Capítulo 10: Antes de la Lluvia.
"Amor, que al corazón de la mujer a amar obliga,
Dotó a aquel que amé, de un rostro hermoso,
Llevándome al pecado doloroso que ahora pago.
Amor, que no perdona amar a amado alguno,
me ató a ese placer con tanta fuerza,
que, como ves, aún no me libera.
Y así, Amor, a la muerte nos condujo…
…¡Oh destino fatuo,
Que tan dulces pensamientos, y tan sublime deseo
la causa sean de un final tan doloroso!".
-Canto de los condenados por Lujuria.-
Infierno, "Divina Comedia" de Dante Alighieri.
-MvsG-
Algo había cambiado entre Harry y Luna después del episodio final contra Lord Voldemort. Compartían miradas tan expresivas y profundas, que hablaban en silencio de un secreto mutuo, en un lenguaje que sólo ellos entendían. Ni las atosigadoras preguntas de Ginny, ni el acucioso interrogatorio de Ron pudieron sonsacar de sus labios más palabras que las dichas ante el Ministerio: el relato oficial de la caída del Señor Oscuro. Pero algo guardaban entre ambos. Un extraño secretismo compartido. Y es que… ¿Cómo explicar a los demás sobre la muerte de Luna? ¿Cómo hacerles entender sobre aquel paseo que ambos dieron por el mundo de los muertos? ¿Cómo enseñarles el lenguaje allí aprendido y los secretos descubiertos, sin ser fatigados por un interrogatorio incesante cuyas respuestas ni ellos mismos conocían? No. Aún sin haber intercambiado palabra desde que Luna despertara, ambos consideraban prioritario callar.
- Entonces… ¿Quién-tu-sabes sólo murió y ya?- seguía preguntando Ginny con incredulidad. Harry asintió en silencio.- ¿Pero cómo fue que entró por esa puerta? ¿Cómo la abrió?
- El profesor Dumbledore me dijo una vez que tras aquella puerta residía un poder que el señor Oscuro desconocía… Un poder que lo llevaría a su fin… Y que ese poder era el amor…
- ¿Entonces la puerta se abrió, y el amor se lo tragó, así como así?…- siguió el pelirrojo, alzando una ceja de poca comprensión. Luna lanzó una risita eufórica ante el comentario, y Harry sonrió también.- ¿Y cómo es que ustedes terminaron inconscientes?
- Ya te lo dijo, Ron…- interrumpió Hermione, quien se había mantenido apartada de la conversación.- No saben qué fue lo que ocurrió entonces...- tras decir esas palabras, sus ojos volvieron a perderse en el paisaje que llegaba a través de la ventana, en sus propios pensamientos.
- ¡Luna!- se oyó la voz de un hombre interrumpir el lugar, corriendo hasta envolver a la joven en un efusivo abrazo. El recién llegado tenía ensortijados cabellos rubios, y al ver la pluma sujeta en su oreja, a Harry no le quedó duda de quién se trataba- ¡Gracias a Merlín que estás bien! ¡Estaba tan preocupado!
- Ya todo acabó, papá…
- Lo sé, lo sé, hija… Pero me ha tomado siglos llegar hasta aquí… No permiten la entrada a ningún padre, no hasta que los juicios terminen… He debido decir que venía en calidad de reportero a cubrir los últimos acontecimientos para "El Quisquilloso"… ¡Ah! Ustedes deben ser los amigos de Luna…- exclamó extendiendo su mano hacia los hermanos pelirrojos, y luego a Hermione, remeciéndolos con el afectuoso apretón- ¡Y tú eres Harry Potter! Luna me ha hablado mucho de ti …
- Es un placer conocerlo, Señor.- respondió Harry, advirtiendo la encantadora risita de Luna frente a aquel estrechamiento de manos.
- No, no… ¡que va, si el placer es mío… ¡Oh! Lamento tener que dejarlos tan pronto, pero si descubren que me he escabullido hasta acá, me quedaré sin historia para mi revista, y debo descubrir el enigma antes de que lo hagan los demás periódicos…
- ¿Qué enigma?- preguntó Ginny.
- El de la muerte de Dumbledore, por supuesto…- un leve sobresalto recorrió el cuerpo de Hermione, de cuyos labios la sonrisa causada por la efusividad del padre de Luna, se borró inmediatamente.- Todos quieren saber qué fue lo que ocurrió en realidad, pero nadie tiene pruebas contundentes al respecto… Fudge, por su parte, está empeñado en hacer aparecer como culpable al joven Malfoy, pues como único heredero de la fortuna de su familia, una vez que se le condene, todo su dinero pasará a manos del Ministerio…
- Pero ¿y si es inocente?- interrumpió Hermione, ocultando bien poco su desesperación.
- Cuando se trata de una fortuna como la de él, la inocencia es un concepto relativo… Basta recordar el caso de Alecto Yaxley: el Ministerio enriqueció sus arcas sin preámbulos, pese a que el pobre alegó inocencia hasta el final…
- Pero él era un mortífago… y era culpable…- interrumpió Ron, alzando una ceja cuestionadora.
- Eso es lo que todos creen, pero las fuentes de "El quisquilloso" habrían probado su inocencia, de no ser porque el Ministerio nos impidió sacar el reportaje al aire… Y, como editor, he aprendido que no hay nada peor que enfrentarse al Ministerio… Y si a Fudge se le ha metido en la cabeza quedarse con la fortuna de los Malfoy, lo conseguirá cueste lo que cueste, en cuanto ese joven aparezca…
- Pero… ¿Y qué hay de Nott? ¿Y de los otros? ¿Por qué no los persiguen a ellos?- seguía la joven.
- Los Nott no tienen una fortuna tan cuantiosa, y lo más que podrían hacer es condenarlos por ser Mortífagos, lo cual no constituye una pena capital según las leyes mágicas, y por tanto, no pueden hacer uso de su fortuna... Además, es mas fácil probar la culpabilidad de Draco Malfoy, de modo que, al menos que consiga un trato como lo solía hacer su padre, pasará el resto de sus días en Azkaban, o huyendo de la justicia…
La discusión siguió entre Ron y el editor, mientras Harry y Luna observaban la extraña expresión que comenzaba a tomar forma en el rostro de Hermione. Y es que uno de los comentarios del hombre daba vuelta en su cabeza buscando una salida desesperada a la situación: "Un trato… Un trato con el Ministerio", volteó a mirar a Ginny, luego a Ron, y su rostro se iluminó con una nueva idea.
- ¡Ron! ¿Dónde está Percy?…
-Besando los pies de Fudge, supongo…- contestó sin comprender.- ¿Por qué?
- Necesito pedirte un favor…
-MvsG-
Percy Weasley se diferenciaba del resto de los pelirrojos, en que él tenía lo que pocos en su situación, y ninguno antes en su familia: Ambición.
Siendo hijo de un grupo numeroso, siempre escaso en recursos, podría haberse conformado, como el resto de sus hermanos, al amor incondicional entregado por sus padres. Pero para él, eso no era suficiente, menos cuando, a sus diecisiete años había tomado conciencia de su superioridad mental y de su consiguiente diferenciación con respecto a los otros Weasley.
El joven advirtió desde temprana edad que la sociedad admite como superiores a dos clases de hombres solamente: al poseedor de una fortuna cuantiosa, capaz de comprarlo todo; y al hombre cuyo cargo le permite decidir sobre la vida de los otros. No tenía elección, por tanto, sino entre una de estas dos clases. Al mismo tiempo sentía dentro de sí un cierto fondo de severidad, de respeto a las reglas y de rectitud, complicado con un inexplicable odio hacia aquella clase de familias miserables, perdidas en el anonimato, como lo era la suya. Porque… ¿Quiénes eran los Weasley? Nada más que un grupo de pelirrojos numerosos y muertos de hambre… Pero él se había impuesto a si mismo, la difícil tarea de hacer de su nombre un estándar de respeto. Él daría a su apellido la importancia que la miseria le había arrebatado durante tanto tiempo, y a fin de lograrlo, sería capaz de cualquier cosa, incluso de descubrir a su padre como un traidor frente al Ministerio o denunciar a su madre por no acatar la ley; y lo hubiera hecho con esa especie de satisfacción interior que da la virtud, si la oportunidad se hubiera presentado. Para él, el fin justificaba los medios.
Así fue como entró al mundo de la política y a sus veinte años era ya la mano derecha del Ministro, contando con que dentro de poco sería él mismo quien ocupara el importante cargo de Fudge… Solo necesitaba una buena oportunidad para lograrlo.
Por eso, cuando Hermione le propusiera no sólo entregarle al culpable de la muerte de Dumbledore, sino que además una cuantiosa parte de la fortuna de los Malfoy para acabar de convencer a Fudge, todo a cambio de la libertad del principal inculpado, Percy no necesitó pensarlo dos veces para fijar los términos del trato, viendo en esto su oportunidad, no sólo de hacerse de renombre como el ajusticiador de la muerte del Director de Hogwarts, sino que además, podía hacerse de una pequeña fortuna, fracción de la cuota pagada por Malfoy, de la cual el Ministro no tenía porqué enterarse.
Aunque en un principio, los motivos que tuviera la joven para hablarle a solas, buscando la defensa de Draco Malfoy, le habían intrigado, bien poco le habían importado luego sus razones. Era la oportunidad que había estado esperado, su escalón más seguro al futuro puesto como Ministro, y no pensaba desperdiciarlo.
Con paso decidido se presentó ante Fudge, y haciendo uso de un poder de convencimiento bien ensayado durante todos esos años de preparación para el mundo de la política. Acabó haciendo ver a éste la conveniencia de sellar el trato en lugar de continuar con su intento infructuoso de dar con el joven, y condenarle definitivamente a Azkaban, a sabiendas de que las pruebas no eran suficientemente contundentes como para lograrlo sin problemas.
Fudge guardó silencio un largo instante, en aire pensativo, antes de atreverse a dar una respuesta. Renunciar a una fortuna completa con la que ya se había hecho ilusiones, y conformarse solo con una fracción de ésta, no era una idea que le agradara, pero debía admitir que la propuesta de Percy ofrecía una solución rápida a un problema que le estaba costando demasiados dolores de cabeza.
- Y en el caso de que aceptáramos este trato…- comenzó el Ministro, examinando acuciosamente el rostro de Percy.- ¿Quién sería declarado culpable?
- Bellatrix Lestrange…
- ¿Tienen pruebas de su culpabilidad?
- No será difícil conseguirlas, considerando que está muerta y que varios testigos la vieron dentro del castillo a la hora en que murió Dumbledore.- El hombre se atusó la barbilla en silencio. La chispa que brillaba en los ojos del joven Weasley le hacía dudar sobre las segundas intenciones del ambicioso muchacho. Sin embargo, debía admitir que era un trato justo. Lanzó un gran suspiro de cansancio y se reclinó contra su silla, mientras Percy lo observaba inquisitivo, aguardando una respuesta.
- Pero una vez declarado inocente…- comenzó el Ministro.- deberá irse lejos de Londres… y jamás volver. No podemos arriesgarnos a tenerlo cerca, pues su sola presencia mantendrá a los reporteros interesados en sonsacar la verdad, y, para ser franco, no creo en su inocencia.
- Dudo que hallemos problema en eso.
- Le daré la carta de impunidad que piden, pero solo para que aborde el tren que lo saque de Londres. Partirá mañana mismo.
- ¿A dónde?
- Tan lejos como sea posible. Daré autorización para que vacíe las arcas de Gringotts y traslade su dinero a dónde le plazca, siempre y cuando pague su deuda con el Ministerio, sin mediadores de por medio… No queremos que un trato de esta naturaleza se descubra a la opinión pública.
- Bien.
- Y deberá mantenerse en el anonimato por un tiempo. Necesitamos que las cosas se calmen antes de que vuelva a reaparecer como figura pública. ¿Está claro?
- Si, señor… muy claro.
- Eso es todo entonces. Tienes mi permiso para comunicarles cuanto he dicho, y cerrar el trato.
- Así lo haré.- hubo un nuevo silencio incómodo, mientras el Ministro observaba el cielo de la tarde a través de la ventana, esperando oír la puerta cerrarse tras la salida de su asistente. Pero el ruido no llegaba, y al voltearse, lentamente hacia su escritorio, notó que el joven seguía ahí, inmutable, aguardando.
- ¿Qué esperas?
- Hay un último punto que debemos tratar, señor… Una última concesión que debo pedirle.
- ¿Y qué es?
- Quiero ser yo quien entregue las pruebas contra Lestrange…
-MvsG-
Querido hijo,
Tiempos difíciles han caído sobre nuestra familia, y me temo que no estaré ahí para ayudarte a enfrentarlos. En realidad no esperaba encontrar el final de mis días hasta dentro de muchas décadas más, pero al parecer estuve en lo correcto al prepararme para lo impensado. He dado instrucciones precisas a Snape, pues confío en que, pese a nuestras diferencias, cuidará de ti hasta tu graduación, tiempo en el cual, espero, aprenderás a tomar decisiones sabias por ti mismo.
Bajo la supervisión de Severus, aprenderás a protegerte a ti mismo, así como él lo ha venido haciendo desde hace tiempo, tomando bandos según necesidad. Tu conoces mis convicciones, y también conoces el camino que siempre quise para ti, pero en estos momentos tu seguridad me es mas importante que cualquier ideología, y por lo mismo, prefiero que aprendas las técnicas de supervivencia empleadas por ese traidor, a que sigas un camino tan funesto como el mío.
Alíate al bando ganador, Draco, cualquiera que este sea. Pon tus miedos, tus opiniones, y tu orgullo de lado y has lo que sea necesario para sobrevivir. Tú eres el último de los Malfoy, el futuro de nuestra familia, y eso no es algo que puedas tomar a la ligera.
Admito que he sido severo con mis castigos, quizás crueles en algún momento, pero, a mis ojos, esta era la única forma de acabar con aquella inherente debilidad y sentimentalismo heredados de tu madre. Siempre noté en ti esa duda dolorosa que la acongojaba a ella, y que, como ves, no le condujo a nada bueno. Ese es el final de los débiles, Draco. Por ello, te pido que ante todo te recuerdes a ti mismo como un Malfoy.
Ten mis palabras en consideración, pues las escribo con la mejor de las intenciones. El destino ha decidido cortar mi vida antes de tiempo a causa del camino que elegí. Elige tu camino cuidadosamente.
Quiero que sepas que aunque quizás no lo haya mostrado debidamente, eres mi hijo, y estoy orgulloso de ti. Espero encontrarte en la otra vida, donde quiera que esta sea, pero no hasta dentro de muchas décadas más.
Con amor,
Lucius Malfoy.
Draco dejó el pergamino deslizarse entre sus dedos y caer al piso. La voluntad de su padre de dejarlo escoger su propio camino no era algo que él esperaba. Lucius había preferido un camino del que ahora renegaba y lo alentaba a él a escoger uno que no lo llevara al mismo final. Pero, ¿es que acaso él no había elegido ya? Si. La elección había sido hecha en el instante mismo en que corrió al bosque prohibido por Hermione, y ahora Draco se daba cuenta de que no había vuelta atrás. Se tornó en contra del Señor Oscuro al devolver la varita a Harry, y ahora no le quedaba más opción que esperar haber tomado el camino correcto.
Pero, pese a haberse deshecho del recuerdo, la conciencia del crimen cometido, el horror de no encontrar una justificación a su crimen, la miseria de no sentir nada, y al mismo tiempo verse bajo todo el peso del mundo, le impedían abrigar esperanzas. No importaba lo que ocurriera al final, de uno u otro modo, había traicionado ambos bandos, y ya no pertenecía a nada.
El ruido de la puerta al abrirse interrumpió sus pensamientos. Draco se apresuró a recuperar la carta del suelo, y ubicarla dentro del sobre, entre los libros de una repisa frente a él, en espera de que Snape hiciera su entrada. Pero al voltearse, se encontró con un par de ojos almendrados que le arrancaron una sonrisa inconsciente. Pero ninguno de los dos se movió por un largo rato. Se contemplaban mutuamente, queriendo decirse muchas cosas, pero sin hablar, hasta que ella, adelantando un paso hacia él, rompió el silencio.
- Traigo buenas noticias…- Intentó sonreír, pero la mirada cuestionadora de Draco se lo impidió.- Fudge ha desistido finalmente de enviarte a Azkaban…- volvió a dar un paso hacia él, quien se mantenía dubitativo.- Ha puesto sus condiciones, pero al Profesor Snape le ha parecido un trato justo…- dio otro paso hasta él y Draco abrió los labios para decir algo, pero las palabras estaban detenidas en su garganta.- Él se ha quedado ahora haciendo los arreglos para que partas mañana lejos de Londres, y me ha permitido venir a darte la noticia…
- ¿Cómo convencieron a Fudge?- preguntó con la voz quebrada, por decir algo.
- Ha costado parte de tu fortuna pero, según Snape, no ha sido una pérdida importante… Tu padre le dejó un poder como tu tutor, y está haciendo uso de él para arreglar la negociación. Lamenta no haberte consultado, pero no podía arriesgarse a que te encontraran antes de tener la autorización para tu partida…
- ¿Y a dónde se supone que iré?
- Snape lo arreglará…- dio un nuevo paso. La seguridad de sus palabras infundieron cierto valor en el joven.- Parecía muy confiado en que todo saldría bien…- intentó sonreír. Estaba a escasos centímetros de él cuando se detuvo, pero ninguno de los dos volvió a moverse.- Acusarán a Bellatrix Lestrange… Conseguirán pruebas contra ella…- en este punto su voz se quebró, y Draco pudo advertir cuál era la razón de el rostro dubitativo y preocupado de la joven al ingresar al lugar.
- Y tú… ¿crees que ella lo hizo?- se sonrió de lado, sarcástico. Hermione no respondió.- ¿O crees más bien que lo hice yo?- ella retrocedió un paso, pero su rostro no dejaba adivinar sus pensamientos. Draco rió confiado, no tenía nada que temer. Ella podría buscar en su cabeza, hallando un recuerdo en blanco.- Quieres saber si lo hice, ¿no es así?
- No.
- No mientas, Hermione… Has venido hasta aquí para saberlo, ¿no?- dio un paso hacia ella, pero la joven no se movió.
- Así es… Vine aquí para saberlo… ¡Pero ahora no me importa!… Ya no…
- ¿Por qué?
- Porque me ha bastado con tenerte frente a mí para recordar que ya sé de lo que eres capaz, Draco… Siempre lo he sabido… Y no me importa…
El sentimiento que embargó a Draco en aquel momento, fue distinto a todo lo que hubiera experimentado antes. ¿Podía ser que en verdad no le importara? ¿Qué aún conociéndolo albergara por él un sentimiento distinto al odio o la indiferencia que él merecía? Jamás había conocido a nadie que le hiciera sentir de ese modo… Culpable, y a la vez confiado… Vil y a la vez admirado… Temido, y a la vez… ¿Amado?
Tomando el rostro de la joven entre sus manos, besó la cabeza de cabellos enmarañados, depositándola luego en el hueco de su hombro, para fundirse en un ansiado abrazo, dejando escapar un par de palabras ahogadas en un murmullo inconsciente… Una declaración, tan inesperada como sincera… Y ella le respondió con las mismas dos palabras…
- MvsG-
Draco no pudo conciliar el sueño aquella noche. El cuerpo desnudo de Hermione dormía pacíficamente entre sus brazos. Él la había sostenido así hasta que ella calló en un sueño profundo, exhausta por el llanto. Las palabras de ella se repetían una y otra vez en la mente de él, mientras la contemplaba en silencio: "Siempre lo he sabido… Y no me importa…". ¿Cómo era posible que ella, a quien él tanto daño hiciera en el pasado, fuera ahora quien le traía la esperanza en un final distinto a la muerte? Y es que Hermione no solo lo había salvado del castigo por su crimen, sino que además, le traía el perdón… la redención final, ese hálito de luz que se asoma al término del camino, y que él tanto había buscado en su encierro… Y es que, la naturaleza humana no quiere ni puede quedarse en la desolación del crimen cometido. Por alguna extraña razón, el criminal ansía la esperanza final, la salida, el retorno del exilio… Y eso era precisamente lo que aquella joven entre sus brazos le había dado… Lo había liberado del peso de su conciencia… Lo había perdonado.
Hermione se acomodó durmiendo aún y Draco depositó un beso en el contorno de su hombro. Los primeros rayos del amanecer iluminaban el entorno, anunciando la venida del nuevo día. El joven se levantó, lentamente, para no despertarla. Se vistió en el mismo silencio, y caminó luego hasta la repisa junto a la chimenea, donde reposaba aún la carta de su padre.
Encendió el fuego con su varita mágica, y se sentó delante de éste, releyéndola una última vez.
"... Estoy orgulloso de ti…".
Aquellos eran las únicas palabras en el papel que él quiso recordar. Devolvió la carta al sobre y lo lanzó en la chimenea, mirando como las llamas bailadas alrededor de las letras, devorando el pergamino y convirtiéndolo en cenizas. Se esforzó en depositar todo el dolor y la desesperación que la pérdida de su padre pudo causarle, todo el odio engendrado en su vida anterior, todos los prejuicios y falsos valores de los que alguna vez se sintió orgulloso; en fin… poner todo su pasado también en esa carta que se consumía entre las llamas, esperando que aquellos sentimientos se disolvieran en la fantasmagórica nube de humo que se desprendía del fuego.
De pronto, sintió la mano de ella sobre su hombro, y se volteó a enfrentarla. Lucía hermosa con su cabello desordenado y su suéter recién puesto. Compartieron un instante de silencio en que sus ojos, que reflejaban el flameo de las llamas, crearon su propio lenguaje, y se lo dijeron todo. Se fundieron en un último beso, presintiendo ya el final de aquel encuentro… El final de aquella relación imposible que habían llevado al extremo de lo inverosímil. Y volvió a sentirse el chirrear de la puerta al abrirse, dejando entrar al profesor de pociones.
Hermione no pudo reprimir una sonrisa. Resultaba incluso irónico que su último encuentro fuese sellado del mismo modo y por la misma persona, que había interrumpido el primero.
- Creo que es hora de que la señorita Granger regrese con los suyos. – Carraspeó el hombre con su voz adusta, sin que esto lograra separar las manos de los jóvenes.- Ya está todo arreglado, pero no me parece conveniente que usted permanezca aquí más tiempo. Podría despertar sospechas poco convenientes.- Hermione asintió en silencio, bajando la vista, y Draco soltó su mano al fin, viéndola dirigirse a la cama, para terminar de ponerse los zapatos y envolverse en su capa. Compartieron una última mirada silenciosa, antes de susurrarse un adiós mutuo y Draco la vio perderse a través de la puerta, seguida de cerca por Snape.
-MvsG-
Snape la había conducido hasta el traslador en su silencio habitual. Ella mantenía la mirada perdida en el vacío. No tardaron en llegar al castillo, y la joven recorría los pasillos hacia su sala común, inconsciente de que el profesor de Pociones seguía junto a ella.
- Me gustaría creer en el mito de que nos hacemos más sabios con la edad…- comenzó Snape, trayéndola de regreso a la realidad. Hermione se detuvo, mirándole intrigada.- En cierto modo en lo que no creo es en la sabiduría…- El hombre caminó hasta una de las ventanas y perdió su mirada en la contemplación del paisaje.- Aquellos de una generación media, ya sea por caridad o sentimentalismo, se subscriben al mito de la sabiduría, mientras los jóvenes nos ven como objetos obsoletos, como muebles rotos o flores muertas. Para los jóvenes prácticamente no existimos... Sin embargo, alguna vez fuimos jóvenes también… Y por eso sabemos que cuando el amor nos ha dado satisfacciones, una gran parte del resto nuestras vidas es sólo el pago por ellas, una tras otra…
- No me ha hecho falta ser vieja para darme cuenta de ello… De uno u otro modo ya he comenzado a pagar por mis escasos minutos de gloria…
- El melodrama no está bien en una persona que se supone inteligente, señorita Granger.- bufó Snape burlesco.- Como he dicho antes, los jóvenes ya no escuchan a los viejos…- Hermione guardó silencio sin comprender, y él suspiró aparentando cansancio.- El "amor" no es precisamente un sentimiento en que yo pueda confiar… Sin embargo, sé que existe… Lo he envidiado muchas veces al verlo en otros, haciéndome una y otra vez la incesante pregunta de ¿qué fue lo que hice mal?... Y aunque aún no encuentro una respuesta que me conforme, puedo reconocer en ustedes el mismo error que cometí…
- ¿Y cuál sería ese error?
- Renunciar el uno al otro… porque es lo mas conveniente o por cobardía… Por miedo a enfrentar a los demás… Y, por culpa de ese miedo, nos auto condenamos a una soledad insufrible.
Hermione despegó los labios intentando decir algo, pero un rápido movimiento del hombre, girándose para darle la espalda y alejarse de ella, se lo impidió.
- La soledad es una cosa terrible, señorita Granger… Téngalo presente.- Y sin decir más, se perdió doblando al final del pasillo.
La joven permaneció inmóvil un largo instante, abrumada por la confesión del hombre, cuando sintió a sus espaldas la cálida presencia de Ron.
- Te he buscado por todas partes…
- Lo siento, he estado ocupada…- El pelirrojo la observó unos instantes, indagando en sus pensamientos, para luego pasar su brazo sobre los hombros de la joven, instándola a caminar.
- Hay algo que necesito hablar contigo…
- MvsG-
Luna seguía dormida aún cuando ya había amanecido y la luz inundaba la estancia de la enfermería, mientras Harry, en silencio, contemplaba su sueño. Tras la serie de preguntas con que le habían atosigado el día anterior, no habían tenido tiempo para hablar entre ellos, directamente y en secreto, como él deseaba.
La joven tenía un dormir tranquilo y profundo. Inconscientemente, el muchacho llevó una de sus manos hasta el cabello de ella, corriendo un mechón de su frente, y ubicándolo detrás de su oreja. Por primera vez en su vida, Harry Potter había encontrado un ser que le era más necesario que el aire y más preciado que el sol. ¿En qué momento sus sentimientos hacia ella habían cambiado? No lo sabía. Quizás siempre estuvieron ahí, sin que él lo supiera, o tal vez nació de pronto, como los fuegos fatuos que hienden el aire, producto de las extrañas circunstancias del último año. Pero Harry estaba seguro de algo: ese sentimiento que había descubierto tan recientemente anidado en su alma, no se iría jamás.
Los párpados de la joven se separaron, descubriendo sus ojos celestes, e incorporándose con su habitual expresión soñadora, dirigió una serena mirada a Harry, como si su presencia ahí no le extrañara en lo absoluto, y luego volteó a mirar a la ventana.
- Lloverá dentro de poco…- sentenció con una tranquilidad casi profética.
- Hay demasiado sol para que llueva…- sonrió él apreciando la calidez del día que ingresaba por la ventana.
- Pero lloverá…- volvieron a compartir el silencio, y al analizar la seguridad en el anuncio de su amiga, un nuevo pensamiento llegó a la mente de Harry, demudando su semblante.
- Tú lo sabía, ¿verdad?- ella volteó a mirarle extrañada.- Sabías que todo acabaría esa noche… Sabías que al correr junto a mí te encontrarías frente a frente con Voldemort…- ella sonrió por única respuesta.- Sabías que morirías… ¿verdad?
- No...- lanzó una risita infantil.- No se pueden saber ese tipo de cosas, Harry… Pero de algún modo…- siguió, dando a su voz a un tono serio.- sabía que debía seguirte…
- ¿Recuerdas lo que ocurrió mientras estábamos ahí?- ella asintió.
- Vi a mi madre… Fue como si el tiempo se hubiera detenido mientras la tuve junto a mí… Me dijo tantas cosas, pero a la vez tan poco… Como si largas horas de su discurso pudieran resumirse en la misma frase que me repetía incesantemente cuando era niña…- Harry alzó una ceja cuestionadota, expectante.- Me dijo una vez más que el amor es la única fuerza capaz de vencer a la oscuridad, capaz de sobrevivir a la muerte…- un tenue color rosa se posó sobre las mejillas de Luna, obligándola a ocultar la mirada de aquellos ojos color esmeralda que la observaban con sorpresa frente a tal declaración.
- Es extraño…
- ¿Qué cosa?- preguntó sin atreverse a mirarlo, pero sintiéndolo moverse a su lado.
- El profesor Dumbledore me dijo lo mismo…- Luna alzó sus ojos para encontrarse con él, sonriendo, a escasos centímetros de su rostro, mientras su mano buscaba la de ella, envolviéndola, apretándola, casi con la misma fuerza con que ella se había asido de él al atravesar aquella puerta.- Gracias por no soltar mi mano…- inclinó su rostro acercándose a ella.- Gracias por darme el arma para vencerlo…
- ¿Qué arma?- susurró ella en una risita nerviosa. Pero Harry no respondió con palabras, sino que buscó sus labios, fundiéndose en un beso… Un pacto silencioso para un sentimiento compartido.
- Hum, hum…- interrumpió tras ellos el pelirrojo, rompiendo el silencio que reinaba entre ambos.- No quisiera molestarlos, par de tórtolos, pero hay cosas más importantes que atender -como mi estómago- y de no bajar ahora, nos perderemos el desayuno…
- Ve tú, Harry…- sonrió Luna- Yo debo quedarme hasta que Madame Pomfrey me permita dejar la enfermería…
- Gracias por tu comprensión, Looney…- sonrió el pelirrojo masajeando su estómago, y mirando con insistencia hacia su compañero, a fin de apurarlo. Harry le devolvió el gesto, aparentando bien poco su molestia ante la interrupción, pero dispuesto a obedecer.
- ¿Quieres que te traiga algo?
- Me agradaría un…- comenzó Luna.
- Si, si… te traerá el mundo, también…- interrumpió Ron, algo exasperado por la tardanza, jalando a su amigo por la capa hacia la salida de la enfermería, mientras Luna estallaba en una nueva carcajada de risas frente al espectáculo, y Harry se liberaba de su amigo, corriendo junto a la joven, para arrancarle un último beso, antes de dejar la enfermería.
-MvsG-
- No pareces muy sorprendido…- murmuró Harry a su amigo, mientras caminaban hacia el gran comedor.
- ¿Por qué tendría que estarlo? Hace tiempo que tú y Luna vienen dando pistas…- Harry sonrió, convencido de que así era. ¡Qué tonto se sentía ahora, de ser el último en admitirlo!.
- ¿Y por qué no bajaste con Hermione? Podrías haberle pedido a ella que te acompañara…- Ron enlenteció el paso y su rostro adquirió una expresión sombría.
- Prefiero no estar demasiado cerca de ella ahora…
- ¿Por qué?- Ron despegó los labios, pero de ellos no salió palabra alguna.- ¿Se lo dijiste?- El pelirrojo asintió, con tristeza, y Harry deseó entonces que su amigo jamás hubiera encontrado el valor para hacerlo. - ¿Y qué te dijo?- preguntó, aún sabiendo la respuesta.
- No mucho en realidad…- suspiró apenado.- Al parecer, ella cree que algo así podría arruinar nuestra amistad, y no está dispuesta a arriesgarse.
- Comprendo…- ¿Era ese el motivo? Harry sabía que no.
- Como sea, conseguí hacerla prometerme que lo consideraría durante las vacaciones…- el pelirrojo se sonrió de lado, con un infantil optimismo.- Lo cual me dará tiempo para juntar dinero y poder comprarle un anillo…
- ¿Un anillo?
- Si… Mi padre obsequió uno a mamá cuando se le declaró, y yo quiero hacer lo mismo por Hermione… Fred y George me ofrecieron un buen precio por mi colección de tarjetas de Quidditch, con lo que tendría para pagar la mitad de una sortija decente, y luego…
- Ron… ¿No te parece que vas demasiado rápido? Ella no ha aceptado aún…
- No, bueno… Aún no… Pero sé que lo hará, Harry… Lo presiento… ¿Por qué si no me ha hecho esas preguntas hace un rato?
- ¿Qué preguntas?- Harry se detuvo, obligando a su optimista amigo a detenerse junto a él, en medio del pasillo desierto.
- Me ha preguntado que si creo en los sueños… Que si creo que existe algo tan grande como para dejar todo cuanto conocemos y partir en pos de ese sueño, aunque sepamos que es un camino sin retorno… También dijo algo sobre la experiencia de los viejos, y que vivir de meditaciones solitarias y recuerdos no era vida… Que no quería estar sola, y luego me ha mirado a los ojos, Harry, con esos hermosos ojos suyos, y me ha dicho que siempre me ha querido, que tú y yo somos lo que más extrañará de Hogwarts…
- ¿Lo que extrañará?- exclamó Harry, alarmado.
- Si… Yo le dije que podía ir a la madriguera durante las vacaciones, pero ella solo me abrazó en silencio, y luego, sin decir más salió corriendo, gritando que necesitaba hablar con Snape.
- ¿Con Snape?
- Si… supongo que ese viejo rancio le ha dejado alguna tarea para arruinar sus vacaciones… En vez de estar agradecido de que ella le salvara el pescuezo a Malfoy… Pero bueno… no quiero hablar de Snape, sino de ella… Después de lo que te he dicho, ¿no crees que tengo razones para ilusionarme?
- No lo sé, Ron…
- Es obvio que está confundida aún… Por eso ha dicho todas esas frases sin sentido… Ginny se comporta similar cuando consigue un novio nuevo… ¿Qué ocurre, Harry?
El moreno se había detenido abruptamente, con la mirada clavada en la ventana, contemplando el paisaje que de un momento a otro había ocultado su sol radiante para dar paso a un par de oscuras nubes.
- Luna tenía razón…
- ¿En qué?
- Habrá lluvia después de todo…
-MvsG-
A las doce y treinta de ese día, un par de hombres extraños, envueltos en capas negras, aguardaban la llegada del tren con destino a un país lejano, en medio del constante ir y venir de las miradas curiosas. Una joven, de las que esperaba en los asientos a unos metros de ellos, echó a correr el rumor de que se trataba de un par de extranjeros hablando en una lengua extraña. Hacían apuestas respecto a cuál podía ser el origen del término "muggle" y compartían impresiones respecto al inusual color de ojos del hermoso muchacho.
El calor era sofocante. El aire irrespirable, el bullicio, la visión de los andamios, de los papeles esparcidos por todas partes, y ese hedor característico de humanidad amontonada, todo esto aumentaba la tensión de los nervios, ya bastante excitados, de Severus Snape.
Una expresión de ternura pasó por las finas facciones del joven, cuando una pequeña niña, de la mano de su madre le dirigió un efusivo saludo. No estaba acostumbrado al trato con la gente muggle, pero ahora se sintió de pronto atraído hacia ellos. En su ánimo acababa de producirse una especie de revolución. Experimentaba la necesidad de ver seres humanos que no supieran nada sobre magia. Estaba tan hastiado de las angustias y la sombría exaltación que reinaba en su mundo en torno a la derrota de Lord Voldemort durante aquellos últimos días que acababa de vivir en la más completa soledad, que sentía la necesidad de tonificarse en otro mundo, cualquiera que fuese y aunque sólo fuera por unos instantes. Inhaló profundamente, cerrando los ojos, despertando con ello la atención del hombre a su lado.
- Vladimir Rostov fue en otros tiempos un gran amigo de tu padre y mío…- comenzó Snape alzando la voz y atrayendo la mirada de Draco.- Él te recibirá en cuando llegues a Albena. Será probablemente la única persona de la cual puedas fiarte, Draco. ¡Recuérdalo!
- Me lo has dicho demasiadas veces como para olvidarlo.- respondió en una mueca sarcástica, recorriendo el lugar con la mirada.
- ¿Esperas a alguien?- bufó Snape.
- No… Ya no puedo esperar nada.
- No sabes cómo me conmueve tu melodrama…- volvió a bufar sarcástico, con su acidez habitual. Draco volteó a mirarlo divertido, buscando una respuesta igual de ácida para contestar, pero el ruido del tren al anunciar su partida lo interrumpió.- Ya es hora.- Tomó su maleta distraído. Después de haber viajado tantas veces en el expreso de Hogwarts, llenando los vagones con sus baúles, se sentía ridículo con aquella liviana maleta como único equipaje para un viaje sin retorno. Del otro lado le esperaban su dinero, bien resguardado en un banco búlgaro, y un hombre a quien no conocía, y en quien debía depositar su ciega confianza. Siendo un Malfoy, aún uno desterrado, no era la inestabilidad económica lo que podía atemorizarle, sino la incertidumbre de su futuro. ¿Debía esperar terminar sus estudios en Durmstrang y luego, vagar por el mundo? No existía en ese momento una sola razón para tener un plan real que seguir, más que el afecto que tenía por su profesor de Pociones, o cumplir, en cierto modo, el deseo de su padre. Pero nada más.
Tomó el boleto de su bolsillo, repasando el número de asiento asignado, y volteó a mirar a Snape, para una última despedida. ¿Le volvería a ver? Fue su silenciosa pregunta, mientras estrechaba ceremoniosamente la mano del hombre. Y al no tener respuesta, casi sin pensarlo, envolvió a su tutor en un efusivo último abrazo.
- Gracias…- dijo en un murmullo silencioso. El hombre intentó ocultar una expresión nostálgica, y le dejó ir, viendo como el joven daba una última mirada al entorno, en busca de alguien que no llegó, y se introdujo en el vagón sin esperar más. El tren comenzaba a partir.
Sentado junto a la ventanilla del compartimiento, contemplaba aquel particular paisaje que ofrecía la multitud muggle dispuesta en los andenes mientras despedían a quienes partían. Frente a él, un hombre gordo con sombrero leía el periódico, mientras una mujer raquítica a su lado, que parecía ser su esposa, buscaba un modo de acomodar su cabeza para dormir, pero sin lograrlo. El también quería dormir… Dormir, y olvidarlo todo…
El compartimiento volvió a abrirse, dejando entrar a un cuarto pasajero, pero Draco seguía con la mirada perdida en el paisaje que avanzaba frente a él, notando de pronto, como el ambiente soleado de hace unos instantes había cambiado abruptamente dando paso a unas nubes negras. Cerró los ojos y apoyó su ardiente frente sobre el cristal frío. Pero el sueño no se apiadaría de él. A través de sus fatigados párpados la veía a ella….veía su belleza, su boca, sus ojos, veía como sus mejillas ardían en cuando él las tocaba con sus manos… recordaba cómo lo atravesaba una deslumbrante llama cuando acariciaba su piel desnuda. Nunca la había deseado tan desesperadamente como entonces, cuando la sabía perdida…
El pasajero a su lado volvió a moverse, dejando caer un papel que fue advertido por el rabillo del ojo de Draco, yendo a posarse a sus pies. Presa de la cortés educación que se le había inculcado, más que de real entusiasmo, se inclinó a recogerlo. Era el boleto de tren. Y al extenderlo a su dueño, se encontró con un par de ojos color avellana devolviéndole una sonrisa expectante.
No fueron más que un par de segundos los que pasó en aquel estado atónito de que fue presa al verla frente a él, pero desde su perspectiva, le pareció una eternidad.
- Tardé en dar con tu compartimiento…- sonrió ella con un aire infantil. Su cabello lucía más esponjoso que de costumbre, y sus mejillas sonrosadas, como si llegara de una carrera.- El profesor Snape no recordaba el número exacto de tu asiento…- Draco la observaba sin decir palabra, extasiado aún frente a la incredulidad de la escena.- Está lloviendo…- susurró ella, fijando sus ojos a través de la ventana.- No creí que el clima pudiera cambiar tan rápido…- se envolvió a sí misma con sus brazos, estremeciéndose levemente por la sensación de frialdad que despertaba en ella el paisaje.- Creo que tendrás que prestarme algo para cubrirme, al menos hasta que lleguemos a Bulgaria y pueda pedir a mis padres que me envíen mis cosas… No he tenido tiempo de empacar…- seguía, sonriéndose sola, ante la muda comprensión de Draco, quien, sin previo aviso, la atrajo hacia sí, atrapándola en un desesperado beso, del que sólo se separaron cuando la falta de aire les impidió seguir, cuando ambos sonreían, comprendiéndolo todo, mientras el pasado iba siendo dejado atrás, lentamente, lavado por la lluvia.
-Fin-
Hola! Aquí está el final por el cual les he hecho esperar tanto! En verdad espero no haberles defraudado mucho… Como no me gustan los finales abiertos y este último capítulo da mucho a pensar, agregué el epílogo, que fue, a fin de cuentas, lo primero que escribí cuando me surgió la idea de este fic. Admito que está un tanto cambiado de su original, pero me ha gustado así…
Aprovecho de explicar que Albena, para quienes no lo saben, es una ciudad de Bulgaria. ¿Por qué Bulgaria? Porque creo que va bastante bien con Draco… Es un lugar suficientemente distinto y lejano como para que el pueda comenzar de nuevo, y la presencia ahí de Viktor Krum pudo ayudar a Hermione a decidirse. Je je je…
Aquí les dejo también el original de aquel trozo que puse al principio y que tanto me costó traducir. Pertenece al Infierno descrito por Dante. Es el pecado de Francesca de Rimini, quien fue condenada por amar a Paolo (no recuerdo el apellido) pese a que le estaba prohibido. Me parece muy hermoso en verdad…
« Amor, ch'al cor gentil ratto s'apprende
prese costui de la bella persona
che mi fu tolta; e 'l modo ancor m'offende.
Amor, ch'a nullo amato amar perdona,
mi prese del costui piacer sì forte,
che, come vedi, ancor non m'abbandona.
Amor condusse noi ad una morte… »
…«Oh lasso,
quanti dolci pensier, quanto disio
menò costoro al doloroso passo!».
