Una semana más transcurrió y cada día se encontraba extrañándolo más en su cama.

Casi todo había vuelto a la normalidad… O tal vez sería más preciso decir como al inicio… No tampoco sería correcto decirlo así… Con la verdad al desnudo, nuevas rutinas se habían asentado, una parte de Kuon, de la que solo había tenido vistazos se dejaba ver con más claridad y lo amaba.

Él, se estaba abriendo a ella. Sacaban tiempo para compartir un almuerzo, para salir a correr una mañana, o a veces se trataba de gestos tan simples como esperar al otro para cenar, enviar un mensaje solo para saber cómo marchaba su día o largas conversaciones con una copa de vino.

Estaban en el sofá viendo una película cuando decidió hablar.

—Kyoko.

—¿Qué sucede Kuon? —preguntó volteándolo a ver.

—Hay algo que he querido preguntarte.

—¿Y es?

—…

—Sabes que no como gente ¿cierto?

Dejó escapar la risa.

—Yo no estaría muy seguro de eso.

Ella hizo un puchero.

—Eso fue cruel.

—Deberías verte en un espejo cuando estas enojada… Eres realmente aterradora.

—Brabucón… Pero ¿Qué era? Vamos dime.

Tomó aire para darse fuerza.

—Como dije hay algo que he querido preguntarte, pero primero quiero que conozcas a un par de personas.

—Puedo preguntar ¿Quiénes son estas personas?

Cerrando los ojos y apretando la mano de ella, soltó.

—Mis padres.


No fue una conversación sencilla, el hecho de conocer formalmente a sus padres hasta ahora, aunque fuese por vídeo conferencia tocó una fibra que hizo que en el fondo su corazón doliera. Dejo el sentimiento de lado… Eso no era lo importante. Él, había querido que ella los conociera y eso era lo que contaba.

Kuu, se había disculpado con ella y Julienna se disculpó por el comportamiento de los dos, padre e hijo. Y expresó reiteradamente su deseo de conocerla en persona y el descontento con el accionar de su hijo. Así como también extendió una invitación para que fueran a visitarlos cuando quisieran.

—Ellos, parecen buenas personas.

—Lo son. Y si los dejas te querrán como si fueses su propia hija.

—¿Eso crees?

—No lo creo… Estoy seguro… Y aún hay algo que necesito preguntarte.

—Cierto ¿Qué era?

—Kyoko, —dijo tomándola de la mano— no merezco tu amor y aún así me lo das libremente a pesar de todos mis errores. Estoy lejos de ser perfecto, has sido testigo y víctima de mis errores y mis fallas, has visto la fealdad que habita en mí y aún permaneces a mi lado… Te he fallado, pero te amo y puedo prometer que haré todo en mi poder para no volverte a fallar.

—¿Kuon?

—Mogami Kyoko... ¿Todavía te casarías conmigo?

Ella, se apartó de él y se concentró en sus manos.

—Yo… Yo.

El mundo se detuvo en ese instante.

—Te amo… Te amo, eso no ha cambiado. Te amo con todas tus piezas… Pero… Solo diré que sí, si prometes recordar que ahora y siempre estaré a tu lado, que no estás solo y eso incluye compartir tus cargas, tus secretos… ¿Puedes prometerlo?

—Puedo hacerlo… Nunca lo olvidaré.

Ella sonrió y poniendo su frente contra la suya respondió.

—Mi respuesta no ha cambiado… Mi respuesta sigue siendo la misma…

—¿Es eso un sí?

—Sí, aún quiero casarme contigo.

Sus labios se perdieron en los de él, recorriendo la familiar calidez de su boca, perdiéndose en la suavidad de las caricias. Pero el hambre, se juntó con la necesidad. El beso se convirtió en un fiero campo de batalla donde cada contendiente luchaba por la supremacía.

El fuego consumiéndolos, cuerpos buscándose, manos arrancando y recorriendo y arañando desesperadamente. Dos fieras hambrientas, desesperadas por sucumbir a los placeres de la carne.

—Por favor —suplicó.

Él, le dedicó una sonrisa oscura.

—No tendrás que pedirlo dos veces—le susurró al oído apoyándola con fuerza contra la puerta mientras embestía.

Tenían que reponer el tiempo perdido. Por ahora tendrían que conformarse con esa noche. Pero él, se aseguraría que fuera una, que la pequeña fiera salvaje entre sus brazos no pudiese olvidar… Después tendrían tiempo de sobra para ponerse al día, él se aseguraría de ello.

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FIN.


NA. El epilogo en un par de días. Gracias por leer.

Ahora los cortes comerciales. Invitarlas a que se pasen por LasTresMoiras a leer Siete pecados capitales.