Disclaimer: no es mío y qué bueno, de lo contrario ya Simon me hubiese demandado por acoso.


10. Respuestas

- No parece ser esta la mejor manera de mantener la distancia –protestó Jane mientras cerraba la puerta-.

Minutos antes en el estacionamiento del FBI, Lisbon convencía a Jane de reunirse en un lugar privado, ya que lo que tenían que conversar era un asunto bastante delicado, así que optaron por comprar algo de comer para llevar y encontrarse en el apartamento de él. Cada uno llegó en su propio vehículo; desde el estacionamiento del edificio hasta entrar al lugar, se dijeron muy poco. La comida china resultó ser la elegida para satisfacer el antojo de Lisbon; pollo agridulce, arroz frito y chow mein.

- Era esto o hablar en un restaurante en medio de la música, el ruido de la gente conversando, el mesero viniendo a la mesa a cada instante; la verdad no quiero que nos interrumpan –señaló Lisbon mientras observaba el lugar-.

Era pequeño pero acogedor; un pasillo daba la bienvenida, a un costado de éste, la entrada a la cocina, saliendo del corto pasillo se llegaba a la sala comedor, que era el centro del apartamento; lo completaba una pequeña terraza, un baño y una habitación. Jane dispuso la comida en la mesa del comedor y abrió la puerta de cristal corrediza que daba hacia la terraza, para darle paso a la brisa nocturna.

- Está bonito, bastante cómodo –comentó ella mientras tomaba asiento y abría los empaques para comenzar a comer, Jane hizo lo mismo-.

Era una lástima estar reunidos para tratar cosas tan desagradables cuando había tanto deseo de por medio; allí estaban, frente a frente con un mundo de cosas por decir, con la necesidad de compartir la carga y aligerar un poco el peso, pero sobre todo con unas ganas enormes de mandar todo al carajo y comerse a besos; por muy sabrosa que resultaba la comida china, no lograba saciar ese tipo de hambre y ansiedad que solo se calma con el abrazo del ser querido.

Diez días sin él, fueron todo un martirio; era irónico pensar que había pasado todos esos años controlándolo, regañándolo, enojándose con él por cada plan que inventaba a sus espaldas, ignorándolo mientras se le bajaba el furor por verse con exceso de trabajo por culpa de sus locuras, tirándole lápices o cualquier cosa cercana a su mano, para sacar la cólera de esos momentos cuando él no podía ser más irritante; y luego, solo bastarle un día de saberlo haciendo su vida lejos de ella, para descubrir que todo aquello era una nimiedad, lo que verdaderamente importaba eran esos pequeños y significantes detalles que siempre tenía detrás de su apariencia bromista; gracias a él, volvió a sentir las ganas y pasión por vivir, por él, es que piensa en una vida más allá de las cuatro paredes del CBI y sobre todo, el hecho de que sólo él puede dibujarle con tanta facilidad y a veces sin proponérselo, sonrisas genuinas en su rostro. Allí estaban, compartiendo algo tan simple y cotidiano como una cena, pero por las circunstancias en las que se encontraban, era prácticamente la materialización de un milagro.

Tenía que tener cuidado con lo que deseaba; tanto la pensó, tanto la soñó y tanto la evocó, que allí la tenía frente a él; tal vez había una fuerza extraña entre ellos, que los hacía siempre reencontrarse aunque sea estando enojados o en términos distantes. De vez en cuando le daba permiso a sus ojos para disfrutarla más de lo necesario; hoy estaba sencillamente linda –pensaba Jane-; tenía su cabello totalmente amarrado a lo alto, lo que dejaba su cuello y sus orejas al descubierto, se apresuró en meterse otro bocado de comida para mantener su boca ocupada y librarla de la tentación por besarla; definitivamente iba a ser una noche difícil. Decidió concentrarse en lo que los tenía reunidos en ese momento: "John el Rojo", le cambiaba el semblante con tan solo pensar en su nombre y por recordar las pistas desconexas que no lo llevaban a ningún lado.

Comieron prácticamente en silencio, de vez en cuando surgía alguno que otro comentario sobre Minelli, los chicos, el equipo del FBI, la vida en Los Ángeles, nada del otro mundo; la mayor parte del tiempo eran lapsos en silencio disfrutando simplemente la compañía del otro; es bien sabido que la conversación sin palabras es la más difícil de manejar; pero Jane y Lisbon no eran el tipo de pareja que necesitaban llenar vacíos incómodos con palabras innecesarias; para ellos la sola presencia del otro decía mucho, por lo que en la mayoría de las ocasiones, no requerían hacer mención de algo para revestir los silencios y sentirse cómodos.

- Estuvo delicioso –dijo Lisbon moviendo su plato a un lado-.

- No te comiste ni la mitad –le respondió Jane en tono suave. Ella esbozó una media sonrisa-.

- Ya no puedo, creo que era tanto el antojo, que hizo que me quedara satisfecha rápido.

- Lo chicos dicen que casi no estás comiendo, tendré que hipnotizarte para remediar eso –le dijo en broma-.

- Nunca más vas a entrar a mi mente, tenlo por seguro –respondió en un tono amenazante pero sin poder evitar sonreír- ¿cuándo hablaste con ellos?

- El que no esté físicamente a tu lado, no significa que esté ausente; de alguna u otra forma siempre hacía un intento por saber de ti –le respondió con su voz ronca y casi en un susurro, mientras la miraba fijamente-.

- "Maldición, justo en el blanco, sí que sabe cuál fibra tocar para ablandarme las piernas" –pensó Lisbon- ¡Espera un momento! Fuiste tú el de la idea de las ensaladas y todas esas comidas deliciosas de estos últimos días ¿cierto?

- ¿De qué hablas? –Jane fingió sorpresa-.

- Claro, ¿cómo no lo supuse? ¡Era algo demasiado elaborado para Rigsby! –dijo ella; Jane sonrió-.

- Te he extrañado –Lisbon no esperaba esa declaración tan repentina, sintió como se le aceleraron los latidos del corazón y como un fuego interno se apoderaba de ella. Jane continuó sin darle chance a reaccionar-.

- Esa noche en el CBI no me diste oportunidad de decirte tantas cosas que aún tengo trabadas.

- Lo sé –le interrumpió Lisbon-, no me gustan las despedidas y creo que tampoco era el momento, no quería hacer más dramático el asunto.

- Si –coincidió Jane, hizo una breve pausa antes de continuar-, pero no hay nada peor que aquello que nunca fue dicho, es como si las palabras que quedaron prisioneras te cortaran el aire, ahogándote día a día un poco más.

- Créeme que te entiendo perfectamente –dijo Lisbon en medio de un suspiro. Se intercambiaron una de esas sonrisas nostálgicas-.

- Tal vez siga siendo un mal momento; pero quería que supieras que te he echado mucho de menos, como un condenado –no terminó muy bien de hablar cuando se dispuso a recoger la mesa y a llevar los envases a la cocina; estaba nervioso, así que su reacción era huir; después de su tragedia familiar, no era su costumbre estar expresando sus sentimientos, sin embargo, no supo si fue la nostalgia por tenerla cerca sin poder estar plenamente con ella, lo mucho que le había extrañado, el efecto de sus ojos mirándole o la intimidad del lugar; pero quería hacerle saber, que a pesar de todo, él aún seguía estando loco por ella. Lisbon por su parte, siguió sentaba en el comedor como si sus palabras le hicieran eco dentro de sí; no sabía muy bien cómo manejar esos momentos; a pesar de llevar años conociéndose y de haber pasado una noche con él; no estaba acostumbrada a que tuviesen ese tipo de conversaciones serias y profundas; le gustaba que se abriera de ese modo, era como si él empezara a quitar las telarañas de su alma para abrirle las puertas a ella, sólo a ella.

- ¿Quieres té? –le preguntó Jane al ver que ella no había hecho comentario alguno sobre lo que acababa de confesarle, la verdad es que se sintió un poco tonto por eso-.

- Si gracias, me caería muy bien uno –la pregunta le hizo salir de la burbuja en la que había quedado atrapada por las palabras de Jane-.

-R-

Sentados uno al lado del otro, en un pequeño sofá en la terraza del apartamento, disfrutaban del té, del cielo empañado por las luces de la ciudad y del silencio reconfortante que antecedía a la tormenta de confesiones que se avecinaba.

- Cuando Ruth y Dylan me secuestraron y John el Rojo los asesinó e hirió a Wesley, ya hace poco más de un año, te dije que él no me había dicho nada –comenzó a relatar Jane, soltando por fin el peso sobre sus hombros-, pero en realidad si lo hizo.

- Lo sé, no te creí; pero lo negaste con tanto énfasis que me hice a la idea de que no querías compartir esa información conmigo; aún así estaba segura que él no dejó escapar la oportunidad de dañarte de alguna forma con sus palabras.

- Así es –"es tan fácil hablar con ella", pensó Jane –Me recitó un poema y me dio un mensaje de Kristina.

- William Blake ¿cierto? –Jane la miró con ojos de sorpresa-.

- ¿Cómo lo sabes?

- También me recitó uno cuando estuve con él: La Tierra de los sueños.

- Lo he leído –dijo Jane, había repasado tantas veces los escritos de Blake que lo identificó de inmediato-.

- ¿Crees que tengan algún significado oculto? Me compré un libro y me he puesto a leer, pero la verdad no soy buena para los poemas y esas cosas.

- Si, deben tener alguna relación con su historia y su pasado.

- ¿Qué te dijo sobre Kristina? Ahora entiendo porque estabas tan convencido de que él la tenía.

- Me dijo que ella me apreciaba a pesar de nuestras diferencias, además John el Rojo se despidió con el grito de guerra "Roll Tide"; mismo que había mencionado Kristina, cuando salimos unos días antes.

- El lema del equipo de fútbol Crimson Tide –dijo Lisbon especulativa-

- Así es.

- Escucha, con respecto a William Blake, hubo otra persona quien recitó un extracto de uno de sus poemas y que luego cuando John el Rojo me tuvo, lo repitió –Jane la miró fijamente, empezaba a sentir la adrenalina corriendo por su cuerpo-

- ¿Quién? –preguntó expectante-.

- Gale Bertram –Jane la miró fijamente pero no respondió nada, su mente empezaba a hacer conexiones; se levantó rápidamente entrando hasta el comedor y empezó a revisar los bolsillos de su saco, Lisbon se levantó y lo miraba confusa-.

- ¿Qué buscas? –Jane no respondió a su pregunta, sólo se limitó en entregarle un papel con cinco nombres escritos: "Gale Bertram, Karl Smith, Wayne Risgby, Grace Van Pelt y Madeleine Hightower", leyó Lisbon- ¿qué significa esto?

- Es la lista de sospechosos finales de LaRoche, con respecto al caso de Todd Johnson –le contestó Jane evidentemente exaltado-.

- ¿Todd Johnson? ¿Y qué tiene que ver con Bertram y John el Rojo? –Jane calló por un momento y se acercó a ella para quedar frente a frente-.

- ¿Recuerdas que Todd quería revelarme un secreto? –Lisbon asintió- Antes de que falleciera, logró decirme las palabras "Tigre, tigre", del poema de Blake que John el Rojo me recitó –Lisbon explayó los ojos, ni en un millón de años se hubiese imaginado-.

- Eso quiere decir, que Todd…

- Formaba parte de la red de John el Rojo y quién lo asesinó también –le interrumpió Jane un tanto exaltado al compartir por fin con Lisbon sus descubrimientos-, alguien dentro del CBI es un topo de John el Rojo, siempre ha estado entre nosotros sin que nos diéramos cuenta –Lisbon alzó su mano y observó nuevamente la lista de sospechosos que sostenía, el papel empezaba a temblar a causa de los nervios que de pronto le entraron.

- ¡Oh por Dios Hightower! –Exclamó con incredibilidad y terror-.

- No es ella –inmediatamente le respondió Jane-.

- ¿Cómo estás tan seguro?

- Lo sé; cuando supe que todas las pruebas la señalaban a ella, la confronté; no fue ella, sé cuando alguien me miente; además, ¿por qué precisamente iba Todd a asesinar a Howard?, John el Rojo sabía de su vínculo con Hightower y de alguna forma necesitaba incriminarla y sacarla del medio –Jane explicaba con determinación-.

- ¡Oh, no, no puede ser! –Lisbon se sentó en una de las sillas del comedor, tenía la mirada perdida como intentando convencerse de que sus sospechas no eran ciertas. Jane se agachó frente a ella, la tomó por uno de sus hombros y la miró fijamente-.

- ¿Qué pasó? ¿Qué has recordado? –le preguntó con preocupación. Lisbon se reunió con su mirada-.

- Fue Beltram quien delató a Hightower con LaRoche, él fue quien le dijo que Hightower y Howard fueron amantes –Jane se levantó y empezó a caminar por el comedor, una de sus manos se posaba en su cintura y la otra cubría su boca, su respiración se agitaba mientras procesaba todo lo que Lisbon le había dicho. Ella se levantó y le observaba igualmente sorprendida pensando en los hechos-.

- No debemos sacar conclusiones premeditadas, no creerás que Gale Bertram es el mismo John el Rojo o que sea cómplice de éste ¿cierto?

- Todo encaja; el poema, el incriminar a Hightower, el que John el Rojo tenga conexiones tan fuertes dentro del CBI para frustrar por años cualquier investigación; ¿no te das cuenta? –le dijo Jane con emoción-.

- Pero ¿por qué me tendría que recitar algo de Blake? Eso sería ponerse en evidencia, además, Bertram tiene contactos y conoce secretos de la gente, muy fácil pudo enterarse de la relación de Hightower con Howard.

- Pero está en la lista –le dijo Jane casi alucinando-, Karl Smith, fue el guardia que custodiaba los calabozos esa noche, solo tuvo la mala fortuna de estar en el lugar y en el momento inadecuado; Hightower no fue, no voy a descartar a Risgby y Van Pelt, pero por favor, ¡Bertram encaja en todo!

- No lo sé, puede ser, reconozco que tienes razón, pero no podemos acusar a Bertram sin pruebas –le dijo ella tratando de ser racional-, dime ¿qué tenemos?: suposiciones en base a un poema y a un chisme, ¡por Dios!, quedaríamos como locos y nos podríamos meter en muchos problemas, ¡vamos se trata del director de toda la división del CBI! –Lisbon intentaba calmar a Jane, reconsiderando las cosas en frío-.

- A mi no me importa que me tilden de demente Teresa, tampoco me interesa el cargo o posición de la gente –le dijo Jane seriamente-, si Bertram tiene las manos sucias voy por él –Lisbon abrió la boca para protestar- No te preocupes, no voy a hacer nada hasta recabar más información; sé a quién debo recurrir ahora para seguir armando el puzzle.

- ¿Y ahora quién? –preguntó ella agotada-.

- Debo ver de nuevo a Madeleine.

- ¿De nuevo? ¿Sabes dónde está? –Le preguntó Lisbon con una mezcla de sorpresa e indignación-.

- La ayudé a escapar, no podía dejar que la atraparan –dijo él como si se tratase de cualquier cosa; Lisbon abrió a más no poder los ojos y boca-.

- ¡Me mentiste cuando te pregunté si tuviste algo que ver en su fuga! –Le reclamó enojada- ¿Qué más tengo que saber? –Exigió Lisbon respuesta mientras se acercaba a él para quedar a centímetros de su cuerpo; a Jane se le trabaron un poco las palabras y levantó las manos a la altura de sus hombros en señal de paz, temiendo que Lisbon lo golpeara-.

- Es todo lo que me queda por decir respecto a John el Rojo, te lo juro; no te dije lo de Hightower porque no podía incriminarte en la fuga de una sospechosa buscada por tu propia agencia; lo único que me resta por decirte es que la lista de sospechosos me la dio Minelli y que sólo él, Hightower, tú y yo sabemos de la conexión de Todd y el topo con John el Rojo –Lisbon por un momento cerró los ojos y colocó una de sus manos en su rostro. Jane posó las suyas en los hombros de ella, por lo que Lisbon le miró-.

- Prométeme que no dirás nada –le pidió Jane en voz baja-, debemos seguir investigando bajo perfil, John el Rojo no sabe que Todd pudo confesarme algo, él cree que aún sigo ignorante de todo, es mejor que las cosas sigan así, en cierta forma nos da una ventaja; por favor, no le comentes nada a Johnson ni a nadie.

- No lo haré –dijo un poco más relajada- son puras conjeturas, además tienes razón, por como están las cosas no creo que podamos confiar en nadie. Investigaré a Bertram, revisaré su expediente, historial, me meteré en la base de datos del CBI, quizás encuentre algo importante –Jane asintió; retiró sus manos de ella, pero no se movió, por lo que quedaron muy cerca; fue cuando el silencio, las miradas, sus respiraciones y la excitación del momento empezaron a jugar sagazmente contra la cordura y la fortaleza de ambos-.

- Creo que ya es hora de que me vaya, ya es tarde y mañana tenemos que estar temprano en el FBI –dijo Lisbon nerviosamente, rompiendo así el contacto, se alejó de él para tomar su bolsa que había dejado en el sofá y se dirigió a la salida, Jane la siguió-, cuídate cuando vayas con Hightower, no te confíes, quizás nos tengan vigilados.

- No, nunca nos reunimos en un mismo lugar, tampoco voy en mi auto, trato de tomar todas las precauciones –Lisbon se volteó para escucharle y quedaron de frente de nuevo; Jane calló un instante, su cercanía le hacía sentir nuevamente ahogado por todas las palabras reprimidas, esas palabras que sólo son para ella y que querían salir a toda costa; intentó controlarse empujándolas de nuevo hasta el fondo-. Gracias por todo, eres la única en quien puedo confiar plenamente, no quería meterte en esto, es muy peligroso y la verdad no dejo de sentir miedo por lo que pueda ocurrir –confesó irremediablemente mientras mantenía la mirada baja. Lisbon se acercó un poco y buscó sus ojos tristes-

- No, gracias por confiar en mí, créeme, de ese modo me proteges mejor, no hay peligro más grande que estar ignorante de las cosas; así que nada de miedos, ya estamos metidos hasta la médula en esto, recuerda que solo confiando en nosotros podemos avanzar; estaremos bien ¿vale? –Le dijo con un amago de sonrisa, intentando darle confianza- Tú mismo lo dijiste, John el Rojo no tiene ni idea de lo que sabemos.

Jane sonrió un poco y asintió; rompieron la cercanía y prosiguieron su recorrido en silencio a la salida, cuando Lisbon quedó frente a la puerta cerrada, volteó, miró por un instante a Jane, se acercó de nuevo, le tomó por su cuello con ambas manos y lo besó con pasión; Jane no lo esperaba, quedó cortado por un instante, pero al sentir sus delicados labios adueñarse de los suyos, no pudo resistirse a ese sabor dulce con el que delira día a día desde que los probó por primera vez; así que la abrazó fuertemente y correspondió fervientemente a sus tibios besos, intentando desquitarse de las ganas reprimidas por esos 10 días sin probarlos; fueron suavizando el gesto poco a poco hasta que quedó en una suave caricia de labios que muy a su pesar, tuvieron que cortar para poder obtener algo de respiración.

- Yo también te extrañé mucho, no te imaginas cuanto –le dijo Lisbon suavemente-.

- Teresa… -ella posó un par de sus dedos en su boca, evitándole continuar, sin quitar sus dedos, le dio pequeños y repetidos besos en las comisuras de sus labios, mientras le comentaba en voz baja…-

- Sé que no debemos, sé que dije que iba a guardar la distancia y así lo haré, pero necesitaba este beso más que cualquier otra cosa –Lisbon se separó de él y él al no sentir su calor, abrió de nuevo los ojos; ella ya había abierto la puerta y le dedicaba una hermosa mirada-.

- No tienes que acompañarme, conozco el camino de salida –diciendo eso, Lisbon abandonó el lugar-.

Jane quedó de pie sin poder moverse, respiraba rápidamente, sentía como le hervía la sangre; cuando medio pudo dar un paso, apoyó ambas manos y su frente en la pared más cercana, cerró los ojos por un momento y cuando los abrió, su mirada se topó con la zona baja de su vientre, vio como esa parte de su cuerpo tomaba vida propia; ella no pudo haberlo dejado más excitado.

- Bendita seas Teresa, sí que sabes dar en el blanco –se dijo con desespero mientras emprendía su camino al baño-.


"Existe un niño que vive en mí, jugando a no quererte, pero hace tanto ruido este olvido que no te pude escuchar; recordar que ya no estás, que cuando hay olas en el mar y cuando no también; cuando me siento sereno, cuando te echo de menos […] acabo siempre haciendo un nuevo intento por saber de ti, cuando decido mejorar, cuando me digo esto no es vivir, me desespero y en este mundo no encuentro alivio y apareces en lo ajeno, no sabes cuánto te eche de menos. Tú me besas yo me hundo y sé, que nadie en este mundo apagaría, ni tu fuego ni mi sed."

Alejandro Sanz, "Cuando te echo de menos" (canción).


Próximo: Jane sintió como algo dentro de sí se derrumbaba poco a poco, como fichas de dominó cayendo una tras otra; la desilusión, la incertidumbre y un tanto de asco se mezclaban en su mente y cuerpo; ¿acaso podría ser la persona que tanto ansiaba encontrar? […] "Maldición, ¿cómo pude estar tan ciego? ¿Cómo se me pudo pasar alguien así? ¿Tan cerca de mí, tan cerca de todos? Maldita sea" se recriminaba entre la rabia y el dolor.

A/N: Dirán que soy mala, pero es que me encanta imaginarme a Jane perdiendo el control ante los encantos de Lisbon; así que nada, esos dos se están ansiando a más no poder, pero John el Rojo nos pone las cosas difíciles.

Por cierto, parte de este capítulo lo escribí en un restaurante de comida china, mientras esperaba mi plato de arroz frito, pollo agridulce y chow mein (: