Los personajes le pertenecen completamente a Stephenie Meyer, yo solo juego con la trama:)


CHAPTER 9

Semana 14

EDWARD POV.

.

¡Maldita sea! ¿Cómo es que no puede cuidarse ni siquiera un poco? ¡Estoy cansado! Ya no sé ni qué hacer para que ella vea los riesgos que existen en el embarazo como para que no tenga ningún cuidado.

En cuanto me salí de la habitación en la que Bella y yo estábamos peleando, me dirigí al pequeño cuarto de servicio en el que teníamos todos los cobertores, cobijas, almohadas y cosas parecidas. Tomé de ahí una cobija y dos almohadas. Bajé a la estancia del primer piso, puse todas las cosas que agarré del cuarto de servicio y las dejé en el piso junto al sillón de cuatro plazas.

Extendí la cobija, y a uno de los extremos del sillón apilé las dos almohadas. Me acosté y pensé en la terquedad de mi esposa. Tomé una de los cojines del sillón y lo arrojé furiosamente contra el televisor. En este momento veía todo de color rojo, también comencé a jalar los mechones de mi cabello. Estaba muy enfadado… más bien, lo que le sigue.

Me irritaba sobremanera pensar en la incapacidad de Bella de cuidarse, tanto que el sueño sería incapaz de llegar a mí en estos momentos, así que tomé el control remoto y encendí el televisor con el que algunos momentos antes descargué mi furia.

Cuando empecé a revisar la guía de canales, el sonido ensordecedor del teléfono me distrajo. Lo agarré y contesté, no sin antes mirar el número de quien marcaba. Era el celular de Charlie, mi suegro. Qué raro, el nunca llamaba a estas horas. Y mucho menos a mí.

—Buenas noches suegro —contesté sabiendo que era él.

—E-Edward…—murmuró sollozando descontroladamente. Me desconcerté mucho por su tono de voz, supuse que algo malo estaba pasando.

— ¿Qué pasa Charlie? —contesté intrigado.

—Renée… Le dispararon —me informó más calmado. Mi cuerpo se tensó rápidamente, si no hubiera sido porque entré en un shock momentáneo, el teléfono se me hubiera caído de las manos.

— ¿Cómo que le dispararon? ¿Cuándo? —pregunté alarmado, enseguida se me vino a la mente la cara de Bella.

—H-hace una hora, ahorita está en quirófano, le dispararon muy cerca del corazón. —explicó entrecortadamente.

—No puede ser… —murmuré pensativo. ¿En qué momento le pudieron haber disparado? Siendo que Charlie era el jefe de policía en Forks.

—E-estoy en e-el hospital de Forks —me dijo. Forks estaba a unas horas de Seattle, pero ya sabía que Bella querría ir enseguida. Y eso no era algo muy bueno en su estado, menos ahora que le acababan de hacer la amniocentesis. Debía pensar qué hacer, ¿le diré o fingiré? Mesé mis cabellos, ¿qué decisión correspondía tomar?

—Charlie —suspiré—, a Isabella le acaban de hacer la amniocentesis, no es muy recomendable que se altere o tenga emociones demasiado fuertes, y la verdad no creo que lo mejor sea decirle… pero si quiere me invento algún viaje de negocios y voy para allá —sugerí al final.

—Lo que tú creas que es mejor para mi niña… Pero sí me gustaría que lo supiera, no en este instante, pero no quiero que después se enoje con nosotros por no haberle dicho nada.

—No se preocupe, créame que yo también quiero lo mejor para ella, en una media hora salgo para allá… Todo va a salir bien, márqueme si hay alguna novedad —le pedí mientras me levantaba del sillón y subía las escaleras a toda velocidad las hasta que llegué a la puerta de mi habitación. Al abrirla, mi suegro ya había colgado.

Entré cautelosamente, me fijé en mi esposa. Estaba en posición fetal —lo que podía con su vientre—, me acerqué a ella y tenía los ojos cerrados, supuse que ya estaba dormida. Necesitaba saber cómo se sentía para poder decidir si le decía o no acerca de su madre.

Me aparté y fui hasta el armario. De ahí saqué una pequeña valija para guardar mis pertenencias. Hice un poco de ruido mientras entraba y salía del armario, abría y cerraba puertas, aunque esperaba que no lo suficiente para despertar a mi esposa.

— ¿A dónde vas? —se escuchó en la habitación. Di un respingo al asustarme con la voz de Bella. Según yo, ella ya estaba dormida.

— ¿Cómo te sientes? —pregunté interesado, debía saber cómo se encontraba para poder decidir si le decía o no lo de su madre. Salí del guardarropa y me acerqué a los pies de la cama.

—Más que bien… —contestó temerosa.

En el momento en el que ella me contestó eso, me di cuenta de que no era justo que no supiera nada acerca del estado de salud de su mamá, si algo pasaba —rogaba a Dios que no—, el impacto de la noticia sería más fuerte para ella. También, en ese momento la perdoné. No es que fuera algo muy malo por lo que habíamos peleado, porque en cierta parte sí lo era. Ella debía de cuidar a los bebés que crecían dentro de su vientre, pero tal vez en otro momento podríamos hablarlo con más calma.

La observé detenidamente unos instantes, me puse en su lugar y vi todo desde otra perspectiva. Si algo le pasaba a mi madre, me gustaría saberlo inmediatamente. Decidí que no era justo que no supiera nada acerca del estado de salud de su mamá… por si algo pasaba.

—Pequeña… Necesito que te tranquilices para poderte decir que es lo que pasa —expliqué arrodillándome en el piso del lado derecho de la cama, ella se sentó al instante y quedó entre mis piernas. Tomé sus manos y las empecé a acariciar para que se relajara.

—Ya dime qué pasa, Edward. Me estás asustando. —su voz se escuchaba temblorosa, quitó sus manos de las mías y las empezó a retorcer en su regazo.

— Acaba de llamar tú papá, dijo que a Renée le habían disparado. —Ella jadeó. Hice una pequeña pausa. —Le dispararon muy cerca del corazón, acaba de entrar al quirófano.

— ¿Mi mamá? ¡Nooo!

Comenzó a llorar inconsolablemente. Su dolor me partía el alma, no había nada que me gustaría evitar más que el sufrimiento de mi Bella. Me subí a nuestra cama y la senté en mi regazo, acariciándole el cabello y dándole pequeños besos en la cabeza.

—Tranquila, cielo. Todo saldrá bien… ¿Te sientes bien como para viajar a Forks? —pregunté, Bella seguía llorando, pero no tanto como para alarmarse. Como contestación ella solo asintió cansadamente. —Entonces vamos, ¿quieres que te prepare la maleta? —cuestioné entonces.

—Sí, por favor. ¿Ya no estás enojado conmigo? —dijo apenada, mientras su mirada se dirigía al piso.

—No, pero debes de cuidarte más. Después terminaremos con esta discusión, pero no hoy.

Ella se metió al baño para darse una rápida ducha. Después de unos quince minutos salió sólo con unas braguitas de seda en color negro con el sostén a juego. Entró a su armario y volvió con un pantalón de chándal blanco y una blusa gris que se ajustaba en su vientre.

Se veía bellísima. Se recogió el cabello en una coleta y estuvo lista.

—Ya hice las maletas, ¿nos vamos? —pregunté tomándole la mano, con mi brazo libre la atraje hacía mí para abrazarla.

—Sí, vámonos.

{…}

11:26 P.M.

Ya habíamos llegado a Forks. Desde hacía media hora mi princesa se había quedado dormida, por lo que tuve que hacer una parada rápida y acostarla en el asiento de atrás. Estaba estacionando el Volvo afuera de la casa de sus padres cuando me percaté que a la entrada de la casa no se encontraba el carro policiaco de mi suegro.

—Mi cielo, ya llegamos.

—Mmm… —gruñó.

—Amor, despiértate —susurré suavemente.

— ¿Ya llegamos? —interrogó con voz adormilada.

—Sí, ¿traes la llave de la casa de tus padres? —le pregunté y ella asintió.

—Sí, están en mi bolso —respondió todavía soñolienta.

Salí del auto y me dirigí a abrirle la puerta a mi esposa; cuando ésta estuvo abierta, ella bajó cansadamente del automóvil y caminó hasta la entrada de la casa. Entretanto, me apresuré en bajar las dos maletas que llevábamos.

Momentos más tarde, nos dispusimos a subir a la habitación que antes era de Bella. Nos pusimos el pijama y nos acostamos, estuvimos abrazados, sin decir ni una sola palabra hasta que caímos en brazos de Morfeo…

{…}

7:00 A.M.

Nos levantamos muy temprano, yo estaba tomando una deliciosa y relajante ducha para irnos al hospital. Estaba cansadísimo, sentía que mis ojos se cerrarían en cualquier instante, Bella ya se había bañado, ahora estaría en la cocina haciendo el desayuno.

Cuando salí del baño, opté por ponerme uno jeans azules y cómodos con una playera de manga larga color negra, junto con unas zapatillas deportivas. Bajé por las escaleras y mis fosas nasales se llenaron de un delicioso olor a panqueques.

Entré a la amplia cocina y me encontré con una mesa llena de harina, leche y huevos, pero en medio de la mesa desordenada habían dos platos con tres panqueques acompañados con mantequilla y miel y como adorno unas deliciosas moras.

—Princesa, ¡qué delicioso desayuno preparaste! —exclamé fuertemente. Enseguida noté cómo su cuerpo daba un pequeño salto y se giraba con una mano en el pecho, tratando de calmar su sobresalto.

—Amor, me asustaste… —sonrió y se acercó hacia mí para regalarme un beso. —Buenos días, siéntate, en un momento te sirvo café, ¿o quieres otra cosa? —preguntó amablemente mientras posicionaba su cálida mano en mi mejilla.

—Café, ¿tú que vas a tomar? —le pregunté, ahora que me daba cuenta, sus ojos tenían un brillo que jamás había visto, un brillo que transmitía muchísimo amor.

—Jugo de naranja, se me antojó desde la madrugada… Cambiando de tema, ¿a qué hora nos podemos ir al hospital? —cuestionó mientras le agregaba una cucharadita de azúcar a mi taza de café y se servía un gran vaso de jugo de naranja.

Me entregó mi bebida y nos sentamos a desayunar. —En cuanto terminemos de almorzar, cariño —respondí.

El desayuno continuó cómodamente mientras platicábamos y comíamos. Bueno, lo más cómodamente que se podía, ya que después de nuestro intercambio inicial había tardado casi una hora en tranquilizarla. Antes de que dieran las ocho y media, recogí todo lo que ensuciamos, ése era nuestro trato; quien hacía la comida no recogía.

8:29 A.M.

Después de un corto recorrido por la lluviosa carretera, llegamos al Hospital de Forks. Entramos rápidamente, no había mucha gente, por lo que nos atendieron velozmente en recepción informándonos acerca de la habitación de mi suegra. No había muchas habitaciones, así que encontramos fácilmente la sala de espera que estaba contigua a la habitación.

— ¡Bella! —gritó Charlie, mi esposa automáticamente se zafó de mis brazos para correr hacia los brazos de su padre. Se abrazaron por unos minutos, mientras que su padre le daba pequeños besos en su cabeza

—Papi, ¿cómo está mamá? —inquirió con un tono de voz infantil, sintiéndose cómoda al estar con su papá.

—Está mucho mejor, pero todavía no sale de riesgo —contestó, se sentaron en un incómodo sillón de color azul y comenzaron a platicar.

Me quedé de pie, mientras me ponía a revisar unas llamadas perdidas de la oficina… claro ¡ni siquiera avisé que no iba a ir!

— ¿Y Billy? ¿Cómo está? —oí que cuestionó Isabella.

—A él no le pasó nada, dice que mientras Renée fue a comprarle un pastel a Leah, llegaron unos muchachos de una nueva pandilla de La Push. Y como hace unos días encarcelamos al líder, cree que es una represalia en contra de nosotros… pero cuando él quiso intervenir, ya había sido demasiado tarde —contó Charlie, que se le notaba muy cansado, con ojeras y los ojos que con el paso del tiempo se le iban cerrando cada vez más.

—Charlie, ¿no quiere ir a descansar? —pregunté amablemente.

—La verdad, no me quiero mover de aquí. Pero creo que necesito darme un respiro, estoy aquí desde el mediodía de ayer.

—Si quiere lo puedo llevar… —ofrecí, sé lo que conlleva estar tanto tiempo en un hospital, cuando mi mamá tuvo un accidente automovilístico y estuvo en coma dos días, pasamos por lo mismo.

—No, gracias. No quiero que dejes a mi niña sola. Billy está afuera hablando con el oficial que le está tomando la declaración.

— ¿Crees que pueda entrar a ver a mamá? —quiso saber Bella.

—Mmm… Sí, se acaba de quedar dormida, pero va a dormir mucho. Le pusieron un sedante muy fuerte —nos comunicó mi suegro.

En eso se nos aproximó Billy, que no tenía mejor cara que mi suegro. Venía llegando con una camisa de cuadros roja y negra, pantalones de mezclilla y zapatos deportivos. Como Charlie, tenía ojeras y se le notaba muy cansado.

—Bella, muchacho Cullen. Qué gusto verlos por aquí, pero qué triste que en esta situación —se acercó a nosotros. A Bella le dio un afectuoso abrazo y a mí solo me dio unas palmadas en la espalda.

—Billy, mi papá quiere ir a descansar, ¿puedes ir a llevarlo? —inquirió mi esposa amablemente.

—Claro que sí. Anda, vamos amigo. Necesitas descansar. —Billy lo apresuró, no sin antes despedirse de su hija y de mí.

Pasados apenas unos cuantos minutos, una enfermera de uniforme azul caminaba hacia nosotros. Nos informó que el doctor había dado órdenes de que podían dejar entrar a la familia. Mi esposa inmediatamente pidió hacerlo y, como era su hija, no le denegaron la entrada.

—En un momento vuelvo, amor —me avisó y asentí. La vi caminar hacia un largo pasillo y desapareció por una puerta. Me senté en el sillón azul que antes ocuparan ella y Charlie.

Mi teléfono timbró y contesté sin ver de quién era la llamada.

—¡Edward! —dijo Rosalie efusivamente.

—Rosalie, buenos días —respondí secamente.

—Oye, ¿sabes por qué Bella no me contesta el teléfono? —investigó ella.

—Estamos en el hospital de Forks. Atacaron a Renée—respondí en un susurro.

—¿Está bien?

—Se podría decir que está estable, todavía no ha venido ningún doctor a decirnos algo acerca de su salud.

—Bueno, supongo que no marqué en buen momento. Por favor, dile a Bella que me llamé. Saludos y que se mejore Renée—se despidió y colgué, no sin antes decirle adiós.

Pasados más o menos veinte minutos desde que Isabella había entrado a ver a mi suegra, decidí que era un buen momento para ir a la cafetería por un café. Una vez allí, de paso compré un jugo de naranja para mi esposa y dos galletas, la mía me la comí ahí mismo, no duré mucho tiempo en ello.

Regresé a la sala de espera, ella ya estaba sentada en el incómodo sillón y tenía sus manos cubriendo gran parte de su hermoso rostro. Claro que, yo alarmado, corrí rápidamente hacia ella.

—¿Qué pasa, cariño? ¿Cómo está tu madre? —pregunté preocupado, abrazándola cuidadosamente.

—Está tan débil… ¡Dios! ¡Se ve muy demacrada! —gritó sollozando mientras sus hombros se sacudían.

—Tranquila, amor. Vas a ver que en unos cuantos días se recuperará, sólo necesita descansar.

Y mientras se calmaba, cayó profundamente dormida.


HOLA! Un buen rato sin andar por aquí... Pero al fin publiqué.

EPOV! ¿Qué les pareció? Todo una sorpresa, en el próximo capítulo aparecerá Jake;)

Muchas gracias a todas las que siguen la historia y por último, pero no menos importante... Gracias a HoeLittleDuck, mi Beta

Prometo no tardar tanto... Dejen sus reviews y un beso a todas :D