Capítulo 10: La peste Hyuuga

"Una acción desinteresada, puede producir consecuencias desafortunadas"

El nuevo sitio de moda en el distrito Konoha se llamaba Coffee Break, dispuesta a pasar un buen rato en compañía de su novio, a Ino le encantaba el ambiente retro del lugar, disfrutaba no sólo del café, los deliciosos pastelillos resultaban una genuino placer al paladar, por tanto, era preocupante que luego de quince minutos apenas hubiera probado la tarta de crema y zarzamoras que tenía al frente.

- ¿Todo bien preciosa?, luces decaída – Ino reaccionó articulando una torcida mueca, impropia de su espontanea personalidad.

- No es nada, tengo el estómago algo revuelto y no me apetece la tarta – Sai se preocupó por ella, desde que la conocía, Ino poseía una salud inquebrantable – no la comeré, ¿te importa si volvemos a casa ahora? –accedió de inmediato, su malestar debía ser más severo de lo que afirmaba.

Sai podría no ser la persona más receptiva del planeta y carecer de habilidades sociales primarias, tratándose de Ino su apatía trasmutaba en el temperamento de un enamorado dispuesto a enfrentar cualquier desafío por el bien de su amada.

Tiempo atrás Ino sacó a flote una parte que incluso él desconocía de su personalidad, sin sospecharlo, la vanidosa y superficial chica obsesionada con Uchiha Sasuke, se convirtió en el lazo más valioso que forjó en su vida.

Sai nunca comprendió un concepto tan ambiguo como el amor, la mujer que lo engendró le abandonó apenas nacer, siendo olvidado en un orfanato los primeros seis años de su vida. La familia adoptiva que a partir de entonces se hizo cargo era estricta y poco amorosa, su "madre", socialite en las altas esferas de Tokio, rara vez se encontraba en casa, mientras su "padre", prestigioso consultor financiero, basaba su vida en generar dinero.

Sometido en un régimen de perfección y apariencias, su familia adoptiva era estricta y superficial, el afecto se convirtió en un tema velado, haciéndolo olvidar incluso su capacidad de manifestar emociones, Ino fue la primera en despertar algo diferente a la apatía, gracias a ella conoció una variada gama de sentimientos, colmándolo de una felicidad hasta entonces desconocida.

Se despidieron en la entrada de la florería regentada por la familia Yamanaka, el malestar de Ino empeoraba y su único deseo era recostarse, el dolor de cabeza y los escalofríos empeoraban a cada minuto, supuso se trataba de un resfriado, si descansaba lo suficiente los síntomas desaparecerían.

- ¿Ino?, ¿eres tú? – su madre la interceptó a punto de subir las escaleras que conectaban a la segunda planta – ¿puedes ayudarme un rato en la florería?, tengo que salir a hacer algunas compras.

- Lo siento mamá, estoy un poco indispuesta – su madre la observó detenidamente, acercándose para constatar que todo estuviera bien.

- ¡Pero si estás ardiendo en fiebre! – exclamó alarmada – metete a la cama, prepararé unas compresas frías.

Se sentía tan enferma que obedeció sin chistar, pasó una noche intranquila, con el paso de las horas los síntomas mejoraron, tal como pensó, un sueño reparador bastó para reponer las fuerzas, al amanecer su madre entró en la habitación encontrándola todavía en cama, llevaba su desayuno y algunos analgésicos.

- ¿Cómo te sientes querida?, ¿Crees que puedas ir a la escuela? – puso la bandeja sobre el peinador y se dirigió a la ventana a correr las cortinas, permitiendo que la luz matutina entrara de lleno en la habitación.

- Si, ya me siento mejor – se incorporó en la cama, iba a ponerse en pie pero hubo algo en la expresión de su madre que la contuvo de hacer otro movimiento – ¿Por… por qué me ves así?

- Tu cara… – alcanzó a articular.

- ¿Qué tiene mi cara? – su madre le pasó un espejo para que lo comprobara por sí misma. De la impresión lanzó un grito horrorizado, su perfecto cutis estaba lleno de repugnantes granos carmesí.


La camaradería entre varios alumnos del primer año se estrechó al término de la prueba de valentía llevada a cabo semanas atrás, volviéndose común verlos interactuar en un pequeño grupo que solía reunirse entre los recesos de las clases. Justo en ese momento el peculiar grupito se encontraba discutiendo un tema expuesto por Nara Shikamaru, captando la total atención de los tres chicos sentados en torno a él.

- ¿Varicela? – señaló un impresionado Kiba al término de la pequeña reseña hecha sobre la ausencia de la Yamanaka.

- Si, me lo dijo su madre cuando pasé a recogerla esta mañana – vecinos de toda la vida, Ino y Shikamaru compartían una cercana amistad desde el preescolar.

- Pobre Ino-chan, me contagié de pequeña y fue realmente molesto – acotó Hinata con genuino pesar, sus habilidades oratorias mejoraron gracias a Ino, permitiéndole ser más participativa entre su nuevo grupo de amigos.

- Con lo vanidosa que es no quiero ni imaginar lo qué hará si le queda una marca en el rostro – los demás coincidieron con Kiba, imaginando a una Ino histérica.

- Sabían que la peste mató a un tercio de la población europea durante el siglo XVI – la voz femenina se dejó escuchar desde un rincón apartado, su poseedora era una desgarbada chica, autentica rareza de nombre Shiho, cuyo mayor distintivo eran unos lentes con fondo de botella que daban luz a su corta visión, rara vez hablaba y cuando lo hacía era para comentar datos extraños.

- Shiho, Ino no tiene la peste – observó Shino calmo.

- Siendo una enfermedad infecciosa quise aportar datos al respecto – murmuró indiferente, sumergiéndose de nueva cuenta en un libro que llevaba por título "Grandes Misterios del Siglo XX" y una vez se perdió en la fascinante lectura no volvió a dirigirles la palabra.

Shiho no fue la única en interesarse por la charla, siendo Ino la chica más popular de la escuela para el final del día la noticia se había difundido por todos lados, información tan valiosa vino especialmente bien a cierto club escolar.

- ¡Qué Ino tiene varicela!, ¿Estás segura? – Karin escuchó emocionada el relato compartido por una de las integrantes del club.

- Lo oí claramente cuando Nara-san lo comentaba, dijo que no asistiría a la escuela en al menos dos semanas – acotó la informante.

- ¡Gracias dios!, el castigo divino existe – celebró en voz alta, creyéndolo un justo escarmiento para la egocéntrica rubia.

- Bien chicas, con esto levantamos la sesión de hoy – puntualizó Sakura de buen humor, pero no tan feliz como Karin, a la pelirroja se le dificultaba esconder sus emociones.

- Ino con varicela – comentaba Karin entre risas mientras Sakura y ella abandonaban el salón donde usualmente llevaban a cabo las actividades de "La hermandad del Abanico" – pagaría lo que fuera por tener una foto suya así – Sakura no respondió, entretenida con algo que acababa de aparecer en su campo de visión – ¿Qué te pasa?

- Mira quién está ahí – señaló a una distraída joven que caminaba en dirección opuesta a la suya, poca atención prestaba al camino, concentrada en la enorme pila de libros que cargaba en brazos.

- Otra de las personas con la que me gustaría arreglar cuentas – concedió Karin con cierta malicia.

Hinata suspiró desganada, la biblioteca le pareció estar más lejos de lo habitual, ojalá Kurenai-sensei hubiese comisionado a otro alumno a ayudarla en la tarea, los libros le resultaron muy pesados y era difícil maniobrar los obstáculos, tal como los escalones que justo ahora bajaba, desdichadamente no encontró un solo conocido al cual pedir ayuda.

De nada valía quejarse, ya quedaba poco camino, la primera planta estaba al término de tres escalones y mentalmente visualizó el resto del trayecto: cruzar el pasillo hasta la salida al patio trasero y de ahí por el pórtico que conectaba con el edificio en el que se ubicaba la biblioteca, pan comido si consideraba los tres pisos que dejaba atrás.

La suerte dejó de sonreírle al bajar el último peldaño de la escalera y doblar por el pasillo, ahí topó de frente con dos personas que prefería evitar en la medida de lo posible, el encuentro fue inevitable, deliberadamente Karin chocó contra ella y los libros que sostenía en brazos cayeron al piso, quedando esparcidos a sus pies.

- Que descuidada Hyuuga… – se burló descarada – permíteme ayudarte – se le acercó y pareció agacharse, contrario a lo dicho pateó el libro que Hinata estaba por recoger. El libro se desplazó por el piso marmolado, yendo a parar a los pies de alguien que bajaba las mismas escaleras que Hinata utilizara antes.

El muchacho tomó el ejemplar de pastas verdes entre sus manos, cualquier otra maldad que Karin tuviera en mente desapareció al ver al recién llegado, éste redirigió sus desganados pasos a dónde ellas se encontraban, dispuesto a prestar ayuda a la chica que luchaba por recoger todos los tomos antes de que a la pelirroja se le ocurriera jugar fútbol soccer y fuera ella quien pagara las consecuencias por daño a la propiedad escolar.

- ¡Sasuke-kun! – exclamó Sakura un poco asustada – ¿po… podrías devolvernos el libro?, ayudábamos a Hinata a recogerlos, la pobre es tan atolondrada – dulcificó su voz, un vano intento por desviar la mala impresión.

- Vaya, que consideradas, es un lindo gesto teniendo en cuenta que la hicieron tropezar apropósito – la ironía les dejó en claro su presencia en la escena.

- No, cómo crees, nosotras seríamos incapaces de hacer algo así – acalorada, Karin intentó justificarse.

- Mi vista falla entonces – remarcó mordaz – no se preocupen, yo ayudaré a Hyuuga-san a recoger el resto de los libros, no vaya a ser que por "atolondrada" tenga otro accidente – les dio la espalda, acuclillándose para recoger los libros restantes.

- ¡No!… no hace falta Uchiha-san, puedo sola – de reojo Hinata miró a las furibundas chicas, quienes optaron por retirarse sin hacer otro comentario.

- Insisto, tómalo como un favor que luego podrás regresarme – la ira de Karin se intensificó al escuchar esas últimas palabras por parte del Uchiha, odiando como nunca a la peste Hyuuga.

- Estúpida mojigata, 'yo puedo sola', la muy mustia nos dejó nuevamente en ridículo frente a Sasuke – Sakura la apoyó, compartiendo la humillación de su compañera, imaginándose lo qué Sasuke pensaría de ellas. – Esto no se quedará así – prosiguió Karin de mal talante.

- ¿En qué piensas? – observó curiosa su compañera.

- Aprovecharemos las dos semanas libres de Ino para cobrarnos las cuentas pendientes con esa tipa, si tenemos suerte nos desharemos de ella en poco tiempo – aseguró Karin cegada por los celos y el rencor.

Ajena a los planes, Sasuke y ella terminaron de recoger los libros de historia, poniéndose en marcha a la biblioteca.

- No debiste hacerlo Uchiha-san… – balbuceó nerviosa, Sasuke no alcanzó a verlas, pero ella sí que constató el resentimiento profesado.

- Un "gracias" bastaba – impasible, confió en hacerla olvidar pronto el incidente.

- No, no lo entiendes…, debo lidiarlas por mi cuenta – argumentó frustrada, recordando escaldada la última vez que tuvo una desavenencia con las chicas de ese club.

- No estás sola – el nerviosismo de Hinata resultó evidente, Sasuke mejor que nadie sabía lo molestas que podrían ser, a diferencia de antes él tenía decidido intervenir y si era necesario se encargaría de ponerlas en su lugar.

- Agradezco tu preocupación Uchiha-san, ¿pero qué clase de persona soy si siempre dependo de los demás para solucionar mis problemas? – objetó testaruda, a él podría parecerle una tontería, pero a ella sí que le preocupaba el alcance de sus acciones, debía mantener al Uchiha al margen si no quería empeorar su situación.

- No dirías lo mismo si fuese Naruto quien te ofreciera su ayuda – la comparación era tonta, no obstante a Sasuke le frustró su falta de confianza cuando en más de una ocasión le dejó claro su apoyo incondicional, o eso quiso creer, en el fondo sabía que el sentimiento era bien distinto.

- Eso… eso no tiene qué ver…, de ser Naruto-kun el problema no existiría… –contestó sin pensar y de igual modo Sasuke rebatió.

- Claro, olvidé que para ti sólo cuenta la existencia de ese imbécil – algo estalló dentro de Sasuke, le molestó de sobremanera la solícita devoción profesada a su amigo, la convicción con que le defendía, actitud opuesta a su introvertido carácter habitual y que bajo ninguna circunstancia mostraría tratándose de otra persona.

- Sólo no te involucres Uchiha-san… – incrédula del giro tomado y antes de poder explicarse, un crispado Sasuke se le adelantó.

- Bien, si así lo quieres, entonces no volveré a mover un solo dedo para ayudarte – con un mal sabor de boca le devolvió bruscamente los libros, ofendido en el orgullo – aquí tienes, como tú puedes sola con todo, no necesitas mi ayuda para llevar esto.

- Espera Uchiha-san, eso no fue lo quise decir, yo no quería ofenderte… – irritado, volvió sobre sus pasos sin atender las suplicas de la joven, de haberlo hecho hubiese sucumbido ante la profunda tribulación de ella.

De nada valía negarlo, el rechazo caló hondo en sus sentimientos, el resto del día y parte de la noche las palabras de ella no pararon de girar en su cabeza, le molestaba la forma cómo siempre defendía a Naruto y más que eso saber lo que representaba para ella y lo que él nunca podría significar. Hinata producía estragos inconvenientes a su estado anímico, lo convertía en un tonto redomado que no atendía a la razón, él, Uchiha Sasuke, quien siempre anteponía sus intereses sobre los de cualquiera, estaba a merced de una ingenua chica sin mayor encanto que su amabilidad y timidez.

Le tomó tiempo serenarse y recapacitar su proceder, avergonzándose rápidamente de su infantil comportamiento, por horas se torturó cavilando la mejor forma de proceder a partir de ahí, finamente llegó a la conclusión de que olvidarse de Hinata era la mejor opción, el apego no le sentaba nada bien, distanciarse lo mantendría a salvo de repetir los errores de ese pasado que dejó hecho añicos sus corazón. Convencido, renovó la promesa de no entrometerse en asuntos ajenos, en lo que a él respectaba, Hyuuga Hinata ya no existía.

Continuará…


(Dudas, sugerencias, felicitaciones y jitomatazos favor de dejarlos en un comentario, gracias ;3)

NOTA DE SALEM:

Algunos problemas técnicos me impidieron actualizar antes, al parecer no escarmiento con eso de poner fechas de publicación, ya no volveré a hacerlo, por lo que no sé cuándo publicaré el próximo capítulo, quiero creer que tardará menos que este pero nunca se sabe, bueno, aclarado el punto voy a lo siguiente, quien me haya leído desde que comencé con el doujin y luego el FF, sabrá que esta historia es un NaruHina o SasuHina (como quieran verlo según su pareja favorita), al no haber escrito el final, la pareja definitiva se decidirá casi en el último capítulo, según se desenvuelva la trama y si, aunque yo la imaginé, la trama ha estado tomando una especie de vida propia, mi retiro me dio otra visión de lo que quería y ahora que la retomé ya no estoy segura de dejar a Hinata con quien creí sería el elegido, necesito acabar de escribir los capítulos siguientes para poder tomar una decisión convincente, todo se ha complicado teniendo en cuenta que en un futuro aparecerá un tercero en discordia que podría dar un giro a los eventos, dicho esto, me despido y espero leerlos en una próxima ocasión.

Gracias infinitas a:

giobanaeliz, fran sanchez, Nana, Andrea, Sayuri Koitsumi, inufrausto, Lima Nyo, clausuhh, bellamita-uchiha, Monse, Milena y a los queridos anónimos que siempre tomo en consideración, leer sus comentarios de algún modo me da la batería para continuar.