Maybe someday we will talk and not just speak
Sabía que no era bienvenida. O al menos, era así como se sentía, fuera de la casa de su mejor amiga, haciendo guardia y protegiendo a unas personas que no querían ser protegidas. Defendiendo de cualquier manera que le fuera posible a la mujer que había hecho mella en su corazón, en la manera más discreta posible. Estaba en su naturaleza, después de todo. Sufrir sin molestar.
Ruidos provenientes de una calle de al lado de la casa la distrajeron. Se dirigió hacia el origen del sonido, lista a desenvainar su espada, cuando un rostro familiar giró la esquina. Su mano retrocedió lentamente, pero ese gesto no pasó desapercibido por la mujer que tenía delante.
«¿Sabes? Deberías de verdad comprarte una pistola, Mulan»
«Ruby. ¿Qué haces aquí?»
«Podría hacerte la misma pregunta»
Mulan se aclaró la voz, desviando la mirada.
«Estaba pasando por aquí» respondió lentamente
«Claro» Ruby rio, sacudiendo la cabeza «Estabas pasando en medio de la noche y has decidido pararte delante de la casa de Aurora durante unas horas, ¿no es así?»
Mulan no respondió, inclinando la cabeza.
«Sé que ayer también estabas aquí, y la noche anterior. Sé que la estás protegiendo desde que los enanos no lo hacen»
«¿Cómo lo sabes?» preguntó, frunciendo el ceño y mirando de nuevo a los ojos de la muchacha que tenía delante
«Porque mientras tú la protegías a ella» le ofreció una pequeña sonrisa divertida «Yo te protegía a ti»
Mulan volvió a fruncir el ceño
«Maléfica pensó que si me mataba a mí, Regina clavaría su cabeza en una pica, así que he pensado que podía ayudarte a controlar la situación»
«Nunca podría aceptarlo» le dijo Mulan, sacudiendo la cabeza
«Y ese es el motivo por el que lo he hecho a escondidas» explicó riendo «Ven, volvamos a la calle principal»
Caminaron en silencio, lado a lado, paseando por la calle en la que terminaba el sendero de la casa de Aurora y Philippe, pero sin pararse demasiado cerca del inmueble.
«Entonces, ¿cuándo comenzó todo entre tú y Aurora? ¿Fue antes o después de que ella conociera a Philippe? Sabe lo que sientes por ella, imagino. Seguramente lo habrá comprendido por la manera en que la miras»
«Tú hablas mucho, ¿verdad?»
«Bah, una de nosotras dos debe mantener la conversación, ¿no? Si tuviera la misma actitud que tú para la palabra, estaríamos siempre en silencio. Como cuando estábamos siguiendo la esfera encantada hacia Maléfica, no te decidías a soltar prenda»
«Y tu no lograbas hacer lo contrario, como ahora»
«Así que supongo que ella no lo sabe» concluyó Ruby, suspirando.
«Aurora es feliz. Nunca podría arrancarle lo que tiene ahora»
Una sombra distante pasó veloz por la mirada de Ruby, pero Mulan era muy perspicaz en lo que tenía que ver con el acto de ocular los propios sentimientos, así que comprendió inmediatamente que había algo que Ruby le estaba escondiendo. Un momento después, más rápido de lo que había llegado, aquella sombra desapareció.
«¿Qué me dices de ti? ¿Ningún novio?»
«Tuve uno, una vez. No acabó muy bien. Lo destrocé, literalmente»
«¿Novia, quizás?» preguntó tímidamente, sabiendo que en aquel mundo las cosas eran muy diferentes y que la mujer de su lado era muy abierta. Supo que había hecho la pregunta justa cuando de nuevo vio cómo su expresión vacilaba.
«Tú y Regina, ¿hay algo entre ustedes? ¿Maléfica tenía razón?»
Ruby rio, sacudiendo inmediatamente la cabeza
«Regina es una mujer muy fascinante, pero todo lo que siento por ella es una sincera amistad, un profundo afecto y mucha gratitud por haberme salvado la vida»
Mulan esperó que continuara, pero cuando comprendió que no lo haría, decidió darle un empujoncito.
«Puedes fiarte de mí. Como tú misma has dicho, raramente soy la que hablo. Sé guardar muy bien los secretos»
Ruby suspiró
«No estoy segura de que sea una secreto que haya que guardar, en realidad. Ha pasado mucho tiempo, he avanzado y lo he superado, he aceptado que si alguna vez hubo algo, solo fue en mi cabeza. Ella hizo su elección hace muchos años atrás. Y la bestia que eligió amar no fui yo»
«Tú no eres una bestia, Ruby» dijo Mulan, posando una mano en su brazo y deteniéndose en mitad de la calle.
«No soy lo bastante bestia para que alguien decida salvarme, ni lo suficientemente buena para que alguien decida amarme» respondió irónicamente, moviendo la cabeza «Esa es mi maldición, quizás. Estar siempre divida por la mitad»
«Personalmente, creo que cada uno de nosotros, antes o después, encuentra a alguien que lo hace sentir completo. Es lo que sucede cuando alguien te ama, un amor tan grande que tu corazón se siente acunado y que nunca se irá»
«¿Eso es lo que has sentido por Aurora? ¿Ella te ha completado?»
Mulan movió con tristeza la cabeza, bajando de nuevo la mirada
«Aurora no me amaba. Y el sentimiento que un tiempo atrás tenía por ella está comenzando a debilitarse, a transformarse solo en aquella sincera amistad que tuvimos durante un tiempo. Creo que hay alguna otra destinada a amarme y ser amada por mí de la misma manera»
«Quisiera tener tu misma confianza»
«La tendrás, cuando te encuentre»
Intercambiaron una última sonrisa, y echaron a andar otra vez en silencio.
Ambas con un amor no correspondido a las espaldas, se comprendían la una a la otra mejor que cualquier otro lo hubiera hecho.
Pasearon en un silencio confortable que, dada la naturaleza locuaz de Ruby, Mulan sabía que no estaba destinado a durar mucho tiempo.
«Entonces» comenzó de hecho un poco más tarde «hay una cosa en ese mundo que deberías probar, una de estas noches, llamado whisky»
Mulan sonrió, sacudiendo la cabeza, lista para preguntar lo que era, pero Ruby se le anticipó, continuando hablando antes de que ella tuviera tiempo de hacerle la pregunta.
«Es un tipo de suero de la verdad, pero con un sabor muy bueno, las personas lo beben por propia voluntad, porque realmente hace que te diviertas. Sin embargo, hay efectos colaterales de los que debería informarte»
Mulan no logró decirle que Will Scarlet había introducido a todos los compañeros de Robin Hood al whisky poco después de su llegada a Storybrooke, pero la dejó hablar escuchando con atención cada palabra.
Regina solía levantarse muy pronto por las mañanas, era una costumbre que siempre había tenido y que se había acentuado más cuando Henry era pequeño y ella se levantaba para preparar el desayuno para ambos antes de que él se despertase. Aquel día, sin embargo, cuando abrió los ojos el sol ya estaba bastante alto en el cielo.
Definitivamente, había descansado, los dolores comenzaban a atenuarse y se sentía mucho más ella misma que la noche anterior. Se vistió velozmente, bajó a la planta baja para tomarse al menos un café antes de preguntarle a Henry, que seguramente ya estaba levantado, qué quería para desayunar. Pero la escena que la acogió en la cocina le cortó la respiración.
Emma estaba cocinado algo mientras reía, Henry estaba a su lado, también él estaba riendo mientras intentaba quitarse la harina de los pantalones.
«Mamá te matará»
«Te culparé a ti, diré que eres un torpe» bromeó Emma sin parar de reír
Regina carraspeó y se acercó a los fogones
«Mamá» la saludó inmediatamente Henry «La harina en mis pantalones es culpa de Emma, lo juro»
«¡Qué prisa en venderme, chico!» murmuró la rubia, revirando los ojos
Emma le dirigió una mirada atravesada, mientras se giraba hacia Regina.
«He pensado venir pronto, así podíamos prepárate el desayuno y dejarte descansar un poco más. Ayer por la noche parecías muy cansada» le dijo despacio
Ella le sonrió con reconocimiento, después sonrió a su hijo y señaló hacia los fogones
«¿Qué estáis haciendo?»
«Tortitas» dijo Henry entusiasmado
«Hemos hecho algunas hasta de plátano, así Henry comerá un poco de fruta. Ahora estamos preparando algunas con chocolate» le informó Emma
«De verdad has sido muy amable, Emma»
«Bah, quiero cuidar de mi familia» le sonrió tímidamente
«Emma» comenzó Regina, inspirando profundamente
«Henry, ¿qué te parece ir a buscar aquel comic que querías enseñarme?» intervino antes de que Regina lograra terminar la frase.
Él miró a ambas un par de veces comprendiendo que estaba pasando algo. Asintió, y desapareció en la planta de arriba
«No me rendiré, Regina»
Ella suspiró
«Todos se fían tanto de lo que señala el polvo de hada, pero ya fracasó en el pasado»
«No lo estoy haciendo por el polvo de hada o por el Amor Verdadero o por cualquier otro motivo, sino solo porque es lo que quiero. Quiero estar contigo, estar con mi familia, despertarme teniéndote en mis brazos, y dormirme sabiendo que estas a salvo. Porque yo, Regina, te amo. Y eso es realmente el único motivo por el que estoy aquí»
«Emma»
«No importa si no sientes lo mismo. No debes decirlo, si no lo piensas. Sé que ayer, cuando nos volvimos a ver, estabas muy perturbada y todo era surreal, así que no debes preocuparte por lo que dijiste en aquel momento. Solo quiero que sepas que estoy aquí, que estaré aquí si en algún momento quieres darme una oportunidad»
«Emma» repitió Regina con más decisión, apoyándole una mano en la mejilla y haciendo que alzara la mirada en su dirección «Lo siento» murmuró quedamente «Me asusté cuando dijiste que dudabas del polvo de hada, deje sitio a mis inseguridades y saqué conclusiones que no debiera» Los ojos de Emma expresaban una fragilidad que Regina no le había visto antes de ese momento «Si es lo que quieres tú» se obligó a sí misma a hablar, a pesar de su incapacidad para afrontar sus propios sentimientos «Quiero darnos una oportunidad»
Regina no era buena con las palabras o con los discursos, ni con los sentimientos en general. Emma lo sabía muy bien, así que apreció el paso que había hecho hacia ella. Emma se acercó velozmente, y posó un ligero beso en los labios de Regina, para después volver enseguida a su sitio, posando la mirada otra vez en las tortitas.
A Regina le llevó varios segundos darse cuenta de lo que acababa de pasar, pero cuando lo hizo, una sonrisa se dibujó en sus labios. Las mejillas de Emma se sonrojaron ligeramente.
Henry, que había vuelto a bajar, se quedó parado en la puerta de la cocina, y miró a sus dos madres, una con los ojos fijos en las sartenes y con la cara roja, la otra, mirando a la primera sonriendo como nunca la había visto hacerlo. Y en aquel momento se dio cuenta de que, un día, cada cosa encontraría su sitio y todo encajaría a la perfección. Ese era uno de esos momentos, como decían sus madres, en que se tenía que hacer una pausa de todas las batallas aún en curso, pararse un instante, y apreciar la propia felicidad. Y era exactamente lo que estaba haciendo él en ese momento.
«Entonces» dijo entrando en la cocina «¿Comemos las tortitas antes de que se enfríen?» preguntó sonriendo ante las miradas que las dos mujeres se lanzaban de reojo.
«Cojo los platos» se ofreció Regina
«Yo los cubiertos» propuso Henry.
Emma se había pasado la vida huyendo de cualquier tipo de compromiso que le recordase, aunque fuera vagamente, a una familia. Pero su familia había logrado encontrarla de igual manera. Y tenía que admitir que para ella estaba más que bien si eso era solo un aperitivo de todo lo que tenía todavía que llegar.
Se habían citado en Granny's para almorzar. Cuando Emma, Regina y Henry entraron, Blanca y David estaban ya sentados en una mesa junto a Belle y Aurora, mientras Ruby y Mulan estaban en la barra charlando entre ellas, y al verlos entrar, se unieron a ellos en la mesa, quedándose de pie. Ellos tres se acercaron a la mesa, saludaron a todos y se sentaron.
«Blanca y yo hemos ido a comprobar la caverna, pero está de nuevo vacía»
Regina reviró los ojos
«¿Habéis ido a comprobarlo solos? ¿Qué hubierais hecho si hubiera estado aún allí, un discurso sobre la esperanza y el amor?»
«Estoy contenta de ver que has vuelto a ser la de antes, Regina» dijo Belle, contendiendo una sonrisa
Por segunda vez en pocos segundos, la morena reviró los ojos.
«¿Cuál va a ser nuestro próximo movimiento?» preguntó Emma
Antes que ninguno tuviera tiempo de responder, la puerta de la cafetería se abrió, dejando entrar al ruidoso grupo de los enanos. La espalda de Emma se tensó, recordando su último encuentro.
Cuando se dieron cuenta de la presencia de Regina, Gruñón se acercó inmediatamente a la mesa. Emma saltó en pie.
«La habéis encontrado. Viva»
«Lárgate» sus manos se habían cerrado en un puño, sus brazos a los lados.
«Ahora quizás haréis algo en concreto para salvar a la ciudad»
Estaba a punto de gritar cuando sintió una mano tocar gentilmente la suya, haciéndole abrir el puño y apretándola suavemente. Emma bajó la mirada, encontrando la de Regina, que aún estaba sentada. Movió los ojos hacia la silla de Emma, asintiendo, haciéndole señas para que se sentara de nuevo. Emma, aunque con reticencia, se giró de nuevo hacia Gruñón, y repitió
«Lárgate» con voz firme antes de volver a sentarse.
«Aquello que dijiste de rogarle que no nos salvara…»
«¿Has escuchado las dos primera veces, gnomo de jardín o quieres que te lo repita yo por una tercera vez? Desaparece antes que de que te haga desaparecer yo» dijo Regina, sin ni siquiera dignarse a mirarlo a la cara.
Él tomo aliento, dispuesto a hablar de nuevo, pero la morena levantó una mano. De su boca no salió nada.
«Entonces, estábamos discutiendo nuestro próximo movimiento, si no me equivoco»
«Regina» la reprobó Blanca
«¿Qué? Solo le he quitado la voz. Si se decide a marcharse, se la devolveré» concedió
Él asintió desesperadamente, con las manos alrededor de la garganta, en el intento de hacer salir algún sonido. Regina movió de nuevo la muñeca, restituyéndole la voz. Él, sin hacérselo decir una cuarta vez, volvió a donde estaban los otros enanos, dejando en paz la mesa de los Charmings.
«Entonces, puedo presuponer que el resto de la ciudad estaba en contra de la misión de salvamento» murmuró en tono duro «no me sorprende»
Emma le aferró la mano por encima de la mesa, donde todos podían verlas.
«Nosotros nunca nos habríamos rendido. La opinión de ellos no cuenta, nosotros somos tu familia»
Regina le ofreció una pequeña sonrisa
«¿Y qué historia es esa de que me habrías implorado que no salvaras a los gnomos?»
«Estaba enfadada» se defendió Emma, haciendo una mueca y levantando las manos en señal de defensa, retirando la suya de la mano de Regina «Quizás haya insinuado que te habría rogado que los dejarás a todos que se las apañaran con Maléfica y que te fueras lo más lejos posible»
«Pero Maléfica no puede hacer nada sin mi corazón» le señaló
«Bah, eso lo sabíamos nosotros, pero el resto de Storybrooke no»
Regina asintió, riendo levemente
«Así que la hija de Blanca Nieves ha amenazado a los siete enanitos»
Emma le devolvió una sonrisita
«Estuve bien, admítelo. Habrías querido verlo»
«Bueno» David se aclaró la voz «¿Vamos a estar aquí mientras coquetean todo el día o pensamos en un plan?»
Emma se sonrojo inmediatamente mientras Regina bajaba la mirada.
«Yo podría tener un plan» propuso Regina en voz baja «Pero se trata de algo bastante drástico, deberemos estar listo para cualquier cosa»
Todos los ojos se posaron en ella.
Explicó qué era lo que tenía intención de hacer, mientras los otros escuchaban con atención. Discutieron, grosso modo, qué tenían que hacer, planificando en detalle algunos puntos de particular importancia, y después escogieron una fecha.
«Dentro de tres días» decidió con resolución Regina
«¿Por qué exactamente tres días?» preguntó David
«Es el tiempo que necesito»
«¿Para qué?» la pregunta fue de Blanca
«Para arreglar lo que tengo que arreglar. En el caso de que no lo consiga»
«Regina, todos estaremos ahí» le recordó Ruby
«Lo lograremos, juntos» añadió Mulan con decisión
«No dejaré que te suceda nada» terminó Emma con firmeza
Regina los miro a todos, todos con afecto y decisión en los ojos. Nunca la dejarían sola. Suspiró.
«Bien, pero tengo que recuperar las fuerzas, así que tres días me servirán para eso»
Ninguno pudo negar aquello.
Se levantó despacio, diciendo que necesitaba tomar un poco el aire, y salió de la cafetería. Pocos segundos después, sintió pasos detrás de sí y supo inmediatamente que Emma la había seguido, sin necesidad de tener que girarse. Tenía una especie de super poder que hacía volar mariposas en su estómago cada vez que Emma estaba a menos de dos metros de ella.
«¿Qué ocurre?» preguntó en voz baja, mientras seguía con la mirada al frente
«¿Para qué necesitas de verdad estos tres días?»
«Siempre al grano, ¿verdad Emma?»
«Me conoces, no soy de las de andar con rodeos»
Regina la miró de soslayo, devolviéndole la sonrisita que Emma le estaba dando en ese momento.
«¿De qué tienes miedo?» preguntó la rubia con un hilo de voz.
Los ojos de Regina se fijaron de nuevo en un punto delante de ella, lejos de los ojos de Emma, mientras inspiraba profundamente.
«Exactamente de lo que acaba de pasar ahí dentro»
Emma frunció la frente
«Si no quieres enfrentarte a Maléfica enseguida…»
«No me refería a ella. Me refería a tus padres, a todos los que en aquella mesa me tratan como si nunca hubiera deseado sus cabezas en bandeja de plata por innumerables décadas. ¿Se han olvidado tan fácilmente de todo lo que he hecho?»
«Oh, Regina» Emma suspiro, sacudiendo la cabeza «No pienso que alguna vez puedan olvidar, no se olvida algo así. Pero se puede perdonar y seguir adelante. Tú no ya no eres aquella persona»
«Lo sigo siendo» la contradijo Regina, deglutiendo y buscando sin éxito acabar con el nudo que tenía en la garganta «Hice aquellas cosas. Recuerdo exactamente lo que sentía. He hecho cosas horribles, Emma» admitió en un hilo de voz «Nunca se debería personar algo tan absurdo. Todos en aquella mesa, incluida tú, incluida yo, como seres humanos deberíamos sentir asco y resentimiento por las atroces, y eso es decir poco, acciones que cometí»
«Regina» tras haber susurrado con voz temblorosa, pero dulce su nombre, Emma tomó una de sus manos, al ver las lágrimas brillar en los ojos de Regina cuando posó su mirada en ella.
«He matado a tantas personas. Herido a tantas personas. He exterminado una aldea entera, Emma, solo porque nadie quería confesar dónde se encontraba tu madre. Chasqueé los dedos y todos estaban muertos. Cuando los vi, deseé, más que nada en el mundo, poder cambiar lo que había hecho. Pero no podía volver atrás, así que fui hacia delante y continué por mi oscuro sendero. Me sentía atrapada en mi propia maldad»
«Regina, eso fue hace tantos años» murmuró Emma, cogiéndole el rostro entre sus manos «Sucedió hace más de treinta años» le recordó «Ya no eres aquella persona»
«Pero lo soy» protestó ella casi desesperadamente «Recuerdo tan vívidamente el rostro de cada persona que he matado, era yo, soy yo, Emma. Soy yo»
«Ha pasado tantísimo tiempo»
«No merezco ser perdonada por todas las vidas que he robado»
«Mereces ser perdonada por todas las vidas que has salvado, Regina» susurró Emma, moviendo la cabeza «Salvaste a todos de Pan invirtiendo la maldición, salvaste a todos de Ingrid rompiendo aquellas pulseras, ahora nos salvarás a todos una vez más de Maléfica, Regina. Has salvado tantas vidas como quitaste, todos los sabemos. Todos vemos cuánto camino has andado, cuánto has cambiado. Sé lo que eras, Regina. Sé quién eras tú y sé quién eres y nunca te amaré menos por tu pasado»
Algo en lo que había dicho Emma tocó a Regina en lo más profundo, y las lágrimas comenzaron a descender por sus mejillas. Emma la rodeó inmediatamente con sus brazos, apretándola lo más fuerte posible, acunándola delicadamente.
Nunca se rendiría.
No con Regina.
No con su verdadero amor.
«No sé cómo has hecho para convencerme»
«Del mismo modo en que te convenzo siempre» Emma le sonrió, alzando la carta y abriéndola. «Recordándote que, da igual lo mal que se pongan las cosas, siempre tendremos tiempo para pararnos y acordarnos de ser felices»
«Explícaselo a tus padres, que piensan que en este momento estamos en la cripta poniendo a punto los últimos detalles de nuestro plan»
«Regina, ha sido un milagro convencerte para tener una primera cita» Emma suspiró «Y, si queremos ser honestas, es altamente improbable que consiga convencerte pronto para una segunda» añadió resoplando «Así que, coge el menú, decide qué quieres comer y finge que no moriremos dentro de tres días»
«De hecho, no moriremos dentro de tres días» Regina cayó en la trampa sin la mínima inseguridad «Saldremos de esta como siempre hacemos»
«Perfecto, entonces deberías estar feliz» sonrió con satisfacción, cogiendo la segunda carta y entregándosela a la mujer que tenía delante «¿Prefieres vino tinto o blanco? Yo, personalmente, soy más de cerveza, pero estoy dispuesta a hacer una excepción»
Regina se la quedó mirando unos instantes, inmóvil. Emma le había pedido que salieran a cenar y Regina había consentido dando por descontado que se trataba de una cena en familia, pero Emma le había dicho que tenía que pasar por casa para ponerse algo más elegante. Regina, entonces, había considerado que se trataba de una cena formal y se había vestido para la ocasión. Con reluctancia, había dejado que Emma condujera. Cuando la rubia había aparcado el coche en el aparcamiento del único restaurante elegante de la ciudad, muy alejado del estilo de Granny's, todas las piezas del puzle, finalmente, encajaron. Por un instante, había pensado negarse a entrar, pero Emma, percibiendo su indecisión, le había señalado que ya estaban ahí, que sus padres estaban con Henry, que todos estaban a salvo y en fin, que no era bonito que Regina faltara a su palabra.
Así que, estaban ahí, sentadas en la mesa del restaurante, ninguna de las dos con la mínima idea de lo que estaban haciendo. Regina alzó tímidamente la mano, cogió el menú que Emma le estaba ofreciendo y dejó que, finalmente, sus ojos se alejasen de los de Emma.
«Blanco» dijo al final «pero se suele tomar con el pescado o el postre. Si tenemos la intención de pedir carne, tendremos que pedir un tinto»
«¿Si prefieres el blanco por qué no pedimos pescado?» propuso Emma, sonriendo
Regina alzó de nuevo la mirada hacia ella, devolviéndole la sonrisa
«Tienen salmón» observó con una sonrisita provocadora
«Adoro el salmón» mintió Emma, su sonrisa se agrandó aún más. No era su plato preferido, pero sí le gustaba.
Regina recordaba perfectamente la aversión de Emma por todo tipo de pescado, había propuesto el salmón porque era el único que le había visto comer una vez cuando había ido a recoger a Henry a casa de los Charmings.
«No es en absoluto verdad, Emma. Sé que prefieres la parrillada, ¿por qué no pides una y la acompañamos con un tinto italiano? También va muy bien con el pescado»
«Pidamos el blanco. Irá muy bien también con la parrillada»
Regina rio, moviendo la cabeza
«No tienes que intentar conquistarme haciéndome elegir el vino, Emma. Te he visto comer hamburguesas, chorreándote el kétchup por toda la camiseta y lo he encontrado adorable, te he visto beber cerveza de la botella y lo he encontrado menos desagradable de lo que pensaba, te he visto comer papas fritas metiéndote un bocado en la boca»
«Sí, pero ahora estamos fuera y no me tiraré salsa por encima, usaré tenedor y cuchillo y dejaré que tu elijas el vino porque tus gustos en ese campo son mejores que los míos, ya que, como acabas de subrayar, yo normalmente bebo cerveza directamente de la botella» Regina iba a protestar, pero Emma no le dio tiempo «Quiero estar a tu altura. Quiero, al menos, intentarlo, Regina. Déjamelo hacer»
«Estás perfectamente a mi altura»
«Solo cuando no llevas tacones»
«Quería decir…»
«Sé muy bien lo que querías decir. Pero ambas sabemos que no es verdad. Tú eres una reina»
«Tú eres una princesa»
«No, en realidad no. Solo soy una muchacha que ha tropezado y caído dentro de este mundo de cuentos y finales felices»
«Eres mi muchacha que ha tropezado y caído dentro de mi mundo. Y puedo asegurártelo, querida, no había ningún final feliz antes de que llegaras tú»
Siguieron mirándose a los ojos, sonriéndose de un modo que solo ellas podían comprender, al que solo ellas estaban tan acostumbradas. El resto del mundo, para ellas, había literalmente desaparecido. Por eso, ambas se sobresaltaron cuando un camarero se acercó a la mesa, saludando y preguntando qué iban a pedir. Regina fue la primera en volver a poner los pies en la tierra, aclarándose la voz y dictando su pedido, Emma hizo lo mismo poco después.
No hablaron más de Maléfica en toda la noche. Aquel momento, y ambas tenían la certeza de ello, era más importante. Hablaron sencillamente de ellas, de todo lo que les venía a la mente. Por primera vez, hablaron de verdad. Era tan fácil, como si se conocieran de toda una vida. Estaban cómodas. Como si estuvieran en familia.
El trayecto de vuelta en el coche de Emma, al contrario que la cena, se hizo en silencio, pero de todas maneras confortable. Ambas bajaron, y caminaron lentamente hacia la puerta de entrada. Fue Emma la primera en reunir el valor necesario para acercarse y besarla dulcemente en los labios. Una mano de Regina, rápidamente, ascendió hacia su mejilla, acariciándola lentamente. Se alejaron lo necesario para mirarse a los ojos, ambas estaban sonriendo. Solo por aquella noche no había en sus ojos la historia de la reina malvada y de la salvadora, no estaban todos los años de su pasado atormentándolas. Solo estaban dos mujeres en su primera cita. Como si entre ellas las cosas pudieran ser sencillas. Como si sus vidas no fueran un completo desbarajuste.
«Buenas noches Regina»
«Buenas noches Emma»
Y por aquella vez, solo por una noche, eso era lo único que querían ser. Dos personas enamoradas, Nada más, nada menos.
«Estás aquí también esta noche» la saludó Ruby, tendiéndole un café, sin decir nada más
Mulan lo cogió con vacilación, pero después la siguió y comenzaron a caminar.
«He avisado a Blanca de que estamos aquí. Estarán listos, en caso de necesitáramos ayuda»
Mulan, también esa vez, no respondió, apretando los labios en una sutil línea.
«Esta es la penúltima noche que tendrás que protegerla desde lejos. Tras pasado mañana, podrás volver con tus compañeros, si es lo que quieres. Pero tu ayuda ha sido muy valiosa, quiero que sepas que lo recordaré»
«Siempre estaré preparada para hacer el bien»
Ruby le sonrió
«Lo sé, es lo que más me sorprende de ti. La vida no ha sido amable contigo, pero tú continúas siendo amable con la vida, sin esperar nunca nada a cambio por tus buenas acciones»
«No se tiene que ser bueno porque esperas una recompensa»
Ruby asintió, degustando su propio café. Había algo en la mujer que tenía al lado que le intrigaba. Era tan valiente, tan dispuesta a hacer lo correcto, independientemente de lo que le costara a ella. Lo de Mulan era de un altruismo casi único, bastaba ver que, a pesar de todo lo que habías sucedido, aún le importaba Aurora hasta el punto de estar ahí, protegiéndola. Ruby la admiraba. Ser su amiga sería un privilegio.
«Estaba pensando que, antes o después, tengo que hacerte probar los buñuelos de mi abuela. Nadie en la ciudad sabe hacerlos como ella, dicen todos que los suyos son los mejores. Quizás podrías venir a verme y podríamos comerlos juntas, una noche»
«¿Buñuelos para cenar?»
Ruby inspiró, dándose cuenta en ese momento del punto flaco de su brillante plan para hacerle prometer a Mulan que se verían también cuando ya no hubiera ninguna batalla contra Maléfica. Sin saber bien qué decir, rio, dejando de aguantar la respiración.
«Buñuelos para cenar»
Mulan la miró a los ojos algunos segundos. Después, desvió la mirada, tomó un buche del café que le había sido ofrecido.
«Me gustaría mucho»
Blanca Nieves estaba preparando un té caliente y Henry y David estaban sentados en el sofá, cuando alguien llamó a la puerta.
«Voy yo» les dijo Emma, sabiendo que Regina tenía que aparecer esa mañana, esperando que fuera ella. No se decepcionó al ver a la morena en el rellano.
«Buenos días Emma»
La rubia le sonrió, dando un paso hacia su dirección y dándole un beso en la mejilla. Regina cerró los ojos, dejándose acunar por la serenidad de aquel momento.
«Gracias» murmuró cuando Emma se alejó «Por lo de anoche. Fue perfecto»
«Mérito tuyo» susurró Emma, haciéndole señas para que entrara.
«Mamá» la saludó inmediatamente Henry, dirigiéndose hacia ella para abrazarla apenas vio que era ella.
«Ciao, pequeño príncipe» lo saludó dándole un beso en la frente
«¿Cómo te sientes?»
«Mejor» dijo, sonriéndole
Hablaron algunos minutos, hasta que Henry se retiró a su habitación en la planta de arriba y entonces Regina y Emma se sentaron en la cocina junto a Blanca y David.
«¿Estás aún segura de que es una buena idea?» preguntó él en voz baja
«La única que tenemos» constató Regina
Blanco puso al día a Regina del hecho de que Ruby y Mulan estaban vigilando a Aurora, que los avisaría si pasaba algo, pero todo se había calmado desde que Regina había vuelto a casa.
Así que pusieron lo mejor de cada uno para hablar de otra cosa, Regina llamó a Henry, deseosa de pasar aquel último día con él. Regina y Blanca cocinaron juntas, mientras que Emma y Henry intentaban enseñar a David a jugar a la play, con escasos resultados.
El día transcurrió tranquilo, con la paz típica de los momentos que preceden a la tempestad. Y Regina pensó que era absurdo, que aquel día hubieran hablando tanto sin decirse nada, mientras ella y Emma, la noche anterior, habían usado pocas palabras para decirse todo lo que era necesario. Las cosas eran así entre Emma y ella últimamente. Bastaban pocas frases y todo el mundo alrededor desaparecía.
«Entonces, mañana» murmuró Emma
Los había acompañado a casa, Henry ya les había dado las buenas noches, y subido arriba dejándolas solas.
«Mañana» repitió Regina.
Hubo algunos instantes de silencio. Sin decir nada, se acercaron la una a la otra, y se besaron como no habían hecho antes, como si estuvieran intentando encerrar en un beso todo lo que sentían en aquel momento, como si estuvieran convencidas de que esa era la última ocasión para hacerlo.
«Quédate esta noche» murmuró Regina, la respiración jadeante, tras unos minutos
«Regina»
«Emma, quédate. Hay dos habitaciones de invitados, si estás más cómoda, o puedes dormir a mi lado, pero no en ese sentido. Duermo mejor cuando sé que estás a salvo. Es verdad que estoy más tranquila cuando estás donde puedo verte»
La rubia sonrió débilmente, recordando la conversación que habían mantenido cuando Regina la había hecho desaparecer del bosque mandándola a su oficina porque quería enfrentarse a Maléfica sola, sin que Emma corriese el riesgo de salir herida. La besó de nuevo, con pasión, envolviéndola dulcemente entre sus brazos.
«Entonces, dormiré a tu lado, donde puedo verte. También yo duermo mejor cuando sé que tú estás a salvo»
Regina le cogió una mano, entrelazando sus dedos, y la condujo a la planta de arriba, hacia su propio dormitorio. Bajo sugerencia de Regina, Emma cerró los ojos, e hizo aparecer su propio pijama. Cuando los volvió a abrir, tenía puesto los pantalones cortos deportivos y una camiseta de manga corta. No era comparable al pijama de seda de Regina. Se sonrojo ante la constatación de que en realidad no le llegaba, ni remotamente, a la suela del zapato a aquella mujer que tenía delante. Pero por la mirada en los ojos de Regina, ella no pensaba lo mismo. No leyó otra cosa sino pura adoración. Era un momento tan íntimo que casi asustó tremendamente a las dos.
Pero después, Regina tomó el rostro de Emma entre sus manos, la besó con toda la dulzura de la que era capaz. Y Emma comprendió que no tenía sentido tener miedo, porque eso era lo mejor que le había sucedido, quizás solo a la par con Henry.
Se recostaron bajo las sábanas, pero continuaron mirándose a los ojos incluso en la oscuridad, tendidas tan cerca que sus narices se rozaban, en completa admiración la una por la otra. Regina acarició la mejilla de Emma delicadamente, acercándose para besarla una vez más en la comisura de los labios. No le quedaba mucho que decir, no quería hablar de cualquier cosa como habían hecho en casa de los Charmings durante todo el día. Si tenía que hablar, quería que fuera algo significativo. Así que dijo lo único importante que le quedaba por decir.
«Te amo. Recuérdalo. Pase lo que pase mañana, llévalo siempre en tu corazón»
Emma frunció el ceño, pero cuando Regina la besó una vez más, comprendió que protestar o buscar tranquilizarla no iba a ayudar. Así que también ella decidió decir lo único importante.
«Yo también te amo, Regina»
