Los personajes no me pertenecen exclusivamente a sus creadores. Mundo alterno época actual. Contenido adulto. Queda advertido.

Atentado

Candy estaba más tranquila, sabía muy en el fondo que ponerse celosa e insegura, estaba mal, pero desde que inició de su embarazo, se sentía pésimo en cuanto a su autoestima. Decidió dejar de lado sus miedos y angustias, había pasado una gran noche apasionada con su adorado esposo, después del mal momento con esa tal Marjorie, Albert se encargó de demostrarle todo su amor y pasión que siente por ella.

Flash back

Estaban profesandose caricias, dos cuerpos entregados con amor y lujuria.

- Candy mi amor, te amo, no tienes idea de cuanto, me haces el hombre más feliz sobre la tierra. Decía Albert mientras la embestia una y otra vez.

- ¡Eres tan bellisima! No sabes lo excitado que siempre estoy desde que te conocí por primera vez, hasta hoy en día el sólo respirar tú mismo aire es suficiente para quererte tener así, desnuda y mojada, eres mi perdición mujer, mi mujer, mi todo. Decía Albert adorandola perdiéndose en ella. Sólo eres y serás tú siempre tú. Candy se dejaba hacer su hombre sabía darle lo que ella quería.

- Te amo Albert, no sólo eres mi vida, eres mi mundo. Dijo Candy jadeando de placer. Ambos llegaron al clímax.

Final flash back

Era sábado y tenía que ir al hogar de Pony a firmar unos documentos, Albert seguía dormido, estaba agotado pasaron una noche muy agotadora, amandose. A Candy se le antojaba quedarse con él y desayunar juntos en cama y después seguir la faena amatoria, pero tenía algunas diligencias que cumplir temprano tenía que estar a las ocho, con Miss Pony. Así que se ducho, desayuno. - Creo que hoy es el día de estrenar mi obsequio de cumpleaños, ¡Por fin! Pensó Candy. Albert siempre la llevaba a todos lados, no la había dejado usarla. Llego a la cochera y vio a Peter.

- Peter buenos días, dame las llaves de la camioneta, hoy será el día que la estrene. Dijo Candy de muy buen humor.

- Buenos días, señora, pero el señor lo... ¿sabe? Preguntó Peter a propósito para sondear la situación, se alegró demasiado, por fin hoy sería el día.

- No, y no se lo digas ¿entendido? Si no nunca podre estrenarla jajajajaja dijo Candy guiñando el ojo.

- Aquí las tiene, daré la indicación para que la escolten. Dijo Peter.

- No es necesario, no tardaré, no tiene caso molestarlos. Dijo Candy subiéndose a la camioneta tomando rumbo. Peter se quedó muy satisfecho, el plan saldría a pedir de boca.

Candy iba muy contenta la camioneta muy lujosa y bastante equipada, le encantó. Puso música una cantando muy alegre, el trayecto muy despejado sin tráfico debido a que era sábado y muy temprano. Así que aceleró más quería saber su arranqué y potencia, entraría en terreno de terraceria y quiso frenar, no pudo hacerlo, no respondían los frenos. - ¡Oh! Por Dios! Pero, ¿Qué diantres? ¡Dios mío no! Pensó alterada. La camioneta comenzaba a frenar por si sola, se activaron los frenos de emergencia pero, en eso ve que cruza un chico en motocicleta, está a punto de chocarlo, sin pensarlo da el volantazo, chocando con un enorme árbol.

- NOOOOOO...¡AUXILIO! Candy gritó. El impacto no fue tan fuerte, por que la camioneta se frenó casi aún 60 % Pero al chocar se activaron las bolsas de aire, pero Candy de la impresión se desmayó. Al estar casi cerca del hogar, se percataron del accidente y fueron inmediatamente.

- ¡Dios mío! Es Candy...

Albert despertó sobresaltado, sintió una gran opresión en el pecho. - ¿Candy? Dijo pero vio que no estaba a su lado, se levanto inmediato, la busco en la habitación y en el baño, no estaba. Se vistió rápido algo en su interior le decía que todo iba mal. Estaba ya por salir cuando tocaron su puerta muy fuerte.

- ¡SEÑOR ALBERT! ¡SEÑOR ALBERT! ABRA POR FAVOR. dijo Doroty sobresaltada. Albert salió rápido.

- ¿Qué es lo que pasa Doroty? ¿Es Candy, verdad? Preguntó Albert angustiado.

- Si, hablaron del orfanato, dijeron que Candy sufrió un accidente, se encuentra hospitalizada en el Santa Juana.

- ¿QUEEEEEEE? ¿CÓMO QUE UN ACCIDENTE? Albert salió directamente a la cochera, pero antes dio indicaciones de que no enterara al pequeño Tony, sólo a sus primos y a sus esposas. Llego a la cochera, se dio cuenta que no estaba aparcada la BMW.

- ¡PETER! gritó. - ¿DONDE DIABLOS ESTAS? preguntó extremadamente furico. Peter salió a su encuentro, por cómo lo veía sabía que el plan había funcionado.

- Señor... contestó Peter.

- ¿Por qué diablos, permitieron que mi mujer saliera sola y sin chofer?

- Señor yo...

- ¡VÁMONOS! No tengo tiempo que perder. Abordaron el carro sin perder tiempo. Detrás de ellos sus guardaespaldas. Albert se iba tragando literalmente a Peter.

- ¡Lo que no logró entender! Es, ¿Por qué, no salieron con mi mujer? Tienen orden explícitas de ir a todas partes con ella. Son unos ineptos, despedire a todos, empezando por ti.

- Señor... lo que pasa que, su esposa lo ordenó así... dijo Peter defendiendo.

- ¡COMO UN CARAJO! ¡NO ME INTERESA! YO TE PAGO A TI Y A TODA ESA BOLA DE IMBÉCILES, PARA CUMPLIR SÓLO UNA MALDITA ORDEN! PERO RODARÁN CABEZAS. Dijo Albert enojado y amenazante.

Hospital Santa Juana

Albert se bajó de inmediato, entró al hospital como desquiciado.

- Señorita... me dijeron que está aquí mi esposa...

- Señor esperé su turno por favor... dijo la recepcionista altanera. Albert fue todo lo que pudo soportar.

- ¿Señorita? ¿Flammie? Soy William Albert Andrew, soy benefactor de este hospital, exijo que me lleven con mi esposa Candy Andrew, ahora mismo, de lo contrario, haré que la despidan inmediatamente. Dijo Albert tan frío e impersonal. Flammie por primera vez se doblegó, ya que tenía un carácter déspota y prepotente.

- Si, señor... flammie reviso su lista, se encuentra en el cuarto número siete en el primer pasillo. Contestó aprisa, doblegando su orgullo. Albert dio media vuelta y fue en su búsqueda, localizó rápido la habitación, entró sin tocar. Ahí estaba su hermosa mujer, acostada, atendida por un doctor y una enfermera.

- Señor no puede entrar así, ¿Qué le pasa? Dijo otra enfermera. Albert estaba a punto de mandar al carajo a esta también.

- ¡ALBERT! Mi amor. Dijo Candy llorosa.

Albert se acercó a ella, respiraba un poco más tranquilo, agradecía al cielo, verla con vida, ya que en el trayecto pensada, que sería de él, sin su ninfa de ojitos verdes. Vio que tenía moretones en su hermoso rostro, el labio partido, siendo de piel muy sensible y delicada, al abrirse la bolsa de aire, golpeó su rostro.

Albert posó su frente en la de ella. - Dios mi vida, morí dos veces hoy. Dijo Albert. - No me vuelvas hacer esto, cariño. ¿Cómo estás? - Doctor, ¿cómo está mi esposa? El doctor y la enfermera entendieron la grosería de Albert.

- Señor... Andrew, aunque su esposa no sufrió heridas graves, el susto y la impresión, causaron que tenga una amenaza de aborto, por suerte la trajeron a tiempo, no perderá al bebé, pero la amenaza persiste.

A Albert se le abría la tierra, de preocupación, se sentía tan mal, había fallado, no los había cuidado.

- Doctor, ¿Cómo se puede impedir que perdamos a nuestro bebé? Preguntó Albert muy tenso. Candy estaba muy asustada, no podía decir nada, sólo derramaba lágrimas.

- Señor Andrew, estará unos días aquí, veremos como evoluciona. Lo grave ya pasó y el pequeño está a salvo. Pero de ser un embarazo normal se torno de alto riesgo, debe mantenerse en total reposo, no deberá moverse sólo para bañarse y hacer sus necesidades. En casa será lo mismo hasta que sea controlado. Dijo el doctor. Albert asintió y se juró que cuidaria de ella personalmente.

- ¿Albert? Yo lo siento... dijo Candy triste. El doctor y la enfermera salieron. Pero antes dijo. - Por lo que veo se quedará con ella, ¿verdad? Albert asintió. - Muy bien señor, ordenare que dispongan un reposet. Ya solos.

- Candy mi amor, no tienes por que disculparte, no es tú culpa, es mía, debo estar pendiente de ti, juntos resolveremos esto, ambos cuidaremos de nuestra pequeña. Candy asintió, se abrazaron.

En otro lugar, una pareja celebraba su triunfo. - Pero, ¿¡cómo qué ya no vas a regresar a la mansión!? Preguntó Luisa consternada.

- Lo que pasa es que el señor Andrew, nos despedirá a todos, por dejar salir sola a su mujercita, además... guardo silencio.

- Ademas, ¿Qué, qué pasó Peter?

- Lo que pasa que los mocosos me vieron abajo de la camioneta, y no se necesita ser muy inteligente, sumarán dos más dos, sabrán que fui yo el culpable. Dijo Peter preocupado.

- ¿QUÉ DICES? ERES UN ESTÚPIDO... SI TE ATRAPAN YO NO METERÉ LAS MANOS POR TI. dijo Luisa enojada. Peter se enfureció, la tomó de los brazos apretandola.

- Lo siento mi amor, los dos estamos en esto, si yo caigo tú caes conmigo.

Continuará.

Chicas les dejo un capítulo, ya se que es cortito, el siguiente será más largo lo prometo. Gracias por seguir la historia. Este capítulo está dedicado especialmente para mi querida YULENI... servida amiga. Saludos a todas. Dios las bendiga.