿qué pasó?-, preguntó Jake mientras se despertaba.
-Siento como si hubiera comido demasiada comida para gato-, balbuceó Cake despertándose.
-Bien, creo que es justo explicarles todo. Siéntense-
Todos se acomodaron y se sentaron alrededor de la princesa y la vampiresa, quedando los humanos justo enfrente de ellas. Flama, a un lado de Finn, sostuvo la mano de su novio, sabiendo que lo que venía podría ser algo complicado y difícil. Finn volteó hacia ella y la miró con una sonrisa agradecida. Del otro lado, pasaba lo mismo entre Fionna y Cake.
-Esto es lo primero en la lista, después de lo que ya les dijo Marceline-, dijo Bonnibel, sacando una fotografía de su mochila que entregó a los hermanos.
En la foto, se veía a otro par de humanos, muy parecidos a ellos pero indudablemente mayores; abrazados y sonriendo hacia la cámara. Detrás de ellos, estaba el familiar paisaje de los bosques de algodón de azúcar del Dulce Reino. El hombre era como Finn, pero con el cabello más corto y algo alborotado, y una apenas visible barba de candado empezando a formarse en su rostro, que tenía algunas cicatrices menores. Se podía adivinar un cuerpo fornido debajo de su playera blanca.
La mujer no fue difícil de reconocer para Finn: fresco y grabado en su memoria hasta el momento final, estaba el par de encuentros que tuvo con ella hace ya casi un año. De cabello rubio largo y brillante; su figura no era muy delgada, pero tenía buen cuerpo; se podía notar en una de sus mejillas un rasguño reciente que seguramente no habría dejado cicatriz. Su vientre parecía estar algo abultado, así lo demostraba la anomalía en lo plano del vestido azul que llevaba.
Tanto Finn como Fionna estaban impresionados con ver imágenes aparentemente recientes de otros humanos. Los únicos humanos que habían visto estaban en cintas y películas de antes del tiempo de la Gran Guerra de los Champiñones que, por lo que sabían, fue ya hace casi mil años.
-¿Estos… son los padres de Finn?-, preguntó Flama, quien sólo era la más cercana de los que miraban por encima de los hombros de los humanos a la fotografía. Bonnie y Marceline asintieron.
-Ellos eran Einar y María. Fueron los mejores humanos que conocimos. Eran guerreros que lucharon junto a Billy para derrotar al Lich cuando aún eran jóvenes. Después de que Billy se retiró, ellos, junto con Joshua y conmigo, se convirtieron en los nuevos héroes de Ooo. Éramos grandes amigos… junto con esta nerd de mi derecha-, dijo Marceline, ganándose un golpe en el hombro por parte de la princesa.
Marceline sacó otras fotos de la mochila y se las entregó a los humanos. Fotos de batallas con monstruos, fotos con Billy, fotos con Marceline, Joshua y la Dulce Princesa, fotos de ellos con otros humanos y ellos solos.
-¿Qué les pasó?-, preguntó Cake
Marceline y Bonnibel compartieron una mirada y suspiraron.
-Después de la Guerra, los humanos quedaron casi al borde de la extinción-, comenzó Marceline, -Los que sobrevivieron a ella y la radiación, tuvieron que enfrentarse contra nuevos seres mutantes surgidos de esa radiación. Pero no sólo eso, sino que también debieron enfrentarse a seres ancestrales que existieron junto a la humanidad desde tiempos antiguos: magos, duendes, gnomos… vampiros. Estos seres fueron obligados a esconderse cuando los humanos empezaron a hacerse más poderosos… y también más peligrosos; así que, para ellos, fue como una especie de venganza-
-Los humanos sobrevivieron e hicieron un pacto de paz con algunas de las criaturas que hoy día ven aquí, cuando ya habían evolucionado bastante de su mutación-, continuó la Dulce Princesa, -hasta hace cincuenta años, la humanidad vivía en un asentamiento cercano al mar. No eran demasiados, su número acaso si pasaba de los cinco mil. Después de una tormenta que destruyó su aldea, se dividieron en grupos que vivieron separados, aunque varias veces se trató de unirlos otra vez-
-La principal razón para tratar de unirlos era que había enemigos de los humanos, entre ellos…-, Marceline se detuvo, tragó saliva y suspiró, -los Siete Nigromantes. Ellos eran magos oscuros que intentaron destruir a la humanidad desde el tiempo de la Guerra. Los culpaban de todos los males que llevaron a la casi aniquilación de toda la vida en la Tierra. Hace quince años liberaron a un monstruo del Inframundo al que se le ordenó acabar con toda la humanidad restante-
-Como los humanos estaban separados en diferentes aldeas, le fue más fácil hacer su trabajo-, dijo Bonnibel
-¿Esa criatura fue la que…?-, preguntó Fionna
-No-, respondió Bonnie, -sus padres lograron detenerla. Fue el maestro de los Nigromantes quien lo hizo-
Marceline comenzó a llorar ante el recuerdo de aquella trágica noche. Fue abrazada por Bonnibel quien trató de calmarla acariciando su espalda.
-¡Yo pude haberlos salvado! ¡Ese tonto mago nos quitó el tiempo! ¡Maldito Perrumpo!-, decía Marceline entre sollozos; levantó la vista y se abalanzó a abrazar a los humanos, -Lo siento, chicos. De verdad, lo siento-
Por instinto, ambos abrazaron a la vampiresa y trataron de calmarla como lo había hecho Bonnie, hasta que se separó, y secándose las lágrimas se disculpó.
-Sus padres los pusieron a salvo antes de que la criatura llegará. Cuando la batalla terminó, Joshua y Marceline los encontraron a ustedes dos y los llevaron a mi castillo-, explicó Bonnibel.
-¿Y cómo es que nunca nos conocimos hasta ahora?-, reclamó Fionna
-¿Por qué estábamos en universos diferentes?-, reclamó Finn.
-¡Para ponerlos a salvo!-, gritó Marceline, calmada de su llanto pero molesta con la actitud de los adolescentes, -sabíamos que el maestro de los Nigromantes no iba a descansar hasta verlos muertos. Pero también sabíamos que sólo lo haría asegurándose de que los dos estuvieran juntos. ¡Lo hicimos por su bien!-, gritó Marceline.
Bonnibel puso una mano en su hombro, pidiéndole que se calmara.
-Sólo algunos miembros de la realeza y héroes sabían que existía otra dimensión. Joshua tuvo la idea de mandar a uno de ustedes para allá. Nos aseguraríamos que los dos tuvieran suficiente protección y que nunca supieran uno del otro, precisamente por su protección-, terminó Bonnibel
-Un momento-, habló Fionna, -entonces, ¿Gumball sabe de esto?-, preguntó indignada.
-¿Quién?-, preguntó Finn
-Sí, lo sabe-, respondió la Dulce Princesa
-Y Marshall también, ¿no?-
-Puaj, ¡no me recuerdes ese nombre!-, exclamó Marceline, haciendo un gesto de asco, -pero sí, lo sabe-
-¡Esos dos van a recibir una paliza cuando los vea!-, juró Fionna, levantándose
-Pues no sé quiénes sean ellos, pero si ustedes fueran hombres también les daría una paliza, chicas-, dijo Finn, también levantándose, -¿cómo me pudieron hacer eso?-, preguntó Finn con tristeza.
-Sabemos que es difícil de entender, pero lo hicimos para protegerlos-, dijo Bonnibel
-Pero si hay algo de compasión en sus heroicos corazones, entonces, por favor, perdónennos-, suplicó Marceline, en una acción que nunca antes se había visto en ella.
Finn y Fionna compartieron una mirada, viéndose directamente a los ojos y sonrieron.
-¿Qué dices, hermana? ¿Las perdonamos?-
-Como quieras, hermano-
Los dos se abrazaron, con lágrimas en los ojos y riendo con pequeñas carcajadas. Se sentían bien. Por fin, ya no eran "el último o la última de su especie". Y no sólo eso, sino que además resultaron ser miembros de una misma familia. Y a pesar de no haberse visto en quince años y no tener ninguna memoria el uno del otro, sentían ya un gran cariño entre los dos.
Los demás no pudieron ocultar la emoción que les transmitió ese momento. Tanto Flama como Jake sonreían, felices de que Finn tuviera alguien de familia directa después de tantos años; igual Cake, a quien casi se le salían las lágrimas de lo emocionada que estaba por su hermana. Pero las dos chicas que sabían de todo esto, Marceline y Bonnibel, lloraban ríos de felicidad al ver a los dos hermanos por fin unidos. Estos deshicieron su abrazo y voltearon a ver a las chicas:
-¿Qué esperan? ¡Vengan aquí!-, invitaron los humanos, extendiendo sus brazos para recibirlas. Ellas, no dudaron y corriendo fueron a unírseles en un fuerte abrazo.
Después de varias risas con lágrimas, los cuatro se separaron.
-Oigan, ¿después pueden contarnos más sobre nuestros padres?-, preguntó Fionna
-Sí, por lo menos eso nos deben-, dijo Finn
-¡Por supuesto! Les contaremos más sobre sus padres y los demás humanos-, afirmó Bonnibel
Flama se acercó a Finn y tocó su hombro, haciéndolo voltear hacia ella. La chica, sonriente, abrió sus brazos.
-Felicidades Finn. Me alegró que hayas encontrado a alguien de tu familia-, dijo Flama.
Finn, en una sonrisa que ya parecía eterna, aceptó el abrazo de su novia, invadido por la felicidad que sentía en ese momento. Cuando se separaron, fue Jake quien se acercó.
-Y, ¿ahora qué?-, preguntó el perro mágico
-Jake, tú siempre vas a ser mi hermano, no lo dudes jamás-, dijo Finn antes de abrazarlo.
-¡Felicidades hermanita! No sabes lo feliz que me siento por ti-, le dijo Cake a Fionna
-Gracias hermana. Pero no creas que te vas a deshacer de mí tan fácilmente. Aun sigues seguimos siendo familia-, dijo Fionna, haciendo sonreír a la gata.
Fionna y Flama se acercaron, se miraron directamente y después saltaron y soltaron unos gritos agudos.
-¡Somos cuñadas! ¡Somos cuñadas!-, gritaban mientras saltaban tomadas de las manos, para luego abrazarse fuertemente.
-Bueno, bueno…-, dijo Marceline, secándose algunas lágrimas de los ojos, -…dejemos todo este sentimentalismo. ¡Divirtámonos en esta pijamada!-, exclamó
-¡Por supuesto! ¡BMO!-, llamó Finn
-¿Sí, Finn?-, preguntó BMO, surgiendo de entre los asientos del sofá
-¿Qué hora es?-
-Mmmm… ¡hora de tu baño de fin de semana! ¡Desnúdate Finn!-, gritó la consola.
-¡No!-, gritó un avergonzado y sonrojado Finn, con la risa de todas las chicas, incluso las de su hermana y Arcoíris, detrás de sí, -¡Hoy es noche de pijamada!-
-Oh, en ese caso es: ¡hora de películas!-
BMO bajó del sofá y corriendo con sus pequeñas piernitas se dirigió a la planta baja, regresando con un aparato circular, mientras todos los demás tomaban sus posiciones en la sala. El sofá principal fue ocupado por Finn, Flama, Fionna y Cake. Después de que Jake le entregó a cada uno una bolsa con palomitas, se dirigió con su novia, quien lo rodeó con su cuerpo mientras los dos comían de la misma bolsa de palomitas. Sólo quedaba el pequeño sillón de una sola pieza y aún quedaban Marceline y Bonnibel en pie.
-Chicas, ¿alguna de ustedes quiere que les traiga una silla?-, preguntó Finn al notar la incómoda situación.
-Oh, no Finnie, estamos bien. Las dos compartiremos el lugar-, dijo la princesa
-Pero, ¿cómo?-
-Así-, dijo Marceline, sentándose en el pequeño sillón. Bonnibel se sentó en las piernas de la vampiresa y las dos voltearon sonrientes a ver a Finn.
-Bueno, si así se sienten cómodas-, dijo Finn, quién ya se había acostumbrado a verlas en actitud amistosa desde el accidente de la princesa; aun así, le parecía que últimamente las chicas estaban más extrañas que de costumbre.
BMO introdujo una cinta VHS en su "compartimento especial" y se conectó al pequeño aparato que había traído (que resultó ser un proyector), iniciando la proyección de la película.
-¡Wow! ¡Qué buena película!-, exclamó Fionna mientras los créditos finales viajaban a través de la pantalla artificial creada por BMO.
-Vaya, ese tal Indiana Jones me recuerda mucho a ti, Finn-, dijo Flama
-Sí, es bueno. Admito que me gustó cuando huía de la roca gigante y cuando peleó contra ese hombre gigante y musculoso… pero le falta mucho para ser tan bueno como yo-, dijo Finn, con orgullo en su voz
-¿Ah sí? Pues yo nunca te he visto usando un látigo tan bien como él lo hizo-, comentó Marceline
-¡Yo podría usar un látigo si quisiera!-
-¿Y por qué no lo has hecho?-, preguntó Marceline, con voz provocadora, saboreando la próxima reacción del humano
-¡Pues porque no sé cómo!-, respondió Finn, cumpliendo con las expectativas de la vampiresa, quien soltó una carcajada.
-Sshhh… no le hagas caso a esa malvada-, le susurró Flama a Finn mientras lo abrazaba, -yo te quiero con todo lo que sabes y no sabes hacer-
Finn sonrió y volteó su rostro para permitir el encuentro de sus labios, ambos con un sabor salado debido a la reciente ingesta de palomitas.
-Ok, suficiente-, interrumpió Jake, levantándose su lugar en medio del cuerpo de su pareja, antes de que el beso avanzara más, -suficiente con los besos, ya es tarde. Es hora de acostarse-
La expresión de Jake dejó a todos con un rostro sorprendido y con los ojos abiertos como platos. Una reacción especial se generó en los rostros de los dos adolescentes a los que Jake hacía referencia, pues sus mejillas se vieron invadidas por el rojo por enésima vez en sus vidas.
-¡De dormir! ¡Quise decir "hora de dormir"!-, explicó Jake en un desesperado gritó, al darse cuenta de lo que acababa de decir, -Grod, tratar con estos dos es cada vez más difícil-, susurró Jake mientras se secaba el sudor de la frente.
Finn y Jake tuvieron que ir a prepararse para dormir a otra habitación, ya que ellos eran los únicos hombres y no podían cambiarse en el mismo lugar que las chicas. Aunque Jake no tenía necesidad de hacerlo pues sus pantalones de tela invisible hecha por duendecillos eran lo suficientemente cómodos para dormir con ellos, acompañó a su hermano como un acto de apoyo y comprensión. Justo como su deber de hermano mayor.
Cuando Finn terminó de ponerse su pijama roja (que combinaba con el color de su rostro al pensar que sería la primera vez que su novia lo vería así) se dirigió junto con Jake a la sala, en donde las chicas ya tenían puestas sus pijamas.
Bonnibel, un par de shorts blancos y su camisa negra rockera; Marceline, pants gris oscuro y un top de un gris más claro; Fionna llevaba una pijama muy parecida a la de Finn; Flama llevaba una playera blanca acorde a su figura, algo holgada y unos pants naranjas.
La sala ya había sido acondicionada para la ocasión: los muebles fueron hechos a un lado, se colocaron varias colchonetas con cobertores para cubrirse del frio. Sólo Jake y Arcoíris compartieron una cama, que era un gran colchón circular que le permitía a la lluviacornio acomodar su cuerpo entero y el de Jake. Los demás ocuparían camas separadas.
Las luces se apagaron (quedando sólo un pequeño brillo proveniente de la chica de fuego, pero que resultaba extrañamente reconfortante para los otros, como un arrullo con luz) y se dispusieron a dormir.
Algunas horas pasaron y el humano seguía despierto. Con sus manos debajo de su cabeza, su mente se veía invadida por pensamientos e imaginaciones. Ahora tenía una hermana y debía decir que se trataba de una hermana genial. Imaginaba como era que sus padres los trataban cuando eran bebés: como era cuando recién nacieron, cuando los bañaban, cuando paseaban con ellos, si había cariño en cada una de esas ocasiones.
-¿Qué estoy pensando? ¡Por supuesto que nos trataban con cariño!-, se reprochó Finn en un pensamiento.
Pensar en que por fin podía decir con seguridad que había tenido padres humanos, en el hecho de haberlos conocido por lo menos a través de una fotografía, hacia palpitar fuertemente su corazón y provocaba que una sonrisa floreciera en su rostro.
-¿Problemas para dormir, héroe?-, preguntó una voz femenina que se acercaba a gatas junto con un fulgor naranja.
-No-, respondió Finn después de un suspiro, -es sólo que… este día ha sido tan… lleno de cosas pesadas… tantas cosas en un solo día… resulta que tengo una hermana… y por fin conocí a mis padres… o algo así-
-¿Y cuál es el problema, entonces?-, preguntó Flama
-Es que estoy muy… emocionado… hasta siento que estoy temblando-
-¿Temblando? ¿Cómo… de frio o algo así?-
-Bueno, tal vez un poco, siento un poco de sudor frio; y esta es una época algo fría por las noches-
Flama se levantó y caminando sobre los dedos de sus pies para hacer el menor ruido posible, llegó hasta su colchoneta y la arrastró a un lado de Finn, juntándola con la de él.
-Eh… Flama, ¿qué haces?-, preguntó Finn confundido con las acciones de su novia.
-Sshh. Despertarás a todos-, susurró la adolescente.
Flama se acostó sobre la ahora doble cama y se metió entre la cobija del humano, abrazándolo y apoyando su cabeza en el pecho del adolescente, mientras aumentaba ligeramente la intensidad de sus llamas.
-Así ya no tendrás frio. Tal vez también te ayude un poco con ese nerviosismo-, le dijo Flama.
Finn, un poco sorprendido al principio y más nervioso que antes, sonrió finalmente y también abrazó a la chica y recostó su cabeza sobre la de ella.
-Gracias Flama-
-De nada, Finnie. Además, el 5 siempre me gustó más que el 4-
Finn debía decir que el calor y el fulgor arrullador de su novia lo relajaban bastante. Y para Flama, escuchar los latidos del corazón de Finn era como una canción de cuna.
No sabían desde cuando habían estado corriendo, pero sentían que lo habían hecho ya por mucho tiempo; las piernas les pesaban como si estuvieran hechas de hierro y cada paso era un esfuerzo por ir más rápido y por levantar el siguiente pie.
Ni siquiera sabían a donde se dirigían. Todo adelante era completamente negro. Y no se atrevían a mirar atrás. Tenían la sensación de que si lo hacían se enfrentarían a algo que les asustaba de sobremanera. Tanto, que el hecho de estar corriendo por su vida, después de años de enfrentar el peligro en una vida heroica, era la evidencia más fuerte.
-Te estamos observando…-, susurró una voz grave, que empezó a hacer eco en sus cabezas como si se tratara de mil voces.
-No tienes donde esconderte…-
Los dos humanos corrían desesperadamente, y esa desesperación se reflejaba en las lágrimas que estaban empezando a soltar.
-Tu sangre está contaminada de maldad… los crímenes de la humanidad serán pagados…-
-¡No!-, gritaron ambos humanos, sin querer creer que en ellos existiera la maldad pura.
De repente, enfrente de ellos, lo que antes era un suelo totalmente oscuro, empezó a resquebrajarse, dejando salir rayos de luz roja. El piso comenzó a caer a pedazos, haciendo retroceder a los humanos para no caer en el abismo rojo que se abría frente a ellos.
De aquel abismo, salió una pata repleta de escamas, con garras blancas enormes. Pronto, le siguió el resto del cuerpo de lo que parecía ser un reptil. De su boca bordeada por agudos colmillos, provenía un gruñido que les helaba la sangre. La criatura, poco a poco, comenzó a acercarse al par de héroes, paralizados por el miedo.
-¡El mundo será purificado con la sangre de los que lo contaminaron!-, gritó la voz
La bestia abrió sus enormes fauces y las lanzó contra el par de humanos, preparado para devorarlos.
-¡Finn! ¡Despierta Finn!-, gritaba Flama, desesperada
-¡Fionna! ¿Qué te pasa Fionna?-, gritaba Cake, del otro lado de la sala.
Ambos humanos despertaron al mismo tiempo, jadeando fuertemente y sudando.
-Finn, ¿estás bien? ¿Qué pasó? No dejabas de moverte como loco-, dijo Flama
-Fionna… ¿dónde está Fionna?-
-¿Finn?-, gritó Fionna, con Cake y Marceline a un lado suyo
-¡Fionna!-, gritó Finn
Ambos se levantaron y corrieron a abrazarse.
-Oigan, ¿qué pasó? No nos preocupen así-, dijo Jake
-Tuve una horrible pesadilla-, dijo Finn, sin dejar de abrazar a su hermana.
-Yo también. Fue horrible. Nunca había tenido tanto miedo-, respondió Fionna
-Un momento. ¿Ambos tuvieron una pesadilla al mismo tiempo? Finn, ¿qué soñaste tú?-, preguntó Bonnibel
-Yo… soñé que… algo me perseguía y… todo estaba negro alrededor. Una voz me decía algo pero no sabía de quien era. Después… el piso se abrió y…-
-…una criatura como un dragón salió del suelo…-, susurró Fionna.
Finn se separó de Fionna, pero aún la tomaba por los hombros, viéndola con un rostro confundido.
-Sí, ¿cómo…? ¿Tuviste el mismo sueño?-, preguntó Finn, recibiendo un movimiento afirmativo con la cabeza de parte de su hermana.
-Oh no… esto está mal-, dijo Bonnibel, con terror en su voz y sus manos en la boca
-¿Por qué? ¿Qué significa todo esto?-, preguntó Flama
-¡Chicos!-, gritó Marceline, -debemos…-
Pero Marceline no pudo terminar su frase. Súbitamente, una gran y sonora explosión mando a volar una de las paredes de la sala de la casa del árbol. La explosión los tomó desprevenidos y todos cayeron al suelo debido a la fuerza del impacto. Pedazos de madera volaron por todos lados, junto con algunos muebles pequeños.
Cuando Finn levantó la vista, pudo ver a siete figuras volando justo enfrente del gran agujero que la explosión había formado.
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