El Milenio de Plata

Escrito por: Tenou Haruka

Capítulo 9. Encuentro de princesas

Rei estaba sentada en la cama, encendiendo cerillas y viendo cómo la llama consumía la pequeña
madera. Le fascinaba el fuego.
Ami no compartía la misma afición. Se asomó a la ventana y contempló la vasta imagen de los
victorianos jardines del Palacio de la Luna. Miró a la estantería, plagada de libros, y echó de menos
algunas de sus obras que, por falta de espacio, tuvo que dejar en su planeta natal.
No entendía por qué la habían puesto en la misma habitación que aquella pequeña pirómana. Minako y
Makoto habían crecido juntas, así que comprendía que las hubieran puesto en la misma habitación pero
ella... ¿y aquella loca? No tenía sentido. Prefería estar sola que viendo a aquella niña prendiendo fuego a
las cortinas. Se fue a la piscina a ver si el agua podía tranquilizarla un poco. En su planeta el agua era
un lujo pero parecía que en el Reino de la Luna era algo de lo más común.
Abrió una gigantesca puerta de dos hojas y se encontró con una enorme piscina delante. Había dos
trampolines, uno alto y el otro bajo. Se quitó el albornoz y se refrescó los pies desde el borde del agua.
Respirando hondo y preparándose para el cambio de temperatura al entrar en el agua, dio un salto y se
zambulló en la piscina. El agua estaba fresca, abrió los ojos y vio que el fondo de la piscina estaba
cubierto por pequeñas losas que formaban un mosaico. Intentó descubrir cuál era la escena que representaba
aquella maraña de colores cuando el agua de repente le envió una vibración extraña. Era como si el elemento
en el que más cómoda se sentía la abandonara. El aire comenzó a faltarle a sus pulmones y subió a la
superficie. Se apoyó en el borde de la piscina, entre jadeos, mirando a su alrededor confundida pero sin
ver a nadie. Sólo vio un remolino en el centro de la piscina.
"¿A que es fantástica?" sonó una voz profunda, grave aunque suave a un lado.
Levantó la vista y se encontró con una chica alta, rubia, vestida con un bañador azul y una camisa
ancha y abierta. Vio que aquella extraña joven no decía nada más, sino que miraba fascinada el remolino de
la piscina, así que decidió seguir la dirección de su mirada y contemplar lo que estaba sucediendo en el
agua.
El remolino comenzó a cobrar velocidad y se levantó por encima de la piscina. El agua comenzó a
recular y a volver a la piscina, rebelando a una joven de cabello rizado, de color aguamarina, que dio una
voltereta en el aire y volvió a sumergirse en el agua. Cada vez que aquella chica tocaba el agua el
elemento enviaba electrizantes vibraciones a Ami. ¿Quién sería aquella chica? ¿Se trataba de una sirena?
De repente una sombra saltó por encima de la cabeza de Ami y una figura rubia se sumergió en la
piscina. ¡Aquella chica ni siquiera se había quitado la camisa! Nadó hacia el remolino y al cabo de unos
segundos la joven de cabello aguamarina emergió, respirando entrecortadamente pero sonriendo a la joven
rubia.
"Ya me falta menos, Haruka. Creo que con un poco más de práctica podré perfeccionar el salto", le
dijo.
"El fallo está en el remolino, que no te impulsa lo suficiente. Si el agua fuera salada la densidad
podría crear un remolino más compacto. O... no sé, quizás yo podría ayudarte con un poco de viento."
respondió la joven, con la camisa empapada y ceñida al bañador.
"No. Sé que puedo conseguirlo, pero muchas gracias, de todas formas." sonrió y entonces se percató
de que Ami las estaba mirando, anonadada. "¡Hola!" saludó afablemente y comenzó a nadar hacia ella.
Ami miró a su alrededor. La sirena se acercaba a ella... ¿qué querría? La joven rubia se sumergió y
apareció al cabo de unos momentos a su lado, sonriéndole también.
"Hola", dijo tímidamente, incómoda ante la presencia de aquellas dos desconocidas.
"Tú debes ser una de las princesas de los planetas interiores. Llegásteis ayer, ¿no?" preguntó la
sirena.
"No.. er.. sí, llegamos ayer. Me llamo Ami, soy la princesa de Mercurio."
"Yo soy Michiru, princesa de Neptuno y ésa" dijo señalando a la rubia, que estaba haciendo el pino,
apoyando las manos en el suelo de la piscina y cuyos pies eran lo único que aparecía por la superficie del
agua. "es Haruka, la princesa de Urano. Le estoy enseñando a nadar", y añadió susurrando. "Pero es un poco
patosa."
De repente emergió la chica rubia a toda velocidad, salpicando a ambas.
"¡Te he oído!" exclamó salpicando a Michiru con agua.
La joven se echó a reir.
"¿Cómo llevas la vida en la Luna?" preguntó a Ami.
"Echo de menos mi hogar y mañana empezaré los entrenamientos con las demás. No me apetece nada
comenzar, ¿sabéis?"
"Pronto te acostumbrarás... además, harás amigas. Y si tienes algún problema, cuenta con nosotras.
No sé si podremos vernos muy a menudo porque tenemos muchas clases y entrenamientos, pero estaremos
encantadas de ayudarte cuando quieras", le dijo Haruka sonriendo abiertamente.
Ami dejó de sentirse incómoda ante aquella sonrisa amistosa. Quizás las otras princesas no eran
como Rei, quizás había alguna que fuera como Haruka o Michiru.
Haruka salió del agua quitándose la camisa y la escurrió, dejándola a un lado para secarse con una
toalla. Michiru también salió de la piscina, tendiéndole la mano a Ami para ayudarla a salir.
"¿Vienes?"
Ami la miró, sonrió y negó con la cabeza.
"No, gracias, me quedaré aquí un rato más, si no os importa. ¿Nos vemos luego?"
"Por supuesto", respondió Michiru, marchándose con Haruka al vestuario.

Rei salió al jardín. Una de las cerillas, al caérsele al suelo, había prendido en un libro de su
compañera de cuarto y había comenzado a quemarse. Lo apagó a toda prisa pero a pesar de sus esfuerzos no
pudo salvar el libro. Ami la mataría cuando lo supiese. Decidió abrir la ventana para que se fuera el humo
que la empezaba a ahogar y salió al jardín a pasear.
Entre su obsesión con el fuego y las visiones... Cada vez que cerraba los ojos veía sangre, una
batalla... un hombre y una mujer consumidos por las llamas en un lugar lujoso, un palacio, quizás. Nunca
había sido una niña temerosa pero aquellas visiones comenzaban a minar su resistencia.
Se quedó delante de la fuente principal del jardín, aquella que representaba a la primera Serenity
con el Cristal de Plata en la mano.
"Mi madre dice que la Reina Serenity estaba obsesionada con el cristal y que incluso dormía con él
como si se tratara de un peluche." sonó una voz ligeramente detrás suyo.
"Je, je... sí, lo parece." comentó Rei, girándose y encontrándose con una niña algo más bajita que
ella, de su edad, aproximádamente, rubia, con el cabello casi plateado, recogido en dos coletas y dos moños
encima de la cabeza, uno a cada lado. Tenía unos ojos más azules que el planeta Tierra y... ¡ERA CLAVADA A
LA ESTATUA DE LA FUENTE!
Rei se limitó a mirarla boquiabierta, sin saber qué decir, luego comenzó a balbucear una serie de
excusas. La otra niña se echó a reir.
"No tienes por qué decir nada, es la verdad", le comentó, para susurrarle después en tono
confidencial. "Era una loca peligrosa, todo el mundo lo sabe".
"Pero tú... tú..."
"Perdona, no me he presentado. Me llamo Serenity, pero todo el mundo me llama Usagi, para no
confundirme con mi madre, ¿sabes? Ahora dice que mi nombre me viene que ni pintado porque me parezco a un
conejo", sacó la lengua ligeramente en una mueca burlona.
Rei la miraba confundida.
"Mi pelo se parece a las orejas de un conejo" le aclaró Usagi, tirándose de las coletas y echándose
a reir. Rei sonrió y esbozó una reverencia. ¡Aquella niña era la hija de la Reina Serenity, era la Pequeña
Dama!
Usagi sonrió y le indicó que no hacía falta reverencias.
"Bah, nadie nos mira" alegó. "¿Cómo te llamas? No te he visto por aquí antes, debes ser una de las
princesas nuevas."
"Yo soy Rei, princesa de Marte, alteza." contestó y Usagi volvió a echarse a reir.
"¿No te he dicho que me llamo Usagi? Pues no me llames alteza... las formalidades no están bien
entre amigas."
Rei parpadeó confundida.
"¿Amigas?"
"Sí, amigas... ¿qué tiene de malo?" preguntó inclinando la cabeza hacia ella. De repente salió un
sirviente preguntando por la Pequeña Dama y le dijo que tenía clase de canto en unos minutos. "Oh, debo
irme. Nos veremos otra vez, ¿no, Rei?"
La joven morena asintió débilmente y contempló estupefacta cómo la princesa heredera del trono de
la Luna salía al trote hacia el Palacio.
"¿A que es un encanto?" sonó otra voz detrás suyo, una voz aterciopelada, suave, como un ronroneo.
Se dio media vuelta y se encontró con una joven de cabello negro, como el suyo, sólo que más corto.
Tenía los ojos púrpura, un color que no había visto nunca antes. Llevaba un vestido negro, que le llegaba a
los tobillos, y le sonreía afablemente. Rei asintió.
"Yo soy Hotaru, princesa de Saturno", Rei abrió la boca para presentarse pero la otra la
interrumpió. "No, no hace falta, os he oído antes. Me alegro de conocerte, Rei." le tendió la mano.
Rei la estrechó y el miedo la paralizó. Aquella mano, la guadaña... el hombre y la mujer... la
luz... y el fuego.
El rostro amable de Hotaru se ensombreció de repente.
"¿Desde cuándo tienes poderes psíquicos?" preguntó en voz baja.
"Yo no tengo poderes psíquicos. Tan sólo... veo cosas." se excusó Rei, deshaciéndose de la fría
mano que estrechaba la suya.
"Pues, sinceramente, espero que lo que has visto sea sólo eso... una 'visión'. No era una imagen
muy agradable".
Y dicho esto se dio media vuelta y caminó hacia el Palacio, desapareciendo de su vista. Se miró la
mano que había estrechado la de Hotaru. Se preguntó cómo podía saber Hotaru qué había visto ella... quizás
Hotaru sí tuviera poderes psíquicos.

"¡Te he dicho que le he visto por aquí!" susurró Minako, arrastrando a Makoto por los arbustos de
los jardines. Vieron a la princesa de Marte, de pie delante de la fuente, mirándose la mano derecha como si
fuera tonta. Señaló al frente y pegó otro tirón de Makoto.
"¿Y qué más da? Si tan guapo es seguro que le volveremos a ver" se quejó la princesa de Júpiter,
intentando recuperar la manga de la que con tanto afán tiraba su amiga.
"Está allí", susurró Minako excitadamente.
Bajo la sombra de un árbol había un joven alto, rubio, guapo... ¿qué más podían pedir? Acababan de
llegar a la Luna y se encontraban con un ángel. No se podían quejar. El chico comenzó a hacer ejercicios, a
lanzar patadas y puñetazos al aire y pronto una fina capa cristalina se formó en su frente, confiriéndole
más atractivo. Makoto suspiró, sus mejillas levemente sonrosadas y Minako avanzó, con la intención de salir
del arbusto en el que estaban escondidas.
De repente, una chica apareció por detrás del árbol y sonrió al muchacho. Era una niña no muy alta,
de cabello corto y azul y mirada limpia y cristalina. Makoto la reconoció: era Ami, la princesa de
Mercurio. Pero... ¿cómo podía una mosquita muerta como ella conocer a un chico tan guapo como aquél? Lo
cierto era que Ami se acercó al muchacho con total naturalidad y comenzaron a charlar animadamente.
Incluso, el muchacho le enseñó técnicas de lucha y se echaron a reir de forma natural cuando, al intentar
dar una patada aérea, Ami se cayó de culo sobre la hierba. El joven le tendió la mano y la ayudó a ponerse
en pie. La envidia corroía a Minako.
Pero apareció otra persona en aquel punto perdido del jardín. Una chica algo mayor, alta, de
cabello verde, largo y liso y piel morena. Se acercó al chico y le comentó algo. Los dos se fueron a toda
prisa y Ami se quedó bajo la sombra de aquel árbol, practicando la patada que acababa de enseñarle el
chico.
Minako no pudo aguantarse más y se dirigió a la joven princesa de Mercurio.
"Caramba, Ami, veo que no pierdes el tiempo. ¡Pues quiero que sepas una cosa, yo le vi primero y
será para mi!"
Ami la miró atónita. Tras la enfadada rubia salió Makoto, poniendo los ojos en blanco y
encogiéndose de hombros.
"¿De qué hablas?" preguntó la chica de cabello azul, intentando, con éxito esta vez, dar la patada
aérea.
"Ese chico, el rubiales ése que está tan bueno. Yo le vi primero." se quejó la princesa de Venus.
"¿Qué chico? Si no conozco ninguno aquí", contestó Ami, confundida.
"Pero qué morro tienes. El rubio que acaba de irse, el que te ha enseñado esa patada aérea. No me
digas que no le conoces", exclamó Makoto, situándose al lado de Minako con cara igual de enfadada que la de
la rubia princesa de Venus.
"¿Me estáis hablando de Haruka?"
"¡Haruka! Qué nombre tan bonito... sigh le queda taaan bien..." murmuró Minako con la vista
perdida en el cielo.
Makoto también suspiró ilusionada.
"Pues sí, te hablamos del chico que hace un momento estaba contigo."
Ami se echó a reir ligeramente, luego más abiertamente, a carcajadas.
"¡¡Haruka! ¡Ja, ja, ja... si Haruka es una chica...!" la joven princesa de Mercurio no podía decir
nada más, se doblegó porque las carcajadas comenzaban a provocarle agujetas en el abdómen.
Makoto y Minako intercambiaron miradas confundidas.
"Ya te dije que no existían chicos tan guapos", le recriminó Makoto a su casi hermana.
"Da igual. A mi me parece muy guapa." contestó Minako con mirada enamorada.
Ami y Makoto se miraron la una a la otra y se encogieron de hombros.