Capítulo 10 - Adiós, triste y viejo colegio.

-Candice. Candice. Despierta tienes visita. ¿Pero qué es esto? ¿Annie…Brither? ¿Cómo es posible que estés aquí?

-¡Hermana Margaret! Este yo…

-¿Visita ha dicho? ¿De quién se trata?

-No puedes hacer preguntas Candice. Arréglate enseguida y recoge tus pertenencias…te irás.- la turbación y el dejo de melancolía en la voz de la hermana Margaret infundió ciertos temores en el corazón de Candy- Annie regresarás inmediatamente a tu respectivo cuarto antes de que la hermana Grey se entere si no quieres aumentar más días a tu castigo.

-Debe de ser Terry, Candy-susurró alegremente Annie

-Silencio Annie, vámonos en este momento. Regreso en seguida Candy.

Al abandonar la habitación, Annie dedicó una última mirada y una tímida sonrisa a su amiga como despedida. Ninguna sabía cuándo se volverían a ver. "Siempre estarás en mi corazón, Candy" las palabras que Annie le dedicó la noche del festejo de su boda volvían como entre sueños a la memoria de Candy.

-¿Me iré? Dios mío, ¿quién podrá ser?... ¿Terry?...eso piensa Annie, Terry, que sea Terry por Dios que sea Terry. Claro si no es él, ¿quién mas podría ser? Y si el que vino es… ¡el abuelo William!, la hermana Grey debió que haberle escrito contándole lo sucedido y estará furioso. Debí de habérselo contado yo misma, pero estaba tan feliz, que no pensaba en nadie. ¡Dios mío ayúdame por favor!

Caminaban en silencio por los corredores del San Pablo. La hermana Margaret dirigía el camino hacia la oficina de la rectora. Parecía que todos los estudiantes estaban en clases, afortunadamente para Candy, no se toparon con nadie en el camino.

-Hermana Margaret, ¿usted también está enfadada conmigo?

-Silencio Candy, no puedes hablar.-Pero Candy pensaba que si la iban a echar del colegio, una infracción más a las reglas no cambiaría mucho su situación y continuó hablando.

-Hermana usted ha sido la única maestra de este colegio que no opina que soy una mala persona, siempre fue justa y buena conmigo y honestamente la única cuya opinión me importa. –la hermana Margaret se detuvo y echando un rápido vistazo a su alrededor giró quedando de frente a Candy.

-Candy no estoy enojada. ¡Estoy muy decepcionada! Tienes razón, las demás hermanas del colegio, comenzando por la rectora siempre opinaron que eras una chica problemática y por lo tanto una mala influencia para el resto del alumnado. Pero yo siempre te defendía, constantemente les decía que eras una buena persona, con un gran corazón que simplemente te costaba trabajo acostumbrarte a este ambiente que no era el tuyo. Pero ahora haces esto Candy dime ¿cómo puedo seguir defendiéndote?

-Lo siento mucho, hermana Margaret. Pero si me permitiera explicarle. Desde que llegué nadie me ha permitido dar una explicación.

-¿Explicar qué Candy? Lo que hiciste no tiene justificación alguna. Transgrediste mas reglas del colegio que cualquier otro alumno en la historia de esta institución. ¡Te fugaste para…para irte con Terry! Fuiste egoísta, irracional. Y todo por… por dejarte arrastrar por tus deseos.

-Hermana Margaret no fue así permítame explicarle…

-Hermana Margaret, la hermana Grey me ha enviado a buscarla, se encuentra contrariada por la demora. ¿Está Candy ocasionándole problemas?

-No hermana Clice, ya íbamos. Vamos Candy.

-No se preocupe hermana. De aquí en adelante yo escoltaré a Candy. – y se marcharon quitándole a Candy la oportunidad de despedirse correctamente de la hermana Margaret.

"Toc, Toc"

-Adelante.

-Soy yo hermana Grey, Candy.

La hermana Grey dirigió una severa mirada a Candy, volviendo a clavar inmediatamente la vista en los papeles sobre su escritorio dijo-Te esperan en la habitación contigua, date prisa.

-Hermana Grey quiero pedirle disculpas por todos los problemas que le ocasioné desde mi llegada, lo siento mucho me gustaría explicarle…

-Silencio Candy. Llevan mucho tiempo esperándote. Date prisa.

-Buenas tardes Candy

Un solo hombre la esperaba en la habitación contigua. Esos ojos, ese porte, esa voz solo podía ser un Grandchester…mas no el que Candy deseaba

-Duque Grandchester. ¿Dónde está Terry? ¿Cómo se encuentra?

-¿Dónde está? No lo sé. Seguramente en algún bar de su predilección y lo más probable es que a estas alturas se encuentre ebrio.

-En un hospital es donde debe de estar. Usted lo hirió gravemente esa noche.

-¿Herirlo? ¡Qué va! Mi hijo es comparable a un águila o un halcón, si quieres que regrese, solo le recortas un poco las alas, pero jamás lo lastimas. Basta, dejémonos de tonterías. Candy he venido a tratar de remediar el desastre que hizo Terrence.

-¿Remediar? ¿Acaso no le parece suficiente el daño que nos ha hecho? De una vez le aclaro que no pienso ir a ninguna parte, esperaré aquí hasta que Terry venga por mí.

-¿De verdad crees que es la primera vez que mi hijo hace algo así?

-¿De qué está hablando?

-Candy si realmente piensas que llegaste a conocer a Terry aunque sea un poco sabrás que es arrogante, egoísta, sin ningún respeto por nada ni por nadie, pero, que también puede ser encantador y educado, finalmente es hijo de un noble. De vez en vez, generalmente cuando está aburrido, decide enfilar todos sus encantos y tácticas de seducción hacia alguna ingenua jovencita, digamos que lo toma como un reto personal, hasta el día de hoy no ha habido una sola que se le resista. Debo confesar que jamás había llegado tan lejos, haciendo el teatro de casarse, tal vez porque tú resultaste ser un objetivo algo más difícil de alcanzar, o al menos eso parecía. Al poco tiempo se aburre, pierde el interés, disfruta solo de enamorarlas y de conseguir…lo que puedan ofrecerle. Y después tengo que aparecer yo, a componer todo el desastre, dar la cara a los padres de la chica, llegar a un acuerdo y solicitar absoluta discreción. Honestamente he perdido la cuenta de las veces que Terry ha cometido tal bajeza, ahora entiendes el porqué de mi reacción tan violenta la otra noche, ya estoy harto. Sé que tú no tienes padres pero aun así me gustaría enmendar un poco la situación. El nuevo capricho de Terry supongo que piensa encontrarlo en París, dado que es allá dónde me ha pedido irse por el momento. Le supliqué a la hermana Grey que no te echara del colegio hasta que yo viniera a hablar contigo. Aquí tienes. Es un boleto para que regreses a América. El barco sale esta misma tarde así que deberías darte prisa.

-No es cierto.

-¿Cómo dices?

-¡Qué no es cierto! Todo lo que me ha dicho es una cruel mentira. Terry me ama. Me lo juró frente a un altar.

-Y dime algo Candy, ¿alguna vez viste a Terry siquiera asistir a misa?, ¿confesarse?, ¡o al menos rezar! ¿Qué puede significar para una persona que muestra nulo apego ni respeto hacia la religión jurar frente un altar?- A su mente acudió el recuerdo de Terry entrando a la capilla a mitad de la misa, burlándose de todos los asistentes. Era cierto, Terry nunca mostró afecto hacia la religión. El Duque Richard Grandchester logró percatarse de que sus palabras habían generado el efecto esperado, y tomándola por los hombros en una falsa actitud paternal continuó-Aquí las únicas mentiras las dijo Terry, y lamentablemente tú le creíste. Pero soy honesto cuando te digo que me apena mucho esta situación…

-¡Suélteme! ¡No necesito su consideración!

-Como gustes. Pero lo que si necesitas es esto-extendiéndole a Candy un pase a de abordaje al barco que la llevaría de regreso a América- La hermana Grey no piensa permitir que permanezcas un día más en el colegio. No tendrás a dónde ir. Te ofrezco este pasaje y un carruaje está esperándote en la entrada para llevarte al puerto.

-o-

Caminando por los terrenos del colegio Candy sentía que se dirigía hacia su ejecución. Ni siquiera se le permitió salir por la entrada principal, si no por la puerta que daba al lado oeste. Dos de las hermanas custodiaban su salida, pero iban frente a ella, sin dirigirle la mirada.

Era la última vez que caminaba por esos terrenos, y los recuerdos acudían a ella atormentando su alma. "¿Qué te pasa pequeña?, ¿por qué me miras así? ¿Acaso piensas declararme tu amor?", Terry…"Princesa Julieta, ¿me haría el honor de concederme esta pieza?"….Terry podía ser encantador..."Te amo Candy".

-Mentira.

-Silencio. Sal ahora mismo, ese carruaje te espera.

Apenas Candy hubo abandonado oficialmente los terrenos del San Pablo, las religiosas cerraron la pesada reja detrás suyo. Candy subió al carruaje dejándose caer dentro y comenzó a llorar. El conductor no esperó ninguna instrucción, pero partió inmediatamente con rumbo al puerto. No quería ver la ciudad, todo le recordaba a Terry. Llegaron al muelle y descendió sin cruzar palabra con el chofer. Abordó inmediatamente el barco, muchas personas despedían a sus familiares, algunas alegres, otras con lágrimas, a ella nadie la despedía.

Cuando el barco comenzó a navegar la tarde caía y ella ya estaba dentro de su camarote. Atrás quedaba Londres, atrás quedaban sus amigos, su amor, su fe, su inocencia. El ruido generado por el barco, el chocar de las olas y su propio llanto no le permitieron escuchar el silbato del ferrocarril anunciando que llegaba a la ciudad.

En uno de los vagones vacíos de ese ferrocarril, un grupo de vagabundos, indigentes y trotamundos viajaban sentados alrededor de una fogata improvisada dentro del vagón. En una esquina, un muchacho tocaba una triste melodía en su armónica, pero sonrió al observar que había llegado a Londres, al encuentro con su amor.