Capítulo V

Manifestaciones

Un quinteto holgazán se mantenía aún en el pasillo, Ezarel los increpó:

—¿Qué hacen todos ustedes?— les interrogó

—Organizando nuestros pendientes— respondió ágilmente Chrome

—¿Cómo estás?— su ojos azules se detuvieron en la humana.

—Bien, gracias— respondió perturbada, la mirada del elfo era inusualmente escarchada.

—Perfecto—escaneó al grupo con suspicacia, podría sancionar su pereza y convertirlos en personas de utilidad; sin embargo no estaba de humor para jugar a la niñera—¡Tú!— señaló a Yunel.

—Y…¿Si?— Tartamudeó su respuesta, quería evitar el sarcasmo letal de Ezarel.

—Tenemos trabajo que hacer—sin esperar su respuesta se giró y emprendió su camino con paso altivo.

Aretha se encogió de hombros, Yunel le respondió moviendo negativamente la cabeza en manifestación de la arrogante actitud del jefe de la guardia Absynthe. Con un suspiro soltó su resignación y procedió a darle alcance, pues este ni siquiera se detuvo a comprobar si ella le seguía.

Sin un rumbo concreto, decidió seguirle sin cuestionarle.

No compartieron ni miradas ni palabras, él se limitaba a abstraerse en sus preocupaciones y ella a contemplar todo el movimiento y las labores que cada persona realizaba con afán y apuro.

Salieron de la guardia, atravesaron las murallas y tomaron el sendero que llevaba al peñasco sur en donde ella había hecho su ritual.

—¿Qué hacemos aquí?— preguntó cuándo llegaron a la cima y el prodigioso e infinito mar se vislumbró.

—Verificaremos que todo esté bien—espetó secamente— Pon atención en este procedimiento—

—¿Es el encantamiento de refuerzo?—

—Eso se hizo ayer— respondió tajante ante la duda que él consideraba información obvia—Verificaremos que no existan grietas—

—Disculpa… olvidé esa información—

—¿Cómo pudiste olvidar una instrucción tan clara y concisa?, estabas en la junta cuando se informó—

—En mi defensa notifico que mi percepción del tiempo se alteró—

—Si la seguridad dependiera de tu mala percepción ya estaríamos muertos, sobre todo con los últimos incidentes— manifestó con dureza —¿También me vas a decir que Nevra no te puso al tanto de lo ocurrido?— Finalizó tajante su sermón sin dejar de lado su connotación irónica.

—Más o menos— se animó a confesar ante la incrementada susceptibilidad de su compañero.

"¿Esta humana nunca sabe nada?" pensaba molesto Ezarel.

Consideraba inútil y un derroche de su tiempo explicarle la situación, pero sobre todo le hastiaba su presencia.

Estaba furioso, sabía que Miiko y Leiftan le habían asignado el rol de niñera y a aquella ingenua el de soplona.

Su ignorancia la hacía sensata, si el cometía un mínimo error, ella lo plasmaría inocentemente en el informe.

—Vamos a empezar, solo explicaré y ejecutaré una vez. Memoriza todos los detalles o de lo contario no podrás realizar un buen reporte—

Estaba a punto de protestar, su última frase había sido dirigida con tal entonación que cualquiera que la escuchara se hubiera sentido minimizado e insultado.

Le hablaba como a una inepta; ese tipo de tratos no los toleraba, no le importaba si fuese un familiar, un jefe con el máximo rango o su ídolo. Que insultaran su capacidad intelectual para ella era una de las mayores ofensas que se le pudieran dirigir. Sin embargo con un gran esfuerzo realizó una excepción y pasó por alto el asunto.

Ahora tenía asuntos más importantes por los que preocuparse, desperdiciar energía mental en una disputa con aquella reencarnación de narciso, le parecía un desperdicio de tiempo y un coraje innecesario.

Ezarel profirió un par de palabras que develaron una especie de circulo semejante a las mándalas por la cantidad de jeroglíficos y cuya estética era majestuosa, posteriormente emitió una corta oración y arrojó una pisca de un extraño polvo rosado que había guardado cuidadosamente en algún bolsillo de su vestimenta.

El pigmento quedó flotante en el espacio dentro del círculo, los símbolos brillaron, una luz emergió de ellos y arrasó con el polvo, que al tacto de esta adquirió un color rosado.

La luz se alzó varios kilómetros por encima de ellos, hasta chocar con una especie de barrera invisible que al toque de la luz adquirió su rozado color, revelando una especie de colosal domo rosa transparente.

Yunel observó el bello espectáculo. Se percató que desde otros puntos, 5 rayos luminosos de diferente color imitaban el fenómeno, dando como resultado una especie de aureola boreal.

—Quiero suponer que el pigmento colorea el escudo, si existiera una fisura en alguna zona esta no podría pintarse de rosa— Ezarel asintió—¿ Por eso ninguna luz es azul cielo? Porque poder admirar el cielo es indicador de grieta, si utilizaran ese color no podrían distinguir una fisura ¿Cierto?—

—Si no eres tan tonta como aparentas, esto me da esperanza de que tu reporte no sea mediocre—

—¡Eres insoportable! ¡No pienso tolerar tus malos modos!— Harta comenzó su descenso.

—¡No hemos terminado!—

Ezarel soltó un largo suspiro, lo tenía retenido desde aquella noche en la que el intruso casi asesina a 3 de sus compañeros. El peso del aire retenido le hacía daño, liberarlo aligeraba su pesar.

Sabía que el procedimiento de su conjuro había sido impecable, aún así las dudas lo aquejaban y la culpa lo carcomía, convirtiéndose en una carga muy pesada que había descargado injustamente con Yunel.

Reflexionó unos minutos sobre su actuar, ciertamente no le molestaba estar con ella, le molestaba el rol que le habían asignado sin su consentimiento, tampoco creía que su presencia fuera insoportable, en realidad todo le parecía insoportable incluyéndose el mismo.

—Lo siento— se dejó caer derrotado sobre la hierba.

Yunel lo miró absorta, comprendía lo duro que era reconocer para el soberbio de Ezarel un error.

—¿Es por lo que paso con el escudo?— el silencio respondió por Ezarel—Comprendo, pero eso no justifica que te desquites conmigo—

—Tienes razón, te pido una disculpa— Yunel se sentó a su lado, ambos se perdieron en el horizonte, contemplaron la majestuosa Guardia de la Anguila y el inmenso mar que la precedía, intentaban acallar su intranquilidad interior.

—Sé que soy la última persona en la que confiarías pero si necesitas hablar…— Ezarel escondió la mirada, su orgullo no le permitía mostrar su momentánea vulnerabilidad.

"Si no se entera hoy por mí, lo hará mañana por alguien más", aligeró su pesada carga y explicó todo lo acontecido aquella noche. Nada de lo que dijera podría alterar las investigaciones, que hasta el momento seguían carentes de coherencia y de información.

—¿Todos los restos de todos los infectados desaparecieron?— interrogó Yunel con incredulidad una vez que Ezarel le explicó la situación —¿Cuantos exhumados fueron? —

—112 para ser exactos—

—¿Qué? ¿Cómo? ¿En segundos….?— Ezarel afirmó ante la expectación de la humana.

—Obviamente un hechizo de trasportación— Yunel le dirigió una mirada molesta ante su tono satírico, en su mundo las cosas eran más complejas y lógicas. Si un detective le respondiera a su superior "El cadáver desapareció debido a un hechizó de trasportación" o "Sabemos que el ignoto es un vampiro cuyo modus operandis consiste en asesinar a sus víctimas con una mordida en la yugular" terminaría destituido y viviendo en un psiquiátrico de por vida.

—Recuerda que soy extranjera— agregó la ofendida— ¿Han tenido 112 infectados rondando por aquí?—

—No, en realidad en toda Eldarya en un lapso de varios años, después de neutralizarnos son sepultados aquí—

—¿Porqué aquí y no en donde radicaban?—

—Por las supersticiones de la gente ingenua y desinformada— expresó exasperado— creen que la tierra se maldecirá o ellos se contagiarán—

—Tengo entendido que la única forma de contagio es ingiriendo grandes cantidades de manaa, el cual solo se puede encontrar en tales niveles en el Cristal—

—Exacto—

—¿Y eso lo saben las personas? —

—Si, por eso encuentro absurdo que no quieran dar una sepultura digna a los que una vez fueron sus seres queridos o conocidos—

—Tal vez por el daño que causaron, no imagino al asesino de mi ser querido sepultado en el mismo cementerio—

—¿Y si tu ser querido fuese el asesino?— Yunel meditó el complejo cuestionamiento, para ella ambos lados tenían razones de peso.

—Ya hemos enfrentado esa disyuntiva, no hablo al aire. Fue una decisión difícil de afrontar, pero una vez que fuimos imparciales fue más fácil actuar correctamente— La imagen de Nerón llegó a la mente se Ezarel, era un gran líder con una infinita sabiduría.

Recordar la vehemencia con que perdió la cordura, la pérdida de su mirada benevolente sustituida por una furia y odio impropios, sus actos heroicos contrastados por aquel genocidio cometido a diestra y siniestra con la espada que una vez le ayudó a proteger a muchos inocentes aún perturbaba a Ezarel.

—Que tu escudo haya sido destruido no creo que haya sido coincidencia— aquella oración interrumpió los sangrientos recuerdos de Ezarel.

—¿Qué intentas decir?—

—Piénsalo: lo más valioso es el cristal y no se lo llevó, tuvo la osadía y el poder para romper el escudo de un jefe de guardia, someter a 3 poderosos guardias sin ser visto y todavía ¿desaparecer 112 cadáveres?—

—¿Insinúas que quiere amedrentarnos?— Ezarel medito cautelosamente su conclusión.

—Ceo que fuiste elegido cuidadosamente, derrocarte a ti es la forma de demostrar su gran poder— Nevra encontró el punto del ataque que quebró el escudo en lugar exacto en el que Ezarel lo había generado, aquella información sustentaba lo que Yunel exponía, para encontrar ese punto tuvieron que haberlo seguido. Ezarel comprendió que culpar a la suerte podría ser arbitrario e imprudente.

—Estamos hablando de un espía que puede ser incluso más ágil que Nevra…— susurró el elfo con preocupación.

—Lo más probable es que vuelva y si lo hace esta vez no vacilará en su objetivo verdadero— la mirada de Yunel era intensa, el sobrenatural tono marino de sus ojos brillaba enigmáticamente, miraba implorante a Ezarel quien correspondía con un mirar inquieto.

El viento jugaba con sus largas cabelleras, las despeinaba a su gusto, gruñía fuertemente prestigiando un peligro inminente y únicamente palpable para ellos.

—Ezarel ¿Prometes no juzgarme?—

—¿Por qué habría de hacerlo?— su compañera lo miraba suplicante, él suavizó su rostro dando pauta a que una confianza implícita surgiera.

—Voy a contarte algo, solo te pido que confíes en mi discernimiento—

—Esto no tiene ni pies ni cabeza. Créeme, nada de lo que me digas podrá ser más ilógico…—


Yunel miraba con fe el porvenir:

Tendremos más posibilidades de que Valkyon coopere si yo hablo con él, por ahora Intenta hablar con todos los implicados que en tus pesadillas fueron heridos—

¿Y Miiko? Si algo pasa posiblemente estaremos en problemas por ocultar información—

Es cierto, pero con mis nervios y tu salud pensarán que hemos perdido la cabeza, un simple presentimiento y un par de sueños no son pruebas tangibles—

Recelosamente escribía una carta, intentaba ser lo más clara y concisa posible ya que su destinataria posiblemente solo tendría unos minutos para leerla "dásela media hora antes del concierto cuando esté en camino a la reunión, no tendrá tiempo de recriminarnos", después de cuantiosos borradores y una detallada inspección por fin quedó satisfecha.

Contempló el papel durante varios minutos con la esperanza de encontrar un error que le obligara a redactarlo, se quedó inmóvil en su silla delante del escritorio mientras intentaba controlar la angustia que amenazaba con apoderarse de ella. Poco a poco la desesperación ganó terreno, se levantó frenéticamente y recorrió en círculos su habitación mientras inhalaba y exhalaba.

Quería correr a abrazar a su Cryslam y su Rawist, estar en contacto con ellos siempre mitigaba cualquier sentimiento y pensamiento negativo. De cierta forma se maldecía por haber conseguido familiares tan grandes, llegó un punto en que su tamaño se volvió problemático y tuvo que mudarlos al establo del Q.G. para mayor comodidad de los tres.

—Maldición, deben extrañarme— se repetía.

Tenía días sin verlos, pero el ajetreado día no le había dado un espacio para estar con ellos. Su alimentación no le preocupaba, seguramente alguien se habría hecho cargo de ellos.

La gente en Eldarya era sumamente solidaria, una de las formas en que se reflejaba era en la costumbre de atender a familiares ajenos, debido a lo anterior cada caballeriza contaba con un formato que especificaba si el familiar ya había sido alimentado.

Frecuentemente se encontraba con que sus familiares ya estaban alimentados, después de un tiempo conoció al misterioso benefactor.

Disculpa — le decía apenado—Es solo que… esta es mi manera de relajarme— confesaba Wendell infraganti, un miembro de la guardia obsidiana cuyo aspecto imponente contrastaba con su afable personalidad.

Yunel detuvo su andar cuando alguien llamó a su puerta, respiró un par de veces y dibujó una sonrisa en su rostro.

—Hola— saludó Aretha una vez que la puerta se abrió, su frio mirar escudriñó a su compañera—Ya lo imaginaba— concluyó con su habitual tono tranquilo y helado.

—Aretha ¿Sucede algo?— Yunel no pudo evitar contemplar a la albina, se veía increíblemente bella.

Su característica elegancia y distinción resaltaban aún más; Sus vestiduras impecablemente blancas ceñidas perfectamente a su torneado cuerpo provocaban que sus grandes ojos rosas adornados con unas largas pestañas risadas destacaran aún más.

Su blusa y una especie de capote eran decorados con algunos detalles perfectamente bordados en hilo dorado. Quien quiera que hubiera confeccionado su ropa había creado una exquisita artesanía.

Para finalizar su cabello blanco suelto y su frente se hallaban decorados con una fina diadema de oro en forma de serpiente.

—Vine a decirte que la vestimenta es preferentemente formal—

—Gracias por el dato— Yunel volteó pensativa a su armario, aquel insignificante acto no pasó desapercibido para Aretha.

—No tienes nada que ponerte ¿Verdad?—

—Bueno…— Yunel se rascó la cabeza, encontrar algo tan elegante en su armario sería una odisea—Ya me las arreglaré— dijo con una mueca mientras recordaba un par de prendas que no usaba por considerarlas demasiado elegantes y liosas para su gusto "al menos son obscuras y más cómodas que este minivestido"—Te confieso que jamás he sido partidaria de la elegancia—

—Lo comprendo, yo misma opto por conjuntos informales y prácticos— Era cierto, el vestir de Aretha era cómodo y casual, muy parecido al de Yunel. La única diferencia era la elegancia que impregnaba Aretha en todo lo que se pusiera, así fueran meras fachas—Podrías vestirte como normalmente lo haces, finalmente la formalidad es opcional—

—¿En verdad?— Aretha asintió—Mejor para mí—Aretha arqueó una ceja.

—No permitiré que salgas así, si es necesario iremos con los Purrekos—

—¿Qué? Pero acabas de decir que no hay problema en que vista como normalmente lo hago— impugnó Yunel.

—Mis padres siempre me dicen que la presentación es algo importante—

—¿Y? ¿Qué tiene que ver eso conmigo?— una mueca de confusión se dibujó en la humana.

—Siempre riño con mis padres como si fuese una adolescente por el vestir— Aretha resopló— Sencillamente lo encuentro banal y considero que es una pérdida de tiempo, no comprendo su innecesaria vanidad elficaYunel rio de buena gana.

—Creo entender ¿Tu madre insistió en tu presentación? —

—Ya la conoces— la cara de Aretha reflejaba disgustoTiene valores muy arraigados—

—Te comprendo, aún a mi edad mi madre se quejaba de mi poca feminidad—Yunel sostuvo su cabello en una coleta con sus manos—Mira— mostró sus orejas— Mi mamá dio un grito al cielo por cada uno— señaló 4 piercings extra aparte de los característicos pendientes femeninos que su madre le puso cuando era niña.

En su oreja izquierda solo llevaba un pequeño y sencillo arete extra, el cual se ubicaba un par de milímetros arriba del tradicional pendiente. En su oreja derecha llevaba el resto; el otro par del sencillo arete ubicado la misma altitud de milímetros arriba que el tradicional pendiente para niñas y dos pequeños piercings brillantes blancos con forma de estrella en el cartílago.

—Tuve que esperar a tener 18 para hacerlos— Aunque estaba en los límites de la adolescencia cuando se realizó el primer piercing, su decisión había sido tomada con premeditación y cuidado— Los fui haciendo poco a poco, mi mamá gritó con cada uno de ellos. Incluso años después seguía criticando mis orejas— Yunel engrosó y endureció su fina y suave voz intentado simular la de su madre— ¡Yunel, a este paso terminaras con orejas de coladera! — ambas jóvenes rieron.

—Dejé de ser adolescente hace mucho, excepto ante los ojos de mi madre—Aretha suspiró — Me considero una mujer madura y autosuficiente, no comprendo esa necedad de control hacía mi persona, lo entendería si actuara como Arsen pero…— Movió su cabeza con disgusto.

—Te comprendo, mi madre llegaba a ser bastante aprensiva. Aunque con el tiempo entendí que era su manera de protegerme— Aretha guardó silencio, en el fondo conocía "esa razón", desde la muerte de su hermano mayor sus padres aumentaron su rigor, no dejarían que la debilidad les robara un hijo más

—Supongo— murmuró e inmediatamente miró su reloj—Es tarde… debo irme—

—Es verdad, tengo que arreglarme — Yunel maldijo interiormente la puntualidad del vampiro.

—Recuerda la formalidad— La voz de Aretha se volvió autoritaria

—Te recuerdo que es opcional— la humana la contemplaba desafiante.

— No para ti— Yunel arqueó una ceja ante la afirmación de Aretha.

—Aja ¿Según quién? — cuestionó con oposición.

—Yo, no pienso ser la única vestida así—

—sigo sin comprender mi culpa —

—Arsen estará en fachas, ya lo conoces— la mirada de Yunel no se suavizó— Te lo pido como favor— Aretha sonrió suplicante.

—De acuerdo— aceptó sin darle importancia al asunto.

—Una cosa más…—Aretha abrió su capote para mostrar un arco y una alijaba completamente cargada— Lleva una capa— le guiñó un ojo y se despidió con cortesía.

—¡Aretha!— la aludida se giró a mitad del pasillo—No creo que solo hayas venido a discutir de ropa—Sus ojos rosas contemplaron interrogantes a Yunel — ¿Hay algo que quieras decirme? — agregó al ver que la interrogada no respondía.

—Yo…— La elfo enmudeció.

Su rosada mirada escudriño el piso, buscaba una respuesta convincente.

Le sorprendía lo observadora que podía resultar Yunel. Le asombraba el nivel de simpatía y confianza que había adquirido por la humana que ahora pásaba a ser una más de su pequeño círculo de amigos, conformado únicamente por Arsen y su hermano (aunque el lazo consanguíneo que la unía con este último probablemente lo descalificaba de su singular lista).

—Es complicado…— peinó su rebelde cabellera blanca.

—Comprendo…— Yunel contempló su inusitada mirada preocupada, su característica firmeza la había abandonado —Siento si fui impertinente…—

—Es difícil de explicar…— Roza y azul se vieron consoladas ante la reflejante mirada preocupada. No hubo necesidad de explicar, ambas estaban en la misma situación.

Refugiándose en la privacidad de la habitación y evadiendo el motivo de su estancia procedieron a saquear de forma mecánica el ropero de la anfitriona.

Encontraron un pantalón entallado a la cintura que era decorado con una fila de botones dorados al frente, lo combinaron con un crop top morado con detalles negros, buscaron un par de botas largas negras de piel que ambas consideraron cómodas y finalizaron con una larga capa negra con capucha.

Aretha se giró para dar privacidad a Yunel, mientras esperaba que se vistiera; analizaba las palabras con las que intentaría explicar el motivo de su preocupación.

—Ya puedes girarte— anunció Yunel mientras se colocaba las botas, posteriormente procedió a maquillarse para dar más vida a su pálido rostro; un poco de rímel, bálsamo labial, corrector y delineador la reavivaron.

De forma mecánica roció perfume sobre su cuello y muñecas, finalmente cepilló su larga y abundante cabellera negra y la dejó suelta, colocó con indecisión una corona delgada de flores lilas para adornar su cabeza.

Aretha observaba del automático actuar de Yunel, le sorprendía la exactitud de sus memorizados movimientos que no concordaban con su distraída y ausente mirada que parecía no atender su reflejo ni sus actos.

Los continuos desvelos, la acelerada vida y el faltante de tiempo en la universidad le otorgaron la destreza del maquillaje rápido y revitalizante.

Una sonrisa nostálgica se dibujó en su rostro, aquello se asemejaba a su ritual matutino que la preparaba para verse decente en la universidad. Con Aretha ayudándola rememoraba las incontables salidas nocturnas en la ciudad con sus amigas y amigos.

—Qué ibas a decirnos…— sin rodeos Aretha enfrentó la problemática.

—Nada relevante— evadió Yunel.

La franqueza de Aretha la había sacado abruptamente de su letargo mental, su cerebro maquinaba mil pretextos y mentiras convincentes.

—Mi hermano me advirtió del Cristal— confesó después de varios minutos en los que se percató de la renuencia de su compañera, por lo visto ella tendría que dar el primer paso

—¿Arsen? —Yunel contemplaba con incomprensión la rosada y turbada mirada de su interlocutora.

—No…— musitó, dejando transcurrir varios minutos para reanudar la conversación "¿He perdido la cabeza? ¿Quién Creería mi inverosímil historia?" — Mi hermano muerto…— vaciló Aretha, aquellas 3 palabras irrisorias la consternaron hasta a ella misma ¿En verdad ella acaba de decir aquello?¿Dónde quedaba su juicio?.

Yunel parecía meditar silaba por silaba de cada palabra, la elfo esperaba un "¿Enloqueciste?" o "Has perdido la cabeza", pero en su lugar; la oración que escuchó corroboró sus irrisorias pesadillas.

—Todos vamos a morir— Yunel había desviado la mirada ante su confesión —Van a atacar el cristal…—

La siguiente hora expusieron sus repetitivos y tortuosos sueños. Si alguien ajeno las hubiese escuchado señalaría que aquellas mujeres habían perdido la razón.

Locura o verdad; encontraron fantásticas coincidencias (en sus sueños), un hombro en que expresarse, un aliado que entendiera su irracional pesar y alguien en quien confiar…