Chapter IX : CIUDAD DE DITE : Sepulcro de fuego
Ha llegado el día definitivo y estoy empapado por el sudor de la noche, no se a que hora concilié el sueño, pero las pesadillas hicieron presa de mis cortas horas de reposo, fatigado cuando debería de tener fuerza, pero esto no puede detenerme; como de costumbre ha sonado el despertador y con mis colegas nos dirigimos a la rutina del desayuno, luego de refrescarme un poco la cabeza y tratar de alejar las imágenes dolorosas y espeluznantes de mis pesadillas, comenzaba a servirme, pero mis ojos desviaron la atención del tazón para seguir una visión ciertamente aterradora, es la primera ocasión que veo al General con un traje diferente al de las instalaciones, mas parece una armadura de batalla, oscura como las nubes de tormenta, desde la cintura a los tobillos, se movían pesadamente aquella extensión de la capa con los bordes metálicos, al igual que muchos otros detalles de sus guantes y peto, si antes daba miedo con su mirada, ahora mis rodillas comenzaron a estremecerse sin que me mirase, parecía un demonio al que todos temían, las cabezas de los vestidos de blanco se inclinaron al unísono, se escucharon rechinar las sillas del pabellón vecino y el redoble de las pisadas con el saludo, nadie osaba mirarle a los ojos, me di cuenta que había entrado a su recinto cuando el mismo aire cambió.
Sentí mis pesadillas como una advertencia, mis manos temblaban cual si hubiera visto mi muerte, mi respiración estaba agitada y mi rostro pálido; pero en un breve momento de valor, recordé qué día era hoy y ladeé varias veces la cabeza para poner la mente en claro y dar razones a esa vestimenta.
-Hoy hay cambio de personal, lógicamente tiene que estar con su traje militar para ir a recibir a los reemplazos- musité para mí de tal forma que mis colegas sólo me vieron susurrar, sin preguntar – todo saldrá bien, nada puede fallar, todo está calculado al detalle- repetía en silencio tratando de convencerme, hasta que miré al frente y me retiré sin terminar el desayuno.
Refresqué un poco mi rostro con agua fría, miré mi reflejo "hoy es el último día en este infierno", me di un par de palmadas y fui a dar inicio al plan que comenzaría en pocos minutos.
Afortunadamente, no había sospechas, terminé de unir el programa para anular las jaulas y los collares y lo programé para las cuatro y treinta de la tarde, me retiré con mis colegas para el almuerzo sin dejar de mover mi pierna izquierda por la impaciencia y/o el miedo. Ingresamos a la sala de simulacros para ver el inicio de la prueba y como pensé luego de un par de horas, se notaba que los muchachos sabían muy bien como dilatar las cosas, ya era hora y me retiré al tercer nivel a vigilar las pruebas de Another K' y Hiel, todo marchaba sin problemas, hasta el momento, ni siquiera vi al comandante o al capitán, como supuse estarían a cargo de toda la instalación y seguro el General ya no está presente, así que están ocupados en lo que es la organización de los guardias y el control de la seguridad externa, por suerte, estas pruebas de poder han llegado a ser rutina, así saben que no necesitan vigilarme y con sólo dos guardias en la habitación, no es problema seguir con el plan.
A las cuatro y veinticinco, comenzó a fallar la maquinaria y los equipos de las pruebas de poder, un par de alarmas sonaron en la habitación y la sala de control mientras las chispas saltaban, las luces parpadeaban y los guardias preocupados se acercaron a mi, entre asustados y furiosos, uno llamaba por su comunicador a un equipo para que venga a ayudar, mientras el otro me veía actuando desconcertado, nervioso y temeroso cual niño frente a un accidente, mi actuación fue convincente pero mucho más hacían Hiel y Another K', que al momento en que ingresaron más guardias sólo se escuchaban sus gritos y el fuego en conjunto con un cristalino sonido; entre la agitación me sujetaron bruscamente y me sacaban de la habitación al tiempo que hablaban desesperados por el comunicador.
-Ya activé la medida de emergencia -
-Lo pondré en resguardo-
-No les afectan los collares!-
-Ya están en camino dos escuadrones a cada nivel!...maldición!- Fue la última palabra que dijo uno de ellos.
El caos crecía, pues sólo escuchaba los gritos, disparos y la destrucción; me dejaron en la puerta del elevador que marcaba el nivel uno y no bajaba -seguro Nao y el resto ya deben estar ahí- murmuré suavemente mientras los observaba correr y acomodarse en la puerta de entrada esperando en caso de que alguien ingresara desde la sala, pero el temor se sentía cada vez más – Cómo? No es posible! también en el cuarto nivel?, que demonios está sucediendo?!- gritaba uno de ellos para terminar con un golpe seco a la pared y al verlos en desesperación recordé a mis colegas, mi conciencia comenzó a castigarme, escuché el suave timbre del elevador que descendía, en un impulso de valor lo detuve e ingresé en el sin que se den cuenta – seguro que se irán a refugiar a las habitaciones, debo sacarlos de alguna forma- pensaba y mientras descendía se abrieron las puertas en el cuarto nivel e ingresaron a quienes venía a rescatar, con varios guardias más, se dirigían con nosotros al último nivel -No debí venir- ya comenzaba a arrepentirme de mi decisión, pero tras meditar un poco, no podía abandonarlos, pues compartíamos razones similares para seguir adelante, aunque ellos ya habían perdido casi por completo la esperanza.
Con gritos y empujones, nos llevaron a las habitaciones, "ocúltense" fue lo último que dijo uno de los guardias y se acomodaron en el pasillo mientras los demás dispuestos al combate apuntaban al ascensor que se elevaba con unos pocos que irían a ayudar. Tenía miedo, debí aprovechar y subir al primer nivel, seguro ya estaría más cerca de salir y no rodeado de los que trato de evitar, pero no podía dejarlos a mis colegas aquí, trataba de pensar en alguna forma de escapar, pero la única manera sería que Nao se percatase de mi ausencia y viniera en mi búsqueda, es la única opción, me aferraba a esa última y única esperanza en el rincón más pequeño y alejado de la habitación, casi abrazado con mis colegas, hasta que tras varios minutos, escuché disparos, gritos y el incomparable sonido que tiene el fuego; todo ello desde el pasillo, ya casi respiraba aliviado creyendo que escucharía la voz de Nao o Aika llamándome, pero el fuego no se detuvo, comenzó a rodear la habitación, con furia arrasaba con todo entre gritos y golpes, cuando temblando vimos una sombra acercarse hasta nosotros; miré con firmeza y esperanza por un espacio en la cortina, pero quien apareció no fue Nao ni Aika, su traje brillaba con el fuego de su mano al igual que sus ojos, mientras se agitaban sus rojizos cabellos, miraba en nuestra dirección con odio, claramente nos culpaba de todo, miraba sus ojos que se acercaban. Acepto el destino que tengo ahora, el mismo de todo este lugar, el de esta ciudad Dite con sus condenados, el fuego brilló con fuerza y ahora suspiro, porque pronto arderé.
