Capítulo 10
Tsubasa y Ero llegaron hasta una cabaña de troncos. El lobo blanco olisqueó el aire y notó que el rastro de Sanae y Hayate se hallaba allí dentro, pero también estaba el olor del cazador y de Blue.
Tsubasa: ¿Cómo lograremos entrar sin que nos maten?
Ero: Tranquilo, tengo un plan.
El lobo albino susurró unas cuantas palabras a Tsubasa y después se situó delante de la cabaña.
Ero: ¿Estás preparado?
Tsubasa: Sí.
Ero: Recuerda, cuando el hombre me persiga, saca a Sanae y al bebé de ahí.
Tsubasa: De acuerdo.
Ero comenzó a aullar y a ladrar para llamar la atención del viejo. El hombre escuchó los aullidos y cogió su escopeta, dispuesto a acabar con el lobo.
Viejo: Blue, quédate aquí y vigila a la loba.
La perra obedeció y se quedó sentada junto a la jaula. El viejo salió de la casa y apuntó a Ero, que esquivó la bala con gran agilidad y corrió hacia los árboles, seguido por el cazador.
Viejo: ¡No huyas, maldito!
Cuando el hombre desapareció en el bosque junto con Ero, Tsubasa entró en la cabaña y se topó con Blue.
Sanae(llorando): ¡Tsubasa, has venido!
Tsubasa: ¡Apártate de ellos, Blue!
Blue: No puedo, Tsubasa.
Tsubasa: Nunca te creí capaz de esto, Blue. Pensaba que eras buena persona y ahora raptas a mi mujer y a mi hijo.
Blue: No fue mi intención.
Tsubasa: ¿Entonces por qué permitiste que tu amo los apartase de la guarida?
Blue: No puedo desobedecer a mi amo.
Tsubasa: Será mejor que te quites de en medio si no quieres salir malparada.
La perra se apartó y dejó que el chico mordiese los barrotes de la jaula, hasta que consiguió hacer una apertura por la que Sanae pudiese salir. La loba café cogió a Hayate con los dientes y salieron de la cabaña, justo cuando el viejo regresaba.
Viejo: ¡No, se escapan!
El hombre apuntó a los lobos y disparó a la pata trasera de Sanae, que cayó al suelo gimiendo de dolor.
Tsubasa: ¡Sanae!
Viejo: ya os tengo, lobos.
El cazador apuntó a la cabeza de la loba, pero una figura negra arrancó la escopeta de sus manos.
Viejo: ¡Blue! ¿Qué estás haciendo?
Blue: Lo siento, amo.
Tsubasa se quedó quieto por un segundo, no se creía que la perra-loba les acabase de salvar.
Blue: ¡Marchaos, rápido!
El lobo blanco subió a su esposa sobre su lomo y agarró a Hayate con los colmillos, para después desaparecer entre la arboleda del bosque. El viejo maldecía lo sucedido mientras que recogía su rifle y se metía en su casa, Blue le siguió con el rabo entre las patas.
Viejo: ¿Qué coño te ocurrió, Blue? ¡Debiste haberles matado! ¡Y además te pones a jugar quitándome el arma cuándo estuve a punto de acabar con esos lobos!
Aunque la híbrida sentía que había traicionado a su dueño, en el fondo estaba contenta con lo que hizo, había salvado las vidas de unos inocentes que no tenían nada que ver con los lobos que estaban buscando.
Tsubasa llegó a la madriguera, dejó a Sanae en el suelo y puso a Hayate a su lado. La pata de la hembra no dejaba de sangrar y el lobo comenzó a lamerla para desinfectarla.
Tsubasa: Tranquila, cariño. Pronto vendrá Ero y te curará la hemorragia.
Sanae: Me duele mucho, Tsubasa.
El joven se acostó al lado de Sanae y le besó la mejilla para calmarla. El pequeño Hayate no dejaba de gimotear, ya que su madre no tenía tantas energías para transmitirle su calor corporal.
Sanae: Tsubasa, dale calor al bebé. Se está muriendo de frío.
El lobo obedeció y colocó al lobezno entre sus patas delanteras. Hayate dejó de gemir y se durmió plácidamente, recibiendo los lametones que su padre le daba en las orejas. En ese momento, Kumi entró en la lobera y se quedó de piedra al ver el estado de Sanae.
Kumi: ¡Sanae! ¿Pero qué te ha hecho ese humano desgraciado?
Sanae: Me disparó cuando intentábamos huir, pero Blue nos ayudó y evitó que la cosa acabara peor.
Kumi: ¿Blue os salvó?
Tsubasa: Sí, no era una traidora después de todo.
Sanae: ¿Y los cahorros?
Kumi: Están jugando.
Tsubasa: ¿Y cómo está tu marido? ¿Y Ero? No lo he vuelto a ver desde que despistó al cazador.
Kumi: Kô se topó con Ero cuando éste logró darle esquinazo al humano, y regresaron pensando que ya os habíais escapado de la cabaña.
Tsubasa: Por favor, dile a Ero que venga a quitarle la bala a Sanae, está muy malherida.
Kumi: Voy.
La loba castaña salió corriendo de la guarida y llamó a Ero. El mago consiguió taponar la herida y extraerle la bala con su magia, pero Sanae no podría moverse durante un tiempo ya que la llaga tardaría en cicatrizar.
