CP#10. Sin recuerdos de nuevo.

¿Cómo me volvía esto suceder? ¿No he aprendido nada en estos cinco siglos sobre él?

No sabía cómo lo hacía, pero ahí estaba de nuevo… Completamente desnuda, aunque no sentía dolor alguno porque mis heridas habían sanado y tenía la certeza que él lo había hecho de nuevo.

Mi mente podía estar en blanco pero mi cuerpo hablaba por sí solo.

Aquellas marcas, sus mordidas, sus garras, era desconcertante. No dolía, pero se demoraban en borrar.

Siempre fue así, desde que despertaba después de haber estado con él.

No recordaba lo que me hacía pero lo sabía.

No tenía la necesidad de verme en un espejo tampoco tenía un reflejo pero sabía exactamente qué me pasaba, mi cuerpo estaba inflamado, necesitaba algo y no sabía qué era o sí sabía pero no quería reconocerlo, mi cuerpo tenía necesidad de él y no sabía por qué.

En momentos así más que odiarlo a él me odiaba a mi mismo por dejarmé someter.

Tenía mucha sed, esa era la peor parte de despertar sin memoria, me daba mucha sed per mi sed no la iba saciar cualquiera, yo tenía sed de su sangre… Su maldita sangre que conseguía atarme más a él, lo sabía y no podía evitarlo.

Inconscientemente me relamí los labios buscando algún vestigio de que su sangre aún estuviera ahí, así se una gota, no importaba.

¿Tan bajo he caído? Era lo que siempre me recriminaba por terminar en ese estado.

—Despertaste.— Esa simple palabra que la había escuchado una y otra vez después de nuestros desastrosos reencuentro hacían hervir mi sangre.

Lo odiaba, odiaba no tener el control de mi cuerpo ni de mi mente, cuando estaba con él.

Nunca contestaba o replicaba aquella palabra, cerraba mis ojos para captar su perturbadora esencia y presencia.

Debo reconocer que siempre me sorprendía por su aroma, nunca terminaré acostumbrarme a su aroma tan peculiar, tan de él y lejos del hedor de la sangre, él tenía un fuerte aroma a pino salvaje, a tierra, aromas fuertes y rústicos. Maldito Vampiro que lograba perturbar mis sentidos.

Sabía que estaba encima de mí.

Sabía que no iba tener oportunidad ante él por mi estado, sin embargo lo intenté, está vez no lo pensé, si lograba desgarrar su pecho y tomar su corazón en mis manos podría matarlo.

No debía dudar, No debía pensar, solo tenía que hacerlo. Decirlo era fácil, hacerlo era lo complejo.

Ansiaba tanto matarlo y terminar con está agonía.

Lo hice, por primera vez en cinco siglos logre perforar su pecho con mis propias manos, estaba sorprendida de mi rapidez, de mi fuerza, de mi osadía, podía sentir su corazón, su corazón entre mis manos… Eso era irreal, abrí los ojos al ver su expresión de desconcierto, pero me quedo sin palabras al ver su estado. ¡¿Cómo era que él también estaba desnudo?! ¡MALDITO DEMONIO!

Su expresión lejos de mostrar temor, mostraba excitación, tenía su corazón en mis manos, su sangre destilaba a borbotones y él muy maldito, porque no se me ocurría otra palabra para describirlo, lo estaba disfrutando no tenía sentido alguno.

Maldecía internamente dudar de mis intenciones entonces apreté su corazón por inercia, quería ver su dolor, caer su cuerpo inerte contra el mío, pero su expresión me aterró porque él estaba disfrutando extasiado el dolor que le infligía.

¿Cómo era eso posible? Esto fue cuestión de segundos, sin embargo para mi desconcierto él pudo tomar mi muñeca, su mirada transmitía tintes de locura infernal, él se atrevió a reírse de mí, en mi cara.

Logró hacer que mi enojo se incrementarla porque poco me importó sentir su fuerza al tomar mi muñeca, yo quería arrancar su corazón de una vez por todas, él tenía que morir, ahí y ahora, pero él que se estaba desangrando encima mí parecía disfrutar más al verme manchada con su sangre, entonces lo hizo, clavó sus colmillos en mi cuello, maldito vampiro demente, porque cada vez que hacía eso yo perdía el control de mi cuerpo y de mi mente, sentí el latir de su corazón con fuerza, aún no lo soltaba pero él seguía vivo, mientras que yo empezaba a perder mis fuerzas, no era justo, estuve a punto de matarlo. Está vez fue real.

Era la primera vez que su mente gritaba con fuerza a tal grado que pude escucharle decir «mía» , él rugía con fuerza reclamándome una y otra vez que era suya. ¿Por qué podía escuchar su voz en mi mente? Eso me aterró, hasta el momento que deje de sentir su corazón.

Todo se volvió oscuro para mí.

Lo que hizo después no lo recuerdo porque el tiempo perdió todo sentido para mí, los recuerdos del momento se borraron, lo único que tenía en mi boca era el sabor de su sangre, su maldita sangre que me encadena más a él.

No puedo creer que estuve tan cerca y al final fallé.

Continuará