LOS REYES MAGOS ME HAN DEJADO ALGO PARA VOSOTRS.
Bueno, en España tenemos tradición de que sean los Reyes Magos de Oriente, que fueron a adorar a Jesús, los que no traigan regalos; y no Papá Noel. Lo que se suele hacer, depende de la zona, es dejar los zapatos bien limpios en la ventana para que los Reyes Magos dejen los regalos en ellos. Pues bien, este es el regalo que me han dejado a mí para vosotrs.
Y ahora, a leer se ha dicho.
Agarró con fuerza la hoja de papel, estrujándola contra su pecho.
"Queridos Rey Mago... todo lo que quiero es..." Lo repitió una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez... hasta que el sueño la venció.
Al día siguiente cuando se levantó, se echó una capa sobre el pijama y corrió hacia el salón principal de Cair Paravel. Allí ya se encontraba Edmund.
"Lucy, mira, el gran Rey Mago me ha dejado una nueva espada". Desenvainó la espada y la movió a un lado y a otro. "¿Qué te ha dejado a ti?". Ella se acercó despacio a sus zapatos, al pie de su trono, estaban vacíos. Una sonrisa curvó el rostro de Lucy. Se dio la vuelta y buscó con la mirada por la habitación.
"¿No tienes nada en los zapatos Lucy?" Preguntó su hermano. Pero ella le ignoró y rodeó los tronos. Allí, tras el trono de su hermano estaba. Ahogó un gemido de sorpresa cuando observó la perfección de su regalo. Se acercó hasta él. Un joven tumbado en el suelo, echo un ovillo, respiraba con tranquilidad. Lucy se acercó a él, y apartó un mechó de cabello de su rostro. Era una copia exacta de su hermano. El mismo pelo rebelde, los labios carnosos entreabiertos, las pecas cubriendo su rostro, hasta el par de cicatrices que Edmund conservaba de las guerras de Narnia estaban perfectamente reproducidas, ya que la copia de su hermano estaba completamente desnudo. De pronto, su regalo abrió los ojos y sonrió a Lucy.
"Hola Lucy" susurró. Su voz era idéntica. La joven sonrió, algo azorada.
"Hola..." contestó, intentando darle un nombre a su regalo.
"Skandar" terminó él la frase, para ayudarla. Mientras Edmund al otro lado del trono, había estado practicando con su nueva espada, pero cuando se dio la vuelta en medio de un estoque y vio a su hermana, al lado de un joven que era exactamente igual que él en apariencia, únicamente cubierto de cintura para abajo por la manta que antes llevaba Lucy sobre los hombros, se quedó sorprendido y quieto. Solo durante unos instantes, claro, porque a continuación se lanzó, espada en alto, sobre el desconocido, hasta que "La valiente" se interpuso entre los dos.
"Esto es una brujería, Lucy" dijo el joven con los dientes apretados.
"No, Edmund, esto no es brujería alguna. Este es... mi regalo".
"¿Cómo que tu regalo?" preguntó él con la boca abierta.
"Es... lo que le pedí al Rey Mago, Edmund. Déjale en paz. Él es Skandar".
"Encantado" dijo el regalo estirando una mano para estrechar la de su doble, que no lo hizo con demasiada convicción.
"Bueno, voy a darle algo de ropa". Añadió Lucy, y tirando de la mano del joven, le sacó de la habitación.
Cuando Skandar ya se había bañado y vestido, se reunió con Lucy para dar un tranquilo paseo por el jardín de Cair Paravel. La nieve había bañado los árboles y las plantas dándole al lugar un halo navideño y acogedor. Pasearon cogidos de la mano, y Skandar cogió algunas flores para Lucy.
Después, los dos juntos fueron a montar a caballo, llegando hasta un riachuelo cercano. Gracias a la magia de una dríada, que templo el agua para ellos, pudieron nadar juntos, hundiéndose el uno al otro en el agua, persiguiéndose, salpicándose y pasándolo bien.
Continuaron hablando frente a un tablero de ajedrez, el juego preferido por ambos, mientras se contaban cosas. Daba la sensación de que Skandar tenía exactamente los mismos recuerdos que Edmund. En medio de la partida, él acarició la mano de Lucy y la miró con ojos brillantes, pero ella sonrió y bajo la mirada, preparando la siguiente jugada, y pensando que si quizás tenían los mismos recuerdos... ¿tendrían también los mismos sentimientos?
Un par de horas después, en el comedor, para almorzar todos juntos. Cuando Lucy entró en la habitación, observó como Caspian hablaba con Edmund... y con Skandar. Había que reconocer que el Rey Mago había sido tremendamente generoso. Su regalo resultaba tremendamente apetecible, a pesar de ir vestido con una sencilla camisa blanca y unos pantalones oscuros... Irónicamente, Edmund llevaba prácticamente la misma ropa: una camisa blanca y unos pantalones verdes oscuros. Lucy sonrió y después, se mordió el labio. Y como si fuera un acto reflejo, Skandar se volvió y la miró. Caminó hasta ella y después de hacerla una reverencia, depositó un suave beso en sus labios. Lucy suspiró cuando sintió los carnosos labios del joven atrapando los suyos, y sin poder detenerse, le devolvió el beso, entreabriendo su boca y jugando con su lengua. Cuando se separó de ella, Skandar mordió el labio inferior de Lucy con suavidad y sensualidad, y entonces la reina desvió la mirada y alcanzó a ver como a Edmund se le abría la boca al menos dos palmos.
"No, no, no" dijo el joven rey acercándose a Skandar. "Vale lo del paseito, vale lo de montar a caballo, vale lo de bañarse en el río, vale lo del ajedrez, pero a mi hermana... NO LA TOCAS". Gritó finalmente.
"¿Y por qué si puede saberse?" preguntó Skandar. "No es de tu propiedad que yo sepa" Añadió altivo el joven.
"Porque la quiero". Gritó Edmund, dejando a Lucy patidifusa (alucinando vamos).
"Yo también la quiero". Dijo Skandar.
"Esto vamos a arreglarlo como hombres" dijo el joven rey desenvainando la espada. "Lucha conmigo, copia inmunda de mí mismo". Skandar estiró el brazo y cogió la espada de Caspian y la lucha comenzó, mientras Lucy, paralizada no podía hacer ni un solo sonido.
Las espadas se cruzaron, mandoble arriba y abajo, juego de pies, giro de muñeca, uno avanzaba y el otro retrocedía y Lucy no era capaz de distinguir a uno de otro.
"BASTA" gritó de pronto. "BASTA. Yo también te quiero". Dijo acercándose a Edmund.
"Pero Lucy tu eres mi hermana, yo siempre te querré".
"¿Estás ciego? No ves que fue por eso que pedí al Rey Mago una copia exacta de ti, que fuera capaz de amarme, como yo quería que me amaran. No como una hermana Edmund. Para mi desgracia o mi fortuna yo no te amo como a un hermano, te amo como algo más. Me haces sentir cosas que no siento con nadie más. Me tiemblan las piernas, se me acelera el corazón... Sólo tú me haces sentir así".
Edmund bajó la espada.
"Pensé que era sólo yo el que sentía eso Lucy". La joven le miró. "Pensé que no estaba bien, pero diciéndome esto me haces el hombre más feliz del mundo". Dijo abrazando a su hermana y alzándola del suelo, para después buscar su rostro y llenarle de besos, en su frente, en sus ojos, en sus mejillas y sobretodo en sus labios... deteniéndose a probarles, a sentirles, a saborearles, a lamerles, a acariciarles... mientras ella le estrechaba contra su menudo cuerpo.
Cuando abrieron los ojos, Skandar había desaparecido, y en su lugar había un pequeño cofre. Lucy se acercó hasta él y lo abrió. En él, una pequeña corona relucía sobre un cojín de terciopelo y en el centro una nota:
"Todo lo que necesitas... es amor y valentía para reconocer que amas".
FELICES REYEEEEEEES (Y PAPA NOEL PARA QUIEN YA HAYA TENIDO REGALOS)
Y QUIEN NO TENGA REGALOS, PUES ESTE ES MI PEQUEÑO PRESENTE.
ESPERO QUE OS GUSTE.
