Capítulo 10
Esperé a que los niños se durmieran y tomé mi espada Willow para ir al bosque. Mi corazón se inquietaba más que nunca con la incertidumbre, ¿sería peor que la última vez? ¿Habría alguna mejoría? ¿Podría soportar más dolor? No lo sabía. Al llegar, Gaetan estaba en la orilla de la laguna, observando la luna llena iluminando la cascada. Me ofreció un chocolate caliente, pero lo rechacé pensando que quizá quisiera envenenarme.
-Sophie –comenzó, dudó un momento, le tembló la voz- Perdóname.
-¿No tienes nada más para decir? ¿Con eso crees que vas a solucionarlo? –El fuego de la ira volvió a arder en mis ojos- ¿Cómo puedo confiar en ti?
-Te entiendo. Estoy avergonzado, de veras. Perdóname Soph –sólo me llamaba así en la intimidad, ni siquiera usaba ese apodo frente a nuestros hijos; era sólo nuestro. Me sorprendí e intenté apaciguar el fuego.
-¿Recuerdas?
-No. Ahora sólo veo imágenes vagas, pero no puedo hilarlas para formar un recuerdo. Así vi este lugar, y por eso te pedí que vinieras aquí. Presiento que debe significar algo. –Estábamos alejados mientras hablábamos, no podía dar un paso adelante sin que yo me alejara un paso. Mi desconfianza era enorme.
-No puedo perdonarte por ahora. De todas formas aprecio tu regalo. –me detuve un momento a observar su cuerpo golpeado y los manchones de sangre que atravesaban su ropa, supuse que se había lastimado en combate contra Apolo, y quizá otros. Al oírme se le llenaron los ojos de lágrimas, pero no me presionó.
-Está bien, lo entiendo. Estaré aquí todos los días, y cuando tú quieras puedes venir a verme.
-¿Cómo vas a cazar? ¿Quisieras llevarte tu espada? –Asintió, entonces me acompañó hasta mi casa; pero no lo dejé entrar. En un minuto saqué su espada, Zerez, y se la dí.
-¿Cómo están los niños?
-Están bien, pero extrañan a su padre. Y yo también. –Me dedicó una mirada inundada de dolor mientras derramaba algunas lágrimas. Me sentía más segura que antes, pensaba que esperanzadamente seguía siendo él y no iba a atacarme –Ya vete.
-¿Volveré a verte? ¿Y a ellos?
-Sí, pero hoy no, lo siento. –Entonces dio la vuelta y se fue caminando despacio hacia el bosque; mientras lo veía alejarse, yo también lloraba en silencio.
