N/A: ¡Hola, hola! :3
¿¡Como estan mis lectores queridos!? *0*
Antes que nada, muchísimas gracias a Yuki-chan22, a CATITA-EDWIN y a Jaxsy-chan por las porras... No tienen idea de cuanta falta me hacían... ¡Gracias, muchas gracias!
Hoy, por fin, ¡la pelea!
Caía la tarde en la región de la Toscana. Dos jóvenes salían del aeropuerto. Cualquiera que los hubiera visto en ese momento diría sin temor a equivocarse que eran una pareja de excursionistas enamorados, a juzgar por su ligero equipaje, y las miradas que se lanzaban el uno al otro constantemente.
Pero no. Tsubaki y Nathaniel sabían a lo que habían ido. Esa noche acabarían con un peligroso líder de la Mafia… No podían descuidarse ni un segundo estando en Italia.
Al llegar a su hotel, descubrieron que el Shibusen no había escatimado en gastos para con ellos. La pareja más prometedora de Técnico y Arma se hospedaría en la Suite Presidencial del Centurion Palace, ubicado en la zona más hermosa de Venecia…
Sorprendidos, dejaron sus mochilas cada quien en su habitación y se prepararon para la misión. Tsubaki se cambió a su ropa habitual, por ser mucho más cómoda, y Nathaniel ató su cabello en una coleta alta y se puso una camiseta de cuello alto y sin mangas.
Una vez listos, salieron del hotel y corrieron a donde Shinigami Sama les dijo, Iacomino Tomasso estaba escondido: Una iglesia del siglo XVII, calculaba Tsubaki…
Cuando se encontraban justo frente al templo Gótico, Nathaniel le pidió a Tsubaki que se transformara en arma.
-Pero, Nathaniel… Me puedo transformar en el momento en que lo veamos. No hay necesidad de que lo haga ahora, ¿o sí?-. Preguntó la morena con la vista fija en las esmeraldas de su compañero.
-Tsubaki, no quiero exponerte a alguna trampa, o a que haya gente protegiendo la entrada. Será mejor que piensen que sólo vengo yo. Sé lo que los tipos de su calaña hacen con las Armas… Por favor, confía en mí-. Respondió Nathaniel con una sinceridad que casi atraviesa el pecho de la chica.
-De acuerdo, Nathaniel. Confío en ti.- Susurró Tsubaki mientras se transformaba en cuchilla ninja, el modo más discreto que ella conocía.
-Gracias.- Dijo Nathaniel, al mismo tiempo que depositaba un beso en el filo de la cuchilla, logrando que Tsubaki, inclusive estando lejos de su modo humano, se sonrojara.
Así pues, entraron a la iglesia sin apenas hacer ruido.
Los movimientos cuidadosos y fluidos de Nathaniel a Tsubaki le recordaban a aquel gato que un dia encontró en el tejado de la casa vecina... Aún se veía soltando el lápiz con que resolvía sus tareas en ese momento para observar al felino. Tan misterioso, tan elegante... Hipnótico.
Con lo sumida que se encontraba en sus cavilaciones, Tsubaki ni siquiera se dio cuenta del momento en que Nathaniel dejó de caminar.
La tension en su cuerpo era evidente, y eso sólo lograba preocuparla un poquito más.
En cuestión de segundos, que a la morena le parecieron una eternidad, el causante del cambio en Nathaniel se hizo ver.
Un hombre, no muy alto, -calculaba Tsubaki, de la estatura de Soul-, apareció de entre las sombras. Llevaba una pistola colgada al cinturón, y el frío metal del arma resplandecía contra la luz de la luna. Su mirada iba cargada de odio e ira, junto con un instinto de matar.
Inmediatamente, Nathaniel se abalanzó sobre el sujeto. Con una precisión quirúrgica, se colocó a su espalda y le rasgó el cuello sin piedad, provocándole una hemorragia terrible, que no tardaría en terminar con su vida.
El hombre murió inmediatamente, y toda duda que Tsubaki hubiera albergado sobre la capacidad de su compañero se disipó.
Tiró el cadáver al suelo y continuó caminando mientras limpiaba la sangre que manchaba la cuchilla de Tsubaki con su camiseta.
-Lo siento, preciosa. No me esperaba menos... Un tipo como Tomasso nunca está solo-. Susurró el de cabellos azabache.-En fin, debemos estarnos preparados.
Como si hubiera predicho que sucedería, en ese momento aparecieron otros dos sujetos, vestidos igual que el oxciso que yacia a unos metros. Notaron la sangre en la camiseta de Nathaniel y sacaron las pistolas.
Sin pensárselo dos veces, el chico echó a correr tras una estatua, quedando completamente resguardado por la oscuridad... Deslizándose en las sombras, los mafiosos ni siquiera se dieron cuenta de en que momento el chico desapareció. Lo siguiente que uno de ellos sintió fue su cuello al crujir, y el otro, bueno, murió sin saber que diablos había sucedido.
Poco a poco, Tsubaki comenzaba a comprender las habilidades de Nathaniel... Su fortaleza no se basaba en el arma que posee. El era letal por sí mismo...
-Vamos, Nathaniel. No puede tener a media Venecia protegiéndolo... ¿O sí?-. Dudó Tsubaki.
-A estas alturas, princesa, yo no tentaría a la suerte-. Respondió Nathaniel con voz queda.
Así pues, la pareja de jóvenes subió al segundo piso rápidamente y sin hacer ruido, y la escena que presenciaron los dejó petrificados...
Iluminados a la luz de las velas, sentados en una mesa digna de un castillo, se encontraban al menos cuarenta hombres. Todos portaban traje negro hecho a medida -a juzgar por la forma en que lucían- y llevaban las armas atadas a la cadera. Uno de los mafiosos era rubio y de tez clara, aún estando sentado se notaba que era mucho más alto que cualquiera de los demás.
-Es él-. Pensaron al mismo tiempo Nathaniel y Tsubaki. Coincidía perfectamente con la descripción que les dieron en el Shibusen.
-Tsubaki, modo Espada Demoníaca-. Susurró Nathaniel, tan bajo que Tsubaki tuvo que esforzarse para entender, y de inmediato, acató la orden de su Técnico y se transformó.
Apenas sostuvo la poderosa Espada en sus manos, Nathaniel corrió hacia la mesa con la hoja extendida. Antes de que se dieran cuenta, cinco hombres yacían en el suelo con letales cortes en la arteria Yugular.
Lo siguiente que Tsubaki supo fué que estaban rodeados. De pie y con las pistolas en mano, hasta el más insignificante de quienes ahí se encontraban cobraba importancia.
-Modo bomba de humo-. Dijo Nathaniel, tan tranquilo como la situación se lo permitió.
¡Bum!
La escasa luz de las velas, aunada a la película de humo que impedía la visión hacían que la oscuridad fuera casi total.
En las sombras tan sólo se veía un rayo de luz plateado, una y otra vez. Cada reflejo de Luna en la hoja de aquella espada era acompañado por un grito ahogado, o un golpe seco en el piso...
-Treinta, veintinueve, veintisiete...- Susurraba Tsubaki, que llevaba la cuenta mental de cuántos hombres faltaban por eliminar.
A punto de llegar a los veinticinco abatidos, el mismísimo Iacomino Tomasso apareció frente a Nathaniel, y con un hábil movimiento, chocó su revólver en la base de la Espada Demoníaca golpeando los dedos del chico, logrando desarmarlo.
Tsubaki cayó al suelo, a metros de distancia de Nathaniel, quien estaba sometido por dos hombres de Tomasso. Mientras una parte de ella quería correr a ayudar a su Técnico, la otra mitad tenía grabadas las palabras de Nathaniel...
Sé lo que los tipos de su calaña hacen con las Armas…
Justo en el momento en que uno de los mafiosos apuntó su arma al rostro de Nathaniel, las dudas de Tsubaki se disiparon. Es el deber de un Arma proteger a su Técnico, sin importar si tiene que dar su vida por él.
Así que en cuestión de segundos, Tsubaki volvió a su forma humana y asestó una patada en la sien del sujeto que sostenía el revólver. Este cayó al suelo inmediatamente, inconsciente. De inmediato, el mafioso que se encontraba a su lado sacó una navaja y se abalanzó sobre el cuello de Nathaniel, evitando que apoyara a la morena.
Tsubaki, a base de combate cuerpo a cuerpo noqueó a otros cuatro hombres, hasta que sintió un terrible tirón en el cabello, y supo que uno de ellos la había atrapado...
-Mira, mira... ¡Una chica arma! Tomasso, ¿que hacemos con ella?-. Dijo lascivamente el hombre, al mismo tiempo que trasladaba su agarre de la coleta, al cuello y la cintura. -Déjame decirte, que está muy guapa.
-¡Suéltala maldito! Ella no tiene nada que ve...-La voz de Nathaniel fué acallada con una fuerte patada en el vientre, que lo dejó escupiendo sangre y maldiciones al suelo.
-Giuseppe, compórtate un poco... Ya tendrás tu oportunidad. Ahora, aténlos juntos al suelo. ¡Rápido!-. Rugió Iacomino a sus subordinados.-Y que alguien limpie el suelo, estos jovencitos han hecho bastante alboroto esta noche.
Y así fué.
Los chicos que hace quince minutos asesinaban delincuentes sin piedad, ahora yacían atados de piernas y manos en el suelo... En la mejilla de Tsubaki un cardenal comenzaba a hacerse ver, y los labios de Nathaniel estaban teñidos de rojo.
-Podemos hacer esto muy, muy fácil, o podemos ver hasta donde se complican las cosas... ¿Qué les parece?-. Dijo el jefe mafioso, alternando la mirada entre los zafiros de Tsubaki y las esmeraldas de Nathaniel.
No obtuvo más respuesta que silencio...
Los alumnos del Shibusen están entrenados para permanecer callados en situaciones así. Pues resultaría terrible que cualquier sujeto lograra arrebatar los secretos que rodean a la institución así porque sí.
-Vamos, sé que alguien los envió tras mi cabeza... Y no me siento muy halagado de que hayan enviado a un par de chiquillos como ustedes. -Susurró el hombre mientras caminaba lentamente alrededor de Tsubaki y Nathaniel. -No han de sobrepasar los veinte años... ¿De verdad quieren morir así de jóvenes? ¿O comenzarán a cooperar?
Al caer en la cuenta de que era completamente inútil tratar de sacarles información, y como Iacomino Tomasso no era conocido por su paciencia, salió de la habitación.
A los pocos segundos, y tras un murmullo al otro lado de la pared, el hombre que, ahora sabían, se llamaba Giuseppe entró por la puerta con una sonrisa.
-Ahora, escoge, ¿le vuelo los sesos a tu amiguito primero? ¿o prefieres que vea lo que te haré?-. Dijo socarronamente el hombre, relamiéndose los labios sin quitar la vista del escote de la morena.
Tsubaki, que poco a poco sentía los ojos escocer, se enfrentaba a una decisión horrible.
Entonces algo tocó su mano, que yacía atada a su espalda... Era algo tibio, suave y áspero... Si eso era posible.
Lo identificó.
Era la mano de Nathaniel, firmemente entrelazada a la de ella; dándole fuerzas...
Se aferró a ese contacto, como si eso fuera a hacerla desaparecer.
¿Cómo es que había acabado así?
¡Buahahahaha!
Acaban de leer "Pelea, parte Uno"...
Quería dejar algo así como un momento de tristeza, por la situación en la que Tsubaki está metida ahora... ¿Quien le manda a ser tan guapa(?)?
Espero que les haya gustado.
Para mañana, el desenlace de este despapaye... ;)
¡Gracias por leer!
