Los personajes son de S. Meyer. Yo sólo los hago hacer estupideces. No lo hago con fin de lucro, aunque si me pagaran sería guay.


Capítulo X: El tiempo se agota.

PLAY: Time is running out – Muse.

"Quiero romper el hechizo que tú has creado. Tú eres algo hermoso una contradicción. Quiero jugar el juego, quiero la fricción"


Caminé hacia la puerta tranquilo, o destruido, no sé cual de las dos se acoplaba mejor a mi descripción. Abrí la puerta con el ceño fruncido y ahí estaba. Ella, mirándome, con la respiración entrecortada y sus mejillas sonrosadas.

Tragué saliva y pude sentir el tic-tac del reloj contra mi propio pecho.

Lo único que sentí después de eso, fue su cuerpo cálido pegado al mío y su boca dulce chocando con la mía. Atiné a agarrar su pequeña cintura y cerrar la puerta antes de besarla con desesperación. Ella gimió contra mi boca y yo la apreté más contra mi cuerpo.

Caímos en el sofá, pero a ella no pareció importarle. Se puso a ahorcadas contra mí y me besó con furia y desesperación. Metió una de sus pequeñas manos por debajo de mi polera y yo sentí que me quemaba bajo su tacto. No me quedé atrás y le saqué su blusa rápidamente, no quería perder ni un instante, aunque después me golpeara o me dejara, ya daba igual… lo único que me importaba ahora, en este instante, era hacerla mía.

Bajó sus manos hasta el botón de mi pantalón y lo desabrochó sin problemas, luego sentí como la cremallera era bajada y eso envió una punzada a mi entrepierna. La tomé por la cintura y me levanté. Comencé a caminar por el pasillo hasta mi habitación. Choqué unas tres veces desconcentrado por su toque hasta que por fin caí a mi cama con ella encima.

— Bella – susurré contra su cuello.

— Perdóname Edward – me dijo mientras dejaba que yo acariciara sus pechos por encima de la tela de su sostén.

— No tengo nada que perdonarte – le aclaré. Sentí el 'Click' del broche y me deshice rápidamente de él tirándolo por alguna parte de mi cuarto.

— Yo también te amo – me dijo respirando entrecortadamente.

Me quedé quieto un momento y ella se alejó un poco para verme a los ojos. La miré sorprendido. Ella también me amaba. Yo la amaba. Nos amábamos. Ambos. Dos. Me amaba.

— Repítelo – le ordené mientras la besaba sin control.

— Te amo Edward Mansen – susurró cerca de mi oído y yo fue feliz. Enormemente feliz.

Besé, lamí y chupé cada parte de su cuerpo. Sonreí orgulloso cada vez que ella suspiraba mi nombre o gemía cuando tocaba alguna parte sensible de su cuerpo. Disfruté cuando el aire de su voz chocaba contra mi oído mientras la hacía mía.

Varias personas me habían dicho que hacer el amor era muy distinto a tener sexo con una persona. Yo definitivamente estaba haciéndole el amor a Bella… pero no era como ellos lo habían descrito. Era mejor, mil veces mejor. Y esos ruidos. Dios, jamás me cansaría de ellos.

Aceleré el ritmo cuando me creí cerca del final. Sentía como una burbuja enorme se apoderaba de mí y crecía, crecía estando a punto de explotar.

— No pares Edward – me rogó Bella. Se arqueó contra mi pecho y el nuevo ángulo hizo que ambos gimiéramos fuerte.

— No lo haré hermosa – le susurré

— ¡Oh Dios Edward! – gritó. Pude sentir como llegaba a su orgasmo. Y con eso, yo también me vine.

Sentí los espasmos propios y los de ella. Caí encima pero sin aplastarla. Escondí mi rostro en su cuello y aspiré su olor otra vez. Si esto era un sueño, era uno de los más vívidos que había tenido. Rodé a su lado y la atraje hasta mi pecho. Besé la cima de su cabeza y sonreí feliz de que esto por fin estuviera pasando.

— Tenemos mucho de que hablar señorita – le dije

— Lo sé, pero ahora estoy realmente cansada – me dijo bostezando. Reí por lo bajo y la abracé con fuerza.

— Duerme pequeña – comencé a tararear su nana y a los pocos minutos se quedó dormida.

Yo no podía. Tenerla en mis brazos completamente desnuda y para mí, hacía que mi parte animal saliera. Cerré los ojos y sonreí como un bobo. Ella me amaba. Creo que después de ese pensamiento me quedé completamente dormido.

A la mañana siguiente la encontré en la cocina haciendo el desayuno, lo cual agradecí tenía un hambre voraz. Me senté en la mesa y ella me sonrió. Estiré mi cuerpo por encima de la tabla y besé sus labios con tranquilidad. Me separé y ella me miró sonrojada. Nunca me cansaría de esto.

Comimos entre risas y caricias furtivas y cuando terminamos no pude detenerme y la llevé de nuevo a mi habitación. Era mi cama y con ella enredada entre mis sabanas hacían el momento perfecto.

Mi celular comenzó a sonar. El nombre de Jane salía en el identificador de llamaradas. Lo agarré y atendí mientras Bella mordía parte de mi cuello.

— ¿Qué pasa Jane? – pregunté con los ojos cerrados ante la sensación.

— ¿¡Dónde rayos te metiste!? – me gritó. Abrí los ojos por la sorpresa.

— Estoy en mi departamento… con Bells – agregué sonriendo como estúpido.

— Pues tendrás que dejarla y traer tu trasero hasta el trabajo – contestó rápidamente – el señor Aro Vulturi ha venido a consultar los planos de su edificio

— ¡Oh Dios! – me incorporé. Bella me miró preocupada – lo había olvidado.

— Bien ¡muévete! – gruñó y cortó la llamada.

Me levanté y comencé a buscar mi ropa. Bella me miraba divertida y yo no aguante besarla de nuevo. Me separé y entré a la ducha.

¿Cómo lo había olvidado? Hace tres semanas que teníamos planeada la reunión, por que el tipo este era uno de los más grandes empresarios del país, por ende era alguien muy ocupado y hoy era la única oportunidad que teníamos para convencerlo de que nosotros éramos los indicados para el trabajo y que todo saldría bien.

Miércoles, mitad de semana. Diría que odiaría el día, pero simplemente no podía. Bella estaba ahí jugando con su celular, en mitad de mi cama con el pelo desordenado y lo primero que pensé fue en tirármele encima. Sacudí mi cabeza y le sonreí, tendría tiempo más tarde.

— Llegaré temprano – le dije besando su cabeza.

— Te espero – contestó.

En el trabajo todo marchó sobre ruedas. Llegué antes de que el señor Aro entrara a la oficina. Era un tipo alto, mayor, con cara de pocos amigos… pero resultó ser agradable por más de quince minutos.

Decidió dejar todo en nuestras manos y Jane estaba feliz. Sería su primer gran proyecto, así que estaba muy emocionada al respecto. Yo estaba feliz, no sólo por esto sino por Bella, es que era simplemente imposible. La noche anterior se me repetía una y otra y otra vez en la cabeza y "mi sonrisa de energúmeno" según Jane, no se quitaba de mi cara.

— Entonces ¿vamos a festejar? – preguntó Felix mientras se ponía su chaqueta

— No sé, tengo que volver a casa – le respondí

— No seas así Edward, hace tiempo que no sales con nosotros – me dijo palmeando mi espalda – no me digas que es por una chica

— Es más que una chica – respondí enfurruñado

— Es Bella – canturreó Jane danzando por la habitación

— Oh… vaya así que por fin hermano – hizo un gesto con sus manos y sonrió

— Así que pa-ga-me – aulló Jane tendiendo su mano hacia Felix, este gruñó y metió una de sus manos al pantalón sacando su billetera.

— Momento… - les dije. Ambos me miraron - ¿apostaron?

— Si – contestó Jane contando los billetes – le dije a este que te quedarías con Bella dentro de esta semana

— Y yo le dije que Bella se haría la difícil un poco más y te tendría así por un mes – se encogió de hombros y desordenó su cabello – supongo que se cansó de eso.

— Menos mal – rió la mujer – tengo cien dólares para mi - ¿vienes con nosotros?

Mi celular comenzó a sonar y "Bella" apareció en la pantalla. Sonreí automáticamente. Un caro de "uy" se escuchó a mis espaldas, lo ignoré y contesté.

— Hola cariño – saludé

— Hola pedacito de pastel – contestó una voz de la otra línea

— Alice – gruñí - ¿qué haces con el celular de Bella?

— Bueno vine a verla y me contó… cosas – me dijo en tono confidencial

— Que bien… ahora ¿Por qué me llamas? – pregunté

— Eddy, Eddy, Rose y yo sacaremos a Bella a pasear un poco – rió por lo bajo – sólo te aviso por cortesía y porque Bella me amenazó, así que eso…

— Bien, cuídate hermanita – gruñí.

Menos tiempo con Bells.

— ¿Y bien? – preguntó Felix mientras levantaba las cejas en forma sugerente.

— Tendré que ir con ustedes – suspiré – no tengo otra opción.

Ellos rieron y salimos rápidamente, en medio de conversaciones fuimos directo al café que siempre compartíamos. Subí el cierre de mi chaqueta, comenzaba hacer mucho frío por las noches.

— Hola Erick – saludé sonriendo

— ¿Qué tal todo chicos? – nos dijo haciendo una reverencia

— Queremos lo mismo de siempre – contesté. Él asintió y le guiñó un ojo a Jane. Felix gruñó y yo me reí por lo bajo.

Caminamos hacia nuestra mesa favorita y nos sentamos.

— No me gusta ese Erick – escupió Felix mientras doblaba el menú

— Relájate hombre… sólo quiere coquetear un poco con Jane

— No me metas en esto, él no es de mi tipo

— ¿cuál es tu tipo entonces Jane querida? – le pregunté riendo

— Cállate – susurró y golpeó mi pierna por debajo de la mesa.

Erick llegó con nuestros cafés y los pastelitos de siempre. Conversamos por un buen rato y yo me entretuve tirando indirectas hacia Jane y Felix, se notaba que esos dos querían algo más y me encogí mentalmente de hombros, ellos sabría que hacen con todo ese royo.

Mi celular comenzó a sonar nuevamente, miré la pantalla y salía Ben. Me sorprendí y atendí de inmediato.

— ¡Ben tanto tiempo! – le dije feliz

— ¿qué hay Edward? – me dijo riéndose

— Nada muy especial, tomando un café con unos amigos ¿y tú? – pregunté sonriendo

— Pues tengo una sorpresa – contestó

— Tenemos una sorpresa – escuché que gritaban atrás. Era Ángela

— ¿Qué sorpresa? – le pregunté curioso

— ¡En una semana nos vamos a Seattle! – gritaron ambos

Yo sólo reí con fuerza. Bella estará feliz.


Capítulo número diez. Estoy feliz que puedo subir. Con esta cosa del terremoto y las noticias y los cortes de luz y agua y bla bla bla mis nervios están de punta. Lo bueno es que mi familia, amigos y yo estoy bien. Fuerza para los demás en mi país que vamos a salir adelante.

Espero que les guste este capítulo. Saludos gente.

Un abrazo.

Velöurýa.