~ X ~ El Final: La Aventura de Shin ~

Aquél día era un agradable domingo. Ichigo había sido transferido al 13avo escuadrón en calidad de teniente, debido a que su esposa ocupaba el puesto de Capitana en funciones. No era oficialmente la Capitana, pero era la postulante más apta para el cargo.

Shin, su pequeño hijito, acababa de cumplir 5 años y comenzaba a parecerse más a Ichigo que a Rukia. Tenía el mismo cabello rebelde de su padre, pero de color negro; y sus ojos se volvían cada vez más violetas.

Estaba sentado con su madre comiendo un pedazo de sandía mientras miraban al padre entrenando kendo con una espada de madera.

─ ¿Puedo intentar yo también? ─ preguntó el niño una vez que terminó de comer su fruta.

Ichigo lo miró extrañado. A Shin generalmente le gustaba mirarlo entrenar, pero jamás había intentado aprender por sí mismo.

─De acuerdo, ven─ el pelinaranja aceptó. En realidad aceptaba todo lo que el niño le pedía, era demasiado adorable como para decirle que no. Además se portaba muy bien.

Ichigo le cedió su espada de madera a su hijo y Rukia le lanzó a Zangetsu a él, que ahora mantenía en una forma sellada parecida a una katana para tener un perfil más bajo; o al menos eso le había ordenado hacer el Comandante Kyoraku, porque Zangetsu no es precisamente discreta.

─Tomas la espada así─ le enseñó a su hijo como tomar la espada con ambas manos, los codos rectos, las piernas un poco separadas

Luego, le enseñó cómo blandir su espada. Unos movimientos suaves, que no se esforzara mucho, pero se le daba muy bien.

─Practica eso un rato, iré a buscar otra espada de madera─ indicó Ichigo, despeinando la negra cabellera de su hijo.

─ ¡Papá, espera! ─ dijo el niño, corriendo detrás de su papá ─ ¿Me puedes mostrar tu zanpakuto?

Eso tomó por sorpresa tanto a Ichigo como a Rukia… ¿qué le pasaba al niño?

El pelinaranja se agachó a la altura de su pequeño.

─Escucha, Shin, siéntate un poco─ le dijo, el niño obedeció como siempre y se dispuso a escuchar atentamente a su papá ─El poder de papá está sellado, así que sólo podré enseñártela unos minutos

─ ¿Por qué está sellado tu poder? ─ preguntó Shin, justo en el momento en el que Rukia se sentó junto a él.

─Es porque tu papá es muy fuerte, Shin─ contestó la mujer, mientras acariciaba la cabeza de su retoño ─Y si no sellamos la fuerza de tu papá pasaran muchas cosas malas.

La verdad era que Ichigo podía utilizar sólo el 5% de su poder, incluso en la Sociedad de Almas. Era una medida preventiva para evitar que el reiatsu del shinigami dejara de afectar a las almas que estaban cerca de él, además de que Kurotsuchi había formulado la teoría de que si no podía salir todo el reiatsu de Ichigo, tampoco saldría el de Yhwach.

─Así que, ¿estás listo? ─ preguntó Ichigo mientras se ponía de pie y se alejaba un poco de Shin y Rukia

─ ¡Sí! ─ contestó entusiasta el niño

Ichigo se sintió muy feliz al ver como brillaban los ojos de su hijo. El pequeñito lo admiraba mucho.

─Atraviesa la luna, Zangetsu─ murmuró el shinigami.

La katana cambió por la clásica Zangetsu de siempre, la larga y gran espada sin empuñadura ni guarda. Ichigo había adquirido con el tiempo la habilidad de manipular la forma de su espada según lo necesitara, pero ese era un secreto que no le contaría a Shin aún.

El niño miraba impresionado la zanpakuto de su padre. Quería tocarla, pero no sabía si eso se podía hacer.

─Oye, Zangetsu─ Ichigo le habló a su espada. Se quedó en silencio un rato, ensimismado en una conversación interna ─Deja que el niño te empuñe un rato.

Se quedó otro rato haciendo muecas raras con los ojos cerrados hasta que, al parecer, ganó la discusión.

─Ven, Shin─ Shin se paró del césped y se dirigió a su padre, quien apoyó a Zangetsu en el suelo y se la pasó.

Como era de esperar, el reiatsu que desprendía la espada era demasiado poderoso para el niño. Le costaba mantenerse de pie, pero aún así no cayó al suelo. Se mantuvo firme y con su consciencia intacta, sorprendiendo tanto a su madre como a su padre. Y éste último no quería que su hijo cayera noqueado al suelo, así que luego volvió a tomar su espada y la selló una vez más.

Shin seguía de pie, un poco cansado, pero de pie.

─Ese es el zanpakuto de tu padre, Shin─ explicó Rukia, mientras iba y lo afirmaba para ayudarle a evitar un poco el cansancio.

─Así que esa es la gran Zangetsu…─ murmuró el niño, mirando como Ichigo iba a dentro de la casa a dejar su zanpakuto y a sacar algo de jugo para el niño

─ ¿Dónde la habías visto antes? ─ preguntó la madre, acariciando los brazos de su pequeño con mucho amor maternal

─En un libro que me prestó el tío Byakuya─ contestó Shin ─No entendía lo que decía, así que le pregunté y me dijo que esa era Zangetsu de papá.

Rukia sonrió. Shin también se llevaba muy bien con Byakuya.

─ ¿Esto fue ayer, cuando te quedaste con él por la tarde?

─Sí, el tío Renji dijo que Zangetsu no era tan fuerte como Zabimaru

─Oh, ¿así que dijo eso? ─ dijo Ichigo, que traía una espada de madera y un vaso plástico con jugo para su hijo. Se lo entregó y el niño tomó un buen trago antes de seguir hablando

─Pero era mentira, Zangetsu es muy genial─ contestó el niño, siempre entusiasta.

Conversaron un rato antes de que Ichigo siguiera enseñándole como utilizar una espada. Incluso, Ichigo y Rukia cambiaron lugares y Shin quedó fascinado con las habilidades de su mamá.


Al otro día, Rukia estaba en su oficina llenando papeleo mientras su hijo dibujaba recostado en el suelo. Ichigo se encontraba haciendo algunas diligencias en la Sociedad de Almas.

─Mami─ llamó Shin, desconcentrando un momento a su madre

─Dime, hijo─ contestó la capitana en funciones, dejando su pluma a un lado para darle toda su atención a su pequeño retoño

─Tu zanpakuto es blanca, ¿cierto? ─ preguntó el niño

─Así es─ contestó la mujer ─ ¿Quieres verla?

Shin asintió con su cabeza, poniéndose de pie para ir junto a su mamá.

─Bien, tengo una misión para ti entonces…─ dijo la mujer, acercándose al oído de su hijo. Le susurró un par de cosas y el niño salió corriendo de la oficina. Ella también, pero en dirección al campo de entrenamiento del escuadrón.

Una vez allí, Rukia miró el terreno, amplio y liso. A Shin le encantaría lo que estaba planeando.

─ ¡Capitana en funciones Kuchiki! ¿Qué está pasando? ─ preguntó uno de los miembros del escuadrón

Rukia le había pedido a Shin que llevara a todos los miembros al campo de entrenamiento.

─Oh, no es nada─ contestó ella ─Sólo quería que pasemos un buen rato.

Desenvainó su zanpakuto, asustando a sus subordinados. Shin corrió junto a su mamá para ver de cerca el shikai, lo que les dio un poco más de confianza.

─Baila, Sode no Shirayuki.

Shin quedó maravillado al ver la blanca katana de su madre.

─Primera danza, Tsukishiro.

La capitana en funciones congeló toda el área de entrenamiento, creando una bonita pista de hielo. Luego volvió a envainar su espada, dejando fascinado a su hijo.

─ ¿Qué esperan? ¡Las sandalias se deslizan muy fácilmente aquí! ─ gritó Rukia, mientras le daba la mano a Shin para enseñarle a patinar.

Pronto, todos los chicos del escuadrón se acercaron con confianza a la improvisada pista de hielo que Kuchiki les había fabricado. Ya era casi la hora del almuerzo, así que Rukia pensó que patinar un rato sería muy agradable, una pequeña instancia de relajación no le vendría mal a nadie.

─Tu poder es genial, mamá─ dijo el niño mientras intentaba no caerse

─ ¿Por qué estás tan interesado de pronto en las zanpakuto, Shin? ─ preguntó la mujer, ayudando a su hijo a patinar

─Quiero ser un shinigami como tú y papá─ contestó el niño

─ ¿En serio? ─ preguntó Ichigo, que había llegado justo para escuchar esa respuesta.

Ichigo traía una katana pequeña en su mano. Shin salió corriendo (resbalándose mucho en el proceso) al ver lo que traía su padre y llegó junto a él en menos de lo que canta un gallo.

─ ¿Qué es eso papi? ─ preguntó el niño, muy entusiasta. Rukia llegó junto a ellos medio minuto más tarde.

─Mira, Shin─ dijo Ichigo ─Mamá y yo conversamos anoche y decidimos regalarte tu propia asauchi, pero tienes que… Hijo, ¿me estás escuchando?

El pequeño Shiba sólo miraba la pequeña katana sin prestarle atención a lo que su padre le decía.

─Si, si─ contestó el niño sin mirar a su papá

─Sólo pásasela─ dijo Rukia, refiriéndose a la espada de Shin

Ichigo puso cara de fastidio y le entregó la katana a su hijo. Sólo miro a Rukia e hicieron un gesto de "qué más da" mientras el niño corría a mostrarle su katana a todo el 13avo escuadrón.

─Esto es nostálgico─ comentó Ichigo mientras se acercaba a darle la mano a su esposa

─Como aquella vez en Karakura…- murmuró Rukia, sonrojándose un poco

─ ¿Quieres patinar? ─ preguntó el teniente, invitando a su esposa

─Me encantaría.

Dieron vueltas durante un buen rato, los dos, solos, mientras que Shin le enseñaba su katana a todo el mundo.


Un mes después, llegó la fecha oficial del nombramiento de Rukia como Capitana del 13avo Escuadrón. Todos los capitanes estaban reunidos en la oficina del Comandante, ubicados según su escuadrón. Ichigo y Shin Shiba estaban a un lado de los capitanes, esperando a que ella entrara.

─Les presento a la nueva capitana del 13avo escuadrón…─ dijo Kyoraku ─ ¡Rukia Kuchiki!

Rukia entró a la sala un poco sonrojada, mirando a todos a su alrededor. El haori le quedaba grande y como hacía tiempo que no usaba el shihakusho con dos mangas, se sentía extraña; e Ichigo lo notaba. Se estaba aguantando la risa mientras la miraba tratar de acomodarse la ropa sin que se notara.

Una vez que toda la presentación terminó y los demás capitanes comenzaron a relajarse, Shin saltó a los brazos de su madre y la llenó de besos. Luego, se bajó a buscar a su papá para que la felicitara también.

Entonces, ocurrió.

Ichigo comenzó a sentirse mareado. Se sentía muy extraño, una presión siempre presente en su pecho.

Cuando se dio cuenta de lo que estaba pasando, tomó a Shin se lo lanzó a Rukia, asustándolo mucho. Rukia tomó a su pequeño en sus brazos, abrazándolo fuerte. Luego lo dejó en el suelo y se paró delante de él

─Es… él─ murmuró Ichigo antes de perder el control de su cuerpo.

Todos se alarmaron en cuanto la cicatriz del pecho de Ichigo comenzó a emanar un familiar reiatsu negro.

¿Eres feliz, Kurosaki Ichigo? ─ la voz de Yhwach salía de la boca del pelinaranja, que tenía una mueca de dolor.

Ichigo estaba sufriendo.

Los capitanes se colocaron todos frente a él, exceptuando a Zaraki. Comenzaron a recitar el cántico de un bakudo muy poderoso creado especialmente para cuando Yhwach no pudiera ser controlado; pero tuvieron que detenerse abruptamente porque Shin Shiba había salido corriendo disparado hacia su papá, con su pequeña katana desenvainada.

─ ¡SHIN! ─ gritó Rukia, tratando de correr detrás de su hijo, pero fue detenida por Kurotsuchi ─ ¡SUÉLTAME IMBÉCIL, MI HIJO ESTÁ AHÍ! ¡SHIN! ¡SHIIIIN!

Rukia no pudo evitar contener las lágrimas; el reiatsu negro se hacía cada vez más fuerte y abarcaba cada vez más espacio. El niño ni siquiera se veía entre toda esa energía.

Por su parte, Shin se adentró cada vez más en el reiatsu, llegando de una vez junto a Ichigo. Su padre estaba sufriendo y lanzaba unos berridos desgarradores, cuando de pronto, una mujer alta, con el cabello largo de color blanco al igual que su tez, que tenía un vestido blanco acompañado de una bufanda roja apareció frente a él.

¿Quieres ayudar a tu papá, Shin? ─ preguntó la mujer, tocando el hombro del niño

─Sí─ contestó decidido. No había tiempo para preguntar quién era ella o por qué sabía su nombre. Shin tenía instinto para los problemas y suponía cómo era que debía actuar; una habilidad que había heredado de su padre.

Sólo debes decir mi nombre─ dijo la mujer ─Me llamo S…

─Mi hijo…─ murmuró Rukia, cayendo de rodillas al suelo mientras lloraba. No podía evitar mirar el reiatsu de Yhwach

─ ¡Borra todo lo que esté en tu camino, Shogetsu! ─ gritó el niño, mientras que la hoja de la katana cambiaba, convirtiéndose en una hoja de cristal.

De golpe desapareció todo el reiatsu negro. Todo gracias a que Shin apuñaló con su espada a su padre.

Ichigo cayó al suelo, inconsciente. Shin corrió hacia su papá, tirando su katana. Comenzó a golpearle la cara, tratando de hacerlo reaccionar.

─ ¡Ichigo! ¡Shin! ─ gritó Rukia, corriendo hacia su hijo y su esposo. Una vez que llegó junto a ellos, se sentó en el suelo para intentar que Ichigo despertara

─Mami…─ murmuró Shin, sin dejar de golpear la cara de su padre ─No pude ayudarlo…─ las lágrimas comenzaban a salir de sus ojitos violetas.

Rukia puso su mano sobre la cabeza de su hijo.

─Hiciste que dejara de gritar, hijo─ contestó ella, mientras vigilaba que los signos vitales de su esposo no bajaran ─No sé cómo lo hiciste, pero calmaste su dolor. Papá está descansando ahora.

─Pero aún así…

─Lo detuviste, Shin, eso es lo que importa.

Kurotsuchi y Kotetsu llegaron de inmediato al lado del teniente Shiba, vigilando que todo estuviera bien. Cuando la capitana del 4to escuadrón empezó a hacer su trabajo de examinar el reiatsu de Ichigo, Mayuri le hizo algunas preguntas a Shin. El niño aclaró que una mujer había aparecido frente a él y le dijo que era su zanpakuto; luego recogió su katana y todos los presentes miraron maravillados la espada con empuñadura roja, una guarda de color dorado y una impactante hoja de cristal.


Tres días después, Ichigo descansaba en su cama. Rukia le estaba cambiando la camiseta cuando él se removió incómodo y abrió los ojos.

─Rukia…─ murmuró en cuanto logró verla

─Hola, buenos días─ dijo ella, terminando de cambiarle la camiseta a su esposo.

─ ¿Qué pasó?

─Pregúntale a tu hijo.

─ ¿Shin?

─Como si tuvieras otro hijo

─Pero, ¿por qué?

─Deberías verlo, en realidad.

Rukia le ayudó a pararse y juntos fueron a la entrada de la casa, dónde Shin estaba entrenando solito.

Ichigo casi se fue de espalda al ver que Shin no estaba empuñando la pequeña katana que él se había dado el trabajo de ir a buscar a la mismísima Guardia Real. Nimaiya le había dado un montón de problemas para darle una asauchi, sobre todo porque siempre que Ichigo iba a visitarlos, era para pedir favores. Se sintió muy mal cuando le dijeron eso.

El pequeño Shiba estaba empuñando una espada de cristal, que bajó al ver a su papá en pie.

─ ¡Papá! ─ gritó, corriendo a abrazar a Ichigo. A penas sintió el duro abdomen de su padre, se puso a llorar. ─Lo siento, lo siento mucho.

─No lo sientas, hijo─ dijo el hombre, acariciando la cabellera de su hijo ─Gracias.

El niño sólo lloró con más ganas.

─ ¿Quieres contarme qué pasó? ─ Ichigo cargó a Shin en sus brazos. No le costaba mucho ya que no le dolía nada, solo estaba cansado.

Rukia escuchaba atentamente la explicación que daría su hijo. La mujer se dio el trabajo de contarle todo acerca de la guerra (evitando siempre usar palabras muy fuertes, como asesinatos y esas cosas) y el por qué había un señor malo dentro de Ichigo.

─El señor malo intentó salir de tu cuerpo─ comenzó Shin ─Entonces apareció una señora frente a mí y me dijo que si quería ayudar a papá tenía que decir su nombre, así que me dijo que se llamaba Shogetsu. Yo sólo la llamé y la espada cambió y te apuñalé─ Shin empezó a llorar otra vez ─Perdón papá…

─Está bien, no te disculpes─ Ichigo despeinó los cabellos de Shin ─Mira, la herida no es grande.

Ichigo dejó a su hijo en el suelo, junto a él, y se levantó la camiseta para mostrarle al niño que la herida que le había dejado a la altura de las costillas solo era un poco más profunda que un rasguño. Tenía un parche porque Rukia si que se había dado el tiempo de desinfectarla, sólo por si acaso.

─Es como un rasguño de Shinigami─ mencionó el niño tras ver la evidencia

─A veces es necesario usar tu espada contra las personas que amas, hijo─ dijo Rukia

El pequeño niño iba a responderle a su mamá, cuando el Capitán Comandante Syunsui Kyoraku apareció en el jardín, junto a Nanao.

Ambos, tanto Ichigo como Rukia, hicieron el saludo militar del Gotei 13. Shin sólo se puso derecho, como aquél día en la ceremonia de nombramiento de su madre.

─Relájense, chicos, vengo como un colega a visitar a su compañero─ dijo Kyoraku. La pequeña familia le hizo caso.

─Capitán─ dijo Nanao con voz seria

─Si, de acuerdo─ asintió Kyoraku. Él quería hacer las cosas de forma amistosa, pero al parecer tendría que hacerlas como el Comandante

Al notar que Kyoraku se ponía serio, Rukia los invitó a él y a Nanao a pasar. Ichigo y Shin también entraron luego de recoger a Shogetsu, la zanpakuto del niño.

El pequeño retoño Shiba fue a su habitación a jugar con Shinigami porque entendía que era una conversación de grandes y no debía interrumpir; mientras que Kuchiki servía té e Ichigo se sentaba frente al Comandante en el comedor occidental contrabandeado por Urahara que tenían en casa.

─ ¿Cómo estás, Ichigo-kun? ─ preguntó el comandante

─Bien, gracias─ contestó el aludido, amablemente

─ ¿Él? ─ Kyoraku se refería a Yhwach

─Está tranquilo.

Ichigo estaba pendiente de eso desde que se había despertado; el reiatsu del Rey Quincy no había desaparecido, pero si estaba muy, muy dormido.

─Sobre eso quería hablarte.

Ichigo levantó una ceja, extrañado. Rukia llegó con cuatro tazas de té, que repartió entre los presentes y luego se sentó junto a su esposo

─Shin debe ingresar a la academia cuanto antes─ ordenó, aunque de esa manera amable tan característica de Kyoraku

─Me niego─ contestó Ichigo. Ni siquiera lo pensó.

─No puedes negarte, es una orden del Comandante, Kurosaki-san─ dijo Nanao, con amabilidad.

─Shin aún es muy pequeño, sólo tiene cinco años─ comentó Rukia

─Pero no puedes negar que tiene talento, Rukia-chan─ dijo el comandante ─Podemos llegar a un acuerdo, si es lo que quieren.

Ichigo miró a Rukia. Simplemente le dejó la decisión a ella, era mucho más sensata para ese tipo de cosas. Kuchiki pensó un rato largo, debía evaluar todas las opciones y sobre todo, lo que era mejor para su hijo.

Y claramente lo mejor era que aprendiera a controlar su poder antes de que su propio poder lo superara.

─De acuerdo, entrará en la academia─ dijo después de pensar. A Ichigo no le terminó de agradar la respuesta, pero si era decisión de su esposa, no tenía nada que decir ─Pero tengo mis condiciones.

Nuevamente, Ichigo y Rukia compartieron una mirada de complicidad. Con la condiciones sí que estarían de acuerdo. Kyoraku notó eso y se sintió muy feliz por ellos, esa complicidad era demasiado adorable, se notaba el amor que sentían.

─Los escucho, chicos, soy todo oídos─ el Comandante se acomodó en la silla mientras que Nanao escuchaba atentamente.

─Shin no estará en un curso de promoción avanzada, se tardará los seis años que corresponden en terminar la academia─ dijo Rukia, mientras que Nanao anotaba lo que ella decía

─Llegará todos los días al 13avo escuadrón escoltado por un shinigami designado por nosotros y dormirá aquí, en nuestra casa─ agregó Ichigo, siempre con sus cejas fruncidas

─Me parece lógico, sí─ concedió Kyoraku

─Cualquier investigación sobre su zanpakuto la hará Kisuke Urahara, Mayuri Kurotsuchi no se acercará a nuestro hijo por ningún motivo─ dijeron los padres de Shin, claramente sin ganas de ceder.

Nanao anotó eso con rojo. No era una petición descabellada, precisamente; era lo que cualquier persona con sentido común elegiría.

─ ¿Algo más? ─ inquirió el comandante

─Bien podrías subir los sueldos, pagas una miseria─ mencionó Ichigo, mirando hacia el lado

─Lo siento, Ichigo-kun─ respondió Kyoraku ─Hay 46 motivos por los que no puedo hacer eso.

Rukia soltó una sonora carcajada.

Luego de eso, bebieron té y conversaron amigablemente por un par de horas, hasta que Kyoraku tuvo que volver a sus funciones.

Ichigo y su esposa fueron a la habitación de Shin a ver qué rayos hacía el niño.

Se encontraron con una imagen muy tierna: el niño se había quedado dormido en el suelo (como siempre, no había forma de quitarle la costumbre) mientras hacía un dibujo de él y sus padres vestidos de shinigamis y con sus zanpakuto bastante bien detalladas.

Rukia recogió el dibujo y lo mantuvo en su mano.

─Cuando lo veo así…─ murmuró Ichigo, sonrojándose un poco ─Me dan ganas de tener otro.

La cara de Rukia literalmente explotó. ¿Era posible acaso que una piel tan blanca alcanzara tales tonalidades de rojo?

─ ¿Quieres tener otro? ─ Rukia no hizo una pregunta; hizo una propuesta.

─Nunca quise tener sólo uno─ contestó Ichigo, poniendo una expresión muy sugerente.

─Eres un idiota─ murmuró ella, sonriendo de manera aún más sugerente de lo que él hacía

─Podríamos dejar a Shin con Kukkaku, le encanta estar allí─ susurró Ichigo en el oído de su esposa mientras le agarraba una nalga.

─ ¿La próxima semana, tal vez? ─ propuso Rukia, correspondiendo el agarrón de nalgas.


Antes de decir nada, quiero agradecerles por haber seguido este fanfic hasta aquí. He disfrutado mucho escribiéndolo, me he divertido mucho con ustedes a lo largo de estas semanas n-n

Este fanfic comencé a hacerlo porque, después de casi un año, logré superar el luto con el final de Bleach. Traté de atar todos los cabos sueltos que pude, aunque igual puede que haya dejado alguno que otro por allí.

Espero que hayan disfrutado la historia, así como yo he disfrutado escribirla.

Gracias por todo chicos, nos leemos pronto :corazón guei:

Amy Fuera~! ¡BANKAI!