Un pergamino, testigo de un sentimiento
Los días pasaron de una manera extrañamente lenta para Hermione. Era como si todo a su alrededor sucediera en cámara lenta, como si las cosas fueran más despacio de lo que deberían.
La clase de pociones se había vuelto una tortura casi inaguantable para la castaña.
Mirar hacia el escritorio y darse cuenta que no era Snape quien estaba ahí le provocaba un dolor que jamás había sentido.
Las noches eran, tal vez, los momentos más dolorosos para Hermione, después de las clases de Slughorn.
Extrañaba la presencia de Snape al lado suyo mientras dormía, sus besos, sus caricias. Su voz susurrando en su oído.
Desde la partida de Snape, Hermione había perdido el sueño. La nostalgia la invadía por la noche y el cansancio se hacía presente durante el día.
Cada noche, los recuerdos llegaban hasta su mente, tan vívidos como la primera vez.
Sus notas habían descendido alarmantemente. Pero ahora, eso le había dejado de importar a la chica, su carácter también había cambiado. Todos los habían notado.
Ya no levantaba la mano en ninguna clase y tampoco se interesaba por su labor como Prefecta.
Había perdido aquel optimismo y alegría que tanto la caracterizaban, incluso se había descuidado a ella misma.
La única persona que algunas veces, todavía conseguía avivar aquella marchita chispa de alegría en la castaña, era Lupin. Desde aquella tarde en que la castaña se había refugiado en su despacho, hecha un mar de lágrimas por la partida de Snape, Lupin se había vuelto su amigo, su confidente y tal vez más que eso.
Sin embargo aquello no lograba compensar el gran tiempo que la chica pasaba sola.
Se había aislado del mundo, de todo y de todos. Había dejado incluso, de visitar la biblioteca y de ir a almorzar al Gran Comedor.
Nunca se le veía por el castillo, a no ser que se dirigiera una clase que fuera meramente necesaria.
Era como si… como si se hubiera convertido en un cadáver que respiraba.
Hermione no sabría decir cuando tiempo había pasado desde que Snape había desaparecido, su vida se había vuelto tan monótona, que era difícil diferenciar los días.
Parecía llevar toda una eternidad sin estar a su lado, y sin embargo era como si todavía la noche anterior hubiera dormido entre sus brazos.
Y aun así, todavía conservaba la esperanza de cada día, al entrar al aula de pociones, verlo de nuevo sentado detrás de aquel escritorio.
-Señorita Granger… ¡Señorita Granger!
-¡Hermione!- Ron le dio un codazo a su amiga.
Una vez más, la chica se había perdido en la ventana, contemplando la inmensidad, olvidando todo lo que había a su alrededor y dejándose arrastrar por la vista que la hundía en recuerdos…
La chica giro su rostro casi con parsimonia y se topó con la dura expresión de la profesora McGonagall.
-Lo siento profesora McGonagall- repuso la chica incorporándose en la silla.
La profesora la observaba enfurecida.
-Le podría explicar a la clase la manera correcta para realizar un Patronus
-No lo sé profesora, lo siento- respondió la chica sin apenas pensarlo.
La mayoría de la clase ya se había acostumbrado a estas respuestas de la chica, sin embargo continuaban causando sorpresa.
McGonagall no sabía que ocurría con la chica, que había provocado tan repentino cambio en ella. "¿Cómo era que su alumna favorita, aquella chica modelo había terminado así?"
-¡Hermione!
La chica caminaba por los pasillos, ignorando su alrededor, sumida, como se había vuelto su costumbre, en sus pensamientos.
-¡Hermione!
-Oh… Hola Harry
-¿Cómo estás?
Esa era la diaria pregunta del chico aunque su respuesta, fuera más que obvia.
-Bien- repuso la chica sin prestarle demasiada atención, con la mirada clavada en el piso.
Harry se detuvo en seco frente a su amiga.
-Tú necesitas hablar con alguien- dijo el chico en un claro intento de ofrecerle su ayuda.
-Harry estoy bien, de verdad gracias.
Harry la contemplaba nada convencido. Y es que, como convencerse. El aspecto de su amiga era terrible. Había dejado de aplicarse el ligero maquillaje que antes utilizaba, unas enormes y amoratadas ojeras resaltaban debajo de sus ojos, que habían perdido aquel brillo especial.
Harry estuvo a punto de oponerse, con cualquier argumento, por estúpido que fuera, pero se vio interrumpido.
-Hermione.
Alguien más la llamaba. Se trataba de Lupin, que observaba a ambos chicos desde su despacho.
-Te veré más tarde Harry- se despidió la chica, apenas en un susurro entrando en el despacho junto con Lupin.
-Adiós.
Es increíble la manera en que pueden cambiar las cosas según las circunstancias, la rutina de Hermione había cambiado drásticamente, a pesar de ser tan monótona.
Habían pasado, para ser exactos, tan solo diez días desde que Snape se había ido, y desde aquel momento, Lupin se había encargo de cuidar de la chica.
La chica había dejado de dormir en su habitación, con el pretexto de Lupin, de que tenía miedo de que hiciese alguna tontería.
Hermione se lo agradecía infinitamente, aunque tal vez no lo dijese abiertamente ella de verdad aprecia lo que Lupin hacía por ella.
-Hola pequeña.
Hermione apenas hablaba, y más aún, apenas prestaba atención a su alrededor.
-Hice un poco de té.
La castaña se había sentado en un sillón frente al fuego, y contemplaba las brasas arder en la chimenea.
-Ten
Lupin le entrego una taza a la chica con un poco de té.
La chica lo bebía en silencio, sin decir nada, Lupin la contemplaba sentado en un sillón a su lado.
Se había vuelto tan común y a la vez tan extraño para ambos encontrarse así…
-¡Ya no puedo más!- exclamo la chica de pronto.
Lupin se sobresaltó al escucharla.
Las lágrimas habían comenzado a resbalar por las mejillas de la castaña.
-No puedo estar un minuto más sin él- sollozo.
-Pequeña…
-¿¡Por qué lo hizo Lupin!? ¿Por qué se fue así, sin decir nada?
Lupin se había puesto de pie y se acercaba a ella.
-¿Es que acaso yo no le importaba?
-No digas eso…- repuso el licántropo arrodillándose junto el sillón frente a la chica.
-Quejicus no es tan estúpido para dejar ir a una mujer como tu…
Las palabras de Snape, durante aquel partido de Quidditch hacia unas semanas aparecieron en su mente.
"Tú eres mía ¿De acuerdo?...
Es solo que eres perfecta…-"
Y por un fugaz momento una sonrisa atravesó por sus labios.
Lupin la contemplaba fascinado. Lentamente, acerco su pulgar y seco las lágrimas de la chica. Acto que ella agradeció.
-Lupin… Gracias, pero tengo algo que hacer, te veré mas tarde.
La chica se puso de pie con un nuevo brillo en los ojos y se despidió de Lupin rápidamente, antes de desaparecer por la puerta del despacho.
Resulto más difícil de lo que hubiese esperado, había desperdiciado demasiado pergamino y tinta en el solo comienzo.
Severus:
Amor… No sé cómo comenzar con esto. Son tantas cosas las que quisiera decirte y tan pocas palabras para expresarlo.
Yo… no sé qué está pasando, Severus, tengo miedo ¿Qué ocurrió contigo?
Quisiera poder convencerme de que todo son alucinaciones mías, pero… incluso he pensado que nunca volverás.
Severus, ¿Es culpa mía?
Yo… ¿Qué fue lo que paso con Dumbledore? ¿Él te despidió?
Sé que tal vez hago demasiadas preguntas, pero son tantas las dudas que tengo. Quisiera poder estar segura de que todo esto solo es pasajero, y que pronto volverás pero he llegado a pensar, que incluso te has olvidado de mí.
Severus, no quisiera dudar sobre esto, daría todo por estar completamente segura, pero me he preguntado…
Era casi imposible leer aquello, la tintaba esta emborronada, era tan obvio que la castaña había llorado mientras escribía aquello…
Severus, la vida en el colegio es tan difícil sin ti, no sé cómo he aguantado estos días, me haces demasiada falta, me acostumbre a tu presencia, a dormir contigo y despertar a tu lado.
Me acostumbre a tu cuerpo, a tus besos, a tus caricias y ahora…
Ya nada tiene sentido si no estás tú… Es como si todo se hubiera tornado color gris…
Ya no sé qué sentido tiene mi vida ahora que no estás tú.
Severus, yo te amo, te amo como no he amado a nadie jamás.
Su mano temblaba, conforme escribía la carta, y las lágrimas brotaban por sus ojos hasta detenerse sobre el pergamino; el único testigo de sus sentimientos.
Daria todo, mi vida si fuera necesario con tal de verte una última vez, de volver a sentir tus caricias, a escuchar tu voz diciendo mi nombre.
Severus ¿Dónde estás? ¿Por qué te fuiste así? Sin decir nada. ¿No te importo?
Severus… yo no sé qué está pasando, y tengo tanto miedo. No quiero perderte pero tu… no he sabido nada de ti, solo desapareciste, sin decir nada…
Quiero pensar que pronto volverás, que te volverle a ver, pero si no es así, solo quiero pedirte una cosa: No me olvides…
Con Amor
Hermione.
Apretó fuertemente aquel trozo de pergamino… ¿Cómo podía haberle hecho aquello a Hermione?
Ella estaba sufriendo y todo era su culpa.
Como desearía que ella supiera cuanto la amaba.
Estoy de nuevo por aqui!
Les dejo este nuevo capi, espero les guste
Alexza Snape: No te preocupes, odiaras todavia mas a Dumbledore despues xDD
Un beso
Feer :3
