Capitulo 10
Dies Irae (Parte II)
Bajo la calida luz de la luna ensangrentada, sumido en su profunda tristeza y entre el frió y la humedad de aquel antiguo estanque. El joven Mefistófeles se contemplaba en silencio en el reflejo del agua; reflexionando los sucesos de su cruento pasado, hasta que comenzó a llorar en silencio.
Muchas preguntas sin respuesta rondaban alrededor de su cabeza desequilibrada: ¿Por qué tuvo que nacer con esto? ¿Que fue lo que hizo para merecer tanto rechazo y desprecio de los demás?… Pero lo mas importante: ¿acaso esto acabara algún día?.
—Esto… ¡Esta cosa arruino mi vida por completo! —exclamo furioso Mefistófeles golpeando su propio reflejo, mientras lloraba ahora de impotencia—. ¡Malditos! ¡Maldita seas, Cadence! ¡Los odio a todos!.
—Este inferno de eterno sufrimiento tiene que acabar ahora…
El agua del estanque misteriosamente se convirtió en sangre; oyéndose en la lejanía las campanas de la torre del reloj en Ponyville que anunciaba las doce de la noche. La temperatura en el estanque bajo hasta alcanzar los -4 ºC. El cielo se oscurece de repente, las tormentas se encuentran y descargan con terribles rayos y truenos que intimidarían a cualquier criatura salvaje del Bosque Everfree.
Del estanque salio un espíritu maligno que se acerco hacia Mefistófeles; un daimón, para ser mas exacto. Tan antiguo como los mismos Windigos que era invocado por un solo nombre: Samiel.
Con la forma de un unicornio de cuerpo gris oscuro; de ojos tan dorados como una pepita de oro, y de una ensortijada melena negra. Su capa negra de cuello levantado flameaba como una siniestra túnica de la muerte. Tres plumas alargadas habían en su sombrero, mientras iba vestido con una elegante y fina casaca púrpura. Sobre su lomo portaba su famoso mosquete echo de un metal muy raro y antiguo, forjado en el mismo Inframundo.
—Es normal que tengan miedo a lo desconocido, esta en la naturaleza cobarde de ellos…
—¿Quién se supone que eres tu?.
—Je, ya deberías saberlo —sonrió Samiel—. Lo que importa es que he compartido junto a ti las injusticias y el dolor que te causo este mundo cruel… Pero si te tranquiliza, me conocen comúnmente como el "Großen Jäger".
Mefistófeles no era un semental fácil de intimidar. Poseía un corazón valiente y muy noble, pero en ese momento, palideció por completo al escuchar su sobrenombre: El daimón Samiel, el "Cazador Negro" del desfiladero de los horrores. Su madre en sus mitos y leyendas para dormir le había relatado sobre el, pero… ¿Qué hacia tan lejos de su "Wolfsschlucht"?.
—¿Qué es lo que quieres de mi, siniestro creador de las balas mágicas? —pregunto con cierta desconfianza.
—Me ofrezco a vuestro servicio, como un "Ángel Guardián de la Muerte" —contesto Samiel—. Soy una parte viviente del poder que constantemente proyecta el Mal, pero hace el Bien.
—¿Y que me quieres decir con este extraño juego de palabras?.
Samiel se sonrió maliciosamente, cubriendo el estanque completo de una neblina de ultratumba para mostrarle un sombrío mundo bajo las tinieblas y la oscuridad de la noche, causada por un apocalíptico eclipse que tapaba el sol. Mefistófeles se mostró confundido al principio, pero lo que mas le llamo la atención de aquel paisaje, era una imponente metrópolis construida bajo los cimientos de una ya inexistente Equestria.
—¿Qué clase de magia macabra es esta? ¿Dónde estamos? —pregunto Mefistófeles sabiendo ya la respuesta.
—Este en el legado que dejaras después del éxito de tu Operación Ode to Joy, Conte Mefistofele—respondió con una reverencia al pronunciar su titulo—. El mundo actual nunca ha sido un lugar para los de nuestra clase, pero tu tienes el poder para cambiarlo. Posees las agallas, la experiencia, y el conocimiento que bien has alimentado durante tus viajes de exploración.
—No entiendo, ¿Qué es lo que tratas de insinuarme? —pregunto Mefistófeles.
—Es simple… has tuyo este mundo. O mueres como un perro callejero, o te impones sobre los demás como un Dios —contesto—. La mejor arma que usareis será el terror. La crueldad impone respeto; los demás podrán odiarnos pero no queremos su cariño, solo queremos su miedo.
Aquel lugar del paisaje cambio drásticamente apenas Samiel golpeara el suelo dos veces con la culata de su mosquete, mostrándole ahora una Equestria bajo las llamas de una creciente y total destrucción. La valerosa Guardia Real había sido completamente exterminada, mientras que los desconocidos invasores con sus Képi rojas y sus casacas azul ultramar, marchaban victoriosos como conquistadores; pisando los desfigurados cadáveres de los vencidos. Gigantescos zeppelines de guerra surcaban los cielos entre las columnas de humo, arrojando su carga sobre las ultimas edificaciones de Ponyville y Canterlot.
—Todo acto de creación es en primer lugar un acto de destrucción —ironizo Samiel.
Mefistófeles miro con horror los extensos valles de empalados, sintiendo unas ganas de vomitar no solo por la espantosa vista del paisaje, sino por el fuerte hedor a muerte que entraba a sus pulmones. Samiel dirigió su casco derecho hacia el ayuntamiento de Ponyville que aun seguia intacto de las ardientes llamas, y lo que vio allí en la punta de la cima el futuro Conte lo dejo prácticamente impactado.
La Princesa Celestia se encontraba empalada en lo mas alto del mastil del ayuntamiento, mientras que Twilight Sparkle estaba siendo violada brutalmente por un Squadrone completo de nocturnos; que luego de correrse en varias partes de su cuerpo seguian llegando mas soldados para profanar su cuerpo herido.
—No… ¡me niego a hacer esto! ¡Yo no soy un asesino!.
—Si no les matas tu, ellos te mataran a ti.
—¡Cállate! ¡No me tientes con tus palabras venenosas!.
—Ya lo han intentado muchas veces, ¿esperaras a que alguien lo logre?.
—¡Pero no hay motivo para matar a quien no me ha hecho nada! —exclamo Mefistófeles.
—Debes entenderlo de una vez ¡No seas ajeno a la realidad! ¿Por qué motivo te están buscando allá en la superficie?.
—Q-Quieren… quieren verme muerto —musito Mefistófeles con tristeza.
—Amigos, un lugar… ¡Ya no te queda nada! Tienes que asimilarlo y hacerte tu propio lugar tu mismo, es hora de cambiar la situación, de acabar con esta marginación que por años has sufrido… Es hora, de que cumplas con tu dorado destino.
Mefistófeles sintió como una energía de magia negra comenzaba a incrementarse en su interior como un letal cáncer sin control, con una sensación muy similar a un orgasmo sexual. Sentir el flujo de ese maligno poder mágico que circulaba por toda su sangre… era algo fuera de este mundo. Pero repentinamente, el placer interior se convirtió en un insoportable dolor intenso; comenzando a sufrir violentas convulsiones en el suelo, vomitando sangre y haciendo sonidos fuertes como si tratara de pedir a gritos auxilio. Sus venas comenzaban a hincharse hasta casi explotar, y un aura siniestra negra lo rodeaba por todo su cuerpo hasta quemar el suelo...
Finalmente se despertó de una profunda inconciencia, con un raro mechón blanco en el borde izquierdo del crin de su cabeza. Lo primero que hizo fue levitar su preciado tocadiscos; que para su fortuna no le habia sucedido nada con el golpe de la caída ni con la humedad del agua, y después de secarlo con mucho cuidado, con suma normalidad escogió de entre su pequeña colección de Operas su obra mas favorita y trágica: Pagliacci, de Ruggero Leoncavallo.
Cuando el tocadiscos empezó a tocar muy adelantadamente el "Vesti La Giubba", una de las piezas mas dramáticas de esta Opera y en que el tenor canta con una enorme tristeza en su corazón. La triste aria de tenor camuflaba los fuertes quejidos de dolor de Mefistófeles; que entrando en un estado de desquicio e ira desenfrenada, comenzó a mutilarse a si mismo con una reluciente navaja barbera.
Rebanadas de pedazos de costra cayeron flotando sobre la orilla del estanque, cortándose también el parpado de su ojo derecho con suma delicadeza; ya que no queria quedar ciego de aquel ojo. Un interminable hilo de sangre caía sin parar por su barbilla; lamiendo la sangre de su navaja barbera hasta hacerse leves cortes en la lengua, comiéndose también sus propios pedazos de costra despellejados.
Cuando termino por fin con su acto demente de mutilación, dejo caer la navaja barbera hasta las profundidades del estanque; contemplándose en su reflejo con cierto anhelo su "metamorfosis".
Su mejilla derecha quedo destrozada y sin arreglo alguno, pudiéndose apreciar los músculos despellejados y al rojo intenso vivo. Quedando solamente algunas tiras de carne colgando en la parte derecha de su rostro brutalmente mutilado.
—Toda esa magia negra circulando por mi cuerpo… ¡Se siente maravilloso! —exclamaba Mefistófeles con unos destellantes ojos dorados—. Ya estoy harto de sufrir humillaciones y de ser increpado en todos lados. Voy a crear mi propio hogar, tendré mis propios súbditos, y mi nombre quedara escrito en los libros de historia de todo el mundo. Convertiré este injusto y podrido mundo en un Infierno de Dante, y mi dolor será inflingido a otros como si fuese un leproso, que nadie se podra salvar… ¡NADIE!
En ese momento, el símbolo del Ordinului Dragonului se había convertido en su Cutie Mark, mientras el unicornio nocturno sonreía sádicamente y fuera de toda razón; alzando su mirada hacia la luna ensangrentada como un lobo a punto de aullar.
—Voy a vengarme de ti, Mi Amore Cadenza. Antes de profanar tu cuerpo y asesinarte públicamente, voy a obligarte a presenciar como tus seres queridos son ejecutados de la peor forma. Voy a hacerte experimentar el mismo dolor con el cual viví, y cuando ya no puedas soportar mas, y me pidas a gritos que te mate. Voy a cortarte los parpados de los ojos y obligarte a presenciar como tu amada Equestria es destruida por completo —Mefistófeles estallo de una fuerte carcajada que casi rompe sus cuerdas vocales, espantando a los pájaros y murciélagos en la superficie del Bosque Everfree.
Unas dos horas después, en la habitación de Twilight Sparkle. La pequeña alumna de la Princesa Celestia estaba durmiendo placidamente en su reconfortante cama, cubierta por sus calidas sabanas y sumida en su propio mundo de sueños. Sin notar, que un charco de sangre apareció de la nada en su habitación hasta salir el propio Mefistófeles, que había venido a despedirse de la única pony que aun le importaba y amaba.
—Tus sueños serán hermosos como la luna y las estrellas, porque solo las ponis buenas e inocentes como tu descansan felices y contentas —murmuro, hasta que sin querer logro despertarla.
—¿Mefisto? ¿Qué haces aquí? —pregunto Twilight refregándose sus ojitos.
—Te suplico disculpas por despertarte… pero tenia que hacerlo. Esta noche me iré de Equestria, y solo vine a despedirme de ti.
—¡¿Qué?! ¿Te vas? P-Pero, ¿Qué paso con la Academia de Magia? —pregunto Twilight muy pasmada con la noticia.
—No pienso seguir con mis estudios, ya no puedo quedarme mas tiempo en este Reino. Además, debo cumplir con mi destino —respondió Mefistófeles.
—¿Y que sucedió con Cadence? ¿Pudiste revelarle tus sentimientos?.
—Si… pero fui un ingenuo en creer que tendría algo con ella. Lo que sucedió es mejor que no lo sepas nunca jamás —contesto entristecido el unicornio.
—Lo siento mucho…
Twilight encendió una vela con su magia, pero al observar bien a Mefistófeles, no evito mostrarse horrorizada ante lo que veían sus inocentes ojos. El nocturno había cometido el descuido de no cubrirse el rostro para no asustarla, y por un momento creyó que perdería a su única amiga que le quedaba en el mundo… pero la reacción fue otra que resulto ser inesperada para el.
—¡P-Por Celestia! Estas herido…
Twilight rápidamente se levanto alarmada de su cama de un salto, buscando su botiquín de primeros auxilios hasta encontrarlo dentro de su armario. Mefistófeles no la comprendía muy bien ¿porque no reacciono como los demás ponis que habían visto su rostro? Y mas aun que ahora estaba mucho peor que antes...
—… Tuve un accidente nada mas, Twilight. En serio, no es nada grave…
—No dejare que te vayas así, Mefisto. Podrías contraer una infección si no lo trato inmediatamente.
Mefistófeles no evito poder sonreir; cautivado por el gran corazón que tenia Twilight, dejando que ella misma fuese su "pequeña enfermera" La desinfección de las colgantes tiras de carne despellejada, y el vendaje en la parte derecha de su rostro había muy delicada e impecable, hasta ser tratada incluso con cariño.
—¡Listo! —exclamo la potrilla con una amplia sonrisa, cortando la tira de vendaje.
—Muchas gracias, en verdad eres buena haciendo curaciones —dijo Mefistófeles mirandose frente a un espejo.
—No es nada, es la primera vez que le doy primeros auxilios a alguien —se sonrojo Twilight, aunque no evito afligirse al recordarlo—. Entonces… supongo que ahora te vas, ¿no es verdad?.
—Si, me temo que si.
Ambos unicornios se quedaron en un incomodo silencio, aguardando por quien de los dos seria en dar la triste despedida. Mefistófeles se sentia frustrado al abandonarla despues de todos los momentos buenos que pasaron juntos... pero un fuerte abrazo lo dejo atónito; sintiendo como Twilight lloraba muy afligida, acurrucándose en su pecho.
—N-No quiero que te vayas, Mefisto —sollozo Twilight—. Por favor, quédate conmigo...
—Lo siento, pero tengo que hacerlo Twilight… P-Por favor, si sigues llorando, vas a hacerme llorar a mi también —Mefistófeles no evito derramar sus lagrimas al tener que perder a su unica amiga, rodeándola en sus reconfortantes patas—. Los momentos que compartimos fueron los mas felices de mi vida, y siempre quedaran grabados en mi mente. Twilight, prométeme que harás todas tus tareas y te comportaras como una buena niña.
—L-Lo prometo, juro que seré la mejor —contesto Twilight con un nudo en su garganta.
—Algo me dice que lo serás, Twilight. Tienes un gran talento y un destino prometedor que espero algún día superes incluso a Star Swirl El Barbudo —Mefistófeles se limpio las lagrimas, abriendo la ventana del balcón con su magia—. Cariños para toda tu familia.
—Mefisto, nos volveremos a ver algún día, ¿cierto? —pregunto Twilight muy esperanzada.
—Si… pero no será de la manera que tu te imaginas —contesto fríamente.
—Twilight, ¿con quien estas hablando? —exclamo Twilight Velvet subiendo las escaleras.
Cuando la unicornio entro a la habitación, Mefistófeles ya se había escabullido de allí; desapareciendo como un malévolo Poltergeist para siempre. Dejando a una pequeña Twilight que contemplaba la luna de sangre desde el balcón de su ventana, en vez de los fuegos artificiales en el Palacio Real que daban fin a la Gran Gala del Galope.
Una extraña frase finalizaba el entristecedor diario que decía así: "Como una llama ardiente es lejana en la oscuridad. La vida es carne sobre huesos convulsionando en el suelo". Cadence no comprendía muy bien su significado, pero en la ultima pagina encontró algo que no pudo contener las lagrimas de la conmoción: una foto de ella y Twilight, sonriendo juntas hacia la cámara como un ultimo y preciado recuerdo que tenia Mefistófeles antes de convertirse… en el monstruo que era ahora.
Cuando cerro el diario de vida; y al mirar detenidamente su tapa color esmeralda, creyó que lo mejor seria devolvérselo y darle una disculpa por muchos motivos que no necesitaba explicar.
—Ya llegara el momento oportuno —musito abrazando el diario—. Aun no estoy lista para hacerlo.
Desde ese día, el diario de vida de Mefistófeles paso a ser conservado por la alicorn, hasta que llegara la noche oportuna en que le pediría perdón por el sufrimiento causado. Transcurrieron ciento veinte oscuras noches en Târgoviste, y aunque el tiempo pareciera haber avanzado rápido, muchos sucesos ocurrieron:
Mefistófeles por fin hizo anuncio de la victoria aplastante que la Guardia Fantasma había conseguido en el decadente Reino Changeling. Paseando por las calles de la ciudad con motivo de humillación a la joven y orgullosa Princesa Arachne; hija única de la Reina Chrysalis, junto con algunos de sus ministros que fueron torturados y ahorcados públicamente.
Desafiante hasta el final, con una belleza y personalidad bastante similar al de su madre. Su fama como heredera al trono; así como la Comandante de las tropas changelings en la fallida invasión a Equestria, era tan grande que llamaron mucho la atención del Conde, que no tardo en exigir una pequeña reunión con ella en la Sala de Trono del Castillo Poenari.
La Princesa Arachne fue presentada ante el Conde, que miro con una sonrisa burlesca como la changeling le dirigía miradas llenas de desprecio hacia el. Se acomodo en su trono, escuchando con disfrute todos los insultos y amenazas que eran insignificantes para el.
—¡¿Crees que olvidare este trato, nocturno pedazo de mierda?! ¡Mi reino vendrá por mi, y todos ustedes pagaran con su vida por su barbarie!.
—Creo que realmente no entiendes la posición en que te encuentras, Princesa Arachne —hablo finalmente Mefistófeles—. Sabes, hay algo que siempre he querido saber; y tu eres perfecta para resolver mi pequeño experimento… ¿Es posible que una changeling pueda quedar preñada de un nocturno?.
De entre las sombras y la oscuridad de la Sala de Trono, hizo su aparición el recién llegado Capitán RedBlood; junto a una veintena de soldados de la Guardia Fantasma. Mefistófeles no se aguanto las ganas de reírse al ver la expresión pasmada de Arachne, cuando se vio rodeada de los nocturnos que le dirigían miradas lascivas y risas llenas de malicia y crueldad.
—N-Nunca me dejare tocar ante un montón de asquerosos gusanos como ustedes —exclamo con voz nerviosa.
—¡Tu cuerpo esta temblando como gelatina! —rió el Conde alistando su preciado tocadiscos—. Pongamos algo de música, esto será muy divertido de ver.
En cuando el viejo tocadiscos comenzó a tocar la famosa Opera Don Giovanni del maestre Wolfgang Amadeus Mozart, los crueles soldados se abalanzaron como hienas salvajes sobre su indefensa victima; ya que conocían perfectamente el Modus Operandi de Mefistófeles. La Princesa Arachne con mucho esfuerzo, se resistió en suplicar clemencia o auxilio, mientras sentía con disgusto los lengüetazos y caricias en cada zona de su cuerpo.
—¡M-Malditas bestias inferiores! —exclamo Arachne negándose a ser besada por uno de los soldados—. Y-Yo soy la Princesa del Reino Changeling…
—¿Crees que por ser una Princesa, mereces tener un trato mejor? —murmuro con una odiosidad RedBlood, mientras mordisqueaba y lamía su oreja derecha—. Tus fieles súbditos que sobrevivieron a la masacre, están internados en nuestros campos de concentración trabajando hasta el agotamiento en las minas de hierro. Nuestra gran política de terror no conoce brechas entre nuestros prisioneros.
Entre palabras de un cinismo horroroso y risas bestiales, sujetaron a la joven Princesa rasgando su hermoso vestido con el que había sido capturada. Mefistófeles se acomodo en su trono de hierro, esperando a disfrutar del gran "espectáculo" que seria dado a continuación:
Por tener mucho mas rango que los demás nocturnos presentes, RedBlood fue el elegido en arrebatarle la virginidad de la orgullosa Arachne. La Princesa fue inclinada hacia el suelo, con sus flancos al aire y quedando expuesta de sus dos cavidades que intentaba en vano cubrírselas con su cola.
Arachne jamás en su vida se había sentido tan humillada e insultada. Su madre la había criado desde muy pequeña a ser fuerte, orgullosa, muy segura de si misma y con el amor de una madre hacia sus súbditos y su reino… como una verdadera Princesa. Su mundo se le vino abajo, cuando sintió como su pureza era desgarrada por el malnacido de RedBlood; que sin importarle si era su primera vez, comenzó a moverse bruscamente dentro de su intimidad ensangrentada.
Uno en pos de otro, la violaron sin hacer caso ni de los gritos desgarradores de la desdichada Princesa, ni de las suplicas llenas de lagrimas, ni de sus inútiles amenazas. La profanación del cuerpo de Arachne, hizo que Mefistófeles tuviera una enfermiza inspiración; tanto que no evito cantar hasta que sus pulmones se reventaran el "Deh vieni alla finestra":
"Deh, vieni alla finestra,
o mio tesoro,
Deh, vieni a consolar il pianto mio.
Se neghi a me di dar qualche ristoro,
Davanti agli occhi
tuoi morir vogl'io!
Tu ch'hai la bocca dolce
più del miele,
Tu che il zucchero porti
in mezzo al core!
Non esser, gioia mia,
con me crudele!
Lasciati almen veder,
mio bell'amore!"
Su canto no tardo en ser aplaudido y silbado muy eufóricamente por sus soldados y RedBlood, que muy pocas veces podían presenciar el canto del Conde de alguna pieza de Opera. Haciendo una reverencia a su publico, Mefistófeles se levanto de su trono; acercándose a la Princesa que a duras penas levanto su mirada afligida y llena de lagrimas en sus ojos verde limón, musitándole apenas unas palabras:
—T-Te lo suplico… mátame.
—Caballeros, no estoy interesado en tener a esta sucia changeling como mi esclava personal —dijo sin dejar de mirar a Arachne con indiferencia—. Decreto que su labor será darle placer a toda la Guardia Fantasma, con efecto inmediato…
Mefistófeles se retiro agitando su capa de cuello levantado, escuchándose un grito de desesperación mientras mas soldados de la Guardia Fantasma ingresaban a la Sala de Trono…
Fuera de ese horrible y repudiable suceso. Los constantes informes de espionaje de Midnight Blossom que hacia llegar desde el Palacio Real de Canterlot, no hacían mas que ponerle los nervios de punta al maldito Conde de Târgoviste.
Las corazonadas de una posible operación de rescate se hacia mas evidente, pero ni la mejor espía de toda Târgoviste podía descubrir que era lo que estaban tramando. Las Princesas Celestia y Luna, el Príncipe Shining Armor, y el Dios del Caos Discord, se reunían cada medianoche en el Salón de Trono del Palacio en secreto, y esta actitud inusual tenían muy nervioso al Conde.
Para tomar cartas en el asunto; y aliviar un poco esa preocupación que le carcomía por dentro. Mefistófeles se entrevisto a puertas cerradas con una asesina profesional; una joven pegaso nocturna que a simple vista aparecía como una yegua poseedora de un notable dominio de si misma. Pero su sola mirada inquieto al Conde de Târgoviste, ya que no tardo unos segundos en advertir que aquellos ojos rosado oscuro no tenían expresión alguna. Fuesen cuales fuesen los pensamientos que se albergaban en el interior de aquella cabeza, detrás de aquella cortina de humo, nada trasluciría de ellos. Mefistófeles sintió dentro de si mismo el gusano de la inquietud. Como todos los ponis formados por los sistemas y los procedimientos, no le gustaba lo imprevisible, y, por lo tanto, lo incontrolable.
Su apariencia era… interesante a diferencia de otras yeguas nocturnas. Su pelaje era azul violeta como el de la Princesa Luna, y su crin era azulado con brillos celeste pálido. En su pata derecha tenia dos raros brazaletes de papel de pergamino antiguo, donde tenia escrito unos extraños jeroglíficos del estilo antiguo egipcio. Su armamento secundario consistía en un sable Tachi, pero su principal arma era una lanza japonesa Yumonji Yari.
—Night Watch, la razón de porque te he llamado desde muy lejos. Es porque eres una profesional destacada que no actúa por idealismo, y por consiguiente, obra con mas serenidad y es menos probable que cometas errores elementales —comenzó el Conde sirviéndose de su copa un poco de vino—. Mi espía me informo que el Reino de Equestria y el Imperio de Cristal están tramando algo, probablemente una operación de rescate.
—¿Quiere que asesine a los conspiradores? —pregunto Night Watch.
—Admiro tus métodos de asesinato, en especial cuando se trata de hacer picadillos de funcionarios reales como el Rey Octavio —sonrió Mefistófeles—. No, lo que quiero que hagas es que vigiles y protejas a mi esclava Cadence. Es muy probable que ellos vengan por ella, y…
—No necesita decir mas, mi Conde —interrumpió la pegazo nocturna—. Cualquier amenaza que se acerque a ella, yo lo descuartizare. No hay en el mundo una sola criatura que este a salvo del sable y la lanza de una asesina…
En la actualidad, cuando la noche y la luna llena recién estaban en pañales sobre Târgoviste. Sin que nadie lo sospechara, debajo de la ciudad; en una catacumba que databa de la Era Paleo-pony. Una fuerza de combate integrado por quinientos setenta mosqueteros; bajo el mando del Monsieur Valkane, se estaban preparando para un asalto a la fortaleza de Mefistófeles: el Castillo Poenari.
Con mapas, fotografías aéreas y maquetas se indico a cada mosquetero su cometido con las posibles alternativas; todos debían asegurarse de haber entendido el papel que debían desempeñar en la misión.
En la cueva que era la principal entrada hacia la catacumba, como seis sombras moviéndose entre los miles de cráneos que cubrían las paredes. Las Mane Six con sus poderosos Elementos de la Armonía, recurrieron con un poco de tardanza el llamado urgente de su dudoso aliado. Durante dos semanas habían estado alojándose en un motel barato de la ciudad, provistas de documentos falsificados y de darkbits; lo suficiente para sobrevivir mientras se avanzaba en los preparativos para la misión.
Antes de que pudieran llegar a la entrada, un robusto gorila de brillante pelaje negro, se interpuso entre ellas y la vieja puerta de hierro; frenándolas con un agresivo gruñido de advertencia. Twilight y Fluttershy se maravillaron al conocer a un gorila de las inhóspitas selvas de bambúes; mientras que Rarity solo se quedo babeando al contemplar el tamaño de sus músculos, que superaban al de un minotauro.
—Vous désirez? —pregunto el gigante con falsa indiferencia.
—Tenemos una cita con el Monsieur Valkane —contestó Twilight con suavidad.
El intimidante gorila con su puño cerrado, llamo a la puerta tres veces sin quitarles el ojo encima a las jóvenes Portadoras de los Elementos. Desde dentro, la voz de su patrón contesto:
—Oui?.
—Tiene usted una visita —gruño.
La puerta se entorno ligeramente; Valkane echo una ojeada, y entonces la abrió de par en par.
—Ça va, Viktor. Son nuestras amigas —murmuro Valkane al gorila.
El gorila les dejo el paso abierto, siendo recibidas amablemente por el educado Monsieur que se disculpaba por la agresividad con que fueron recibidas por su fiel guardián. Sin perder mas tiempo, se dirigieron a una enorme mesa donde había una maqueta del castillo, donde les explico detalladamente cual seria el importante papel que ellas jugarían en esta operación.
—Valkane, ¿Cómo sabemos que esto resultara, y que no nos vas a traicionar? —pregunto finalmente Twilight, antes de que sus amigas se le adelantaran con una lluvia de objeciones.
—Es la única opción que tienen para derrotar a Mefistófeles —contesto Valkane seriamente—. Nosotros mantendremos ocupado a la Guardia Fantasma el tiempo que sea necesario, mientras ustedes convierten en piedra a ese hijo de yegua.
Twilight miro de reojo a cada una de sus amigas, buscando su opinión antes de tomar una decisión correcta. Todas y cada una, entendían que esta clase de misión podían llevarlas a la esclavitud o la muerte si fracasaban; sin contar las inciertas probabilidades de éxito que tenían.
—Chicas —les dijo—. Perdónenme por llevarlas aquí, si ustedes no quieren venir conmigo… yo las entenderé. No quiero poner sus vidas en peligro, y…
—Twilight, no tienes que decir mas —sonrió Applejack—. Somos tus amigas, y puedes contar con nosotras en lo que sea.
—Yo no voy a perderme toda la acción —exclamo Rainbow Dash—. ¡Además, quiero patearle en la cara a ese Conde! ¡Como en una novela de Daring Do!.
—Ha sido un largo viaje; considerando que he estropeado mi hermosa melena un par de veces, y seria inaudito dejarlo en vano —dijo Rarity.
—¡Por mi esta bien! —exclamo con entusiasmo Pinkie Pie—. Además; si nos toman como esclavas, ya he preparado mi actuación.
Todas se quedaron mirando y esperando a Fluttershy; que estaba muy nerviosa de solo pensar en los peligros que habrían en ese castillo. Finalmente exhalo derrotada, musitando en un tono tímido característico de ella:
—N-No quiero quedarme sola… Así que iré con ustedes.
—¡Entonces ya esta decidido! —exclamo con una confiada sonrisa Twilight—. Princesa Cadence, ¡resista un poco mas!.
