¡Oh, dios! ¡Lo he conseguido! ¡Al fin he cumplido mi palabra! Tal como os dije en el último capítulo, aquí tenéis otro más.

A los que no habíais leído la historia antes de mi maravilloso cruce de cables: ¡Espero que os guste!

A los que llegasteis a leer la historia antes de mi maravilloso cruce de cables: ¡Espero que los cambios no hagan que os guste menos que antes!

Así pues... ¡Espero que os guste! (AVISO: creo que me ha quedado un pelín largo. Casi nada).


Mister Racc-oon no era un simple y honrado hombre de negocios. De haberlo sido, no habría llegado tan lejos, ni tendría que sobornar a algunos importantes altos cargos de la Armada para que le dejaran hacer lo que quisiese. Era un hombre alto, más gordo que fornido, que en algún momento de su vida tal vez fuera de la talla de Franky.

Tenía tatuado un antifaz negro alrededor de los ojos que, junto con su cabello gris y blanco perfectamente acicalado, hacían que su rostro encajara perfectamente con el significado de su nombre. Iba vestido elegantemente con un frac negro, camisa blanca y pajarita roja, además de un bastón tallado de ébano y oro, y un alto sombrero de copa negro con una cinta blanca y un par de orejas estrambóticamente colocadas a cada lado.

- Pero… ¡qué manera de hospedar a nuestros huéspedes es esta!- exclamó, mesándose la barba gris con su peculiar y astuta sonrisa pintada en los labios.- Por favor, seguidme. Os llevaré a vuestras habitaciones, camaradas.

- ¿Habitaciones?- murmuró Zoro al oído de Luffy, que le respondió con su habitual sonrisa.

- ¡Vamos, chicos!- exclamó con alegría el alocado capitán.

Siguiendo a Racc-oon, salieron de la sala, adentrándose en un pasillo metálico hasta llegar a un enorme y lujoso ascensor, tan grande que entraron todos y hubieran podido entrar más.

- Entonces… ¿Crimson, ha dicho?- preguntó con curiosidad la morena.

- Así es, encanto. ¡Crimson! Lo que habéis visto hasta ahora no es más que la zona de control. Ahora empieza lo bueno.- sonrió su anfitrión, al tiempo que el ascenso del elevador se detenía y sus puertas se abrían tras el sonido de una campanilla.

No estaban preparados para aquello.

- ¿Esto… esto es…?- comenzó Brook, con creciente asombro.

- Esta es la parte del casino, sí señor.

La algarabía jubilosa de la sala no reparó en ellos. El enorme casino tenía un enmoquetado rojo granate impoluto, y un millón de columnas de mármol se extendían a lo largo y ancho del lugar, sosteniendo la enorme cúpula de cristal y oro que dejaba ver un cielo infinitamente azul al otro lado. Al fondo de la sala, justo en el lado opuesto a donde se encontraban ellos, se hallaba una enorme escalinata, también con moqueta granate y barandillas doradas de extrañas y delicadas formas, que ascendían un tramo antes de crear un enorme rellano desde el que reinaba la sala un gigantesco retrato de Racc-oon rodeado de oro y bellas mujeres, para luego dividirse en dos escalinatas, una a cada lado, que ascendían a la segunda planta del edificio.

Todo allí era opulencia y lujo. Los hombres vestían con traje de chaqueta, esmoquin o frac, mientras las mujeres llevaban los vestidos más finos y preciosos que ninguno de los miembros de la banda de Sombrero de Paja hubiera visto jamás.

Siguieron a Racc-oon a través del gentío que se volvía para saludarlo, a lo que el respondía con un carisma que parecía natural pero de una manera extraña, casi como si todo fuera una treta, una obra de teatro en la que todos tenían un papel muy bien ensayado. Zoro miraba con desconfianza en todas direcciones, tratando de averiguar qué era aquello que le parecía tan extraño de aquel lugar. No tardó en hacerse la luz.

- ¿No son la mayoría de estos hombres… esto… piratas? - murmuró, acercándose al caballero para hacerse oír

- ¡Oh, sí! Nuestra isla esta abierta a cualquiera que desee divertirse. La gran mayoría de estos lobos de mar decidieron que Grand Line era demasiado para ellos, por lo que decidieron venir aquí a incrementar sus botines de manera menos… recriminable e ilegal, por decirlo de alguna manera.

- Ya veo…- replicó el peliverde, regresando a su lugar a la derecha de Luffy.

Ascendieron la enorme escalinata, subiendo el segundo tramo por el lado derecho, hasta llegar a una segunda planta totalmente aislada del sonido del escandaloso gentío que acababan de ver.

- Oye, viejo, ¿y nuestro barco?- preguntó Franky, preocupado por su adorada nave.

- ¡Oh, compañero, no tenéis de qué preocuparos!- sonrió Racc-oon, mirándolo por encima del hombro.- Nuestros mejores carpinteros se están encargando en este preciso momento de arreglarlo.

- ¿Arreglarlo?- exclamó el cyborg, aún más preocupado.

- ¡Calma, calma!- rió su anfitrión, poniéndose a su altura y dando unas palmadas conciliadoras en la enorme espalda del peliazul.- Todo fue por culpa de esa maldita niebla.- explicó, sin cesar de caminar.- Nuestra isla solía sufrir muchos ataques de Reyes Marinos, sobre todo aprovechando los bancos de niebla, así que ideamos un sistema de repulsión acústica para mantenerlos alejados. Cuando disminuye la visibilidad, aumentamos la potencia para asegurarnos de no sufrir un ataque sorpresa. Lo malo es que demasiada potencia parece ser capaz de causar daños en humanos.- volvió a reír.- ¡Por ello casi debo daros las gracias! ¡Si no llegamos a ver como perdíais el conocimiento, hubiéramos seguido usando el repelente a esa escala!

- ¡De nada, hombre!- soltó irónicamente Usopp, algo molesto.

- ¿Qué pasó después de que perdiéramos el conocimiento?- quiso saber Sanji, que había encendido ya su segunda colilla desde que despertaran.

- Vuestro barco chocó contra uno de los acantilados, por suerte lo suficientemente cerca de una de las torres de vigilancia. Enseguida os trajimos a tierra y llevamos vuestro barco al astillero principal. En cuanto me informen del tiempo que se tardará en acabar con los arreglos, os informaré.- entraron en un ascensor igual al primero y comenzaron nuevamente su ascenso.- Por cierto, mis chicos me han dicho que la maquinaria de vuestra nave es de lo mejorcito que han visto.

- Por supuesto.- dijo orgulloso Franky, adoptando una de sus poses chulescas.

Las puertas se abrieron, dejando ver un pasillo casi más lujoso que los anteriores.

- Ya hemos llegado.- sonrió el anfitrión, abriendo un lateral de su chaqueta y sacando 3 llaves.

Avanzaron un poco por el pasillo, parando delante de una puerta.

- Esta ala del hotel será exclusivamente para vosotros el tiempo que dure vuestra estancia. La suite Rey del Mar para la señorita.- le cedió con delicadeza la llave a Nico Robin.- Esperó que lo encuentre todo a su gusto. Nos hemos tomado la libertad de dejarle algunos detalles que esperamos sean de su agrado.

- Muy amable.- sonrió la mujer, abriendo la puerta.

- ¡Robin-chwan! ¿Quieres que me quede contigo para que no estés sola?- dijo el cocinero, casi revoloteando tras ella.

- Tú quieto donde pueda verte, bastardo.- soltó Franky, agarrándolo por el cuello de la camisa y tirando de él para evitar que siguiera a la arqueóloga.

- Hasta luego, chicos.- se despidió la morena cerrando la puerta tras de sí, no sin antes lanzarle una sonrisa de agradecimiento al Cyborg.

- Bien, ahora tenemos dos Suites Imperiales con 4 habitaciones cada una, así que si decidís como os vais a dividir os dejaré en paz para que os relajéis.- sonrió Racc-oon, con una llave en cada mano.

Luffy, Ussopp y Chopper se miraron rápidamente con una sonrisa, dejando claro que ellos debían ir juntos sí o sí. Sanji y Zoro se miraron.

- Yo voy con ellos.- dijo el espadachín con indiferencia, acercándose a los tres miembros más jóvenes.

Sanji no tenía paciencia cuando aquellos tres se juntaban y empezaban a hacer de las suyas, y debía admitir que a Zoro le respetaban algo más que a él. No mucho más, pero sí algo. Tampoco podían ponerlos bajo el cuidado de Franky o de Brook, porque sería dejarlos a su libre albedrío.

- Pues si ya está decidido, aquí tenéis las llaves.- resolvió su extravagante anfitrión, dándole una llave a Zoro y otra a Sanji mientras llegaban al final del pasillo, donde se encontraban las puertas de ambas Suites, una frente a la otra.- El servicio de habitaciones subirá enseguida para daros algunos detalles que espero que os gusten, cortesía de la casa. Tenéis un den den mushi en cada habitación, no dudéis en usarlo si necesitáis cualquier cosa. Y creo que ya está… Espero veros en la cena, camaradas.

Con una leve reverencia se disponía a marchar, pero Zoro lo interrumpió.

- ¿Cuánto se supone que nos va a costar todo esto?- inquirió, pensando como siempre con la cabeza fría.

- ¡Ni un solo berrie, compañero! ¿Cómo iba a obligaros a pagar algo cuando es casi culpa mía que estéis aquí? Mientras estéis aquí, sois mis invitados especiales.- Los rostros de todo el grupo se iluminaron con alegría

- Mmm…- murmuró el espadachín con el ceño aún fruncido.- ¿Y mis espadas?

- ¡Oh, no os lo había dicho! Como muy bien viste antes, aquí todos son piratas o bandidos así que, para evitarnos problemas que inviten a los marines a husmear por aquí, las armas están totalmente vedadas. Tienen que quedarse obligatoriamente en los barcos, así que las vuestras deben estar en vuestra nave.

Zoro se sintió algo más tranquilo: aunque no se sentía cómodo sin sus espadas, aquel tipo parecía sincero, y no parecía querer estafarlos o entregarlos a la marina. Yna vez eliminada esa preocupación, su cabeza quedaba lo suficientemente libre como para volver a darle vueltas a la metedura de pata que había cometido con Nami. Genial.

Tras una breve despedida, en la que se dedicaron básicamente a agradecer con profusión su hospitalidad a Mr. Racc-oon, entraron en sus respectivas habitaciones.

Aquello tenía que ser un sueño, debían seguir inconscientes en la cubierta del Thousand Sunny. Tras un instante de parálisis ante la imagen que aparecía ante sus ojos, Luffy, Ussopp y Chopper, entraron corriendo entre gritos de júbilo y asombro en la estancia, mientras Zoro sonreía al cerrar la puerta. Tal vez al grupo no le viniera del todo mal unas pequeñas vacaciones y algo de tranquilidad.

La "habitación"-que era más bien un piso increíblemente lujoso- constaba de un hall de entrada, que se expandía tras un arco de madera en una gran estancia con una enorme vidriera que asomaba justo sobre la gran cúpula del casino. Allí había unos sillones de aspecto muy cómodo, una mesa de café, algunas estanterías con libros, una enorme chimenea y una barra, además de un suelo cubierto de alfombras persas de los más intrincados y lujosos diseños. La chimenea se encendió automáticamente al paso Luffy ante ella, sorprendiéndolo de manera tal que trastabilló y cayó de espaldas sobre uno de los sillones.

- Si algún día me caso, será con este sofá.- rió, mientras Ussopp probaba el otro.

- ¡Eh, hazme un hueco!- gritó el reno, saltando al asiento.

Mientras, Zoro seguía paseándose por aquella habitación. Las cuatro habitaciones eran independientes, dos a cada lado del salón, y cada una parecía decorada en relación con uno de los cuatro elementos principales: en una, los muebles parecían acerados y el suelo parecía de cristal sobre un cambiante magma, además de que la decoración era básicamente roja y anaranjada; a la derecha de esta, había una habitación básicamente blanca, con grandes detalles de cristal (incluyendo la mayoría de los muebles) y una cama que parecía flotar en el aire.

Al otro lado del salón, frente a la habitación de fuego, la estancia tenía un suelo de cristal bajo el que había agua que, gracias a unos pequeños focos, se reflejaba en el techo; reinaba el color azul, además de que la estructura de la cama parecía un acuario enorme. La habitación restante estaba dominada por el verde, con una moqueta que imitaba a la perfección hierba tierna –un momento… ¡Era hierba de verdad!-, muebles que parecían hechos de raíces enredadas formando bellas formas y una cama sobre la que caía desde el techo una especie de dosel de ramas de sauce llorón. ¡Y cada una con su propio baño! ¿Era o no era un sueño?

Aún no habían terminado de asumir aquello, cuando alguien llamó a la puerta diciendo "Servicio de habitaciones". Zoro, que era el único que aún estaba en pie, abrió, dejando pasar a una pareja de mujeres algo mayores y muy bajitas, que le hicieron una breve reverencia antes de adentrarse en la suite arrastrando un carrito plateado cargado de paquetes blancos de distintos tamaños. Los piratas los siguieron con la mirada, confusos ante la actividad silenciosa de aquellas señoras, que entraban y salían de cada una de las habitaciones actuando como si ellos no estuvieran allí. Una vez el carrito estuvo vacío, se encaminaron de espaldas hacia la puerta, sin dejar de hacerles reverencias, pero sin decir una sola palabra. Una vez solos de nuevo, los cuatro jóvenes se miraron extrañados. El espadachín entró en la habitación del agua mientras sus compañeros se dirigían a empellones a las otras habitaciones.

- Esto tiene tu nombre, Usopp.- dijo el pequeño reno, saliendo de la habitación del Aire y lanzándole un paquete blanco al tirador.

- ¡Pues esto tiene el tuyo, Chopper!- exclamó el capitán desde el umbral de la de la Tierra, lanzándole con excesiva fuerza otro paquete y golpeando con él la cabeza de su compañero, que cayó al suelo con un quejido.

- El de esta habitación tiene tu nombre, Luffy…- dijo Usopp señalando la habitación del Fuego, de la que acababa de salir, al tiempo que abría distraídamente su paquete.- Wow…

- ¿Qué es? ¿Qué es?- instó un emocionado Luffy, comenzando a rasgar el papel del suyo sin delicadeza alguna.- ¿Qué es esto?- preguntó con cierta desilusión, extrayendo el contenido y lanzando el envoltorio al suelo.

- ¡Son trajes! ¡De etiqueta!- exclamó Usopp, emocionado.

- Nunca había visto uno tan de cerca.- dijo el pequeño reno, olisqueando la tela del suyo.

- Mr Racc-oon se acaba de ganar mi amistad para siempre.- rió el nariz larga.- ¡Vamos a probárnoslos!

Cada uno entró en la habitación donde habían encontrado el paquete que llevaba su nombre, y se pusieron aquellos increíbles trajes.

Zoro se miró al espejo. Se veía realmente raro, sin su ropa normal de cada día. Su traje era negro, al igual que el corbatín, y la camisa era ajustada y gris. La ropa le quedaba como hecha a medida, lo cual le parecía increíble. La chaqueta se ajustaba a su torso, marcando aún más su fuerte y ancha espalda.

- ¡Zoro!- llamó el capitán desde el salón.

El peliverde salió de su habitación, y se encontró a sus nakamas en la sala, totalmente distintos a lo acostumbrado. Ussopp, que estaba practicando poses delante de uno de los espejos del salón, llevaba una chaqueta de traje de color verde oscuro, con camisa blanca sin corbata y pantalón beige. Luffy, que parecía mucho mayor con aquella ropa, vestía un pantalón de pinzas gris oscuro con una cazadora de cuero negra (bastante formal para ser una cazadora de cuero) y camisa blanca, llevando en la mano su sempiterno sombrero de paja. ¡Y llevaba zapatos de verdad! Sin embargo, el que más destacaba era el muchacho que se miraba incrédulo en uno de los espejos de la sala.

- ¿Ch-chopper?- preguntó anonadado Zoro, haciendo que el "reno" se volviera hacia él.

- ¡Me han hecho una rumble ball de human point!- el muchacho sonreía con viveza.- ¿Qué tal estoy?

La forma humana de Chopper era realmente humana: tenía el aspecto de un muchacho de unos 17 años, delgado pero fuerte, algo parecido a Luffy en sus primeros años, con el cabello del color de su pelaje animal cayéndolo sobre los ojos castaños, y la piel morena. Lo único que quedaba de su forma animal eran las orejas que le sobresalían del cabello.

- Es increíble… - musitó el peliverde, acercándose para verle más de cerca.

Él no llevaba traje. En su lugar, vestía un pantalón negro bastante ajustado con una camisa blanca y un chaleco gris oscuro desabrochado.

- No sé cómo aguantáis esto.- se quejó, señalando los zapatos.

- Yo tampoco lo entiendo.- dijo Luffy, desplomándose en uno de los sofás y poniendo los pies sobre la mesa.

Entonces llamaron a la puerta, y nada más abrirla traspasaron el umbral Sanji, Franky y Brook, vestidos del mismo modo que sus camaradas.

- ¡Bajemos a echar un vistazo! Hay muchas mujeres…- animó Sanji casi babeando ante ese pensamiento, tras unos primeros momentos de asombro ante el nuevo estado del ex-reno.

Salieron todos de la habitación, en busca de Robin, que ya estaba lista cuando llamaron a su puerta.

Llevaba un increíble vestido púrpura oscuro, con cuello barco y un enorme escote en la espalda, y un largo que no bajaba de la rodilla, hechos que hicieron las delicias de Sanji-y de algún otro miembro de la tripulación-, que se pegó a ella durante todo el trayecto hasta el casino.

Ya en la enorme estancia de juegos, el cocinero y la arqueóloga fueron directos a las mesas de póker, mientras Ussop, Chopper y Luffy iban directos a las tragaperras y Brook se dirigía junto a Franky a la barra. Por su lado, Zoro decidió ir a dar un paseo sólo, para investigar un poco. Y como siempre que iba solo, se perdió. Sin saber cómo, se encontró fuera del casino, en medio de un gentío que reía y hablaba a gritos en una calle comercial y llena de carteles luminosos.

Llevaba ya caminando alrededor de una hora, cuando vio un bar que llamó realmente su atención, sin entender él por qué. Entró en él, y descubrió que no era un simple bar: era una especie de teatro burlesco moderno, oscuro, en el que un grupo de chicas bailaban al ritmo de una pequeña banda de jazz situada en una esquina del recinto.

Se acercó a la barra y se sentó, pidiendo que le sirvieran algo de beber.

- Y ahora, damas y caballeros, tengo el honor de presentarles a… ¡Linette y sus preciosas bailarinas!- anunció el presentador del espectáculo, antes de bajarse del escenario.

La audiencia enloqueció, haciendo que Zoro volviera su atención de la copa al escenario. Las luces se apagaron, quedando solo encendidas las dirigidas al escenario, donde un nuevo grupo de mujeres vestidas con corsettes dorados con encaje negro y antifaz también de encaje se preparaban para comenzar una nueva actuación. Y en el centro, una mujer con un traje más elaborado que el de sus acompañantes, con un micrófono en la mano, comenzó a cantar. Zoro tragó saliva.

A moment of madness
It's happened before
It could turn into sadness or a civil war
You've got me changing all I ever thought

When you first got so mad lost your rag
Trying to save some trees
Angry cries, saw your thighs
And I fell to my knees
Oh my God what is this?
It's a moment of madness

When we drank too much beer
Lost our fear
Our defences were down
you got up tried your luck
Bought a dubious round
It can be hard to resist
It's a moment of madness

A promise of passion
A trailer of sin
A smiling assassin
The demon within

Endorphins are raging
Resistance is thin

And you're blowing my mind
'Cause I find that your theories of life
Are insane, feed my brain
I could listen all night
I can't leave till we kiss
It's a moment of madness

And I just wanna stare at your hair
And imagine you opening your door
In your drawer there's some leather in there
I refuse, you persist
It's a moment of madness

You know I'm not asking a lot
Only your life
I don't want to get what I want

But I'm willing to try
And I'm gonna ask you to stop

But I'm full of lies

When you first got so mad lost your rag
Trying to save some trees
Angry cries, saw your thighs
And I fell to my knees
Oh my God what is it?
It's a moment of madness

And I just wanna stare at your hair
And imagine you opening you door
In your drawer there's some leather in there
I refuse you persist
It's a moment of madness.

(Katie Melua, A Moment of Madness)

Cuando la canción terminó, y con un chasquido se apagaron las luces del escenario dejándolo todo a oscuras unos instantes, el público se levantó de las sillas y comenzó a ovacionar a la cantante y a las bailarinas. Un foco iluminó nuevamente al grupo que se encontraba sobre el escenario, que comenzó a agradecer el aplauso, sobre todo la cantante a la que Zoro no dejaba de mirar.

Cuando sus miradas se cruzaron, ella se quedó paralizada, y dándole la respuesta que había esperado durante toda la canción.

- ¿N-nami?- musitó desde la barra, al tiempo que se ponía en pie.

La chica pudo leer los labios del pirata. Tragó saliva, indecisa, antes de decantarse por la que le pareció la mejor opción: salir corriendo.