Ni ouat ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia sí es mía.
Este fic va dedicado a mis chicas del whatsapp swanqueen, a las del grupo evil regals, al grupo de las reinas, a mi petita, a mi morena, a Irina, a amandis la tetis y por supuesto a mi manager adorada.
Va especialmente dedicado a mi amada esthefybautista, porque ya se acaba el finde y podremos estar juntas.
A mi Miss Swan tata favorita porque la adoro con toda mi alma, a mi Vero tatita porque es muy especial para mí y a Natalia porque lo merece más que nadie.
Gracias a los que me leen y comentan, ayuda mucho saber vuestras opiniones. Sin más os dejo disfrutar del capítulo no sin antes recordaros que debéis leer a franchiulla, my dark queen, MaryMontoya17, EvilSwanQueen21, Erpmeis, el lado ciego del amor y por supuesto a mi amada esthefybautista
CAPÍTULO 10 TRAICIÓN
Emma no había podido volver a retomar su sueño tras ver partir a Regina. En cuanto su amada tocó tierra y empezó a correr en dirección a donde debía haber dejado su caballo, las lágrimas empezaron a caer incontrolables por sus rosadas mejillas, empapando sin poder evitarlo la última rosa que su amada le había obsequiado.
Tumbada sobre su lecho, marcado a fuego por los recientes recuerdos que habían construido juntas, los ojos negros de Regina brillaban en su mente, atravesándola, su corazón resquebrajado por su adiós…Entendía uno a uno los motivos por los cuales Regina Mills había decidido alejarse de ella, la amaba demasiado para pedirle que renunciase a toda su vida, para convertirla en proscrita, para dañarla de algún modo, la joven Mills había sido íntegra con ella, poniendo por delante de sus propios sentimientos su felicidad.
Cuando el sol hizo aparición, la encontró acariciando los pétalos de esa última rosa, llevándolos con cuidado a su nariz, aspirando el suave y dulzón aroma de la flor, el aroma que mezclado con la esencia de manzana caracterizaba a su morena por completo.
No podía detener las lágrimas sabiendo que se habían terminado sus visitas a escondidas a ese campo de lirios, donde su amor creció como la hiedra y se ancló en sus huesos, sabía que por mucho tiempo que pasara no podría dejar de amar a su Regina, no podría olvidarla y eso la estaba destrozando.
Cansada de llorar la encontró Diana que, al ver que no se había levantado, fue a buscarla a su lecho y al verla se horrorizó pues su estado era lamentable debido a la larga noche sin dormir y las mil lágrimas derramadas.
-"Mi princesa ¡Qué os ha ocurrido?"
-Diana… Regina estuvo aquí anoche
-"¿Cómo entró?"
-Trepando, es una demente, podría haberse matado
-"No parecéis muy contenta mi señora, ¿Trajo malas noticias?"
-Vino a terminar con nuestra historia, no quiere herirme de ningún modo, no quiere mi deshonra por amar a mi enemigo, quiere que sea feliz… No volveré a verla Diana
-"Ella os ama, si renuncia a vos para que seáis feliz concedédselo, bajad a la corte, entreteneos como antaño, sonreíd, sed feliz por su sacrificio majestad"
-Tenéis razón, ayudadme a lucir hermosa
Automáticamente, Diana ayudó a su princesa a arreglarse para fundirse con la corte y, poco a poco, olvidar su idílico romance con la joven Mills, aplicándole una ligera capa de maquillaje para ocultar los signos de su insomnio y de sus lágrimas.
Una vez lista e impecable, bajó escoltada por su amiga, al gran salón donde se disponían a degustar un copioso desayuno, tomando asiento junto a la reina, su madre. Mary Margaret le regaló una sonrisa puesto que normalmente su hija no solía aparecer, imaginando que se debía a la presencia del duque Cassidy.
Hablando de banalidades, con la música de los juglares animando el ambiente, Emma hizo exactamente lo que Diana le había recomendado, dejar de pensar y concentrarse en su vida, su rutina y día a día, para volver al punto exacto en el que Regina había aparecido, arrasando como la más violenta de las tormentas.
Diana la observaba en silencio, meditando todo cuanto le había relatado la princesa y levemente preocupada puesto que por Luci conocía los planes del Gobernador para con Regina, la morena había dejado escapar la oportunidad de ser libre por amor y eso provocaba en la joven escalofríos, quizás al dejar a Emma se estaba condenando a sí misma a un destino mucho más cruel que el encierro en Toletum.
Cuando parecía que el desayuno estaba llegando a su fin, la puerta del gran salón se abrió de forma estrepitosa y por ella penetraron varios guardias fieles a la corona, capitaneados por el duque Cassidy que llevaba en su rostro una sonrisa de suficiencia y a su lado andaba una de sus generales más condecoradas, Tamy Swan.
Tras ellos dos de los guardias arrastraban a un preso por el suelo, de vestiduras oscuras y con un saco en la cabeza por lo que no se podía vislumbrar quién era. Al llegar ante los reyes, estos escrutaron a la comitiva impacientes mientras Emma miraba con curiosidad pues no todos los días recibían un preso valioso.
El duque Cassidy, echándole una mirada a la princesa, se dirigió a los reyes con respeto y orgullo en sus palabras.
-"Majestades, anoche por los alrededores del palacio atrapamos a una rata y venimos a ofreceros su cabeza"
-¿Quién puede ser para que irrumpáis en nuestro desayuno?
Cassidy sonrió con suficiencia, regalándole una nueva mirada a Emma aunque pasó inadvertida y, obligando al preso a arrodillarse, retiró de golpe la bolsa que tapaba su rostro provocando que la princesa ahogase un grito con las manos mientras se le congelaba el aliento.
-"Regina Mills sus majestades, os traigo a la hija y heredera de vuestro más antiguo enemigo, os ofrezco su cabeza a cambio del honor de convertirme en el esposo de vuestra princesa"
Los ojos chocolate de Regina, una vez acostumbrados a la luz, se clavaron en la mirada horrorizada de su princesa abofeteándose mentalmente, no había servido de nada dejarla pues el Gobernador tenía un as en la manga, sabía que si la princesa la veía morir no lo soportaría y sus entrañas hervían de odio y rabia por someterla a semejante tortura. Pudo vislumbrar en sus ojos claros las lágrimas que amenazaban con caer, su labio temblaba y el horror se había adherido a sus rasgos mientras Diana, al reconocerla, grácilmente se había puesto tras Emma para sujetarla en caso de que esta se desvaneciese.
Tenía los labios sellados por una mordaza mas como pudo se libro de ella y gritó llamando la atención de todos los presentes.
-"Había oído hablar del honor Swan, pero tengo el privilegio de verlo con mis propios ojos, ajusticiar a alguien sin juicio y sin derecho alguno, frente a toda la corte, no tenéis honor sus majestades, no sois más que cucarachas insignificantes…"
Un golpe sordo y cayó al suelo mientras de su frente empezaba a manar un hilo de sangre, le dolía la cabeza mas solo necesitaba ganar tiempo para que alguien se llevase a Emma de ahí, para que su princesa no estuviese presente en la hora de su muerte, para evitarle dicha herida.
La reina habló, hirviendo de rabia y odio ante la hija de sus enemigos, dictando su sentencia sin dilación.
-Regina Mills, vuestro juicio es aquí mismo y la sentencia la muerte, por delitos como el asesinato de mi madre Eva Swan, al alba vuestra cabeza coronará las almenas del palacio como mensaje a todos los Mills, nadie juega con los Swan
Un murmullo se escuchó entre los presentes, se avecinaba un espectáculo digno de ver, Regina Mills perdiendo la vida. A medida que los guardias la arrastraban en dirección a las mazmorras del castillo, Emma estalló en un grito que hizo volverse a todos los presentes consternados.
La princesa parecía haber enloquecido, intentando pasar en medio de la multitud, eludiendo a los guardias que pretendían frenarla, para lanzarse enloquecida en dirección a su amada sin pensar en las consecuencias. Los reyes dictaban ordenes mas el caos que la joven había originado hacía prácticamente imposible que pudieran acatarlas, por doquier había confusión y conglomeración humana mientras Emma alcanzaba su objetivo y tomando a los guardias que portaban a Regina por sorpresa los derribo, soltando a su amada y refugiándola en un abrazo mientras empezaban a caer las lágrimas por su rostro.
-Regina… No puedo perderos, no puede terminar así
-"Mi princesa, no hay nada que podáis hacer por mí, solo ser feliz como prometisteis"
-No puedo ser feliz, os he costado la vida
-"Vos sois lo más hermoso que me ha regalado la vida Emma, sed feliz, hacedlo por mí, porque os amo… mas si queréis hacer algo por mí, hacedle llegar a August Both un mensaje, decidle que se ha cumplido, que voy a morir… él sabrá qué hacer"
Iba a besarla, a juntar sus labios una vez más en ese ansiado contacto cuando los guardias por fin la alcanzaron, separándola de su amada morena sin escuchar sus gritos desesperados al ver como los ojos oscuros de Regina desaparecían, sabiendo que no volvería a verlos jamás.
Los escoltas que su madre le puso la obligaron a penetrar en sus aposentos, cerrando con llave, sin escuchar sus gritos, los golpes contra la puerta, su desesperación.
Su amada había sido condenada a la máxima pena y ella no podía ayudarla de ningún modo, encerrada como estaba no podía hacer llegar el mensaje que su morena le había pedido y su frustración la llevó a deambular por sus aposentos como un león enjaulado.
De pronto la puerta se abrió y, con una sonrisa esperanzadora, corrió hacia ella esperando ver aparecer a Diana mas fue su madre quién penetró en la estancia, con el rostro marcado por la rabia y la vergüenza.
-"¿Qué ha pasado en el gran salón? ¿A qué venía ese numerito?"
-La habéis condenado sin juicio
-"No era necesario un juicio, Emma esa mujer mató a Killian, mató a tu abuela, es una asesina y nuestra enemiga, deberías estar eufórica pues por fin va a morir"
-Lo siento madre pero la muerte de una persona no me provoca euforia
La reina no la estaba escuchando, al contrario ya que sus ojos se habían clavado en el ramo de rosas que su hija tenía perfectamente guardado, formado por cada flor que su Regina le había regalado.
-"¿Qué es eso Emma?"
-Rosas
-"Son las rosas de los Mills… ¿Cuánto hace que te encuentras en secreto con nuestro enemigo?"
-Meses madre, no es mi enemigo, ella es una mujer fascinante y vos le vais a quitar la vida sin darle una sola oportunidad
La bofetada no la vio venir, giró su rostro y alarmada llevó su mano al mismo lugar donde había impactado su madre, los ojos de la reina hervían de rabia, furia y miedo, sobre todo miedo.
-"Nadie más ha de saber que os encontrabais con ella ¿Está claro? Eso es traición y os llevaría a la muerte"
Dejando a su hija aun asombrada por el golpe recibido, cogió el jarrón donde Emma guardaba celosamente sus rosas y lo vació por la ventana, desperdigando las flores al viento, rompiendo el mil pedazos el alma y el corazón de la princesa que impotente no pudo hacer nada más que ver desaparecer las pruebas de su amor, ver desvanecerse ante sus ojos la realidad que hace unos días la mantenía viva y feliz.
Había perdido a Regina, la había perdido para siempre, se sentía ahogada, pequeña y miserable, cuando su madre desapareció estalló en llanto sobre su colchón, sus sabanas aun retenían el aroma de su amada, de la mujer que estaba dispuesta a dar su vida por ella, por su felicidad.
Cuando Diana entró, esquivando a los guardias, le pidió amablemente que buscara a August Both y le transmitiese el enigmático mensaje de Regina. Su amiga desapareció en el acto pues también deseaba sentirse útil ante esa situación y dejó una vez más a la princesa, sumida en sus propios pensamientos y mirando el infinito a través de su ventana.
Llegó la noche, nuevamente sin estrellas y la encontró en la misma posición, estática y con los ojos secos, sin más lágrimas que derramar, el insomnio no le permitió descansar por lo que a la salida del sol seguía exactamente igual, acariciando un trozo de sábana que había rasgado, aspirando de vez en cuando el aroma de Regina, sintiendo como se desgarraba por dentro.
Con la salida del sol, el sonido de las trompetas anunciando la ejecución llenó el lugar, pudo ver que Regina había sido condenada a la mayor deshonra, sería arrastrada a las afueras de la ciudad y ajusticiada sin miramiento alguno. Pudo ver la comitiva que se llevaba a su amada a la muerte, reconociendo a Regina, maniatada y sucia, insultada por el pueblo, pudo ver como la arrastraban sin miramiento, golpeándola cuando caía al suelo para que se alzara, humillándola y, con lágrimas en los ojos, supo que no volvería a verla, supo que su interior acababa de morir, supo que en cuanto Diana le dijese que el mensaje que su amada le pidió retransmitir había sido recibido ella misma se quitaría la vida, se reuniría con Regina en la muerte pues por mucho que su morena le pidió que fuese feliz, no concebía la vida, la felicidad, sabiendo que jamás podría perderse en su oscura mirada.
