Capítulo X: Personas del Infortunio.
La habitación estaba en un rotundo silencio. Solo Rose se atrevió romperlo preguntando:
- ¿Quién es Hugh?
Tania quedo mirando a los chicos de Hogwarts y luego, a Antonie.
- Nunca les contaste, ¿cierto? – le pregunto Tania a Antonie, quien bajo la mirada.
- Sí, lo hice pero nunca les mencione su nombre – le contesto el muchacho de piel centrina en tono de voz casi inaudible.
- ¿Qué pasa con ese tipo? – pregunto Albus a Antonie.
- ¿Recuerdan que les mencione que tuve problemas con algunas personas? – en ese instante Albus asintió al igual que Rose y Michael. Antonie hizo una pausa para aclarar su garganta y luego le contesto – pues, Hugh era el líder de ese grupo. Me odia desde que tengo memoria…
- No olvides que, después de aquel incidente, te tiene terror – agrego Tania mientras Antonie alzaba una ceja, un poco escéptico de tal afirmación – ¿Por qué crees que lo mandaron a un internado en Francia y pasaba las vacaciones por allá?
- El incidente al que te refieres – interrumpió Rose – ¿es cuando casi matas a los que te acosaban y te dejaron aquellas cicatrices?
Antonie asintió apesadumbrado. Albus notaba que no estaba orgulloso de ello y sentía que Michael lo entendía perfectamente.
- ¿Por qué volvió? – pregunto Antonie a Tania.
- Lo expulsaron del internado – respondió la chica de ojos bicolores – lo oí de unos de los empleados de la mansión de su madre cuando fueron a comprar al minimarket. Tú sabes cómo es ese imbécil y ni siquiera el dinero de su familia pudo tapar sus fechorías. Así que no tuvo más opción de regresar.
- ¿Y lo has visto por ahí?
- Si, y es más, reunió a sus antiguos monigotes para hacer de las suyas – le informo Tania – los vi en la plaza cuando venía para acá.
Albus pudo oír que Antonie maldijo por lo bajo mientras lo pasearse como un león enjaulado por toda la habitación.
- Podemos ir por el camino largo hacia mi casa para evitar la plaza – recomendó Tania en un tono más optimista – Además, aprovecharemos de darle tour a ellos por el pueblo – y apunto a Albus, Rose y a Michael.
- Hubiera preferido el tour sin esta preocupación en la cabeza – farfullo por lo bajo Antonie – ¿lo sabe mi madre?
- No lo sé – respondió Tania – pero es mejor no decirle o tendrá sentimientos encontrados.
Los cinco chicos salieron de la habitación y Antonie se encargó de avisarle a su madre que todos irían a la casa de Tania. Fuera de la casa, caminaron por un sendero estrecho, al costado del bosque de Wistman, el cual también rodeaba otras casas. Albus de vez en cuando miraba las casas y otras, el bosque. Aún tenía la sensación de algo mágico en ese bosque y por algunos momentos, creyó haberlo visto antes de llegar el día anterior pero no se acordaba en dónde. Uno que otro destello del solo le daba en la cabeza mientras observaba el paisaje, cegándolo por unos segundos pero no le importó. Quería hacer memoria y recordar en que momento vio todo esto.
- Tú debes ser Rose Weasley – dijo Tania de repente, desconcentrando a Albus de su labor y dirigiéndose a su prima – Antonie me conto que eras el otro cerebrito de su colegio.
- ¿El otro cerebrito? – repitió mientras miraba extrañada a Antonie, quien decía por lo bajo un poco molesto "esta otaku tiene poco tacto".
- Me refiero a que empataste con él en el primer lugar – explico Tania – lo que encuentro un milagro. En el pueblo nadie superaba a Antonie. Lo llamaban así en la escuela.
- Evita decir ese apodo, ¿quieres? – mascullo Antonie mientras Michael y Rose se reían por lo bajo.
- Y tú – dijo Tania ignorando a Antonie y apuntando a Michael – debes ser Michael Turner – y lo le lanzo una mirada llena de emoción y curiosidad – ¿De verdad eres un hombre lobo?
En ese momento, Rose le lanzo una mirada asesina a Antonie mientras Michael asentía un poco nervioso de ello. Albus supuso que estar divulgando la condición de Michael era algo que no le agradaba a estos dos.
- Por ultimo – y los ojos de Tania se posaron sobre Albus, quien nuevamente se quedó petrificado – tenemos a Albus Potter.
Se quedó un rato en silencio la muchacha mientras lo examinaba de arriba abajo. Parecía buscar algo. Algún distintivo de alguna clase. Albus se ponía cada vez más nervioso cada vez que lo miraba directamente. Sentía que sus mejillas ardían y su corazón se aceleraba.
- Eres muy bajito para tener doce – sentencio Tania mientras se daba media vuelta y seguía su camino.
Albus sintió que ese comentario le atravesó por completo su orgullo. Y comenzaba pensar que la chica no era tan encantadora como esperaba. Sus amigos desviaron la mirada y no dijeron nada al respecto (salvo Antonie que murmuraba para todos "lo siento, ella siempre dice lo primero que le viene a la cabeza").
El camino iba cuesta abajo, desviándose por varias curvas que iban de derecha a izquierda y viceversa debido a las casas cercanas que se asemejaban unas con otras, salvo por detalles o adornos que colocaba la gente en su jardín. Una que otra persona que estaba regando las plantas o niños más pequeños que ellos miraban al grupo de chicos con curiosidad. Albus noto que los niños pequeños miraban intimidados a Antonie y murmuraban algo entre ellos mientras intercambiaban miradas, sin perder de vista al grupo de los cinco chicos. Rose y Michael también lo notaron pero Antonie parecía no importarle. Le era indiferente, al igual que Tania, quien también la miraban como si fuese un bicho raro.
Siguieron bajando hasta llegar a una zona comercial, en donde se encontraban miles de tiendas, librerías, centro de recreaciones y, entre ellos, un minimarket que tenía enormes ventanales como paredes y puertas. Albus pudo ver que, al lado del negocio, había una casa apegada a este, de ladrillos rojos y un pequeño pórtico donde tenían dos maceteros con flores en cada lado de la entrada. Las ventanas de la casa estaban, al igual que la cabaña de Antonie, enrejadas. Tanto las del segundo piso como los del primero.
El muchacho de ojos verdes vio que, esta vez, Tania se dirigía al minimarket. Las puertas se abrieron automáticamente en cuanto la chica piso la alfombra de entrada. En ese negocio, Albus vio diez estantes con diversos artículos en cajas y bolsas. En la caja registradora estaba una mujer de cabello castaño recogido por un moño, ojos de color jade y esbelta. Llevaba un suéter de diversos colores bastante chillones con un delantal color verde y su atención estaba puesta en un cuaderno mientras hacía unos cálculos. Albus supuso que era la madre de Tania y no se equivocaba.
- Hola, mamá – saludo Tania mientras se acercaba a la caja registradora.
- Al fin llegas, hija – le contesto la señora sin apartar la vista del cuaderno – ¿Por qué tardaste tanto?
- Nos fuimos por el camino largo – le explico con serenidad la chica de ojos bicolores.
- ¿"Nos"?
Entonces, quito los ojos de la hoja y vio al grupo de chicos que estaba parado detrás de su hija. La mujer dejo escapar un leve "oh" de su boca mientras los chicos les dedicaban un saludo con la mano.
- Buenos días, señora Miller – saludo Antonie en un tono educado que a Albus le pareció muy raro en él.
- Buenos días, Antonie – le saludo, sin quitar de vista a los tres magos.
- Son amigos de Antonie de la escuela de Londres – le explico Tania y agrego – veremos alguna película en mi habitación. La conexión a internet en su casa no es de las mejores.
- Está bien – le contesto la mujer – pero debiste avisarme que vendrían…
- Deje mi teléfono arriba – le interrumpió Tania con una sonrisa tan inocente que Albus se hipnotizo por unos segundos con ella.
- Ay, dios, contigo – suspiro la señora Miller moviendo la cabeza de lado a lado – solo no despiertes a tu padre. Acaba de llegar del doble turno.
Tania le dedico una sonrisa traviesa y condujo al grupo de chicos a una puerta detrás del mostrador. Al cruzarla, vieron miles de cajas apiladas en una pequeña habitación y Albus supuso que era la bodega. Siguieron a la chica que caminaba entre las cajas y se dirigió a otra habitación, viéndose una sala y comedor pequeños pero acogedor. Tres sillones rodeaban una chimenea de ladrillos, el cual se encontraba apagado.
Encima de la chimenea se encontraban recuadros y fotografías de la familia de la chica de ojos bicolores. Albus pudo distinguir a un hombre de cabello oscuro, cara redonda y ojos cafés sujetando a una bebe en un pijama rosa, sonriendo de oreja a oreja. En otra, estaba la señora Miller abrazando al mismo hombre en bata blanca mientras una niña de cinco años hacia una mueca de burla en la foto. Seguramente era Tania, pensó Albus mientras recorría con la mirada por cada retrato. Pero, lo que más le llamo la atención al muchacho de ojos verde era una foto de dos niños de cinco años: una era Tania, quien sujetaba un osito de felpa mientras sacaba la lengua entre risas. Otro era un niño de cabello negro y de ojos del mismo color, quien miraba con expresión tímida al fotógrafo mientras sostenía con la mano izquierda un robot de juguete. Albus supuso que era Antonie y no pudo evitar pensar que era muy extraño ver a su amigo con aquella actitud.
- Por aquí – les indico Tania mientras caminaba hacia unas escaleras de caracol – no hagan ruido. Mi padre duerme.
- ¿A esta hora? – no pudo evitar preguntar Michael entre susurros.
- Mi padre es doctor de la clínica del pueblo – explico Tania en voz baja y caminando de puntillas – tiene jornadas en ella de día y turno de guardia de noche cada dos días.
Al llegar al segundo piso, vieron cuatro habitaciones que rodeaban la escalera de caracol. Una estaba cerrada y se escuchaban unos fuertes ronquidos (seguramente el padre de Tania estaba ahí, pensó Albus en un momento que había confundido los ronquidos con rugidos de algún animal). Otra estaba abierta ordenada aunque Albus no vio a nadie ahí. El muchacho de ojos verdes vio un cuarto de baño y en la última había un letrero de madera donde rezaba el nombre "TANIA" pintado con diversos colores.
La chica abrió la puerta de su cuarto y dejo ver una habitación empapelada de poster de series animadas en cada pared color pastel; una cama llena de almohadas con dibujos de Yoshi, al igual que el cubrecama; tres estantes con pequeños libros que se enumeraban, a veces, del uno al veintitrés u otros hasta el cuarenta y dos; un escritorio lleno de papeles y una computadora portátil con adhesivos de dibujos de gatos, perros y algo que parecía una snitch con cola de león y una cruz.
- Creí que iríamos al ático – comentó Rose mientras Tania despejaba un poco el escritorio de los papeles.
- Hay una entrada aquí con llave – le explico la chica de ojos bicolores sacando una llave antigua y oxidada.
Tania puso una silla al medio de la habitación y se paró en ella mientras ponía la llave una camuflada cerradura. Al oír un leve "click". Entonces, la chica se apartó de inmediato y una puerta trampa se abrió dejando caer una escalera plegable que se extendió hasta el suelo.
- Síganme – les dijo Tania subiendo las escaleras.
Los cinco chicos subieron al ático. La chica de ojos bicolores encendió la luz de la habitación. Apenas alumbraba, ya que Albus muchas veces choco con Rose o con Antonie al llegar a aquel lugar. Apenas una pequeña ventana que apuntaba hacia el oeste des daba un poco de luz solar.
- Bueno, tenemos muchas cajas por ver aquí – indico Tania unas veinte cajas que estaban arrinconadas en cada extremo. Los chicos casi se caen de espalda aquella cantidad.
- Tardaremos toda la tarde en ver solo una caja – comento por lo bajo Antonie rascándose la cabeza en señal de impaciencia.
- ¿Qué? ¿No emplearas magia? – pregunto Tania a Antonie un poco decepcionada.
- No podemos – le respondió Rose – somos menores de edad. Si hacemos magia fuera del colegio, nos expulsan de ella. Tampoco podemos hacer magia enfrente de muggles…
- ¿Muggle? – pregunto Tania un poco ofendida.
- Significa persona sin magia – se apresuró a explicar Antonie – y casualmente, eres una.
- Pero nadie nos vigila – declaro Tania aunque no muy convencida, ya que Albus la vio mirar hacia todos lados de la habitación para asegurarse de ello.
- Tenemos detectores de magia – le dijo Michael – sabrán de inmediato que lo hemos hecho.
- ¿Cómo los chips de rastreo? – pregunto Tania.
- Algo así – le respondió Antonie mientras Michael aun no entendía a que quería apuntar la chica – en fin, habrá que dividirnos.
Los cinco chicos tomaron una caja del montón del rincón cercano a la ventana para ver mejor. Estaban llenas de polvo y dentro de ellas había cinco o seis tomos de álbumes de fotografías. Albus veía muchas fotos de Tania de cuando era una bebe y se decía que ni sus padres habían sacado tantas. No obstante, al cabo de diez minutos, encontró otras más antiguas en donde los padres de Tania eran más jóvenes. Otras eran fotos de un grupo de personas con bata blanca y birrete, celebrando alguna graduación. Por último, había fotos de la señora Miller con la señora Smith, abrazadas y sonriendo a la cámara.
- Oye, ¿Por qué estás tan callado? – pregunto de repente Antonie en murmullos cuando se alejaron Albus y el para ver otra caja.
- ¿A qué te refieres? – se desentendió Albus mientras habría otro álbum lleno de las fotos de Tania.
- No has dicho ni una palabra desde que Tania llego a mi casa – le especifico Antonie con una ávida mirada – ¿Tanto te asusta? Sé que puede ser un poco bruta pero no es mala persona…
- No me asusta – declaro Albus un poco molesto, dejando el álbum anterior a un lado y viendo lo que parecía una libreta.
- ¿Entonces? – pregunto Antonie aun sin entender.
Albus no le respondió. No porque quería evadir la pregunta sino que había encontrado una especie de diario. Leyó la fecha. Databa antes de que ellos nacieran. Hojeo más a fondo el diario. La fecha indicaba 14 de diciembre del año 1999 y rezaba en una página, con una letra muy femenina y pequeña, lo siguiente:
Hoy no podía ser una día más extraño. Paseaba, como siempre, por el bosque de Wistman con Katherine después del trabajo. Mientras charlábamos, escuche aquellas pisadas que venía escuchando desde hace semanas. Pero esta vez encontré al dueño. Se tambaleaba a metros de nosotras y se apoyaba con mucha dificultad en los troncos de los árboles. Pensé que era algún vagabundo borracho pero me acerque a él y lo vi mejor. Tenía las vestimentas más extrañas que había visto y una cara no muy agraciada. En cuanto se dio cuenta de mi presencia, se asustó, me dijo que me alejara y me amenazo con alguna especie de vara. Parecía desorientado y nervioso. Se me cruzo por la mente que era un loco salido de psiquiátrico. Estuve a punto de lanzarle el hacha para espantarlo pero algo llamo mi atención. Juraría que vi chispas rojas salir de esa vara.
No obstante, el hombre se desmayó a los pocos segundos sobre la nieve. El primer instinto que tuvimos ambas fue correr lejos de él pero, en algún rincón de mí, sentí compasión por aquel hombre. Entonces, me di media vuelta hacia aquel extraño y lo cargue en mis hombros. Katherine me ayudo un poco. Claro, entre quejas y excusas de que podía ser un psicópata pero sé que también sentiría culpable si lo hubiéramos dejado tirado en la nieve en pleno invierno. Entonces, ella llamo a John cuando estuvimos en mi casa y vino a revisar al hombre.
- Antonie – dijo Albus al terminar de leer aquella plana del diario – mira esto.
Albus le dio el diario y su amigo se quedó tieso mientras sus ojos leía a toda velocidad aquella plana.
- ¡Es la letra de mi madre! – exclamo a todo pulmón el muchacho de piel centrina – ¡Y está hablando de mi padre!
- ¡Chist! ¡Baja la voz! – le espeto Tania en voz mucho más baja que Antonie – se supone que nadie sabe que estamos aquí.
La chica de ojos bicolores, Rose y Michael se acercaron para ver mejor lo que había encontrado Albus. Los tres apiñaron para leer aquella plana.
- Había oído algo así de la boca de mi madre – comento Tania incrédula de lo que veía y leía – pero pensaba que era broma…
- Al parecer, no lo es – dijo Antonie aun excitado por la noticia. Albus nunca lo había visto así.
- ¿Por qué se hallaba en el bosque? – pregunto aun sin entender Michael mientras leía por tercera vez la plana.
Antonie encogió los hombros pero él aún seguía mirando el diario. Eso valía más que miles de fotografías, pensó Albus. No obstante, no era lo único que se encontraba en la caja. Tania empezó a registrar la caja en donde habían encontrado el diario y Albus vio que saco dos cajas de cintas de video antigua. Como las que había tenido su padre hace muchos años atrás.
- "Fiesta de Compromiso Leanne y Tobías" – leyó Tania de las cajas – sí, también había oído este nombre en una de las anécdotas de mi padre. Decía que era muy serio y cascarrabias – y miro a Antonie – como tú.
- Gracias por el cumplido – le dijo Antonie con sarcasmo a Tania – ¿tienes alguna videocámara en la casa?
- Si – le respondió la chica – en algún lugar de aquí debe estar.
Tania registro tres cajas más hasta encontrar una. Reviso si tenía baterías e introdujo la cinta en ella. Los cinco muchachos se apegaron unos con otros para ver mejor en la pequeña pantalla. Albus no pudo evitar oler el aroma a fresas del cabello de Tania y sonrojarse un poco al sentir su codo rozar con su brazo.
Esperaron unos segundos antes de que la pantalla dejara de ser azul y vieron como alguien acomodaba la cámara a lo que era una altura aceptable. Albus se fijó en la fecha que decía 2 de febrero del 2007. En un momento, esa persona se filmó a si mismo cuando se cruzó con un espejo. Era el hombre de cara redonda y cabello oscuro vestido de manera muy formal. Se veía radiante de felicidad.
- Y aquí estamos – relataba mientras bajaba unas escaleras de caracol e iba a la cocina, donde se encontraba la madre de Tania – hoy es un día muy especial para nuestra amiga Leanne. ¿No crees, Katherine?
- John, sabes que se molestara si lo filmas – le aviso su mujer mientras preparaba unos aperitivos.
- Oh, vamos – le decía el señor Miller – ni él negara que este momento merece ser filmado.
- Que conste que te avise – le dijo la señora Miller mientras ambos avanzaban hacia la sala.
Entonces, de ruidos de fondos se oyeron risas de dos niños y en un momento, el padre de Tania bajo la vista de la cámara hacia sus pies. Un niño de cabello negra hacia el intento de caminar mientras que una niña de pelo castaño con ojos peculiares lo empujaba al gatear.
- Cielo, se salieron del corral, otra vez – le dijo el hombre a su mujer mientras intentaba separar a ambos. La niña insistía en hacer caer al niño mientras el hombre comentaba por lo bajo – estos dos tienen complejo de escapistas.
- No importa – le dijo la voz de otra mujer llevándose al niño a sus brazos. Era la señora Smith y tenía puesto un vestido muy elegante con su largo cabello suelto – de todas formas merecen estar aquí.
- A propósito, Leanne ¿Algunas palabras ante la cámara sobre este día tan especial?
La señora Smith se sonrojo un poco mientras el niño se chupaba el dedo pulgar al acomodarse en los brazos de su madre (Tania se reía de Antonie por lo bajo mientras éste le lanzaba una mirada furtiva para que se callara) e iba a decir algo pero apareció la señora Miller detrás de ella diciendo entre risas:
- Que ya era tiempo para que se decidieran.
- ¡Kathy! – exclamo la madre de Antonie en un tono de reproche.
- Es en serio, Leanne – comento la madre de Tania entre risas – llevaban más de cuatro años viviendo juntos y eso que no cuento los años en que aún no se decidían ser novios. ¿Y esperas que no lo diga?
- De hecho, no sé cómo se aguantó tanto en… – siguió el marido, también riéndose.
- ¡John! Recuerda que hay dos niños presentes – le espeto su mujer en un tono severo, llevando en sus brazos a la pequeña niña que intentaba agarrar un arete de su madre.
- ¿Qué no se aguantó en qué? – dijo una voz de otro hombre y se oía bastante molesto.
La cámara giro hacia el recién llegado. Era un hombre de piel centrina, cabello negro y largo hasta los hombros, una nariz aguileña y ojos negros. No debía tener más de treinta y cinco años. Albus vio como Antonie se acercaba más a la pequeña pantalla con un brillo en sus ojos, indicándole al muchacho de ojos verdes que ese debía ser su padre. Y sí que se parecían. Tenía la misma mirada amenazante que Antonie le había puesto a Albus cuando lo había conocido en Hogwarts. Albus no se explicaba cómo el señor Miller no salió corriendo en dirección opuesta.
- Ups, perdón, Tobías – apresuro a decir el señor Miller – solo era una broma.
- Evita ese tipo de bromas en frente de mi hijo, Miller – le dijo Tobías en tono cortante.
- Ok, ya entendí – anuncio el señor Miller y agrego en tono de broma – cuando no estén los niños y estemos borrachos diré ese tipo de chistes.
- Es mejor que nada – declaro la señora Smith cuando el padre de Antonie parecía que iba a asesinarlo con la mirada pero se ablando un poco cuando ella le acaricio la cara y le dedico una sonrisa solo para él. Entonces, ambos se besaron.
- ¿Es necesario la cámara? – le pregunto Tobías totalmente rojo como un tomate, dando un suspiro en un intento de buscar paciencia al darse cuenta que lo filmaban en un momento intimo con su futura mujer.
- ¡Por supuesto! – exclamo el señor Miller mientras se oía la voz de la señora Miller diciendo desde la cocina "te lo dije".
Entonces, el sonido de un pitido indico que la batería de la cámara estaba baja mientras el señor Miller profeso una palabrota al no revisar las baterías. Luego, la pantalla se puso nuevamente en azul, dando por terminado el video. Tania saco la cinta de la cámara y tenía las intenciones de poner la segunda cinta pero se oyó la voz ronca de su padre en el piso de abajo, por lo que los cinco chicos apresuraron de guardar las cintas de video con la cámara en la caja y Antonie guardo aquel diario en el bolsillo de su chaqueta para leerlo más tarde.
Bajaron a toda prisa del ático y se limpiaron bien la ropa de cualquier telaraña o polvo para que no sospecharan, cerrando con llave la puerta trampa. En pocos segundos, se abrió la puerta del cuarto, dejando ver al hombre con cara redonda con un poco de barba y grandes ojeras. Primero, vio a su hija y luego a los visitantes.
- Buenos días, papá – le saludo en tono inocente Tania.
- Buenas tardes, querrás decir – le corrigió el señor Miller, indicándole la hora del reloj de mano entre risas. Eran las doce del día – veo que tenemos más de un visitante.
- Ellos son amigos de Antonie – le explico Tania indicando a Albus, Rose y Michael, quienes sonreían amistosamente – vinimos a ver una película. Ya terminamos de verla y ahora debemos irnos.
- Eso me recuerda – menciono el señor Miller rascándose la cabeza al hacer memoria – hija, debes tener cuidado al caminar por aquí. Ese delincuente volvió hacer de las suyas.
- ¿Qué paso? – le pregunto Antonie un poco preocupado.
- Un niño de ocho ingresó a urgencias porque ese delincuente le lanzo una piedra en la cabeza en la plaza – relato el señor Miller – tuve que ponerle diez puntos. El pobre no paraba de llorar.
- Tranquilo, papá – le contesto Tania con aires de despreocupación – iremos con cuidado y, de todas formas, se cómo defenderme.
- Lo sé, pero ese tipo anda en manada – le advirtió su padre – llámame cuando llegues a la casa de Antonie y regresa antes de la cena.
El señor Miller se retiró del cuarto de Tania y dejo a los cinco chicos solos. Cuando se aseguraron de que el hombre bajo a la primera planta, la dueña del cuarto guardo el teléfono celular en el bolsillo de su poleron y recomendó en voz baja:
- Será mejor ver el otro video mañana.
- ¿Por qué? – pregunto sin entender Rose.
- Uno, si mi madre se entera que andamos investigando sobre el padre de Antonie, seguro que se lo contara a la señora Smith. Y dos, me castigarían si saben que los metí en el ático. Ese lugar está prohibido para las visitas.
Entonces, los cinco chicos acordaron que el día siguiente sería mejor, pues el padre de Tania estaría en doble turno y su madre debía encargarse de la tienda. Posteriormente, bajaron al primer piso y salieron hacia el minimarket. Se despidieron de la señora Miller y se fueron por el mismo camino para evitar en centro del pueblo.
- En algo tenía razón mi padre – comentó Tania de manera divertida en el camino – el padre de Antonie era un cascarrabias.
- Podría decirse – comento por lo bajo Rose entre risas mientras Antonie le lanzaba una mirada furtiva – entonces, el nombre completo seria Tobías Smith.
- No estaría tan seguro – interrumpió Antonie – mi padre murió antes de que ellos pudieran casarse. Smith es apellido de soltera de mi madre.
- Y cabe la posibilidad de que no sea el nombre real – comento Michael haciendo conjeturas – después de todo, modifico la memoria de Antonie por alguna razón.
- Aunque – prosiguió Albus haciendo memoria – creo que vi su rostro en algún lado.
Los cuatro chicos pararon en medio del camino y quedaron mirando a Albus.
- ¿Lo dices en serio? – pregunto incrédula Tania.
- Si – respondió Albus, un poco intimidado al ver aquellos ojos posando sobre su persona – en un libro. Pero no me acuerdo en donde o cual era el nombre porque fue hace mucho tiempo.
- Entonces, ¿mi padre era un mago reconocido? – pregunto Antonie atónito.
Albus encogió los hombros, murmurando un "es posible". A su amigo le brillaban sus ojos negros. Parecía que su cabeza maquinaba a toda velocidad y no era el único.
- Si es así, debemos revisar los libros de que tenemos disponibles – sugirió Rose.
Antonie asintió mientras ponía una expresión atónita y de mucha emoción. Albus suponía que había descubierto bastante en solo un día. Entonces, siguieron su camino hasta la casa de Antonie, en donde les esperaba la señora Smith con un delicioso estofado de res. En la mesa, quien más mantenía una conversación con la madre de Antonie eran Tania y Rose, pues el hijo se quedó mudo mientras clavaba los ojos entre el estofado y, de vez en cuando, su cuarto. Albus sabía que deseaba buscar en todos los libros de su baúl algo con respecto a "Tobías".
En cuanto terminaron de comer, los cinco chicos fueron al cuarto de Antonie, quien cerró la puerta y se pusieron manos a la obra. Buscaron en "Historia de la Magia", "Historia de Hogwarts" y hasta en el libro "El Triunfo del Elegido: El Fin de los Tiempos oscuros" (accidentalmente, Antonie se olvidó de devolverlo a la biblioteca). Pero no había ninguna fotografía de aquel hombre.
- Debe estar en algún libro reciente – decía Rose registrando en alguna lectura complementaria que tenía Antonie en su baúl – después de todo, no se veía muy viejo.
- Hay quienes aparentan menos pero en realidad son muy viejos – comento Tania mientras hojeaba con mucha curiosidad las imágenes de un libro que se movía – esto es lo más extraño que he visto en mi vida. Hasta los efectos especiales de las películas no se comparan con esto.
- Ya te acostumbraras – declaro Antonie, leyendo algún párrafo del "El Triunfo del Elegido: El Fin de los Tiempos oscuros".
La tarde paso volando y llego el tiempo en que Tania debía irse. La muchacha de ojos bicolores se despidió de los cuatro magos y la señora Smith, yéndose por el mismo camino que habían utilizado para ir al centro del pueblo. Esa noche, los chicos decidieron descansar un poco jugando en la consola XBOX 360 que tenía Antonie en la sala. El dueño del juego no parecía muy convencido pero Rose le hizo entrar en razón ("tu madre sospechara si no hacemos algo más que encerrarnos en tu habitación" dijo en un tono mandón la chica). Jugaron MORTAL COMBAT, ya que era el único que se podía jugar como en modo multijugador. Michael le gano a Rose y a Antonie pero no pudo con Albus. El muchacho de ojos de verdes tenía experiencia de sobra al combatir contra James en ese tipo de videojuegos.
- Oye, Al – le dijo de repente Antonie al vencer a Rose por cuarta vez que le pedía revancha – ¿ahora me dirás que te pasa con Tania?
- No me pasa nada con ella – sentencio Albus desviando la mirada.
- Es en serio – le insistió Antonie alzando una ceja.
- Yo también lo digo en serio – respondió desafiante Albus y un poco fastidiado.
Michael, Rose y Antonie quedaron viendo a Albus. El chico de ojos verdes sintió que se le subía la sangre a las mejillas, como si lo hubieran agarrado en alguna travesura.
- ¿Qué? – pregunto Albus haciéndose el desentendido.
- Te gusta, ¿cierto? – dijo Rose como si fuese algo muy obvio.
Albus se coloro aún más, comenzando a balbucear mientras Antonie lo miraba con cara de incredulidad y Michael le sonreía de manera burlona.
- De… ¿De dónde sacaste eso? – pregunto Albus a su prima al fin entre tanta palabra sin sentido.
- Has estado callado en toda la tarde y nunca te he visto tan tímido con una chica – sentencio Rose con una sonrisa pícara en su rostro.
Albus no contesto y solo les dedicaba una mirada de fastidio a sus amigos cuando Antonie le dio un ataque de risa.
- ¿En verdad te gusta Tania? – pregunto entre risas el chico de piel centrina a Albus y agrego – ella es la chica más rara que conozco. Más que una bruja – Rose lo miro bastante enojada y Antonie apresuro a decir – sin ofender.
- ¿En qué sentido? – pregunto curioso Michael.
- Primero, le atrae todo lo raro. Hasta las cosas asquerosas – respondió Antonie haciendo una mueca extraña – Segundo, es una otaku sin remedio. Ya viste su cuarto, está lleno de cosas japonesas. Se ganó muchos apodos en la escuela por ser fanática del "anime" y leer "mangas".
- Pero supongo que Albus no le importa eso – concluyo Rose poniendo los ojos en blanco – habrá visto algo más en ella…
- ¡Basta! – interrumpió Albus ya cansado del tema y bastante enojado – ¿Quieren parar de una vez? No me gusta Tania y quien se atreva mencionarlo en frente de ella, juro que aprovechare el primer momento en el tren para lanzarle un maleficio de moco murciélago.
Acto seguido, Albus se puso de pie y fue directamente al baño, dejando a sus amigos sin habla. Al cerrar la puerta, encendió la luz y se mantuvo frente del lavabo, mirándose al espejo. Ofuscado, se quitó los lentes y le lavo la cara. Con sus ojos miopes, vio su reflejo mientras se preguntaba qué era lo que sentía. La cara de Tania se rememoró en su cabeza, sonriéndole. "No puede gustarme esa chica tan bruta y rara, ¿o sí?" pensó Albus se secaba su rostro. Entonces, recordó lo muy cercanos que eran Antonie y ella. Por un momento, deseo tener aquella cercanía… Hubiera preferido no pensarlo pero, al recordar todas aquellas fotos sintió un poco de envidia del tiempo que Antonie conocía a la muchacha. No. Más bien eran celos… Sacudió su cabeza. ¿En qué diablos estaba pensando? Era mejor olvidar el asunto, pues era su mejor amigo de quien pensaba de mala manera y no quería eso. Tiro la cadena del retrete para simular un poco y volvió a la sala. Y había que afrontarlo. Sus amigos no lo dejarían en paz con el tema pero esta vez sería más paciente.
….
Al día siguiente, los cuatro chicos salieron de la casa de Antonie a la de Tania. Y quien tenía más prisa en llegar era el muchacho de piel centrina. A Rose, Michael y Albus les costaba seguirle un poco el paso.
- Cálmate un poco – sugirió Michael a Antonie – la cinta no ira a ningún lado.
Entonces, Albus escucho unos ruidos en los arbustos, cercanos al bosque. De repente, una piedra tras otra salió disparadas hacia ellos. Michael protegió a Rose de la lluvia de rocas al interponer su espalda, Antonie se cubrió con sus brazos y Albus no alcanzo a reaccionar ante una que le dio en la frente. Menos mal no era grande, pensó Albus al corroborar que no había sangre.
- Miren a quien tenemos aquí – dijo la voz de un muchacho entre las risas bobas de otro grupo de chicos – cuanto tiempo sin vernos, Smith.
De los arbustos, apareció un chico de la misma altura de Michael y más corpulento que él. De cabello bastante corto, recto y de color café oscuro, además de un marcado bronceado. Con una camiseta y pantalones más ancho que su persona, donde uno de sus bolsillos colgaba gruesas cadenas. De sus ojos pardos, Albus pudo notar odio dirigida a su mejor amigo, quien se encontraba con una expresión de recelo pero, a la vez, nervioso al ver que cinco chicos más grandes que ellos salían de su escondite.
- Buenos días, Hugh Hunter – saludo Antonie con frialdad – ¿Qué te trae por estos lares?
- Un ajuste de cuentas, Smith – contesto Hugh mientras uno de los monigotes tronaba sus puños. Entonces, miro a Albus, Rose y Michael – Veo que tienes nuevos "amigos" – acto seguido, se dirigió a ellos – ¿Sabían que este perdedor es el hijo del diablo? Yo que ustedes tendría cuidado. Sobre todo tu, preciosa – y se acercó a Rose agarrándola del brazo – eres muy hermosa para andar con este fenómeno.
- Suéltala – ordeno Michael furioso y apretándole lo bastante fuerte para liberarla al fin del patán.
- ¿Quieres pelea, imbécil? – le bramo Hunter mientras le hacía una seña a sus compinches.
Entonces, dos de los monigotes empezó a lanzarle piedras a Michael, quien se alejó con Rose de la lluvia de piedras.
- Escuchen, estúpidos – empezó a decir Hunter a Michael, Rose y Albus – parecen ser chicos listos y les informare de algo. Este tipo no es más que basura – e indico a Antonie – algún día terminaran en el hospital por andar con este hijo del diablo. Mi deber en este pueblo es hacerme cargo de este adefesio, ya que nadie tiene las agallas de hacerlo.
- Es lo más patético que oído – hablo Albus asqueado del sujeto, ante la sorpresa de ambos grupos – no eres más que otro brabucón y el mayor de los imbéciles.
Una piedra le llego a la mejilla, haciéndole un corte. Acto seguido, Hunter fue más rápido y lo tomo por el cuello de su camisa, levantándolo dos centímetros del suelo.
- Tienes la boca muy grande, enclenque – mascullo Hunter.
- ¡Suéltalo, Hunter! – vocifero Antonie corriendo en la ayuda de su amigo, al igual que Rose y Michael pero los compañeros de Hunter no se lo permitieron.
- Descuida, Smith – le dijo Hunter en un tono burlón al darle un golpe en el estómago a Albus. Al muchacho de ojos verdes se le cortó la respiración – después de que termine con este, será tu turno.
Entonces, de los arbustos salió disparada Tania, quien hizo una patada voladora hacia la cabeza del líder para alejarlo del muchacho de ojos verdes. Para Albus, todo fue muy rápido. Primero, le dio un puñetazo en la boca sin tener tiempo de reaccionar del primer golpe. Luego, le pateo las canillas hasta hacerlo caer en un giro sobre sí misma. Por último, se puso en guardia con sus puños mientras veía a los demás soldados de Hunter petrificados.
- ¡Es la chica del infortunio! – exclamo asustado unos de los compinches.
- ¿Algún otro que quiera ser mi saco de boxeo? – amenazo Tania al oír tal sobrenombre.
- Este no es tu asunto, Miller – le espeto Hunter mirándola un poco nervioso.
- Si te metes con Antonie o con alguno de ellos, es mi asunto – le respondió tajante Tania sin dar un paso atrás.
- ¡¿Aun defiendes a este monstruo?! ¡¿Después de que casi me mata?! – bramo Hunter.
- El único monstruo que veo aquí, eres tú – repuso Tania en un tono cortante.
Tras esas palabras, se puso de pie, lanzándole a la chica de ojos bicolores un golpe con la cadena que llevaba en el bolsillo, dándole en el brazo izquierdo. Y eso Albus no lo iba a tolerar. Sin dudarlo dos veces, aprovecho que era más pequeño que todos sus compinches y se escabullo entre ellos hasta empujar con todas sus fuerzas al imbécil que se atrevió a golpearla. Intento darle un codazo en su estómago pero fallo. La cadena le dio primero en su nuca. Un dolor agudo le sacudió el cerebro perdiendo un poco el equilibrio.
De repente, otro dolor sintió en el pecho. Le costaba respirar. Y le era muy familiar. Maldita sea, pensó Albus mientras se le nublaba la vista, ahora no. Entonces, sus piernas no soportaron el su propio peso y cayo de rodillas mientras vio como Hunter se preparaba a darle otro latigazo pero Tania se interpuso.
- No eres más que una persona maldita al escogerlos a ellos, Miller – escucho decir al chico – una chica del infortunio.
- Lo tomare como un cumplido, Hunter – oyó decir a Tania con el mismo tono gélido.
- Yo no – dijo la voz de Fausto dentro de la cabeza de Albus.
En un momento, la opresión en el pecho desapareció pero en vez de alivio, una furia iracunda que no era suya sintió en su pecho. Su mente ya no distinguía la realidad. En vez de eso, la imagen de una turba con antorchas y cuchillos en mano lo perseguía entre los alaridos de un chico. Menos mal que era más rápido que todos ellos, pues pudo esconderse entre los arbustos mientras aguantaba la respiración. Cuando se hallaba a salvo, pudo sollozar con tranquilidad mientras se dirigía la vista hacia un charco. Con la luz de día, reflejo a cara de un chico de pelo castaño y largo hasta los hombros, tez pálida y con ojos de distinto color: uno de color jade y el otro, carmesí.
- ¡AL!
De un sobresalto, Albus despertó sobresaltado sobre el césped, rodeado de sus amigos con cara de preocupación. Incluso Tania lo miraba con una expresión rara. Con dificultad, se sentó de piernas cruzadas. Le dolía mucho la cabeza. De seguro esa cadena le había abierto la cabeza. Y se dio cuenta de que el grupo de malhechores se había ido, al igual que aquellas imágenes de la turba iracunda.
- ¿Qué paso? – pregunto Albus con un hilo de voz, con la mirada baja.
- ¡Hiciste magia! – exclamo alarmada Rose – ¡No debiste hacerlo!
- ¿Qué? Yo no…
- Lo hiciste, Al – le confirmo Michael, un poco preocupada – y en frente de ellos.
- Más bien, contra ellos – corrigió Antonie un poco asustado – los hiciste levitar cinco metros. A todos ellos.
Albus sintió que el alma se le iba a los pies. Había hecho magia fuera del colegio y sabía que consecuencia traería si lo hacía: su inmediata expulsión. Maldijo una y otra vez el muchacho de ojos verdes por lo bajo mientras se revolvía el cabello por la frustración. No había sido su intención hacerlo. Ni siquiera sabía cómo ocurrió aquello. Lo último que recordaba a aquel energúmeno insultando a Tania y… la voz de Fausto. El chico de ojos verdes levanto la cabeza y miro hacia todos lados hasta encontrar no muy lejos de ellos al guardián con una expresión de fastidio pero a Albus le importo un bledo. De un salto de levanto del suelo y fue directamente hacia Fausto entre la mirada de sorpresa de los presentes.
- ¡Fuiste tú! – vocifero Albus, apuntándolo con el dedo – ¡Me obligaste a usar magia!
- También me da gusto verte – le respondió Fausto con sarcasmo – a propósito, fue un placer en ayudarte.
- ¡No me vengas con eso! – le grito Albus aún más furioso – ¡Aquel acto me costara mi pellejo!
- Justamente lo hice por eso, mocoso – le contradijo el guardián en un tono tan gélido como el hielo.
- ¡Me expulsaran de Hogwarts, genio! – le bramo Albus – ¡Tengo prohibido usar magia fuera de la escuela! ¡Y un detector de magia esta sobre mí!
- Estoy consciente de ello – le informo Fausto sin tomarle mayor peso al asunto – por eso desactive esa cosa tan molesta antes de usar magia.
Albus se quedó mudo ante la respuesta del guardián.
- ¿La desactivaste? – pregunto incrédulo el muchacho de ojos verdes.
Fausto asintió aun con los brazos cruzados, esperando una especie de disculpa por el escándalo. Albus iba hacerlo, pero Tania los interrumpió:
- ¿Quién es?
El grupo de magos se volteó a verla, asombrados de que apuntara a Fausto, quien estaba más atónito que los demás por descubrir que aquella chica lo miraba exactamente a él.
- ¿Puedes verlo? – pregunto Albus, indicando a Fausto.
- Claro que si – le respondió Tania desde la misma obviedad – ¿Por qué no podría?
Antonie, Rose, Michael, Albus y Fausto la quedaron mirando aun sin poder creer lo que pasaba. Este último se acercó a la chica para saber si en realidad podía verlo, por lo que movió la mano delante de ella de un lado a otro. Pero basto tres segundos para que ella lo tomara por la muñeca para que dejara de hacer aquella tontería.
- ¿Por qué tanta sorpresa de que pueda verlo? – pregunto confundida Tania.
- No deberías – le respondió Fausto – ni siquiera eres bruja… a menos que…
El guardián fijo sus ojos negros a los ojos de Tania. La chica se incomodó por el corto espacio entre ellos, por lo que lo empujo lejos de su persona. Fausto perdió el equilibrio y se cayó. Era la primera vez que veía al guardián tan desprevenido de un golpe que hasta a Albus le hizo gracia.
- ¿Qué hace? – le pregunto Tania a Albus tratando de entender a Fausto, quien se volvía a poner de pie.
- Ni yo sé lo que trata de hacer – admitió Albus.
- Verificaba algo – respondió al fin Fausto con un semblante serio – esos ojos… ¿En realidad eres una chica del infortunio?
Hubo un rotundo silencio. Antonie se tapó la boca mientras miraba nervioso a Tania. Y Albus supo porque: la chica se le crispo hasta el último mechón de cabello castaño y le dio una gran bofetada a Fausto, enviándolo varios metros lejos.
- ¡Vuelve a decir eso y te pateare el trasero! – le grito Tania furiosa.
- ¡Cálmate! – le recomendó Antonie a Tania acercándose con cuidado.
Albus fue en ayuda de Fausto al verlo tan aturdido por el golpe que aún seguía tendido en el césped. Ella tiene fuerza sobrehumana, pensó Albus con algo de miedo.
- Tenías que hablar demás – le dijo Albus a Fausto cuando recupero el sentido.
- Tenía que preguntar – le explico Fausto algo molesto sobándose la mejilla izquierda – aunque fuese doloroso.
- Y te dolió más a ti – se burló el muchacho de ojos verdes.
- Hablo en serio.
El guardián se levantó con dificultad al rechazar la ayuda de Albus y se volvió a acercar a Tania, quien lo miraba con odio.
- Perdona, no quise ofenderte – se disculpó Fausto dirigiéndose a Tania – sé que es duro aceptarlo y nadie elige serlo.
- ¿A qué te refieres con "chica del Infortunio"? – se atrevió a preguntar Rose un poco temerosa de que Tania volviese a reaccionar mal pero parecía controlar mejor sus estado de ánimo, esperando a Fausto a que contestara.
- Una "persona del Infortunio" es aquella que cuyos ojos son el portal al abismo – explico Fausto – se cree que esa gente está marcada por una maldición heredada que traen desgracias a quienes lo rodean.
Tania bufo ante la respuesta de Fausto, llamando su atención y, claro está, haciéndolo enojar.
- ¿Y esa es tu gran explicación, sabelotodo? – se rio Tania de Fausto – Tengo Albinismo en menor grado, ignorante.
- Entonces, siendo una simple muggle, ¿Cómo crees que puedes verme? – le pregunto Fausto alzando una ceja y cruzado de brazos.
- Cualquiera puede verte, imbécil – afirmo Tania mirando a los chicos presentes pero ninguno le dio la razón y comenzó a ponerse nerviosa – ¿verdad, Antonie?
Antonie se quedó callado poniendo una expresión extraña que Albus había visto antes: era cuando trataba de elegir las palabras correctas para decirle alguna mala noticia.
- Nadie, sin su consentimiento, puede ver u oír a Fausto – le contesto Albus al ver que su amigo se había quedado mudo – exceptuándome. Rose, Michael y Antonie pueden verlo porque les dio permiso. En mi caso, fue diferente… al igual que tú, simplemente empecé a verlo.
- Mientes – dijo Tania sin dar crédito a lo que escuchaba.
- No es mentira – le contradijo Albus – Fausto no es humano. Es un guardián desde hace siglos, aunque no lo aparente.
La chica de ojos quedo viendo a Albus por unos momentos. El muchacho de ojos verdes pensó que era el hecho que Tania tenía toda su atención de que se sentía un poco mareado pero toco la nuca y vio una gran mancha de sangre en su mano. Sintió su espalda húmeda y sudaba en frio. Antes de que pudiese hablar perdió un poco el control de su cuerpo y se desmayó entre un alboroto hecho por sus amigos.
Cuando despertó, se encontraba en una habitación de paredes blanca, recostado una confortable cama en donde la ventana estaba al lado de esta. Se dio cuenta que alguien le había quitado los anteojos y le habían puesto un vendaje alrededor de la sien. Tenía una jaqueca enorme. El dolor que había sentido cercano al bosque no se comparaba con este. Albus vio una mesita de noche, por lo que tanteo hasta encontrar sus anteojos. El sol entro por la ventana, iluminando toda la habitación.
Entonces, se dio cuenta que, en un rincón, estaba sentada Tania, aun observándolo cuidadosamente sin el menor ruido o movimiento. Parecía una estatua de lo rígida que se encontraba. Albus trato de levantarse de la cama pero, de inmediato, la chica se levantó de su asiento y lo obligo a quedarse sentado en la cama de un empujón.
- Mi padre te puso unos puntos en la nuca y me dijo que vendría a revisarte cuando terminara el turno de día – le explico Tania con seriedad – perdiste un poco de sangre pero es mejor que te mantengas recostado hasta que el venga.
- ¿Dónde estoy? – le pregunto Albus mientras miraba a su alrededor.
- En mi casa – le respondió Tania – en el cuarto de huéspedes. Tuvimos que venir aquí en cuanto te desmayaste o a la señora Smith le daría un infarto verte con esa herida en la nuca. O creo que le dará uno ahora.
- ¿Y Antonie? ¿Rose? ¿Michael?
- Fueron a avisarle – le contesto Tania tranquilizándolo un poco – de todos modos hay que dejar constancia en la comisaria por el daño que te hicieron esos brutos animales.
- Pero ¿Y si les cuentan que use magia? – le pregunto Albus nervioso.
Una risa bastante aguda soltó Tania y Albus no sabía si era buena señal o era algo para preocuparse.
- ¿Crees que un Teniente de policía le creerá a un grupo de niños asustados que usaste magia o que un niño enclenque los levanto cinco metros con solo el pensamiento? Que ingenuo eres – le dijo Tania entre risas – y menos le creerán a Hugh. Tiene antecedentes. Después de lo que le hacía a Antonie… imbécil.
- ¿Qué le hizo? – pregunto Albus con curiosidad.
Tania lo quedo mirando con un semblante muy serio. Por un momento Albus pensó que molestaría por tal osadía y le diría que no era su asunto. Sin embargo, no lo hizo. Lo miro de arriba abajo, debatiéndose si era digno de confiarle tal información por unos segundos y, con en voz baja, contesto:
- "Quid pro quo"
- ¿Qué? – pregunto sin entender el muchacho.
- Significa que me contestaras todo lo que te pregunte a cambio de la información que te daré – le explico Tania.
- Eh… está bien – le contesto Albus un poco inseguro del trato que había hecho.
La chica de ojos bicolores lo quedo viendo de reojo y volteo solo unos segundos para acercar la silla a la cama. Se cruzó de brazos y piernas mientras no le perdía la vista de encima. Le era un poco incómodo a Albus que estuviese tan cerca de él. Y más si notaba que se coloraba la cara.
- Supongo que Antonie te conto la versión condensada de la historia – dijo Tania mientras Albus asintió con la cabeza – bueno, en el pueblo, los chicos de nuestra edad conocen a Antonie como "hijo del diablo". Y es por culpa de ese mentiroso y brabucón de Hunter.
- ¿Por qué hijo del diablo? – le pregunto Albus.
- Hay una leyenda en torno al bosque de Wistman – le explico mejor Tania – dicen que, en los días cercanos a Halloween, el diablo ronda con sus canes del infierno para poder cazar algunas almas. Solo una tontería para darle más fama al lugar – añadió la chica para que no creyera que fuese verdad – Y, dado que el padre de Antonie fue encontrado en pleno bosque, el idiota de Hunter aprovecho esa historia para darle mala fama. Reunió a todo idiota que creyera en la historia o por diversión para molestarlo y hacerlo sentir miserable. Solo por celos y desviar su rabia hacia otros.
- ¿Celos? – pregunto Albus, temiendo de la respuesta.
- Le gusto Hugh – declaro Tania asqueada de tal afirmación – desde la primaria y, como siempre estaba con Antonie, sentía muchos celos. Desde entonces, lo molesta cada vez que puede. Más que su padre es un amargado que trato de conquistar a la señora Smith pero no pudo y le lleno la cabeza a Hunter que Antonie estaba maldito de alguna forma.
Albus la miro con incredulidad por tales palabras y se preguntó qué tan cruel y supersticiosa puede ser la gente por solo una leyenda urbana.
- Eso es estúpido – sentencio Albus un poco enojado con aquella gente.
- Lo sé – le dio la razón Tania – pero como dice el refrán: "pueblo pequeño, gran infierno". Y el hecho de que Antonie hacia magia de manera involuntaria, no era de mucha ayuda. Aún recuerdo cuando desvió una pelota de basquetbol sin siquiera tocarla.
- Es por eso que hubo un punto que Antonie no pudo tolerar más el abuso. Trate de protegerlo de todas las maneras: golpeaba a los chicos que se burlaban de él cuando me encontraba cerca y los amenazaba a menudo. Pero no siempre estaba con él. Cuando teníamos diez años, se aprovecharon de que me encontraba en clases de karate y lo persiguieron hasta bosque…
El muchacho vio como el rostro de Tania se ensombreció al contar aquella parte.
- En comparación a lo que les hiciste a ese grupo – siguió Tania – fue menor a lo que Antonie les hizo. Prácticamente, los torturo. Llegue a tiempo para que su furia no culminara con un asesinato.
- ¿Es por eso que huyeron hoy? ¿Creyeron que les haría lo mismo? – pregunto Albus tratando de entender a ese grupo.
- Es posible – le respondió Tania encogiendo los hombros y se acomodó mejor en la silla – ahora, me toca a mí hacer las preguntas. Dime, ¿en realidad no recuerdas nada lo que hiciste? ¿Ni lo que dijiste?
- Nada – respondió Albus extrañado y luego pregunto – ¿Qué fue lo que dije?
Tania le hizo un ademan indicando que su turno de formular preguntas había acabado. Con una ávida mirada, sus ojos bicolores se fijaron en los ojos verde esmeralda de Albus.
- ¿Por qué puedes ver a ese tipo de cabello blanco? – le pregunto Tania mirándolo con recelo– y dime la verdad.
Albus desvió la mirada y, en un rincón de su cerebro, sabía que le harían aquella pregunta. No estaba seguro de decirle todo. Sin embargo, ella confió en el al decirle toda aquella historia y el trato estaba hecho. Entonces, el muchacho le dijo:
- Dame tu palabra de que no se dirás a nadie.
- Ni me creerían si se los dijera – afirmo Tania manteniendo aquella mirada – me enviarían al psiquiatra por decir sandeces – y le hizo un gesto con la cabeza para que le contestara la pregunta.
- Bien – comenzó a hablar Albus y apunto a su corazón – la única razón por la cual puedo ver a Fausto es que tengo un objeto dentro de mi corazón llamado Atrum. Eso está ligado a su alma por ser su guardián.
- ¿Atrum? ¿Qué rayos es eso? – le interrogo Tania frunciendo el ceño.
- Por lo que él me explico – le respondió Albus haciendo memoria de las palabras exactas de Fausto – es el portal a la parte más oscura de los mundos y solo destinada a las almas destrozadas por magia oscura: el abismo.
Entonces, Albus cayó en cuenta del significado de las palabras y de lo que era ser una persona del infortunio. También recordó una visión que tuvo cuando Antioch trato de controlar su cuerpo por segunda vez: un ojo carmesí partido a la mitad. ¿Acaso…?
- ¿Qué pasa? – le pregunto Tania extrañada.
Albus estuvo callado por unos segundos y luego, subió el tono de voz, llamando al guardia:
- Fausto
- Estoy aquí – contesto Fausto, apareciendo junto a Tania, quien casi se cae de la silla por la sorpresa de ver al guardián – ¿Tienes alguna pregunta para mí?
- Lo que tengo en mi corazón, el Atrum – empezó a hablar Albus con la garganta seca – ¿Acaso es un ojo de color carmesí?
Tania miro a ambos expectante a la respuesta de Fausto. El guardián del Atrum lo miro con aquel rostro sin emociones hasta responderle:
- La mitad de uno.
- ¿Y la otra mitad? – pregunto de repente Tania intrigada.
- Fue destruida hace siglos – le contesto Fausto.
- ¿De quién era ese ojo? – insistió Albus, acordándose de la imagen de un chico reflejado en un charco.
- Es mío – dijo el guardián con toda naturalidad.
Perplejos, ambos chicos miraron al guardián. Aquella información le dio escalofríos a Albus. ¿Cómo era posible que tuviese la mitad de un ojo cercenado dentro de su corazón? Era algo loco de imaginar. Rememoro los recuerdos del guardián y le hizo otra pregunta:
- ¿Fuiste un chico del infortunio cuando eras mortal?
- Si – le contesto Fausto.
- Pero, tienes ambos ojos y son negros – inquirió Tania, observándolo cuidadosamente.
- Esta forma la adquirí al ser condenado – le explico Fausto y luego, la quedo mirando a los ojos – ¿eres la única con aquellos?
- A ti que te importa – le contesto molesta la chica de ojos bicolores.
- Me interesa saber por motivos de mayor relevancia – le espeto Fausto ya fastidiado – responde, mocosa.
Tania hizo un puchero, mirándolo muy molesta pero asintió con la cabeza mientras Albus observaba con cuidado por si tenía que interponerse entre el puño de la chica y Fausto. Sin embargo, no hizo falta. Parecía que la chica se estaba aguantando de patearle el trasero, pensó Albus cuando la Tania desvió la mirada hacia la ventana.
- ¿Para qué quiere saberlo el gran guardián? – le pregunto Tania en un tono muy antipático.
- Por futuros eventos – le limito a contestar Fausto, pensativo.
Acto seguido, desapareció de la habitación. Albus aun entendía la actitud del guardián y ya daba por sentado que nunca lo llegaría a entender.
- Odio a ese tipo – mascullo Tania cruzada de piernas y brazos en una pose bastante rígida.
- Él es así – le respondió Albus dando un suspiro.
- ¿Cómo lo soportas? – le pregunto la chica.
Albus se encogió de hombros. Entonces, del piso de abajo, se escuchó una música sonar. Tania da un respingo y pone los ojos en blanco, murmurando algo como "Dios, denme paciencia". Aunque ella se levantó y cerró la puerta, la voz del hombre que cantaba se escuchaba con claridad. Y su letra también, en donde recitaba:
He estado leyendo libros antiguos
De leyendas y mitos
Aquiles y su oro
Hércules y sus dones
El control de Spiderman
Y Batman con sus puños
Y claramente yo no me veo en la lista.
Pero ella dice: "¿A dónde quieres llegar?
¿Cuánto quieres arriesgar?
No busco a alguien con poderes sobrehumano,
Alguna clase de superhéroe,
Ni una felicidad de cuentos de hadas.
Solo a alguien a quien poder acudir.
Alguien a quien besar".
- Vaya canción cursi – comento Tania.
Albus no se atrevió a opinar. Más bien, se había cohibido un poco por escuchar aquella letra y verse totalmente a solas con ella por primera vez.
- Bueno, dado que "don sabelotodo" se fue – rompió el silencio la chica – seguiré con mi ronda de preguntas – y fijo su vista en Albus.
- ¿Qué más quieres saber? – pregunto Albus, temeroso.
- ¿Es cierto que le salvaste la vida a Antonie? – le interrogo Tania, un poco escéptica a tal información.
- Dependiendo del punto de vista – le respondió Albus – si te refieres a cuando casi nos devora un hombre lobo, fue ayuda mutua…
- No me refiero a eso – le interrumpió Tania – hablo de cuando ese lunático los secuestro a ambos.
- ¿Te conto eso? – le pregunto Albus sorprendido.
- El me contó todo sobre su estadía en Hogwarts – le afirmo Tania con serenidad – se cuándo lo encubriste para que no lo expulsaran por estar fuera de su dormitorio, cuando lo defendiste de unos bravucones y hasta que recibiste un hechizo peligroso por él. Todo eso, ¿es cierto?
Albus tardo unos segundos en asentir. La chica lo quedo mirándolo por un largo periodo mientras otra canción sonó desde el piso de abajo con un piano de fondo y se escuchó la voz del mismo hombre:
Las luces se apagan y yo no puedo ser salvado,
Mareas contra las que he tratado de nadar,
Me tiraron abajo, sobre mis rodillas,
Oh, suplico, suplico y ruego, cantando
Sale de las cosas nunca dichas,
Dispara a una manzana sobre mi cabeza
Y un problema que no puede ser mencionado
Un tigre está esperando a ser domesticado, cantando
Eres tú, eres tú…
- Bueno, con eso estará bien – dijo la chica satisfecha de la respuesta y agrego – Dado todas tus hazañas, desde ahora, te llamare "Moyashi".
Albus no entendió el significado de aquel apodo pero por lo menos tuvo algo de sosiego cuando Tania bajo a exigirle a su madre algo más que "COLDPLAY" en su repertorio musical. Pero, en su interior, se sentía feliz por ser aceptado por aquella chica de ojos bicolores.
