Disclaimer: La idea original de Harry Potter, así como sus personajes son propiedad de J.K. Rowling, después del último libro podemos dejar volar la imaginación por lo que pudo ser, pero no fue…
CLAROSCURO
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La muerte le sienta bien
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La vida es irónica, te da para quitarte y te quita para darte...mi vida en específico ha sido trágica, desde el instante mismo en el que nací en mi familia. Luego, por mis elecciones amorosas y finalmente por mis creencias. Lo perdí casi todo y solamente un trocito de todo eso que amé me mantiene en pie: mi nieto.
-A.T.B.-
…
- ¿Qué dices?- preguntó el rubio en voz alta y sin dejar ver su alteración, seguramente la mujer estaba exagerando como era costumbre en los de su Casa.
La aludida soltó un suspiro, parecía que lo único que hacía últimamente era suspirar.
- Bueno, al menos creo que moriré sin remedio- explicó mirando hacia el bello jardín de la mansión, jamás imaginó que el lugar de sus pesadillas pudiera tener un paisaje tan hermoso- Lestrange me matará o yo la mataré y, muy probablemente, moriré con ella…en cualquier caso estoy muerta- elaboró un poco más sabiendo que no estaba siendo muy explícita.
- ¿De qué rayos estás hablando Granger?- el hombre no comprendía del todo lo que su antigua compañera le estaba diciendo, aunque la simple mención de su "querida" tía no presagiaba nada bueno.
- Seguramente ya te enteraste que Lestrange mató a la profesora Trelawny- ella lo miró para verlo asentir, lo había leído en el periódico- Lo que voy a decirte es algo delicado y necesito que me prometas no repetirlo- le dijo antes de continuar con la historia.
Draco enarcó una de sus cejas y se cruzó de brazos.
- Como sea- declaró pero la mujer lo miró con dureza- De acuerdo, de acuerdo, lo prometo- aclaró a lo que ella asintió conforme.
- Lestrange asesinó a la profesora debido a una profecía…una que la involucra directamente a ella y, desafortunadamente, a mí- en ese punto contuvo su molestia, su tristeza y su frustración para no llorar ahí mismo- Tal parece que mi destino es enfrentarme a tu demente tía- confesó con un gesto resignado.
Draco parpadeó una vez. Dos veces. Tres veces. Y suspiró.
- No creí que fueras de esa clase de personas- dijo en un tono algo decepcionado, ella lo miró confundida- No pensé que dejarías que tu vida girara en torno a una tonta profecía...
- ¿Y tú crees que quiero hacer esto?- le reclamó indignada ante tal acusación- Suficiente tuve con la profecía de Harry, la cual por cierto no resultó ser un fraude o una tontería, además marcó la vida de Harry para siempre. Como si eso fuera poco, ahora yo tengo una exclusivamente para mí y no puedo ignorarla porque ya la escuché, todos la escucharon y no pienso esconderme. Así que ¡no tengo otra opción!- vociferó mirándolo con esa furia que sabía él no merecía pero que realmente necesitaba descargar en alguien, sentía cómo todo ese enojo al sentirse un títere en las manos del supuesto destino luchaba por explotar.
El hombre se mantuvo estoico, sabía que en esa ocasión la furia de la mujer no era para él, así que no se alteró, luego decidió hablar.
- No seas estúpida Granger, claro que tienes otras opciones por más que te esfuerces en creer lo contrario- le dijo el rubio sin mostrarse afectado en lo más mínimo por la furia de esa mujer.
Ante eso, ella soltó una risita amarga.
- ¿Opciones? Si Lestrange robó la profecía e intentó asegurarse que nadie más la supiera, quiere decir que por lo menos cree en ella. Además, estoy segura que llegará a la misma conclusión que nosotros y vendrá a buscarme, en eso no tengo elección- dijo bajando su tono, pero no así su molestia. Malfoy no la comprendía porque no estaba en su posición.
- Tu poder de elección no recae en si ella vendrá o no por ti- negó el otro- Con profecía o sin ella, tú no permitirías que ella ganara ¿o sí? ¿Acaso correrías para salvarte?- la castaña negó sin pensarlo dos veces- Entonces de cualquier forma tendrías que enfrentarla en algún punto, así pues lo que tienes que decidir es si vivirás o morirás cuando llegue ese momento...y sinceramente creo que tu elección se reduce a algo muy simple, ¿no lo crees?- razonó como si fuera lo más obvio del mundo y le extrañara que ella no lo dedujera por su cuenta.
Hermione lo miró un poco desconcertada y finalmente ceñuda, la estaba subestimando.
- No es tan sencillo- declaró regresando a su actitud cansada del comienzo, los cambios de humor le incomodaban pues parecía ser nuevamente una adolescente. Ahora comprendía un poco más a Harry cuando explotaba, la presión de una profecía era abrumadora y eso que solamente llevaba algunos días con ella; no quería imaginar el vivir años así.
- Nadie dijo que lo fuera- respondió el hombre de una manera extrañamente comprensiva.
Draco había tenido que hacer muchas cosas a lo largo de su vida debido a que él había elegido no morir. El joven hombre sabía de lo que hablaba por más duro y directo que fuera al decir las cosas, de nada servía suavizar la realidad. Pasó por muchas cosas y cometió muchos errores para encontrar su camino sin embargo, lo único que nunca pudo aceptar era que su destino fuera predicho por alguien que no fuera él mismo. Y la mujer lo comprendió.
Hermione sabía que Malfoy había pasado por mucho y lo que le decía era la verdad. Aún así, ella no era una heroína, una aventurera sin miedo alguno, por más que le costase admitirlo, se desenvolvía mejor con libros que con peleas. No importaba cómo la etiquetara el mundo luego de la guerra, la realidad era que ella sencillamente estuvo ahí y no dejó a Harry nunca, pero no hubiera hecho nada por su cuenta de haber sido otro el caso…
Además tenía miedo.
Miedo de fallarle a sus seres queridos.
Miedo de no volver a verlos.
Miedo de morir...
Sus ojos se humedecieron involuntariamente.
- Mírame- rio sin rastro de humor- No soy más que una cobarde que huyó cuando las cosas se pusieron complicadas para sí misma...y aun así me atrevo a llamarme una gryffindor...debo ser la vergüenza de mi Casa…- se reprochó finalmente.
El hombre no dejó de mirarla analizando sus reacciones.
- El valor no es precisamente la ausencia de miedo, de hecho tener miedo es algo bueno, algo que te permitirá sobrevivir todo esto- declaró mirándola con total seriedad y recordando cómo aprendió esa lección, luego bufó- Además, si tuviera amigos tan molestos como los tuyos, también huiría de ellos. No te culpo- ante semejante comentario, la castaña no pudo evitar rodar los ojos.
- Gracias Malfoy- comentó tratando de contener el llanto, sabía que la estaba tratando de animar.
- No me lo agradezcas Granger, el que estés aquí y te hable de estas tonterías, es solamente porque te pienso usar en mi beneficio ¿acaso no te das cuenta que te estoy manipulando? Soy un slytherin después de todo- espetó el hombre cruzándose de brazos con fingida indignación.
Ella se atrevió a esbozar una sonrisa, luego cambió de tema.
- Hablando de beneficios para los tuyos, reunámonos con tu madre ¿quieres?- pidió con un leve toque de ansiedad en la voz.
El rubio asintió, pues lo que se hablara de Bellatrix también concernía a su progenitora, eran hermanas a pesar de todo; y era su tía por más que le repugnara la idea.
Los dos caminaron hacia otra sección de la mansión en busca de Narcisa, a quien encontraron en la sala de estar tomando el té de la mañana como era su costumbre.
La mujer levantó su mirada observando a su hijo caminando a un lado de su invitada y, casi por instinto, les regaló una sonrisa.
- Me alegra verla despierta señorita Granger, confío en que se sienta mejor- saludó con su impecable educación y sin mostrarse sorprendida de verla.
- Estoy mejor, gracias señora Malfoy- respondió la castaña sentándose en uno de los sillones al igual que Draco, de tal forma que ella quedó encarando a ambos rubios.
- ¿Vas a decirnos qué hacías en el salón de hechizos?- el ojigris seguía con esa duda desde que su madre le comentó sobre la petición de la otra.
- Trataré- suspiró ésta mirando a sus interlocutores para comprobar que éstos la miraban atentamente- En primer lugar, deben saber que logré recuperar las páginas del libro que me prestaste y me tomé la libertad de regresarlo a tu biblioteca.- inició mirando a Draco- Al parecer, Lestrange usó un sortilegio extremadamente complicado para manipular su alma de tal manera que engañó a la Muerte misma...es una idea algo complicada y definitivamente involucra muchas Artes Obscuras pero lo consiguió- trató de explicar lo más claramente posible aunque sin mencionar la palabra horcrux en ningún momento.
- ¿Por qué nos dices esto?- inquirió la rubia poco acostumbrada a recibir información tan libremente.
- Porque creo que tienen derecho a saberlo, están en peligro al igual que nosotros y además Lestrange es su familiar pese a todo- respondió la castaña.
- Lo es, y realmente no me sorprende que mi hermana que haya encontrado la forma de evadir a la Muerte; después de todo nunca se ha caracterizado por su coherencia ni mucho menos por su inocencia- soltó Narcisa entre enojada y preocupada por lo que le decía de Bella.
- Pues lo hizo y, por más que sea duro, debo admitir que es una bruja brillante- agregó Hermione con pesar- Además, todo indica que tanto ella como yo, descubrimos un hechizo muy similar que sirve para crear trasladores más poderosos y mucho más precisos que los usados regularmente por el Ministerio de Magia- confesó sin que le gustase en lo absoluto aparecer en una misma oración junto a esa mujer.
- Lo que dices ¿tiene algo que ver con los anillos que había en el salón de hechizos?- inquirió el rubio extrayendo una cajita de su túnica donde reposaban las alianzas, 15 idénticas piezas de plata.
- Exacto- sonrió la castaña tomando la cajita ofrecida feliz de ver a su más reciente creación frente a ella- Estos anillos son trasladores con un solo destino programado, ninguna barrera mágica es capaz de detenerlos a excepción del Fidelius. Lo mejor de todo es que no se activan con un tiempo definido sino mediante unas palabras clave y pueden usarse cuantas veces sea necesario- detalló un poco.
- Debo decir que ese tipo de magia es impresionante, no me sorprende que haya dormido tanto si hizo esto usted sola- comentó la rubia sinceramente admirada, y no era sencillo impresionarla después de todo había sido una estudiante bastante decente en su época- ¿Dice entonces que mi hermana también tiene este tipo de traslador?
- Así es, desgraciadamente por eso ha sido capaz de aparecer en casi cualquier lado sin importar las barreras puestas- respondió.
- ¿Y qué te llevó a cometer la locura de hechizar tantos? Tu corteza mágica pudo haber salido permanentemente afectada- gruñó Draco sin delicadeza alguna.
- Son para emergencias, Harry sugirió que hiciera uno para todos...
- Claro, San Potter y sus brillantes ideas- escupió el hombre con odio, la castaña le dirigió una mirada de advertencia, no terminaba de comprender ese inesperado comportamiento del rubio, era casi como si estuviera preocupado por ella…
- Cada uno de los anillos tiene la dirección de un lugar protegido por el Fidelius, que es donde estamos nosotros- retomó el tema principal tomando dos de los anillos plateados con una mano- Y estos dos, son para ustedes- ofreció con sutileza, no quería herir el orgullo de los Malfoy.
Ambos rubios se quedaron mudos por semejante declaración, ¿por qué les daría algo así esa joven mujer? No les debía nada, no eran nada para ella. Ninguno hizo gesto de tomar las alianzas.
- No creo que sus amigos acepten este ofrecimiento que nos hace- habló Narcisa torciendo ligeramente la boca. Era una mujer astuta por eso sabía que aceptar ese favor era deberle una deuda grande a la castaña, y era algo que el joven Potter no vería con buenos ojos.
- Tendrán que respetar mi decisión, como dije, ustedes corren tanto peligro como nosotros- declaró la otra con firmeza- Claro que los anillos por sí solos no los dejarán pasar por el Fidelius, pero los demás sabrán de su llegada y tendrán que recibirlos. Por si acaso pasara algo...- agregó sin dejar de ofrecerles los anillos.
Draco miró el ofrecimiento con algo parecido al desprecio, no por ella sino por la intención.
- Granger, te dije claramente que no aceptaría tu caridad- soltó a lo que Narcisa lo miró preocupada, el orgullo Malfoy era difícil de olvidar.
- No es caridad Malfoy, tómalo como un agradecimiento por haberme recibido en tu casa. O bien como el resultado de tu espléndida manipulación de mi persona- explicó tratando de obligarlo a aceptar los trasladores.
Draco la miró con intensidad durante unos eternos segundos, tratando de encontrar en ella signos de mentira o de compasión, pero no vio ninguno. Finalmente, tomó los anillos dándole uno a su madre quien lo aceptó emitiendo un casi imperceptible suspiro aliviado, al menos su hijo tendría una oportunidad de escapar si las cosas se ponían feas.
- Gracias- articuló la rubia poniéndose la alianza con facilidad.
- Estaremos en contacto- asintió Hermione poniéndose de pie con lentitud, aún estaba cansada.
- ¿Te vas?- increpó el rubio levantándose también por reflejo.
- Ya he abusado bastante de su hospitalidad- sonrió ligeramente la joven castaña divertida porque jamás creyó que pudiera usar la palabra hospitalidad dirigida a los Malfoy, mucho menos en esa casa, pero la vida daba muchas vueltas.
- ¿No crees que olvidas algo?- volvió a preguntar mientras se colocaba su nuevo anillo como si no fuera la gran cosa. Ella enarcó una ceja sin saber a qué se refería- ¿Cuál es la frase de activación de estas cosas?- inquirió.
La castaña sonrió divertida por lo que diría.
- 'Toujours pur'- pronunció fuerte y claro desapareciendo frente a la mirada de ambos rubios, había activado su anillo a propósito.
'Siempre puros' ese era el lema de la Noble y Ancestral Casa de los Black.
Narcisa sonrió, a Bella le daría un infarto cuando se enterara de eso.
La ironía era perfecta.
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- Tengo antojo de fresas con crema Edward- declaró la muy embarazada mujer mirando a su marido con dulzura. Él suspiró.
- Kreacher, ¿podrías...?- sin que terminara la pregunta, un tazón de fresas con crema se materializó en las manos de la ojiazul para su gran deleite- Gracias- sonrió el hombre mirando al elfo con sincero agradecimiento pues no había tenido que moverse en lo absoluto.
- Lo que desee señor Granger- reverenció la criatura desapareciendo de la sala principal.
- Ahí lo tienes, no podrás decir que no te atiendo bien- sonrió Edward, pero su esposa no le hizo caso pues ya estaba entretenida comiendo su postre.
El hombre Granger estaba complacido, ese embarazo sería muy cómodo para él con el elfo ayudándolo con cada capricho de su esposa. ¿Podría llevárselo a su casa? Debía de preguntarle a su hija, claro, cuando ésta decidiera aparecer.
Con la llegada de noviembre, la barriga de Jane había comenzado a crecer más notoriamente y era constantemente admirada por eso. Siendo la única mujer embarazada de la casa, todos querían ayudarla en lo posible aligerando así el trabajo de Edward Granger todavía más. De hecho, Molly Weasley era su principal aliada, pues casi cada segundo verificaba que Jane tuviera todas las comodidades posibles.
- Cuando Hermione aparezca, me va a escuchar- declaró Jane ya terminando con su postre- Se altera por algo que nadie nos quiere decir, desaparece sin despedirse de nosotros y encima no nos manda ninguna señal de vida, ¡somos sus padres!- declaró con extrema seriedad.
- Tienes razón querida, nuestra hija es una desconsiderada, cuando regrese la dejaremos sin cenar y cancelaremos todas sus salidas- secundó Edward con una nota de sarcasmo en su voz, luego rio sonoramente- Hermione ya está grande amor, sabe lo que hace. Y si bien somos sus padres, somos muffles y eso- añadió más serio.
- Aún así, es mi pequeña…y se dice muggles- objetó la mujer con melancolía, rodeada de tantos magos había aprendido a pronunciar correctamente ciertas palabras.
- Y siempre será nuestra pequeña, pero debemos entender que es una mujer muy capaz y extremadamente independiente- dijo abrazándola con ternura.
Así los encontró su única hija (de momento) y no pudo evitar exhibir una enorme sonrisa. Comprobaba que a pesar de los años, sus padres se amaban mucho y ella, desde pequeña, siempre deseó encontrar a alguien así, pero las circunstancias no se lo habían permitido. Menos ahora.
- ¿Hija?- su madre no tardó ni cinco segundos en detectar su presencia y se levantó rápidamente a abrazarla, su padre la imitó- ¿Cómo estás? Te noto más delgada ¿dónde estuviste? Estábamos preocupados- la interrogó la mujer examinándola a detalle una vez roto el abrazo familiar.
- Huye así de nuevo y olvídate de salir a fiestas jovencita- bromeó su padre quitándole hierro al asunto. Ella rio un poco ante esa declaración.
- Estoy bien mamá, papá- los tranquilizó dejándose examinar, era bueno sentirse tan querida- Solamente estoy un poco cansada, pero me quedé en un lugar seguro...necesitaba tiempo para pensar, siento haberlos preocupado- explicó.
- ¿Pensar qué? ¿Qué es lo que está pasando? Aquí todos se ven muy nerviosos y no nos quieren decir nada, ¿es algo relacionado con el peligro de su mundo?- reclamó Edward recordando su indignación ante esa aparente falta de comunicación, ¿los discriminaban por ser muffles?
- Supongo que no se los dijeron porque creyeron que yo debería hacerlo- suspiró mirándolos fijamente, iba a decirles la verdad, antes les había ocultado muchas cosas para protegerlos pero, luego de Australia, les había prometido ser honesta con ellos- Una peligrosa hechicera que creíamos muerta, Bellatrix Lestrange, quien fue la mano derecha de Voldemort durante la guerra pasada…está viva.
- ¿Lestrange? ¿Ese no es el nombre de la mujer que te hizo daño?- la interrumpió su padre señalando la tenue cicatriz de su garganta.
Hermione la cubrió con su mano inconscientemente sintiendo la parte donde su piel estaba marcada permanentemente.
- Así es…
- ¿Cómo es posible que esté viva? ¿Es alguna especie de zombie o los engañó a todos?- insistió su padre mientras su madre no dejaba de mirarla.
- Ambas cosas- suspiró- Sé que es complicado pero Lestrange logró engañar a la Muerte y a nosotros, ahora nos quiere muertos por lo que le hicimos a su amo y sabe de un hechizo que le permite aparecerse en casi cualquier lado; no en éste claro- los tranquilizó al ver que su padre se comenzaba a alterar.
- ¿Qué tienen que ver contigo?- habló su madre con tono firme.
La chica miró a la mujer a los ojos y no se atrevió a ocultarle la verdad, después de todo ellos eran parte de su vida y sería así hasta el momento de su muerte.
- Existe una profecía de hace 5 años, la cual dice que ella y yo debemos enfrentarnos- resumió sin querer entrar en detalles técnicos, y como si ya no le afectara. La realidad era que aún no lo asimilaba por completo pero, en su breve retiro, había entendido algo muy importante: ante todo, quería vivir. Malfoy le había ayudado a comprenderlo, y esa era su elección con o sin profecía de por medio.
- ¿Qué?- su madre se quedó en shock ante tal declaración, era inaudito- ¡No!- vociferó al procesarlo todo- ¡No te dejaré! ¡No te involucrarás en estas cosas de nuevo! ¡Me niego! ¡Nos vamos a Australia ahora mismo! ¡Allá viviremos tranquilos y sin cosas mágicas! ¡Prepara las maletas Edward y consigue un vuelo de inmediato!- añadió visiblemente alterada.
Hermione miró a su madre con un profundo cariño, sabía que se preocupaba por su bienestar y todo lo que hacía era en pos del mismo.
- Si deciden irse, lo entenderé. Pero yo no puedo ir con ustedes- negó ella con suavidad tomando a Jane de la mano en un intento de calmarla.
- ¡¿Por qué no?! ¡Eres nuestra hija! ¡Tienes que venir con nosotros!- bramó también Edward visiblemente alterado, él tenía toda la intención de ir a empacar y largarse del país lo más pronto posible.
- No puedo irme porque aquí me necesitan- negó con firmeza- No puedo abandonar a las personas que he aprendido a querer como parte de mi familia.- explicó sintiéndose culpable por causarles pesar a sus padres pero decidida a quedarse. Como le dijo a Malfoy, no huiría.
Los dos adultos se miraron con preocupación pero detuvieron su frenética marcha. Jane soltó un sonoro suspiro y Edward se pasó una mano por su crespa cabellera.
- ¿Acaso siempre será así?- preguntó su padre al captar la mirada de resolución en el rostro de su hija, era la misma que ponía su esposa cuando quería hacer algo y no había nada que la doblegara.
La castaña menor no tuvo el valor de responderle, sus padres no tenían porqué pasar por todo esto. Tal vez lo mejor hubiese sido haberlos dejado en Australia sin recuerdos de ella o de su mundo. A lo mejor así hubieran sido más felices, estarían mejor solos que con una hija que les complicaba siempre la vida de una manera o de otra.
Podía hacerlo de nuevo, mandarlos de regreso. Ellos tendrían un hijo para alegrarles la vida y ella saldría de la suya otra vez, aunque ahora de manera definitiva. Quizás...
- Ni siquiera lo pienses jovencita- le advirtió su madre como leyéndole la mente- No queremos que nos vuelvas a desterrar del país sin memoria tuya. Si nos vamos, nos iremos contigo...
- Y si te quedas, nos quedaremos contigo- completó su padre abrazando a su esposa para contagiarse de la fortaleza que ella irradiaba- Te amamos pequeña y, pase lo que pase, estaremos juntos. Lidiaremos con esta profecía y con todo lo que venga como la familia que somos- sonrió tomando a su hija de la mano.
- Gracias- la aludida no pudo contener las lágrimas de emoción, sus padres eran los mejores padres del mundo porque no le dieron la espalda y respetaban su decisión.
Los tres Granger (y el futuro bebé) se abrazaron con fuerza. Ese era uno de los momentos que quedaban grabados en la memoria y que nadie podría quitarles. Mientras vivieran, tendrían esperanza en el mañana y de un futuro mejor porque estaban juntos.
- ¡A desayunar!- interrumpió una voz conocida entrando a la sala para recolectar a los que estaban ahí- ¿Hermione?- la matriarca Weasley reconoció a la castaña- ¡Hermione, querida!- se abalanzó hacia ella abrazándola como a una hija perdida.
Los otros dos se apartaron un poco sonriendo a la regordeta mujer que quería a su Hermione como a otro de sus tantos hijos. Estaban agradecidos porque su pequeña tuviera a tantas personas dispuestas a quererla con tanto fervor y sinceridad, al mismo tiempos también pudieron comprender mejor las razones de su hija al querer quedarse a ayudar a los suyos.
No podían pedirle que los abandonara, no con el corazón tan noble que su hija tenía y del cual estaban sumamente orgullosos.
La conmoción atrajo a todos los que estaban en la casa. Pronto, todos ellos invadieron la sala para encarar a la recién retornada mujer.
- ¿Se puede saber dónde te habías metido? Te buscamos por todos lados- reclamó Ron abriéndose paso sin titubeos para abrazarla fieramente, era su mejor amiga después de todo.
Los demás lo imitaron aliviados de verla, todos excepto Harry quien esperó a que los otros terminaran y se colocó frente a su mejor amiga mirándola con una profundidad desconocida.
- ¿Lista?- le preguntó.
La sala quedó en silencio, esos dos hablaban del 'tema'.
- No- respondió ella con sinceridad.
- Eso quería escuchar- sonrió el pelinegro finalmente envolviéndola entre sus brazos- Siempre estaré a tu lado, como tú estuviste al mío y ganaremos como aquella vez, no estás sola- agregó sólo para que ella lo escuchara.
Hermione asintió agradecida por el gesto, no estaba sola, nunca lo estuvo.
De la nada, una sensación de agotamiento la inundó pero antes de rendirse a ella, debía hacer algo más.
- Antes de que lo olvide- se separó del abrazo sacando una cajita de su túnica- Les traje un regalo- declaró.
15 anillos plateados salieron de la caja colocándose en el debo índice izquierdo de cada adulto.
Luego, como si no hubiera sido ya suficiente, todo se volvió negro para la castaña.
Maldecía su vulnerabilidad.
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- ¿Crees que sospechen de mí?- preguntó una ronca voz con desdén.
- No, nunca has sido lo suficientemente importante para eso querido- rio una mujer de negra cabellera sentada frente a un antiguo escritorio.
- Harías bien en recordar quién recuperó tu cadáver antes de que los inútiles del Ministerio lo quemaran- espetó el hombre con el orgullo herido.
- Y tú harías bien en recordar que yo era esposa de tu hermano y no la tuya, así que no pretendas intimidarme- escupió ella mirando con amenaza al hombre de cabello marrón.
Rabastán Lestrange hizo una mueca amarga sin poder responderle a la mujer. Era cierto después de todo.
Bellatrix había sido esposa de Rodolphus, su hermano mayor y heredero de la familia, el primogénito.
Aunque ahora las cosas eran muy diferentes pues él había sobrevivido y Rodolphus no.
Durante la última batalla, donde su Señor había sido derrotado, él se había mantenido siempre con la guardia en alto. Había visto caer a su hermano y finalmente a su cuñada, pero aún tenía tiempo de remediar ese trágico hecho. Recordó que Bella le había comentado algo sobre los fragmentos de su alma y de cómo traerla de regreso, así que se apresuró a correr al lado de la mujer para recuperar su cuerpo dejando el de otra persona a cambio y no levantar sospechas hasta que fuera demasiado tarde.
Luego huyó.
Nadie notó su ausencia, asumieron que había muerto o que simplemente se había dado a la fuga. Cuando llegó a una de sus propiedades protegida mágicamente, inició con el ritual; algo extremadamente complicado cabe mencionar pero Rabastán no era ningún incompetente, quizás siempre fue opacado por la sombra de su hermano mayor, pero él mismo se había graduado con honores y se dedicaba a la investigación de las Artes Obscuras.
Bellatrix fue quien le proporcionó toda la información para regresarla a la vida utilizando un objeto muy preciado para ella y él se había dedicado a estudiar ese tipo de magia por si las dudas.
Por desgracia, su poder mágico no era el de antes y, aunque logró revivir a Bella, la mujer quedó en una especie de coma mágico y, cuando despertó, seguía creyendo que la batalla final acababa de terminar.
Ahora él, Rabastán, era el heredero de la familia y como tal, todo lo que fue de su hermano le pertenecía. Incluyéndola a ella. Le gustara o no.
- Pero ahora me perteneces a mí porque él está muerto- declaró el hombre de fría mirada color obsidiana.
- Yo no le pertenezco a nadie, Rabastán- negó la mujer comenzando a enfadarse.
- Eso ya lo veremos- con eso, la tomó del brazo con rudeza y la besó con furia en un intento de imponer su poderío.
Bellatrix no trató de apartarse, se entregó al gesto con fiereza y mordió con fuerza uno de los labios del otro hasta hacerlo sangrar.
- Consideraré tu propuesta- rio divertida lamiendo la sangre que había manchado sus labios con una perversa sonrisa.
- Perra- escupió el hombre ante el dolor.
- ¿Tienes suficientes cadáveres para una ataque?- cambió de tema la ojigris paseándose por la biblioteca de su escondite. Estaban en una de las casas de seguridad de la familia Lestrange, oculta por un sinfín de maldiciones.
- Desde luego- gruñó él recordando que la mujer era quien estaba orquestando todo el plan, él solamente seguía órdenes como en el pasado.
- Envíalos entonces al estúpido Callejón Diagon, necesitamos que los "héroes" salgan de sus madrigueras- ordenó con perversidad- Tú ve con ellos y asegúrate de crear un distracción.
- ¿A dónde irás tú?
- Yo debo hacer una visita a la familia política- comentó con una sonrisa torcida- Estoy segura que el bueno de mi cuñado se muere por verme- rio murmurando unas palabras para luego desaparecer.
Rabastán sonrió de lado creyendo que Bellatrix se veía más hermosa que nunca. La muerte sólo había acentuado su siniestra belleza.
Maldita.
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- ¡Harry, la alarma!- exclamó un joven auror llegando al escritorio del pelinegro.
- ¿Qué pasa Terry?- inquirió el aludido siguiendo a su compañero hacia el punto de aparición de su Oficina. A su alrededor, todos se movilizaban rápidamente.
- No lo sé, pero la Patrulla Mágica nos llama con urgencia al Callejón Diagon. Necesitan refuerzos- dijo Boot con preocupación, muchos de sus conocidos frecuentaban ese lugar.
Harry desapareció en cuanto pudo preocupado sobretodo por George y Angelina quienes trabajaban ahí en la tienda de bromas. Debía apresurarse.
Reapareció en medio del caos.
Innumerables personas corrían por todo el sitio, mientras los miembros de la Patrulla Mágica trataban de protegerlos luchando contra unas criaturas de apariencia putrefacta y aroma desagradable.
Inferis.
El ojiverde sintió un escalofrío al recordar la experiencia que tuvo con ellos en la cueva maldita durante su sexto año de colegio. Algunas veces todavía tenía pesadillas con lo que sucedió aquella noche y los eventos que desencadenó. Los inferi eran unas criaturas de lo más repugnantes y terroríficas, formadas de magia negra tan perversa que su creador debía de ser un monstruo.
No lo pensó más y se lanzó al ataque junto a Terry y su equipo de aurores, siempre cubriéndose las espaldas los unos a los otros. Robards estaba al frente tratando de dar instrucciones a los guardias de la Patrulla quienes retrocedieron al ver que la caballería había llegado.
Los aurores comenzaron a cercar a los cadáveres concentrándolos en un área despoblada. Sabían cómo podían derrotarlos y lo harían como los profesionales que eran. Una vez cercados, los aurores se posicionaron estratégicamente en dos filas intercaladas para realizar dos hechizos simultáneos y en conjunto con la finalidad de darle mayor poder y dirección a su magia.
A una orden, un resplandeciente escudo dorado protegió la zona del Callejón Diagon mientras una poderosa llamarada envolvía a los inferis con una intensidad devastadora. El resplandor que generaron esas llamas semejó a una supernova, fue simplemente cegador.
- ¡Suficiente!- a la orden de Robards, el fuego se detuvo.
Los demás miraron expectantes el lugar donde habían estado los cadáveres putrefactos, el humo lo cubría todo y les reducía su campo de visibilidad.
De pronto, detectaron movimiento y una serie de manos en descomposición emergieron de la cortina de humo.
- ¡Siguen de pie! ¡Ataquen!- gritó el jefe de Aurores desconcertado porque aún quedara en pie una tercera parte del ejército de inferis. Se suponía que el fuego era su debilidad...
Harry también se sorprendió por ese peculiar hecho, en la academia le había recalcado que los inferis sucumbían ante el fuego. Tal vez alguien los había protegido mediante algún conjuro…
- ¡Agáchate Terry!- le gritó a su compañero al ver que un rayo iba en su dirección.
Boot se lanzó al suelo sin titubear salvándose de la maldición mientras Harry le quitaba a un inferi de encima. Pronto, más rayos comenzaron a atacar a los aurores quienes estaban ocupados con los cadáveres y no esperaban un ataque mágico.
- ¡No están solos!- exclamó otro auror tratando de localizar al mago responsable de ese ataque.
Antes que nadie, el ojiverde lo vio.
Era una delgada figura cubierta por una gran capa negra. Saltaba ágilmente por los techos de los locales lanzando maldiciones con singular maestría.
'Lestrange' pensó Harry agriando su gesto y corriendo tras el encapuchado. Lo que el pelinegro no sabía era que iba tras el Lestrange equivocado.
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Azkabán era un lugar deprimente, húmedo y ruin.
Los dementores aún lo rondaban alimentándose de todo recuerdo feliz que los prisioneros osaran tratar de atesorar, su deber era arrebatarles todo rastro de esperanza a esas miserables almas condenadas.
En una de esas frías e inmundas celdas, vivía Lucius Abraxas Malfoy.
El que antes había sido un prepotente mago de orgullosa sangre pura, ahora estaba reducido a un montón de andrajos colgados de una esquelética figura.
Cinco años ahí, y todo lo que era había sido destruido.
- Patético, cuñadito- resonó una cruel voz aparecida de la nada.
El rubio se alarmó en el acto comenzando a mirar frenéticamente a su alrededor.
- ¿Quién está ahí?- preguntó con una voz rasposa luego de tanto haberla usado para gritar de terror, temía estar escuchando voces.
- ¿No me digas que ya te olvidaste de mí?- preguntó la misma voz dando paso a la figura de una mujer de cruel mirada.
- Bellatrix...- la reconoció el hombre poniéndose de pie con un débil salto. Se pegó contra la pared más próxima y sus piernas comenzaron a temblar por miedo y debilidad.
- La misma Lucius- espetó la mujer mirando al otro con asco- Eres patético, yo lucía mejor que tú a los 14 años de estar aquí encerrada; tú solamente llevas 5 y ya pareces una piltrafa- agregó jugueteando un poco con su varita, era una manía suya.
- Tú estás muerta... ¡¿Qué clase de truco es este?!- vociferó el rubio con desesperación y sin dejar de mirar a todos lados en busca de algo que le indicara que estaba en un pesadilla.
- Calma cuñadito, no queremos llamar la atención- lo calló ella con diversión- No soy un fantasma, pero ciertamente vengo por tu alma- explicó infundiendo terror en el otro.
- ¿Por qué vives?- preguntó visiblemente alterado- Deberías estar muerta...yo te vi. Te vi caer. No puedes estar aquí...- balbuceó poniéndose más pálido que nunca.
- Sí, todos me dicen lo mismo. La muerte me sienta bien, ¿no lo crees?- rio acercándose al hombre lentamente, como un depredador hiciera con su presa- Ahora, quiero que me digas porqué le diste la espalda una vez más al Señor Tenebroso- espetó tomándolo con fuerza de la barbilla sin rasurar, él no se pudo resistir.
- Estábamos perdiendo...Potter derrotó al Señor Tenebroso...tuve que rendirme...- confesó sin fuerzas para liberarse del brusco agarre de su cuñada.
- Claramente hiciste más que eso o te hubieran condenado al Beso- le escupió sin soltarlo- Me das asco, tu familia entera es un deshonor para nuestra clase- lo lanzó al suelo bruscamente.
- ¡Ellos no tienen la culpa! ¡Yo los obligué!- gritó el hombre desde el frío piso, esa mujer podía lastimar a su esposa e hijo aunque compartiera lazos sanguíneos con ellos.
- No te rebajes más cuñadito, no te favorece- le dijo la pelinegra sin rastro alguno de compasión.
- ¿Qué quieres?- le preguntó Lucius con preocupación, le temía.
- ¿De ti o del mundo?- rio la otra- Bueno, no importa. Supongo que tu marca ha resentido algo de mis últimos conjuros- él asintió recordando cómo su marca pugnaba por reaparecer dolorosamente- Pues planeo restaurarla por completo, reunir a los fieles sobrevivientes y crear un nuevo orden. Claro que para eso, primero tengo que deshacerme de algunos estorbos- declaró con una mirada perturbadoramente excitada.
- Si me das una oportunidad...- rogó el hombre Malfoy dejando de lado todo el orgullo que alguna vez poseyó.
- No- negó ella- Lo único que aborrezco más que a los sangre sucia, son a los traidores. Y tú, Lucius, eres uno muy grande- enarboló su varita- Eliminaré a todos los que lleven tu apellido empezando contigo- afirmó como si fuera un hecho y sólo faltara tiempo.
El hombre la miró con terror y supo que su muerte no sería rápida, sino agónicamente lenta.
Los gritos de su celda no alteraron a los guardias de la prisión. Los dementores siguieron rondando los pasillos de la prisión como si nada.
Y Azkabán siguió firme en medio de las tumultuosas olas.
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Narcisa dejó caer su taza de fina porcelana al suelo donde se rompió en mil pedazos.
- ¿Señora Malfoy, está bien?- su elfo apareció para limpiar el desastre.
La mujer se llevó una mano al pecho y comenzó a respirar agitadamente.
Presentía que algo malo había pasado, algo irremediable y nefasto.
- Busca a mi hijo...- logró articular sin perder su expresión de pánico.
- ¿Peck debe llamar a un sanador...?- el elfo estaba preocupado por su ama.
- ¡Busca a mi hijo!- gritó la rubia con fuerza.
Peck desapareció al instante incapaz de desobedecer una orden tan directa.
Narcisa esperó con impaciencia noticias de su único hijo. Algo estaba mal, el dolor en su pecho no era normal. Temía por Draco y no podía dejar de imaginar los peores escenarios.
Con un estruendo, Draco entró a la salita donde estaba su madre, acercándose a ella con evidente preocupación en sus ojos metálicos.
- Madre ¿estás bien?- le preguntó sentándose a su lado.
Ella lo abrazó con alivio.
- ¡Gracias a Merlín que estás bien!- exclamó realmente aliviada pero rápidamente se dio cuenta de lo que eso implicaba- ¡Oh hijo! Si no eres tú, entones...- contuvo un sollozo.
- ¿Qué? ¿De qué hablas madre?- se extrañó el rubio ante la actitud de la mayor, algo grave sucedía si ella se alteraba a tal grado.
- ¡Tu padre, Draco! ¡Algo le pasó a tu padre!- confesó sin separarse del abrazo de su hijo. Sollozó.
Y él sintió un peso en su corazón.
Su madre nunca se equivocaba en esas cosas.
'Padre' pensó con angustia.
Porque a pesar de todo, del dolor, la duda, el sufrimiento, los gritos, las frías miradas y la guerra, Lucius seguía siendo su padre y estaba seguro que ese hombre de aparente frialdad lo quería como a nadie.
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Luna llegó corriendo a Grimmauld Place, normalmente caminaba pero esa ocasión ameritaba el que invierta mayor energía para llegar a su destino.
No saludó a nadie ni se molestó en buscar a su novio, simplemente entró a una habitación conocida sin tocar a la puerta.
- ¿Luna?- el pelinegro la miró con cierta sorpresa, estaba sentado en su escritorio leyendo algunos pergaminos seguramente del trabajo.
- Harry, tengo el hechizo- le dijo con una sonrisa triunfante.
El otro supo exactamente a lo que se refería, era el hechizo para saber cuántos horcruxes había creado la mujer.
- De acuerdo, convocaré una reunión…
- No hay tiempo, debemos hacer el ritual esta misma noche si queremos aprovechar la luna llena- instó la rubia- Tengo acceso para ocupar la Cámara de la Muerte- agregó.
- ¿El Velo? ¿Realmente lo necesitamos para esto?- preguntó el otro comenzando a formar planes en su mente, se puso de pie y tomó su túnica dispuesto a seguir a su amiga; pese a que el Velo le trajera malos recuerdos iría si eso se requería de él.
- Es nuestra conexión más cercana con la Muerte- asintió la mujer dando media vuelta- Necesitamos dos personas más, tú ve por Andrómeda y yo iré por Hermione- agregó saliendo de la habitación.
Harry asintió saliendo tras ella y caminando a paso veloz rumbo a la habitación de Andrómeda Tonks, una vez ahí tocó la puerta dos veces.
- Adelante- escuchó la voz de la mujer y abrió la puerta encontrándola arropando a Teddy quien ya estaba dormido- Buenas noches Harry, ¿pasa algo?- le preguntó en un tono bajo para no despertar al niño.
- Necesito de tu ayuda- declaró con seriedad, a lo que la mujer asintió tomando su varita y su capa.
- Cuenta con ella ¿qué debo hacer?- preguntó.
- Vamos al Ministerio, Luna tiene el hechizo para saber cuántos horcruxes tiene Lestrange- explicó sin él mismo tener toda la información.
- De acuerdo, permíteme decirle a Molly que cuide de Teddy.
- Nos vemos en la sala- asintió el hombre saliendo del cuarto para encaminarse precisamente a ese lugar donde Hermione y Luna discutían airadamente, bueno, donde Hermione gritaba y Luna la escuchaba.
- ¡No puedes obligarla a pasar por eso!- espetó Hermione con fervor, mientras Luna la miraba impasiblemente.
- Es necesario…
- Puede ser otra persona y lo sabes, solamente necesitamos los ingredientes y ya- respondió la otra desesperada ante la pasividad de su amiga.
- Hermione, me parece que los Wrackspurts están nublando tu juicio, tiene que ser ella- respondió la otra de lo más calmada.
- ¡Los Wrackspurts no existen!- explotó con poca paciencia.
- Hermione, tranquilízate ¿qué es lo que discuten?- intervino Harry decidiendo que debía tratar de calmar a su amiga.
La aludida lo miró con fuego en sus ojos pero no le respondió, miró a Luna nuevamente e inspiró con profundidad.
- Por favor- pidió suplicante.
- Sabes que no es mi decisión- dijo la otra.
- Estoy lista- anunció una tercera mujer entrando a la sala pero calló al ver la tensión en el ambiente- ¿Pasa algo?- preguntó mirando a Harry quien parecía el más confiable de momento.
- Andrómeda ¿cuál es tu afinidad mágica?- le preguntó Luna de la nada.
- El viento- respondió sin más a lo que la rubia miró a Hermione como enfatizando algo ya comentado, a lo que la castaña miró a la recién llegada y suspiró.
- Excelente, es hora de irnos- sonrió Luna entrando a la chimenea para lanzar sus polvos flú- ¡Departamento de Misterios!- exclamó fuerte y claro.
Los otros tres la miraron desaparecer entre llamas verdosas, luego se miraron entre sí.
- Supongo que quiere que la sigamos- dijo Harry a lo que Hermione entró a la chimenea, luego fue turno de Andrómeda y finalmente del hombre.
Cuando llegaron Luna los guio a través de los múltiples corredores hasta llegar a la Cámara de la Muerte donde se encontraba El Velo, una vez ahí la rubia abrió la puerta con un complicado movimiento de su varita y entró con la confianza de conocer muy bien el lugar.
Harry la siguió sin querer pensarlo demasiado pues de lo contrario no entraría nunca, Andrómeda estuvo a punto de seguirlo pero la mano de Hermione la retuvo del brazo con gentileza.
- No tienes que hacer esto- le dijo con un gesto repleto de angustia.
- Haré lo que sea necesario para detener a Bella- le respondió con resolución- No te angusties por mí Hermione, soy una mujer fuerte- sonrió entrando al lugar y la castaña la siguió sin insistir más.
Luna las vio entrar y selló la puerta tras ellas, luego dibujó un círculo y un cuadrado entrelazados en el espacio vacío frente al Velo, también comenzó a dibujar diversas runas en ese espacio.
- Colóquense en la punta de su elemento- indicó sin despegar su atención de su labor.
Andrómeda caminó hasta la parte donde los símbolos del viento se aglomeraban, luego Hermione identificó rápidamente las runas afines al fuego y Harry distinguió las afines a la tierra acomodándose en ese lugar, lo cual dejaba las del agua para Luna.
- ¿Qué debemos hacer?- inquirió el ojiverde con incertidumbre, la rubia no les había explicado nada aunque Hermione parecía saber qué pasaría.
La rubia terminó de dibujar la última runa y se colocó en su posición, luego conjuró una daga ceremonial y un recipiente de cristal.
- Este es un ritual bastante antiguo para replicar cualquier discordancia con el ciclo natural de la muerte- explicó mirando a los otros tres- No es magia negra sin embargo sí es magia de sangre, y como queremos ligarlo a una persona en específico necesitamos su conexión más cercana- dijo mirando a Andrómeda- A su igual en magia- miró a Hermione- Al némesis de su amo- miró a Harry- Y bueno a mí porque realizaré el conjuro, además es afortunado que también seamos afines a uno de los cuatro elementos- agregó con una sonrisita algo fuera de lugar.
- ¿Y qué es lo que nos mostrará exactamente?- preguntó Harry algo intranquilo.
- Las muertes que derivaron en la creación de un horcrux, luego será nuestra labor averiguar cuáles objetos se utilizaron para ese propósito- le dijo la rubia- Pase lo que pase no deben salir de su área ni bajar sus varitas una vez que se enlacen nuestras magias, primero coloquen una gotas de su sangre en ese recipiente- pidió dando el ejemplo pues se cortó la mano con la daga dejando caer su sangre en el recipiente, Harry, luego Hermione y finalmente Andrómeda la imitaron- Ahora apunten sus varitas hacia el centro y concentren su magia en ellas- indicó haciendo lo propio y comenzando con una especie de cántico.
Harry la observó intrigado pues no comprendió el idioma pero sintió que su magia se agitaba, de su varita comenzó a salir un hilillo verdoso que fue hasta el centro del círculo, a su derecha se le unió la magia azul celeste de Luna, frente a él vio la magia grisácea de Andy y finalmente a su izquierda la dorada de Hermione, todas coludieron en el centro y El Velo se agitó.
El Velo se encontraba atrás de Hermione y justo frente a Luna, la tela se agitó más fuerte movida por un viento sobrenatural que parecía ser provocado por ellos mismos y el cántico de la rubia.
- ¡Revelare!- exclamó Luna al tiempo que sus magias unidas se expandían creando un camino que iba desde el Velo hasta el centro del círculo.
Una figura salió del Velo caminando hasta el centro del círculo donde miró a los cuatro magos pero no dijo nada, era una joven de rubia cabellera trigueña, cejas obscuras y con pecas en sus mejillas y nariz, se veía sorprendentemente…viva.
- ¿Quién es ella?- preguntó Hermione sin reconocerla.
- Marlene McKinnon- respondió Harry- Fue una auror que perteneció a la primera Orden del Fénix, Sirius me mostró su fotografía…toda su familia fue asesinada- añadió con un nudo en la garganta.
La chica no pareció escucharlos pero de pronto soltó un terrible grito y cayó al suelo en medio de una convulsión, parecía que estaba siendo torturada y Harry hizo ademán de querer acercarse a ayudarla.
- No se muevan- lo detuvo Luna- Estamos reviviendo el momento de su muerte- explicó sin apartar su vista de la escena.
Marlene siguió convulsionando y sus ojos perdieron un poco de brillo, pero antes de sucumbir a la locura, se quedó inmóvil y pareció fijar sus ojos en los de Harry para luego reflejar un tono verdoso y caer al suelo definitivamente. Su figura se volvió transparente y el eco de su voz resonó por todo el lugar.
- Lo robó para siempre- fueron sus últimas palabras, mismas que no tuvieron muchos sentido para los presentes quienes se prepararon para lo que seguía.
Hermione observó a una segunda figura salir del Velo con el paso ligero que lo caracterizó toda su vida, su cabellera tan naranja como siempre y su boca en su perenne atisbo de risa.
Era Fred.
- Por Merlín- susurró ella comprendiendo que Lestrange había utilizado la muerte del joven para crear un segundo horcrux.
El pelirrojo llegó al centro del círculo y se colocó en posición defensiva como si acaba de entrar en una batalla, de pronto una fuerte explosión lo tiró al suelo pero, antes de poder levantarse, un rayo verdoso atravesó su pecho y sus ojos azules se nublaron para siempre.
- El tiempo no se detendrá- dijo mientras su figura se desvanecía en medio de la nada y Hermione se esforzaba en no bajar su varita, pero sus ojos la habían traicionado y estaba llorando.
Andrómeda estaba sorprendida, ese tipo de magia era sorprendente y miró a Luna quien se mantenía firme pese a todo, sin duda era una joven extraordinaria. Se preguntó cuántas muertes más tendrían que ver y, cuando una tercera figura salió del Velo, su corazón se detuvo.
La figura era esbelta y poseía unos rasgos delicados, su cabello tenía un color castaño obscuro y le caía al hombro ligeramente rizada, sus ojos grises chocaron contra otros idénticos cuando llegó al centro del círculo.
- ¡No!- gritó Hermione sin poder evitarlo pero no se movió de su lugar, sabía que eso podía pasar y no se imaginaba cuánto lastimaría a Andrómeda.
- Nymphadora- susurró su madre al ver frente a ella a su querida hija.
La aludida portaba lo que suponían era sus apariencia original pues guardaba un marcado parecido con su progenitora y, a su vez, con los Black. La joven auror nunca les mostró en vida esa apariencia pues suponían nunca le había gustado, por eso insistía en ser llamada Tonks y nunca por su nombre.
- Luna por favor- le dijo Harry comprendiendo finalmente el enojo de Hermione, le harían ver a Andrómeda la muerte de su hija.
- Tenemos que llegar hasta el final, no podremos repetir el ritual- dijo la rubia inflexible.
De pronto, Tonks saltó y luego soltó un grito agónico abalanzándose sobre algo invisible pero suponían que ese había sido el momento en que Remus murió y la auror perdió los estribos. Hubo un momento en que la metamorfomaga levantó la vista y todos pudieron ver que estaba llorando pero a la vez estaba furiosa, levantó su varita para atacar pero alguien fue más rápida que ella y la derribó con una sola maldición.
- ¡Noooooooo!- gritó Andrómeda cuando su hija cayó al suelo con los ojos abiertos de par en par.
- El precio de la derrota- resonó su voz antes de desaparecer por completo entre los sollozos de su madre.
Entonces las magias combinadas de los magos dejaron de fluir de sus varitas y el Velo dejó de agitarse indicándoles que nadie más saldría de él.
Andrómeda cayó al suelo incapaz de contener su llanto y dolor al haber presencia la muerte de su niña, claro que se lo habían contado pero eso no era nada comparado con haberlo visto con sus propios ojos.
Luna soltó un suspiró mientras Harry agachaba la cabeza y Hermione se acercaba a la primera hasta llegar a dos pasos de ella.
- Una madre nunca debe ver morir a sus hijos- fue todo lo que dijo antes de dar media vuelta y salir de la habitación sin decir otra palabras.
Harry supo que estaba furiosa y miró a Luna con empatía.
El Bien Mayor tenía un precio caro y la Muerte no le sentaba bien a todos.
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¡Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas!
Me parece que hubo un poco de todo ¿qué les pareció?
Arysia.- Hola, te aseguro que las cosas cambiarán sobre todo porque Hermione es algo despistada para estas cosas pero cuando se dé cuenta ya será muy tarde. Narcisa es una personaje complejo y trataré de retratarla como tal, cuando las cosas avances ya veremos cómo se comporta. Gracias!
Guest.- Gracias, gracias y gracias.
Viridianasag.- Creo que la mantuve inconsciente mucho tiempo, pero asumo que el esfuerzo le debió traer alguna consecuencia ¿no? En efecto, el triángulo se nota interesante y trataré de imprimirle más emoción pues no todo sale como esperamos o queremos; gracias por tus comentarios.
Lorena- ¿Qué te pareció la motivación de Draco? Ciertamente no es el más afectuoso pero sí efectivo ¿no crees? Me parece que eso necesitaba Hermione más que compasión aunque todo puede pasar y no siempre lo que necesitamos es lo que queremos. Saludos!
Athefrod- Hola nuevamente, tienes mucha razón no obstante hay que saber cuándo insertar capítulos de este estilo pues pudieran tornarse tediosos sino se les imprime un buen argumente; la parte de Narcisa pidiendo perdón me costó algo de trabajo pues no sabía cómo empatar su orgullo con su arrepentimiento, además de la furia de Hermione combinada con su compasión, aunque el resultado me dejó satisfecha. Me da gusto que sigas adivinando mis alusiones, sobre todo porque cambié el título en el último minuto pues no estaba conforme con el anterior, también acertaste con los trasladores.
Lo que dices es verdadero, todo aspecto es importante y Hermione irá asumiendo su papel poco a poco conforme su personaje evolucione en la historia, así como su relación con los Malfoy; por otro lado, concuerdo con tus ideas sobre las némesis de la historia, son tan parecidas pero opuestas que crean el escenario perfecto para una historia, y lo que falta será más interesante. Muchas gracias por tus largos comentarios, la verdad me alegra que dediques unos minutos de tu tiempo a ellos. Nos leemos pronto.
SNlikano- Gracias por tus comentarios, aprecio tu tiempo y tu percepción, mi única intención es compartir. Saludos!
¡Travesura Realizada!
