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El moyashi, tal y como esperaba desde la primera vez que lo vi, era un completo inútil. Después del ataque de los jodidos akumas -y de que el enano fuera "atacado por sorpresa" por uno de ellos eso era lo que decía el pequeño inútil, pero yo sabía perfectamente que si había sido mordido era una mera consecuencia de su imbecilidad– había tenido que aguantarlo pegado tras de mí como si se hubiera convertido en mi sombra, lo que era completamente molesto, aunque sin llegar al nivel del conejo idiota, aunque ya se le acercaba.
Desde que lo habían mordido le realizaban constantemente exámenes en el precario laboratorio con el que contábamos en la orden para analizar algún signo de que mutara y se convirtiera en un akuma, pero ya habían pasado semanas y aún seguía siendo el mismo jodido moyashi, con su patético cabello de viejo canoso, sus ojos grandes y grises como el cielo contaminado que veíamos todos los días y con la misma apariencia de enano enfermo y moribundo, aunque también era cierto que estaba cada vez más desconcertante, estúpidamente amigable, entrometido, y la mayor parte del tiempo, molesto. Así era precisamente como estaba siendo ahora, una jodida molestia. Me encontraba practicando un poco de meditación para relajarme y no volverme loco por tener que lidiar con todos los inútiles de la orden a los que lamentablemente debía ver a diario, -o al menos eso intentaba- cuando sentí su presencia, más bien su mirada pegada a mi espalda.
Llevaba sintiendo lo mismo durante algunos días, cuando me encontraba practicando con mugen o intentaba meditar aparecía el jodido enano para estropearlo todo y cuando me volteaba a verlo solo sonreía en lugar de correr por su vida como el estúpido conejo, era desconcertante, por lo que intentaba no prestarle atención, cosa que resultaba prácticamente imposible, porque al parecer el enano también tenía complejo de acosador e insistía en hablarme y no paraba hasta que terminaba hablando con él. Solté un suspiro, diciendo adiós a mi intento de relajarme mientras me levantaba y caminaba hacia el enano que estaba sentado mirándome a una distancia de unos dos metros, cerca del tronco de un árbol, que era tan negro que parecía carbón.
–Tsk…–chasquee la lengua mientras me cruzaba de brazos a lo que el enano canoso soltaba una risa divertida –Dime de una vez que jodidos quieres, llevas así siete días seguidos, ¿por qué no dejas de joder de una vez por todas?
–Oh, ¿contaste los días?, no sabía que te importara tanto, ba-ka-n-da–Enarque una ceja a su comentario, sintiendo un ligero picor en las mejillas. El enano se levanto sonriente como un jodido payaso –Por cierto, deberías ampliar tu vocabulario Bakanda, podrías practicar conmigo y Lavi. El señor Bookman y Lavi me han enseñado mucho.
Me calle por un momento, no me interesaba aumentar mi jodido vocabulario, y menos acceder a estar más tiempo del que –lamentablemente- ya pasaba con el par de idiotas. Además, ¿En qué momento estaba con el conejo?, estaba prácticamente todo el día siguiéndome, aunque por mi pasara más tiempo con el imbécil y Lenalee; pero quizás de ser así se convertiría en un segundo conejo o en el juguete personal de la mujer, o en una mujer. No sabía que era peor. Sentí un escalofrío recorrer mi espalda –el que disimule– ante la mera idea de tener que lidiar con eso. Al final era mejor que siguiera siendo el moyashi que era.
–Deja de hacer el idiota y habla de una vez– le exigí, viendo como cambiaba su sonrisa de póker por un rostro más serio.
–De acuerdo…–respondió para luego suspirar y volver a quedar en silencio por unos segundos que parecieron siglos, ya estaba por largarme de allí, cuando volvió a hablar –Yo…, me gustaría, no, quería pedirte si podías enseñarme a pelear, digo…, para que no vuelva a tomarme por sorpresa una de esas cosas…
– ¿Los akumas…?–pregunte un tanto sorprendido, me daba la impresión de que había un motivo más profundo para que el inútil quisiera entrenar–Jeez, incluso entrenando seguirás siendo un inútil–note un rubor asaltando sus mejillas, a la vez que bajaba la mirada, mirándose el labio inferior notablemente nervioso. Entonces lo entendí. –Che. Debe ser una broma, ¿Quieres ser un exorcista?
–Tengo que ayudar en algo…no me fue muy bien con los buscadores–me dijo con una risita nerviosa. No tuve que decir nada para que me explicara porque, después de todo el moyashi tenía como hobby principal–además de ser un tragón, que estaba visiblemente en primer lugar- conversar horas y horas con todo el mundo– Me perdí, en el camino, no podía encontrarlo y perdieron tiempo buscándome, supongo que mi sentido de la orientación no es muy bueno…
–Tsk, entonces también serás una molestia como exorcista
– ¡Pero!, ¿Qué más podría hacer?, ¡además Komui-san dijo que era lo mejor!-se alejo un poco de mi, metiéndose demasiado en la conversación. Maldición, hubiera sido mejor ignorarlo, ahora no lo iba a poder callar. –Si me quedo en la cocina, dijo, me acabaría todas las reservas que tienen-comenzó a decir, enumerándome las cosas con sus pequeños y delgados dedos –Si me quedo con los de la sección científica me usaran de conejillo de indias,… –Alzo otro dedo, mientras bajaba la mirada apenado–Además el otro día intente ayudarles y termine con cabello de niña, no como el tuyo, pero aun así de niña…
–Moyashi…-le llame, susurrando cada letra con odio.
–Digo, ¡estaba todo con rizos! y luego Lenalee y Lavi…-alce una ceja cuando lo vi temblar ligeramente, imaginando por lo que había pasado con esos dos locos, mientras le mostraba una sonrisa burlesca. Seguramente había pasado ese maravilloso día en el que no me había topado con ninguno de los tres.
–Che, ya decía yo que eras una niñita moyashi
–¡ ¿Qué? No fue porque yo quisiera, no como tu Bakanda.
–Apuesto a que te vistieron de niñita, ¿te gusto ser su muñeca, moyashi? –le pregunte burlesco, ignorando lo que había dicho antes para seguir molestando al enano. Sonreí cuando lo vi entreabrir los labios con su rostro rojo como un tomate.
–No era algo que quisiera BA-KAN-DA, y hablo en serio, convertirme en exorcista es lo único que podría hacer, además Komui san dijo que sería útil porque al parecer no me afecta el virus ese de los akumas.
– ¿Y con qué los mataras?, esto no es un juego jodido enano, no es algo que hayamos elegido. Los akumas solo pueden ser aniquilados con la inocencia y la inocencia solo reacciona en algunas personas.
–Ya lo sé… Komui-san dijo que mi brazo tenía esa inocencia
– ¿Qué? –mire su brazo, cubierto por la camisa algo desgastada que llevaba y los mitones en sus manos. Jamás se me hubiera ocurrido que su brazo deforme tuviera inocencia. Lo mire detenidamente, ciertamente, ese enano no dejaba de desconcertarme.
Tarde algún tiempo en contestar, desconfiando del enano. Lo habíamos encontrado de una forma bastante peculiar, y parecía atraer akumas con facilidad; la primera vez que lo encontramos fue el primero en toparse con ese akuma, al cual yo había visto desde la distancia, recordaba ese día, iba a atacarlo cuando de repente empezó a correr con su cuerpo deforme en otra dirección y vaya, había ido directo hacia el moyashi. Luego en el ataque a la orden, también había llamado la atención de un akuma, lo que me parecía sospechoso, y a eso se le sumaba su brazo deforme y sus cabellos de anciano.
–De acuerdo. Ven aquí mañana, ahora ¡piérdete!–le conteste, dándole la espalda y esperando a por fin poder tener un momento tranquilo, libre de conejos estúpidos y moyashis molestos.
– ¡Muchas gracias Kanda! –le oí decir con su mirada más brillante que nunca, le vi hacer amagos de intentar abrazarme a lo que solo tuve que lanzarle una mirada para hacer que desistiera de ello. Al menos el si entendía, y ya no insistió, solo sonrío una vez más y se largo
–El moyashi no es tan molesto como el conejo, después de todo-susurre, mientras miraba el cielo gris, sonriendo.
Finalmente había conseguido que Kanda accediera a darme lecciones de lucha, cosa que me hacía sentir orgulloso de mí mismo, Lavi ya me había dicho que era algo complicado y que si quería podía entrenar con él y Lenalee, pero, yo quería que quien me enseñara fuera Kanda ¡y lo había logrado!, había conseguido que el gruñón de Bakanda aceptara y siendo sincero, estaba feliz, era la única vez que había estado verdaderamente feliz desde que había llegado a la orden; pues si bien sonreía a todo el mundo, habían muchas veces que no me sentía con ganas de sonreír, pero, ¿qué culpa tenían los demás de lo que había pasado?, además que todos eran muy amables conmigo, en especial al recibirme y Komui-san al guardar silencio junto con el equipo científico sobre lo de mi brazo deforme, así que lo mínimo que podía hacer era regalarles una sonrisa. Luego de lo de Kanda, no había visto ni a Lavi ni a Lenalee y a decir verdad no quería verlos hasta asegurarme que no habían conseguido más de esa botellita que rizaba el cabello, había tenido suficiente con la otra vez. Estaba volviendo a recordar esos temibles momentos cuando un escalofrío me recorrió la espalda y al mismo tiempo sentí una mano fría apretarme el hombro. La iluminación del lugar no era nada buena, por lo que suponía que ya era de noche, no había una gran diferencia con el día, solo que era aun más oscuro y el aire se volvía más denso, como si manos invisibles te apretaran el pecho cada vez que intentabas respirar. Trague saliva, apretando el candelabro que tenia entre mis manos, mientras sentía los latidos de mi corazón como un tambor cada vez más fuertes, aun así me arme de valor y me gire para encarar al dueño de la mano fría, solo que no me esperaba que este se me adelantara y antes de que me diera cuenta tenía su rostro pálido y ojeroso frente a mí, sus ojos queriendo escapar de sus cuencas. ¡UN FANTASMA!
-WAHHH-Retrocedí unos pasos mientras miraba al fantasma retorcerse como si estuviera desquiciado, luego de que lanzara ese grito estremecedor. ¿Los fantasmas podían gritar o volverse locos? No tuve tiempo para recordar las cosas que me había contado Lavi y otra vez tenía su monstruosa cara de fantasma frente a mí.
–AAAHHH-Grite y el mismo sonido de mi voz sonando unas octavas más alto de lo que normalmente hacia, solo contribuyo a ponerme más nervioso. Me cubrí la boca con mi mano libre, sintiéndome como un estúpido luego de escuchar cómo se disculpaba una y otra vez lo que había pensado era un fantasma y que sin embargo, era una mujer que parecía incluso asustarse de su propia sombra. Me sentía un tonto, cuando avance hacia ella, completamente avergonzado. Le tendí la mano, pues la pobre estaba arrodillada en un rincón oscuro rezando a tal velocidad que apenas se le entendía. –Disculpe…, en verdad lo lamento-le dije, mientras le tendía la mano, con una sonrisa apenada.
–Tsk, debí saber que tenias que estar envuelto en tanto alboroto-me regaño Kanda, que nos miraba a ambos desde el umbral de la puerta de forma despectiva, recargando su espalda levemente en el mismo.
–Kanda…-susurre, mirándolo embobado por un momento aun con la mano extendida hacia la dama, volviendo a la realidad al sentir que ella cogía mi mano; la ayude a levantarse, viendo como poco a poco se alzaba como un gran muro frente a mí, no es que fuera tan pequeño o un moyashi como decía Kanda, pero la mujer era mayor que yo y por eso obviamente más alta.
–Lo siento, ¡en verdad lo siento mucho!-volvió a disculparse la mujer, luciendo algo histérica. Le sonreí, diciendo que todo estaba bien y que no había sido su culpa, que esas cosas pasaban; me sentía extraño intentando calmar a una persona que era mayor que yo. Ella me dijo que se llamaba Miranda, había llegado hace poco al lugar y entonces se había perdido; él le sonrío, comentándole que a él aquello le solía pasar con frecuencia.
–Che, eso es porque eres un inútil-me gire a verlo con sorpresa, no esperaba que estuviera aun allí y mucho menos que interfiriera en nuestra conversación. Como si Kanda pudiera leerme la mente, me respondió a la muda pregunta. –Quita esa cara de idiota, ambos, si quieren hablar sus estupideces, háganlo lejos de mi cuarto, son molestos, largo.
–Esta debe ser la vez que te he oído hablar más palabras, Kanda, lástima que la mayoría de ellas fueran insultos-le comente, cruzándome de brazos.
– ¿Que hay con esa pose moyashi?-me pregunto con una sonrisa burlesca, haciéndome sonrojar, pero me mantuve en la misma posición, sabiendo que lo que fuera que iba a decir ahora serian insultos. –No hay forma de que un saco de huesos con cabellos de anciano pueda verse intimidante, si es lo que intentabas-me dijo, abandonando por fin su lugar en el marco de la puerta mientras avanzaba hacia mí. Fruncí el ceño, al verle sonreír con sorna, pues yo tenía que mirarlo hacia arriba, mientras él me miraba hacia abajo. No importa, algún día seré tan alto que podre pisarlo y entonces él será el moyashi.
Estaba tan distraído discutiendo con Kanda, que no note que Miranda estaba poniéndose cada vez más nerviosa; tampoco note que tiempo después llego un buscador, que la guio hasta su cuarto, y tampoco supe que antes de llegar a su cuarto la joven mujer había chocado con uno de los exorcistas, ni mucho menos que tiempo después se volverían tan cercanos que la nerviosa mujer podía actuar con naturalidad cerca de él.
Para cuando acabamos de discutir, el pasillo estaba vacío y silencioso, solo estábamos los dos. Busque con la mirada a la joven mujer, pero ya había desaparecido de mi vista, solté un suspiro, mirando molesto a Kanda, reprochándolo en silencio. Siempre que nos encontrábamos terminábamos del mismo modo: discutiendo. Discutíamos por cualquier cosa casi y cuando lo hacíamos era como si Kanda me contagiara sus pocos modales y entonces yo me volvía casi tan grosero como él; muchas veces cuando nos encontrábamos estaba hablando con alguien y acababa dejando de lado a esa persona, sin importar quien fuera, para ponerme a discutir con el japonés. Era como si su sola presencia me absorbiera por completo, haciendo que me olvidara de todo lo demás.
–Miranda se marcho por tu culpa, Bakanda-le dije finalmente, ya que el silencio que se había formado de repente me estaba poniendo incómodo.
–Che, seguramente aburriste a la mujer con tus estupideces.
–No entiendes, se suponía que la iba a llevar a su cuarto, se había perdido-le respondí, dando explicaciones sin necesidad de hacerlo.
–Jeez, como si hubieras podido hacerlo, tú eres el que siempre se está perdiendo, seguramente contigo habría terminado peor-me respondió y tenía que reconocerlo, tenía razón, pero jamás se lo reconocería con palabras –Además, ya se la llevo un buscador, estúpido moyashi.
– ¿Qué?-pregunte más para mi, sintiéndome avergonzado al notar que estaba tan ensimismado en discutir con el japonés que ni siquiera me había dado cuenta de eso, pero él si se había dado cuenta y ello, me hacía sentir un poco desanimado, sin saber porque.
–Ni siquiera te diste cuenta de eso y quieres ser un exorcista
–Oh, lamento no ser tan bueno como tú-le dije con sarcasmo –Pero ya no insistas, ya me decidí a ser un exorcista, no puedo ser otra cosa…., pero Kanda, si no quieres entrenarme solo dilo y le pediré a Lavi o a Lenalee que lo hagan, no tienes porque molestarte haciendo algo que no quieres hacer–le respondí, intentando disimular lo que sentía con una sonrisa.
Desde que le había pedido que me entrenara, hace dos días ya y durante el entrenamiento -que hasta ahora no había sido más que meditar, pues decía que tenía problemas de concentración y que no sabía cuando quedarme callado-estaba constantemente recalcándome una cosa u otra sobre mí que, según él, me hacían un imbécil si creía que podía ser exorcista, me había dicho que le hacía perder el tiempo y que de ir en una misión con ellos algún día, seguramente esa también sería mi última; siempre que me decía algo como aquello, le respondía algo de vuelta o lo ignoraba, pero en el fondo me dolía que me dijera esas cosas; también había notado que estaba más irritable que de costumbre o al menos, más que en los primeros días en que le había conocido. Pero solo se comportaba asi conmigo, como si hubiera hecho algo que le molestara, pues bien, si estaba asi porque no quería entrenarlo ahora le estaba dando la oportunidad perfecta para decirlo. La atmosfera se había llenado por un silencio incomodo, que parecía irrompible, mientras que miraba a Kanda ansioso por oir su respuesta, pero el no se daba por enterado, manteniendo una expresión seria, al parecer demasiado absorto en sus pensamientos como para saber que el tiempo seguía corriendo, mientras el callaba.
Antes que nada, perdón por la larga tardanza,
Me ha dado una tendinitis horrible, que aun me tiene los dedos como si los jalara un titiritero
e_e, espero que les haya gustado el capitulo. Como siempre les agradecería sus críticas, comentarios, ideas, quejas, o lo que sea XD
Mil perdones, y gracias a las personas que aun leen este fic, lo escribo por ustedes n.n
