Pues, sigamos adelante con este fic! :) Les dejo el capítulo nuevo! Muchas gracias a quienes lo leen y a quienes comentan. ¡Me alegra mucho saber que a alguien le gusta!

TIKAL

Capítulo 10: Y explota

En el palacio echidna, muy pocos descansaron Buscaban por todos los rincones los informes, mas jamás hallaron con ellos. Desistieron y prefirieron irse a descansar. Llegaron a conclusión de que o había un traidor en la corte o alguien había hurtado los informes del rey, lo cual era extraño pues nadie había visto entrar y salir a alguien sospechoso últimamente. Y el banquete que había pensado proponer el rey, claramente fue cancelado y no se volvió a hablar del asunto.

Los días que transcurrieron fueron algo extraños: los extranjeros vieron que los echidnas ni se les acercaban y estaban alejados de ellos de manera poco normal. Era como si ellos hubiesen hecho un muro que les impedía a los otros traspasarlos. Varios de los "invasores" se acercaron a Eggman a preguntarle si sabía algo o si había hecho algo con respecto a ese cambio de actitud proveniente de los nativos.

-¿Cómo quieren que sepa eso? –les contestó de muy mala manera-. ¿Piensan que soy adivino o qué? ¡Qué sé yo qué les ocurrió! –parecía algo molesto por las preguntas aquéllas-. Son una panda de ignorantes, vaya uno a saber qué se les cruzó por la cabeza…

Shadow estaba alejado del grupo que rodeaba al erizo obeso. Se lo veía compungido y pensativo.

-¿Qué hay, Shads? –Sonic se le acercaba, junto con Silver y Tails-. Las cosas no parecen marchar bien –pero el erizo negro no contestó-. ¿Tú sabes algo?

-No –dijo sin mirarlo a la cara y tardando un poco en contestar.

-¿Seguro? –volvió a cerciorarse Silver quien sabía que algo andaba tramando-. Oye, no me digas que los de la tribu se enteraron lo de…

Rápidamente, la mirada de Shadow lo hizo callar. Tails era el único confundido: ni Sonic ni Silver le había dicho algo al joven zorro, por lo que, inocentemente, le preguntó a Shadow:

-¿Qué rayos hiciste? –quiso saber.

-Que te cuenten tus amigos –le dijo bastante molesto yéndose de allí. Hizo oídos sordos cuando sentía que lo llamaban. Se alejó y se metió por un bosque bastante frondoso. Lo conducía al bosque donde sabía que estaba aquél lago y aquellas pequeñas criaturas celestes que volaban alegremente. Y llegó.

El lugar estaba vacío: ni chaos ni nadie estaba allí. Sólo el pequeño lugar donde salía el agua. Aquél lugar donde la había visto por primera vez… Una brisa relajante lo invadió y lo obligó a sentarse a los pies de un árbol. Tomó en sus manos la esmeralda que siempre le colgaba del cinturón y la vio a contraluz: era preciosa. Y emanó un cálido poder que lo hizo sentirse aún más tranquilo…Creyó oír una voz cantar cuando se durmió profundamente…

Abrió los ojos con pereza y cual no fue su sorpresa al ver un par de ojos celestes frente a él: su corazón dio un vuelco y quiso incorporarse como un acto reflejo producto de la sorpresa.

-¡Tranquilo, tranquilo! ¡Soy yo! –la voz lo hizo quedarse donde estaba. Claramente, aquélla mujer era Tikal y se dio cuenta de que había estado durmiendo en el regazo de ella-. ¿Cómo has estado?

-Ahora que te veo, muy bien –respondió. Ella se sonrojó levemente y le sonrió-. Te he extraño…

-Y yo a ti –Tikal le acarició la frente al erizo con sumo amor. Él atrajo la mano de ella hacía su mejilla y quedó un rato allí. No necesitaban decirse nada más, con eso, ya estaban más que conformes-. Han tenido bastantes problemas estos días, ¿no? –ella agachó la cabeza.

-Sí… -el semblante de ella se hizo algo más triste-. Hemos estado bastante ocupados en el palacio. Alguien ha tomado unos informes que iban destinados a mi padre –Shadow se puso algo nervioso y, sentándose junto a ella, la miró con cuidado-. ¿Ocurre algo? –el erizo negro no sabía por dónde arrancar.

-Verás… -empezó a él: ¿tanto la amaba? ¿Tanto la quería? Sí, sabía que lo que le iría a contar lo debía decir a su padre, tenía que informar ese hurto a manos de su propio líder y luego… Y luego lo inevitable, la guerra… ¿Qué podía hacer? Al menos era por culpa de la negligencia de Eggman y no por un amor "prohibido". Aunque esa guerra sería el fin para ellos dos…-. Creo saber qué ha ocurrido con esos papeles –Tikal entornó la mirada, a una más suplicante y lo tomó por las manos.

-¡Dime qué sabes! ¡Todo lo que sea necesario para no haya una guerra…! –una sonrisa fría la heló.

-Me temo que la guerra es el clímax de la historia

-¿Qué… quieres decir? –y Shadow pasó a relatarle todo lo que había ocurrido hacía unos días. Con toda esa información, todo tenía una lógica, menos una-. ¿Cómo sería posible que esas criaturas entraran a palacio sin ser vistas?

-Son rápidas –le contestó.

-Por más rápidas que fueran, alguien las habría visto…

-Escucha, tengo un… eh... Amigo que corre a la velocidad del sonido, ¿puedes tú ver el sonido? –Ella negó con la cabeza-. Ese es el punto. Si yo usara mis otros calzados, te apuesto a que no podrías verme cuando corro.

-¿Tú también corres así? –el erizo asintió-. Ojalá pueda verte correr una vez…

Se hizo un pequeño silencio,

-Shadow… -empezó ella mirándolo intensamente-. Quiero… Quiero verte esta noche…

Aquélla mirada hubiera enternecido hasta la bestia más feroz. La echidna entrelazó los dedos del erizo con suavidad y amor.

-Deseo… Verte correr de la manera en que me lo dices –y le sonrió-. ¿En la playa, está bien? –el erizo negro asintió y recibió un tierno abrazo de "su chica", Éste correspondió con suavidad.

Se despidieron poco después. La princesa fue hasta el templo de la gran Esmeralda, donde Chaos estaba de pie sobre la misma mirando el paisaje con un semblante muy triste y frío. Ella se acercó para hacerla compañía.

-Chaos –saludó ella-, ¿qué tienes? –él se sentó a los pies del templo y la echidna lo imitó.

-Estoy… muy mal, pequeña –empezó-. Estamos por entrar en una seria batalla… Y no veo un buen final… Mas bien, no veo nada bueno, en absoluto –Tikal no supo qué decirle, pues sabía que las cosas no marchaban bien-. ¿Vas a hablar con tu padre, no? –ella asintió-. Haces bien… Es tu pueblo.

-Lo sé… -ella se incorporó. Empezaba a descender por las escaleras, cuando la deidad la retuvo unos instantes.

-Tikal –habló con una voz solmene que la hizo estremecer un poco-. Cuídate, por lo que más quieras. No veo mucho tiempo más de paz –ella volvió a asentir-. Y una cosa, antes de que no puedas salir del palacio, ven a verme con urgencia.

-¿Cómo…? –le dijo ella, extrañada.

-Haz lo que te digo –y así fue, la gran criatura desapareció de la vista de la princesa, quien fue a su residencia con un corazón lleno de emociones dispares.

Durante la caída del sol y la entrada a la noche, la tienda del líder del erizo marrón estaba repleta de refunfuños, idas y venidas de aquí y allá, y demás andadas. Terminó por sentarse tan bruscamente en un intento de silla que se cayó de ella, lanzando una palabrota fea que se escuchó bastante clara. Y dio la casualidad que Shadow entraba su tienda, sin permiso, como era costumbre.

-¡Por el amor de Dios, Shadow! –exclamó Eggman, malhumorado-. ¡Usa la palabra permiso, de vez en cuando! –el erizo negro quiso haberle dicho eso, considerando que estaban en aquélla isla "sin permiso" y jamás lo habían dado.

A duras penas Eggman pateó el intento de silla hasta una esquina de su tiendo y se acercó a Shadow preguntándole qué quería.

-Saber si ya armaste un plan de batalla o de huida –le dijo sin más. Eggman frunció el ceño.

-¿Plan de…? ¡Oh! Qué puntería tienes, mi muchacho –le dijo sonriendo con malicia-. Justo de iba a llamar para contarte las buenas nuevas –para el otro erizo no confiaba le serían "buenas nuevas"-. He estado pensando una manera de largarnos ya de aquí –un plan de huida, como Shadow habría previsto-. He estado pensando, iremos una de estas noches por sorpresa, tomamos las benditas joyas esas del templo y nos vamos –para variar, Eggman estaba orgulloso de su plan. Shadow suspiró.

-¿Exactamente cómo vas a generar un factor sorpresa para tomarlas? –inquirió.

-¿Por qué crees que el rey Silver está aquí? No lo llamé para que dedicara a extenderme escaleras –Shadow adivinó su plan en menos de lo hubiera dado un puñetazo: básicamente, la idea del señor erizo bigotudo era usar los poderes de Silver para atraer las joyas –que él sabía que eran unas poderosas esmeraldas- hacia ellos e irse cobardemente.

-Esucha –le dijo Shadow-. No subestimes a esos nativos –le advirtió-. No son tan estúpidos como para no darse cuenta de que le estamos robando sus cosas –le dijo haciendo referencia a todos los objetos de valor que iban encontrando. Eggman se acomodó sus gruesos lentes.

-¿Es acaso una advertencia? –manifestó, serio-. ¿Has hablado con algún idiota de esos?

-Eggman, su rey no va a dudar de sospechar de nosotros –corroboró el erizo de piel azabache-. Es muy obvio: ¿acaso nos conoce? ¿Nos tiene la suficiente confianza como para no dudar de nosotros?

-No tiene las pruebas para decir que fuimos –apuntó Eggman-. Si llegaran a venir, de todas formas, ¿qué pueden hacer una panda de idiotas que sólo usan varas de madera como defensa?

-Más de lo que tú puedes hacer

Silver había entrado en la tienda. Sin permiso, claro, lo que hizo enfadar al dueño de la misma.

-Es su territorio –le dijo el erizo color plata-. Además, ¿simplemente vas a usarme como un ladrón?

-Momento, momento –dijo cortante Eggman-. Ya estamos bastante tiempo aquí. Estoy seguro que ambos y el resto del plantel quiere regresar ya a casa –una rápida mirada de Silver hacia los rubíes de Shadow le hizo entender que él moreno no tenía intenciones de regresar.

-Pues yo no seré un peón de ladrón. Bastante hemos tomado ya –dijo Silver, cruzándose de brazos.

-¡Aquí las órdenes las doy yo! –gritó Eggman-. ¡Vas a hacer lo que yo te diga!

-¡Eggman! ¡Lo único que harás es desatar una batalla y ahí sí que no vamos a volver! –Silver empezó a levantar la voz, también.

-¡Unos pelmazos como esos no nos harán nada!

-¡Pero nos superan en cantidad! No estamos preparados para una emboscada –Silver trataba de entrar en razón a su terco líder-. No pienso exponerme para que un codicioso como tú nos mate –Eggman se le acercó a Silver de manera amenazante y le apretó los brazos con mucha fuerza.

-Escúchame, rey de los idiotas –le dijo, fríamente-. Aquí se hace lo yo te diga. Bien puedes hacer lo que te plazca. Esas joyas van a ser nuestras y nos iremos CON ellas –puntualizó. Un sudor frío recorrió el cuerpo del erizo plateado-. Si la guerra llegara a venir, me importa un bledo. Somos los suficientemente rápidos como para marcharnos, ¿oíste? Prepárate para la acción en unas noches –y lo soltó con brusquedad. Silver se marchó de allí con una impotencia tal que habría levitado piedras y las habría mandado a volar a diestra y siniestra-. ¿No te vas tú también?

-Creo que haríamos mejor en irnos ya –le dijo-. No tardarán en aparecer por tu robo –Eggman levantó un brazo y casi lo golpea a Shadow.

-¡Qué te vayas te digo! –gritó aún más fuerte que antes. Y así lo hizo.

El cuarteto de 3 erizos y un zorro estaba alejado del resto del campamento cuando fueron a cenar. Silver y Shadow comentaban lo que había pasado. Y Shadow no tuvo más remedio que contarles lo que vio la otra noche y el hurto de los papeles. Sonic y Tails quedaron completamente anonadados y algo temerosos: ellos no querían pelear con gente tan pacífica. Después de todo, el territorio era de ellos. Simplemente habían venido a "explorar".

Entrada la noche, Shadow se fue. Tenía puesto un calzado distinto. Sonic le había preguntado si iba a correr, a lo que contestó afirmativamente. El erizo azul casi lo acompañaba, pero estaba tan agotado que lo dejó ir solo. Menos mal, porque, de todas formas, Shadow no lo hubiera dejado acompañarlo.

Corriendo, o mejor dicho "deslizando" con su calzado especial, llegó rápidamente a la playa: distinguió a la echidna, bajo la luz de la luna, sentada a orillas del agua. El erizo se le acercó lentamente y se sentó junto a ella.

-¡Shadow! –exclamó, sorpresiva-. Vaya que no me había dado cuenta que habías llegado –éste sonrió lentamente.

-¿Hace mucho me esperas? –y ella negó-. Me retrasé porque… -el semblante del erizo se hizo serio-… Porque van pésimas las cosas por donde estoy –Tikal lo miró seria también,

-Lo mismo ocurre conmigo –y ella se acercó más a él, hasta quedar casi pegada-. Mi padre ha interrogado como diez veces a dónde iba, teme que me ocurra algo –tomó aire y suspiró-. Seguro ha mandado a Knuckles o a Julie-Su a seguirme –Shadow la miraba, con algo de… ¿De pena?-. Perdona, ni siquiera sabes quién es Julie-su… -pero a Shadow no le importaba esa información-. De todas formas –dijo poniéndose de pie-, no he dicho que iba a playa, sino al bosque –y volvió a sonreír. Shadow se incorporó-. ¡Oh, vaya! ¿Es ése tu calzado especial? –dijo observando curiosa aquéllos zapatos blancos y rojos.

-Sí… Fue un regalo de mi rey –le dijo. De pronto, él la tomó por la cintura y las piernas.

-¡S-Shadow! ¡¿Qu-Qué haces?! –exclamó ella cuando la hubo sostenido así.

-¿No querías verme correr?

-S-Sí, pero… -empezó ella, asustada.

-¡Agárrate fuerte! –fue lo único que le dijo el erizo negro.

No sabían cuánto habían recorrido. Lo único que sí, es que Tikal no había sentido jamás aquélla adrenalina: fue única. Pero la sintió sumamente emocionante. Shadow lo dejó suavemente en la arena y, por algún extraño motivo, empezó a reír.

Y, por algún extraño motivo, Shadow también comenzó a reír.

-¡Oh, Shadow! –dijo la chica, al fin, luego de estar quién sabe cuánto tiempo riéndose-. ¡Jamás me había sentido tan viva!

-Así se siente correr –dijo entre jadeos, el erizo-. Es como una energía que sale y no al puedes parar.

Quedaron acostados en la arena. Se miraron. Se sentían cómodos mirándose. Y Tikal puso una mano en su mejilla. El corazón del erizo volvió a pegar un brinco.

-Shadow… -empezó ella-. Tengo miedo… -le confesó. Ahora no reía: sus ojos azules se aguaron-. Sé que mañana no estaré riendo, algo me lo dice –sus ojos se aguaban más-. Hablé con Chaos antes de venir a verte: está tan triste… Me da bendiciones y ánimos, me asusta mucho…

Ambos corazones latían aún más rápido que los pies de Shadow. Éste le tomó con firmeza aquélla mano que ella acariciaba en su mejilla. Trataba de poner la mirada más firme y reconfortante que podía darle.

-Estaré… estaré contigo –le dijo él. Los aguados ojos de Tikal hicieron presentes unas gruesas lágrimas. Shadow, acercándose más a ella, le besó la frente.

-…Gracias… -dijo tenuamente la chica y se abrazó-. Te amo…

-Te amo… -contestó a su vez, el erizo.

Se fundieron en un tierno beso en los labios…

…y una flecha pasó surcando por encima de ellos. Intuitivamente, se abrazaron con fuerza, de manera que Shadow la protegía.

Se incorporaron velozmente y cuál fue la sorpresa de ambos de encontrar un echidna hecho una fiera frente a ellos, a unos metros. Shadow simplemente entendía de los labios de la chica "¡Kncukes!", gritó espantada.

El erizo no tuvo tiempo de reaccionar: una embestida por parte del echidna de piel roja lo tumbó al suelo como si se tratase de una bolsa de papas.

-¡Knuckles, no! –gritaba la chica. Mas él le contestaba en un idioma que no entendía: la esmeralda que la princesa le había dado tenía la facultad de entenderse mutuamente, no para entender a otros, por lo que el erizo no comprendía ni una palabra del léxico del chico, quien se puso a atacarlo cual fiera embravecida. El erizo esquivaba como podía todos los ataques hasta que empezó a devolverle los golpes: Tikal había intentado detener a su "prometido" y había recibido un puñetazo en la cara que la tumbó. El que se había enojado ahora era el extranjero quien le dio una sucesiva de golpes que el echidna pocos logró esquivar.

Tikal no sabía cómo reaccionar, pues ambos se estaban matando. Shadow quiso entender que el echidna profería en grandes insultos pues no paraba de verlo con odio al erizo. Mientras éste le pedía a la chica que se fuera de allí.

Dándole un golpe fuerte en el estómago, Shadow cayó al suelo. Creyendo que con eso había terminado con el que se había querido meter con su "prometida", se acercó a ella, enfurecido, y la abofeteó lo más fuerte que pudo. Shadow escuchó palabras que no comprendía y sonidos de golpes: se puso de pie con dificultad para tumbar al echidna: no iría a permitir que, su propio prometido la golpeara así.

-¡Qué clase de hombre eres que golpeas a una mujer! –le gritó Shadow, aunque sabía que nada podía entender el contrincante. Tikal estaba con la cara magullada y bastante golpeada. Aun así, intentó detener al bestial de Knuckles, y éste contestó con violencia. Shadow estaba hirviendo de ira.

-¡Shadow! –ni el grito de Silver, que venía corriendo a lo lejos, lo distrajo. Los separó mandándolos a volar, cada uno en un extremo, El erizo negro estaba a los pies del de plateado-. ¡¿Qué demonios estás haciendo, imbécil?! -para que Silver insultara, debía estar enojado. Shadow esucpió el suelo y se incorporó: vio cómo Knuckles montaba a Tikal a un lado de su cuerpo y se la llamaba cual bolsa de verduras. Éste se dio vuelta para decirle algo que no comprendió. Mas sí entendió las palabras de Tikal.

-¡Váyanse! ¡Váyanse de aquí! ¡Shadow, por favor, vete! ¡Te quiero!

El erizo negro quedó completamente anonadado.

El barril de explosivo había, por fin, empezado a estallar…

OoOoOo

Ehhh, al fin actualicé, jaja! xD Espero que les haya gustado este capítulo n_n (y no se les haya vuelto muy extenso). Mil gracias por sus comentarios y sus visitas n_n

¡Nos leemos en el próximo capítulo! :D