DISCLAIMER: Los personajes le pertenecen a JK Rowling y a WB TM

CAPÍTULO DIEZ

"Siete Pruebas"

Por: TlalGalaxia

Nunca había escuchado al reloj marcar los segundos tan claramente como lo hacía esa noche. Nunca el movimiento del engrane que le daba vida al segundero, había sido tan notorio tampoco. Cansada de escuchar el tic-tic como si se tratara de un goteo constante, Hermione se dio vuelta en la cama cubriéndose la cabeza con la almohada. No iba a pensar en eso. No iba a perder su tiempo una vez más en eso. Si Harry quería ir a buscar su muerte para cumplir un estúpido duelo, allá él ¿Qué le importaba a ella de todas formas?

Recordó las palabras de su supuesto tío abuelo en la ceremonia de inauguración de esa mañana. Hablaba del orgullo que el ganador de la prueba debía sentir y de pronto le pareció que tanto Harry como Draco se dedicaban una sonrisa a pesar de estar a lados opuestos del gran comedor. Tuvo que recurrir a toda su fuerza de voluntad para no gritar la verdad a todo pulmón. A Ron no quiso ni mirarlo, ese traidor, cobarde… una vez más dio vueltas en la cama apretando los ojos ¿Qué hora era? Involuntariamente había seguido los tic-tacs, seguro ya pasaba de las once. En pocos momentos daría lugar el reto de esos dos cabezas huecas ¿Y qué iba a hacer ella? Quedarse ahí, quizá cruzar los dedos y esperar ¿Pero esperar a qué?

Hermione se reincorporó de golpe sentándose en la cama. Acostumbrada a la oscuridad miró con facilidad la hora que marcaba el reloj en su mesita de noche. Eran las once y quince minutos, todavía estaba a tiempo si es que iba a hacer algo. Dudó por unos instantes pero llegó a la conclusión de que si lo pensaba demasiado solo perdería su tiempo, al final, estaba segura, iría de todas formas. Y lo mejor era hacer más bien temprano que tarde.

En cinco minutos ya estaba vestida con uno de los vestidos que McGonagall le había regalado en su primer día fuera del orfanato, colocó rápidamente la varita en el bolsillo pequeño al frente del mismo y abandonó el dormitorio de las chicas de la forma más silenciosa que pudo. Una vez en la sala común miró de reojo la entrada de los dormitorios de los chicos. No sabía si Harry y Ron ya se habían ido pero no podía perder el tiempo en eso. Lo mejor que podía hacer era ir al lugar de los hechos ella misma y esperar a que alguno llegara. Tal vez si tenía un momento a solas con Draco, podía persuadirlo de desistir de alguna manera.

Caminó cautelosamente a lo largo de los pasillos. Sabía que a esas horas Filch rondaba por ahí y que no importaría de quién fuera pariente. Eso no la salvaría del castigo. Pero más que al castigo, a lo que Hermione le temía era a esa mirada estricta y decepcionada de la profesora McGonagall ¿Cómo le iba a explicar lo que andaba haciendo sin revelar el secreto que había prometido no revelar? Hizo alto en cada esquina, estuvo al tanto del movimiento más pequeño. Había aprendido un hechizo que opacaba sus colores para disimularse en la oscuridad, pero cada que pasaba por una antorcha, tenía que correr lo más rápidamente posible ya que el hechizo no era efectivo bajo ningún tipo de luz.

Cerca del lugar del encuentro, escuchó las voces hacerse más claras conforme avanzaba en esa dirección. Volvió a ocultar su presencia en los rincones más oscuros y se dio cuenta que ya habían llegado ahí los cinco agraviados.

-¿Seguro que Filch no vendrá?- quiso saber Harry.

-Está muy ocupado con Peeves y el Barón en los calabozos.

Hermione se sintió un poco decepcionada luego de toda la cautela que había procurado en su recorrido. No había contado con que ese grupo de rompe-reglas tendrían resuelto hasta eso con tal de cumplir su cometido. Aunque ciertamente debió haberlo imaginado. Aparte de Harry estaban Ron, Crabbe y Goyle (aunque casi nunca estaba segura de cuál era cual). Tomó un hondo respiro y esperó unos instantes. Si iba a hacer algo, ahora era cuando.

-¿No creen que ésta broma ha ido demasiado lejos?

Ni siquiera ella misma pudo creer las palabras que había pronunciado hasta que vio las expresiones en los rostros de los niños al girarse a mirarla. Posiblemente Draco había sido el más impresionado al perder el poco color que le quedaba en las mejillas.

-Dumbledore…- susurró rechinando los dientes.

-Les daré solo una oportunidad,- agregó ella cobrando valor y colocando ambas manos en jarras,- si se van ahora a la cama, no se meterán en problemas.

El rostro de Draco se contrajo en una mueca que parecía de caricatura. Crabbe y Goyle parecían incluso más tontos de lo normal. Hermione intentó no parecer demasiado satisfecha pero fueron Harry y Ron quienes la observaban incrédulamente.

-¡Por supuesto que no dirás nada!- espetó Harry cruzando los brazos frente al pecho.

La mirada de Harry y la de Hermione se encontraron en un duelo silencioso. Ella arqueó la ceja en descontento, Harry arqueó los labios formando una sonrisa de satisfacción mientras que Ron paseaba la mirada de un lado al otro con la boca abierta no muy seguro de la postura que debía tomar. La amenaza de Hermione le había parecido muy convincente a pesar de que Harry y la misma Hermione le habían confirmado que ella no podía decirle nada a su tío abuelo.

-Harry ¡Por favor!

El cambio de estrategia era notorio. Hermione había pasado de su tono imperativo a uno de súplica y desesperación.

-Hermione, regresa a la torre… quien se meterá en problemas serás tú.

-¡No me digas qué hacer! Ya no somos amigos ¿Recuerdas?

Ahora era Draco quien los observaba discutir. Estaba confundido al igual que Ron o tal vez un poco más. En el fondo, Hermione le caía tan mal como Harry. Y si ella hubiera tenido alguna habilidad para el Quidditch como el otro mequetrefe, seguro la odiaría con la misma fuerza. Además, los Potter y los Malfoy no habían sido de los mejores amigos luego de la caída del señor Oscuro. Y su padre habría estado muy decepcionado si no lo hubiera enfrentado a la menor provocación. Y ahora se peleaba con la sobrina de Dumbledore… ¿Podría él intentar ser amigo de una Dumbledore? Seguro que sí, si no fuera tan odiosa y metiche…

El plan original solo era en contra de Harry y Ron, en contra de Ron porque su familia tampoco era del tipo ejemplar y ahora simplemente por ser amigo de Potter. Pero ahora que ella estaba ahí ¿Qué más podía hacer? Si ella se quedaba fuera podía ir a acusar antes de tiempo. Incluso podía declarar lo que había pasado y entonces sí estaría en problemas. Consideró por un instante echarse para atrás y solo abandonar el lugar. Pero todo había marchado perfecto hasta ese momento ¿Cómo desperdiciar la oportunidad?

Arqueó una ceja y miró a Crabbe y a Goyle mientras que Potter y Dumbledore seguían discutiendo.

-… puede que no pueda decir nada pero puedo obligarte…- decía Hermione impusando su cuerpo al frente y as manos aún en las caderas.

-Eso quiero verlo…,- refunfuñaba Harry arrugando las cejas detrás de sus gafas.

Con un ademán de su cabeza levantó la barbilla y sus compañeros de clase rodearon a los chicos de Gryffindor, abrieron la puerta de la prueba y Draco extrajo su varita antes de que nadie más reaccionara.

-¡Expelliarmus!

El rayo rojo de su varita casi aturdió a los tres chicos de Gryffindor. Y antes de que pudieran despabilarse, escucharon la puerta se cerrada una vez más y era asegurada por fuera.

No debieron pasar ni cinco minutos cuando Harry sintió un pinchazo en la pierna. En primera instancia creyó que se trataba de su cuerpo al desentumirse pero al incrementar el dolor que ese pinchazo le ocasionaba, Harry abrió los ojos para encontrarse con terror a una enorme salamandra cubierta en llamas a sus pies. Encogió las rodillas y buscó torpemente dentro de su túnica mientas comenzaba a gritar los nombres de sus compañeros. Ron tenía una demasiado cerca también pero Hermione, quien había recibido el impacto con más fuerza debido a su menudo cuerpo, se encontraba en una zona mucho más lejos y parecía haberse golpeado demasiado fuerte ya que seguía inconsciente.

Ron se despertó tan sobresaltado como Harry al ver a la enorme lagartija anaranjada que expedía llamas amarillas. El grito que emitió se escuchó sobre el sonido ensordecedor de las llamas expulsadas por las bestias y al ver que Harry estaba varita en alto, imitó el gesto a pesar de no tener idea de lo que iba a hacer con ella.

-¡Despierta a Hermione!- le dijo Harry haciendo una floritura con la varita y dirigiéndola a la salamandra más cerca de sí,- ¡Glaciare!

Un humo azul salió de la varita pero al hacer contacto con la bestia, comenzó a crujir y ésta se tornó en un color cristalino. Ron contempló con la boca abierta pero Harry le hizo ademán para que obedeciera lo que le había pedido mientras que se encargaba de la otra salamandra que amenazaba a su pelirrojo amigo. No eran tantas como para no poder hacerse cargo de ellas, pero sí eran más que suficientes para un solo chico que de reojo quería comprobar que no había cometido la estupidez de hacer que mataran a la sobrina del director.

-Hermione…- le dijo Ron sacudiéndola para que despertara pero la niña parecía estar en un sueño profundo,- ¡Harry! ¡No reacciona!

Harry corrió en su dirección ignorando al par de salamandras que todavía le quedaban. Ron empuñó la varita en alto dejándolo que se acercara. Cuando la primera flama fue arrojada en su dirección, Ron reaccionó casi al instante.

-¡Protego!

Era el hechizo escudo que había perfeccionado en las semanas que todavía practicaban con Hermione. Harry se inclinó hacia la chica y tocó su frente con la punta de la varita.

-¡Enervate!

Harry había aprendido ese hechizo de su madre incluso antes de entrar a Hogwarts. Se lo había enseñado para que lo usara solo en caso de una emergencia en casa. Hasta entonces solo había usado la varita de su madre para practicar y no lo había visto funcionar hasta entonces. O por lo menos esperaba que funcionara.

Los ojos de Hermione parpadearon rápidamente antes de reaccionar del todo. Lo primero que detectó fueron los ojos verdes que la observaban mortificadamente detrás de las gafas ocasionándole una sonrisa que carecía de justificación. Luego entró en estado de alerta al notar el rugir de las llamas que Ron seguía desviando con su hechizo escudo. Hermione se puso de pie y buscó la varita en el bolsillo de su vestido pero comprobó sorprendida que ya no estaba ahí. Miró a su alrededor pero no la encontró cerca de ningún lugar.

-¡Mi varita!

Harry la ayudó a buscarla como buen buscador de Quidditch que era, pronto le detectó cerca de la puerta y para llegar allá debía pasar por dos o tres salamandras que Harry había congelado pero cuyo hielo ya comenzaba a derretirse. No pasaría mucho antes de que volvieran a la normalidad y lo mejor que podían hacer era salir de ahí de inmediato.

Harry extendió la mano y llamó el único hechizo que le vino a la mente pero que jamás había hecho bien.

-¡Accio varita!

Lo intentó un par de veces más pero comprobó que todavía le faltaba práctica para lograr algo como eso. Ron siguió haciendo su hechizo escucho y caminó en esa dirección mientras que Harry congelaba a otra de las salamandras. Se estaba volviendo más efectivo en ese hechizo y ahora le tomaba menos intentos sacarlo bien. Utilizó su mismo cuerpo como escucho para la niña que ahora se apretaba a su cintura como si su vida dependiera de ello. Pero claro, lo que pasaba era que su vida en verdad dependía de ello.

-¡Glaciare!

-¡La tengo!- gritó Ron desde el otro lado de la habitación.

-¿Crees que puedas abrir la puerta?- inquirió Harry cada vez más confiado de sus habilidades.

Hermione se sintió pequeña detrás de él. Inútil ¿Cómo es que alguna vez había creído que podía ser mejor que él? ¿Por qué había sentido tantos celos de sus habilidades si lo que él podía hacer era mucho más genuino que lo que ella jamás haría?

-No, Malfoy la cerró por fuera,- renegó el chico acercándose poco a poco a los otros dos.

-Debemos salir pronto de aquí, entonces- sentenció Harry apretando la mano de Hermione que seguía prendida de su cintura,- ¿Te sientes bien?

Hermione tardó en comprender que le hablaba a ella y se sintió sonrojar antes de asentir nerviosamente. Sin dejar que lo soltara, levantó la varita en dirección a las salamandras que cada vez duraban menos tiempo congeladas y caminó hacia atrás en dirección de la otra puerta. La puerta que en lugar de llevarlos afuera, los llevaba más adentro de la prueba. Una vez del otro lado, la puerta que habían cruzado desapareció. Ahora era definitivo, no había vuelta atrás.

-¿Están todos bien?- susurró Harry.

Ron y Hermione asintieron casi al unísono y de pronto se sintió extraño abrazar al chico que le había salvado la vida, así que se desprendió de él recibiendo inmediatamente después la varita de manos de Ron ¿Y qué se suponía que iba a hacer con ella? Ni en sus más locos sueños podría hacer lo que los dos chicos habían hecho en la habitación anterior.

-Es un hecho desafortunado que estemos los tres aquí… no se suponía que fuera así,- comenzó a decir Harry plantado contra la pared que justo acababan de cruzar, sus dos compañeros de casa estaban uno a cada lado suyo,- pero ya que estamos aquí, no tenemos más remedio que intentar salir con vida y después nos preocuparemos de los detalles.

-¡Maldito Malfoy! ¡Lo voy a matar!

-Pues tendrías que revivirlo porque primero lo mataré yo,- respondió Harry casi tan molesto como el otro chico.

Hermione no pudo decir nada. Sabía que si alguien había hecho algo mal esa era ella. Tendría que haberse quedado fuera de ese asunto y tal vez intentar ayudarlos desde afuera ¿Pero qué podía hacer ella dentro? Nada, solo ser una carga. Sabía que llegado el momento solo estorbaría, pero no podía decir esas cosas. Ese no era momento para lamentarse. Intentó dejar detrás de sí ese pensamiento fatalista y miró hacia adelante pero nada se percibía, nada se escuchaba.

-Son siete pruebas,- declaró Harry habituándose cada vez más a la oscuridad,-ya hemos pasado la primera. Así que mantengámonos juntos y estaremos del otro lado en un abrir y cerrar de ojos.

Hermione se mordió los labios involuntariamente. Habría querido ser quien decía esas palabras y tener la misma confianza que ese odioso chico ¿Pero qué podía hacer? Si no fuera porque tenía tanto miedo, habría salido corriendo dejándolos atrás.

-Para esto entrenamos ¿Recuerdan?- volvió a decir Harry casi contagiando la confianza en Ron pero no así en Hermione.

Siguieron adelante nerviosamente. La habitación era tan oscura que apenas podían avanzar con confianza. Decidieron hacerlo colocando las manos delante de sí para prevenir chocar con algo y deslizando sus pies en el suelo en busca de alguna trampa en la que pudieran caer. No sabían qué maestro pudo haber hecho esa prueba, la única información certera que habían tenido era que Hagrid pondría las salamandras en la primera prueba pero del resto solo podían tomarlo como viniera.

De pronto sus manos tocaron algo al frente. Fue casi al unísono y saltaron de la misma forma hacia atrás. Harry puso la varita en alto y exclamó un hechizo que no hizo efecto alguno.

-Creí que funcionaría,- lamentó,- era mi hechizo para mover objetos.

Hermione miró al chico listo a su izquierda y al ver que seguía pensando lo que debían hacer decidió hacer algo por ella misma. Supuso que para resolver lo necesario, primero debían ver a lo que se enfrentaban. Era un hechizo que no había hecho por ella sola pero no podía perder nada.

-¡Lumos!

Para su sorpresa, la punta de su varita se iluminó. Harry y Ron no pudieron disimular su contento pero decidieron concentrar su atención en la cascada de lianas frente a ellos.

-Son solo plantas,- suspiró Ron aliviado y dando un paso al frente.

-¡Espera!- dijeron Harry y Hermione al unísono.

-No son solo plantas,- declaró ahora solo Harry.

-Es el lazo del diablo,- agregó después Hermione,- tan pronto pasemos por ahí, nos atrapará… nos enredará hasta asfixiarnos.

Ron se puso pálido al escuchar esas palabras.

-Pero podemos hacer que se mueva,- sugirió Harry,- al lazo del diablo le gusta la humedad y la oscuridad.

Hermione recordó ese truco con llamas azules que había leído y luego de practicarlo había logrado colocar dentro de una taza de té. Observó a Harry esperando que fuera él quien hiciera algo pero el fuego no había estado en su repertorio de hechizos aprendidos. Si sabía el del hielo seguro era reciente de cuando se enteró de las salamandras de Hagrid. Sintió su mano temblar un poco y se sintió insegura al pronunciar las palabras que fabricarían el fuego. Harry y Ron la contemplaron inciertos. Luego de fracasar, Hermione volvió a intentarlo con un poco más de aplomo. Una pequeña flama salió de su varita y las lianas se movieron solo un poco. Harry y Ron asintieron motivándola a intentarlo una tercera vez. Finalmente consiguió lo que buscaba y las lianas se movieron a los lados como su fueran una espesa cortina verde.

Se sorprendieron que del otro lado de la cortina el pasillo no fuera tan oscuro, solo un poco largo. Caminaron a lo largo del mismo y finalmente llegaron a una escalinata de caracol que bajaba a una profundidad indefinida. Intentaron ver lo que había en el fondo pero no lograron ver nada. Era imposible pensar en otra posibilidad para esa prueba así que siguieron adelante.

-Estuvo genial lo que hiciste con el lazo del diablo…- dijo Harry cando se dio cuenta que el descenso sería más largo de lo que esperaban.

-Gracias…- musitó Hermione,- ustedes también estuvieron geniales con las salamandras.

Era difícil ponerse a pensar en lo que acababa de pasar cuando lo que estaba por delante era tan incierto. Cuando por fin encontraron tierra firme, se encendieron varias antorchas que arrojaban una flama verde. Olía a humedad e incluso se podían sentir pequeños charcos bajo sus pies debido al agua acumulada o algo por el estilo.

-Debemos estar a la altura de los calabozos…- susurró Ron. Harry y Hermione asintieron mientras seguían adelante en su recorrido.

-Esto parece más una casa del terror que una prueba de habilidades,- señaló Hermione nerviosamente mientras buscaba algo sospechoso por los rincones.

-¿Una qué?- inquirió Ron.

-Es una atracción que los muggles usan para divertirse mientras se asustan,- explicó Harry descuidadamente.

Hermione observó al chico de manera inquisitiva y como respuesta obtuvo una sonrisa disimulada que más bien demostraba complacencia.

-Tengo una tía que es muggle…-declaró el chico de las gafas como si fuera lo más lógico,- mi madre me hacía acompañar a mi primo, su hijo, a los parques de diversiones y esas cosas.

Hermione asintió y no agregó nada más al tema. Jamás se había imaginado que un chico tan mágicamente perfecto tuviera conexiones con el mundo "normal". Y pensó por un instante que de haber sido ella más "normal" posiblemente lo habría conocido en uno de esos lugares tan comunes como en la fila para entrar a la casa de los espantos o a la montaña rusa. Un poco apenada por esa reflexión, dejó que su mirada y su mente se concentraran mejor en lo que estaban haciendo.

-Llegamos,- señaló Harry quien era el que iba al frente del grupo.

Delante de ellos había un profundo abismo pero del otro lado del aviso podía verse claramente que el pasillo continuaba. Hermione se mordió el labio sabiendo que era imposible saltar. Esa era una prueba que tenían que resolver de otra manera.

-¿Wingardium leviosa?- inquirió Ron un tanto nervioso recordando que siempre había tenido problemas con el hechizo.

Harry negó con la cabeza.

-Será difícil dirigir a alguien hasta el otro lado. Creo que no tiene tanto alcance como para colocarnos del otro lado.

-¿Qué tal el hechizo que hiciste con el lazo del diablo?- ofreció Hermione.

-Pasa lo mismo, no estoy seguro de que sea de tanto alcance y no estoy dispuesto a arriesgarlo. Además, solo lo puedo usar en otra persona. Uno de nosotros tendría que quedarse aquí.

-Entonces eso está fuera de discusión,- replicó Hermione intentando resolver el problema.

Del otro lado del precipicio parecía haber algo, pero era difícil darse cuenta de lo que se trataba. Hermione tiró de la manga de la túnica de Harry llamando su atención a lo que estaba allá y confiando en su vista aguda de buscados (ya sea por lo menos debido a las gafas). Harry entrecerró los ojos y pareció complacido.

-¡Es una escoba!,- apuntó la varita en esa dirección y volvió a intentar el hechizo,- ¡accio!

La escoba no se movió.

Hermione y Ron lo dejaron intentarlo un par de veces más pero él ya no quiso arriesgarlo. Pensó que posiblemente no era un hechizo de tan largo alcance pero Hermione había estado observando las florituras y escuchado las palabras mágicas. Miró concentradamente la escoba a lo lejos, levantó su mano vacía y luego la mano con la varita. Hizo la floritura, pronunció la palabra mágica. Y al instante la escoba le estaba golpeando el rostro.

-¡Hermione! ¿Estás bien?

Harry y Ron se habían apresurado a ayudarla pero ella les hizo ademán para que se apartaran. Estaba bien, solo un poco adolorida por el golpe en la frente. Miró al suelo y no pudo disimular la sonrisa por sobre el dolor.

-Supongo que hoy no es mi día…- replicó la niña frotando su frente pero entregándole la escoba a Harry.

-¡Eso fue genial!- observó Ron sin poder esconder su asombro,- ¿Nunca habías hecho el encantamiento?,- Hermione negó con la cabeza,- debe ser porque eres una Dumbledore. Mi madre dice que hay líneas desangre más poderosas que otras. Seguro que la tuya es una de esas.

Hermione asintió intentando esconder su vergüenza al mentirle al chico a la cara. Obviamente ella no estaba emparentada de ninguna forma con Dumbledore y seguramente que el hechizo funcionara no había sido más que un golpe de suerte ¡Y vaya golpe!

Acordaron que Harry transportaría a los otros dos chicos que todavía no tenían tan seguridad con la escoba como él. Primero llevó a Ron, en segunda instancia fue Hermione quien no pudo evitar las cosquillas en el estómago al sobrevolar el precipicio. Desde el primer día de las lecciones de vuelo se había dado cuenta que eso no era lo suyo, pero no podía manifestarlo. Seguro que de acuerdo a la madre de Ron, eso no era posible en una verdadera Dumbledore. Harry pareció leer el miedo y la sujetó muy fuerte contra sí como intentando asegurarle que no caería mientras estuviera en sus manos evitarlo. Por un extraño instante, la niña confió en que así sería.

Una vez del otro lado volvieron a caminar por el pasillo con el mismo tipo de antorchas que habían visto. Imprevistamente ese pasillo tenía más adornos que los anteriores. Pronto se encontraron con mueblas y una alfombra bajo sus pies, cuadros en las paredes y una armadura a lo lejos idéntica a las que siempre podían encontrar por los pasillos de la escuela. Tomaron un poco de confianza creyendo que era seguro estar ahí, pero pronto se encontraron con que estaban equivocados pues la armadura les bloqueó el camino tan pronto se acercaron a ella. Sus ojos estaban casi desorbitados. La armadura se movió una vez más y levantó la espada en su dirección como retándolos a duelo.

-Harry, tú eres el experto en defesa contra las artes oscuras…- declaró Ron con voz temblorosa,- ¿Crees poder hacer algo?

-Mis hechizos son para desarmar varitas, no espadas y no creo poder hacerle ningún daño ¡Es una armadura!

Su oponente animado pronto empezó a actuar ignorando la conversación que los tres niños llevaban a cabo. Hermione intentó pensar en algo pero no se le ocurría nada, todo estaba ocurriendo tan deprisa que incluso su pensamiento lógico estaba bloqueado. Se hicieron a un lado cuando "el caballero" se acercó a ellos con la espada en alto. Hermione tardó tanto en reaccionar que fue la mano de Harry la que tuvo que sacarla del estupor y la colocó contra la pared en lo que el espadazo cortaba la alfombra en el suelo. Sabían que no podían correr de regreso por donde vinieron pues solo podrían pasar dos a la vez, así que decidieron hacer lo más lógico y comenzaron a correr en la dirección opuesta, hacia lo desconocido. Y ese fue otro error, por supuesto.

A medio pasillo vieron que había otra armadura y se movió tan pronto ellos se aceraron lo suficiente haciendo la misma postura que la armadura anterior había hecho. Intentaron caminar para atrás pero la primera todavía estaba tras de ellos, no había otra forma salvo enfrentarla ¿Pero cómo?.

-¡Expelliarmus!- gritó Harry, pero la armadura no sufrió ni un solo rasguño o se movió del lugar.

Hermione pensó que no tenían opción salvo intentar todas sus armas o de otra forma morirían muy pronto ahí.

-¡Wingardium Leviosa!- sijo ella apuntando a la espada pero parecía que la mano dela armadura estaba fijamente prendida de la espada y no la soltaría…ella no tenía el poder para levantar esa armadura tan pesada.

La espada iba a caer sobre ellos y fue Ron quien reaccionó a tiempo con su hechizo escudo.

-¡Protego!

Eso les dio el tiempo suficiente para rodear la armadura y seguir en su camino. Obviament ellos eran más rápidos siendo más pequeños y humanos pero al divisar no muy lejos de ahí una tercera armadura, el trío se detuvo en seco.

-No podemos despertar otra armadura, será nuestro final,- dijo Harry con la voz acelerada.

-¿Pero qué vamos a hacer?- el pánico en la voz de Hermione era inocultable.

-Atacar,- replicó Hermione,- usen cualquier hechizo que se les ocurra. Ellos son solo dos y nosotros tres. No vamos a darnos por vencidos ¿O sí?

Se escuchaban los pasos metálicos acercarse y con cada paso, el corazón de Hermione se aceleraba todavía más. Intentaba pensar en un hechizo para defenderse. No podía usar el hechizo escudo de Ron… no había observado las florituras como para imitarlo. Pensó en su hechizo de la flama, seguro no era tan potente ¿O sí? No tenía opción, debía utilizarlo e intentar con todas sus fuerzas que fuera lo suficientemente poderoso para defenderse.

Tan pronto las armaduras estuvieron lo suficientemente cerca, Harry exclamó su hechizo congelador y Ron su hechizo escudo. Hermione se quedó pasmada al notar que en esa situación de peligro le era imposible pronunciar palabra alguna que pudiera ayudarles. Para su suerte, el hechizo de congelamiento de Harry pareció funcionar y dejó a las armaduras inmóviles.

-¿Lo hicimos?- inquirió Ron incrédulo.

-No pienso ir a averiguarlo,- replicó Harry dándose la media vuelta y viendo a Hermione,- ¿Estás bien?

Hermione había asentido, su corazón todavía estaba a mil por hora. Miraron lo que les quedaba por delante y supieron que no tenían otra opción salvo enfrentarse a la siguiente armadura ahora con un plan fabricado. Ron dio un paso al frente y la armadura lo retó a duelo, luego él hizo el hechizo escudo y Harry hizo el de hielo después.

Esa fue la última vez que tuvieron que hacerlo pues poco después el pasillo elegante terminó y se encontraron con una puerta que al cruzarla dio paso a una habitación oscura. Hermione se sintió avergonzada por su comportamiento previo y decidió probar su valor como miembro de Gryffindor siendo la primeras en explorar la habitación con Harry y Ron a escazos pasos de ella. Pero no había dado más de cinco pasos cuando una persona frente a ella la miraba con los brazos cruzados en el pecho y la mirada más severa de todas.

-Estoy muy decepcionada de ti,- le dijo la profesora McGonagall sin perder la compostura.

Hermione se llevó una mano a la boca intentando contener un sollozo ¡Los habían descubierto! Ella, la profesora a McGonagall, la persona a quien menos quería fallarle estaba ahí ¿Y cómo iba a explicarle la forma en que había llegado ahí sin que eso afectara a Harry? El chico se dio cuenta del problema en que la niña se había metido y decidió aceptar su parte de la culpa. Se acercó apresuradamente y se colocó entre Hermione y la profesora.

-Escuche, profesora… Hermione no…

Pero apenas había dicho esas frases cuando la profesora se desvaneció en la nada y en su lugar una mujer pelirroja estaba sentada en el suelo. Sus ojos bañados en llanto y apretaba algo fuertemente con sus manos. Algo que parecía como un trozo de papel.

-Oh, Harry... Lo siento tanto pero no puedo resistirlo más,- le dijo la mujer,- me tengo que ir.

-¿Mamá?- inquirió el niño,-Pero… ¿Por qué? No… por favor.

-¡Harry!- le gritó Ron sujetándolo de los hombros y apartándolo de la mujer.

Tan pronto Harry se apartó, en su lugar apareció una enorme araña que se acercaba a ellos amenazadoramente.

-Sé lo que es…- dijo Ron con la voz temblorosa, se sentía paralizado por lo que veía a pesar de saber lo que era,- es un boggart.

Harry reaccionó de pronto como despabilándose de lo que había visto antes. Había escuchado hablar de los boggarts, si mal no recordaba había uno en el desván del tío Sirius y Addy, su prima, se las había ingeniado para colocarlo dentro del cajón del tío para gastarle una broma una vez ¿Cómo se llamaba ese hechizo? Estaba en lo profundo de sus recuerdos.

-Ridiculízalo, Ron,- le dijo Harry aún temeroso de que su manifestación del Boggart volviera,- piensa en algo tonto que le puede pasar a la araña y exclama… eh… ¡Ridículo!

Ron apretó su varita tan fuerte como apretaba los dientes. Le zumbaban las orejas. Miró la araña y recordó que de niño el peluche se convirtió en una araña de verdad… quizá si la arañña volviera a ser el peluche…

-¡Ridículo! ¡Ridículo! ¡Ridículo! ¡Ridículo! ¡Ridículo! ¡Ridículo!

Lo dijo tantas veces imaginando la misma cosa que no supo cuándo es que funcionó y el boggart cayó al suelo convertido en peluche. Era la primera vez que algo como eso le ocurría, que intentara hacer un hechizo y le funcionara a la primera vez. Pero entonces también recordó que habían pasado meses entrenando a Harry y que sus habilidades se habían incrementado de alguna manera. Incluso sus calificaciones habían subido un poco más delo habitual (claro, nada ñoño pero sí que eran superiores).

Salieron de la habitación rápidamente sin darle oportunidad a la criatura de convertirse en cualquier otra cosa.

-Muy bien,- dijo Harry recargado contra la puerta que recién habían cerrado y sin poder evitar su alivio,- esa fue la quita prueba ¿No es así? Esa debió ser la prueba de Defensa contra las Artes Oscuras. ¿Qué nos queda?

-veamos,- dijo Ron,- pasamos las salamandras de Hagrid, la planta de Madame Sprout, el avismo de…

-El profesor Flitwick,- razonó Hermione,- evidentemente necesitábamos un encantamiento para pasar. Luego pasamos las armaduras que seguramente fueron obra de la profesora McGonagall y el Boggar de Quirrell.

Los tres chicos miraron al frente y había una mesa con frascos en el centro de la habitación.

-Ésta debe ser la prueba de pociones,- razonó Harry.

Tan pronto se acercaron a la mesa, un círculo de fuego los rodeó. Se colocaron cubriéndose las espaldas en un triángulo perfecto. Harry levantó la varita y conjuró su hechizo de congelamiento pero no tuvo éxito.

Hermione apuntó su varita.

-¡Aguamenti!- era el hechizo de supervivencia que había aprendido para que nadie muriera de sed pero no funcionó,- debe ser un fuego mágico… solo puede ser evitado por…- miró la mesa,- por alguna poción que nos haga inmunes.

Caminaron en dirección a la mesa. Ron se hizo a un lado sabiendo que eso no era lo suyo. Harry miró a Hermione y le abrió paso. En la mesa había muchos ingredientes e instrumentos que normalmente encontraban en el salón de pociones. Podían hacer casi cualquier poción de todos os años de Hpogwarts.

-No,- le dijo Hermione,- la poción que vamos a hacer… ya la hemos hecho antes. Y sabes que necesito tu ayuda.

Harry la observó de manera incrédula pero Hermione le dio un cuerno de bicornio y Harry comprendió de inmediato. Así que comenzó triturarlo. Había sido algo extraño, nunca le había pasado con nadie salvo tal vez con Addy y sus padres. Eso de entender lo que alguien más quería decir con tan solo una mirada. Incluso Ron parecía un poco fuera de lo que estaba ocurriendo hasta que varios minutos después, y bastante sudados por al calor del fuego que los rodeaba,-por fin vertieron en un frasco la poción que acababan de fabricar.

-Es inolora pero me pica la nariz,- señaló Harry luego de olerla.

Hermione asintió y extendió la mano para probarla pero Harry la retuvo consigo aprehensivamente.

-No,- dijo el chico firmemente,- déjame probarla a mí. Después de todo es por mi culpa que estamos aquí, yo reté a Draco a ésta estúpida prueba y es por mi culpa que ustedes dos estén también aquí.

-No, Harry…- empezó a decir Ron pero fue demasiado tarde.

El chico le dio un trago al contenido del frasco y esperó unos instantes para ver si pasaba algo.

-Siento el pecho frío,- señaló dándole el frasco a Ron,- no la beban hasta que les diga si funcionó o no. De ser así, vuelvan a hacerlo todo ¿Está bien?

Una vez más no dio tiempo a recibir la respuesta. Harry era un niño decidido y no toleraba contradicciones. Tal vez era parte de su personalidad y de su orgullo pero por primera vez a Hermione le pareció que no era un defecto. O por lo menos no uno tan grave.

Hermione y Ron observaron con el alma en un hilo mientras que el otro chico atravesaba el círculo de llamas. Parecía hacerlo sin dolor y eso era una buena señal, pero no podían confiarse pues al parecer la línea de fuego era bastante gruesa. Además, también era posible que la poción tuviera algún efecto secundario si es que no la habían hecho bien ¿Y cómo saberlo? A pesar de haberla practicado una media docena de veces cuando Snape se la dejó a Harry como castigo, nunca se habían enterado si lo que habían hecho había estado bien. Solo lo habían supuesto porque no les habían quitado puntos. Pero eso podía haber sido un olvido del Profesor Snape ¿No?

-Sí funciona,- exclamó Harry desde el otro lado y su voz sonaba un tanto aliviada.

Ron miró la botella dubitativamente pero se convenció a sí mismo de continuar y se bebió un trago de golpe entregándole el frasco a Hermione al instante. Miró las llamas y apretó los ojos introduciendo un pie con cuidado al calor abrazador. Sintió un poco más de confianza y siguió adelante lentamente. Hermione no esperó a que terminara de cruzar antes de beberse su parte de la poción. Sintió el pecho helado como Harry le había dicho y también sintió el temor de último minuto al igual que Ron pero de todas formas siguió adelante.

Una vez del otro lado sonrió al ver a los chicos tan sanos y salvos como ella.

-¿Cómo sabías que esa poción serviría para esto?- quiso saber Harry recordando de pronto que Snape no les había dicho en su tiempo para lo que servía.

-Solo lo supuse… ¿Para qué iba a querer Snape esa poción en tal cantidad? Seguro era para usarla para su prueba de primavera.

Harry entre cerró los ojos.

-¿Quieres decir que usamos esa poción por una corazonada tuya?

-No, no…- se apresuró a decir Hermione temiendo,- la manera de reconocer si era efectiva ¿Recuerdas? Inolora pero pica a la nariz. Busqué las pociones que hicieran eso y una de las tres que encontré se usaba para pasar el fuego demoníaco.

-¿Fuego demoníaco?- exclamó Ron sintiendo un escalofrío recorrerle la espina dorsal,- ¿ESO es fuego demoníaco?

Hermione solo sabía de él por lo que había leído pero seguro tanto Ron como Harry tenían un concepto más elevado del mismo y posiblemente un miedo aún superior debido a las historias que escuchaban cuando eran niños. Después de todo, se suponía que nada ni nadie se salvaba del calor del fuego Demoníaco ¿No era así? Incluso era famoso por ser hecho con magia oscura. Y Ron, más que nadie, se preguntaba ahora ¿Cómo era posible que a un profesor de Hogwarts se le permitiera utilizar tremenda magia oscura en una prueba de Hogwarts? ¿Habría algún alumno que pudiera pasar más allá de ahí?

Miraron la puerta que ahora se abría a la última prueba. No estaban seguros de qué era lo que debían esperar. Era bien sabido que esa prueba era diseñada por Albus Dumbledore, él mismo lo había dicho esa mañana en el discurso de presentación de la prueba de Primavera. Así que pronto al centro de la última habitación comenzaron a iluminarse varios objetos. Un espejo grandísimo, un libro viejo, una espada con rubíes y un frasco con una poción incolora sobre una columna mediana. Examinaron los objetos uno a uno sin saber a ciencia cierta qué hacer con ellos y resistiéndose a tocarlos por temor a que algo malo ocurriera al hacerlo. El espejo se veía opaco, la espada era resplandeciente, el libro bastante viejo y empolvado en un forro color azul marino con letras doradas y la poción era transparente pero era muy poco… casi como un trago de una sola cosa que no sabían lo que era.

No mucho tiempo después, al centro de los cuatro objetos, apareció una mesa más con una sola nota al centro. Hermione se acercó seguida de los otros chicos y se apresuró a leerla.

"Para salir de la prueba deberás elegir uno de éstos objetos. Debes elegir sabiamente pues una vez que uno esté en tus manos no podrás cambiar de parecer. Si eliges el objeto frente a ésta mesa, la Espada, te encontrarás con que tiene el poder de cortarlo todo, que no hay material por duro y resistente que éste sea que no pueda atravesar. Es sin duda también, un objeto de gran valor ya que ha sido portado por los más más valientes y numerosas bestias han sido detenidas con su poder. Si eliges el objeto a tu derecha, el libro, encontrarás dentro de los conocimientos más importantes para todo mago y la llave para la sabiduría. El objeto a detrás de ti es el espejo de Oesed, ese objeto muestra a quien se para frente a él el más profundo deseo de su corazón. Y por último, de elegir el frasco con la poción te encontrarás con una porción de Félix Felicis, poción que una vez bebida te hará la persona con la mejor suerte del mundo. Elige sabiamente"

Los tres chicos se contemplaron solícitos. Harry tomó la nota de las manos de Hermione y volvió a leer la nota para sí mientras que Ron daba una vuelta por los objetos una vez más. Hermione por su parte seguía procesando las palabras que había leído. Las espada, el libro, el espejo y la poción ¿Cuál de los cuatro los sacaría de ahí? No tenía idea, pero tenía la teoría de apostar por lo más lógico.

-Yo creo que deberíamos elegir el libro,- sugirió ella sobreponiéndose a su falta de liderazgo durante las pasadas pruebas.

-Por supuesto que sí,- dijo Ron con los ojos en blanco,- no lo tomes a mal, Hermione… pero creo que por primera vez no encontrarás la respuesta en un libro. Eso de la sabiduría es genial y todo ¿Pero de qué nos servirá para salir de aquí?

-¿Y qué elegirías tú, entonces?- repicó Hermione un tanto molesta con las manos en jarras.

-¿No es obvio?- inquirió encaminándose a la columna con la poción,- con la Félix Felicis no hay manera de que algo salga mal.

-Pero es solo un trago,- replicó ella,- ¿Quién de los tres la bebería si la elegimos?

-Se supone que a ésta prueba solo entra una persona a la vez, la poción debía ser elegida por la persona que llega al final ¡Es sencillo! ¿No es así, Harry?

Era la primera vez que Ron le hablaba así a Hermione. Era como si de pronto todo ese ceremonismo con el que normalmente se dirigía a ella se hubiera esfumado. Harry los miró desde el otro punto cardinal. Él estaba parado frente a la espada, Hermione frente al libro y Ron frente a la poción.

-De hecho yo iba a sugerir usar la espada… miren, es la espada de Gryffindor. Es un objeto muy importante y no lo pondrían aquí por nada. Además… Ron, Hermione tiene razón. Esa porción apenas servirá para una persona ¿Qué se supone que hagan los otros dos?

-Quien salga debe ir a buscar ayuda,- insistió Ron con las manos al aire.

Harry arqueó una ceja. Estaba seguro que la desesperación de Ron se debía a la amenaza de morir si no resolvían correctamente el problema. Harry contempló a Hermione y el libro, luego miró la espada y finalmente la poción de Ron.

-Creo que todos tenemos buenos motivos para elegir nuestros objetos,- dijo Harry,- de pronto me pareció podríamos regresar las 7 pruebas y cortar la puerta por la que entramos con la espada. Supuse que eso sería más sencillo y que incluso me serviría en contra de las armaduras animadas de McGonagall. Pero supongo que tú tienes razón, Ron, el felix Felicis debería ser la mejor opción cuando una persona llega hasta aquí. El caso es que no somos una persona, somos tres y debemos salir los tres. Ahora, Hermione… creo que Ron tiene razón al decir que la sabiduría no necesariamente nos sacará de aquí. Lo que me lleva a pensar… ¿Por qué ninguno de los tres hemos reparado a pensar en el espejo?

-Porque no hace nada especial,- replicó Ron,- ¿De qué nos va a servir conocer el deseo más profundo de nuestro corazón? Ya lo sabemos.

-Eso es,- dijo Hermione alejándose por primera vez del libro y encaminándose al espejo,- Ron, no sé tú pero lo que mi corazón quiere ahora más que nada en el mundo es que salgamos los tres con vida de esto. Incluso más que toda la sabiduría del mundo. ¿Qué quieres tú? ¿Gloria o quieres lo mismo que yo? ¿Harry? ¿Y tú qué quieres? ¿Aventuras y heroísmo o quieres lo mismo también?

Harry miró la espada por última vez y caminó en dirección a Hermione. Parecía como si fuera la cosa más difícil a pesar de antes haber pasado todo tipo de dificultades. Ron también observó aprehensivamente el frasco de la poción y terminó por resolver unirse a sus amigos.

-Está bien,- dijo Ron poniendo los ojos en blanco.

-A la cuenta de tres,-dijo ella levantando la mano para tocar el espejo y los otros dos hicieron lo mismo.

Una vez hecho, los demás objetos cayeron en la oscuridad. Ahora solo podían ver el espejo antes opaco, resplandecer con vitalidad. Los chicos contemplaron asombrados la misma escena pero en cada caso se veían a su mismos alejarse del espejo, darle la vuelta, tocar algo detrás del mismo y accionar una palanca que al tirar de ella los hacía desaparecer. Y entonces llegaban los tres a un pasillo fuera de ahí.

Cuando la visión terminó, los tres dieron un paso tras y siguieron con sumo cuidado las instrucciones que había visto en el reflejo del espejo. Cuando la palanca apareció la sujetaron al mismo tiempo. Se miraron buscando consentimiento.

-A la cuenta de tres,- dijo Hermione,- uno, dos…

Sintieron que su cuerpo era jalado por el ombligo y los llevaba a toda velocidad a otro lugar. Una vez que pudieron sentirse estables, abrieron los ojos y contemplaron con felicidad que se encontraban, en efecto, en uno de los pasillos no muy lejos de donde habían ingresado. Estaban a salvo, estaban bien. Ron, Hermione y Harry se abrazaron formando un círculo. La alegría era indescriptible. Estaban bien, todo había salido bien. Parar de reír era imposible.

Y entonces al despegarse, la sonrisa se les borró.

De pie frente a ellos estaba no otro que el mismo Albus Dumbledore.

-¡Tío!- chilló a pesar del nudo en su garganta.

-Hermione…

Había algo en su voz, algo en su mirada ¿Era enojo? ¿Preocupación? ¿Ira? Era difícil decirlo. Lo que era seguro era que los tres estaban en problemas y que no había manera de negar lo que habían hecho ¿O sí podían? Harry recordó de pronto el boggart de Hermione. La decepción de Dumbledore y McGonagall.

-Todo ha sido mi culpa profesor,- dijo Harry Dando un paso al frente casi esperando que no fuera el director sino el mismo boggart. Pero no, el profesor siguió ahí contemplándolos sin palabras.- yo creí… ya sabe, pensé que…que tenía las habilidades para entrar ahí, pasar las pruebas. Ser el más joven en hacerlo así como el buscador más joven en la historia de Hogwarts.

Harry no sabía cómo es que estaba diciendo todo ese discurso sin equivocarse. Posiblemente eran los nervios. Siempre sacaba a relucir su bravuconería cuando estaba nervioso ¿No era eso lo que había pasado con el reto de Draco Malfoy? No había sido hasta que había visto a sus amigos en peligro inminente que se había dado cuenta que aceptar el duelo había sido la estupidez más grande de todas.

-Si es cierto lo que dices, Harry,-dijo el director con seriedad,- no me dejarás más opción salvo aplicarte la sanción máxima ¿Lo sabes?

El niño asintió cerrando los ojos con pesadez. Hermione miró al niño y después al director con la boca abierta. Y entonces fue Ron quien dio el paso al frente.

-De hecho fuimos los dos, señor. Llevábamos planeándolo por días. Y Hermione, su sobrina… intentó detenernos y terminó dentro de la prueba. Sentimos mucho haber arriesgado su vida de esa manera…

Ahí estaba. Habían dicho la verdad y se sentían bien a pesar de saber que se habían metido en problemas. Que serían expulsados de Hogwarts. Curiosamente, serían los niños más jóvenes en ser expulsados de Hogwarts ¿No era eso irónico?

-Eso no es verdad y lo saben, háblenle de…- dijo Hermione sin poder comprender por qué era que dejaban a Draco fuera de las acusaciones pero al mismo tiempo se detuvo al recordar la promesa que había hecho. No, no podía decir nada al respecto si Harry no lo hacía.- tío, ellos salvaron mi vida. No los puedes expulsar.

-¿Fue así?-replicó el anciano arqueando las cejas.

-Sí,- dijo Hermione decididamente. Con todo ese aplomo que no había tenido dentro de la habitación de la prueba de Primavera,- Ron usó hechizos escudo para protegerme de las salamandras y Harry las congeló… y, y después me defendieron de unas armaduras animadas. Y Ron se deshizo del boggart ¡No puedes expulsarlos!

-Ya veo…

Dumbledore parecía pensativo mientras acariciaba su barbilla calmadamente.

-¿Y cómo se libraron del lazo del diablo?

-Fue Hermione, señor,- replicó Harry.

-Y fue ella también quien hizo el encantamiento para atraer la escoba a su mano,- agregó Ron. Además, fue idea de ella la poción que realizamos para pasar el fuego.

-Me parece entonces que el que los tres hubieran terminado juntos dentro de la prueba no fue más que una situación fortuita para los tres. Pues si uno de ustedes hubiera faltado ahí dentro, yo habría tenido que escribir cartas muy dolorosas a sus padres.

El tono de Dumbledore seguía siendo meditativo. Los tres chicos intercambiaron miradas de complicidad mientras esperaban que la reprimenda le siguiera a las palabras anteriores.

-Solo tengo una duda ¿De quién fue la idea de usar el espejo de Oesed para salir?

Volvieron a intercambiar miradas.

-Bueno,- empezó a decir Ron,- su sobrina, señor… ella.

-Fue una circunstancia fortuita,- lo interrumpió Hermione utilizando las mismas palabras que su tío había usado,- si no hubiéramos elegido cada cual un objeto distinto, no habríamos optado por la opción más salomónica de todas. La cuarta opción, la que no habíamos considerado en un principio.

-Y que al final fue la que más nos convenció.- agregó Harry recordando que para cuando llegó al espejo no le quedaba duda que eso era lo mejor que podían haber hecho y Ron parecía pensar exactamente lo mismo.

-Ya veo…- dijo comenzando a caminar y los niños lo siguieron instintivamente.

-Profesor ¿Le puedo preguntar algo?- inquirió Ron nerviosamente. Nunca había hablado con el director y le parecía una persona intimidante pero no en el mal sentido de la palabra.

-Creo que ya me ha preguntado algo, señor Weasley. Pero me puede preguntar algo más.

Ron rió como un bobo comprendiendo las palabras de Dumbledore pero aun así siguió adelante con su cuestionamiento.

- ¿Qué habría pasado si hubiéramos elegido alguno de los otros objetos de la sala?

El profesor pareció sonreír detrás de sus gafas de media luna pero si giró de regreso a contemplar el camino delante de sí antes de dar vuelta en una de las esquinas.

-Habrían salido con cualquiera de los métodos. Verá, señor Weasley. Esa prueba no habla del ingenio de la persona que la pasa. Habla de sus prioridades. De la esencia de las personas al momento de elegir alguno de los objetos. Y si hubiera un premio por ser los primeros en algo, ustedes lo ganarían por ser los primeros en elegir el espejo. No es que esté mal o que esté bien. Simplemente es interesante, señor Weasley porque llegado el momento, me queda claro que ustedes siempre tendrán a la mano ciertas prioridades. Prioridades que me tienen en una situación incómoda.

-¿Incómoda?- inquirió ahora Harry.

Conforme avanzaban se volvía más evidente que se dirigían a la torre de Gryffindor. Seguro los llevaba ahí para que recogieran sus cosas.

-Verán. Como director estoy obligado a expulsarlos por haber quebrantado las normas,- las palabras les cayeron como baldes de agua fría a Harry y a Ron,- pero como tío abuelo de Hermione, me siento en deuda con ustedes. Y como yo mismo, como Albus Dumbledore, siento mucho respeto y admiración por la manera en que los tres procedieron a lo largo de la prueba.

Finalmente se detuvieron frente al retrato de la señora Gorda. Harry y Ron se contemplaron desoladamente. Hermione estaba buscando algo más que decir para persuadirlo pero no se le ocurría absolutamente nada.

-Pero por ahora me temo que es demasiado tarde para que esperen mi resolución. Es mejor que vayan a asearse y a dormir y después los llamaré a verme.

El profesor se despidió de ellos tan pronto la señora Gorda los dejó entrar. Una vez en la sala común se quedaron en silencio apenas pudiendo creer lo que acababa de pasar.

-¿Crees que nos castigue?-inquirió Ron.

-No lo sé,- replicó Harry pero ambos estaban observando a Hermione.

-¿Y qué sé yo?- replicó ella un poco molesta,- nunca lo había decepcionado de esa manera…

Y dicho eso se retiró a su habitación.

-Hermione,- la detuvo Harry cuando todavía estaba en el marco de la puerta. Hermione se giró apenas para mirarlo a la cara, los tres estaban hechos un desastre,- me da gusto que los tre hayamos salidos de ahí con vida… en serio, me da gusto que hubieras ido, Ron y yo…

-Lo sé,- sonrió Hermione desganadamente,- me da gusto haber estado ahí. En serio, es solo que…

-Lo arreglaremos con tu tío,- insistió Harry,- te aseguro que no tendrás culpa de esto. Y en realidad no la tienes, así que no te preocupes.

-Yo preferiría que arreglaran el no ser expulsados,- replicó ella girándose hacia ellos,- si ustedes se van, no me quedarán más amigos aquí.

Harry sonrió recordando lo que días ante ella le había dicho de su amistad, pero no quiso presionar mucho inquiriendo al respecto. Lo que Hermione decía estaba bien. Y de hecho le agradaba la idea. Los tres eran amigos, por supuesto. Y se cuidarían la espalda sin importar lo que pasara. Hermione estuvo a punto de preguntarles por qué habían dejado a Malfoy fuera de eso pero prefirió respetar ese pequeño secreto de sus amigos. Había comprendido por fin que la confianza de una amistad no se podía exigir de la manera en que ella lo había hecho el día que había incendiado el diario que Harry le había regalado (ah, cómo lo lamentaba ahora). Esa confianza se debía ganar poco a poco e intentarlo parecía una excelente idea.

Hola chicos. Disculpen la demora. Muchas gracias por leer LEO. Como ven, éste es el final de la primera temporada (según creo, cada temporada son 10 capítulos). Espero no tardarme mucho con la segunda. Muchas gracias a los que me han dejado comentarios, espero los comentarios de éste capítulo para saber su opinión al respecto, es muy importante.

Hasta la próxima! Me voy a escribir "conscuencias" y "Las Crónicas del Fénix"

TLAL