Antes que nada me gustaría agradecer a las personas que leen el fic, me hace muy feliz saber que sigan la historia y que les guste. Realmente soy malísima escribiendo y cada capítulo me cuesta muchísimo, la verdad no siempre estoy conforme con el resultado final pero espero algún día cumplir con mis expectativas y sobre todo con las suyas para que sea más entretenido disfrutar de la historia. Por favor y con algo de paciencia sigan leyendo los capítulos y diciéndome que les gusto o que no y sobre todo díganme donde me equivoco para poder mejorar.

Ahora con este capítulo puedo decir – al fin - me pareció eterno el comienzo del fic y por fin ya puedo avanzar en el otro lado de la relación SasuHina que sinceramente lo siento más como una secuela de Muñeca… o por lo menos eso es lo que me animo a decir…

Los dejo con el capítulo 9 y espero que lo disfruten.


Capítulo 9: pesadillas

"sombras del pasado que manchan el mundo de los sueños"

Estaba tumbado en el piso con un dolor agudo que destrozaba su cuerpo cubierto de moretones y sangre. Un jadeo profundo escapo dentro de una bocanada de aire, respiraba pausado, con dificultad ya no tenía fuerzas para seguir, el hambre y la sed carcomían sus entrañas y su cuerpecito cansado ya no tiritaba a pesar del frio piso. Era solo un niño, no mayor a 7 años, y sus ojos apreciaban la muerte tempranera, unos ojos negros que miraban con desesperación el mundo sin entender nada. No había hecho nada malo, no entendía por qué pasaba esto, no sabía por qué se lo arrebataron todo. Sus ojos formaban lagrimas que no salían, quería llorar pero no quería llamar la atención, no quería recibir más castigo, ya no más por hoy, estaba seguro que ya no aguantaría ni un solo golpe. Escucho unos pasos cerca, no tenía fuerza para mirar, pero sabía quién era, tenía miedo, algo ilógico teniendo a la muerte a tu lado, ese hombre causaba el más puro temor en él, pero ya no tenía fuerza para llorar ni gritar. Su cabeza giraba en torno a lógicas infantiles para explicar su vida, después de todo él era solo un niño y no entendía por qué el mundo lo trataba así. Su mirada negra estaba perdida en la nada, pero aún se notaba rastros de inocencia en ella, una picardía de la voluntad de los niños y era eso lo que a ese monstruo lo divertía.

- Sigues vivo – dijo con cinismo mirando el cuerpo maltrecho, al no recibir respuesta encesto una fuerte patada en el abdomen del menor quien se retorció de dolor, soltando chillidos agudos en un intento por no llorar - si sigues vivo – sentencio con una maliciosa sonrisa.

El pequeño seguía intentando contener las lágrimas, su vida era un infierno, sus padres estaban muerto, Itachi estaba muerto ya no confiaba en nadie y para colmo tenia a ese demonio que lo aterrorizaba, su cuerpo tiritaba de la impotencia y el miedo, de la frustración y el odio, sintiendo esa horrible presencia cerca.

Orochimaru se sentó cerca del niño, sacando una botella de licor de su abrigo militar, ese día hacia un frio horrible. Dio un sorbo a su bebida riendo solo, recordando viejos tiempos, se limpió el exceso de licor con su manga y el dolor en su hombro le quito la sonrisa. Maldijo varias veces, pero su sonrisa volvió al escuchar el jadeo sediento del pequeño.

- quieres un poco… - dijo cínicamente y sabiendo que no habría respuesta derramo el licor sobre la cabeza del pequeño

Al sentir líquido rosando sus labios, lo bebió con desesperación casi ahogándose con el licor amargo que le quemaba la garganta, pero a pesar del dolor seguía intentando capturar la mayor cantidad de ese líquido que lo carcomía entre gruesas y dolorosas toces.

- si no fueras tan divertido, hace mucho ya te habría matado – dijo entre risas deleitando su travesura

- señor Orochimaru – se escuchó una voz desde la puerta

- que sucede Kabuto

- disculpa por interrumpirlo señor, pero ya nos encargamos del traidor, tuvimos algunos problemas, el muchacho, era muy escurridizo – dijo sonriente

- excelente – dijo contento – ponlo allí

En eso Kabuto llamo a un par de hombres quienes tiraron un bulto al piso

- ahora entiendes pequeño – dijo furioso tomando la cabeza del niño – eso le pasa a los traidores – agrego tirándolo de nuevo.

Sasuke no entendió ninguna de las palabras que dijo Orochimaru, parecía no tener sentido, su cabeza daba vueltas por el hambre, la sed y el alcohol. Su visión nublada casi no distinguía nada, hasta que noto lo que estaba tirado en el piso. Un cuerpo, un cadáver. Sus ojos se llenaron de lágrimas que ya no podía retener – porque está muerto… él solo fue amable conmigo, solo me dio algo de comida, y ahora, ni siquiera tiene esa estúpida sonrisa falsa en su rostro– un fuerte dolor le oprimió el pecho – ahhhhhhhhhh - un grito agudo escapo de su garganta, un llanto lleno de dolor e ira que renegaba del mundo que lo había quitado todo

Despertó desesperado sin entender ni siquiera donde estaba, la oscuridad abrumaba sus ojos y el miedo nublaba su juicio. Se sentó al borde de la cama tiritando de frio, con su cuerpo cubierto de sudor y su respiración errática, su mano derecha buscaba desesperadamente algo que nunca encontró en la cama y en señal de reflejo se abrazó las rodillas como si fuera un niño pequeño. Respiraba vahos en medio de la oscuridad tan temeroso que ni siquiera se dio cuenta que había caído al piso. Tenía el cuerpo desnudo como en aquella ocasión y la sensación del frio piso solo le recordaba aquello que nunca podría olvidar. El tiempo paso lentamente mientras recuperaba la cordura. Se recostó por el borde de la cama relajando su cuerpo mientras su defensa mental se armaba, mientras formaba esa mascara que no siente nada.

Esos ojos negros contemplaban la oscuridad como si estuviese buscando fantasmas entre las tinieblas, una mirada fija y tranquila que no perfilaba nada, una mirada que lo refleja perfectamente, un hombre que renuncio a todo en el mundo, un hombre que no tiene nada.

Unos ruidos lo perturbaron de su completo trance. Y como si fuese obra del destino los rayos del sol iluminaron lo que estaba buscando. A ella, la única cosa que su corazón egoísta no quiere dejar. La contemplo durmiendo profundamente, quedando hipnotizado por la belleza de ese pequeño rostro que sobresalía de los cobertores. Quería tocarla pero no se atrevía, sus dedos quedaron a centímetro de ella, sentía las manos sucias, sentía culpa. Después de todo, al final no era diferente de Orochimaru.

Los remordimientos era algo que siempre llevo en su vida, pero en esa mujer tenían un sabor muy amargo. Si tan solo se hubiese controlado en ese momento, si tan solo no se hubiese dejado llevar por su rabia, nada hubiese pasado. Pero todo ocurrió. Era difícil despegar la vista de ella, Hinata, podría contemplarla por siempre sin cansarse, maravillarse cada segundo por cada latido de su corazón, por cada tiempo de vida que tiene. Siempre lo supo, aunque no quería aceptarlo, la amaba. Amaba todo de ella, su rostro, su cabello, su vos, su cuerpo, y ahora, no podía siquiera hablarle sin sentir culpa. Lamentablemente no sabía cómo amar, Sakura le había enseñado pero ese amor murió con ella y ahora a pesar de sus sentimientos no sabía qué hacer. Era un inútil para esas cosas, por eso renuncio a todo para ir a un lugar tan apartado, por eso no acepto amigos y huyo de todos, por eso se apartó de su hija, quien es parte de su alma.

Sus pesadillas abrieron cicatrices que nunca se olvidan, cicatrices que no se las desea a nadie y que por estupidez se la hiso a otra persona – Hinata – murmuro. Ella estaba destinada a sufrir, su padre la había vendido y su novio no la valoro, sin embargo eso no justifica lo que había hecho, el nunca debió tomarla de ese modo. El mundo es un lugar demasiado cruel, por eso no dejaría que vuelva a sufrir, la protegería de todo y de todos, aunque tuviera que encerarla en un mundo de fantasías. Porque no soportaría volver a ver a esa mujer destruida.

Cuando era un niño conocí a un chico con una sonrisa similar a la tuya. Solo que la sonrisa que siempre llevaba Sai era falsa, no representaba nada, no reflejaba nada, era una sonrisa que lo protegía de ese mundo podrido donde vivíamos. La sonrisa de Hinata es melancólica, una sonrisa llena de tristeza y soledad. Ambas en si eran diferentes, pero trasmitían lo mismo, el miedo al mañana. Después de todo Hinata era una muñeca a punto de romperse, y que él se encargó de destruir.

- lo siento – dijo con el corazón destruido pero con una voz y un rostro que no reflejan nada.

Se levantó del piso, ya amaneció y tenía una reunión esa mañana, busco sus pantalones por el cuarto y luego de colocárselo fue a directo a su habitación. Entro al baño, las empleadas ya le habían dejado agua para su baño y sin ninguna inmutación empezó a derramar el agua helada en su cuerpo, sintió el frio como una sacudida eléctrica a la cual ya estaba muy acostumbrado, se enjabono y limpio bien y para su sorpresa incluso después de echarse colonia aun percibía el olor de Hinata en su cuerpo. Eso lo reconforto y lo perturbo al mismo tiempo, pues a pesar del deseo mutuo de la noche anterior, se siente culpable por seguir a su lado. Ya vestido para salir sintió un cosquilleo en la mano – veo que aun recuerdas a nuestro antiguo comandante - las palabras de Kabuto solo aumento más la ansiedad en su mano y rápidamente empezó a buscar algo en un cajón del lugar

- esto servirá

Dijo con una sonrisa torcida en su rostro mientras tomaba con la mano completamente temblorosa una pequeña daga perfectamente ornamentada, probo el arma en el aire con unos agiles movimientos y volvió en sí, la coloco en su cinturón a modo de adorno y salió dispuesto a marcharse pero sus sentimientos la guiaron nuevamente junto a ella.

La observo aun dormida, tan hermosa, tan frágil y tan indefensa y un puñal se le clavo en el corazón al pensar que alguien le pudiese hacer daño

- no dejare que termines como Sai


Despertó con el sol dándole de lleno en el rostro ya era tarde, o por lo menos, era muy tarde para la hora que solía despertar. Sintió unos pasos y vio a kaede dejar una bandeja de comida cerca de ella. La anciana no le dio los buenos días como habitualmente suele hacerlo, ni siquiera le dirigió la mirada aun sabiendo que ya estaba despierta.

- deje agua caliente en la bañera – tenía la vos quebrada, como si le costara hablar y salió de la habitación casi huyendo de algo.

La lucidez de su mente, gano su pereza y con lágrimas se dirigió al baño llevando consigo las sabanas que cubrían su cuerpo. Vio la tina llena de vapores y se introdujo en ella sin pensarlo, el agua caliente quemaba su piel, pero en su trance no sentía nada. Se frotaba la piel una y otra vez, se lavaba el rostro varias veces. No salía, el aroma de ese hombre seguía impregnado en ella, sentía la presencia del Uchiha en todo su cuerpo.

- no se quita, no se quita… - murmuro frotándose las manos, se odiaba a si misma por haberlo permitido – sal... sal – chillo ya con la piel roja, quería quitarse ese olor del cuerpo, quería sacarse esos pensamientos sucios, quería borrarse esa estúpida sonrisa de satisfacción que sentía al pensar en el – soy muy mala… Hanabi – rompió en llanto.

Las horas pasaban y el agua caliente ya había perdido frente al clima particularmente frio de esa mañana. Hinata miraba fijamente las sabanas, que flotaban en la bañera a su alrededor como si no hubiese otra cosa que hacer, se había resignado a tener el aroma de ese hombre encima. Se sentía cansada de tanto llorar y ni sus dientes tiritantes le sacaban de su ensoñación donde nadaba libre en el lago que tanto conocía.

- Hinata hija - grito preocupada Kaede

Rápidamente la levanto de la tina apartando las sabanas mojadas de la joven, cubrió su cuerpo con una toalla secándola lo mejor que pudo mientras la llevaba a la cama con una fuerza y velocidad que era impropia para una mujer de su edad.

- esta helada - se dijo a si misma a mientras le colocaba una bata y la envolvía con varios cobertores

Para alivio de la anciana la muchacha lentamente dejo de templar y pronto empezó a recobrar temperatura.

- dios niña no me des estos sustos – agrego mientras Hinata la miraba con una sonrisa.

Cuando despertó nuevamente, parecía tarde y sin duda lo era, probablemente ya había pasado medio día. Su estómago gruñía, desde hace más de un día que no consumía alimento, y el temor de que Sasuke entrara nuevamente en la habitación había regresado con fuerza. La puerta se abrió y como presa sin escapatoria quedo paralizada.

- despertaste – dijo Kaede entrando con una bandeja de comida caliente – tienes frio – pregunto preocupada al ver a que la joven seguía temblando.

Hinata negó con la cabeza

- te traje algo para comer, come antes que se enfrié – la anciana sonrió al ver que la joven volvía a probar bocado, pensó que tuvo un retroceso o algo peor el día anterior cuando se negó, a toda costa, ingerir alimento – es un bonito día – soltó con entusiasmo mirando la ventana - cuando me acompañaras a tomar té al jardín - hablo sin esperar respuesta

Hinata seguía cabizbaja comiendo con cautela. Era la primera vez que se percataba de lo deliciosa que era la comida. Carne, vegetales frescos y una suculenta sopa que no era muy diferente de los platillos que ella ha estado consumiendo desde que se encontraba en ese lugar. Recordó su hogar, ella era la que se encargaba de cocinar y siempre se la ingeniaba para arreglárselas con los ingredientes que tenía, ese lugar era distinto y por primera vez se preguntó qué clase de platillos podría cocinar con tantos ingredientes. La abundancia era un lujo que ella siempre careció, que alguien le cocinara de por sí ya era un lujo y por un momento sintió hasta pena por desperdiciar tanta comida los días anteriores

- esta delicioso – susurro

La anciana sonrió gratamente, más por que la joven al fin había hablado que por el halago, cuando se enteró que el señor Uchiha había pasado la noche en esa habitación se le oprimió el pecho al pensar en esa pobre muchacha. Odiaría volver a verla en el estado que había llegado. Cuando amaneció y se cercioro que Sasuke se había marchado busco cualquier excusa para poder entrar en la habitación y ver como se encontraba, dio varias vueltas observándola en la cama sin que ella despertara. El dolor en su pecho regreso al darse cuenta que ella estaba sin ropa, pero se tranquilizó al ver que dormía plácidamente y sin rastro de violencia en su rostro ni porciones de cuerpo expuesta .

- claro que si niña, lo prepare especialmente para ti - contesto intentando no derramar lágrimas, estaba preocupada por esa joven inocente y no sabía cómo ayudarla.

Hinata continúo comiendo en silencio. Kaede no sabía que decir y ella simplemente no tenía nada que contar. Solo el choque de cubiertos y la porcelana se escuchaba en ese lugar. Y cuando por fin termino de comer todo enmudeció.

Kaede observo a la muchacha sentada en medio de la cama cubierta con algunos cobertores mirando nada en una de las paredes. Sintió tanta pena en esa mirada que maldijo a su viejo corazón por encariñarse tanto.

- te obligo – pregunto con cautela pero directamente

Hinata negó con la cabeza. Kaede sintió que le quitaban un peso de encima, ella no quería creer que Sasuke le había hecho daño a esa mujer, por lo menos quería seguir teniendo fe en su patrón. Cuando Sasuke regreso con una mujer en brazos y al darse cuenta que esta había sido violada lo último que pasaba por su cabeza era que el Uchiha fuese el agresor. Pero la forma en que el miraba a esa mujer y la culpa que mostraba ese rostro que siempre anda sereno, la hiso sacar sus propias conclusiones.

Para kaede, Sasuke era la persona más buena del mundo, todo mejoro en ese lugar desde el llego. Ella podía ver algo a través de ese rostro que pocos notan, Sasuke no sonríe, él nunca está feliz o triste, su mirada y su rostro siempre están serenos y a pesar de eso el resto del mundo ve a Sasuke como una persona normal que sonríe, que hace muecas y que se enoja. Kaede ve en Sasuke la inocencia de un niño roto, un niño lastimado que teme mostrarse al mundo.

- quieres estar a su lado – volvió a preguntar

Hinata no contesto.

- crees que si se aburre de mí, me dejara ir – dijo con un vacío en el corazón lleno de contradicciones. Le dolía pensar que Sasuke solo estaba jugando con ella, que para él, ella no existe, que solo es una muñeca con la que él puede jugar sus juegos perversos. Una lagrima surco su rostro pues sabia que tarde o temprano todos se aburren de las muñecas y cuando Sasuke se aburra que pasara, ella tendría al fin la libertad que tanto anhela, regresaría donde los suyos a un precio que no sabe si podría soportar.

- no lo sé – contesto la anciana

- Al final se aburrirá de mi… - es lo único que siente al ver esos orbes vacíos y esa diabólica sonrisa.


Kakashi odiaba ese tipo de reuniones. Largas y aburridas, llenas de habladores e idealistas. Las voces de los debatientes pasaban por sus desganados oídos que ya se habían resignado a perder gran parte del día en ese lugar. No era un hombre de exponer ideas, su cargo de general fue ganado con otro tipo de méritos y solo su presencia era necesaria para esa reunión. Observaba sin interés el ambiente y a las personas mientras sus pensamientos se perdían en el brillo que el lord llevaba en la cintura. Una daga, un arma en realidad, un retroceso.

No pudo evitar perderse en el recuerdo de cuando conoció a ese hombre, en ese entonces un niño, un niño loco de ira y dolor. Vio a Sasuke exponer sus ideas frente a las personas, tampoco era un hombre para ese tipo de lugares pero su increíble inteligencia hacia parecer que sí. Se formó una sonrisa debajo de la tela que cubre su rostro, al verlo bien, pero el brillo de esa daga lo llevaba a un lugar frio y oscuro, un lugar sin sentimientos ni emociones, un lugar que describían perfectamente los ojos de ese hombre…. El lugar donde lo conoció.

Para Kakashi y su grupo ese día fue el final de una grandiosa batalla, una emboscada exitosa y por fin habían acabado con la vida de uno de sus principales objetivos, Orochimaru, uno de los líderes de la rebelión en el País del Fuego. La escena era extraña lo atraparon en medio de lo que parecía ser un simulacro de batalla con bajas reales, nada extraño si se conocía la locura de ese sujeto. La batalla fue intensa y el lugar se convirtió en un verdadero infierno, al final con la baja de Orochimaru y la mayor parte de sus hombres la lucha termino dejando atrás una tierra manchada en sangre repleta de cadáveres. Para alguien como Kakashi vislumbrar el horror de ese escenario era algo normal pero cuando uno de sus hombres lo llamo para enseñarle algo, jamás imagino quedar tan perturbado. Era solo un niño, de aspecto totalmente demacrado, cubierto de sangre, lleno de moretones y cicatrices y con una desnutrición tan severa que solo era piel y huesos, sus ojos llenos de lágrimas estaban trastornados por el miedo, y una y otra vez apuñalaba un cadáver sobre el cual estaba sentado, lo hacía lentamente con las últimas fuerzas que le quedaban. Los hombres de Kakashi miraban al niño sin saber que hacer ya que las palabras y amenazas no detenían al pequeño, quedo horrorizado, algo en su interior quería matar al niño para que dejara esa miserable vida, pero era lucido a diferencia de todos los que estaban allí, y como era malo con las palabras simplemente tomo el brazo del infante impidiendo que siguiera acuchillando. Noto lo esquelético que era y lo débil que estaba y como si se rindiese por fin el pequeño se desplomo sobre el cadáver del que parecía ser su agresor.

Inmediatamente se arrepintió de querer tomar el papel de niñera cuando ese pequeño despertó a todos en el campamento con un fuerte y estrepitoso llanto. Corriendo fue a mirar la tienda donde lo había dejado y lo encontró llorando desconsoladamente. Cuando noto su presencia el pequeño intento dejar de llorar o por lo menos hacerlo en silencio mientras su cuerpo sufría fuertes temblores y se hacía bolita en el piso

- cálmate… nadie te hará daño – dijo sin que sus palabras tuvieran efecto y sin saber que hacer permaneció en el lugar durante toda la noche.

los días pasaban y el niño parecía estar cada vez mejor, no salía de su tienda, pero se alimentaba y aseaba sin problemas, sin embargo por las noches siempre era lo mismo lloraba y temblaba de miedo. Kakashi no se podía imaginar lo que esa criaturilla tuvo que haber pasado para quedar en ese estado y aunque le costara aceptarlo se le rompía el alma cada vez que escuchaba su estrepitoso llanto.

- toma esto – le dijo con determinación mientras intentaba calmarlo de una de sus tantas pesadillas – mientras tengas esto en mano nadie te hará daño – agrego poniendo una espada en manos del pequeño – mientras tengas un arma cerca nadie te hará daño – el niño lo miro recordando algo, tal vez como acabo con su agresor ese día– entrenaras conmigo y serás fuerte, te prometo que nadie te volverá a hacer daño – esa fue la única vez que sus palabras fueron eficientes y la única vez que sus palabras fueron tomadas tan en cuenta, porque desde esa noche Sasuke siempre llevo un arma a su lado.

Cuando la reunión por fin termino se dio el lujo de estirarse frente a todos los presentes. La mayoría lo conocía así que pasaban por alto el comportamiento del peligris como si fuese común. Salió del lugar sin apartarse mucho, esperando que salieran todos y en sigilo vigilaba un objetivo poco común, un lord, caminaba despacio unos pasos más atrás de Sasuke y Shikamaru, quienes aún discutían asuntos de la reunión sin percatarse de su presencia.

Mientras veía la espalda del Uchiha, no pudo evitar pensar en cuanto tiempo ha pasado. Sasuke no solo fue su aprendiz, sino que fue el mejor de todos, nunca conoció a un hombre que aprendiera todo tan rápidamente, un verdadero genio. Y no solo eso, un hombre que se entrega de lleno a todo lo que hacía. Recordó cuando le enseño a defenderse con la espada, siempre tenía las manos llenas de yagas por lo mucho que practicaba, e incluso inventaba nuevas formas de usarla. Kakashi sonrió al darse cuenta que se había topado con un diamante en bruto, aunque en ese entonces no conocía hasta donde llegaría.

Por aquel entonces su idea era dejar a ese pequeño en algún pueblo pacífico, cuando le den descanso, pero cuando sus superiores se enteraron del apellido del niño insistieron en que se quede en los campos de batalla. Kakashi se dio cuenta que ese niño si era un verdadero Uchiha, y que ninguno de los dos bandos en esa guerra lo querían vivo. Pero para ese entonces eso no importaba, Sasuke se había convertido en su aprendiz y ahora tenía alguien que lo protegía.

El conflicto de ambos mandos se prolongaba años tras año y Kakashi veía el progreso de su aprendiz día a día. Los años pasaban y aunque las heridas físicas quedaron en el olvido los traumas del pasado estaban siempre presentes. Sasuke aun lloraba por las noches en sus cotidianas pesadillas, era solitario y temía a la cercanía tanto de hombres como mujeres. Cuando era pequeño huía de las personas pero a medida que fue creciendo empezó a ser arisco y hostil con ellas, no insultaba ni golpeaba, solo se enojaba y se apartaba. Kakashi nunca se atrevió a preguntar de qué iban sus pesadillas o que fue lo que le había sucedido en el pasado. Sabía que Sasuke se guardaba muchas cosas en su interior, sabía que estaba sufriendo solo y que cada día se comía un poco de su ira y dolor en los entrenamientos, pero no fue hasta una de sus misiones, donde pudo ver que ese pequeño niño, hace mucho ya se había atragantado.

Esa misión era solo de negociaciones. Así que era la misión perfecta para que Sasuke formara parte oficial de su escuadrón, a pesar de solo tener once años. Todo parecía sencillo, negociar con unos bandidos que tomaron un poblado pequeño en medio de los territorios que defendían, con un ejército tan grande unos bandidos no opondrían resistencia, pero tener heridos o bajas en esta guerra tan prolongada era un riesgo así que ofrecerían dinero a cambio de su retirada. Tan simple como sonaba, a Kakashi no le importo ver el estado del pueblo cuando entraron, miro de reojo a su pupilo para ver vacilación y como siempre Sasuke parecía sereno en todo lo que hacía. No fue hasta el momento de la negociación cuando todo empezó a ir mal, el líder de los bandidos le había dicho que lo esperaran afuera de una tienda y mientras esperaban los gritos y llantos de una mujer se escuchaban perfectamente en su interior. Kakashi conocía la calaña de esos bandidos, se aprovechaban del momento que se encontraba el país para cometer sus crímenes, desvió la vista de nuevo hacia su aprendiz notándolo cada vez más ansioso y con la mano temblorosa en su espada. Cuando la tienda se abrió un hombre grande y fornido salió de su interior arreglándose el cinturón y con una sonrisa arrogante por fin se disponía a hablar. El peligris se dio cuenta que Sasuke no quitaba la vista de la mujer que lloraba al fondo de la tienda, si se la podría llamar mujer pues solo era un poco mayor que el pelinegro. Las facciones del Uchiha se descompusieron y en un arrebato el corpulento hombre estaba partido en dos, y a Kakashi no le quedo de otra que empezar el ataque. Ese día ese pequeño niño mato a tantos bandidos como pudo, sus ojos parecían brillar de un rojo intenso por la furia que despedía, no tuvo piedad con ninguno, sus labios formaban una sonrisa retorcida mientras el filo de su espada desmembraba a sus oponentes. Una escena que no solo quedo guardado en los recuerdos de Kakashi pues los pocos bandidos que escaparon empezaron a correr el rumor de un demonio dentro del ejército del país del fuego.

Cuando Shikamaru se despidió, presencio su oportunidad y con un movimiento extremadamente veloz se dispuso a quitarle esa daga. Sasuke noto el atentado e inmediatamente intento detenerlo pero la velocidad y la ventaja de Kakashi fue mayor.

- bonita daga – dijo con tristeza notando la mano temblorosa de Sasuke y por un momento pensó que estaba de nuevo frente a ese niño de hace tanto tiempo atrás – tranquilo – le susurro con una sonrisa mientras le colocaba la daga en la mano, notando como los temblores desaparecían.

Se retiró con un silencio entre ambos. Ellos sabían que las palabras muchas veces no son necesarias. Cuando Sasuke se casó vio como las heridas de su interior se sanaban lentamente a tal punto que un día, lo vio viviendo en total armonía con esa mujer sin la necesidad de escudarse todos los días bajo el filo de un arma. Un retroceso que a Kakashi dolía mucho, porque para el Sasuke no fue solo un aprendiz, no fue solo un compañero, ni es solo un amigo… para el Sasuke es como un hijo y si fue Kabuto quien ocasiono esto ya es hora de que sepan que ese pequeño niño que ellos torturaron ya no está solo. Porque la promesa que le hiso aquel día sigue presente y nadie volvería a lastimarlo.


Ya había pasado más de una semana desde que estuvo con Sasuke. Kaede le había dicho que él no vive en esa casa y que solo viene en raras ocasiones a ver cómo anda el lugar, pero desde que ella llego había ido con más frecuencia. Hinata se sintió en extraña paz al saber que el Uchiha no estaba en casa, pero a la vez se sentía como un juguete viejo y se preguntaba muy en el fondo si tan rápido se había aburrido de ella. Pero sus días de paz terminaron y la ansiedad crecía en ella mientras pasaban las horas y los minutos, pues la noche anterior vio a Sasuke bajarse de un carruaje. A pesar de la distancia pudo verlo de manera diferente, parecía cansado y abatido pero sin duda lo que más llamo su atención fue una extraña daga en su cintura. No sabía si era común que el usara algo así, pero en su interior a pesar de que le quedaba bastante bien esa daga estaba fuera de lugar.

Miro los platos vacíos de su desayuno, le era extraño que Kaede aún no fuera a recogerlos. Se preguntó si Sasuke aún mantiene su promesa de no entrar mientras consuma alimento, la ansiedad la estaba matando y esas cuatros paredes solo la estresaban más.

- ahhhhh – se escuchó un grito muy fuerte afuera de la habitación – ahhhhh – se volvió a escuchar

Hinata inmediatamente se puso en alerta y coloco su oreja por la puerta con tal de escuchar cualquier cosa

- que está pasando – escucho la vos de una mujer joven que no conocía

- es la mujer que vino esta mañana… el señor la atendió y está muy molesto – dijo un hombre, al parecer ambos iban corriendo y se dirigían al mismo lugar, quizás de donde provenía esos agonizantes gritos.

Hinata quedo perpleja, por su mente vinieron varias imágenes de un Sasuke despiadado que quería olvidar y sin dudarlo salió de la habitación.

- ahhhhh – los gritos de la mujer era cada vez más intenso

Al final de un pasillo encontró el lugar de donde provenían los gritos, vio como una chica joven de cabello castaño salió corriendo rápidamente del jugar. Respiro agitada por la carrera y con toda la valentía que pudo reunir fue directo hacia la puerta.

- espera Hinata no entres – le oyó decir a Kaede pero ella ya estaba adentro

Un horrible hedor a podredumbre cubrió sus fosas nasales y pudo ver a Sasuke tratando una herida claramente infectada en la pierna de una mujer que gritaba de dolor.

- Rápido el agua caliente – dijo Sasuke sin mirarla y al no recibir respuesta la observo con asombro pero sin decir nada y no tardo en volver a lo suyo

Kaede la tomo del brazo retirándola del lugar. El horrible olor de esa sala le provocaba arcadas que amenazaba con expulsar todo su desayuno. Se preguntaba cómo es que Sasuke podía estar en ese lugar como si nada.

- tranquila niña el señor es un doctor se encargara de cuidar de la mujer, vamos a tu habitación

No reacciono quería seguir en ese lugar, a pesar de los gritos, a pesar del olor, quería seguir allí, viéndolo.

- permiso – grito la mujer castaña de antes pero esta vez con una cubeta de agua caliente

Hinata miro por fuera de la puerta y vio como Sasuke introducía sus manos dentro del líquido caliente junto con sus instrumentos mientras la joven intentaba mantener controlada a la mujer. Kaede permaneció a su lado todo el tiempo al costado de esa puerta hasta que los gritos de la mujer cesaron.

- buen trabajo Matsuri - dijo Sasuke haciendo sonrojar a su asistente

A Hinata esa escena le parecía molesta, sobre todo por la forma en que esa mujer miraba a Sasuke. Sentía algo que pocas veces sintió, envidia y celos, aunque parecía una locura ella quería estar allí en lugar de esa mujer.

- parece que ya terminaron - dijo kaede dentro de la habitación – llamare a alguien para que limpie

Sasuke negó con la cabeza y Hinata vio consternada como el recogía las vendas y pañuelos llenos de sangre y pus para ponerla en un cesto.

- Yo y Matsuri nos encargaremos de esto – dijo Sasuke suponiendo que ninguno de los empleados del lugar quisiera limpiar algo así

Miraba extrañada el lugar, esa sala con finos muebles y una alfombra muy costosa fue usada para atender a una mujer que a simple vista era una vieja campesina. Solo podía mirar a escondida la ancha espalda de Sasuke cargando a la mujer para dejarla en un sofá más cómodo. Todo eso la alteraba y antes de que alguien se percate de su presencia fue corriendo a su habitación, no podía entenderlo. Porque todo lo referente a ese hombre era un misterio. Porque él que es un lord y viste como uno, le dio ropa elegante y la deja vivir en un cuarto de princesa, se viste de campesino y se cae de un acantilado o es un doctor que aguanta olores que ni ella como campesina pudo soportar. Estaba confundida, porque él es así, él su agresor, él el asesino de su familia, el su peor pesadilla.

Estuvo varias horas pensando en la cama, intentando aclarar sus ideas y emociones, se secó unas lágrimas. Quería odiar a ese hombre pero nunca pudo hacerlo y ahora todo se vuelve aún más complicado, se había entregado a él aun siendo el asesino de su familia, sintió celos de esa mujer y ahora de solo pronunciar su nombre siente algo cálido en su interior. Escucho la puerta abrirse y una parte de ella deseaba que fuera ese hombre, que entrara y que le demostrara que aún no la había olvidado.

- niña sigues en la cama – dijo Kaede – levántate ya todo el alboroto termino, vamos a tomar té al jardín – dijo sonriente – ahora ya no tienes escusas

En ese momento lo último que quería Hinata era tomar té, el aroma putrefacto que sintió en la mañana aun le perforaba el cerebro pero no quería rechazar a Kaede quien desde hace tiempo le venía insistiendo con lo mismo. Caminaba lentamente siguiendo los pasos lentos de la mujer mayor sintiendo la tensión en cada paso. Ciertamente no es que extrañara la habitación, ya se sentía asfixiada en ese lugar, pero si extraña la protección que le daba esas cuatros paredes de cierto hombre pelinegro con una promesa en manos.

- Kaede puede acompañarme un momento – dijo la joven castaña de esa mañana – perdón no sabía que estabas acampada - agrego al darse cuenta de la pelinegra – mucho gusto soy Matsuri – dijo extendiendo su mano

Hinata tomo la mano sintiendo algo de hostilidad en esa joven que parecía inofensiva

- soy Hinata – dijo cabizbaja, no pudiendo decir que la alegraba conocerla en esa circunstancias

A Matsuri pareció molestarle la actitud de la joven pero volvió a su encargo y acercándose al oído de Kaede le dijo algo.

- vuelvo enseguida niña, espéreme aquí no tardo

Hinata solo asintió con la cabeza, cabreando más a la castaña y vio como la anciana se perdía por los pasillos con su acompañante. A pesar de la petición de Kaede, no pudo quedarse quieta, sus pies cobraron vida propia al ver ese inmenso jardín que tantas veces había apreciado por la ventana de la habitación. Se metió entre las plantas y las flores disfrutando del delicioso aroma y la increíble sensación de libertad que despedían. Inmersa en ese mundo de fantasía, las risas de unos niños llamo su atención, buscando con la vista por donde escucho el ruido se percató de dos niños pequeños jugando lejos de ella en otra sección del jardín. Pero lo que realmente le atrajo fue otra cosa. Sasuke no se encontraba muy lejos de ella. Lo observo detenidamente escondida entre las flores percatándose que no estaba solo, la mujer que atendió esa mañana estaba sentada en un banco. Los dos estaban cerca y se miraban una al otro en silencio. La curiosidad ganaba el buen juicio de Hinata, quería saber que sucedía, de que hablaban esos dos y lentamente fue acercarse lo más posible para poder escuchar.

- llegue señor – dijo kaede

Casi sufre un infarto al escuchar la vos de la anciana romper el silencio, pensó varias veces en alejarse antes que la descubrieran pero la curiosidad que sentía vencía al miedo.

- le estoy muy agradecida por curarme – dijo la mujer pero en un idioma que no muchos conocían, el mismo idioma que hablaba Chiyoba

Kaede tradujo lo que dijo la mujer y Hinata por fin entendió el motivo del silencio.

- tienes que regresar mañana, la señorita – dijo Sasuke apuntando a Matsuri – tratara tus heridas

Kaede volvió a traducir pero esta vez para la mujer quien asintió

- la pasamos mal este año pero me gustaría ofrecerle esto con gratitud – sonrió sinceramente la mujer pasando un bolso con algunos vegetales

Hinata observo que los vegetales estaba muy pequeños, marchitos y poco apetitosos, típico de los días de la mala siembra y no pudo hacer otra cosa que sentirse mal por la mujer.

- Muchas gracias – dijo Sasuke tomando los vegetales con la mano – hare que Kaede los cocine especialmente para mí - dijo esbozando una sonrisa que a Hinata le pareció fingida pero sincera.

Kaede volvió a traducir lo que dijo agregando que cocinaría con los vegetales y que todo le sale delicioso, la mujer solo sonrió

- tus nietos pueden venir a trabajar con Kaede, ella necesita ayuda en muchas cosas, recibirán dinero y comida. Cuando mejores también puedes venir a trabajar en los cultivos junto con tu familia – dijo Sasuke y kaede se encargó de traducir

- solo somos yo y esos niños… me gustaría trabajar para usted – finalizo la mujer

Hinata se escabullo del lugar y fue donde Kaede la había dejado, eso no podía ser cierto. Ese hombre no podía ser tan bueno, incluso entre los campesinos hay gente que denigra a los indígenas por su origen. Varias veces vio como la gente miraba mal a Chiyoba como si se creyera superiores a ella, incluso Kiba era así y entonces nuevamente volvió a su cabeza, porque él.

- vamos a tomar té - agrego la anciana sonriendo. prácticamente arrastrándola del brazo

La mañana fue muy agradable con Kaede como anfitriona, por primera vez sintió el tiempo pasar a su ritmo sin que todo pareciese una sentencia a muerte, disfrutar del viento y del sol eran como un regalo que no tenía precio.

- quieres ver si se come los vegetales – le dijo la anciana. sorprendiéndola a tal punto de escupir su te

- me… vio – soltó nerviosa, con una mano temblorosa que amenazaba con tirar la taza

- si yo lo hice, seguro el señor también lo noto – dijo sonriendo – vamos a la cocina te mostrare unos de mis mejores platos

Cuando entraron en el comedor se dio cuenta de que todo en esa casa era hecho para la realeza, era un comedor enorme con una espléndida mesa de madera que brillaba como si fuese de oro. Pero para Hinata fue un sueño hecho realidad conocer la cocina de Kaede, una cocina enorme con todos los ingredientes que la joven en su vida podría conseguir.

Kaede tomo los vegetales que trajo la mujer mirándolos detenidamente – no son muy buenos pero hare algo delicioso – dijo y empezó a trabajar.

Hinata noto que había muchas personas trabajando en la cocina, demasiadas solo para atender a un solo hombre

- Son para el hospital – dijo kaede intentando sacar de duda a la joven que no se animaba a preguntar

- Hospital

- Estamos en el distrito Uchiha, esta es la mansión de Sakura – dijo la anciana – estamos en el centro de una gran zona productiva y cerca de un hospital para las personas del campo

- Sakura – susurro Hinata, no sabía porque ese nombre le producía la misma sensación que Matsuri

- El señor siempre pone una cara triste cuando escucha ese nombre

Hinata no quería inmiscuirse en los asuntos de Sasuke. No quería indagar ni conocerlo más, suficiente era con lo que estaba sintiendo como para marearla.

- Espérame aquí – dijo la anciana con una sonrisa pícara a sabiendas de que la joven no le haría caso – no trates de entenderlo niña – hablo de espalda mientras se iba – ni nosotros lo entendemos, solo lo aceptamos como es y nos gusta – le dedico una sonrisa a la chica – con los años entenderás a los hombres, ahora solo te puedo decir… - dio una pausa notando el interés de la muchacha – él tiene el corazón roto.

Caminaba por el pasillo que dirige al comedor, quería verlo, quería saber si siempre cumple sus promesas y no sabía ni siquiera porque. Intento no hacer ningún ruido mientras se acercaba a una de las entradas de ese gran salón y ocultándose detrás de una pared lo vio disfrutando de la comida que Kaede había preparado. Se rindió en ese momento, ese hombre le producía tanta confusión, la llenaba de tanta paz y a la vez de remordimientos.

- puedes pasar – escucho esa gruesa vos preguntándose si se dirigía a ella.

- Kaede dijo que comerías – volvió a hablar y la joven resignada lentamente salió de su escondite – siéntate

Hinata asintió con miedo, Sasuke era demasiado imponente comparado con ella, ni siquiera podía negarse a nada, puesto que tampoco le gustaba la idea de asumir que lo estaba espiando. Se sentó en la mesa, el ambiente entre ellos era demasiado pesado, un silencio incomodo reinaba el ambiente como si ellos fueran dos extraños intentando cruzar palabras por primera vez. La cuchara temblaba en su mano pero igual logro degustar la simple pero deliciosa sopa que Kaede había preparado.

Dio un sorbo, luego otro y otro y a medida que consumía esa sopa las lágrimas brotaban de sus ojos – simplemente me gusta – pensó respecto al plato mientras las lágrimas seguían resbalando por su rostro – simplemente nos gusta como es – recordó las palabras de Kaede y un llanto poco notorio iba creciendo – simplemente me gusta – dijo Hinata refiriéndose a Sasuke

El Uchiha la miraba comer con el rostro bañado en lágrimas, su sollozo era cada vez más evidente

- puedes ir a tu habitación– dijo con vos firme pensando que tal vez ella se estaba forzando a hacer algo que no quería.

Hinata siguió llorando, se tapó el rostro para que nadie la viera y continuo comiendo sin saber porque. En toda su vida siempre quiso ser aceptada por su padre, quería que el la amara por lo menos un poco, se sentía triste al ver la frustración que sentía por la forma en que vivía y la miseria en la que día a día se iba hundiendo. Sasuke era tan diferente, tiene todo lo que su padre desearía, riqueza y poder y aun así puede darse el lujo de disfrutar lo simple de la vida. Recordó cuando se remango los pantalones para recoger unas yerbas en una laguna, como ensucio sus manos para ayudar a una pobre mujer y como sin dudarlo agradeció los gestos. Cuando vio a esa mujer entregarle los vegetales viejos pequeños y marchitos, no sintió pena por la mujer sintió pena por ella misma, se vio reflejada en las innumerables veces que su padre la reprendía por no servir algo digno. Sin duda su padre preferiría morirse de hambre a comer algo así. Literalmente fueron varias las noches que pasaron con hambre porque su padre voto comida considerándola basura.

Al no recibir respuesta Sasuke se levantó de la mesa. Extendió una mano hacia ella queriendo saber cómo se reconforta a alguien, pero se arrepintió a unos centímetros de tocarla y solo opto por dejar el comedor.

- no se vaya – hablo entre sollozos con una de sus manos apuntando la silla, invitándolo a compartir la mesa, mientras ocultaba su rostro de su mirada – no… - se detuvo al sentir que el Uchiha regreso a su lugar.

El ambiente ya no era tenso, eso sí, era raro, con ella comiendo entre llanto y el observándola intentando comprenderla. No era la atmosfera perfecta pero tampoco era tan mala pues a su manera entre llanto e incertidumbre ambos sonreían.

Cuando terminaron de comer, ella se despidió y se marchó, dejando a Sasuke con la duda si lo volvería a acompañar para la cena. El Uchiha tenía una sonrisa que hasta el desconocía y dudaba si era correcto volver a sonreír de esa manera con otra mujer que no era Sakura.

Hinata sentía que su corazón saldría de su pecho en cualquier momento. Sonreía libremente sin los remordimientos de siempre, su interior anhelaba la compañía de ese hombre, no lo temía y lo ansiaba. Solo por ahora, por esta vez disfrutaría de sus sentimientos sin culpa.


Otra vez despertó con una de esas horrible pesadillas, todas las noches era lo mismo. Ya había olvidado lo frustrante que era no dormir, su cuerpo seguía templando pero gracias a esa cosa su mente aún estaba consiente. Observo la daga en su mano, y lo fuerte que la estaba sosteniendo, ni siquiera en ese instante se daba cuenta de lo bien aferrada que estaba a esa cosa. Sus ojos estaban tristes, después de todo eran la puerta al alma, una puerta destruida hace mucho tiempo por tantas personas, sin embargo a veces, en raras ocasiones, da señales de luz entre tantos escombros. Intento soltar la daga y lo único que conseguía era temblar más, unos ojos llorosos vinieron a su mente, una herida que sin duda dolía mucho más que la puñalada de esa daga – me haces daño – retumbo su mente con la imagen de Sakura siendo asfixiada por sus manos. Esa noche ella alejo la espada con la que él siempre dormía y cuando despertó en medio de la desesperación casi la mata.

- tranquilo precioso- decía ella mientras lo envolvía en un cálido abrazo – todo está bien – volvió a decir mientras el lloraba desconsoladamente a su lado.

Por un error casi la mata, por su debilidad casi pierde lo más valioso que tenía, ese estigma lo castigo tan fuerte que después de esa noche se deshizo del filo protector que siempre acompañaba sus días y noches, de aquello que lo hacía fuerte, de eso que evitaba que le hicieran daño.

- tranquilo estoy aquí – le decía Sakura mientras sus pesadillas lo atormentaban, tantas veces fueron las noches donde concilio el sueño con el calor de su cuerpo que empezó a soñar con ella, y con un futuro. Su calor, su cuerpo, sus ojos, cada sonrisa que daba, el tacto de su piel, el olor de su cabello; todas las noches fueron hermosas con esa mujer a su lado.

Pero Sakura ya no estaba, y uno de los muchos legados que dejo a su vida fue la tranquilidad para dormir por las noches aunque ya no soñaba sueños hermosos ni veía un futuro de felicidad, aun podía sentir el calor de su cuerpo por las noches en esos sueños en blancos que no eran pesadillas.

Clavo la daga en medio de la cama con frustración, sus pesadillas habían vuelto, sus sueños nuevamente ya no le pertenecían, ya no siente el calor de Sakura por las noches y el dolor de haberlo perdido todo cada vez era más grande.

- Tranquilízate – se dijo a sí mismo, mirando un libro en su escritorio, aún tenía algo por que vivir, vivir miserablemente pero vivir. Tenía que cumplir el sueño de Sakura, un sueño absurdo que no sabía si cumpliría pero daría la vida en intentarlo – un lugar seguro para Sarada – un lugar que el mismo construiría y en donde sin querer introdujo a una intrusa que le robo su corazón.

Amor, vida y felicidad, cosas que aún viven en su pequeña hija, el regalo más grande que Sakura le había dejado y sentía que la estaba traicionando con esos sentimientos que Hinata despertaban.

Se levantó de la cama, aún faltaba mucho para que el sol salga. Se quitó la ropa dejando expuesto su descomunal físico al aire frio de la noche, necesitaba un baño, las pesadillas hacían doler sus cicatrices.


No había visto a Kaede desde ayer y las ansias la carcomían, miraba la puerta con ganas de salir pero no contaba con el valor para hacerlo. Se lamentaba no haber ido a cenar al comedor el día anterior, a pesar de lo avergonzaba que se encontraba quería seguir conociendo a ese Sasuke que no le aterraba, quería saber porque siente esa atmosfera tan cálida cerca suyo a pesar de esa actitud indiferente y esa mirada fría que siempre lleva.

- buenos días niña – dijo sonriente la anciana entrando por la puerta

Hinata casi cae de la cama al ser sacada de sus pensamientos. La anciana la miro de detenidamente como examinándola. La joven creía que esa sabia mirada estaba leyendo su alma y se inquietaba con cada gesto que la mayor hacia a tal punto de sonrojarse.

- que quieres hacer este día – dijo socarronamente

La muchacha quedo callada, no sabía que decir, como expresar algo que ella misma considera incorrecto.

- podemos quedarnos aquí y a mirar la ventana – miro de reojo la decepción en el rostro de la muchacha y sonrió - tengo unos juegos de mesa bastante entretenidos – siguió hincando en la herida pero la chica seguía sin hablar con el rostro cabizbajo – o podemos ir a tomar té al jardín – sonrió ampliamente al ver el rostro de la joven quien intentaba no sonreír.

- vamos… al jardín – dijo tímidamente como si pesara plomo cada palabra

Siguió a Kaede por toda la casa como si ella la dirigiese a algún lado, demasiado recorrido pensó, su sentido de orientación era muy bueno y solo necesitaba ir a un lado para trazar un mapa en su mente. Caminaron por un corredor cubierto de hermosas flores blancas, esos jardines parecían sacado de un cuento de hadas y la niña interior que Hinata muchas veces reprimía tenía la necesidad de jugar entre las flores. La risa de unos niños llamo su atención, Hinata se sonrojo al ver Sasuke rodeado de varios niños quienes corrían a su alrededor. Noto a Sasuke mas cansado que ayer, las ojeras en sus ojos eran evidente pero parecía disfrutar de la compañía de esos pequeños.

- son los niños del Hospital, vienen a jugar al jardín y el señor aprovecha para ver cómo andan – dijo la anciana

Hinata no podía despegar la vista, era lo que ansiaba encontrar desde la mañana, ver más de ese hombre, conocer sus otras facetas.

Sus miradas se toparon tomando desprevenidos a ambos sobre todo al Uchiha quien dio un paso en falso y tropezó con una piedra cayendo torpemente en el suelo. La risa de los niños no se hiso esperar y Hinata tuvo que contenerse para no soltar una carcajada.

- Maestro, se encuentra bien – grito Matsuri a lo lejos mientras corría hacia el ojinegro dando algunas reprimiendo a los niños

Sasuke se incorporó sin decir palabra y con el ego herido desafío a la joven con la mirada. Ellos contrastaban tan bien como sus ojos, como si no necesitaran palabras para comunicarse. Ella pudo ver el miedo que se escapaba detrás de esos orbes negros y él se percató de las contradicciones que la joven ocultaba en su interior. Hinata sonrió con tristeza mientas uno de los niños se abalanzaba sobre Kaede.

- preparare unas golosinas para ti y tus amigos – digo la anciana a uno de los niños – ve con tus amiguitos yo te la enviare después – agrego sonriente - niña vamos por el té – volvió a decir percatándose de que la joven no estaba, viro en dirección a los otros niños notando solo a Matsuri quien seguía regañando a algunos pequeños – esos dos

Hinata observaba su mano entrelazada con la del Uchiha, los dos corrían por uno de los pasillos como si fueran dos niños escapándose de una reprimenda, Sasuke la miraba de reojo con una sonrisa traviesa en su rostro. Era la primera vez que veía a Sasuke como un niño, es mas era la primera vez que esa idea surcaba su mente. Pero que ese impotente hombre la mirara así, la hacía sentir pequeña como una niña jugando con su primer amor platónico.

Sasuke la acorralo contra una de las puertas, tenía la vista pegada en ella y sus rostros estaban muy cerca. Hinata respiraba agitadamente sintiendo su corazón latir con fuerza por la carrera y la cercanía de ese hombre. Se besaron al mismo tiempo, sin poder contenerse un segundo más, besándose con desesperación y curiosidad como si fuera la primera vez que sus labios se juntaran. Sus cuerpos se acercaban cada vez más, llamándose el uno al otro y los besos muertos por la falta de aire revivían más fogosos en medio de la pasión.

Un gemido escapo de sus labios al sentir la mano del Uchiha introducirse bajo el vestido, acariciando esa zona por encina de la tela. Sasuke beso los labios de la joven hasta dejarlos rojos y entre caricias y roces, se deleitó con la suave piel del cuello. Sus dedos sentían la humedad que pasaba por las telas, y sabiendo que necesitaban algo más, la volteo con delicadeza, haciendo que apoyara su rostro por la puerta, levanto el vestido lo más que pudo y de un movimiento rompió la tela que le impedía el acceso a ella. Hinata sintió temor al verse en esa posición pero todo se nublo cuando el miembro del Uchiha se introdujo en su interior. Sasuke no pudo contenerse y la envistió con violencia desde el principio, rápido y fuerte, soltando todo lo que había guardado en sus días de abstinencia. La joven mordía sus labios reprimiendo los gemidos, molestando al Uchiha quien quería oírla gritar de placer. Las envestidas tomaron más fuerza mientras los gemidos ya no podían ser retenidos. Un fuerte y último gemido se escuchó a la par de un gruñido y ambos alcanzaron el clímax al mismo tiempo, se apoyó por el trasero de la joven ocultando su rostro en el cuello femenino dejándose atrapar por el aroma que solo ella poseía, mientras bajaba y acomodaba el vestido lo mejor que podía.

Hinata quedo mirando la madera de la puerta mientras intentaba recuperar la respiración, la vergüenza en su rostro no la dejaba incorporarse. Aun sentía el miembro semi erecto del Uchiha en su trasero y la sensación de haber hecho el amor nuevamente con Sasuke era grandiosa, aun así no quería mirarlo al rostro, no sabía que decir ni que hacer. Y aunque el placer que experimento era intenso su interior aun ansiaba mas, se sentía insatisfecha y no quería que el viera eso.

- Señor – se escuchó la vos de un pequeño que se acercaba

Hinata volteo de golpe topándose con la mirada de Sasuke, oculto su rostro en el pecho del Uchiha sintiendo la erección del hombre sobre su vientre.

- Señor Sasuke, la vieja Kaede lo está buscando – dijo el niño sonriente, inocente a su manera y sin saber que no debía estar allí.

- dile a Kaede que estoy con mi novia – Hinata se estremeció ante el comentario

- si señor – obedeció el niño alejándose - muy bonita – grito corriendo

Tenía el rostro como un tomate, estaba muy cerca de ese hombre y podía ver su miembro erecto tocar su vientre, se debatía si debía tocarlo o no con una comezón ansiosa en sus manos.

- vamos a mi cuarto – dijo con una sonrisa pícara mientras se acomodaba los pantalones y la cargaba por los pasillos.

La puerta de la habitación se cerró, y con ansiedad se deshicieron de sus ropas hasta quedar desnudos frente a frente, él se abalanzó sobre ella besando su rostro, sus senos y todo lo que su labio podía besar y ella se dejó ser y hacer todo lo que él deseaba. Porque ambos estaban insatisfechos, ninguno de los dos podía calmar esa necesidad tan grande que sentían el uno por el otro.

Despertó prisionera de los fuertes brazos de ese hombre, atrapada y protegida. Hinata dudo en levantarse. La piel de Sasuke se pegaba a su cuerpo, una sensación agradable y desagradable al mismo tiempo. Se zafo del agarre de manera no tan sutil, agradeciendo que el Uchiha no despertara, sintió el frio aire rozar su piel y por instante se arrepintió de escaparse – sal de allí Hinata – gritaba su mente pero sus piernas seguían quieta observándolo, a él, era la primera vez que lo veía tan detenidamente sin voltear la mirada, su cuerpo estaba lleno de cicatrices que no había notado, sobre todo en sus piernas. Cuando lo cuidaba en su casa intentaba mirarlo lo menos posible y en las últimas ocasiones a excepción de sus ojos no había podido verlo sin sentir vergüenza. Era un hombre hermoso, sobre todo con ese rostro tan sereno al dormir, se sintió una pervertida al observar ciertas áreas y prestarle tanta atención – corre Hinata corre – grito la voz de su conciencia, y con prisa empezó a vestirse buscando sus prendas por el suelo. Lo vio templar y buscar algo con la mano, pensó que quizás la estaba buscando y su alarma se encendió.

- Sakura – repitió en sueños

Salió de la habitación corriendo, aún era de día pero agradeció que no hubiese nadie en los pasillos. No quería toparse con nadie, no quería que vieran que llevaba el vestido mal puesto, no quería dar explicación del porque estaba llorando.

- señora le prepare el baño y deje algo de comida en su cuarto – grito una empleada que no conocía, mas ella no presto atención hasta quedar encerrada en esa habitación, de la que nunca debió salir.

Cerro con llave sintiendo su mundo desplomarse – Hinata… Hinata - escuchaba la vos de su hermana – sucia, soy una sucia – grito con rabia por querer estar con un hombre como él – sucia, sucia, sucia – murmuro llorando por querer tener entre las piernas al hombre que mato su vida.

Se quitó la ropa desesperadamente, rompiendo tela y haciéndose daño la piel. Se metió a la bañera refregándose con fuerza cada parte de su cuerpo – la suciedad no se quita – susurro en vos alta. Sentía su cuerpo profanado, estaba cubierta de sudor, saliva y otras cosas desagradables que no salían, estaba cubierta de decepción y vergüenza – sucia, sabes que solo eres su perra – y quebró en llanto.


Miraba ansioso la entrada del comedor como lo había hecho la noche anterior y como lo había hecho esa mañana en el desayuno, no podía concentrarse en su cena pues cada vez que volteaba la sentía entrar. Vio su plato vacío y se resignó nuevamente a que ella no vendría.

- señor venga rápido – grito una mujer

Sasuke se levantó de la mesa con un mal presentimiento

- la señora se encerró en la habitación y no responde – se encontraba agobiada – Kaede es la única que tiene la llave.

Se maldijo mentalmente por ser un idiota, Kaede había salido junto con la indígena por unos días y nadie la cuidaba, corrió lo más rápido que sus piernas le permitieron dejando muy atrás a la pobre Ayame que lo seguía con dificultad. Rápidamente abrió la puerta y busco por la habitación

- Hinata – grito con fuerza y al no verla ni escuchar respuesta se preocupo

La puerta del baño literalmente salió volando, tenía miedo de lo que pudiese encontrar detrás

- Hinata - grito nuevamente pero esta vez esperando una respuesta – esta fría susurro mientras sus manos temblaban.

La saco de la tina lo más rápido que pudo, la seco lo mejor que podía y la llevo a la cama

- Ayame trae varios cobertores y frazadas aquí, rápido – grito

La cubrió con edredones y empezó a fisionarla y moverla para que entrara en calor – ella no es Sakura, ella no es Sakura – se repetía mentalmente mientras algunas lágrimas caían y el temor de perderla se volvía evidente.

Hinata empezó a reaccionar y Ayame rápidamente la cubrió con los cobertores, mientras Sasuke continuaba masajeándola sobre la frazada. No paro ni siquiera un segundo en su afán de darle calor, aumentando el ritmo cada vez que los templares aumentaban. Pasaron unas horas para que Hinata por fin diera indicios de mejoría, fue solo entonces que el Uchiha se detuvo, sus manos estaban ampolladas por la continua fricción de la tela, mas solo se detuvo pera para que ella pudiera descansar.

Hinata esporádicamente recobraba la conciencia pero al ver al Uchiha volteaba la cabeza. Sasuke se sentía dolido por ese acto, se había acostumbrado a verle los ojos - un premio demasiado grande para un canalla como yo – él no podía perdonarse lo que le había hecho y no podía esperar que ella lo perdonase. Sabía perfectamente que aparte del deseo que siempre estuvo allí, Hinata no guardaba nada más para él. Fue por eso que la dejo en ese lugar donde estaría protegida, pero sus piernas siempre regresaban donde ella, y a pesar de querer dejarla en paz, sin darse cuenta aparecía delante de esa puerta.

- lo siento – susurro tomando la mano de la joven

No pudo entender lo que había dicho, pero sus manos grandes y cálidas la reconfortaban de una manera especial, a pesar de sentirla más ásperas y maltrechas reconocida su tacto como ninguno.

Ya había pasado la noche y gran parte del día pero Sasuke continuaba en el mismo lugar sin moverse, solo que esta vez cambiando compresas frías, la temperatura de la joven subió peligrosamente durante la noche y el Uchiha como un perro guardián se había negado a salir y a comer, solo permanecía allí cuidándola.

- Hanabi… Kiba – los llamaba en delirios. Sasuke sentía algo quebrarse cuando llamaba a ese hombre pero logro callar el dolor después de las primeras veces - Hanabi… Kiba – los llamo de nuevo, como lo ha estado haciendo casi desde que comenzó la fiebre.

Continúo cambiando las compresas, cuidando su temperatura, sufriendo a cada llamado que ella hacía. No fue hasta llegado la noche que la fiebre había cedido y aun así el continuo custodiándola, mirándola y amándola en silencio.

- señor ve a descansar, Ayame me contó lo sucedido, dice que no has comido ni bebido nada – Kaede vio a Hinata y no pudo sentirse más culpable – mi pobre niña, discúlpame por dejarte sola - dijo en vos baja acariciando el rostro de la joven, haciéndola sonreír – yo cuidare de ella, por favor señor ve y coma algo se lo nota muy cansado.

Sasuke se retiró guardando sus preocupaciones, con la sonrisa que esa anciana logro quilarle ya había hecho más en un minuto que el en todo ese tiempo.

- me avisas cualquier cosa – su vos sonaba más autoritaria que de costumbre como si le costara alejarse de ella

La anciana solo sonrió – no quiere dejarte sola – le dijo a la joven que ya se encontraba durmiendo

Ya había pasado varias horas desde que Kaede la dejo sola, la noche ya era muy oscura, y Hinata despertó muy confusa. Se levantó y salió de la habitación sin saber con exactitud donde sus piernas la llevaban, sentía un gran dolor en su pecho, mucho odio e ira que la hacían sufrir. Una de sus manos se tocó el corazón y detuvo su paso por un instante para luego proseguir su camino incierto. Se paró frente a una gran puerta de madera temiendo lo que encontraría al otro lado, su mano giro la perilla y el ruido de un hombre moviéndose en la cama con gruñidos y quejas le quebró el alma. Los sonidos apenas eran sonoros pero para Hinata parecían gritos de ayuda desesperados que tocaban su corazón, quería estar a su lado, quería acercarse a ese niño que no paraba de gritar, que sufría dolores que lo marcaban de forma irreparable, quería ver a ese niño de ojos negros no veía un futuro y vivía una vida miserable.


- hermano ayúdame con el arco – gritaba el pequeño con las mejillas infladas

- hoy no puedo, tengo una cita con Konan – contesto el mayor

- hermano tu nunca tienes tiempo para estar conmigo – los ojos del pequeño se pusieron tristes, unos grandes y expresivos ojos negros que el mayor sintió decepcionar.

- lo siento Sasuke – le golpeo la frente como siempre lo hacía, intentando animarlo – quizás mañana

- tu siempre dices mañana – resoplo con las mejillas hinchadas sin poder ocultar la alegría que sentía

El mayor se marchó dejando al pequeño solo viendo su espalda, un muro tan lejano que no podía superar, si existía una palabra para describir a su hermano seria "héroe". Itachi era todo lo que deseaba ser algún día, inteligente, fuerte y valiente, en aquel entonces no entendía, pero todos decían que tenía un futuro asegurado en la política y es que Itachi fue un hombre carismático y tenas desde muy joven. Siempre envidio el largo camino que lo separaba, su padre siempre lo mostraba como un ejemplo que debía seguir. Pero no se rendiría, acortaría esa brecha y algún día podría mirar a su hermano como a un igual, miro el arco en su mano y resoplo para concentrarse, apunto con tranquilidad mentalizando donde quería mandar la flecha, estiro la cuerda con fuerza sintiendo algo de dolor en los dedos y disparo. Sintió decepción al ver donde había acertado, dio al blanco pero no dio el en centro, lamento no poder acortar esa brecha que se distanciaba con cada paso que su hermano avanzaba.

- a tu edad Itachi ya dominaba el arco y la flecha – imito a su padre con voz cómica y soltó una pequeña risa para animarse. No era algo que hiciese a menudo pero era un niño.

- eso sonó como a tu padre

Se sobresaltó al sentirse descubierto, y al ver la sonrisa en el rostro de la mujer solo pudo sonrojarse.

- mamá… lo siento – se disculpo

La mujer se agacho hasta quedar a su altura, acariciando lentamente la frente del menor que seguía cabizbajo

- por imitar a tu padre – sonrió – no se lo cuentes pero yo lo imito igual – el pequeño esbozo una sonrisa igual a la de su madre - sobre todo cuando se pone gruñón – le guiño el ojo sonrojando nuevamente al pequeño

- mamá que haces aquí – no era común que ella fuera a su campo de entrenamiento

- vine a invitarte a tomar té y galletas - contesto con una sonrisa mientras miraba preocupada las heridas que su pequeño hijo tenía en las manos

- ahora no puedo, estoy entrenando, papa dijo que me enseñaría a usar la espada si lograba darle tres veces seguida al centro del blanco – hablo como si de un adulto se tratase.

- entiendo tu tampoco quieres acompañarme – hiso una escena que su hijo no podía ignorar – Itachi se casara pronto y tú también ya piensas dejarme – se fingió dolida

- no... no mamá yo no pienso dejarte – grito el pequeño abrazando a la mujer.

- ve a lavarte las manos y te espero en el jardín

El pequeño salió corriendo y Mikoto solo podía sonreír al verlo actuar como debe ser, un niño de 5 años

- antes del té pásame las manos – el pequeño se sonrojo al sentir las manos de su madre curando y vendando las heridas

Mikoto vio a su hijo sonrojado y no pudo más que darle una sonrisa, a diferencia de Itachi, que heredo ese frio carácter de su esposo, su pequeño hijo era toda una ternura.

- no te esfuerces demasiado – aconsejo seria

- pero Itachi ya lo domino el arco y la espada a mi edad y yo aún no puedo ni darle al centro - dijo avergonzado

- no trates de ser como Itachi, puedes hacer las cosas a tu ritmo – digo con ganas de pegar a su marido por meterle tantas exigencias a un niño - yo te seguiré amando igual

- te amo mama… yo nunca te dejare – se lanzó a esos brazos amorosos y se dejó mimar como pocas veces se permitía

Amaba a su madre como cualquier niño ama a la suya, ella era su mundo. Aun la recuerda arreglando los jardines con una sonrisa tan única que quedaba mirándola por horas, recuerda sus amorosos abrazos y sus cálidos besos. En ese entonces no sabía porque su madre no se vestía como las madres de sus amigos, tampoco comprendía porque su madre tenía una actitud distinta a las de esas mujeres, y es que a pesar de estar casada con uno de los hombres más importantes del país del fuego, Mikoto era marginada del entorno social, ya que a diferencia de Fugato su esposo, ella no provenía de cuna noble. La madre de Mikoto fue empleada en la mansión de los Uchihas y ella a su vez compartió ese destino. Creció y se crio junto con Fugato pero en diferentes roles. El hijo único de una familia rica y ella su empleada, Mikoto siempre detesto a Fugato, lo consideraba un niño molesto y presuntuoso y por su parte, Fugato solo consideraba a Mikoto como una empleada más, solo que esa pequeña niña siempre lo sacaba de quicio y si o si tenía que molestarla para sentirse tranquilo. No fue hasta varios años después cuando Fugato regreso de la universidad que pudo de lo bella que era Mikoto, ella se había vuelto una mujer muy hermosa que inconscientemente cosechaba pretendientes por donde pasaba y claramente era más de un hombre que perdía la cabeza por estar en su presencia. Fugato no solo quería ser el único, también quería ser el primero y lo que comenzó como un juego para el Uchiha termino convirtiéndose en toda una odisea, pues al parecer Mikoto le había guardado un gran resentimiento por todas las bromas y travesuras que le había hecho un tiempo atrás, pero no se rindió y cuando por fin logro enamorarla se dio cuenta que se había enamorado perdidamente de esa mujer. Una historia de amor maravillosa que Fugato defendió con uñas y dientes hasta convertirla en su esposa.

A Sasuke no le importaba que su madre fuera una empleada, su pecho aun dolía de amor cada vez que pensaba en ella, pero conocía esa sensación, después de todo sus sueños nunca acababan bien

- entren rápido – gritaba su padre en medio de mucho ruido, mientras el junto con su madre y otras mujeres y niños entraban a un refugio.

No entendía lo que pasaba, pero tenía mucho miedo, su madre lo aferraba a su pecho con mucha fuerza mientras fuertes ruidos y gritos se escuchaban a lo lejos.

- se están acercando – hablo un hombre

- maldición – murmuro Fugato

- padre tenemos que irnos – dijo serio Itachi

- estaremos al frente, por favor no salgan de este lugar – la mujer lo miro a los ojos – te amo – fue lo único que se le ocurrió decir a su amada esposa.

Sasuke vio a sus padres besarse como si fuera una despedida y sus ojos se llenaban de lágrimas.

- no llores Sasuke, tienes que ser fuerte para cuidarla– le dijo Fugato con su habitual mirada – la dejo en tus manos – lo abrazo como pocas veces lo había hecho - te amo hijo

- se fuerte pequeño tonto – dijo Itachi mientras lo golpeaba en la frente – no llores, regresaremos pronto – sonrió como cuando mentía y el corazón del pequeño se preparaba para nunca más volverlo a ver.

Lloraba desconsoladamente abrazado a su madre, todos lloraban en ese lugar, los gritos de las mujeres y los niños aumentaban a medida que los ruidos en el exterior se acercaban. Las luces se apagaron como un mal presagio y por un instante todos quedaron en silencio notando que la batalla ya había llegado hasta el refugio. Sasuke alzo la vista en la oscuridad cuando una explosión cercana ilumino el cuarto pudiendo ver el rostro empapado en lágrimas de su madre.

- tranquilo Sasuke todo va estar bien – dijo sollozante mientras abrazaba a su hijo

- mama te amo – dijo mientras lloraba – tengo miedo

El fuerte ruido de una explosión ensordeció el lugar. Sasuke sintió un fuerte dolor, un dolor intenso como nunca había sentido y todo se borró de su mente.

- mi pequeño, mi pequeño – escucho a vos de su madre llamándolo con mucha tristeza – resiste

Despertó sintiendo un dolor intenso que se intensificaba con solo respirar, quiso llorar pero incluso eso era doloroso, pensó en su madre y el miedo se apodero de él.

- mama – dijo tenuemente cuando su intención era gritar con todas sus fuerzas

- mi pequeño niño – la escucho decir agonizante, no podía verla pero podía sentirla sobre él, protegiéndolo de los escombros – mi pequeño, te amo – sentía las lágrimas de su madre caer sobre su rostro

Ya no aguantaba más y sin importar el dolor lloro con todo lo que podía.

- papa ven rápido, no pude protegerla – grito – papa ven rápido y ayuda a mama

- no llores – dijo casi sin fuerzas– no llores – repitió temiendo que los descubrieran

Sasuke calló obedeciendo a su madre, los estruendos en el exterior eran fuertes y por los huecos de los escombros podía ver la luz de las llamas que consumían todo a su paso.

- resiste, solo un poco más resiste – decía con sus últimas fuerzas una y otra vez

La respiración leve de su madre desaparecía poco a poco sin que pudiera hacer nada

- resiste, solo un… poco

Solo quería abrazarla por última vez y ni eso podía, era débil, no pudo proteger a la mujer que tanto amaba.

- lo siento mamá – dijo quedándose sin fuerzas, llorando en silencio sintiendo por última vez ese calor tan único que nunca más regresaría, deseando con todas sus fuerzas volver a verla al despertar.

Despertó con un fuerte dolor en su pecho como siempre, con la respiración agitada y con el mismo miedo, su regreso a la cruel realidad lo estremecía tanto que solo esperaba el siguiente golpe que la vida le propine. Su mano busco algo que encontró de inmediato y con una sonrisa sádica se disponía a matar a su agresor para que no le hiciese más daño. Abrió los ojos como platos y tiro el arma al piso, sus manos temblaron pero esta vez no por su miedo habitual.

- Hinata – dijo completamente en sí, pero parecía estar soñando

Ella no contesto, solo lo miraba tranquila, con una sonrisa en sus labios que el Uchiha no pudo descifrar. Sasuke la observo perplejo esperando algún movimiento y al cabo de unos minutos ya no pudo contenerse y con cuidado delineo el rostro femenino con su mano, tocando sus mejillas con una suavidad tal, como si temiese que se desvaneciera en el aire. Sonrió de forma sincera al sentirla tan real, tan suave y tan perfecta como solo ella era. Vio sus ojos y nuevamente blanco y negro se encontraban, sus miradas hablaban un lenguaje armonioso que ninguno conocía, como si sus almas se buscasen a través de esas puertas tan contrastadas.

Acerco su rostro con cuidado temiendo despertar en cada momento y la beso con tanta ternura y amor que pensó que seguía en un sueño y que su musa era la mejor de todas sus fantasías. Unió su frente con la de ella, sintiendo la temperatura algo elevada de la joven – aun tienes fiebre –dijo deleitándose con ese aroma tan peculiar que solo Hinata posee.

- quieres hacer el amor – fue lo más estúpido que pregunto pero fue lo único que se le ocurrió en ese momento, después de todo ellos casi no tenían temas de conversación.

Ella negó con la cabeza y el aprovecho para volver a besarla.

- quieres dormir conmigo – pregunto de nuevo solo por la necesidad de hablar y para su sorpresa ella asintió.

La tomo entre sus brazos como si ella no pesara nada y la acomodo en su cama como si se tratara de una niña pequeña, la sintió moverse por debajo de las sabanas y usar su pecho de almohada. Cerró los ojos sintiendo el calor que Hinata desprendía, sintiéndose protegido del mañana, porque aunque las pesadillas siguiesen en su cabeza, un hermoso sueño descansaba entre sus brazos.