UNA PROPUESTA INTERESANTE
- ¿Que por qué no? –Korra clavó los ojos en la pelinegra , completamente asombrada. Asami la miraba a su vez con la cabeza ladeada, aguardando una explicación. Tras lo que se le antojó una eternidad, la morena se aclaró la garganta por fin y dijo-: Estoy segura de que comprende la razón por la que no podemos seguir adelante con esto. Podría haber graves consecuencias... y no me encuentro en situación de poder ofrecerle matrimonio.
La pelinegro levantó las cejas.
- Yo no espero ninguna propuesta matrimonial.
- Entonces ¿qué es lo que espera exactamente?.- expresó la Wolf algo contrariada.
- Que compartamos una aventura maravillosa
A la morena se le disparó el corazón. Trató de tomar aire; pero parecía tener los pulmones comprimidos, como si se estuvieran bajo el peso de una roca enorme.
Aquella respuesta le había dejado atónita. Desde luego, se alegró inmensamente y anheló compartir una aventura con aquella mujer, pero ¿cómo iba a hacer tal cosa? Su conciencia le acosaría sin piedad. Entre ellas estaba prolongándose el silencio y comprendió que tenía que decir algo.
- Por mucho que me halague la disposición que usted muestra, me temo que debemos dejarlo así.
La ojijade frunció el entrecejo, desconcertada.
- Oh, vaya ¿Es que ya tiene una amante?
La de ojos azules cual zafiro sintió un intenso calor que le subía por la nunca y terminaba en su parte intima.
- No, en este momento no.
La expresión de la blanquecina fue de alivio.
- entonces, no puede negar que me desea.
- Es evidente. Pero hay en juego mucho más que el mero hecho de satisfacer mis deseos – la condesa se pasó las manos por la cara-. Está claro que usted no ha recapacitado sobre esto...
- Todo lo contrario, sí lo he hecho.
- ¿De verdad? Pues no ha tenido en cuenta su reputación, que resultaría completamente arruinada.
- Sólo si se enterase alguien. Yo no pienso contárselo a nadie. ¿Y usted?
- Por supuesto que no. Pero por más discretas que fuésemos, alguien sospecharía y haría correr el rumor: un criado, un vecino, alguien de su familia. Resulta imposible esconder una aventura en un pueblo tan cerrado como Tunbridge Wells.
- No estoy de acuerdo –la ojijade respiró hondo y entrelazó las este pueblo se me considera rara, excéntrica, insulsa, una solterona y un ratón de biblioteca. Nadie, ni por un instante, daría crédito a la idea de que una mujer, y mucho menos una mujer como usted, me concediera más que una mirada fugaz. A mí misma me resulta casi imposible de creer. De hecho, me atrevería incluso a decir que si las dos estuviéramos en una sala atestada de gente y anunciáramos que nos habíamos convertido en amantes, nadie nos creería.
Muy probablemente la joven Sato tenía razón y eso le provocó una oleada de rabia contra cada uno de los estupidos que le habían negado su atención. Despreciables idiotas.
- Me estoy acercando rápidamente a los veintiséis –prosiguió tiempo que acepté las limitaciones que me imponen mis inusuales aficiones, pero eso nunca me ha impedido anhelar una aventura en mi vida. Y pasión.
En sus ojos centellearon una frágil esperanza y un profundo anhelo, que a la de tez morena le encogieron el corazón. Maldición, tenía que convencerla de que era una mala idea tomarla a ella como amante, pero debía hacerlo sin humillarla. No obstante, le estaba resultando muy difícil: le dolía la entrepierna de deseo y lo único que quería era poseer a la de tez blanca.
La ojiazul tomo delicadamente la mano de la pelinegra y enlazó sus dedos en los de ella. Su contacto le provocó un agradable calor a lo largo del brazo, y tuvo que hacer uso de toda su fuerza de voluntad para no estrecharla con ardor y mandar al diablo su maldita conciencia.
- Desde mi encuentro con el Ladrón de Novias –dijo ella suavemente-no he podido reprimir mi necesidad de aventuras. Es como si él hubiera abierto una compuerta en mi interior.
La Wolf se quedó petrificada.
- ¿El Ladrón de Novias? ¿Qué tiene él que ver con esto?
- Me hizo sentir... viva. Me hizo darme cuenta de lo mucho que deseaba... ciertas cosas.
Korra apretó la mandíbula y entrecerró los ojos.
- ¿Cosas como un amante?
La de piel blanca le sostuvo la mirada sin mover un solo músculo
- Sí
La castaño sintió una irracional punzada de celos, y le soltó la mano con brusquedad.
- En ese caso, quizá deba acudir con su oferta al Ladrón de Novias.
Ella se sonrojó y a la condesa le rechinaron los dientes. No había tenido en cuenta la posibilidad de que la joven Sato pudiera albergar sentimientos de... amante hacia su otra personalidad.
- Es improbable que vuelva a verlo
"Sí, de lo más improbable".- pensó la condesa con furia contenida
- ¿Y si lo viera?
- No me hizo insinuación alguna de que me... deseara.
Diablos ¿qué quería decir con eso? ¿Que deseaba experimentar la pasión y lujuria con el Ladrón de Novias? La idea de que ella deseara a otra persona, con independencia de que en realidad fuera ella, le hizo sentir un enojo irracional.
Pero se tragó su creciente cólera y dijo con frialdad:
- ¿Se ha parado a pensar que su aventura podría dar como resultado consecuencias para usted y su familia?
- Sí, pero, como le he dicho, es difícil que algo así pase y en tal caso estoy dispuesta a afrontarlas. En este momento son otros aspectos los que realmente me preocupan.
- ¿Otros aspectos?
- Aun no tengo idea de cuáles sean los métodos que utilizan dos mujeres para hacer el amor.
- ¿Aún? –Se pasó la mano por el pelo- ¿Y cómo piensa averiguarlo?
Ella alzó las cejas
- ¿Los conoce usted?
- Naturalmente.
Los labios de la pelinegra se curvaron en una sonrisa de alivio.
- Perfecto. Entonces podrá instruirme en todo lo que necesito saber y hacer.
- No pienso hacer nada de eso. No necesita esa información, porque yo no voy a ser su amante. –Se pasó la mano por la cara y sacudió la cabeza- ¿Y si en el futuro decide casarse? –En el momento en que lo dijo, por la mente de la morena pasó una imagen de la pelinegro, rodeada por los brazos de una persona sin rostro, una imagen que estuvo a punto de matarla de celos
- No tengo el menor deseo de casarme. Me siento comprometida con mis trabajos científicos, además estoy trabajando en algo que espero que cambie la vida de las personas y espero poder viajar algún día. Si quisiera ser una esposa, podría haber accedido a una boda que recientemente arreglaron mis padres. Le doy mi palabra de que no intentaré sacarle una propuesta de matrimonio.
- Eso es muy sensato, ya que yo tampoco tengo intención de casarme nunca. Y no me gustaría que nada que me obligasen a ello.
- Entiendo. Pero ¿qué pasará con su título nobiliario?
- Morirá conmigo –contestó la Wolf con tono rígido y decidido.
La ojijade lanzó un suspiro y dijo-: Bien, pues ya que hemos hablado del tema y superado todos los obstáculos...
Los espíritus sabían cuánto ansiaba la condesa hacerle el amor a la hermosa mujer de labios rojos. Pero con aquella maldita voz de la conciencia que no dejaba de martillearle el cerebro, se sentía empujada a salvarla de sí misma, porque, pese a sus protestas, se veía a las claras que aquella joven no se daba cuenta de lo mucho que tenía que perder.
Contuvo el intenso deseo que amenazaba con pulverizar sus buenas intenciones, la tomó por los brazos y la miró a los ojos. Rogando que ella viera cuán profundo era su pesar, le dijo:
- No puedo ser su amante. Y no es porque no la desee, porque sí la deseo –dejó escapar una risita seca- y con gran desesperación. Pero no puedo, no quiero ser la responsable de su deshonra.
Ella alzó la barbilla un poco más.
- Ya le he dicho que nadie le pediría cuentas de cualquier efecto adverso que pudiera acarrear nuestra asociación.
- Entiendo. Pero no soy capaz de marcharme sencillamente o volver la espalda a las responsabilidades.
En los ojos de ella brilló la confusión.
- Pero ¿qué sucedió con sus anteriores amantes? ¿Acaso no le preocupaba la reputación de ellas?
Korra experimentó una oleada de ternura. Tomó su rostro entre las manos y le rozó las mejillas con los pulgares.
- Ninguna de mis anteriores amantes era tan inocente. Su relación conmigo, o con cualquier otro, no ponía en peligro su estatus social. Pero el de usted resultaría arruinado. Y yo no puedo desentenderme de eso.
Aquellas palabras robaron toda expresión a sus ojos.
- Entiendo –Se apartó de la condesa con un movimiento brusco-. En tal caso, supongo que lo mejor será que regrese a mi casa. ¿Me da mis gafas, por favor?
- Por supuesto.
La morena sacó las gafas del bolsillo de su chaqueta y se las entregó. Observó cómo se las ponía, sintiendo una aguda punzada de pérdida.
Tras ajustarse las gafas, Asami le dedicó un gesto formal con la cabeza.
- Me despido de usted, lady Wolf– Y, girando sobre los talones, emprendió el regreso.
Una despedida. No había forma de confundir el significado de aquellas palabras ni el tono de su voz. Estaba claro que era la última vez que esperaba verla. Mejor así. Debería estar contenta. Pero, maldita sea, sentía un profundo dolor en el pecho ante la idea de no verla nunca más. De no ver su sonrisa, ni oírla reír, ni tocarla, besarla, hacerle el amor...
La castaña apretó los labios para no gritar su nombre, plantó los pies al suelo firmemente para no echar a correr tras ella, apretó los puños para no abrazarla y fundirse en ella. Y finalmente cerró los ojos con fuerza, para no tener que ver cómo se alejaba la joven Sato muy lejos de ella.
Había obrado correctamente. Con nobleza, aunque jamás sabría dónde había encontrado fuerzas para resistirse a su oferta.
Jamás lo sabría. En efecto, ya nunca sabría cómo era tener a Asami Sato debajo de ella. Encima de ella. Enredada en ella. Saborear cada centímetro de esa tentadora piel nívea. Pronunciando su nombre en un gemido. Despertar en ella la pasión y lujuria que tanto ansiaba conocer... y que deseaba compartir con ella.
Entonces abrió los ojos. El sendero por el que se había marchado se veía ahora desierto. Se obligó a moverse y dio media vuelta con intención de irse, pero sus pies se pararon en seco al fijarse en la jarra de miel. La había dejado junto a unos matorrales antes de acercarse a ella. Al instante le asaltó una serie de imágenes: el placer que experimentó ella al ver el regalo, sus ojos brillantes de deseo cuando ella la besó, su expresión seria y dolorosamente esperanzada mientras le preguntaba si quería ser su amante.
Se maldijo a sí misma.
Sí, ciertamente era una mujer noble.
Una noble estupida con un pesar en el corazón que no desaparecería jamás.
La pelinegra, sentada en su escritorio, tamborileaba con los dedos sobre la pulida superficie de madera . "La condesa se ha rehusado. Debería de olvidarme de eso y quitarme la idea de la cabeza".
Por desgracia, su cerebro no colaboraba en absoluto.
Apretó los labios y dejó escapar un lento suspiro. Aquel rechazo debería haberla avergonzado, humillado, escarmentado. Pero sólo se sentía frustrada y decepcionada.
Y más decidida que nunca a salirse con la suya.
Pero ¿cómo? ¿Cómo convencerla... incitarla... seducirla? ¿Porqué tenía que ser tan insoportablemente noble?
Sin embargo, aun cuando se formulaba aquella pregunta, la admiraba todavía más por preocuparse de su bienestar y su reputación. Si no fuera tan honorable, seguramente no la habría atraído tanto. Con todo, no podía dejar pasar aquella oportunidad de experimentar la pasión. No se imaginaba siquiera desear vivir semejantes intimidades con otra que no fuera lady Wolf, y si no lograba convencerla a ella, temía hacerse vieja sin conocer nunca el amor físico. Tal vez si nunca hubiera conocido a la condesa se hubiera contentado con simplemente plasmar aquellos sueños en su diario.
Pero ahora que había probado sus besos, que conocía la fuerza de sus brazos alrededor de su cuerpo, que había sentido el calor del deseo, tenía que saber más. Y ya que estaba decidida a seguir adelante, necesitaba aprender cómo hacer el amor con ella. Si en algo se caracterizaba Asami Sato aparte de su extrema inteligencia era su fuerte convicción y ella estaba completamente decidida a seducir a la condesa. Pero necesitaba un poco de ayuda.
Sacó una hoja del cajón superior y escribió una breve nota a Kuvira, rogándole que la recibiese aquella noche después de cenar. Dobló la misiva, la selló con lacre y acto seguido fue en busca de Shiro. Sabía que el chico se alegraría de llevar la carta a la casa de su hermana en el pueblo, ya que Kuvira siempre tenía en la despensa una caja repleta de las galletas de miel favoritas de su hermano.
Mientras aguardaba la respuesta de su hermana confeccionaría una lista de preguntas que formular a su hermana respecto a los métodos.
Y esperaba tener un motivo para hacer uso de aquella información.
A las nueve en punto de aquella noche Asami entró en la acogedora sala de Kuvira, pero se quedó perpleja al encontrarse con las miradas inquisitivas de dos pares de ojos.
- Buenas noches, Asami –entonaron al unísono Kuvira y Mei.
Ay, por Raava! Aquello no era en absoluto lo que tenía pensado. Normalmente, se habría alegrado de pasar una velada con sus dos hermanas, pero esta vez no se trataba de circunstancias normales. Comprendió que tendría que esperar otra ocasión para hablar del tema, y le desilusionó tener que postergarlo. Tragándose su decepción, avanzó y abrazó a sus hermanas.
Una vez finalizados los saludos, las tres tomaron asiento en los sillones alrededor de la chimenea. Mei, mientras servía generosas copas de vino, preguntó:
- Muy bien, adelante Asami ¿Cómo van las cosas con ella? .- soltó la pelinegra de ojos dorados.
La mano de la ojiverde se quedó paralizada cuando iba a tomar su copa.
- ¿Cómo dices? .- dijo la pelinegra sorprendida.
- Venga, no seas tímida –la reprendió Kuvira al tiempo que acercaba su sillón-. Nos morimos de ganas de que nos lo cuentes todo.
La pelinegro tomo la copa de vino y dio un buen trago. espíritus. Tenía el terrible presentimiento de saber a qué se referían sus hermanas con "ella" y "todo".
- Oh, es tan hermosa, Asami –suspiró la de ojos dorados con ojos brillantes- Y además es muy rica y...
- Con título –secundo Kuvira dejando la botella de vino sobre la mesa que había junto al sillón-. De un linaje de lo más impresionante. Es el octava condesa ¿sabes?
- No, no lo sabía –murmuró Asami-. Pero...
- Su aversión al matrimonio es bien conocida, pero si está cortejando a nuestra Asami, por lo visto ha cambiado de idea respecto de tomar esposa –dijo Mei en tono emocionado.
La pelinegra estuvo a punto de atragantarse con el vino, pero se lo tomó, aunque casi se ahogó. Aunque sabía que nadie podría creerse que la condesa iba detrás de ella, debería haber imaginado que sus leales hermanas sí admitirían una idea tan improbable.
Mei le dio unas palmaditas en la espalda y agregó:
- Imagino que ella afirmará que no piensa casarse nunca. Qué tontería. Todos sabíamos que cambiaría de opinión cuando encontrase a la mujer adecuada, lo que ocurre es que jamás pensamos que la mujer adecuada ibas a ser tú.
La ojijade tosió y agitó la mano delante de sus ojos llorosos.
- No –exclamó sin aliento-. No es así.
- Pásame su vaso para llenarlo, Mei–ordenó Kuvira-. Y sigue dándole palmaditas en la espalda. Mira, ya le vuelve el color.
- ¿Cuándo piensa visitarte de nuevo? –inquirió Mei mientras Kuvira le servía más licor- Debes procurar no estar disponible cada vez que venga ella.
- Mei tiene razón –convino Kuvira-. Y cerciórate de que la haces esperar por lo menos un cuarto de hora antes de aparecer. No te preocupes por eso; una dama mundana como la condesa está bastante acostumbrada a esas cosas.
- Y además –intervino Mei-, debes pasar al menos media hora al día practicando miradas de coqueteo en el espejo. A mí siempre me ha funcionado ésta. –Bajó la barbilla y dirigió la vista hacia abajo con expresión recatada; luego levantó la mirada muy despacho y agitó las pestañas.
- Oh, lo haces maravillosamente –dijo Kuvira aprobando con la én puedes mirarla por encima del borde del abanico...
- Y poner los labios así –dijo Mei frunciendo la boca para formar una o perfecta-. Y asegúrate de que...
Asami alzó una mano.
- Basta. Silencio a las dos. Solo escúchenme.
Sus hermanas guardaron silencio y la miraron con expresiones ávidas, inquisitivas y extasiadas. Espíritus, qué embrollo; tenía que cortarlo de raíz antes de que fuera a más. Se ajustó las gafas, que le habían resbalado hasta la punta de la nariz al toser, y dijo:
- Habéis interpretado erróneamente la situación. Entre la condesa y yo no hay nada.
- Pero si mamá ha dicho que fue a verte y te llevó flores –protestó Mei.
- Desde que me secuestraron, todos los caballeros y damas solteras del pueblo hacen lo mismo, pero sólo pretenden sonsacarme acerca del Ladrón de Novias. Lady Wolf no está enamorada; al igual que los demás, es sólo una buscadora de curiosidades.
- Pero mamá ha dicho que te invitó a su casa.- dijo la ojidorado algo dudativa
- Y que envió un carruaje a recogerte –expreso Kuvira.
- En ese caso, se habrán dado cuenta que la condesa nos invitó a mí y a Shiro con el único propósito de enseñarnos su telescopio Herschel. Su invitación fue enteramente de carácter científico.
El ceño arrugó la frente perfecta de Mei.
- ¿Ha ido a verte desde entonces?
- No –respondió la blanqecina, razonando rápidamente que el hecho de que la hubiera encontrado en el lago aquel mismo día no se podía calificar de visita intencionada-. Ni yo esperaría que lo hiciera. Mamá ha creído ver demasiadas cosas en su forma de actuar.
"Santos Espíritus, si mamá sospechase siquiera lo que ocurrió en el lago y la "forma de actuar" de la condesa, se desmayaría de verdad".
La encantadora sonrisa de Mei desapareció con evidente desilusión.
- Entonces quieres decir que ella no...
- Quieres decir que no ha... –interrumpió Kuvira con una expresión idéntica a la de Mei.
- Pues no –contestó la ojiverde con su tono más entusiasta-. Entre lady Wolf y yo no hay absolutamente nada. –Apretó los labios y compuso una expresión de lo más tranquila, rogando que el rubor de su cara no delatase su descarada mentira-. Por favor olvídense de este asunto.
Aunque obviamente decepcionadas por aquel giro de los acontecimientos, sus hermanas asistieron con un murmullo. Kuvira le apretó la mano y le dijo:
- Bueno, si lady Wolf pasara una noche en tu compañía y no fuera capaz de reconocer lo especial que eres, es que no es más que...
- Una idiota –sentenció Mei al tiempo que ponía su mano encima de las de ella.
- Una estupida –afirmó Kuvira
- Si no quieres hablar de tus relaciones con la condesa...
- No hay relaciones de las que hablar –logró decir la hermana mayor con los dientes apretados.
- En ese caso ¿por qué querías hablar con nosotras?
La pelinegra no mencionó que no pretendía hablar con las dos, sino sólo con Kuvira. Era evidente que ésta había envíado mensajes para atraer a su otra hermana con la promesa de averiguar los detalles de la relación de Asami con la condesa. Se sintió tentada de abandonar todo el plan, pero sus hermanas eran la única esperanza que tenía de obtener la información que buscaba. Mientras dejase claro como el agua que deseaba dicha información sólo con fines científicos, todo iría bien.
Así pues, después de beberse otro buen trago de vino, dijo:
- En realidad, necesito de su ayuda en un asunto científico.
Aquella declaración fue recibida por dos caras inexpresivas.
- Nosotras no sabemos nada de esas cosas –dijo Mei tras dar un pequeño mordisco a una galleta-. Deberías de preguntarle a Shiro.
La ojijade rogó que no se notase su vergüenza.
- Me temo que el tema no es para hablarlo con un... hombre.
Kuvira frunció el entrecejo.
- Entonces tal vez pueda ayudarte mamá
La pelinegra arreglo para no hacer una mueca de disgusto ante aquella sugerencia.
- No lo creo. Ya sabes lo excitable que es mamá y temo que malinterprete la intención de mis preguntas.
- Puedes preguntarnos lo que quieras –cedió Kuvira al fin.
- Muy bien. Necesito saber cuál es el proceso físico que experimenta una pareja, al momento del acto sexual.
Tras aquella frase encontró con dos caras boquiabiertas y de ojos como platos. Se le cayó el alma a los pies. Diablos ¿Sería que sus hermanas no lo sabían? Pero tenían que saberlo, ya que todas estaban casadas. ¿Acaso no estaban al tanto de aquellas cosas todas las mujeres casadas? Las hermanas intercambiaron miradas de extrañeza y a continuación volvieron su atención a Asami, que de repente se sintió como un espécimen bajo el microscopio.
Kuvira bebió un buen trago de vino y dijo:
- Creía que habías dicho que no había nada...
Mei sorbió de golpe su bebida:
- Entre tú y la condesa.
La de tez de blanca sintió una oleada de intenso calor y hasta sintió que echaba humo por las orejas.
- Y en efecto, no hay nada entre nosotras. –"Todavía"-. Sólo necesito esa información para un experimento científico que deseo llevar a cabo. Naturalmente, se trata de un tema sumamente delicado y por lo tanto no puedo preguntárselo a cualquiera.
- Resulta de lo más impropio hablar de cosas así con una mujer soltera –declaró Kuvira con el entrecejo fruncido y la lengua un poco torpe.
- Así es –convino Mei- ¿Qué clase de experimento puede requerir una información como ésa?
Adoptando el tono monótono que sabía que aburría mortalmente a sus hermanas, la pelinegro afirmó:
- Deseo realizar un estudio comparativo de los ciclos reproductivos de varias especies, entre ellas las ranas, las serpientes y los ratones, respecto de los seres humanos. –Como accionadas por un resorte, la sola mención de ranas, serpientes y ratones hizo que sus hermanas pusieran una cara como si acabaran de morder un limón amargo. Fingiendo entusiasmarse con el tema, la ojiverde prosiguió-: Tomemos, por ejemplo, la serpiente. Después de mudar la piel...
- Un tema fascinante, linda –la interrumpió Kuvira rápidamente-,pero no es necesario entrar en detalles. –Le acercó el plato de galletas.
La de labios rojos tomó una y se tragó su sentimiento de culpa por manipular a sus hermanas de manera tan desvergonzada.
Mei carraspeó y acto seguido comenzó con tono discreto:
- Bien, mientras sea por el bien de la ciencia, tengo entendido que algunas mujeres se lavan "ya sabes dónde" con vinagre, después.
La pelinegro se la quedó mirando, sorprendida y atónita. Cuando al final pudo hablar, dijo:
- ¿De verdad? Y... eh... ¿para qué hacen eso?
- Para eliminar "ya sabes qué". –Mei se ruborizó, y se apresuró acoger otra galleta.
La ojiverde abrió la boca para seguir preguntando, pero entonces intervino su otra hermana:
- Bueno, yo he oído que algunas mujeres llegan incluso a ducharse con vinagre.
A Mei se le agrandaron los ojos.
- ¡Qué dices!
- O con jugo de limón –añadió Kuvira, asintiendo-. Aunque eso es más difícil de encontrar. –Tomó la licorera y fue llenado todas las copas hasta el borde-. Yo he oído comentar que hay mujeres que utilizan esponjas marinas.
- ¿Y qué hacen con ellas? –quiso saber la pelinegra, preguntándose dónde diablos iba a encontrar ella una esponja marina.
- Empaparlas en vinagre...
- O en coñac –secundo kuvira
- Y luego las introducen "donde ya sabes" –comentó Mei.
- Y... hum... ¿para qué sirve eso? –inquirió Asami, esperando que el "donde ya sabes" fuera lo que ella creía que era.
Un delicado eructo escapó de los labios de Kuvira
- Impide que el "ya sabes qué" llegue a "ya sabes dónde" y termine fabricando un bebé.
El grupo se quedó en silencio por unos segundos. Estaban vagando por un punto que a la ojiverde no le interesaba, sin embargo no sabía como llevar esa conversación a lo que realmente deseaba saber, sin que sus hermanas sospecharan.
-Afortunadamente eso es algo de lo que dos mujeres no tienen que preocuparse- dijo la ojidorado.
-Dime Asami, sabes cómo hacen el amor dos mujeres- se intereso de pronto Kuvira.
-Pues yo…
-Oh, yo he escuchado muchas cosas al respecto- interrumpió Mei.
El grupo se junto aun más.
-He escuchado que normalmente se tocan una a otra "ya sabes dónde" y que en ocasiones también usan otras cosas para penetrarse….
La ojijade hacia notas mentales mientras no dejaba de sorprenderse ante las palabras de sus hermanas.
-Ah, me han dicho algunas conocidas que hacer el amor entre mujeres es lo más hermoso que puede existir - dijo Kuvira- que hay tanta pasión, romance – sus manos abrazaron su cuerpo y su mirada se torno soñadora con un dejo de excitación en ella- es algo que me encantaría comprobar.
- ¡Santo espíritu, Kuvira, no estoy segura de querer saber eso!
Mei se echo a reír sin querer y enseguida se tapó la boca con la mano, apenada. Su risa fue contagiosa, y en pocos segundos las tres estaban dobladas por la cintura, partiéndose de risa.
- Bueno, por lo que a mí respecta, no soñaría siquiera con emplear ninguno de esos métodos ni estar con una mujer –dijo Mei secándose las lágrimas con el borde del vestido-. Tengo muchos deseos de ser madre.
- Yo también –dijo Kuvira-. Aunque la idea de dar a luz me da bastante miedo. Mei, por ser la primera en casarte deberías de embarazarte para que nos cuentes como se siente.
- ¿Yo? –la de ojos dorados miró ceñuda a su hermana- ¿Y por qué no tú?
Kuvira se volvió hacia Mei.
- Tú eres la que lleva casada más tiempo, Mei. Debes ser tú la primera en tener un bebé.
- Muy bien. Ya que insistís, daré a luz antes de que termine el año.
- Oh, pero eso es imposible –se burló Kuvira-. Hacen falta nueve meses, y ya estamos en julio.
Mei se limitó a enarcar las cejas al tiempo que esbozaba una ancha sonrisa. Asami lo comprendió y lanzó una exclamación:
- No es imposible –dijo mirando a Mei con asombro- si ya está encinta.
Hubo un silencio de asombro por unos instantes, y acto seguido estalló un verdadero revuelo cuando todas se pusieron a chillar al unísono, riendo, llorando, abrazándose y hablando a la vez.
Siguió otra ronda de abrazos. Después, Asami se reclinó en su asiento y escuchó cómo Kuvira bombardeaba con preguntas a Mei.
Experimentó una punzada de anhelo y se rodeó con los brazos ¿Cómo sería llevar dentro el hijo de la persona a la que una amaba, en el interior del cuerpo, sentirlo crecer? Un hijo que habrían creado juntos. A juzgar por la expresión radiante de Mei, debía de ser una sensación maravillosa y muy hermosa.
En los planes de la de tez blanca nunca estuvo el tener hijos, ya que sabía que con otra mujer no era posible y desde que tuvo uso de razón supo que los hombres no le venían para nada. Sus alternativas eran convertirse en una seca solterona o intentar vivir una aventura apasionada, y ahora que tenía una idea de cómo hacer el amor con una mujer, nadie le impediría cumplir la segunda.
Excepto lady Wolf.
Sí, informándole de manera lógica de todas las razones por las que ambas deberían comenzar una relación, y junto con los datos que había recolectado de sus hermanas, seguro que lograría convencerla. ¿Verdad?
…
Vamos Asami convence a esa cabeza hueca de korra jajajaja
Ufff! De nuevo otro capitulo perdón a los que pensaban que en este capitulo las chicas harían la "cosa" jeje pero la novela apenas va a la mitad así que todavía faltan algunas intrigas.
La verdad me alegra que esta adaptación les haya gustado en realidad me hace muy feliz, muy agradecida a los que se toman un momento en leer esta historia y a los que me agregaron a favoritos en serio gracias. Y bueno muchas gracias a los que se toman un pequeño momento en dejar un pequeño comentario en serio que me alegran mucho n.n.
Nobodyknows.- jejeje si Asami rayos pero si que es lanzada esa mujer jejej, aquí otro capitulo ojala y te agrade y gracias por comentar saludos!
Luz del Amanecer.- que bueno que te este gustando la adaptación y bueno se pondrá mas intenso solo que primero va a ver un poco de intriga jejeje muchas gracias por leer y comentar saludos! n.n
Ruha.- En verdad muy agradecida por tus maravillosas palabras en serio motivan mucho para continuar. Y bueno perdona por dejarlo así pero no me culpes a mi culpa a ala autora de esta novela jajajaja y esperando que este capitulo se de tu agrado. Saludos! n.n
NioFujuyima32.- jajaj es que esas mujeres son una intensas jejeje muchas gracias por tomarte un poco de tu tiempo en comentar y bueno a mi también me mata una korra así toda caballerosa y respetuosa y noble y aaaaaaaaaaa! Toda una principa azul mi Korra jajajaja gracias por los ánimos y esperando que este nuevo capitulo te guste saludos!
AlexandraArcher.- jeje en verdad gracias por tus ánimos yo amo el korrasami y la verdad es un honor traerles esta adaptación y bueno espero que este capitulo sea de tu agrado. Gracias por el apoyo saludos! n.n
Rarie-Roo 07.- Créeme que yo también tuve que darme una buena ducha de agua helada jaja lo que provocan esas chicas jajaja, un gran saludo y esperando que este capitulo te haya gustado n.n
Love is a wild animal Danirock.- Exacto KORRASAMI es vida KORRASAMI es amor la verdad lo tengo inyectado en las venas y ya veo korrasami en todos lados jajaja me alegra en serio que te este gustando esta humilde adaptación, si todavía faltan algunas intrigas y un poco de drama antes de que estas chicas reconozcan que son la una para la otra jejeje en serio muchas gracias por el apoyo y esperando que disfrutaras esta nueva entrega n.n
Elvimar.- jejeje me apenas en serio gracias por tus palabras de apoyo, me alegra que te este agradando la historia, ojala y este nuevo capitulo también te guste saludos!
DjPuMa13g.- jajaja asi es que Asami investigue muy pero muy bien jajaja esa Asami tan curiosa jajaja espero que este capitulo te encanta y gracias por comentar y por
tus lindas palabras son muy motivantes saludos!
.- Me alegra que te gustara esta adaptación la verdad el libro esta muy bueno y dije por que no adaptarlo al maravilloso korrasami y no te preocupes va aver mas momentos eróticos entre estas dos hermosas y sensuales mujeres, gracias por tomarte un poco de tiempo en comentario y esperando que el capitulo sea de tu agrado! Saludos!
Obini.- Hola! Ojala y esta nueva entrega sea de tu agrado y jajaja si Asami que aventada resulto ser la muchacha yo no se como korra no se la come de una buena vez jajajaja y bueno gracias la verdad no es mi historia yo solo la estoy cambiando ciertas cosas y quitando otras por que la novela habla de la relación de un hombre y una mujer, si quieres culpar a alguien culpa a la autora de la novela que nos pone tanta intriga y suspenso a la historia jejejeje en verdad muy agradecida que te tomas un poco de tiempo en comentar esta adaptación saludos y ojala y el capitulo te haya gustado.
