Summary: Edward se enfrenta a su tratamiento con madurez, mientras que Bella comienza a notar los cambios en su amado ¿Podrá soportar el amor los grandes cambios que les depara el futuro? Secuela Paper Love.
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, ellos son creación de Stephenie Meyer. La trama es mía por lo que queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento.
Capítulo I
Nueva vida.
—Edward, yo comencé a cantar desde pequeño y era lo único que hacía bien, pero mi mejoría no se debe a que comencé a cantar, yo dejé de tartamudear porque dejé de pensar en el qué dirán y empecé a hablar con el corazón. Edward, si tú puedes hablar con normalidad con tu familia es porque los amas y sabes que te aceptarán como eres, tú debes creer en ti y hablar con el corazón, porque cada vez que lo hagas demostrarás que te amas a ti mismo y el resto te respetará por eso. Quizá Jasper pueda ayudarte tanto como me ayudó a mí, pero todo lo que hay aquí dentro —señaló el pecho de Edward —. Es lo que debes dejar salir —le aconsejó.
Jamás Edward olvidó ni olvidaría aquellas palabras tan profundas que le obsequió Matt Bellamy en el día de aquel hermoso concierto, de eso ya habían pasado siete meses. El tiempo que había tenido entre salir del instituto e ingresar a la universidad había sido muy amplio y confortante, aunque para él llegar a un lugar nuevo jamás había sido fácil y eso lo tenía en cuenta, pero esta vez y por primera vez, era distinto. No estaba solo, increíblemente tenía un respaldo tan importante que a pesar de su timidez y de su tartamudez ya no sentía ese miedo abrumador que lo había consumido durante gran parte de su vida, por lo menos no temía de las burlas, sentía que era capaz de enfrentarlas muy bien, por eso se despidió de su familia con alegría y emprendió un viaje no sólo de estudios si no de independencia y madurez.
Entrar a medicina era todo un desafío para Edward, la facultad era altamente reconocida y tendría que estudiar lo suficiente como para lograr mantenerse entre los primeros y así salir graduado con honores, todo esto le permitiría conseguir la especialidad que quería, pero nada era más alegre para él que el simple hecho que todos sus amigos estuviesen en la misma universidad. Cada uno en sus respectivas carreras y felices, por lo que el viaje era masivo, todos juntos estudiaban en Harvard.
—Edward, ¿Estás muy ocupado? —dijo Bella tras la puerta de su habitación.
Este se paró a abrirle la puerta con rapidez antes que se marchase, sabía que era una de esas visitas de pasillo que hacían Rose y Bella cada vez que tenían tiempo.
—Hola amor —sonrió y se colgó del cuello de su amado.
—Hola, c-cariño —sonrió Edward.
Emmett se levantó con flojera y fue a abrazar a su novia que estaba cargada de libros y con una cara evidentemente agotada.
—Odio que no estemos en la misma facultad, no sabes lo horrible que es cargar con estos libros sola, me haces falta —Rose hizo un puchero mientras Emmett le quitaba los libros de encima para abrazarla.
—¿Haremos algo hoy? —le susurró Bella al oído.
—Bella, n-no puedo hacer nada, t-tengo que estudiar m-mucho —reconoció.
—Está bien, yo también tengo que estudiar mucho, pero cuando tengas un tiempecito para mí me lo darás ¿Verdad? —sonrió coqueta.
—Por supuesto que s-si, siempre t-te doy todo el t-tiempo l-libre que tengo —besó su frente con suavidad.
—Mentiroso, sabes que ahora que Jasper está acá, vives con él en su consulta, aunque es raro que para una visita médica vayas con Emmett y no vuelvas temprano —reclamó Bella.
—Sabes que luego de eso nos vamos a hablar cosas de hombres —interrumpió Emmett.
—No te metas, preocúpate de tu novia que reclama lo mismo —frunció el ceño.
—¿Eso es cierto, osita? —susurró Emmett tierno mientras Rosalie estaba sentado en sus piernas.
—Ustedes dos se han influenciado de Jasper, andan para acá y para allá con él, no me extrañaría que fueran a clubes nocturnos —reclamó Rose.
—Edward, tú no vas a esos lugares, ¿verdad? —dijo seria Bella mientras Edward negaba con la cabeza —, más te vale, porque sabes que soy capaz de…
Entonces Edward la silenció con un beso largo y tierno, sus suaves labios se acariciaron mientras que las manos entrelazadas de Bella se acercaron al cabello de Edward y allí enredó sus dedos mientras sentía como los conocidos labios de su novio se hacían a ella con avidez. Bella dio paso a la lengua de su novio sintiendo ese calor exquisito que sólo él la hacía sentir. El calor de la habitación sin duda subió varios grados una vez que Edward hubo terminado de callar a su novia con ese beso.
—Chicos, váyanse a un privado ¿vale? —interrumpió Emmett —. Edward no quiero ver como tocas a mi hermana, es asqueroso —rió.
—Lo m-mismo digo —dijo Edward riendo.
Aunque Edward y Bella reían ante los comentarios inoportunos de Emmett ambos sabían que no habían llegado a ese instante. Llevaban casi un año de novios, pero aún así Edward sentía que aún no era el momento para dar el siguiente paso, quería demostrarle a Bella que él la respetaba lo suficiente como para seguir esperando un poco más, por lo menos hasta que vieran que la relación iba para serio, pero para Bella era distinto, ella estaba segura de los sentimientos de ambos y sabía que sus amigas ya tenían una vida activa en ese plano, ella era la única que se quedaba atrás, pero realmente lo que le preocupaba eran las mujeres de la clase de su novio. Todas ellas eran muy inteligentes, de buenas familias, compartían más tiempo con él de lo que compartía ella y por sobre todo, eran hermosas, para estudiar medicina y estar mucho tiempo en la biblioteca tenían cuerpos esculturales como si estuviesen todo el día en un gimnasio. Los celos se estaban apoderando de ella y sentía que la única forma de saber que nadie más existiría entre ellos dos era consumar su relación al nivel siguiente.
Esa tarde después de clases, Emmett había quedado de pasarlo a buscar para que fuera juntos a la sesión con Jasper, Emmett esperaba en el gimnasio contiguo mientras que Edward tenía su común sesión, luego de eso, todos juntos se iban a un bar a charlar de las cosas que cada uno pasaba con las chicas.
—Es increíble como Rosalie se pone cuando encuentra algunas tarjetas de mis compañeras —dijo Emmett bebiendo una cerveza.
—Eres tú el idiota que no revisa sus cuadernos de clase en clase —dijo Jasper.
—Ya, pero no va a estar abriendo y cerrando cu-cuadernos todo el d-día —añadió Edward.
—Nunca me advertiste como era tu hermana, Edward, eso no fue justo, yo te advertí de la mía —rió.
Mientras los chicos reían y hablaban en la mesa de aquel bar de mala muerte, como le decía Alice, las chicas no se habían podido resistir a saber que hacían sus hombres cuando estaban libres, más porque todas las veces que ellas preguntaban ellos se limitaban a reír y cambiar de tema.
—Me han hecho saltar una clase importante —susurró Alice.
—Dime que tú no tienes curiosidad de saber que hacen estos tres cuando estamos ocupadas —susurró Rose.
—Creo que si nos buscamos una mesa estaríamos mejor para espiarlos, en vez de estar paradas en la entrada —dijo Bella mientras observaba como su novio bebía cerveza y conversaba con sus amigos.
—Quizá sería mejor sentarnos en la barra, así les damos la espalda —dijo Alice.
Así que las chicas se fueron a sentar en la barra, dándoles la espalda a sus novios, así comenzaron a hablar con el mesero y les pidieron tragos suaves. Rosalie y Bella escondieron sus cabellos largos antes que las reconociesen y así se pusieron a escuchar atentamente si es que nombraban el famoso lugar en donde todos los universitarios salían a divertirse con mujeres fáciles: Obsession.
—¿Qué haremos después? —dijo Emmett entusiasmado.
—Yo tengo que irme a estudiar, tengo test de anatomía mañana —respondió Edward.
Las chicas no perdían el hilo de la conversación.
—Ese es mi hombre—susurró Bella al oír la respuesta de Edward.
—Yo tengo que atender mi consulta, algunas cosas que dejé pendiente —respondió Jasper.
Alice puso un rostro triunfante que decía todo.
—¿Pero cómo? ¿Ahora que todos recibieron tarjeta amarilla se van a retirar de nuestro trato? No sean niñas, cuando les dije que me tenía que juntar con Rosalie ustedes me arrastraron a que fuéramos al lugar, que cómo no íbamos a conocerlo si estaba tan de moda, hasta Edward se entusiasmó y tu Jasper cambiaste todas tus citas para otra hora para poder ir, no me digan que les temen a las chicas, si ellas ni lo sabrán —dijo Emmett.
Alice, Bella y Rose, sobre todo Rosalie, quedaron impactadas. Rose estuvo a punto de ponerse de pie e ir hasta donde estaba su novio a pedirle explicaciones, pero Bella y Alice la sostuvieron.
—¿Será que se van al Obsession? —dijo Alice.
—No me extrañaría —añadió Rose.
—Es culpa de mi hermano, él es la mala influencia —susurró Bella.
—Idiota, como si no tuviese suficiente conmigo se va a buscar a otras y después llega diciéndome osita.
Rose sin dudas estaba sulfurada, por la cara que había puesto, Alice y Bella estaban seguras que Emmett estaría en problemas, bueno no sólo Emmett si no todos.
—Ya está bien —dijo Jasper —. Yo me apunto.
—¿Edward? —preguntó Emmett.
—Vale, pero con una condición, v-volvemos temprano p-porque t-tengo que e-estudiar —dijo Edward.
Así todo quedó saldado, estaban todos de acuerdo de que ese era su secretillo y que nadie podría enterarse, aquel que fuese pillado tenía que llevarse solito el sermón y no acusar al resto, era como una especie de alianza secreta y lo que no sabían era que sus novias, lideradas por Rosalie, le estaban siguiendo los pasos.
Los chicos salieron del local, luego de pagar la cuenta y se fueron todos en el auto de Jasper, Emmett los guió porque ninguno se acordaba de donde era.
Para poder cumplir sus planes tenían que esperar que cayese la noche, la oscuridad les jugaba a favor y sólo de noche podían ser bienvenidos a ese nivel de la carretera. Muchos de los estudiantes universitarios se juntaban allí, casi la totalidad eran hombres, por no contar a las chicas que estaban allí no precisamente de espectadoras.
Rose y las chicas estaban nerviosas, era la primera vez que sus sospechas llegaban a tanto y estaban a punto de confirmarlo todo, pero lo que les sorprendió era ver que no iban camino al famoso local de strippers, si no que estaban saliendo de la ciudad, entrando en la carretera interestatal.
—¿Dónde irán estos pelmazos? —dijo Alice furiosa.
—Están desesperados por mujeres, así que no me extrañaría que se fueran a otro local de esos —dijo Rosalie molesta.
—Ya, pero que yo sepa a la orilla de la carretera no encontraremos ningún local apto para eso —añadió Bella.
—Para "eso" —dijo Rose —, no necesitas ningún local, en el auto está bien.
—Dijo la experta —rió Alice.
—No quería saber tanto —respondió Bella notoriamente incomoda.
—Ya, pero si no han pensado van los tres en un solo auto, no les parece raro… —dijo Alice.
—Si estamos al borde de la carretera, pueden adentrarse quizá por donde —dijo Rose molesta mientras no le quitaba la vista al auto de Jasper.
—Tú y tu imaginación Rosalie, no sé que me da más miedo: si encontrar a los chicos en malos pasos o pasar por esos comentarios tuyos tan especiales —rió Alice.
—Mi reacción es lo que te debería dar miedo —añadió Rose acelerando el vehículo al ver que los chicos se alejaban con rapidez.
Edward hacía rato se había dado cuenta que un auto los seguía, pero no lo reconocía, entonces le hizo el comentario a Jasper y Emmett, que se rieron de él por lo perseguido y aprovecharon de molestarlo un poco por lo severa que era Bella.
—Quizá va al mismo lugar que nosotros —dijo Emmett.
Eso pareció tranquilizar un poco a Edward, pero no le quitó los ojos de encima al coche, aunque no estaba lo suficientemente cerca para distinguir si era hombre o mujer el que conducía.
—Un día de e-estos nos van a pillar y no quiero saber que n-nos v-van a hacer —dijo Edward
—Yo tengo claro eso y por más que Alice parezca la más inocente de todas están muy equivocados, es tres veces más celosa que Bella y tres veces más gritona que Rosalie, de verdad, nada recomendable —rió Jasper.
—Ya, pero tú sigues aquí, con todo intacto ¿O no? —rió Emmett haciendo alusión a la entrepierna de su amigo.
Visualizaron el lugar al ver la cantidad de autos convocados en una salida del la carretera que daba a un camino viejo. Autos de todos los modelos estaban allí y muchos universitarios estaban dispuestos a ser participes de ese tipo de eventos: una carrera de autos.
—¿Te enteraste que subieron el monto a ganar? —dijo Emmett a Jasper.
—Ya, pero la última vez casi chocamos con un camión que venía en sentido contrario —añadió este.
—Ni s-se les ocurra co-competir de nuevo, me dejaron sin habla esa vez—rió Edward molestándose él mismo por su defecto.
—Tómatelo como terapia, Edward, en una de esas te sacamos toda tu voz, ¿cierto, doc.? —rió Emmett.
—Hagamos l-la prueba e-entonces —dijo Edward.
Al bajarse del auto, la gente que estaba reunida allí los reconoció de inmediato, eran los perdedores de la última carrera, pero eran los más dispuestos a continuar arriesgando sus vidas en ese tipo de prácticas, así que se les valoraba mucho.
Una mujer alta y curvilínea se les acercó y les sonrió tentadoramente.
—¿Otra vez? —rió.
—Otra vez —respondió Emmett —, pero esta vez será distinto, te derrotaremos.
Era increíble para todos los asistentes que Camille fuese la ganadora de las carreras ilícitas, ella, partiendo por el simple hecho de ser mujer, había derrotado a los más experimentados hombres y jóvenes que se creían dueño de ese pedazo de pavimento. Con sus artimañas y su conocimiento automovilístico producía un gran escalofrío a todo aquel que pensase en desafiarla, pero Edward lo sabía bien, pues Camille era su compañera de clases.
—¿Anatomía? —rió Camille.
—Bien, gracias, v-veo que tú ta-tampoco estás estudiando —añadió Edward.
—A última hora no me sirve y prefiero botar estrés a última hora —sonrió.
Rosalie se detuvo poco antes de llegar al grupo de automóviles, pero no sabía qué hacer, porque eran demasiados coches y no tenía donde aparcar sin ser vista.
—Es mejor que nos demos la media vuelta —dijo Bella.
—¿Sin saber que hacen allí? Ni muerta —dijo Alice.
—Deberíamos irnos, nos descubrirán —añadió Bella intentando convencer a sus amigas.
—No gasté combustible del automóvil de Luce para después pagarlo y no descubrir nada —dijo resuelta Rose —, tengo que buscar un lugar donde aparcar.
—Tenemos que irnos o nos van a pillar, no hay espacio para aparcar —insistió Bella.
Rose tenía que admitir que no había espacio para aparcar y que tenían tiempo de darse la media vuelta y olvidar todo a pesar que se quedarían con la duda.
Entonces Bella vio una figura conocida cerca de Edward, para su gusto, demasiado cerca.
—Acércate —dijo Bella a Rose.
—¿No que nos íbamos? —añadió Alice.
—Esa que está allí es Camille, la compañera de Edward y no me gusta nada lo cerca que está de él, miren como le toca la camisa —chilló.
—¡Cálmate! —dijo Alice —, Rose intenta aparcar detrás del Jeep verde.
Edward alzó la mirada y vio que el automóvil que los había seguido estaba detenido a una distancia relativamente cerca.
—Chicos, el automóvil sigue allí y n-no se aparcó en fila como d-debería haberlo hecho —dijo Edward.
—¿Serán los policías? —dijo Camille.
—Imposible, ya nos habrían tomado a todos presos —añadió Jasper —, quizá es un curioso, será mejor que vayamos a ver.
Cuando Rosalie se dio cuenta que Jasper, Edward y Emmett se acercaban a ellas, se dio la media vuelta con rapidez y sin pensarlo.
—Será mejor que te apresures si no quieres que nos alcancen —dijo Bella.
—Imposible con Jasper conduciendo, ese o Edward son terribles al volante —añadió Alice.
Los chicos se subieron al automóvil de Jasper y se fueron a la persecución de los novatos curiosos, estaban acostumbrados a eso, solía ocurrir de vez en cuando, por lo que tenían que asegurarse que eran de confianza para dejarlos entrar.
Rosalie por más que intentaba apresurar el paso, tenía en claro que no podría seguir por mucho tiempo. La carretera estaba en línea recta por varios kilómetros no tardarían en descubrirla.
—No mires hacía atrás —gritó Rose a Alice —, lograrás que te vean, están demasiado cerca.
—¿Qué les vamos a decir? —dijo Bella.
—Deberían ellos darnos explicaciones, no nosotros a ellos —dijo molesta Rose.
En el automóvil de los chicos, Emmett intentaba reconocer quién era el conductor del auto que iba delante de ellos.
—Acércate un poco más —le pidió a Jasper.
Entonces casi le da un susto fatal al reconocer los ojos que lo miraban por el retrovisor.
—¡Mierda! ¡Es Rosalie! —chilló Emmett.
—¿Estás tan asustado que crees que es tu novia? —rió Jasper, pero su sonrisa se borró de los labios al ver que Alice se había dado vuelta y lo miraba por el vidrio trasero del coche.
—Son las chicas —afirmó Jasper.
—L-Lo mejor será q-que las dejemos ir, d-después le daremos explicaciones —dijo Edward.
—Después nos matarán —corrigió Emmett.
—Por lo menos le daremos tiempo para que se les quite el enojo —añadió Jasper.
Edward no sabía qué hacer, últimamente Bella había estado muy celosa, por sobre todo por su tratamiento y lo más probable es que haya malinterpretado todo lo que vio allí y aunque ir a una carrera clandestina no era tampoco tan bueno, quería explicarle a Bella que era una medida desestresante y que la presencia de Camille no tenía nada que ver con lo que posiblemente imaginaba.
—Esos tres tendrán que darnos una buena explicación —dijo Rose como si se tratase de una sentencia de muerte.
Crecer le había implicado muchas responsabilidades a Edward, la madurez que había adquirido le había dicho muchas veces que no debía hacer ese tipo de cosas, pero ya no podía arrepentirse de lo hecho, tendría que explicarle a Bella todo y aceptar que le pondrían la tarjeta amarilla en señal de que estaba bajo observación.
¡¿Quién dijo que la vida de los universitarios era divertida y simple? —pensó Edward. Entonces recordó las palabras del sabio Bellamy: Habla del corazón, quizá eso funcionase después de todo.
Hola chicas, me alegra que esten bien y que sigan aún esta historia.
Sé que les había prometido una fecha, pero no fue fácil estudiar y pensar si quiera en escribir, de hecho me eché un ramo así que era todo mucho más complicado.
Pero estoy aquí, VIVA y dispuesta a ponerme al día con ustedes.
Les cuento que esta historia está en medio del final y el epilogo de Paper Love.
Espero que les guste y espero sus reviews.
Les cuento que tengo una pagina donde subo mis fanfictions tambien, es relativamente nueva asi que los espero por allí.
(quiten los espacios) http: / sinistertemptation . weebly . com
Las quiero
Manne Van Necker
(como notarán cambie mi nombre)
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Love: beyond the paper.
Summary:Edward se enfrenta a su tratamiento con madurez, mientras que Bella comienza a notar los cambios en su amado ¿Podrá soportar el amor los grandes cambios que les depara el futuro? Secuela Paper Love.
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, ellos son creación de Stephenie Meyer. La trama es mía por lo que queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento.
Capítulo II
Celos.
Este capítulo va especialmente dedicado a BlackCullen y a Hallie.
Gracias chicas por su ayuda, de verdad que me sentía muy incomoda y ustedes me ayudaron como buenas lectoras y amigas de este Fic tan especial para mí.
Y quiero recalcar delante de todas las lectoras de esta historia: BlackCullen: no me olvidaré que ESE capítulo en especial irá dedicado a ti.
Las quiero amigas.
Edward, Jasper y Emmett se quedaron intranquilos y cómo no, si sabían lo que les esperaba a cada uno cuando sus novias les pusieran el punto sobre las íes. (*) Edward estaba más intranquilo que cualquiera de ellos, quizá era porque era el más maduro y comprendía la envergadura de su problema. Él no estaba en la condición del resto, para Edward no existía el lujo de perder a Bella, no después de haber pasado por tres meses de celos de ella para con él. Extrañamente en la Universidad, compañeras de su salón le habían flirteado abiertamente, sin importarles que él fuese tartamudo, que no les hablase, que tuviese novia y que no fuese parte de algún club deportivo. Camille había sido la más insistente de todas, provenía de una buena familia y para Edward era simplemente una compañera más, pero ella insistía en acosarlo de la manera menos sutil posible.
—Tranquilo, Eddie —le dijo Emmett —, mi hermana en un par de días estará tranquila, ya verás —sonrió.
Sí, claro, se dijo Edward. Él sabía mejor que nadie que dentro de la relación con Bella, él era el que menos merito tenía, de hecho si no fuese por Bella, él jamás habría logrado demostrar sus sentimientos hacía ella, habría sido capaz de dejar todo por la borda, si no fuese por ella, él no habría puesto su mayor empeño en las terapias con Jasper, si no fuese por ella él seguiría con temores y miedos del pasado. Edward era consciente de todo aquello y no quería perderla.
—M-Me q-quiero devolver —dijo antes de que llegasen al punto de encuentro de los corredores ilícitos.
—¿Qué? Edward no lo arruines, hermano —reclamó Emmett.
—No, es en serio, creo que por esta vez deberíamos volver —añadió Jasper.
Emmett no podía creer que sus amigos, sus hermanos de fiesta, sus colegas le estuviesen haciendo esto. Él sabía lo que ocurriría por lo que había pasado hoy, pero ya que los habían pillado ¿Por qué no disfrutar un poco? Si no todo habría sido en vano. Además Rosalie no podría quejarse, él había sido comprensivo las veces que ella distribuyó su tiempo en otras cosas, él ahora estaba haciendo algo que le gustaba y no era tan grave, por lo menos no a sus ojos.
—Está bien, si ustedes quieren ir tras las faldas, entonces de allá soy, pero que consté que si huyo tras mi mujercita es porque ustedes están insistiendo, yo creo que lo mejor era dejarlas en paz —dijo mientras se apoyaba en el asiento y estiraba los brazos.
Rosalie iba en silencio, no podía creer que Emmett hubiese sido el que había organizado todo, él quién le rogaba que no hiciera nada más en sus tiempos libres porque la extrañaría horrores, como odiaba sentirse utilizada así, pero esta vez no se las tendría tan fácil. Alice pensaba lo mismo, jamás creyó que Jasper, que era mucho más maduro que ellos, estuviese en las mismas andanzas. Mientras que Bella sólo pensaba en qué demonios hacía allí Camille, esa mujer no había hecho más que acosar a Edward con todo lo que pudiese, desde que le enseñara química, denotando otro tipo de química no la que se estudia por libros precisamente, hasta que estudiasen juntos para los exámenes de anatomía, dejándole en claro que no quería estudiar anatomía con los prototipos que existían para hacerlo, que quizá era mejor con un maniquí real.
Isabella sentía como su sangre hervía dentro de ella, pero se calmó y recordó a Edward en el Instituto, con esa timidez que aún lo caracterizaba, con una notoria tartamudez que lo hacía mucho más tímido de lo usual. Aún recordaba cómo le temblaba el labio inferior cada vez que ella se acercaba lentamente a besarlo, como se sonrojaba cuando lo pillaba mirándola en la piscina de su casa, las veces que ella le había pedido que estuviesen juntos en un siguiente nivel hacían que Edward temblase de nerviosismo y que no pudiese articular palabra. Jamás olvidaría esos momentos tan especiales que sólo ellos compartían y sin duda le sirvieron para tranquilizarse. Edward era distinto a los demás y si había asistido a ese lugar no había sido por Camille, ella estaba segura.
—Tan sonriente, Bella —dijo Alice —, ¿No vas a castigar a tu hombre?
Rosalie rió muy divertida.
—Quizá eso mismo es lo que está pensando nuestra querida Bella, quizá el castigo que está imaginando es muy bueno —rió.
Bella se sintió incomoda con la exposición de su privacidad, no era timidez, en absoluto, simplemente era que se sentía en desventaja de hablar de esos temas en los que aún no tenía conocimiento. Si, a pesar de ser una muchacha estupenda y digna de admiración ella era virgen y lo era por voluntad propia.
Cuando las chicas llegaron a su habitación quedaron atónitas al ver que ellos las estaban esperando en la puerta.
—¿No se supone que ustedes venían detrás de nosotros? —dijo Rose con el ceño fruncido y hablándole sólo a Edward.
—N-Nos des-desviamos p-para llegar a-antes —dijo Edward mientras no le quitaba los ojos de encima a Bella que estaba ignorándolo porque sabía que si ella le miraba un solo instante no podría negársele a una disculpa inmediata.
En ese momento Bella odió el carisma que tenía su novio.
—Rosalie, dile a Jasper que no pretendo verlo ni hablarle como mínimo en una semana—dijo Alice en voz alta sabiendo que Jasper la oía.
—Pero, mi ratoncita… —se quejó Jasper.
—Y dile que si sigue insistiendo serán dos semanas —le dijo Alice a Rosalie. Luego de eso entró en su habitación dejándolos allí.
—Debería hacer lo mismo contigo Emmett Swan, pero por esta vez arreglaremos las cosas mañana con calma, buenas noches Edward, espero que no vuelvas a repetir algo así si no quieres que le diga a mamá y tu sabes cuánto odio estar de chismosa —besó a su hermano en la mejilla e ignoró a Emmett que estiraba sus labios ansioso.
—Aquí no hay nada que hacer, mejor nos vamos —le dijo Jasper a Emmett.
Una vez solos Edward y Bella se sintieron incómodos. El primero porque sabía que había cometido un error y que últimamente no había tenido tiempo suficiente para dedicárselo a su novia. Y la segunda porque no quería perdonarle tan fácilmente.
—L-Lo s-siento, Bella, s-sé q-que n-no e-estuvo b-bien —dijo nervioso.
—Si sabías que no estaba bien no entiendo cómo lo hiciste. Me habías dicho que luego de la consulta de Jasper te irías a estudiar para tu test y te veo ahí, como si nada, y coincidentemente estaba Camille contigo —chilló sin mirarlo, haciendo más teatro de lo que creía, porque la verdad es que sabía que Edward jamás se fijaría en Camille.
—Y-Yo t-te q-quiero —fue lo único que pudo decir Edward entre el nudo en la garganta que tenía y los nervios que traicionaban su lengua.
—Cómo si eso bastase ¿Tú crees que todo es amor y ya? Así que ahora de amor vive el mundo… pues piénsatelo un poco mejor antes de hacerle caso al cabezota de mi hermano, porque no sé si soporte entre las mojigatas de tus compañeras que no te dejan en paz y tu falta de tiempo… —se acercó a tomar el pomo de la puerta para abrirla, pero Edward le sostuvo la mano.
Edward tomó la mano de Bella, con nerviosismo. Ambas manos temblaban a pesar de estar unidas y buscar el sustento en la otra. Entonces, consciente que todo el mundo debía estar escuchando esa conversación, jaló a Bella para que fuesen a un lugar del campus más íntimo en donde pudiesen conversar tranquilos y él pudiese pedirle disculpas como se merecía.
Bajaron las escaleras interminables y recorrieron el césped húmedo hasta llegar a las plazoletas que existían en el frontis de la facultad de economía. Allí Edward le pidió a Bella que se sentase y él se mantuvo de pie alejado.
—Sé… —se detuvo para aclararse la garganta y ordenar sus pensamientos —, sé que no he sido el me-mejor n-novio del mundo. Q-Qué d-debería d-dedicarme a ti c-con más e-esmero. C-Créeme, lo sé. Y tengo t-tanto mi-miedo como tú q-que v-venga otra p-persona y t-te arrebate d-de m-mi lado. He v-visto c-como t-te miran t-tus com-compañeros y no sólo t-tus compañeros Bella. Sé que eres a-atractiva, e-eres hermosa y a-admirable, soy yo quién d-debe t-temer p-porque e-esto se acabe, no tú. D-De mí jamás tendrás queja alguna p-porque n-no tengo ni tiempo ni g-ganas d-de mirar a o-otra mujer q-que no seas tú —se detuvo, nuevamente, porque su garganta estaba seca.
Bella sabía que lo que él le decía era cierto, por lógica él debería ser el más celoso de la relación, pero ella tenía un afán proteccionista para con él y es que quizá Edward no se daba cuenta de que, independiente de su tartamudez, tiene un atractivo natural tan poderoso. Eso de no ser el sexy y egocéntrico que podría ser por su apariencia, hace que cuando lo conoces a cabalidad no te das ni cuenta cuando ya estás enamorada, eso Edward no lo sabía, así como tampoco sabía que una mujer enamorada es capaz de cualquier cosa.
—Mírame —dijo al ver que Bella bajaba su mirada —, d-deja esos c-celos a-absurdos y pensemos qué v-vamos a hacer hoy e-en la noche —sonrió.
Los ojos de Bella brillaron al instante al escuchar decirle que tendrían una noche para ellos solos, que podrían hacer cualquier cosa. Usualmente se había acostumbrado tanto a salir con sus amigos en pareja, que había olvidado el tiempo a solas con Edward, como amaba estar sola con él, no escuchar nada más que su tranquilizadora voz, sin pensar en que tenía una pila de cosas por estudiar…
—Edward, amor, tienes el test de anatomía mañana temprano y yo tengo un test de Derecho Romano, no podemos darnos el lujo de no repasar —dijo desanimada.
—¿Qué tal si e-esta noche te v-vienes a mi pieza y e-estudias conmigo en la salita? —sonrió al verla tan feliz mientras le aceptaba su mano.
Tomó la mano fría de Bella y la ayudó a levantarse, una vez de pie la acercó a sí, enlazó sus brazos alrededor de la cintura de ella y la contrajo aún más. Se acercó a su rostro y sintió como ella exhalaba nerviosa ante el tacto de sus caderas con las de él. Edward acarició el nacimiento de su oreja y acomodó su cabello con delicadeza, lentamente se acercó a Bella y se apoderó suavemente de sus labios con un tierno y delicado roce. Se abrió paso en la boca de su amada y se inundó de su sabor y calidez olvidándose por un lapso del mundo que los rodeaba. Presionó entre sus labios el suave y tibio labio inferior de Bella y lo succionó con deliberada intención, acariciando con la punta de su lengua el borde de la boca de su novia. Por largo tiempo estuvo jugueteando con la boca de su amada que no tardó en exigir un espacio entre ellos a falta de aire. La temperatura del ambiente se vio elevada en unos cuantos grados y el temblor de Bella ya no podía deberse al frío si no al exceso de calor interno que su cuerpo era incapaz de contener por demasiado tiempo. Se acercó nuevamente a Edward, posándose en la punta de sus pies y enlazó sus dedos en la cabellera cobriza de él. Se adueñó de su boca como si estuviese exigiendo pruebas de que él le pertenecía, se dejó llevar por la desesperación interna y jugueteó con el labio inferior de él, haciéndole ver que no era nada gracioso tenerlo así al borde del abismo y luego olvidar que nada había ocurrido. Se apegó a él completamente, dejando completamente nula la distancia que podría existir entre sus cuerpos y se aventuró a recorrer su espalda con suavidad mientras que él la tenía firmemente sujeta de su cintura. Cuando se percató de lo que había provocado su osadía, Bella no quiso detenerse, sabía que faltaría poco para que Edward desistiera de la idea de esperar un poco más, pero él al saber que no era el momento ni el lugar, la separó disminuyendo con lentitud, pero con eficacia la intensidad de aquel beso.
—Te quiero —sonrió ella.
—También yo —dijo Edward mientras enlazaba sus dedos y caminaban juntos hacía los dormitorios. Sería una larga noche de estudio.
Edward comenzó a estudiar todo aquello que tenía pendiente, mientras que Bella estaba en un pequeño sofá recostada leyendo un par de apuntes antes de hacer un resumen. Él no pudo evitar quedarse prendado de la imagen tan magnífica que hacía Bella en ese sofá blanco, sus curvas se evidenciaban aún más por el contraste del color y aquella postura hacía que se notase más su hermosa cintura y sus perfectas caderas.
—¿Qué ves? —sonrió ella.
—Te admiro —dijo mientras sentía el rubor recorrer tus mejillas.
—Extrañaba verte ruborizado —dijo mientras observaba a Edward con ternura.
—Yo s-simplemente te e-extrañaba —susurró una vez que se había acercado a ella lo suficiente para posar sus labios en los de ella. Se fundieron en un beso que de tierno pasó a encendido en un par de segundos. Las manos de Bella se afirmaron en el firme torso de Edward, mientras que las manos de él tomaron a Bella de las caderas levantándola del sofá. La apegó a sí con potencia y fuerza, no estaba pensando en lo que hacían, simplemente sentía el calor recorrer su cuerpo desde los pies a la cabeza centrándose en la incómoda presión de su pantalón.
—T-Tenemos q-que e-estudiar —susurró alejándose de ella.
Entonces Bella comprendió que esa noche tampoco la tomaría como ella había esperado que lo hiciese, por lo que se resignó a continuar con su tedioso estudio, esperando que Edward se sintiese cómodo para dar ese paso tan importante para ambos, aunque a veces perdía las esperanzas de sentirse tocada por él.
Una vez que Edward salió del Aula de anatomía sintiéndose satisfecho con su rendimiento en el test, Camille entregó el de ella y salió tras él.
—Hola, Edward —sonrió mientras le tomaba el brazo libre de libros.
Edward de inmediato le sonrió mientras retiraba con delicadeza su brazo y cambiaba sus libros de lugar para así dejar el otro brazo libre y que Camille no pudiese tomarlo. Ella se dio cuenta de su maniobra y descaradamente se cambió de posición al lado del brazo desocupado y lo volvió a tomar como si fuese de su pertenencia.
—Discúlpame C-Camille, p-pero no quiero q-que t-tomes m-mis b-brazos —dijo Edward serio —, n-no s-se v-ve bien.
—¿Desde cuándo te importa lo que diga el resto? —dijo ella.
—D-Desde que te-tengo novia —sentenció.
Edward era consciente de su hostilidad, pero a pesar de que usualmente se habría quedado en silencio ante la insistencia de Camille, él no quería arriesgar su relación con Bella, por lo que dejó su timidez de lado e intentó mantener a ralla a la rubia insistente que tenía por compañera.
—Lo siento, no sabía que ella era tan importante para ti —sonrió.
—Pues lo es, m-más d-de lo que c-crees, a-así que por f-favor d-déjame e-en paz —señaló antes de marcharse con rapidez hacía la biblioteca.
Camille no se pensaba dar por vencida, no con tan poco, no sabía que tenía Edward Cullen, no era lo que ella esperaba de un hombre con esa apariencia, pero si duda tenía algo y ella quería tenerlo para sí. Sin importar si él la rechazaba, de seguro lo hacía por ahora, con el tiempo terminaría cediendo, como todos lo hacían.
Edward agradecía ya no recibir abusos, ya no lo golpeaban por ser tartamudo, aunque de vez en cuando no faltaba el admirador de Camille que le decía un par de palabras desagradables, ya no existían amenazas ni nada que perturbase su desarrollo estudiantil. Él comenzaba a sentir que poco a poco era aceptado y era capaz de darse a conocer con menos dificultad que antes. Veía en el los progresos y sólo esperaba que pronto terminasen esos tartamudeos para poder desempeñar una labor impecable como médico.
Al salir de la biblioteca volvió a encontrarse con Camille, esta vez, él la ignoró completamente mientras que ella parecía satélite girando a su alrededor.
—¿Me das dos minutos? —sonrió ella.
Tenía un plan perfecto y si todo funcionaba como ella quería, cada día la novia de Edward se volvería más odiosa hasta que él ya no la soportase más y al fin su compañero de clases terminaría fijándose en ella.
Edward se detuvo a mitad de pasillo dispuesto a escucharla por última vez en el día.
—No, aquí no, hay demasiada gente, ven sígueme —dijo tomándole del brazo antes que Edward pudiese decir cualquier cosa.
Bella y Rosalie salían de sus clases de Derecho Económico I, habían decidido esperar fuera de la facultad los diez minutos que tenían para que comenzase la otra clase, entonces hablaron de Emmett y de Edward, analizando la situación de anoche y de lo poco adecuado que resultaba que se viesen involucrados en ese tipo de eventos.
Rosalie vio a su hermano cruzar el pequeño parque que estaba frente a la facultad en la que ellas estaban y vio que se dirigía junto a Camille, la odiosa compañera de carrera, hacía el negocio que estaba casi al frente del edificio en donde se encontraban. Observó la situación antes de avisar a Bella, sabía que su amiga sobre exageraría y sería capaz de sacarle hasta los ojos a esa mujer si no se mantenía a veinte metros de distancia de Edward y por eso mismo prefería esperar. Pero el disimulo de Rosalie era tan malo como los chistes de Jasper, por lo que miró hacía donde su amiga tenía posada la mirada y allí vio como la descarada de Camille le coqueteaba a Edward. Estaba tocándole la camisa y estaba a escasos centímetros de él. ¿Qué demonios hacía Edward que no se alejaba de ella en ese mismo instante?
—Déjalo así Camille, ya m-me cambiaré de c-camisa —dijo Edward intentando quitar la mano de ella.
—¡Oh, no! Edward, fue mi descuido, yo te la limpio, ahora mismo —insistió mientras se acercaba cada vez más para pasarle simplemente la servilleta por el cuello de la camisa.
Lo último que sintió Rosalie fue el golpe de libros que le entregó Bella para ir tras esa mujer, pero antes que se evidenciara frente a todo el campus, Rosalie alcanzó a tomar del brazo a Bella y llevarla a un baño.
—¡Suéltame, Rose! Camille está allí quizá haciendo qué con Edward, déjame —chillaba en el baño que por suerte estaba vacío.
—¡Cálmate y confía en mi hermano, él sabrá manejar las cosas! —tuvo que gritarle para que Bella la escuchase.
—Sí, claro, dominar las cosas, Edward no se daría cuenta de las malas intenciones de Camille, ¿No te diste cuenta que todo esto es tramado? —reclamó mientras insistía en soltarse de su amiga.
—Si esto es tramado, ella está logrando lo que quería, que tú quedes mal ante Edward, es preferible que hables con mi hermano y le adviertas, si vas donde ella y la agredes como si nada lo único que conseguirás es que Edward no entienda el por qué y ella se hará la víctima—dijo Rose convencida.
—¿Me quedo de brazos cruzados entonces? —preguntó mucho más tranquila.
—No, no así, de verdad, deberías hablar con mi hermano —insistió Rosalie.
—Lo haré —dijo tomando sus cosas y saliendo del baño.
Esa tarde Isabella tuvo la cabeza en cualquier lugar menos en sus clases, tenía apuntes repartidos por toda su habitación, mil cosas que estudiar, mientras que pensaba en Edward. ¿Sería Camille la única o habría más de sus compañeras que lo acosaban? Darle un ataque de celos a Edward no era apropiado, Rosalie tenía razón, después de todo no tenía por qué dudar de su novio, jamás había dado motivos para que lo hiciese aunque eso no era razón para no mantener dudas de vez en cuando, después de todo siempre había una primera vez.
Edward tenía un montón de cosas que estudiar, entre anatomía, biología, introducción a la medicina y química absorbían todo su tiempo libre. Estaba agotado de pensar en todas las cosas que debía hacer, pero se daba fuerzas sabiendo que pronto se vendría un fin de semana largo y aprovecharían ese feriado para ir con Bella a Forks.
Cuando sonó la puerta de su habitación, pensó que se trataba de Emmett que había olvidado las llaves, así que se paró de mala gana y fue a abrir la puerta, pero se sorprendió al ver a Bella allí, tan hermosa como siempre su rostro no parecía tan tranquilo como él esperaba, quizá fuese el trato de la universidad.
Él se acercó la besó tiernamente en los labios, sólo luego de eso la dejó pasar. Bella agradeció que Edward estuviese sólo, porque no quería espectadores para lo que tenía que decirle.
—¿Pasa algo? —sonrió Edward mientras la tomaba de la mano y la llevaba a la salita de estudio que cada una de las habitaciones tenía.
—Si —susurró dándose valor —, sé que es la segunda vez que hablamos de lo mismo, pero entenderías si hubiese sido yo. Quiero saber por qué Camille vive pegada a ti y por qué tu no haces nada, Edward los vi frente a la facultad de Economía.
Este no se sorprendió al ver que Bella los había visto, pero cada día se daba cuenta de una persona que antes no había notado, un nuevo rasgo de la personalidad de Bella que él no conocía, esos celos insistentes que tenía eran algo que lo descolocaba. Primeramente le había resultado muy halagador que su novia se preocupase de él de esa manera. Un tartamudo y tímido hombre difícilmente fuese a llamar la atención de alguna chica universitaria, pero contrario a lo que creía, si había ocurrido y Bella insistía cada día más en que había algo extraño entre él y Camille.
—Me pidió que l-la a-acompañara, Bella, eso f-fue todo —dijo mientras se sentaba alrededor de la mesa circular de estudio.
—Ya, pero ¿Por qué tenías que ir?, Edward ¿Por qué siempre haces lo que te pide? —dijo ella sentada frente a él.
—B-Bella iba a buscarte, p-pensé que tendrías algo de tiempo p-para mí, e-esto es insólito —reconoció Edward.
—No, no es insólito, Edward, cada día que pasa llamas más la atención, no sé si sea porque estudias medicina u otra cosa, pero sinceramente no entiendo cómo no te das cuenta de que cada día que pasa te vas haciendo más interesante, las chicas se acercan a ti con cualquier escusa ¿y me estás diciendo que no te das cuenta de eso? —reclamó mientras sus manos formaban puños firmes sobre sus piernas.
Bella tenía razón, últimamente había derribado algunas barreras con el resto del alumnado, podía hablar con más confianza delante de las personas cuando el profesor le preguntaba algo. Usualmente cuando Edward llegó causó una extraña impresión a todos sus compañeros, pero a pesar de su diferencia, ningún profesor lo trató de manera especial y eso él lo agradeció. Todos lo trataban como uno más y cuando había que hacer preguntas no temían en dirigirlas a él. En las primeras ocasiones Edward respondió con gran dificultad, fue objeto de algunos comentarios, pero ninguna burla deliberada, ya después de darse cuenta que no causaba aversión comenzó a sentirse más cómodo, hasta que el miedo de hablar frente a sus compañeros desapareció completamente.
—Bella, es bastante tonto que m-me estés c-celando a mí —sonrió, pero a Bella no le causó gracia alguna.
—No es tonto Edward, eres un hombre y tienes varias compañeras, te cuento que a varias mujeres le gustan los hombres tímidos e introvertidos, así que no veo por qué es tonto —señaló sin quitarle los ojos de encima, fijamente le hizo ver cuánto había cambiado desde que ella le conoció.
—Ya, pero eso no es mi culpa, ahora tiendo a hablar m-más con las p-personas, pero e-eso no implica que sea amistoso con todos como p-para que l-le guste a a-alguien —dijo mientras ordenaba unos papeles frente a él —, además no creo que se fijen en un t-tartamudo, Bella.
—Tu tartamudez ya casi desaparece, Edward, no te escudes bajo eso.
—S-Si te gustaba a-antes p-porque era tartamudo, entonces e-es cosa que me lo d-digas y volveré a t-tartamudear para que nadie me hable —dijo algo molesto.
Ella sintió una presión en el pecho que le impedía respirar, ella jamás quiso decir eso, a decir verdad, desde que Edward había comenzado a hablar más fluidamente las cosas habían cambiado mucho, pero ella prefería… ¿Qué prefería? Dios, Edward era tan dulce cuando tartamudeaba y se sonrojaba tan deliciosamente, cuando no quería hablarle ni ser su amiga por miedo a que luego lo abandonara, era tan perfecto para ella, pero ahora sabía que Edward estaba cambiando para bien, dejar su tartamudez sin duda le daría mucho más seguridad al momento de ejercer su carrera. No podía ser tan egoísta y tan insegura de él, no podía estar celándolo a cada rato.
—¿Te estás dando c-cuenta l-lo que me estás p-pidiendo? —dijo Edward mientras se levantaba de la mesa y se acercaba a ella —, estás pidiendo q-que vuelva a ser tartamudo y taciturno, quieres que retroceda todo l-lo q-que he conseguido.
—No, Edward no es eso, no es eso, de verdad que no, pero estás tan distante, tan distinto y apartado de mí que siento que no soy parte de este nuevo Edward, que ahora las cosas han cambiado tanto que tengo miedo que no me incluyas en tu nueva vida, en tu nuevo yo —sintió como una lágrima caía por su rostro hasta llegar a su mandíbula y se perdió en su mano cuando intentó secarla.
—Bella —susurró Edward —, no sabes lo que estás d-diciendo, realmente no lo s-sabes.
(*) El punto sobre las íes es como decir poner las cosas en su lugar.
Hola mis niñas.
Estoy contenta por haber leido y respondido 69 reviews, aunque el número es muy sugerente ¿No creen?
Estoy tan feliz de verlas animadas que no pude hacerlas esperar y les traje este capítulo que espero que les guste.
GRACIAS POR TODOS SUS REVIEWS
¡Tengo nuevo Fic en andas! Se llama: I'm Waiting for you in eternity y para que se entusiasmen les dejaré el Summary.
Summary: Los errores se pagan según nuestra condición y muchos no tienen enmienda. Aprender a vivir junto a ellos es el primer desafío que ha llenado la nueva existencia de Bella Swan, el segundo es reencontrarse con Edward.
y también las invito a pasar por Mr. Misterious que voy actualizando muy seguido.
De verdad muchas gracias por sus reviews, los devuelvo todos y cada uno. Así que las que no se han animado a comentar ¡ Háganlo!
Besitos.
Manne Van Necker
Capítulo III
Caricias y silencio.
Edward no podía creer que Bella, su Isabella, estuviese tan insegura de sí misma, al punto de pedirle que dejase de ser ese nuevo ser que ella misma había inspirado. Ese afán por ser mejor para Edward era sólo parte de la inspiración que su novia le daba, él había decidido mejorar su tartamudez por ella y luego de tantos intentos fallidos ahora, por fin, podía ver resultados positivos. Isabella de seguro no sabía lo que estaba pidiendo y Edward, en un intento de entrar en calma, se apartó dándole la espalda. Él la amaba y ella lo sabía, lo que él no entendía era el por qué de esos celos, él hace tiempo le había dado su ser en un compromiso de matrimonio. ¿Qué más podía demostrar que realmente él la amaba? Desde pequeño Edward fue alguien inseguro y más bien introvertido, la desconfianza era parte de su vida diaria y conocía muy bien lo que podía provocar esa oscura sensación, y a pesar de no ser un ser extremadamente cariñoso ni romántico, sentía reales deseos de poder explayar todo lo que ella era para él, una vez más y cuantas fuesen necesario, pero la cordura y, quizá hasta la madurez, le hicieron ver que en este caso lo mejor era la comunicación entre ambos.
—Edward —susurró Bella posando su mano temblorosa en el hombro de él.
Isabella no quería continuar esa discusión, era insano continuar con ello, ni ella ni Edward darían su brazo a torcer. Ella sabía que lo que decía era cierto y él sabía que jamás nadie podría hacerle cambiar de parecer con respecto a su noviazgo. Él había dejado de ser voluble e inseguro, cada día lo superaba con creces, por lo que aquel contacto cálido y suave, tímido y necesitado, hizo sentir a Edward un escalofrío envolvente a lo largo de su espalda, como si la mano de Bella electrizara todo su ser, como si ella quisiera afirmar el sentimiento que ambos compartían.
Edward no estaba enojado con su novia, simplemente se sentía abrumado y confuso, quería darle más seguridad a Bella, pero sabía que no podría estar con ella más tiempo del que ya compartían, la universidad no lo permitía y ambos deberían acostumbrarse a sus elecciones, por lo menos por un tiempo, hasta que ambos tengan superada esta etapa de la vida. Edward alzó su mano hacía su hombro, en donde Bella tenía apoyada su mano, y la acarició volteándose al mismo tiempo. La mirada de los jóvenes fue suficiente para saber que ambos habían superado aquel dilema. Ella necesitaba más de él y Edward no podía negar que la necesitaba más de lo que había pensado, ambos eran el sustento del otro, por más que aquello fuese ciertamente idílico resultaba ser cierto.
—Lo siento, creo que estoy cansada, preocupada y estoy… muy celosa de que ella pueda pasar más tiempo contigo del que yo puedo tener, no es justo que…—la voz de Bella estaba quebrada, el nudo en la garganta le impedía continuar. Esto no era lo que ella había esperado, se suponía que al estar de novios tendría un "felices para siempre", pero no, nada de eso. La vida real era más distinta de lo que ella creía, no era un cuento de hadas en donde todo era perfecto, no por lo menos ahora, no en la universidad.
—¿Ella? —dijo Edward comprendiendo luego que se refería a Camille —. No, B-Bella —tomó el rostro de su novia y lo alzó hasta que sus miradas conectaron —, no hay "ella" aquí y n-no habrá. Puedo estar m-mucho más tiempo c-con otras personas, p-puedo reír y d-divertirme c-con ellos, p-pero no dudes n-ni por un s-segundo que mientras eso pasa, estoy p-pensando en ti y si d-de mi dependiese, p-preferiría estar c-contigo. Lo sabes ¿v-verdad?
—Sí —fue todo lo que se animó a decir, no sabía cómo ceder ni que él lo hiciese, pero no quería continuar con esto.
—¿Qué p-pasa? —Edward esperó una respuesta que no llegó, por lo que continuó —. No te e-entiendo. D-Debería ser y-yo quién está c-celoso de ti. E-Eres una mujer m-marav-villosa, c-cualquier hombre q-querría estar contigo, t-todos se v-voltean a mirarte, eres g-guapísima y p-popular, en c-cambio y-yo no poseo n-ni quiero p-poseer esas cosas…
—Eres hermoso —susurró sin sentido, no escuchó nada de lo que Edward le decía, la imagen preciosa que tenía frente a sí sin dudas le provocaba una sensación intensa fuera de lugar, absolutamente diferente a la dulzura que él en ese momento emanaba, por lo que esas palabras escaparon de su boca sin alcanzar a ser acalladas en su interior.
—Hablo e-en serio, B-Bella, p-presta atención —le pidió él, pero ella ya estaba perdida en el mar verde de sus ojos y el deseo de tenerlo cada vez más cerca ya era incontrolable, esa sensación de que él tomase el mando, de que la protegiese y la celase, era algo que realmente la ponía de cabeza.
—Lo s-siento —susurró ella mientras enlazaba sus manos en el cuello de él.
—Deberías p-pensar q-que demonios me estas p-pidiendo, realmente n-no entiendes n-nada, deberías pensarlo m-mejor a-antes de llegar y d-decir las c-cosas, y l-luego no te desentiendas de l-lo q-que dices —la recriminó con razón, ya que ella había provocado esta situación, pero ahora parecía volar en otro lado.
Bella silenció rápidamente ese sentimiento lascivo que se creó tan rápidamente que ni siquiera alcanzó a detenerlo y escuchó atentamente lo que Edward le decía, palabras que la volvían a tierra y a sus temores que aparentemente eran bien fundados, pero aún así se obligó a escuchar a su novio quién le repitió lo importante que era la confianza en su relación y en que tarde o temprano podrían estar juntos, pero que con su actitud no llegaría a ningún lado. La presión del pecho de Isabella era cada vez más creciente al escuchar cada palabra que salía de la boca de Edward.
—Tengo miedo que te canses de mí —susurró controlando su interior —. Sé que pronto lo harás, no puedo evitar sentirme furiosa al saber que hay otra mujer cerca de ti, trátame de celopata, pero es cierto, es como que me hirvieran la sangre, es escalofriante lo que llegaría a hacer si una de ellas se intentara propasar contigo, no lo podría soportar, me da miedo pensar que si eso ocurre jamás podría controlarme y tú te cansarías de mí y…y… —comenzó a hipar escandalosamente y el llanto le impidió continuar.
Abrazó y acunó en sus brazos a esa indefensa criatura que tenía frente a él. Lejos había quedado esa Isabella fuerte y decidida, esa mujer que inspiraba respeto, ahora tenía a una mujer insegura, una niña asustada y él se sentía realmente sin experiencia en esa situación. Jamás había protegido a nadie, siempre él había sido protegido, en ese instante se dio cuenta que Isabella estaba llorando en su pecho, parecía una pequeña desconsolada y ese aparente desconsuelo no era más que felicidad y a la vez era una recriminación hacía sí misma. Bella se criticaba por ser tan estúpida de creer que Edward, su Edward, sería capaz de serle infiel con otra persona, ni con Camille ni con nadie, jamás olvidaría que por más que cambiasen las circunstancias, ese Edward tímido y cariñoso estaba en el interior, más allá de esa tartamudez, más allá del rechazo de los demás. Ella le amaba y él le correspondía, el resto era indiferente. Se juró en ese mismo instante que jamás volvería a dudar de él, que jamás le armaría una escena de celos, no mientras no hubiese motivos reales, porque dudar de Edward era una falta de respeto y confianza que él no merecía.
—¿Qué pasa? —le susurró Edward al oído.
—Me haces endemoniadamente feliz —hipó Bella.
—Y tú a mí —le volvió a susurrar mientras que el hálito tibio de Edward le hizo cosquillas en el oído.
Se quedaron abrazados por un momento que fue más largo de lo que quizá debió ser, esa unión era agradable para ambos, esa seguridad y tranquilidad era lo que necesitaban, algo de lo que no podían prescindir.
—Bella ¿Qué dices si n-nos vamos a Forks un fin d-de semana? —sonrió Edward.
Los ojos de Isabella fueron respuesta suficiente para que ambos decidieran la fecha y hora del viaje. No le dirían a nadie. No lo sabría ni Alice ni Rose, menos los chicos, tampoco lo sabrían sus padres, la idea era un fin de semana para ellos solos, donde pudiesen estar tranquilos y pudiesen disfrutar de esa compañía que tanto les hacía falta, pero debía ser un tiempo corto, no podría ser más de dos días ya que la universidad los agobiaba cada vez más, por lo que aprovecharon que en tres semanas más había un fin de semana largo lo que les daba un poco más de tiempo juntos, así que sin más comenzaron a planear aquel viaje con un entusiasmo para nada exagerado.
Como de costumbre el grupo de amigos salía los días viernes en la noche a algún bar cercano para conversar y disfrutar de un fin de semana más relajado que el resto de los días, todos se dejaban libre esa noche para disfrutar el momento de relajación que les hacía tanta falta durante los seis días restantes. Alice y Jasper habían estado conversando de la situación de Edward, y era de esperarse, después de todo Alice era la más preocupada de Bella, la notaba distinta y sabía que algo extraño le estaba ocurriendo, algo que Rosalie escondía muy bien, y que ella quería averiguar. Por lo que recurrió a Jasper quién no le escondió su preocupación por Edward, pero le señaló que lo mejor era que ellos arreglaran sus propios asuntos. Emmett y Rosalie estaba felices porque ambos habían terminado unas asignaturas bastante complejas, por lo que estarían libres un par de días y ambos tenían intención de visitar al padre de Emmett.
—¿Así que vas a ver a Charlie? —dijo Jasper.
—Sí, esos son nuestros planes —sonrió Emmett.
—¿No irás tú? —preguntó Alice mientras bebía su refresco.
—No, la verdad es que me quedaré estudiando esos días —mintió Isabella.
—¿Y qué harás tú Edward? —interrumpió Jasper.
—Nada fuera de lo usual, q-quizá m-me quede c-con B-Bella en la universidad —acompañó en la mentira a su novia.
—Podríamos hacer algo juntos —criticó Alice —, hace tiempo que no vamos a Forks, podríamos ir —sonrió.
Edward y Bella cambiaron una mirada rápida, si Alice quería estar con ellos en Forks, sus planes se hundirían en lo más profundo de La Push, así que ya que sabían que ninguno de los dos quería estar soportando la idea de ver sus mini vacaciones arruinadas por la compañía decidieron no ser tan evidentes en la manera de desechar el plan.
—Lo siento, n-no deseo continuar viajando t-tan seguido a Forks, allá no puedo e-estudiar con tranquilidad, m-me distraigo fácilmente y las horas de viaje son t-tiempo perdido c-cuando se trata de e-estudiar —añadió Edward.
—Sí, además quiero estar aunque sea un poco con Edward, si es que ambos tenemos libres, prefiero quedarme acá —dijo Bella asegurando su opinión de la idea de Alice.
—¡oh, vaya! Par de tortolitos, entonces realmente quería estar solos, solos para… —rió Emmett sin terminar la frase.
—Piensa lo que quieras —dijo Bella.
A pesar de sus intentos por cubrir su fin de semana romántico, todos los demás notaron algo extraño, pero debido a los últimos acontecimientos de la pareja nadie quiso insistir en ello para no causar más problemas. Rosalie y Emmett ese fin de semana viajaría a ver a Charlie, mientras que Jasper y Alice irían a visitar a la madre de Jasper, por lo que Edward y Bella podrían viajar tranquilos a Forks o a las cercanías de Forks.
Cada vez que tenían tiempo, se dedicaban a mirar hoteles, hostales o algún lugar discreto donde pudiesen quedarse, algo cerca de la playa, la reserva de La Push les resultaba muy tentadora y agradable, lo suficientemente cerca de Forks y a la vez lo suficientemente amplio como para no ser descubiertos.
—¿Qué tal si nos vamos a acampar unos días? —sonrió Bella.
—Estupendo si es que no tuviese que estar conectado a internet de vez en cuando —dijo amablemente su novio.
—Entiendo, ¿Qué tal unas cabañas que quedar a tres kilómetros del inicio de la reserva?, podríamos estar allí un par de días y luego si es posible podríamos acampar, ¿Qué dices? —dijo Bella mientras le servía un café a Edward que llevaba mucho tiempo estudiando.
Esa tarde Rosalie se había ido a quedar a casa de una de sus compañeras y la habitación de Bella había quedado sola, por lo que Edward fue allí a estudiar y planear su viaje. Cualquiera fuera el motivo, ambos buscaban el momento de estar juntos aunque fuese sólo presencialmente. Mientras miraba a Edward sentado en el sofá con el laptop sobre sus piernas no pudo evitar pensar que aquella camisa blanca con líneas rectas delgadas y azules, le favorecía mucho a su tono de piel, además se entallaba delicadamente haciendo que se le marcara aún más su espalda perfectamente delineada que había adquirido con los días de natación extra que había adquirido últimamente como hábito para liberar tensiones. Edward era guapo, de cierta manera esa timidez era olvidada cuando la miraba con esos ojos verdosos que atrás habían dejado esa mirada inocente, ahora la madurez y el progreso de Edward se veía desde su espalda, pasando por su mirada y rematando en su creciente personalidad que cada vez más se hacía ver. Bella jamás había discutido con Edward en la preparatoria, jamás habían intercambiado conversaciones tan enfrentadas como estas, pero ahora Edward a pesar de su tartamudez, disfrutaba debatir con ella, mostrarle su punto de vista mientras ella estaba sentada en su regazo. Él la acariciaba con ternura y a veces incluso más que ternura, pero ella necesitaba más que esas caricias tiernas y delicadas, no era sólo que Bella lo pensara si no también su cuerpo lo pedía, increíblemente Edward conseguía que cada mínimo factor de su personalidad afectara a esa Isabella lasciva que aparecía cada vez con más frecuencia. Era como si sus cuerpos enviasen señales invisibles de las que eran solamente víctimas, sobre todo Isabella, que en la fuerza de voluntad era la primera en ceder, mientras que Edward a pesar de sentir fuertemente esa sensación incontrolable a ratos, intentaba mantenerse en sus cabales, siempre manteniéndose a raya de una situación demasiado comprometedora, aunque en sus más profundos y ocultos deseos sabía que deseaba exactamente lo mismo que su cuerpo le pedía. A veces la tensión de la pareja era tan evidente que ante cualquier contacto ambos se veían estremecidos por completo, muchas veces Edward debió pedirle a Isabella que se sentase en el sofá y no en sus piernas, otras Isabella tuvo que interrumpir un beso demasiado candente como para continuarlo sin ninguna consecuencia. Esta vez la inocencia de ambos era algo que fingían, por una parte Bella había invitado a Edward con la ilusión de planificar ese viaje y quizá también porque la soledad les podría hacer bien, pero por ahora no había intentado nada más que sentarse en sus piernas y besarlo largamente. Edward por su parte era consciente de lo que podría acarrear ese viaje, solos en una cabaña, por tres a cuatro días, lo más probable es que hubiese una sola cama y que su cuerpo le jugara pésimas pasadas al ver a Bella paseándose en ropa liviana por la casa, el hecho simplemente de imaginarlo le produjo una, ya conocida, reacción de la que tuvo que prohibirse antes de que sus pensamientos se hiciesen tangibles en la zona media de su pantalón.
Esto era vivido casi a diario por la pareja, las caricias tiernas se transformaban pronto en caricias más necesitadas, esos besos prolongados y suaves se transformaban en besos llenos de fogosidad y entusiasmo, pero en su momento justo eran interrumpidos por un tercero o simplemente Edward se alejaba de ella con suavidad, otras veces, Bella parecía adivinar que pronto sería desplazada y para ahorrarse la incomodidad ella misma se alejaba. Se querían, se celaban, peleaban, reconciliaban y a veces hasta se gritaban, se adoraban y amaban, se decían la verdad, se ponían limites, se reprendían cuando el otro actuaba mal, se reían del otro, tenían de todo en la relación, quizá era ya momento de tomar un paso más importante en esta, pero aquella cuestión había pasado tanto tiempo en las mentes de cada uno que a veces parecía enfriarse y cada vez parecía más lejana. Quizá ya era tiempo que se decidieran, Edward lo había pensado todo el tiempo, era probable que el paso estuviese más cerca de lo que él mismo creía y quizá no debía pensarlo tanto sino dejarse llevar por lo que su cuerpo exigía cada vez que estaba a solas con Bella.
Esta dejó de pensar en lo terrible que se sentía cada vez que Edward comenzaba a acariciarla con ternura, se sentía terrible cada vez que él la buscaba, que buscaba su boca, sus caricias, que sentía su aroma dejando un escalofrío que recorría su cuerpo cada vez que acercaba la nariz a su oreja, se reprendió por ser tan débil y continuó revolviendo el café mientras se lo entregaba en las manos.
—Gracias —le sonrió.
—Préstame ese laptop, llevas demasiado tiempo trabajando en eso, es tiempo que te tomes este café y descanses, luego retomas lo que hacías —sonrió Bella.
Edward le extendió el aparato y bebió su primer sorbo de café mientras Bella iba a buscar su tazón y se sentaba a su lado apoyando su cabeza en el hombro de Edward.
—Podría estar todo el día así contigo —susurró Bella mientras soplaba el café a la espera que se enfriase un poco.
—N-No lo dirás e-en serio, d-de seguro t-te aburrirías —rió sin muchas ganas de hacerlo.
—Nunca —le susurró en el oído mientras dejaba el café en la mesa de estudio.
—No creo q-que dijeras l-lo mismo d-después de u-unos m-meses así t-tal y c-como e-estamos —sonrió Edward mientras enfriaba su café.
Isabella mantuvo sus ojos cerrados, necesitaba mantenerse a raya, necesitaba respirar profundo y pausado, el calor le recorría todo el cuerpo, los latidos de su corazón eran potentes, retumbaban por todo su cuerpo, como si ese tambor africano aumentase sus sonidos afrodisiacamente, como si fuese un llamado para Edward, quién al ver tan silenciosa a Bella se dedicó a mirarla. Su cuello blanco y largo, su mandíbula tan suavemente delineada, su cabeza extendida hacía atrás, sus ojos cerrados dejando ver la cortina abundante de sus pestañas, el brillo labial que resaltaba la carnosidad de sus labios, sus mejillas sonrosadas, sus manos envolviéndolo, para él la tensión era demasiada. No podía quitar los ojos de ese largo cuello, de esos hombros que eran escasamente cubiertos por una camiseta, y la naciente línea que unía a sus pechos, sin duda ese escote en "v" era demasiado tentador. La respiración acelerada de Bella hacía que su pecho se expandiera y contrajera en una danza rápida y cautivadora. Su piel era suave, en sus brazos, manos y rostro ¿Cómo sería la textura en su pecho? ¿Cómo sería en su pierna media, en sus muslos, en el nacimiento de sus caderas, en su bajo vientre, sería tibio y agradable? Edward se imaginó tocando cada zona de su novia, descubriéndola, acariciándola y besándola en cada rincón, no tardó en darse cuenta que la necesitaba con extremo deseo, que ya no podía soportar la sufriente presa de su bóxer que reclamaba por ser liberada.
Para Isabella, quién llevaba ya largo tiempo con los ojos cerrados, abandonándose a sus más profundos deseos, imaginando, probablemente, lo mismo que Edward, pensando en el contacto de sus cuerpos, no tardó en sentir una apremiante presión en su vientre, como si estuviese completamente acalambrada, paralizada y tumbada bajo todo ese deseo que la llenaba de pie a cabeza. Llevaba demasiado tiempo sin estar en sus brazos sin ser acariciada como merecía, llevaba demasiado tiempo limitada.
Edward acarició lentamente la cabeza apoyada en su hombro, revolvió los cabellos de Bella y la acercó más a sí, sin pensar en qué hacía, simplemente arrojándose completamente a sus anhelos más profundos la besó con pasión, con intensidad y con la fogosidad que todo este tiempo había sido escondida, era una reconciliación, una de esas en las que dudas sobre lo que discutían se esfumaban de manera inmediata. Edward tomó de las caderas a Bella que se dejó llevar con facilidad y la sentó sobre sí, aprisionado bajo el sillón Edward recorrió la espalda de Bella sobre la ropa, dibujó la silueta de su cintura y la atrajo a sí con anhelo. Besó con necesidad a su novia, le acarició los pechos sobre la ropa y sintió como su descontrol se expandía por todo su cuerpo, por sobre todo en la potencial arma de su pantalón. Fue allí cuando Bella sintió como esa zona de él tenía contacto con ella, separada por la capa fina del pantalón de cada uno, comenzaron a moverse para aumentar la fricción. Ella introdujo sus manos dentro de la camisa de Edward, tocando su espalda, sus brazos, sus pectorales, su cuello devorando cada zona de él, acariciando sus sensibles lóbulos, respirando ruidosamente en ellos cada vez que Edward besaba su cuello, su pecho, aún sin quitarse la ropa. Entonces Bella en la necesidad imperante se quitó la camiseta y le quitó la camisa, Edward continuó con las caricias sobre el sostén de ella, mientras que perdía cada vez más la noción del tiempo y espacio, el calor de sus cuerpos era lo único que medía lo que estaba sucediendo. Edward desabrochó el sostén y lo lanzó lejos mientras admiraba la perfección de esos pechos tiernos, aún en sus formas, con las puntas tensas y erectas por la excitación, acarició y besó la cima de estos, fue entonces cuando su pantalón exigía atención. Fue entonces cuando se dio cuenta de donde estaba y qué estaba haciendo, pero no sabía si sería capaz de detenerse. En ese lapso Isabella sintió que él se detenía y mantenía su rostro entre sus pechos, como si descansase en ellos, fue allí cuando comprendió que se habían dejado llevar muy rápido.
—Eres hermosa, perfecta —le susurró agitadamente entre sus pechos, mientras la presionaba contra sí con más fuerza que antes.
Y contrariamente de lo que creía Bella, Edward no se detuvo, continuó besándola y descubriéndola, besó sus pechos una vez más y se deshizo de los molestos pantalones, dejándola completamente desnuda. La intimidad de la muchacha estaba tan hinchada, parecía que fuese a explotar de placer y necesidad. Edward la recostó en el sofá mientras que él aún mantenía su pantalón y le recogió las piernas dejándolas flexionadas, dejando a vista y paciencia el sexo de su novia. Una ola de placer lo inundó con más violencia que antes y se acercó a ella y depositó su boca allí, en el lugar más íntimo e inexplorado, sabía que estaba en territorio virgen y en ese mismo instante estaba colonizándolo por primera vez. Introdujo su lengua suavemente, jugueteó con su clítoris, con sus labios y con su interior hasta que se sació de ella, la acarició con sus dedos, le produjo placer al punto de que ella lo tomó del cabello y lo acercó a su boca. Ambos no medían la fuerza de su necesidad, pero ambos sabían que por más que ya no hubiese límites, todo lo que se inicia se debe terminar. Fue cuando Edward se desató los pantalones que sin querer pasó a derramar el café y la taza cayó al suelo, sonando atronadoramente en toda la habitación, tal y como aquel día con su abuela, el sonido, los trozos quebrados por toda la habitación, el grito de miedo, el silencio. Todo, todo lo revivió en un segundo, como si volviese a ocurrir, como si lo viviese en ese exacto momento. La piel se le erizó y su boca se secó en segundos. Su mente se quedó en blanco, no fue capaz de pensar en nada. Jamás había escuchado ese ruido atronador de nuevo. Loza quebrándose, cayendo, líquido vertiéndose. Fue cuando Isabella lo vió en estado de shock que se dio cuenta de lo que ocurría, se levantó de su posición y le extendió la camisa para abrigarlo, cuando hizo esto se quedó y lo abrazó por mucho tiempo hasta que él interrumpió el silencio.
—P-Per-rd-dón —fue todo lo que logró decir con la voz entrecortada y ronca.
—Hacía mucho que no se quebraba la loza, ¿No es así? —sonrió tristemente Bella. Edward asintió en silencio —, no importa, ya pasó. ¿Estás mejor?
Edward asintió incomodo, cada vez que se quebraba algo él recordaba ese momento, esa taza de leche haciéndose trizas en el suelo, desde ese instante en la casa Cullen quedó estrictamente prohibido quebrar algo, todo el mundo tenía extremo cuidado, Esme había evitado los juegos de vidrio en las mesas, fuera floreros, diseños de vidrio y todas esas cosas. Desde hacía mucho que Edward no escuchaba quebrarse algo, quizá también influyese el hecho que las terapias con Jasper iban cada vez más intensas, la hipnosis lo llevaba hasta lugares de su subconsciente que son absolutamente perdidos para él, pero esta vez era diferente. Le había fallado a Bella, cuando al fin se había decidido a hacerlo. Bella pareció adivinar lo que él pensaba.
—En una semana más estaremos tranquilos en la cabaña, no pienses en esto, no es nada —lo besó tiernamente en los labios mientras abrochaba su ropa interior.
Pero Edward no creía que fuese nada, se sentía como un idiota, un imbécil que le falló a su novia en el momento en que estaba decidido a hacerle el amor, le falló por ese trauma imbécil que le había jodido la vida, quería ser normal, quería dejarlo atrás, creía haberlo superado, estaba hablando mejor ¿no? ¿Por qué entonces todo parecía vivido con tan sólo unos vidrios rotos?
Hola mis niñas, espero que todas estén maravillosamente y me perdonen por este horrible atraso.
Comenzando con que estuve trabajando y llegaba muerta, hasta que sufrí por una muela del juicio y terminando con que viajé a Santiago,
creo que esa es la lista de excusas que tengo para darles.
Pero jamás las olvidé siempre están en mi mente y aquí les traje este capítulo intenso.
¿Qué opinan de todo?
Espero que les guste, comencé la universidad, mi horario esta muy relajado por este ramo que les conté que tendré que repetir.
Ahora escribiré Mr. Misterious y luego I'm waiting for you in eternity.
Luego de eso tengo planes para un nuevo fanfiction.
¿les conté que estoy leyendo the host y que ya tengo planes de fics... ooh! si mi cabeza está llena de ideas pero quiero terminar algunas, para comenzar otras.
Las quiero mucho.
Dejenme sus reviews, LOS RESPONDO TODOS, por lo menos todos los que tienen cuenta en fanfiction.
Los que no: ¡también los leo!
Besitos.
Manne Van Necker
¡PASEN POR MI WEB! http : / sinistertemptation . weebly . com (quite los espacios) y disfrute de todos los rincones que allí tengo.
Love: beyond the paper.
Summary:Edward se enfrenta a su tratamiento con madurez, mientras que Bella comienza a notar los cambios en su amado ¿Podrá soportar el amor los grandes cambios que les depara el futuro? Secuela Paper Love.
Descalimar: Los personajes no me pertenecen, ellos son creación de Stephen Meyer. La trama es mía por lo que queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento.
Capítulo IV
Uniones indisolubles.
Capítulo dedicado a: Black_Cullen.
Romi ya sabes que viene ahora ¿no? Te quiero amiga ¡Disfrútalo!
Queridas lectoras, este capítulo ha sido pedido por la Black_Cullen desde que inicié Paper Love. Así que realmente espero que lo disfruten.
Recomendación: "déjese llevar por los sentidos".
—¿Estás lista? —sonrió Edward mientras colocaba las maletas de Bella y las propias en el maletero del auto.
Bella estaba tan nerviosa y ansiosa como él. Al fin tendrían tiempo juntos, de ese tiempo que ya hacía mucho no disfrutaban. Aunque para ambos esta vez sería muy diversa a lo que alguna vez creyeron que sería: ambos sabían a lo que iban.
Edward había estado nervioso todo el día, estuvo estudiando hasta altas horas de la noche, evitando pensar en lo que podría llegar a pasar si ambos, nuevamente, perdían el control. Él era virgen y no sabía si Bella ya lo suponía o definitivamente lo sabía, sin dudas decírselo sería aún más embarazoso que tartamudear, pero entonces vio los ojos de su novia, tiernos y comprensivos y olvidó por completo ese temor. Por lo menos en ese momento.
—Ahora si estoy lista —sonrió Bella, quien por fin sentía ser la misma.
Como un pez fuera del agua, Bella no había sabido enfrentar los celos, era algo absolutamente nuevo para ella, jamás había tenido que celar a un novio, no era su estilo y jamás había considerado a alguien tan importante como para hacerlo, pero Edward era diferente en todo aspecto y ella quería mantener su relación a toda costa, incluso demostrando su inseguridad.
—Es hora de m-marcharnos e-entonces —sonrió Edward quién le abría la puerta del coche.
Detalles así enamoran —pensó Bella.
—¿Cuándo tienes hora con Jasper? —sonrió Bella mientras Edward ataba su cinturón de seguridad.
—El miércoles, t-tengo que hacerme u-una regresión y l-le pedí q-que estuvieses c-conmigo ¿Puedes? —sonrió tímido.
—Claro, dime la hora y estaré contigo —sonrió Bella al sentir que esos detalles mínimos que él deseaba compartir con ella, eran sin duda una gran demostración de confianza.
—Es a las 19:40 d-después d-de t-tu clase, t-te estaré esperando —sonrió.
Bella y Edward comenzaron su viaje, ella se encargó de la música mientras Edward conducía, de vez en cuando se detenían para que Bella tomase algunas fotografías y luego volvían a su curso. Llevaban ya bastante tiempo cuando Bella entró en razón ¿Cómo iban a viajar en coche hasta Forks cuando eso llevaría mínimo tres días de viaje y sólo disponían de cuatro días?
—¿Edward? —dijo Bella interrumpiendo a su novio —, ¿Vamos a Forks?
Entonces Edward se dio cuenta que su novia se había dado cuenta que no iban precisamente donde él le había dicho.
—C-Cambio de p-planes —sonrió.
—Pero había reservado ya las habitaciones —reclamó Bella.
—La reserva s-se canceló —sonrió Edward —. R-Relájate, y-ya verás q-que todo anda b-bien.
—¡Quiero saber dónde vamos! —insistió Bella.
—N-No, es una s-sorpresa —sonrió Edward quién se sentía complacido.
Bella se rindió, sabía que no conseguiría sacarle ni una sola palabra a Edward. Habían decidido salir a primera hora de la mañana, hacía frío y la panza de Bella comenzaba a sonar en señal de hambre.
—¿T-Tienes hambre? —rió Edward.
—Parece que si —sonrió Bella quién estaba hecha un ovillo en el asiento.
—Llevamos cuatro horas de viaje, d-deberíamos p-parar a c-comer —sonrió Edward.
—¿Dónde estamos? —dijo Bella confusa.
—Bangor, en Maine —sonrió Edward.
—Vale, quiero comida —rió al no haber estado nunca en Bangor.
Edward estacionó el volvo frente a un restaurant, comida china, la favorita de Bella, así que juntos disfrutaron de una exquisita cena, mientras que la descarada de la mesera no le quitaba los ojos de encima a Edward. Bella intentó calmar sus celos, no podía evitar sentirlos, pero si podía controlarlos.
—¿Qué tal las clases? —dijo Bella intentando olvidar sus celos.
—B-Bien —sonrió Edward quién había terminado de comer y esperaba que Bella lo hiciera.
Mientras su novia le hablaba y él respondía, tomó su lapicera y comenzó a dibujar en la servilleta. Bella estaba tan distraída, preocupada de controlar sus celos que no vio lo que Edward hacía. Cuando él terminó cuidadosamente intercambió las servilletas, mientras Bella hablaba distraída de lo incomodo que era estar siempre en grupo y que deberían salir solos más seguido.
Cuando Bella fue a limpiarse el rostro notó la servilleta escrita. Miró a Edward y comenzó a leer.
"Quién diría que estaríamos aquí y ahora.
¿Recuerdas como comenzó esto? Nuestro amor en un papel.
No importa si es un papel extravagante o esta simple servilleta…
Te amo Isabella"
Los ojos de Bella brillaban con intensidad, mientras que Edward ruborizado intentaba evitar esos ojos chocolate, pero de vez en cuando los observaba y sonreía.
—Eres hermoso —rió Bella con los ojos aún brillantes —, sigues haciendo que esto sea especial.
—C-Contigo todo es e-especial —susurró Edward.
Se tomaron de las manos y Edward le sonrió. Eran un cuadro tierno de ver, ambos sentían que en ese lugar no existía ningún trauma, no existía una Camille o una camarera odiosa, no, parecía que todo el mundo se pusiese en "Off" para ellos.
Edward canceló la cuenta y reanudaron su viaje. Recorrieron lugares, sacaron fotografías. Bella a cada cierto tiempo le pedía que se detuviese para poder estirar las piernas. Pasaron por un aduana y Bella se dio cuenta que estaban en el límite entre Estados Unidos y Canadá.
—¿Edward? —dijo exigiendo una explicación.
—Tranquila —sonrió —, y-ya queda p-poco.
—Edward no es justo, quiero saber dónde vamos, llevamos nueve horas arriba de este automóvil, siento que me estas raptando —chilló Bella.
Edward rió a modo de respuesta.
—¡¿Dónde me llevas Edward Cullen? —chilló nuevamente.
—Veinte m-minutos más y habrá un l-letrero gigante s-sobre tu cabeza —rió.
—Sobre la tuya habrá un enorme Hematoma —sonrió.
Edward no respondió, simplemente se dedicó a conducir tranquilamente hasta que de pronto vio el puente que unía el continente con Prince Edward Island.
—Bella, ya llegamos —sonrió, pero no recibió respuesta, al parecer el cansancio agotó a Bella y no pudo saber cuál era su destino de viaje.
Edward no insistió y simplemente llegó al hotel en donde tenían una reserva. La ubicación estratégica del hotel hacía que quedara a minutos de la playa y a minutos del parque nacional de la Isla.
Bella despertó en el estacionamiento frente a su cabaña. Y aún no tenía idea de donde estaba parada.
—¿Me dirás dónde estamos? —sonrió una vez abrazada de su novio.
—En la Isla P-Príncipe Edward —sonrió abriendo la puerta.
—¿Tienes una Isla? —rió Bella.
—T-Tengo una p-princesa también —susurró Edward antes de besarla tiernamente.
Ella acarició la mejilla de su novio, buscando aquella sensación tan exquisita que él le producía, cariños y caricias, besos tiernos y deseos contenidos, todo de a poco fue desatado del interior de cada uno. Edward con suavidad la tomó en sus brazos, mientras que ella jugaba con el cabello cobrizo de él. Fue entonces cuando el estomago de Bella sonó.
—¿Hambre? —sonrió Edward.
—Mucha —susurró Bella en el oído de él.
Edward llevó en brazos a Bella hasta la habitación, la posó con suavidad en la cama y la dejó allí lanzándole un beso a distancia.
—Ya v-vuelvo —le sonrió y luego cerró la puerta.
Bella temblaba en la cama, los nervios se apoderaron de ella, sabía que ocurriría luego que Edward llegase y por más que pareciese natural y por más que ella le haya pedido este momento a su novio, no podía negar el nerviosismo que ello le acarreaba. No quería hacerle daño, no quería arruinar el momento, estaba tensa y nerviosa, sin contar que también estaba hambrienta. Se ordenó controlar su cuerpo, sus ansias y sus nervios.
Edward preparó un sándwich rápido, uno para cada uno. Una hamburguesa, un poco de tomate, palta, lechuga, mayonesa y bebida. Algo simple, además era lo que más a mano había en los refrigerados de la cabaña.
Cuando llegó a la habitación Bella estaba tendida haciendo zapping, la única actividad que podía distraerla a medias de pensar en sexo, aunque falló rotundamente cuando sintonizó el Discovery Home and Health y se pilló con la publicidad que hablaba del programa: El sexo y el matrimonio. ¡Perfecto! —se dijo.
—¡Qué rico! —fue lo primero que dijo a penas dio un mordisco a su hamburguesa.
—N-Nada muy e-elaborado, princesa—sonrió Edward.
Una vez que la comida se acabó, Edward se levantó y fue a dejar todo a la cocina. Estaba nervioso y temblaba. Cuando pensó en un fin de semana juntos, si, había pensando en que esto pasaría, pero jamás se había visto tan incomodo con Bella. Si en ese mismo instante hubiese tenido que decir algo de seguro su lengua se había trabado sin dejar que pronunciara una sola palabra.
Bella se levantó de la cama, salió de la habitación y caminó hacía la cocina, sabía que Edward estaba nervioso, de hecho el nerviosismo de ella se debía a él, por lo que tomó de la mano a Edward y la besó con ternura. Acarició la mejilla de él y le alzó en puntillas para besarlo. Era la única forma de romper el nerviosismo. En un inicio fue un beso tierno, dulce y lento, pero este no tardó en transformarse en algo mucho más intenso, en una danza de movimientos acompañados de ese cálido contacto que producía cargas eléctricas en ellos, como si millones de átomos estuviesen chocando en su interior, esta danza, este frenesí no tardó en surtir efecto. Él la tomó en brazos y la llevó hacía la habitación, sin pensarlo se dejaron caer en aquel mullido colchón. Edward besó con ansiedad esos labios tibios y carnosos que parecían prenderle fuego a su cuerpo, sin pensar, sólo sentir, se adueño del cuello haciéndola estremecer.
Ella se moría de necesidad, de una necesidad que su cuerpo exigía, una leona rugía en su interior esperando salir, esperando ser descubierta por las manos de Edward. El roce de la ropa parecía molestar, cambió de posición adueñándose del dominio, dejó a Edward entre la cama y ella, aprisionándolo, demostrándole que ya no había escapatoria.
Se deshizo de su blusa, desató su ropa interior y dejó al descubierto sus pechos. Edward nunca había sido tan consciente de lo que estaba haciendo, de lo que estaba sintiendo. La prisión de su pantalón parecía estallar en cualquier momento, al igual que los suaves pezones de Bella estaban al borde del éxtasis, cada vez que él los tocaba o los besaba aumentaba el frenesí de ambos, el deseo de poseerse, de tenerse en los brazos del otro, era imperativo: él quería más de ella, tenía sed de Bella.
Ella comenzó a moverse con más intensidad, aumentando la fricción, demostrándole a Edward que esto era lo que tenía guardado tanto tiempo, demostrándole que no solamente era ella quién sentía esto, sino que ambos estaban ansiosos por desatar esas pasiones que habían ocultado.
Bella tomó la iniciativa y desató el pantalón de él, un alivio inmenso para Edward ya que su intimidad gritaba por libertad. Se deshizo de la ropa, lejos junto a esas prenda se fueron los temores de ambos, no cabía nada más que el deseo, la pasión y la desmesura de sus cuerpos ávidos de goce.
Bella se acercó al pechó de él, sus labios calientes rozaron con suavidad la piel ardiente de Edward, acariciando sus músculos definidos, llegando hasta el límite de lo conocido, hasta el bóxer que era lo único que permanecía aún en Edward. Se deshizo de él para ver todo lo que escondía, la magnífica pieza masculina quedó al descubierto, fuerte, firme y vibrante, exigiendo ser acariciada, anhelante de ser liberada de esa prisión.
Rodeó con sus manos el miembro firme. Edward estremeció ante el contacto, ante las frías manos de Bella en su miembro, se dejó llevar por la sensación eléctrica que esto le producía, se dejó llevar cuando ella movió sus manos lentamente hacia arriba y hacia abajo. Edward parecía detonar, una punzada aguda de placer en su cerebro lo tenía al borde de un abismo, como si todo estuviese a punto de paralizarse, una sensación que no lo iba a dejar continuar, pero ella ya estaba húmeda, lista, preparada para que él se introdujese, pero a pesar de las exigencias de su cuerpo, decidió esperar.
No permitiría que esta exploración fuese incompleta, no, ella quería y exigía más de él. Tomó la mano de Edward que permanecía en su espalda y la acercó a su femineidad. Fue solamente necesario que ella lo acercara, ya que Edward se dejó llevar por el calor y la humedad de la zona, acarició los interiores de Bella, aquellos que estaban jugosos y compactos alrededor de sus dedos, pudo sentir como ella era más sensible en algunas zonas, como ella gemía de éxtasis, así como él sentía ese hormigueo recorrer todo su cuerpo cuando Bella lo tocaba y lo acariciaba sin desenfreno. No tardaron en necesitarse a gritos, los gemidos y el aire caliente de la habitación eran el ambiente que ambos habían creado, deseo, pasión todo se veía desenvuelto, expuestos uno al otro, Edward quitó sus dedos del interior de Bella y ella comprendió. Con delicadeza se introdujo en la firme erección de Edward. Su interior húmedo e hinchado cedió ante el espécimen de él, con lentitud y cuidado, por más que deseara comenzar a moverse en torno a él, por más que deseara soltar su desenfreno, se midió cuidadosamente para no dañarlo. Una vez que la erección de Edward se adaptó a la humedad de ella, comenzaron los movimientos suaves, movimientos que eran prudentes, ella lo deseaba con descontrol y él parecía al borde del abismo, si no hubiesen sido cautelosos ambos habrían caído exhaustos en menos de un segundo.
Edward abrió los ojos para deleitarse con la imagen de Bella sobre él, sus pechos danzaban al ritmo de su vientre, de su unión, ambos estaban disfrutando de la explosión de sensaciones, él posó sus manos en las caderas de ella, incitándola a aumentar la presión y el roce de sus cuerpos. Bella sentía la fricción en cada zona de su interior, sentía como sus paredes se amoldaban al miembro de Edward, sentía como cada vez que él embestía, ella parecía perder la consciencia. Era increíble para ella notar que Edward aún podía mantenerse firme en su interior, ya que ella sentía que cada músculo de su cuerpo se estaba adormeciendo de placer, estaba sintiendo el agotamiento del éxtasis en cada centímetro de su cuerpo, pero aún así su intimidad parecía sedienta de Edward.
El calor de aquella cueva inexplorada hacía que él sintiera deseos de permanecer allí, la humedad y el roce exquisito le provocaban pequeños espasmos que se transformaban en temblores cada vez más seguidos, pero él parecía querer hacer oídos sordos al límite que le era permitido. Fue entonces cuando Bella comenzó a gemir con lentitud y suavidad, liberándose de toda atadura, quedando expuesta ante el placer. Había llegado al punto máximo. Él lo comprendió y sólo entonces pudo desatar aquella fiera que llevaba dentro enjaulada por tanto tiempo, dejó que la electricidad recorriera todo su ser, desde la punta de su erección hasta el último cabello de su cabeza. Sintió como Bella lo recibía dentro de ella y pareció que por un lapso todo se volvía en blanco, todo, lo único que le quedaba era el hormigueo placentero por todo su cuerpo.
Ambos cuerpos agotados por el deseo se quedaron inmóviles, uno sobre el otro. Edward abrazó la espalda de Bella, ambos húmedos por la acción, se quedaron dormidos perdiendo la noción del tiempo, quizá porque después de esto, lo que menos les importaba era lo que ocurría en el exterior.
Hola Chicas ¿Qué tal?
Espero que les guste... bueno ya veremos que sigue en este FIN DE SEMANA DEL AMOR xD por lo menos para estos tórtolos.
¿Han leído "The Host"?
Bueno como saben yo lo leí ¡Y Tengo un FIC de "The Host"!
Se llama: Soul's Scars.
Ya subí el primer capítulo y me encantaría que las chicas que Leyeron The Host se pasen a leerlo.
Les dejo Summary. Las quiero.
SUMMARY: Wanda y Melanie han sido separadas, Wanda ya tiene un nuevo cuerpo, pero ¿Podrá Wanda separar los sentimientos de su nuevo cuerpo con el anterior cuerpo que pertenecía a Melanie? / Continuación de "The Host"
Pasen queridas.
Besitos
Manne Van Necker.
