Los Juegos – Día 1 y 2
La Cornucopia esta justo en frente de mí. Todos los Tributos estamos alineados en una fila horizontal mientras el reloj en el cielo nos informa que nos quedan 58 segundos por esperar. Apenas suene el cañón todos saltaran de sus platos, pero si alguien lo hace un segundo más pronto sus piernas volaran en mil pedazos por adelantarse. Lo vi suceder una vez cuando era pequeña.
Es un campo abierto donde estamos ahora, un bosque y la Cornucopia se encuentra en el centro. Los árboles están lejos, a unos 300 metros alrededor y detrás se alzan montañas inmensas con las puntas blancas. Todo es verde, impactantemente verde, pero familiar. El bosque lo conozco, puedo moverme en él. Puedo sobrevivir en él.
A mi izquierda tengo a Noah, quien luce decidido a ir por la Cornucopia.
37 segundos.
A mi derecha tengo a Tina, la tímida joven del Distrito Tres, quien también luce decidida a ir por la Cornucopia. Katniss me dijo que me alejase pero la imagen es tan tentadora que ahora estoy considerando ir hacia ella. Desde aquí puedo ver las fundas llenas de pan y manzanas colgando de los rincones, las hachas alineadas, arcos y flechas, y también los cuchillos, una infinidad de cuchillos. Si puedo alcanzarlos, no estaría tan indefensa y vulnerable en la Arena. Si puedo atrapar uno estaré protegida.
15 segundos.
Soy rápida, puedo alcanzar algo y salir corriendo, pero lo más seguro es que para el momento en que haya tomado lo que necesite los demás tributos me habrán alcanzado y entonces ese podría ser mi principio y fin en los Juegos.
No, me alejaré como Katniss dijo que haga.
7 segundos.
Flexiono mis rodillas, los ojos pegados al reloj en el cielo y cuando suena el cañón todos salimos corriendo con la misma dirección al principio.
Al virar la vista veo que Tina es muy rápida y llega a la Cornucopia en segundos, pero Noah esta justo detrás de ella mientras yo por fin me doy cuenta de hacia dónde me estoy dirigiendo y cambio rumbo y me alejo por la izquierda. Por un momento me pierdo y al ver a todos correr hacia los árboles mi mente me grita que regrese por armas, y es que estoy segura de que esto nunca había pasado antes pero la mayoría de Tributos está corriendo hacia el bosque, más no a la Cornucopia.
Pero corro más rápido y aun así logro ver como Jake impacta la cabeza de Aria en una pared y su cuerpo cae desplomado al piso. Justo antes de perderme entre los árboles giro completamente y puedo ver tres cuerpos en el piso mientras dos parejas luchan en la puerta. Distingo a Kitty claramente pelear y continuo.
Los cañones suenan en el aire mientras corro. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis veces suenan y analizando la situación, sé que la batalla en la Cornucopia ha terminado. Siempre esperan que termine la masacre para anunciar cuantos han muerto y dejar sonar los cañones.
Seis menos, aún quedamos dieciocho y al parecer no fue el espectáculo que el Capitolio seguramente esperaba al inicio.
Aunque el bosque es similar los árboles no son como los de casa, estos son más altos y verdes, no los reconozco. Los troncos son anchos y frutos cuelgan de las ramas, pero tampoco los reconozco. Sigo corriendo, haciéndome camino entre plantas y ramas del piso. No me detengo.
Estoy con las manos vacías, no tengo absolutamente nada. Ni un arma, ni comida, ni agua. No tengo nada. No sé qué tan lejos me encuentre, ni si me siguen o no, pero aun así la paranoia es constante.
La garganta m arde y entonces me detengo y miro alrededor. Decido subir a un árbol, lo cual resulta muy fácil por lo ancho de los troncos y las pequeñas pero gruesas ramas que nacen por todas partes. Al llegar a una rama lo suficientemente fuerte y larga como para sostenerme, me siento y por primera vez en horas, descanso. Tengo demasiada sed y ni siquiera he empezado a buscar agua, la tierra es dura de todas maneras y cerca de una fuente de agua, no estoy, de eso estoy segura.
Varios frutos amarillos cuelgan de la rama donde estoy sentada y al recoger uno me doy cuenta de que a éste si lo conozco. El papá de Rachel recibió estos frutos en una canasta una mañana como regalo desde el Capitolio y Rachel me dijo que estas son naranjas y por lo que recuerdo, son muy jugosas. Pelo una con rapidez y sonrío al darme cuenta de que estoy en lo correcto y al probarla la sed se va inmediatamente. Pero naranjas no son las únicas frutas. Distingo frutos rojos, amarillos y verdes colgando de los demás árboles, algunos son redondos y otros largos y flacos.
Aun así, agua es indispensable y sin ella no duraré mucho. Tengo que encontrarla antes de que oscurezca. Mirando al cielo puedo suponer que aún me quedan un par de horas de sol. Tal vez sean las tres o cuatro de la tarde. Me como una naranja más antes de bajar del árbol y continuar. Esta vez ya no corro, camino lentamente, escondiéndome en los árboles y atenta a cualquier sonido pero no escucho nada, ni veo a nadie tampoco. En esta parte del bosque estoy sola.
Inspecciono el suelo pero todo está más que seco, árido. Aquí no hay agua, pero los árboles dan frutos y sé que estoy en la parte incorrecta del bosque porque obviamente tiene que haber una fuente de agua para tan grande vegetación.
Las manos me tiemblan y la chaqueta empieza a pesarme más de lo que hacía hace un minuto, me siento atrapada, como si no pudiera respirar, como si la ropa me asfixiara. Me apoyo en un árbol y miro al cielo azul y las ramas de los arboles cubrirme entera. Nunca voy a salir de aquí, nunca voy a volver a ver a nadie más.
La garganta se me cierra y los ojos me arden repentinamente pero sé que no estoy sola aunque así parezca. Sé que estoy rodeada de cámaras y que hay un millar de gente esperando ansiosos mis lágrimas de rendimiento, pero no les pienso dar el placer de verme derrotada, no hasta que en verdad lo este.
Sigo caminando con la rara sensación de ser vigilada, no sé en donde estarán las cámaras pero sé que están en todas partes con seguridad. Probablemente todos estén viendo mi rostro en este momento y no puedo parecer débil, aunque sea exactamente como me siento.
Una rama que yo definitivamente no pise se quiebra y me detengo. Apoyo mi espalda contra el tronco de un árbol y espero. La misma sensación de ser observada se vuelva casi palpable y empiezo a sudar. Busco alrededor pero no hay nada con lo cual pudiera defenderme si me atacasen en este momento y luego escucho otra rama quebrarse y el miedo me baña con un espantoso recorrido que empieza en mi cabeza y lo siento hasta los dedos de mis pies.
El sonido ha venido desde arriba y sé que al mirar lo que sea o quien sea que esté ahí, me atacará. Puedo correr pero me pueden seguir o saltar encima, como sea, yo no tengo la ventaja. Siento el corazón latir tan fuerte que puedo escucharlo, pero sé que todo está en mi mente.
Respiro hondo y luego me boto al piso. Caigo sobre mi espalda pero ignoro el dolor ante la imagen de la araña más grande que jamás haya visto. La araña salta y al levantar mis brazos me doy cuenta de que mis manos son negras, del color de la chaqueta. Sus ocho ojos rojos los tengo en frente, y ambas manos apretadas justo debajo de su boca, evitando que sus pinzas me destrocen el rostro. Un grito muere en mi garganta, no puedo hacer ruido. De repente siento algo subir por mi barbilla y todo el rostro, y envolver mi cabeza, también lo siento bajar por todo el cuerpo, cubriéndome hasta los pies. La araña me ataca, intenta morderme el abdomen pero no puede traspasar mi ropa, la cual ahora es una extensión de mi chaqueta.
Se me bota de nuevo a la cara y esta vez no dudo en pelear, la golpeo pero solo logro enfurecerla más. De las pinzas le brota una substancia verde oscura y sus patas me golpean una y otra vez, tirándome al piso repetidamente. Puedo imaginar está imagen siendo el centro de atención justo en este momento en todas las pantallas del país. La araña es grande pero no sobrepasa los dos metros. En un movimiento ligero logro esquivarla y ponerme de pie. No dudo en colocar mis pies sobre su espalda y sin pensarlo tomo sus pinzas en mis manos y halo con todas mis fuerzas hacia arriba mientras mis pies empujan hacia abajo.
La araña emite un grito desesperado que me provoca de inmediato escalofríos antes de que el sonido de sus pinzas al romperse terminen con mi lucha y su dolor.
Caigo de rodillas a un lado mientras el líquido verde sigue emanando del arácnido. Me siento agotada y vomito en el piso. Todo el cuerpo me tiembla y las lágrimas caen sin mi permiso. Y pensar que les temía a las arañas de dos centímetros en casa.
Me pongo de pie y observo como la chaqueta se vuelve a encoger hasta cubrir solo mis brazos y torso. Kurt tenía razón, es un chaleco protector muy avanzado que me acaba de salvar la vida y probablemente me salvará de nuevo.
No tengo la fuerza para caminar más lejos y subo a un árbol aterrada de que me encuentre con otra araña, pero al empezar a caer la noche mi chaqueta vuelve a cubrirme entera y sé que no podrán asesinarme en la oscuridad.
Como dos naranjas más mientras observo las estrellas brillar gloriosas en el cielo despejado. La chaqueta me ayudó contra la araña pero no ayudó a nadie en la cornucopia, vi a varios morir. Será que solo se activa con animales? Arácnidos en específico? No lo sé y no puedo confiar en ella. Será que en este momento algo está cerca o se activó por la noche? Es un substituto a una sábana? Qué?
Escalo un poco más el árbol y me siento en una rama más larga, pero al apoyarme en otra noto como esta se tuerce hacia mi dirección, más no se rompe. Intento torcer otra y me sorprendo al ver que tampoco se rompe, es como si atajaran mis órdenes. Hago lo mismo con unas cuantas más y al cabo de unos minutos ya no estoy sentada sobre una sola rama, sino sobre unas cuantas que forman un semicírculo en el que puedo estirarme cómodamente, casi como un nido de ave.
No puedo escuchar nada y el silencio me aterra, de repente la música del himno de Panem empieza a sonar fuerte y un circulo resplandeciente aparece en el cielo con el sello del país, seguidamente las fotos de los tributos fallecidos aparecen en él siguiendo el número de su Distrito.
La joven del Distrito Uno con quien nunca cruce palabra aparece primera; Tina, la chica tímida del Distrito Tres, el joven del Siete, la chica del Ocho, Sebastián del Nueve y Alison del Diez. Nunca antes había habido tan pocos caídos en el primer día. Generalmente el primer día es el más sangriento, pero este año al perecer es la primera excepción y no sé cómo sentirme con esta revelación.
Por una parte la idea de que no hay muchas muertes debería alegrarme, una persona normal en circunstancias normales se alegraría de esta noticia, pero yo no puedo alegrarme, no puedo regocijar la vida de mis enemigos, y sí, todos los que respiran en esta arena son mis enemigos y no dudaran en matarme al presentarse una oportunidad. Así que no puedo alegrarme.
Me recuesto en el nido de ramas y me quedo mirando hacia arriba. Los árboles son altos, las naranjas cuelgan de ellos en abundancia y es una bella noche. Imagino los arboles de casa, los cuales no son tan altos pero si tan verdes como estos.
En el Doce no crecen frutos y en el Capitolio tampoco, así que debemos estar fuera de él, probablemente esta arena ha sido construida cerca del Distrito Tres o Cuatro que es donde sí crecen frutos, pero no puedo estar segura.
El cielo se torna más oscuro con el paso de los minutos y me trae más de un recuerdo, todos los cuales incluyen a Rachel. Sus ojos siempre brillan con la intensidad de las estrellas que ahora adornan el cielo azul y espero que siempre lo hagan, sin importar lo que suceda en la Juegos, sin importar lo que me llegue a pasar.
La punta del árbol en el que descanso de repente se torna blanca y el color empieza a pintar el tronco lentamente desde arriba. Me toma un minuto darme cuenta de que es hielo lo que está bajando y me siento rápidamente en las ramas. El piso se ve igual pero el hielo me alcanza veloz, pero… no siento frío. Las ramas en las que estoy sentada son blancas ahora pero mi temperatura es la misma, debe ser la chaqueta que me cubre entera. El hielo se detiene justo antes de tocar el suelo y al poner mi mano –también cubierta- me doy cuenta de que el tronco es ahora muy resbaloso. Nadie podrá escalar los árboles cuando estén cubiertos de hielo, sería imposible. He tenido suerte al subir cuando lo hice y mi nido me impedirá caer. Me pregunto si alguien más ha hecho lo mismo esta noche, o si soy la única con vista panorámica, y si esto sucederá todas las noches de los Juegos.
Estoy tan cansada que es claro que la adrenalina ha dejado mi cuerpo y empiezo a sentir todo el peso de la situación encima. Sé que tengo que descansar, recuperar fuerzas para poder seguir, pero la noche no dura lo que debería y apenas cierro los ojos el hielo empieza a derretirse y mi chaqueta a encogerse, las ramas de los árboles vuelven a su lugar y estoy de nuevo sentada en una sola de ellas.
Que es lo que pretenden con no darnos tiempo para dormir? No tengo un reloj pero la oscuridad no ha durado más de una hora y no creo que haya sido suficiente para que nadie descanse ni siquiera un poco.
Me quedo sentada mientras el miedo crece, esto no me gusta nada, el silencio es lo peor que puede haber. No sé lo que está sucediendo, ni porque estoy tan intranquila, es entonces cuando escucho los gritos. No es uno, ni son dos, sino varios y luego escucho el mismo grito espeluznante de la araña que mate esta tarde, justo encima de mí.
Esta vez no miro arriba, ni me detengo a pensar sino que rápido empiezo a descender por las ramas. Me lastimo la palma de mi mano derecha y sé que estoy sangrando pero no puedo detenerme cuando otra araña me está persiguiendo, me persigue y está muy cerca. Me resbalo y caigo cinco metros abajo sobre mi espalda.
El aire deja mi cuerpo con el impacto y toso mi agonía, pero no hay tiempo para el dolor y al abrir los ojos deseo no haberlo hecho cuando encuentro por lo menos a una docena de arañas descendiendo hacia mí.
Me paro y empiezo a correr, el pisar del centenar de arañas detrás de mí invade mis sentidos y corro lo más rápido que me permiten mis piernas. Intento virar a la derecha pero más arañas salen en esa dirección y me obligan a seguir hacía adelante. Las piernas me arden, los músculos me queman pero es solo un incentivo para correr más rápido.
Escucho los gritos de nuevo y esta vez están muy cerca y eso me aterra igual o un poco más que las arañas. Pueden ser tributos armados, esperándome para asesinarme tan pronto me detenga. No miro hacia atrás y es por eso que veo la luz en frente, un resplandor entre los árboles y me doy cuenta de que estoy llegando a la Cornucopia. Las arañas me han guiado hasta aquí y no creo que sea una coincidencia.
Entro corriendo al círculo y no soy la única en llegar. Todos los que estamos vivos ahora estamos aquí y todos lucimos igual de asustados, a todos nos ha venido persiguiendo algo, nos han guiado hasta aquí.
Las peleas se desatan en seguida, las arañas no están por ningún lado ya y un golpe en la mandíbula me bota al piso. Al rodar a un lado, una hacha hace impacto con el lugar en el que estaba mi cabeza hace un segundo. Emily.
Se abalanza sobre mí, apenas esquivo el hacha nuevamente. Siento algo resbalar por mi mejilla y sé que me rozo la frente con su arma. Al levantar sus brazos para atacar otra vez logro patearla en el estómago y mientras intenta respirar le arranco el hacha de las manos y la boto al piso. No dudo en impactarla con mi puño en el rostro y cae desmayada. Pudiera matarla aquí y ahora, sería fácil, sé que tengo que hacerlo, pero no lo hago. No puedo.
Recojo el hacha y al levantar la mirada todos están peleando, todos gritan y maldicen, todos están ocupados, menos yo.
Entonces corro hacía la Cornucopia y encuentro una mochila color negra, la cual lleno de pan y manzanas. Las manos me tiemblan, todo el cuerpo me tiembla grotescamente mientras envuelvo alrededor de doce cuchillos en un pedazo de tela y también lo meto en la mochila. Nunca descuido la puerta y aun puedo escuchar los gritos, pero uno resalta entre todos.
"Quinn! Quinn!" grita Lex en algún lugar y la rabia me lleva, es casi como un veneno y quiero gritar pero me sostengo y salgo corriendo nuevamente. Yo no lo vi pero el claramente me ha visto a mí.
Me boto al piso al ver a Jesse correr hacía mí, con las piernas logro botarlo al piso y Matt se le abalanza encima mientras yo de pie, corro nuevamente.
Alcanzo a ver a Jake tirar al piso al cuerpo inmóvil de Mike y a Spencer cortarle la cabeza a Lex con una larga espada.
No siento nada al correr. Sé que dije desear matarlo y en aquel momento lo hubiera hecho con mis propias manos, pero ver su cabeza rodar ha sido demasiado. Corro entre los árboles y esta vez no me detengo. La única imagen que me acompaña ahora es el rostro de Spencer al ser salpicado por la sangre de Lex.
No hubo las muertes deseadas al principio y esta ha sido la manera de cobrarnos la falta de espectáculo y sangre. Nunca había sucedido algo igual, nunca habían cortado las noches para exigir más, no de esta manera.
El día tampoco dura demasiado y al oscurecer mi chaqueta nuevamente me cubre entera y me quedo en el piso, el hielo ha sido rápido y no tuve tiempo de subirme en un árbol. Con la espada contra el tronco grueso de un árbol, espero.
Pasan horas pero la noche no se va y luego del himno solo dos rostros iluminan el cielo. Mike, del Distrito Tres y Lex, Distrito Doce.
Me parece increíble que no hayan más muertos luego de lo que paso y estoy segura de que éste no es resultado que los Organizadores esperaban. Todos los demás deben haber corrido, igual que yo. Pienso en las arañas y en que todavía están por aquí y en como mi chaqueta no me cubrió cuando me perseguían. Será que los Organizadores pueden activarlas o son automáticas?
Qué fue lo que incitó al resto a correr? Qué hay a mi alrededor que todavía no he visto?
…
Hola, disculpen por la tardanza en actualizar esta historia. Me topé con una pared bloqueadora de repente y no pude continuar. Por el momento espero hayan disfrutado esta actualización por corta que resultó y mil gracias por sus reviews. (Sin ellas dudo mucho que hubiese podido continuar :))
