Holass:

Este capítulo ya lo tenía escrito mucho antes, por lo que estoy haciendo esta actualización, ya que no he escrito nada en esta semana; pero no podré actualizar pronto por un motivo muy fuerte. Lamento decirles que mi ánimo está por los suelos y el próximo capítulo podría tardar un poquito. De veras lo siento.

Sé que el círculo de la vida es innegable e indiscutible, pero cuando ocurre, duele. Hace una semana que sucedió y creo que tomará algunos días más volver a estabilizar el alma y encauzar mi pena.

Gracias por su comprensión.

Gise.

04/12/07


Fuera de este incidente molesto para Hermione y Draco, la cena transcurrió sin grandes incidentes. No habían podido hablar con Obalonsk ya que no se encontraba presente, pues había ido a atender su otro local. La comida estuvo exquisita, aunque el servicio dejó mucho que desear. Se habían demorado casi media hora en atenderlos por lo lleno del lugar y otro cuarto de hora más en traerles sus órdenes. Además del pequeño incidente con el vino: Víktor intentó pedir un licor tinto, con más cuerpo, el Romanée-Conti; mientras que Draco optó por sugerir el vino espumoso más famoso y costoso de Francia; un Dom Pérignon. Ambos insistieron en hacer prevalecer su sugerencia. Finalmente Kingsley, desesperado había optado por aceptar las dos recomendaciones, por lo que ahora en la mesa habían sendas copas con las selectas bebidas.

Hermione permanecía callada en su lugar. Sólo había probado un sorbo de su copa de Romanée-Conti, mas que nada por agradar a Víktor. Tenía aún muy clavado en su mente, la idea de que no era correcto hacerlo. Harry le había dicho que no se vería bien que bebiera, mucho menos si no se estaba con él. Ya había tomado una copa en la reunión y no quería hacerlo más. Sin embargo, algo dentro de su mente se rebelaba y le indicaba que nada malo hacía si se permitía beber unas cuantas copas.

La anfitriona había acudido casi al final de la cena dirigiéndose hacia Víktor, indicándole que el Monsieur Obalonks había llegado y que estaba gustoso de atenderlos, aunque no podría venir directamente a la mesa por lo ajetreado de la noche y que les suplicaba que se acercaran para una charla algo informal en las cocinas de su negocio. Víktor le dio las gracias cortés y ella se retiró asintiendo educadamente, volviendo a mirar a Draco directamente a los ojos. Él le sostuvo la mirada por un instante, pero la desvió al notar que Hermione lo observaba de reojo.

Víktor se levantó para acompañar a Kingsley donde Dimitri Obalonsk, pero prometió regresar en unos instantes. Hizo énfasis en las últimas palabras mirando directo a Draco, quien esbozó una mueca sardónica mientras miraba hacia otras mesas.

– Aún no has probado el champagne, Granger – Draco interrumpió disimuladamente los pensamientos de Hermione – ¿o es que tu paladar está acostumbrado sólo al vino de cocina?

Se había sentado junto a ella apenas habían desaparecido Kingsley y Krum.

– No estoy acostumbrada a tomar algo que ha costado igual que el sueldo mensual de todo mi personal. Eso para mí es un exceso – replicó desdeñosa.

– Trabajo muy duro para darme esos gustos – replicó inmediatamente Draco – no estoy robando, traficando o metido en negocios sucios. Me gano cada mísero knut con esfuerzo – terminó irritado. Vació de un sorbo su copa, estiró su mano para asir la botella de Dom Pérignon y procedió a llenarla nuevamente.

Hermione ladeo el rostro y lo observó. Miraba hacia un punto indefinido de las mesas, lejos de allí, como ausente. Siguió con detenimiento el recorrido de la copa hacia sus labios, bajó la vista hacia su pálido cuello y se quedó observando como subía y bajaba su nuez conforme iba bebiendo el líquido helado. Una pequeña punzada de fastidio le asalto de pronto.

– No quise ofenderte – murmuró neutral.

Draco volteó y pudo ver su rostro delicado. Por un instante le conmovió aquella muestra de amabilidad. Pero decidió permanecer impasible. No deseaba dar ningún paso en falso. Empezaba a tener la mala costumbre de ablandarse cuando estaba cerca de ella.

– Pásame tu copa – habló con tono imperativo.

– Yo…ehhh, la verdad, no quisiera…no puedo…

– ¿No se supone que me habías pedido perdón por tu falta de tino?, Y ahora ¿Por qué demonios rechazas beber de mi champagne? – soltó Draco impaciente.– Ohhhh, acabo de reparar en ello, – ladeó el cuerpo quedando sentado frente a ella – ¿No te gustan las bebidas alcohólicas, es eso? – preguntó con voz angelical.

– Si me gustan –respondió Hermione extrañada por el repentino cambio de Draco.

– Pero no las quieres tomar… – Draco enarcó una ceja.

– Bueno yo….ehh – Hermione empezaba a odiar aquella absurda conversación. – Aún no trajeron la blakava que Víktor pidió – soltó de inmediato.

– ¿Tienes problemas con la bebida?

– Por supuesto que no tengo problemas con la bebida – respondió elevando los ojos y resoplando incrédula – ¿No se suponía que traerían el pedido de Víktor hace como media hora?, él deseaba probar algo más conocido…

– Te gusta, pero no tomas… – repitió Draco como para sí, mientras se agarraba la barbilla, tratando de parecer pensativo.

– Espero que esté rellena de muchas nueces. En una pastelería rumana en Londres, la sirven con apenas una pequeñita porción de ellas y nada más…

– ¡Ya!. No tomas porque el alcohol hace que te comportes de forma indecente. ¿Tú entiendes no Granger, Digo, subirte a las mesas, cantar a viva voz, tal vez quitarte la ropa… – Draco apenas podía contener la risa.

Hermione dio un respingo. Miró a Draco de hito en hito. Ya había pasado de la media noche y realmente se sentía muy cansada. Deseaba regresar al Colegio, darse un baño de burbujas y luego dormir.

– ¿Por qué no te consigues un pasatiempo y me sueltas de una buena vez? – contestó agotada. Ladeó el rostro para observar si Víktor o Kingsley regresaban.

Draco respondió de inmediato. Su rostro aún más pálido bajo la plateada luz de luna, se iluminó con una sonrisa.

– ¿Por qué tendría que dejar de hacer algo que me divierte tanto?

– ¿No podrías, por lo que queda de esta noche, ignorarme completamente? – susurró Hermione esperanzada.

Draco se puso serio, se acarició la barbilla como sopesando la solicitud de Hermione.

– No.

– ¡Oh demonios Malfoy!, estoy demasiado cansada para estas pullas sin sentido.

Draco ignoró el comentario y procedió a tomar un sorbo de champagne. Levantó la botella con la otra mano y comprobó que el hielo empezaba a derretirse en la elegante hielera de plata.

– Pronto dejará de tener la temperatura correcta. Es ahora o nunca. Pásame tu copa – ordenó nuevamente.

– No beberé Malfoy…

– ¿Por…? – Draco esperó a que Hermione completara la frase. Aunque igual se había levantado de su asiento para alcanzar la copa vacía.

– Aquí vamos de nuevo…. – respondió Hermione blanqueando los ojos.

– Respóndeme honestamente, Granger. Te he observado bastante este día…, no te ilusiones, fue sólo para ver que no metieras la pata – se apresuró a acotar sardónicamente al devolverle la mirada de incredulidad a Hermione – y me percaté que no rechazaste la primera copa que te ofreció Víktor en Beauxbatons. Pero ahora, al parecer ni siquiera has querido probar la que te ofreció y muchísimo menos probar esta finísima botella de champagne – le enseño la botella mientras colocaba la copa llena frente a ella. – Rose Zeller me comentó que algunas veces, después de un agitado día de trabajo – Draco enarcó una ceja – Lavender, ella y tú, suelen ir al pub que está algunas calles cerca al ministerio y suelen pedir algunos aperitivos mientras se relajan. Por lo que deduzco que el alcohol no es el problema…

¡OH Dios! Voy a matar a Rose por indiscreta…

Hermione no pudo evitar que la sangre se le subiera al rostro y que éste adoptara un encantador tono carmesí.

– Ehh, yo, eso es algo personal…y no quisiera que lo divulgaras por ahí… – balbuceaba como pillada en una falta indecorosa.

De pronto Draco cayó en la cuenta del motivo de su turbación.

¡Carajo¡No puedo creerlo!

– ¿Sabe tu adorado Potter, que sales con tus amigas algunas noches?

– Yo… Él…

– ¿Te lo prohíbe? O a lo mejor… – entornó los ojos reflexivo – ¿Se opone porque no sabes cuando acabar¿es eso?

– Se ha donde quieres llegar, y te advierto que no estoy de humor para tus estupideces.

– No creo que las personas hagan mal en beber unas copas algunas veces. Suele ponerte en un estado más animado o te da la sensación de más atrevimiento, cuando lo haces con moderación obviamente. El problema es, cuando piensas que debes tener alcohol en la sangre para lograr cambiar tu estado anímico, mental o hasta físico. Ni el valor, ni el coraje, ni la líbido, ni el gozo y mucho menos la solución de tus problemas o la evasión de ellos, viene embotellado y listo para servir.

Hermione sintió como si le hubiesen echado un cubo de agua helada.

– Sé muy bien cual es mi límite. Mi estado de ánimo en una reunión no gira en torno a una botella, ni necesito un agregado alcohólico en las venas para sentirme feliz. Se cuando decir basta. – respondió muy segura de sí.

Draco se recostó sobre su asiento, pasó una mano sobre el respaldar y la estudió por algunos segundos. Respiró hondo, con la mirada casi en el vacío. Luego inclinó su cuerpo hacia delante ligeramente como para hacer una confesión.

– Cho suele tener algunos problemas con la bebida. Aparentemente no sabe cuando ya es suficiente…– habló con voz grave.

Ella se sobresaltó un poco ante aquella revelación, pero trató de disimular su sorpresa. Al parecer él había hablado más de la cuenta.

– A lo mejor, Cho ha tenido sólo… o quien sabe ella…– pero por más que trató no pudo completar la frase.

– No hablaremos más de Cho, es tema terminado ahora – Draco habló tajante. Al parecer había notado su desliz. Volvió a adoptar su postura envanecida en el asiento.

– Está bien – asintió Hermione silenciosa.

– Aún no revelas el porqué de tu negativa – Draco continuó más para alargar la conversación – Por lo tanto debo inferir que, lo que sucede es que no deseas aceptar nada que provenga de mi parte. ¿Es eso?

– No se trata de eso, Malfoy. Y francamente, no deseo hablar de mis motivos.

– Entonces por lógica, es Potter – afirmó rotundo – A él le molesta que tú tomes sin su autorización. Es el motivo por el que no quieres que se enteren, que sales con tu grupo de trabajo. Te tiene completa y estúpidamente domesticada – concluyó ignorando el pedido de Hermione.

Hermione abrió los ojos horrorizada. Como odiaba a Draco. Realmente lo odiaba. Iba a gritarle ahí mismo, ha hechizarlo, a convertirlo en cualquier insecto, cuando vio que, sin importarle la creciente furia que iba apoderándose de ella, se levantaba de la silla, mientras observaba hacia el fondo del salón.

– Tu caballero búlgaro se está despidiendo y pronto regresará aquí. Creo que los dejará solos y aprovecharé para fumar algunos cigarrillos afuera. Odio las peleas de media noche – la miró burlón – y el utilizar mi varita hace que las chispas manchen mi costosa ropa algunas veces. Aprovecha para volver a tu color oficial – le dedicó una última mirada – Au revoir (Adiós)

Ella ciño los dedos fuertemente alrededor de su varita por debajo de la mesa. Era tan fácil hacerle un hechizo. Le sedujo por un instante, la idea de verlo nuevamente como un hurón.

Draco apartó la silla, cogiendo su saco con elegancia y avanzó unos pasos. Se detuvo un segundo, como si estuviera dudoso de su siguiente acción. Hermione le observaba aún furiosa por aquella insolencia. Sus duros hombros y su fuerte espalda se dibujaban nítidamente a través de la fina camisa de color claro que acentuaba aún más la palidez de su piel. Volteó de pronto, mirándola directo a los ojos.

– El tomar unos vasos de licor con amigos, no significa que te convertirás en una persona insensata o inmoral, Granger – Sus ojos grises aún seguían fijos en ella – Estoy seguro que la fama de perfecta y decorosa no te persigue por las puras. Ya que eres una mujer adulta, o al menos eso parece, sería bueno que aprendieras a hacer respetar tus elecciones y tu voluntad de vez en cuando.

Y sin esperar la respuesta de Hermione, se marchó hacia la amplia terraza del lugar, donde había pequeñas mesas bajo un gran toldo carmesí de grandes rayas amarillas flotando sobre ellas. Se ubicó detrás de una mesa vacía, alejada de las demás, fuera del resguardo de la lona chillona. Apoyado en los codos sobre la pequeña cerca de muros empedrados que rodeaba aquella terraza por delante del verde seto natural que también circundaba el local; sacó una elegante cigarrera de plata que emitió un ligero resplandor plateado al contacto de la luz de luna y la guardó parsimonioso después de haberse llevado a los labios uno de los exclusivos cigarrillos fabricados, de forma exclusiva y sólo a pedido, de su interior. Exhaló una bocanada de humo blanco que fue perdiéndose en el aire.

Hermione observó todo aquella escena con detenimiento. Definitivamente algo no estaba bien entre Draco y ella. Primero la atacaba de la manera más humillante y luego asumía el papel de "compañero". ¿De cuando a esta parte, él se permitía darle consejos¿Acaso podría decirse que eran amigos, o algo similar? Pero lo que más le punzaba era el hecho tangible de que esos dos últimos días había acertado dolorosamente en sus recomendaciones.

Se movió nerviosa en su asiento, buscó a Víktor con la mirada, dándose cuenta que estaba despidiéndose de Obalonsk y pronto vendía hacia allí. Volvió a acomodarse en su silla, acomodando la servilleta de tela sobre la mesa y alisando algunas pequeños dobleces en el mantel. Miró la copa servida por Draco y la levanto, observándola con detenimiento. Lentamente se la llevó a los labios y bebió unos sorbos con delectación. Desde su posición podía ver a Draco a lo lejos, sólo en su emplazamiento, mirando de frente, hacia la nada. Se encontraba fumando un cigarrillo lánguidamente y sumido en quien sabe qué pensamientos.

Quizá sólo está jugando conmigo. De repente todo esto es un plan bien orquestado por él para sacarme del proyecto…

No podía dejar de pensar que algo en la actitud de Draco no era la usual. Después de todo¿Cómo era posible que haya llegado a tomarla del rostro hace unas horas?

Parecía como si hubiera querido bes––

– ¿Y finalmente no me trajerron la baclava, Herrmione?

Ella dio un respingo ante la súbita aparición. Se había peligrosamente ensimismado en sus recuerdos, fija la vista en Draco, que se olvidó que Víktor llegaría en cualquier instante.

– Ehhh – lo miró aún turbada sin contestar nada más.

Víktor estaba ya sentado frente a ella, obstruyendo parcialmente la vista de hace unos instantes. Empezó a referirle toda la conversación que habían sostenido con su amigo Obalonsk. Le dijo que Kingsley le pedía una disculpa por dejar la mesa de ese modo tanto tiempo, pero estaba tratando algunas cosas importantes que le convenían a la Orden y que en la próxima reunión las expondría.

Hermione escuchaba tratando de poner toda su atención, pero su mente aún seguía reflexionando sobre los sucesos de esos días. Era una mujer adulta para darse cuenta que todos los indicios revelaban una sola cosa. Pero aunque su lógica lo demostraba, ella se negaba siquiera, a formularlo en simples pensamientos. Era después de todo una idea absurda, en todo sentido.

– ¿Hermione, me estás prestando atención?

– ¿Eh?... Siii – asintió culpable Hermione – disculpa Víktor, es que estoy algo cansada y me gustaría que Kingsley regresara para poder irnos.

– ¿Y Draco? – Víktor giró la cabeza a ambos lados buscando, pero como estaba detrás suyo no lo vio.

– No sé, ni me interesa – respondió impulsivamente Hermione.

Víktor le dirigió una mirada escrutadora e incisiva. Parecía evaluarla, pero finalmente decidió no decir nada. Continuó contándole algunas anécdotas de sus viajes con Anastasia. Al parecer ella empezaba a cambiar el semblante, ya estaba incluso sonriendo y participando de la charla. Por escasos minutos pensó que sólo había juzgado prematuramente la inicial conducta de Hermione.

Pero repentinamente observó que ella fruncía el ceño y progresiva e involuntariamente también aceleraba su respiración. Se había recostado sobre la silla y cruzado los brazos sobre el pecho, para después liberar uno de ellos en ángulo recto para quedar su mano frente a la boca. Frotaba suave pero intermitente con su pequeña mano el delicado mentón para finalmente con los labios entreabiertos mordisquear uno de sus nudillos. Víktor continuó hablando, limitándose a deducir que seguramente ella estaba algo distraída o tal vez aburrida con la plática; ya que sus ojos marrones estaban aparentemente fijos en él

Pero a pesar de cambiar el tema, ella seguía en ese estado, tranquila cuando no lo miraba al dirigir sus ojos a cualquier cosa sobre la mesa, pero asintiendo como autómata cuando volvía a levantar la mirada y la dirigía hacia él frunciendo el ceño misteriosamente.

– ¿Estás molesta conmigo, Herrmione? – Krum no aguantó más y preguntó serio.

– ¿Eh? – Hermione se sobresaltó.

– Te he imporrtunado de algún modo o he sido demasiado desenvuelto y confianzudo contigo. Tú erres una mujer comprometida y segurramente estás fastidiada por mi comportamiento hacia ti.

– No Víktor, eso no es cierto – Hermione cambió de postura y se acercó hacia la mesa, apoyando los codos sobre la mesa para tratar de estar más cerca de él, aún sin mirarlo de frente. – Eres un gran amigo y tu comportamiento ha sido de lo más agradable y correcto, como siempre. Sólo soy yo, Víktor. –Le tomó de la mano y la apretó ligeramente – Tengo tantas cosas en la mente ahora… estoy algo embrollada con mis pensamientos.

– ¿Puedo ayudarrte? Sabes que siemprre contarás conmigo para todo.

Hermione levantó la vista, agradecida y con una sonrisa, por aquellas palabras. Los ojos de Krum, obscuros y decididos irradiaban sinceridad. Pero nuevamente sus ojos la traicionaron y volvieron a desviarse unos centímetros a la izquierda, hacia la terraza del restaurant… donde se encontraba Draco.

Víktor esta vez, captó el detalle y volteó en el acto. Barrió con la mirada todo el perímetro y lo vio. Draco Malfoy se encontraba apoyado en el muro perimétrico del café, sonriente, conversando animadamente con una mujer. Era la anfitriona que horas antes los había atendido a ellos y que ahora se encontraba departiendo muy risueñamente con el rubio. Ella se había acercado al verlo sólo en aquel lugar y no quiso desaprovechar la oportunidad. Le había parecido demasiado atractivo y tuvo la secreta esperanza que tal vez pudieran llegar a algo más esa noche. El galantemente le estaba encendiendo el cigarrillo que la mujer había tomado delicadamente de su cigarrera de plata y Víktor pudo observar también, que ésta le había sostenido la mano por unos instantes cuando Draco le acercó el encendedor.

– Voy a adelantarme y los esperaré en el automóvil – habló Hermione levantándose de su asiento como impulsada por un resorte – No me siento bien aquí.

Con furia creciente, cogió su bolso y su chal, sin esperar que Víktor reaccionara, caminó hacia la salida del lugar. Víktor maldijo por lo bajo al darse cuenta finalmente de qué estaba sucediendo en ese instante. Corrió detrás de Hermione, pero fue detenido por uno de los mozos que le recordó lo más educadamente posible que la cuenta aún no había sido liquidada. Apurado por seguir a Hermione, bregó con su alforja para sacar las pesadas monedas de oro para correr tras ella.

Hermione caminó echa una tromba entre las mesas hasta llegar al rellano de la salida, lo que menos quería es que él la viera saliendo apurada del lugar.

Maldito sinvergüenza, no tiene respeto por nadie, está casado y se comporta como un asqueroso tramposo mujeriego… , murmuraba mientras esquivaba a los camareros que pasaban junto a ella.

Casi alcanzó la cúpula adornada de flores de la salida, cuando dio un último vistazo a regañadientes sin dejar de caminar veloz y observó a Draco levantando la mano hacia la mujer y removiendo unas pequeñas hojas que habían caído sobre el hombro de la chica, en un gesto galante.

¡¡¡TRASH!!!

Un joven camarero yacía en el suelo con su bandeja y su fuente de bouillabaisse volcada y gran parte de ella sobre el cabello moreno del muchacho.

Mucha gente volteó a ver la causa de aquel estruendo. Hermione estaba petrificada en el sitio, sin saber que hacer. No quería ver hacia donde se encontraba él. Se reprendió mentalmente por aquella estupidez y trató de huir nuevamente de ahí. Pero no necesitó hacerlo, porque Draco en dos grandes zancadas ya estaba al lado suyo.

– ¿Qué sucedió? – la agarró del brazo sin pensarlo. En su semblante se reflejaba el desconcierto

Hermione sintió como si aquel contacto la quemara más que una brasa ardiendo sobre su piel. Empujó a Draco violentamente a la par que le gritaba, sin importarle ya nada.

– ¡No te atrevas a tocarme, cínico, sinvergüenza!

Se alejó lo más rápido que pudo. No iba a permitirle que la viera en ese estado. Estaba más que rabiosa con él. Lo odiaba, pero se aborrecía aún más ella misma por permitirse aquel sentimiento poderoso que la embargaba. Aquel sentimiento que ya no podía negar más. Corrió fuera del local para evitar que él pudiera ver las lágrimas que amenazaban con anegar su rostro

¡Que tengo por Dios!... Soy una imbécil, como puedo estar así, se repetía una y otra vez mientras avanzaba hacia los grandes árboles del parquecito.

Víktor que había visto la escena corrió tras Hermione. Alcanzó a Draco que también empezaba a caminar hacia allá.

– ¡Ni se te ocurra ir trras de ella! – miró a Draco con los ojos destellando fiereza.

– No tengo porqué obedec– pero no pudo terminar la frase, Víktor se había plantado frente a él y apretaba la varita bajo la túnica apenas conteniéndose.

– Después arreglaré cuentas contigo – le digo casi escupiendo las palabras – pero ahorra te quedarás aquí a esperar a Kingsley, porque lo que menos necesita Herrmione y todos nosotros, es un escándalo.

Draco observó irritado a las personas alrededor que miraban indiscretas y murmurando los detalles, y decidió quedarse, aunque aún no entendía que había pasado con Hermione.

Hermione se detuvo frente a un gran olmo, muy cerca de allí. Las lágrimas anegaban su rostro a pesar de que ella luchó fervientemente para evitarlo. Recostó su cabeza sobre el tronco y cerró los ojos. Su cuerpo se sacudía por momentos por la emoción que la abrumaba.

Víktor la divisó a lo lejos y apresuró el paso para llegar a ella. Se detuvo a escasos pasos y le habló dulcemente.

– Herrmione, debes calmarte.

Ella abrió los ojos lentamente y divisó a Krum, parado allí frente a ella, con el rostro preocupado, y su mirada franca. No pudo aguantar más y los sollozos volvieron a hacer presa de ella.

Víktor avanzó cauteloso y la tomó de las manos. Le partía el alma ver el estado de su amiga. Habían sido tantos años de amistad, se habían contado tantas cosas, que intuía lo que le sucedía.

– ¿Es porr Draco, no amiga?

Hermione dejó de sollozar en el acto. No salía del asombro, al escuchar aquella afirmación. Bajó la cabeza sin responder, concentrada en mirar las pequeñas ramitas y hojas muertas cerca de sus zapatos.

– Si deseas hablarrlo, sabes que cuentas conmigo. Eres mi mejorr amiga y deseo lo mejor para ti. A lo mejor puedo ayudar en algo…

Hermione temió por un instante que si ponía en palabras lo que sentía, confirmaría de algún modo, las dudas que habían revoloteado dentro de ella. Pero necesitaba entender que le sucedía. Ella, una persona que veía las cosas con lógica, no había querido pensar nada de todo aquello, como si, con el sólo hecho de negarlo bastara para desaparecer todas las vacilaciones.

– Sientes algo por él ¿verdad? – inquirió Víktor a duras penas.

– ¡NO! – bramó Hermione en el acto, despegándose del tronco del viejo árbol.

– Entonces… que te sucede, porrque actúas como si estuvieses… celosa – dijo la última palabra con tacto.

Celosa… estoy celosa

Aquel había sido el sentimiento poderoso que la hizo comportarse de esta manera tan estúpida. Ahora lo aceptaba finalmente, pero no lo comprendía.

– Estoy tan confundida, Víktor, no sé que me está ocurriendo. ¿No se supone que cuando amas a alguien no puedes ni siquiera fijarte ni nada por otra persona?. Yo tengo una relación con Harry, nosotros vivimos juntos, es un compromiso serio. Sé que últimamente hemos estado muy mal, pero igual estoy con él…

– Herrmione…

– Me siento deshonesta, Víktor – y las lágrimas volvieron a anegar su rostro – como puedo hacerle esto a Harry..

– ¿Has tenido algo con Draco? – preguntó Víktor cuidadoso.

– ¡Claro que no! – chilló impetuosa, limpiándose las lágrimas.

– Entonces por que piensas de esa forma…

– No lo sé¡Es que no sé que me pasa! – hablaba vehemente – Yo estoy comprometida, él está casado, sé mucho de tantas cosas, libros, hechos, conjuros, pero esto… no lo comprendo.

– Te voy a contar algo, y espero que pueda ayudarte a comprender un poco, al menos, por lo que estás pasando. ¿Te acuerrdas de la joven que conocí hace dos años, en Perú, cuando viaje con mi equipo de Quidditch?, Ella era la capitana de su equipo. Era una perrsona muy encantadora, te lo comenté en una de mis cartas…

Hermione lo miró extrañada.

– Me contaste que era muy linda y que pasaron mucho tiempo juntos… pero tú ya estabas con Anastasia en esa época.

– Eso es cierrto, teníamos unos meses saliendo, pero también nos veíamos poco por mis viajes y ella solía ser muy absorbente. Y debo ser honesto al decirrte que no estaba aún muy seguro de la relación…

Hermione abrió los ojos sorprendida.

– ¿Tuviste algo con ella?. ¿Es eso?

– Cuando la conocí, me impactó su belleza, su forma de hablar, la forrma que tenía de sonreír cada vez que yo decía algo gracioso, curvaba sus labios hacia un lado, como haciendo un mohín. Conversamos muchas veces en los interrmedios y salimos un par de veces a cenar. Me gustaba Hermione, me gustaba mucho. Una atracción fuerrte. Estuve tentado de ir más allá…

– Tú no eres de esas personas… – le cortó bruscamente.

– Hermione, somos seres humanos. No enteramente buenos o radicalmente malos. No somos piedras o helechos en un balcón. El hecho que estemos en una relación de pareja no inhibe ni anula que alguien más nos atraiga.

– Eso es inconcebible. – refutó Hermione.

– No me mal entiendas, no estoy diciendo que debemos ir y satisfacer cualquier apetencia o deseo que tengamos. Tampoco tengo todas las respuestas, pero pienso que algunas veces solemos dejarrnos llevar por nuestros sentidos, no les ponemos un frreno a tiempo, justamente por que nuestros sentimientos hacia nuestra pareja no están marchando bien. Suele pasar, eso es innegable. Pero ahí es donde se demuestra nuestra madurez y la realidad de nuestros valores.

Hermione escuchaba atenta, deseaba poder entender que le sucedía

– Cuando empecé a frecuentarr mucho más a Nikki, intuía que si continuaba así, algo pasaría. Y me devanaba los sesos pensando en el porrqué de mi actitud. Yo estaba seguro que amaba a Anastasia, pero a la vez, me sentía halagado que alguien como ella, se fijara en mí. Pasé muchas noches en vela, cavilando, que hacía siquierra, pensando en la posibilidad de iniciar una relación con Nikki. Pensé mucho en Anastasia, en lo verdaderamente importante de mi relación. En todo lo bueno y en lo malo, en lo que perrdería si la dejaba incluso. Y vislumbrar, sentir, entender esa posibilidad hizo que me diera cuenta que la amaba demasiado para dañarla o arriesgarme a perderla. Me hizo entender también, que llegué a ese extremo, subconsciente, de fijarme en otra persona, por los problemas que ambos teníamos. Regresé inmediatamente a Bulgaria, arguyendo una lesión que sólo podía ser curada por alguien de mi país y decidí rescatar mi relación.

– Yo no tenía idea…

– Lo que quiero que entiendas, es que no erres una mujer ruin o ligera por fijarte en Draco, aunque si con muy mal gusto – acotó tratando de aligerar la tensión. – Lo malo serría que sintieras algo por él e hicieras algo desleal en estos momentos en que tienes un compromiso oficial.

– Pero yo no quiero empezar una relación ni nada con Draco – Hermione habló prácticamente horrorizada sólo con el hecho de pronunciar aquella frase. No es que lo ame o que lo quiera o que desee otro tipo de… bueno tu entiendes… – las mejillas de ella se sonrojaron de repente – es sólo que él es tan diferente a… a Harry – hizo una pausa, como tomando valor para continuar hablando – y con él últimamente hemos peleado mucho, me siento muy sola a veces ¿sabes?, como si a pesar de vivir con él no estuviera junto a mí. Siento que soy otra a su lado, como si me transformara en otra persona. Temo decir algunas cosas para evitar que se moleste. Otras, trato de aferrarlo a mí porque no quiero que algo malo le pase, pero luego el me sobreprotege al extremo que siento que el aire me falta…. – nuevamente las lágrimas asomaron a su rostro.

– Debes hablar con él…

– Lo he hecho… muchas veces, esta situación no es de ahora, o a raíz de este embrollo que tengo en mi mente. A veces pienso que nos apresuramos en empezar algo… – Hermione se limpió las lágrimas que resbalaban por su rostro.

– ¿Y que vas a hacer con rrespecto a Draco?

Hermione emitió un bufido.

– ¿Hacer?, yo no haré nada con respecto a ese idiota.

– ¿Ves? He visto como te afecta, su prresencia, sus actos… – arremetió Víktor – Somos adultos Herrmione, no unos críos para saber que es lo que está sucediendo aquí. Por qué no lo aceptas y tomas una decisión.

Caminó hacia Víktor con la mirada triste. Terminó de limpiar su rostro húmedo. Lo pensó un poco ya que no quería pronunciar aquellas palabras, porque las sentía como una sentencia.

– Es cierto, Draco no me es del todo indiferente – lo soltó como si se liberara de un gran peso – pero eso no significa nada y menos que deba hacer algo al respecto. Primero: jamás haría algo que lastimara a Harry, independientemente de mi relación con él, ya que ante todo él es mi mejor amigo. Segundo: No tengo que pensar ni tomar acción alguna con Draco porque sólo es una ligera, muy insignificante afinidad corporal, que voy a borrar indefectiblemente de mí. Porque se trata sólo de mí¿entiendes?. Tercero: Él está casado, aunque a veces pareciera lo contrario, y no creo que con sus ínfulas de sangre pura y toda esa basura de linaje piense siquiera en algo conmigo, pensar siquiera esa posibilidad es como creer que Voldemort se haría miembro de la Orden del Fénix – una pequeña punzada extraña la sacudió – y podré estar medio confundida en este caso, pero ciertamente sé que jamás lastimaría a nadie, como a Cho, por ejemplo.

– Admiro tu deterrminación y metódica en este asunto, pero déjame decirrle a tu sobresaliente cabecita que este tipo de cosas no siempre se rigen con razones o métodos lógicos.

– Puede que tengas algo de razón, Víktor, pero lo lograré. Sé que pasos daré de aquí en adelante – se irguió inflando el pecho – Reconozco que me dejé llevar, como si fuera una colegiala, actuando sin pensar, pero ahora todo será distinto. No cruzaré el límite. Siempre he sido una persona racional y sensata; y no planeo cambiar a estas alturas de mi vida. Pondré punto final a esta estúpida alucinación con él.

– ¿Pero, por qué tenía que gustarrte justo Draco? – Víktor no pudo evitar lanzar la pregunta revoloteaba en su mente, algo dolido en su interior.

Es cierto, él me gusta...

Aquella afirmación aflorada, con las palabras exactas, por primera vez en su mente la asustó. Carraspeó un poco pero continuó hablando decidida.

– Tenía todo un embrollo en mi mente y el corazón atravesado por un sentimiento de bajeza hacia mi misma. Pero tus palabras me han ayudado. He descuidado mi relación con Harry, bueno, ambos hemos dejado que nuestra rutina y nuestros deseos propios trastornen de a pocos nuestro amor. Por eso me dejé perturbar, aunque odie decirlo, por el físico de Malfoy – Hermione sonrió un poco al ver la cara de asco que puso Víktor en ese instante – por sus modales elegantes y hasta por su constante e irritante sentido del humor. Y me odié por eso, porque sentía que era una deslealtad hacia Harry, aún sin llegar a nada. Pero ahora puedo ver el lado positivo de todo esto. Voy a acercarme más a Harry, quizás tratar de comprenderlo, tal vez debería dejar el trabajo como me lo pidió…

– ¡Oh vamos Herrmione! – No te estoy diciendo que corras a hacer lo que Harry te diga. Ya bastantes cosas has aguantado de él, aún recuerrdo los párrafos donde me contabas tus pesares, antes de aceptarle que cortara nuestra amistad, o su intenso deseo de posesión mezclado con sobreprotección. Simplemente te aconsejo que procures rescatar lo bueno de tu relación, date la oporrtunidad de intentarlo pero si ya no funciona, sigue tu camino, por lo menos te quedará la satisfacción de haber luchado por ello. Harry es una buena persona,… aunque confieso que por momentos tuve ganas de hacerle un crucio por testarudo…

Hermione sonrió. Su corazón se sentía más liviano sin aquella vergonzosa sensación. Ahora podría tomar el toro por las astas. Apartaría, a como diera lugar, aquel deshonesto sentimiento físico por Draco y se concentraría en Harry. Después de todo, cualquier hombre medianamente simpático podría haberle gustado, ya que se encontraba vulnerable por su frágil relación con Harry. O al menos eso creía creer.

– Tienes razón, Harry es una buena persona, yo lo quiero mucho. Hemos pasado tantas cosas juntos que nos han unido para siempre. El me ama verdaderamente y se merece que haga el esfuerzo para ser una pareja feliz.

– Lucha por tu felicidad Herrmione, lo mereces. Y no te preocupes por nada – se acercó a ella algunos pasos y suavemente le limpió una pequeña lágrima solitaria que aún yacía en el rostro apenas iluminado por la luz de la luna, que llegaba amortiguada por los frondosos árboles – soy un caballero búlgaro que tiene a la discreción como emblema.

Hermione se sentía tan feliz ahora, con el alma aliviada y con los deseos de luchar por su vida en común con Harry. En un instante de optimismo y agradecimiento, levantó los brazos y lo abrazó, serena ya con sus demonios internos y agradecida por el apoyo de él.

– Gracias por todo Víktor – musitó de corazón.

Víktor sólo atino a darle unas palmaditas en la espalda, algo cohibido por el inesperado contacto, pero igualmente complacido, por el desinteresado y genuino cariño que le tenía, de haber podido ayudarla aunque sea un poquito.

– Será mejor que regresemos adentro. Kingsley llegará a la mesa en cualquier momento y lo que menos queremos son habladurías¿cierto?

Hermione asintió ya mas tranquila y ambos caminaron por el pequeño sendero empedrado hacia el interior del local. Al entrar divisaron a Malfoy que seguía en el mismo lugar, conversando, como minutos antes, con la bella anfitriona que no paraba de mostrar todos sus encantos. Él ni siquiera se percató que ellos entraban al local. Hermione les dedicó una fugaz mirada indiferente, decidida a no darle más importancia a su comportamiento. Por ella fuera, que ambos se fueran a la cama o que los atacaran una gavilla de mortífagos le importaría un rábano. Entró irguiendo la cabeza lo más que pudo y del brazo de Víktor. Ambos continuaron hasta llegar a su mesa, dándose con la sorpresa que Kingsley aún no terminaba su plática con Dimitri. La mesa estaba limpia. Víktor ordenó una botella de Chardonay y copas para ambos. Se sentaron y reanudaron su charla.

Ya casi había olvidado todo aquel penoso incidente. Se obligaba a espantar cualquier pensamiento o acción que implicara voltear a ver que sucedía allá atrás. Lo que él hiciera con su vida era su problema y a ella no tendría ni la volvería a afectar. Le pidió a Víktor que le sirviera un poco de vino.

– Mi querida Herrmione – Víktor alzó su copa – celebraremos entonces por tu clara y firme decisión de luchar por relación. Aunque no sea fácil, porque se que a veces Harry suele comportarse algo extremado contigo y no me gusta que sufras por ello. Se tú misma siempre. El hombre que verrdaderamente te ame, te querrá por lo que erres y no por lo que él crrea que debes ser.

Hermione levantó igual su copa, agradecida de tener un buen amigo en Víktor. Estaban a punto de chocar sus copas para brindar cuando un imperceptible ¡plop! sonó detrás de ellos.

– ¿Hacía frío afuera por lo que decidieron entrar a continuar celebrando¿o sucede que los abrazos no los han animado lo suficiente que necesitan beber más para entrar en calor?

Hermione volteó lentamente con el corazón latiendo desbocado. Aquella voz, la reconoció de inmediato….

Ambos se miraron a los ojos, tratando de adivinar el pensamiento del otro. Quizás fueron segundos o tal vez varios minutos, pero ninguno de ellos dejaba aquella absorta contemplación. Finalmente Víktor se levantó y hablando con un tono de voz imperturbable dijo:

– Los dejos solos. Ustedes necesitan hablar.

El búlgaro dio la vuelta, caminando hacia el interior del restaurant, con aquel paso desgarbado que lo caracterizaba desde siempre, y tratando de imaginar, como acabaría aquella larga noche. Ya eran cerca de la una de la madrugada y aún tenía que explicar a Kingsley con tino la ausencia de Hermione. Vio a ambos salir por la puerta del local con paso apurado. Supuso que aquella conversación podría durar hasta que las primeras luces del amanecer iluminaran el hermoso cielo de París.