Hola chicas, ya de vuelta de la convención. Un lujazo haber conocido a Lana, a Rebeca, a Beverly, a Sean, en fin, a todos.

Capítulo 10

«¿Podemos dormir juntas esta noche?» sugirió Regina, mientras distribuía besos por los hombros de Emma «¿Quieres?»

«Claro que quiero…» respondió Emma, y se giró para mirarla. Con sus pestañas obscenamente grandes, encaró los ojos castaños fijos en los suyos.

«¿Por qué me miras así?» indagó Regina

«Creí que solo sería un encaprichamiento…nunca imaginé que pasaríamos un tiempo significativo juntas»

«He sido una idiota contigo, ¿verdad?»

«Sí, lo fuiste»

«Pero en mi defensa quiero aclarar que tenía miedo de sentir por ti lo que ahora siento»

«¿Y qué sientes ahora?» preguntó Emma, estudiándole el rostro con expresión serena

«Siento la mayor de las felicidades…siento un amor que jamás he sentido por nadie»

«¿Y eso es bueno?»

«Es aterrador…pero es muy bueno…» Regina murmuró, deslizando la mano abierta por el abdomen de ella

Emma cerró los ojos ante aquella caricia. Su corazón latía tan fuerte en el pecho que casi le robaba el aire. De repente, sus ojos se abrieron y una expresión de dolor y de la placer se formó en su rostro cuando las uñas de Regina la arañaron en la barriga.

«Deseo marcar todo tu cuerpo…» dijo, arrastrando su lengua sobre las marcas enrojecidas que sus uñas acababan de provocar «También quiero tus bruscas caricias marcando mi cuerpo» añadió, mordiéndole la pálida piel.

«Yo…» Emma balbuceó, incapaz de formular una sola palabra

«Me gusta pensar en ti tomándome con fuerza…por cierto, deberías usar un uniforme de policía»

«¿Puedo saber por qué?»

«Porque finalmente haría realidad una de mis fantasías» confesó

«¿Eso quiere decir que usted, señorita Mills, tiene fantasías?»

«¡Oh, sí, muchas! Y no veo la hora de realizarlas contigo»


«¿Dónde está Regina?» preguntó Henry, mientras se sentaba a la mesa junto con Cora

«Dejó dicho que dormiría en el apartamento de Ruby» dijo ella, y la expresión suave de su rostro desapareció súbitamente.

«Regina está pasando más tiempo con esa chica que en casa. Ni al taller ha ido» murmuró él

«Sé que estás preocupado por lo que es Ruby, pero solo son amigas…amigas desde hace tiempo» intervino Cora

«Aún así. ¡Ya he tragado con esa estúpida profesión que escogió, pero no pretendo tolerar ningún tipo de desviación en su comportamiento!» dicho eso, se levantó de la mesa.

Encerrado en el despacho de la mansión, Henry intentó cambiar de pensamiento y centrarse en la próxima conferencia que tendría, pero el simple hecho de imaginar a su hija en una relación amorosa con otra mujer le quitaba el sosiego. Ruby era, sin duda, una buena persona, educada y de optima situación financiera, pero ni todas las cualidades del mundo harían que la aceptara como "compañera" de Regina. Atormentado por sus propias suposiciones, marcó el número de su hija, pero ella no atendió.

«¿Sidney?»

«Señor Senador. ¿A qué debo el honor de su llamada?»

«Necesito tus servicios y tu total discreción…»


La luz del sol que atravesaba las pequeñas rendijas de la persiana mal cerrada despertó a Regina de una de las mejores noches de sueño que había tenido en las últimas semanas. Se sentó en la cama, y se tapó hasta el pecho con el edredón, mientras se apoyaba en el cabecero. Aún somnolienta, sus ojos recorrieron el cuarto buscando a Emma, y como no la encontró, fue a levantarse, pero se detuvo en el exacto momento en que la puerta se abrió y los ojos verdes, que la habían hechizado desde el primer momento, se cruzaron con los suyos.

«Pensé que te habías marchado» dijo, apretándose contra el pecho el cobertor

«¿Y perder la oportunidad de mirar esa carita linda que tienes al despertar? Nunca» dijo Emma, acercándose a paso lento.

Mordiéndose el labio, visiblemente avergonzada, Regina sonrió tímidamente.

«¿Dónde estabas?»

«Preparando nuestro desayuno. ¿Tienes hambre?»

«Un poco…Y necesito vestirme…»

«Vístete»

«¿Delante de ti?»

«Si no recuerdo mal, ya te he visto sin ropa más de una vez. ¿Por qué esa vergüenza?»

«No tengo vergüenza»

«Eres hermosa» dijo Emma, sentándose a su lado

Emma, colocando su mano bajo su mentón, atrajo su rostro con toda la delicadeza del mundo hacia el suyo. Rozó sus labios con los de ella suave y apasionadamente. En seguida, le besó el cuello, deslizó la boca por el hombro dejando que sus dientes rozaron su delicada piel.

«Emma…» murmuró Regina, casi derritiéndose ante aquella caricia.

Una de sus manos se cerró alrededor de los cabellos rubios, recogidos en una cola de caballo, mientras la otra sostenía el cobertor sobre su pecho. Al darse cuenta de que intentaba esconder su cuerpo desnudo, Emma le apartó la mano, haciendo que el cobertor cayera, deslizando por sus pechos.

Sin ninguna clase de ceremonia, Emma comenzó a acariciar los pechos expuestos. Sus labios capturaron los de ella, esta vez, en un intenso beso.

«Me vuelves loca…» susurró Emma, y al hacer mención de ir a desnudarse, Regina la interrumpió

«¡Ni lo pienses, señorita insaciable!» exclamó, volviendo a cubrir su desnudez «Necesito un baño y un gran desayuno» añadió, en tono divertido.

«Muy bien…voy a terminar el desayuno entonces. No tardes» dijo Emma, y tras un fugaz beso, se marchó.

Tras el baño y una vez vestida, Regina se dirigió a la sala donde Emma la esperaba. El verano estaba a punto de acabar y con el sol descendiendo en el horizonte, tomaron el desayuno en la terraza. Emma, cerrando los ojos por unos instantes, intentó aferrarse a aquel momento, pero sus pensamientos se veían atormentados por algo que no estaba acostumbrada a sentir: miedo.

En general, Emma no tenía miedo a nada, pero ahora, se sentía sometida por esa sensación desde que Regina le había confesado su recelo en hacer pública su relación. Emma estaba segura y dispuesta a sacrificar cualquier cosa para estar juntas, pero no sabía si Regina sería capaz de hacer lo mismo.

«¿En qué piensas?» preguntó Regina

«Estoy pensando en si aceptarías cenar conmigo esta noche» dijo Emma, y enseguida captó el cambio de comportamiento

«Emma, ya hablamos de eso y…»

«No es en un lugar público. Es en mi apartamento, bueno en el de mi amiga»

«No sé si es una buena idea…»

«Ir al apartamento de tu amiga Ruby es una buena idea, pero al apartamento de mi amiga, no, ¿es eso?»

«¿Por qué te exaltas? ¿Estás enfadada?»

«No estoy enfadada. Solo que no veo justo que las cosas siempre sean a tu manera»

«Disculpa, mi amor» dijo Regina, agarrándole el rostro entre sus manos «Cenaremos juntas esta noche, y si quieres, también podemos dormir juntas»

El toque reconfortante calmó los pensamientos de Emma, y soltando el aire, sonrió.

«¿Y tus padres?»

«Yo me entiendo con ellos…»

Ya pasaba de mediodía cuando Regina, finalmente, llegó a su casa. Cora estaba acomodada en el enorme sofá, entretenida con una revista, mientras Henry se había retirado a su despacho.

«Mamá, buen día» dijo ella, dándole un beso

«Buenas tardes querrás decir» respondió Cora, devolviéndole el saludo «Tu padre no está muy contento con tus "salidas" junto con Ruby»

«Lo siento mucho, pero no dejaré de ser su amiga por la incomodidad de papá. Por cierto, ¿ya salió?»

«No, está en el despacho charlando con Robin»

«¿Robin? Pero…»

«¡Hija, qué bien que has llegado!» dijo Henry acercándose a paso ligero «Te llamé y no lo cogiste, me preocupé»

«Mi móvil estaba en silencio, papá» dijo ella, saludándolo con un beso «¿Cómo estás, Robin?» preguntó, mirándolo

«Aún esperando tu llamada…»

«Cora, vamos a dejarlos solos»


«¿Entonces? Quedaste en llamarme y hasta hoy nada» dijo Robin

«Robin, voy a ir directa al grano» dijo ella, suspirando «Lo que hubo entre tú y yo acabó»

«Pero no hubo nada entre nosotros. Me has dado largas todo el rato»

«Está bien…Corrijo mis palabras. No hubo ni habrá nada entre nosotros porque no siento nada por ti»

«¿Estás con alguien, Regina?»

«No creo que eso sea relevante»

«¿Qué puedo hacer para tener tu amor? Hago cualquier cosa…»

«No quiero que hagas nada porque no hay nada que hacer. Así que, por favor, no me busques más» dicho eso, Regina se levantó y subió a su cuarto, dejándolo desconcertado tras ella.

Tras algunos minutos perdida en sus pensamientos, Regina se cambió de ropa, se retocó el maquillaje y se estaba preparando para salir cuando Henry la detuvo.

«¿A dónde vas?» preguntó él

«Para el taller, papá»

«¿Desde cuánto te llevas equipaje para tu taller?»

«Esta noche dormiré en el apartamento de Ruby y…»

«¡De ninguna manera!» la interrumpió «¡Pasas más tiempo con esa chica que en tu propia casa! ¡Casi no has ido al taller porque ahora tu vida se resume a pasar las 24 horas del día con una…bollera!» añadió en tono exaltado, usando aquella designación peyorativa que se les daba a las lesbianas.

«¡Henry!» Cora lo reprendió

«¡Soy mayor de edad y pasó las 24 horas con quien me plazca!» rebatió Regina

«¡No mientras vías bajo mi techo y a mi costa!»

«¡Henry, por favor!» Cora, una vez más, intervino

«¡No vivo a tu costa porque tengo mi trabajo y mi propio dinero! ¡Y en cuanto a vivir bajo tu techo, no te preocupes, hoy mismo me marcharé!» exclamó Regina, y al ir a retirarse, Henry la agarró por el brazo

«Perdón, hija…perdón» dijo él, suspirando «Solo estoy preocupado por ti. Por favor, perdóname»

«No hay razón alguna para preocuparse. Ruby es mi amiga, no es ninguna delincuente y…»

«Están hablando de las dos por ahí y por eso me alteré»

«¿Hablando de nosotras dos? ¿Quién?»

«Ayer un amigo prácticamente afirmó que tú tenias un relación con otra mujer. Y como a todo padre no me gustó lo que dijo, porque no es esa vida la que quiero para mi hija…mi única hija»

Tragando en seco, Regina se tambaleó hacia atrás. Sabía que tenía que tomar mucho cuidado. La ausencia de una respuesta rápida pareció confirmar lo que decía Henry, y temiendo que la situación se agravase, Cora quebró el silencio.

«Son solo chismes, Henry» dijo ella «Se aprovechan de la orientación sexual de Ruby para denigrar la reputación de nuestra hija»

«Ruby y yo solo somos amigas, papá. Nada más. Ahora si me permites, tengo que salir» dicho eso, Regina se marchó

A paso lento, Henry se acercó al sofá y aún nervioso por aquella conversación, se sentó. Hasta ese momento aún no había tenido noticias del amigo detective que había contratado para que siguiera los pasos de su hija, y a pesar de la ansiedad, no deseaba aquella visita.


«Hola…» dijo Regina, en cuanto la puerta se abrió

«Hola, entra» dijo Emma, claramente sorprendida «Pensé que solo vendrías a la noche» añadió, cerrando la puerta tras ella

«Si estás ocupada, vuelvo más tarde»

«No, no estoy ocupada. Es que dijiste que irías al taller esta tarde»

«Ese era el plan…pero discutí con papá y he perdido la concentración»

«¿Quieres hablar de eso?» preguntó Emma, rodeándole la cintura con sus brazos

«No…quiero aprovechar el tiempo cuando estoy contigo…»

«No hace ni tres horas que nos vimos y ya me echas de menos, ¿señorita Mills?» dijo Emma, en tono malicioso y de broma

«Me vas a decir que tú no me echas de menos…»

«Claro que sí. Te echo mucho de menos…» dijo Emma, deslizando cariñosamente sus manos por su cintura «Echo de menos tu cuerpo a mi lado, en todo instante» añadió, humedeciéndose los labios al mismo tiempo que la abrazaba con más fuerza.

«Hazme el amor, Emma…ahora»

Antes de recibir cualquier respuesta por parte de Emma, Regina pasó sus brazos alrededor de su cuello y la atrajo hacia su boca. Un deseo incontrolable y sofocante emergió entre ellas como cada vez que hacían el amor, volviendo el beso igualmente feroz y posesivo por ambas partes. Con los labios aún pegados a los de ella, Emma la tomó en brazos y la cargó hasta la habitación. A Emma, que iba tropezándose con todo, no le importó tirar su portátil al suelo para acomodar a Regina sobre la mesa.

«Te amo…te amo, Regina…» gruñó Emma, colocándose entre las piernas de ella, su mano hundiéndose debajo de su falda.

«Así…poséeme, hazme tuya…» murmuró Regina, jadeando de placer cuando vio cómo sus bragas eran arrancadas de su cuerpo.

Emma le cubrió la carne caliente con la mano, y segundos después, deslizó dos dedos en su interior, mientras el pulgar hacía círculos en su clítoris. Con la respiración pesada y los dedos entrando y saliendo de Regina, Emma casi se corrió con sus jadeos, y enloquecida de tensión, la besó otra vez.

Empujándola hacia el borde de la mesa sin que los dedos detuvieran la deliciosa estocada en su sexo, Emma se puso de rodillas y ahora su boca sustituyó a sus dedos.

Al primer toque de los labios de Emma en su intimidad, Regina arqueó la espalda. Una de sus manos se agarraba al borde de la mesa, mientras que con la otra se masajeaba sus propios pechos.

«No pares, Emma…por favor, no pares…» pidió, jadeando, moviendo la pelvis hacia el encuentro de su boca.

La ronquez de su voz pareció destruir lo que quedaba de autocontrol en Emma, lanzándola a una violenta exaltación, incitándola a penetrarla con sus dedos rápida y furiosamente. En éxtasis, Regina irguió el cuerpo y empujó su rostro hacia su empapado sexo. En respuesta, Emma gimió y el profundo y erótico sonido resonó, chocando con la sensible carne de Regina, llevándola al límite del placer, sacudiéndose su cuerpo por un violento orgasmo.

Pasaron pocos segundos hasta que Regina recuperó el aliento. Con el adictivo sabor de ella en su lengua, Emma la atrajo a un beso mientras la conducía a la cama.

«¡No» exclamó Regina, al darse cuenta de que Emma pretendía acostarla en la cama «Ahora es mi turno para darte placer» dijo, mientras le desanudaba el lazo del chándal que Emma llevaba.

Había convicción en el tono de su voz y la exigencia que rodeaban esas palabras hizo que la intimidad de Emma palpitara de deseo.