Capitulo 10
Mihawk abrió los ojos, su habitación seguía oscura, tranquila. Ya no llovía, pero se escuchaba un leve goteo en la ventana. El seguía sobre el cuerpo del joven, se incorporó para verle, dormía tranquilo, respiraba con profundidad. Sus manos seguían entrelazadas. El moreno sonrió, le quería tanto.
Miro la hora, apenas eran las cuatro de la mañana. Acarició el rostro del joven que empezó a moverse al notar el contacto.
-shhh, aun es muy temprano- le susurró- sigue durmiendo- el peliverde suspiró volviendo a entrar por la puerta de Morfeo. Mihawk le besó el cuello y la mejilla. A su pesar le soltó la mano y se salio de la cama; le pasó la sábana por encima y le besó en los labios.
Entró en el baño y se metió en la ducha, pronto sintió como el agua le quitaba esa ensoñación que llevaba en lo alto y lo espabilaba.
Estaba tan feliz. Primero, cuando Zoro le dijo que quería estar con él, y después que ellos hubieran compartido ese momento íntimo, solo para ellos dos. La resistencia que le presentó el espadachín la preocupaba un poco, todavía estaba echo un lío, solo esperaba que el haber compartido ese momento se las aliviara un poco, quería demostrale que el estaría siempre con él, que estaría para él. Esperaba habérselo demostrado.
Salió de la ducha y se ató una toalla a la cintura. Mientras con otra toalla se secaba el pelo salia del cuarto del baño. Paro en seco al ver su cama completamente vacía.
-¿Zoro?
El peliverde no pudo evitarlo; al despertarse escuchando el agua de la ducha caer, al encontrarse en esa habitación, al encontrarse en esa cama arropado con delicadeza, al acordase de esa noche; no pudo evitar salir corriendo del hotel.
Con la ropa de Mihawk aun puesta corría por las calles, importándole poco hacia donde se dirigía. Cuando su cuerpo necesito parar, no porque su cuerpo estuviera cansado si no porque la presión en el pecho era bastante fuerte, paro en un banco del paseo marítimo.
Sus pensamientos rebotaban en su cabeza como bombas.
-mierda, mierda MIERDA! porque? Esto no tenia que haber pasado... debí haber cortado con él- pero no el servia de nada lamentarse, todo estaba hecho, se había caído con todo el equipo, si se hubiera resistido, si no se hubiera acostado con él, le habría ahorrado un daño peor, pero no... se sentía tan despreciable
miro hacia el oscuro horizonte, todavía no había ni tan siquiera un resquicio de rayo de sol.
-está muy oscuro.- contempló el paisaje, esperando sin saber que exactamente. De repente apretó sus puños y miró al negro horizonte con determinación.- no pienso dejar esto así y hacerle daño, tengo que deja a Sanji.-se levantó con fuerza y con todas su energías se dirigió hacia el Sunny.
Zoro llegó al Sunny cerca de la seis de la mañana. Todo estaba bañado en un bonito silencio. Su plan era mantenerse despierto hasta que Sanji se levantara a hacer el desayuno, para así romper con él definitivamente. Pero parece que las sorpresas iban en cola; cuando llegó a su cuarto Sanji estaba sentado a la orilla de su cama.
-hay que ver lo que as tardado, deberías haberme dicho que llegarías tarde. - dijo en un tono sensual y con cierta amabilidad no muy propia de él.
-¿que haces en mi cuarto?- pregunto tajantemente con el ceño fruncido, estaba tramando algo, lo presentía.
-¿que? Me paso la noche esperándote y es así como me tratas- dijo con un falso puchero- y tampoco es la primera vez que me encuentras en tu cuarto.
-no soy el tonto que tu te piensas Sanji ¿Que es lo que te pasa?
-he recapacitado- dijo levantándose, miro la cara del espadachín, se mantenía distante he incrédulo, como siempre había sido- me he portado mal contigo, lo sé, no espero que me perdones- dijo acercándose a él; el espadachín quiso echarse para atrás pero su orgullo se lo impedía- pero yo si estoy dispuesto a perdonarte- lo abrazo con dulzura; Zoro tragó duro. Sanji le beso el cuello, dando un escalofrío al espadachín que por suerte le hizo reaccionar, apartándose de Sanji, quedando de espaldas a la pared.
-¿que me perdonas? ¿Y se puede saber porque?
-por tu infidelidad- dijo acercándose otra vez; a Zoro se le abrieron los ojos como platos, pronto se volvió a encontrar acorralado por el cocinero- pero lo acepto-dijo acariciándole el rostro- acepto compartirte con Robin- bajo su mano acariciando el cuerpo del espadachín- pero...- no me dejes solo- pidió en un susurro, acarició su entrepierna por encima del pantalón.
-ah- al escuchar su gemido, Sanji intensifico sus caricias; volvió a besarle el cuello, subiendo hasta llegar a su mejilla y seguidamente en sus labios. Zoro sabia que eso no podía ser verdad, era demasiado dulce, no era el Sanji de siempre. El cocinero le sonrió y empezó a acercar sus labios. Zoro cerro los ojos esperando recibir el contacto, pero... a cerrarlos vio las sonriente cara de Mihawk. Apartó a Sanji como buenamente pudo, liberándose de esa en encerrona.
-Sanji. Esto tiene que acabar, no quiero seguir así.- intentaba parecer serio e inquebrantable, pero saltaba a la vista de Sanji lo nervioso que estaba, se estaba resistiendo si, pero pronto caería, solo un poco mas.
-¿de verdad quieres que esto acabe?- dijo volviendo se acercar con pasos felinos.
-¿no he sido lo suficientemente claro?
-si, pero no lo suficientemente seguro- volvió a intentar besarlo, pero Zoro se hecho para atrás, tropezando con unos zapatos que había en el suelo y cayendo a la cama. Cuando se quiso dar cuenta, el cocinero ya estaba encima suyo. No el dejo tiempo a pensar, la lengua del cocinero ya esta explorando su boca. ¿que demonios le pasaba? ¿que había pasado con toda su determinación? ¿con su amor por Mihawk? Apenas unas horas se había entregado a él. Él es mas fuerte que Sanji, puede apartarlo fácilmente,¿ porque su cuerpo no se movía?
Quería pararlo, no podía; sentía que la presión se hacia mas fuerte, que el faltaba el aire, cerro los ojos, le dolía la cabeza. Aparecieron un montón de imágenes por su cabeza, y sintió un tremendo dejavú, esto ya lo había vivido, si, lo recodaba, fue la primera vez que estuvo con Sanji, se resistió como ahora, pero sintió que la presión lo mataba y por alguna extraña razón del destino todas su angustias desaparecieron cuando se entregó a Sanji, y volvía cuando el cocinero le hablaba de cortar relaciones.
Sanji ya se había desecho de la camisa de Zoro. El espadachín volvió a apartarlo con las manos, pero el rubio se las retiró poniéndolas a la altura de su cabeza y volvió a besarle. Una de su manos se puso a jugar con su pacho mientras la otra desabrochaba el pantalón.
Habiendo liberado el cuerpo del espadachín de esa ropa, Sanji tomo su entrepierna, masajeándola. Algo había cambiado, lo sabia nada más que vio entrar al peliverde con esa ropa que no era suya, pero ahora estaba claro, ya no respondía a sus impulsos como antes, si le dejaba pensar mas de lo que le estaba dejando se volvería la situación contra él. Jugó con su cuerpo como nunca antes lo había hecho, dándole vueltas a su imaginación, tomándolo en todas las posturas que se le ocurrían.
El tiempo se hizo inexistente, incluso el rubio comenzaba a cansarse, pero tenia que agotarlo, si no se dormía como siempre... ya estaba todo perdido. Finalmente Sanji cayó rendido sobre la espada del espadachín, los dos intentaban regular sus respiraciones. Zoro quedo profundamente dormido.
Sanji se incorporo y se sentó nuevamente en la orilla de la cama, encendió un cigarro y se lo llevo a la boca. Con el corazón mas calmado, puso su mirada en el espadachín. Se dibujo un sonrisa de victoria en su cara.
-he ganado.- dijo echando una humareda de su boca.
Abrió los ojos como buenamente pudo, estaba en su habitación. Intentó levantarse con normalidad, pero tenía todo el cuerpo dolorido. Ya sentado en a cama vio su ropa, no, la ropa de Mihawk tirada por es suelo. Algo le pasaba con Sanji, algo que no era normal, ahora estaba mas seguro, había algo en su cabeza que se accionaba con él o... tal vez... solo se estaba inventando una escusa para lo que estaba haciendo... pero, si por parte la parte de Sanji no podía solucionar las cosas, lo haría por la parte de Mihawk; se lo contaría todo, y cuanto antes.
Sentía una presión en el pecho, algo le decía que las cosas no iban bien.
Iba un poco desorientado, se sorprendió de que su reloj marcara las una de la tarde. Se vistió rápido con lo primero que pillo y bajo corriendo por el Sunny. Pasando por la cocina encontró todos sus nakamas, excepto Robin.
Todos le saludaron y marcaron que con esa habilidad para dormir si pasaba el juicio final él ni se coscaba, pero el paso un poco mucho de los comentarios.
-voy a salir.
-¿que? pero si ya mismo comeremos- dijo llorando el capitán.
-no me esperéis para comer- antes de salir al exterior, miro a Sanji, le dedico una sonrisa no se sabe muy bien con que intenciones, pero al peliverde le dio un escalofrió tremendo.
Al salir del barco se encontró con Robin.
-espadachín ¿ya despertaste? ¿Donde vas? Va a empezar a llover dentro de poco.
-lo siento Robin, no tengo tiempo.- dijo corriendo y perdiéndose entre la gente.
La arqueóloga lo vio preocupado, algo le había pasado con "el vampiro", seguro, pero el asunto no le olía nada bien. Subió al Sunny y entro en la cocina, siendo recibida con el saludo de todos y los piropos de Sanji. Todo era muy normal, pero algo en especial captó su atención.
-¿eso es una cámara, cocinero-san?- dijo señalando un cámara que estaba en la barra de bar.
-oh, que observadora eres mi querida morenaza- exclamo con corazones en los ojos.- si es una cámara, pero un modelo mas moderno, si le das a este botón, hará fotos cada diez segundos ¿has visto que interesante?
-eres un pervertido, Sanji- dijo el narizotas- seguro que te has gastado un dineral en esa cámara solo para ponerla en el baño cuando las chicas se este bañando.
-como se te ocurra eso- dijo la navegante- la cámara acaba en el fondo del mar, y tu dinero de un año en mi bolsillo.
-no te preocupes mi querida pelirroja, mi mente es pura como la blanca nieve.
-no tiene morro ni ná- dijo entre las risas de los demás la pelirroja.
-además.- prosiguió el rubio.- una cámara tiene mas de una utilidad.
Zoro corrió lo mas rápido hasta el hotel, cuando se lo encontró se paró en seco, lo miro una y otra vez, tenia la sensación de que cuando cruzara la puerta bajaría la cuchilla de una guillotina, pero... tenia que hacerlo. Trago saliva y con paso adelantado entro en el hotel. En la recepción estaba como siempre la rubia empleada del hotel.
-buenos días, cantante-sa..
-buenos días- la cortó, no quería ser borde con ella pero si se paraba puede que diera media vuelta.
La subida del ascensor fue los segundos mas largos de toda su vida. Llego al séptimo piso, fue hasta 707. Respiro hondo y llamó a la puerta.
-Yurakiur...- su voz sonó rara- soy yo...
Escuchó como los pasos se acercaban a la puerta, su corazón latía fuerte. Oyó abrirse el pestillo, tuvo ganas de cerrar los ojos, pero no lo hizo. Cuando vio su portentosa figura, supo que algo había cambiado; la mirada de Mihawk era una daga, otra vez era ese hombre con el que se había batido en el mar del Este. ¿que demonios estaba pasando?
Continuará...
