COMPLICADO AMOR

Capitulo 10

"Revelaciones"

Se encontraba hincada frente al armario, cuando se escuchó el deslizar de la puerta a sus espaldas. Cuando se giró para ver quien había entrado, se sorprendió tanto que el corazón se le agitó.

Era Miroku; quien la miraba desde el umbral de la puerta.

- ¿Excelencia?

El monje Miroku cerró la puerta tras de sí y luego la miró.

-Sango, yo… -empezó nerviosamente

-¿Necesita algo? –le interrumpió Sango con aparente indiferencia

Dicha reacción le hacía todo más difícil al monje, pues realmente estaba nervioso.

-no, gracias –respondió sin pensar-; digo, bueno… a decir verdad si necesito algo

-¿Pues qué quiere? –preguntó a la vez que cerraba el armario

Para Miroku, aquellas respuestas tan secas eran como una tortura psicológica, pues quería abordar el tema con tacto, lastimeramente, Sango no parecía querer cooperar.

-Necesito que hablemos –dijo adoptando un tono serio

Sango comprendió al instante, y sinceramente le hubiera gustado no estar allí, pues forzar aquella charla que había estado evitando desde que inició su sufrimiento era como desgarrar nuevamente la herida y restregarle sal. Lo que el monje no sabía era que ella había empezado a olvidarlo y la hería ya no dolía igual que antes.

-No quiero hablar con usted –declaró resueltamente y se levantó dándole la cara de lleno.

El rostro de la exterminadora adoptó un gesto incompresible para él. El mismo que le dedicó en la travesía hacía la aldea.

-Pues yo si quiero hablar -dijo apoyándose de un valor proveniente de un sitio extraño, ajeno a él.

-Ya le he dicho que yo no –insistió Sango encaminándose a la salida

-Pero Sango… necesitamos hablar si queremos aclarar los malos entendidos…

Aquello fue como una bomba nuclear para Sango, a quien le empezaron a hervir las ideas.

-¿Malos entendidos? –Cuestionó indignada ante aquel comentario-, ¿Pero como se atreve a decir eso, Excelencia? Nunca existieron malos entendidos, solo una realidad que usted mismo confesó –su voz subía de tono sin que se percatara de ello, presa de un ataque de furia-, ¿o qué? ¿Acaso ya no lo recuerda? Usted mismo fue a decírmelo, frente a frente, como pidiéndome permiso ¡Permiso! Como si esperara que lo entendiera. No. Aún peor. Como si esperara que lo consintiera… Eso, no tiene nada que ver con los malos entendidos, usted debería saberlo bien.

-Lo sé, Sango –dijo bajando la mirada, avergonzado ante los reproches que se merecía-, y sé que las disculpas no son suficientes, pero…

-Pues en eso sí tiene razón. Las disculpas no son suficientes -y al decirlo un nudo se amarró en su garganta.

-Sango, si tan solo me permitieras…

-Olvídelo, Excelencia –le interrumpió, aunque trataba de contenerse-, ya no tiene importancia… Además, ya no quiero hablar de esto.

-Si no hablamos ahora, no lo haremos nunca –argumentó el monje Miroku acercándose un poco a ella- y todo esto se hará más grande de lo que nos parece ahora…

-Si no hablamos nunca, me sentiré mucho mejor –dijo recuperando el tono molesto a la vez que luchaba por no echarse a llorar

El monje Miroku estaba desesperado. El ver los ojos de Sango humedecidos por su causa le hizo recordar cuanto quería a esa mujer, y solo así comprendió cuanto ansiaba recuperar la sonrisa que él mismo le había arrebatado. Él realmente quería luchar por ella, quería luchar por ella con todo el corazón, y de ser necesario, lucharía contra ella misma para recuperarla.

-Sango –dijo endureciendo su expresión-, me has evadido todo el camino desde la aldea del señor feudal hasta ahora, y has hecho todo lo posible por ignorarme, pero debes saber –y al decir esto la miró sin temor directo a los ojos- que no puedes huir de esta charla todo el tiempo.

Aquellos ojos azules por los que Sango había suspirado tanto tiempo, los cuales ahora se encontraban clavados en ella, de repente parecieron mucho menos inquisidores que como los recordaba. Ya no parecían atravesar sus ideas como lo hicieron aquellos ojos dorados frente al río, una noche de luna llena.

-Tiene razón, Excelencia. No puedo huir todo el tiempo –respondió dominado esa sensación que se le arremolinaba en el estomago dolorosamente-, pero la pospondré tanto como pueda.

Y haciendo uso de toda la dignidad que le quedaba, se dirigió a la puerta con intención de salir de allí; sin embargo, para su sorpresa, Miroku le obstruyó el paso.

-Ya no habrán más aplazamientos –dijo con autoridad-, no tiene sentido.

-¿A, sí? Pues no creo que sea usted, quien deba decidirlo –y luego de mirarlo duramente por uno momento intentó escabullirse nuevamente, girado rápidamente hasta pasar a un lado del monje.

Estaba a punto de deslizar la puerta cuando inesperadamente, Miroku la tomó por un brazo y por la fuerza y la recargó contra la pared, apresándola por los brazos.

-No Sango, ¡Esta vez me tienes que escuchar!-exclamó a la vez que se le acercaba aún más.

♥ ♥ ♥

Unos minutos antes Inuyasha había salido enfurecido de la casa.

Estaba condenadamente enojado y tenía unas ansías locas de destrozar algo, lo que fuera estaría bien, mientras no le recordara la cara de ese estúpido monje, por que de lo contrario, se podría a triturar a golpes todo lo que se encontrara a su paso... Estaba tan irritado y exaltado que el solo pensar en lo que había ocurrido dentro de esa casa le daban ganas de golpearse a sí mismo, y es que, ahora lo entendía todo; por fin, todo aquello de lo que imbécilmente no se había dado cuenta antes, se le revelaba.

Había sido tan obvio que le costaba creer que nunca se había dado cuenta, siendo que todo el tiempo lo tuvo delante de los ojos… Siempre había habido algo entre Miroku y Sango, solo que él había sido demasiado imbécil como para darse cuenta de ello… Todos aquellos indicios tan claros y tangibles habían pasado frente a su nariz y no había sido capaz de darles sentido lógico, incluso Ahome solía mencionar algo al respecto y él nunca había entendido a que se refería exactamente. Y ahora estaba allí, malgastando energía por una estupidez, de la cual, para colmo, era culpable. Era culpable de no haberse dado cuenta y de creer cosas que no eran… Se profirió tantos insultos como conocía, pero en definitiva, eso no lo hizo sentirse mejor, por que sentía que quizás siempre lo había sabido, quizás solo tratara de engañarse a sí mismo pensando que Sango podría sentir… ¡Pero qué decía! Sango jamás había sentido nada particular por él, todo había sido una producción ficticia dentro de su cabeza engañada por sucesos que había malinterpretado, todo era pura falacia. Ni pensar que la idea de que Sango se preocupara por él de una forma especial había llegado a rozar su cerebro.

Se sentía como un verdadero idiota.

Todo se le aclaraba en una forma que en nada le satisfacía. Se sentía menoscabado y con el orgullo inevitablemente abatido. Sin embargo, la ira seguía siendo más fuerte que el abatimiento y quería desquitarse con algo o con alguien, pero no sabía como. Mil ideas violentas le pasaron por la cabeza; parecía un loco que debería ser atado, ya nada le apetecía ni le importaba. Sus pensamientos estaban hechos un verdadero desastre, eso no era novedad; sin embargo no entendía por que cualquier cosa le desataba los nervios, ¿Por qué esa paranoia respecto a Sango? Es que simplemente no se entendía a sí mismo! La única conclusión que podía sacar de todo aquel embrollo era que definitivamente algo andaba mal con él… después de todo, el no entender ni lo que uno mismo esta sintiendo, pensando o experimentando resulta bastante perturbador.

Estaba poseído de furor. Caminaba de un lado a otro afuera de la casa, con el frío nocturno golpeándole el rostro contraído en una mueca iracunda. Fue entonces cuando dejó de pensar en su propia deficiencia cerebral y comenzó a pensar en el presente, pues por su cabeza pasó una idea que no pudo ignorar… Justo en ese momento, mientras malgastaba el tiempo maldiciéndose a sí mismo, Sango estaba en una de las habitaciones de la casa, sola con aquel libidinoso. El mismo Miroku le había asegurado que no le haría nada, pero ¡como confiar en un ser despreciable como él! Fue entonces, cuando de improviso Inuyasha se dio cuenta de algo, que resultó ser como un alumbramiento repentino. Por fin notó que no le interesaba que Miroku y Sango tuvieran cosas que aclarar; no le importaba en lo más mínimo la cara de perplejidad de aquel monje pervertido; ni si Sango era suficientemente fuerte para defenderse sola; o si el mundo entero se le venía encima en aquel preciso momento... Lo único que le interesaba era tener la certeza de que ella se encontraba bien; y jamás tendría esa certeza, si no lo averiguaba por sí mismo.

Sin detenerse a pensarlo siquiera, Inuyasha giró sobre sus talones y entró a la casa tan rápido como había salido. Sus pisadas eran firmes, pero su decisión lo era aún más. No volteó cuando Ahome lo llamó por su nombre ni cuando Shipo se burló de su cara malhumorada, simplemente siguió de largo, pues tenía un objetivo, el cual era asegurarse de que Sango se encontraba bien.

Entró en el pasillo cubierto por oscuridad, caminó hasta encontrarse con la primera puerta, la cual abrió con decisión, pero dentro de ella no encontró nada. Caminó hasta la siguiente y la abrió con la misma determinación que la anterior, y en esta ocasión tampoco encontró lo que buscaba… No existía marcha atrás, solo quedaba una, y estaba claro que era allí donde se encontraban. El estar tan cerca de lo que buscaba, lo hizo experimentar esa curiosidad tensa de desagradable incertidumbre, no sabía lo que había detrás de esa puerta y temía averiguarlo. Se acercó sigilosamente, en silencio, con cautela… Se detuvo justo afuera de la puerta, expectante.

Escuchó en silencio, pero en realidad no escuchaba nada. Luego de un instante sonaron pisadas golpeando el suelo de madera, algo que sonaba como a forcejeos y al final un golpe seco contra la pared… Al principió Inuyasha pensó que Sango, haciendo uso de su notable fuerza, había estampado al monje contra la pared de una bofetada, pero…

-No Sango, ¡Esta vez me tienes que escuchar!- se escuchó la voz del monje a través de la puerta.

En ese momento no pudo quedarse quieto un solo instante más y abrió la puerta con determinación, preparado para salir en auxilio de la exterminadora.

Pero nada lo hubiera podido preparar para lo que vio, pues la exterminadora no parecía estar en peligro, en absoluto. Estaba siendo besada por el moje Miroku.

Ante aquella inesperada interrupción, Miroku se apartó de inmediato de los labios de Sango, la cual, por cierto, tenía entintado el rostro de rojo, y estaba casi tan desconcertada como el mismo Inuyasha.

Pero el impacto de aquella visión había sido demasiado para el mitad bestia, quien ingenuamente, creía que iba rescatar a una damisela en peligro acosada por monstruo terrible. Todo pareció desmoronarse frente a sus ojos. Esta vez el abatimiento fue cien veces más fuerte que la ira. Ya no recordaba por que había llegado allí con tanta ansia, ni tampoco comprendía por que de repente sentía un vacío inmenso en el pecho. Debía salir de allí.

-Eh… -comenzó bajando la vista para no verlos-, perdón por interrumpir.

Y salió de la habitación completamente diferente a como había entrado, la determinación y el ánimo que antes lo habían impulsado se había diluido con una rapidez inasimilable y ahora, sumido en la oscuridad de aquel corredor, se preguntaba como podía caber un hueco tan grande en su pecho.

♥ ♥ ♥

Después de aquella extraña interrupción, Miroku se alejó un poco más de Sango, confundido. Al haberla tenido tan cerca durante aquel momento, le había sido imposible resistirse a besarla aunque originalmente ese no era el plan; aún así, nunca hubiera imaginado que a alguien se le ocurriría abrir la puerta en ese preciso momento, lo cual le permitía entender sin mucho esfuerzo, que lo había echado a perder todo por completo con aquel atrevimiento inoportuno.

-Sango, realmente lamento haberte besado de esa manera; no era mi intención, de veras, yo solo… -decía tratando de disculpase

Pero la exterminadora no lo escuchaba. Seguía recargada contra la pared mirando en dirección a la puerta, al pasillo ahora vacío. Miroku tardó en darse cuenta de que estaba siendo ignorado, pero cuando lo hizo trató de llamar la atención de su receptora.

-¿Sango? –le llamó, pero al siguió sin obtener respuesta-¿Sango, estás bien?

Tocó su hombro tratando de hacerla reaccionar, y fue justamente ese tacto, el que la hizo volver a la realidad, más no de la forma que Miroku esperaba.

-¡Mire lo que a ocasionado! –le gritó molesta alejando su mano bruscamente de ella

Y salió de la habitación apresuradamente con la intención de seguir a Inuyasha, pero se encontraba a mitad del corredor cuando sintió que se le olvidaba algo.

El monje se quedó solo por un instante, sin entender en absoluto lo que ocurría, cuando de repente vio como Sango volvía a entrar en la habitación, plantándose frente a él solo para asestarle una dolorosa bofetada en la mejilla izquierda.

-¿P-pero ahora que he hecho? –preguntó extrañado sobándose la mejilla adolorida.

-¡Y todavía lo pregunta! –exclamó escandalizada Sango

El pobre de Miroku hubiera querido objetar algo, o cuando menos tratar de defenderse, pero no tubo oportunidad, pues Sango salió por la puerta demasiado apurada como para detenerla.

Nuevamente, en monje Miroku se quedaba solo.

♥ ♥ ♥

Ahome se encontraba en la cocina, sentada frente al fogón sobre el cual se encontraba la cacerola que contenía el caldo que se suponía debía de tomar por cena. Según el pronóstico de la sacerdotisa, solo bastaba con que el caldo hirviera para que todo estuviera listo, aunque se estaba haciendo cargo de los detalles.

-Shipo, ¿puedes probarlo por mí? –dijo mientras sacaba unos tazones de su mochila-, creo que le hace falta algo de sal

El pequeño zorrito tomó el cucharón y probó la sopa, pero estaba tan caliente que se quemó la lengua y no se ocupó de distinguir si le hacía falta sal o no, puesto que se puso a lloriquear por su lengua tatemada. Al verlo, Ahome sonrió y le consoló con agua dulce y una paleta, cosa que bastó para que Shipo se conformara.

Ahome se encontraba buscando la sal entre el montón de frasquitos de especias que había utilizado para hacer la comida cuando vio como Inuyasha pasaba arrastrando los pies en dirección a la puerta de salida hacía la que se dirigía otra vez.

-Pronto estará la cena –anuncio Ahome, quien se había esforzado especialmente para hacer la comida, pues no solo rara vez tenían una cocina disponible, si no que también pretendía ayudar a limar las asperezas que surgían entre sus amigos- ¿Haz visto a Miroku y Sango? Me preocupa que ya se hayan tardado tanto…

-Los he visto… -respondió amargamente-, pero creo que están demasiado ocupados como para preocuparse de la cena

-¿A que te refieres exactamente cuando dices que están ocupados? –preguntó Ahome curiosa, imaginando toda una reconciliación romántica y dramática muy al estilo hollywoodense.

Inuyasha respondió con un gruñido y siguió andando, entre molesto y cabizbajo.

-El caldo ya está hirviendo –Anunció Ahome sin entender el estado de ánimo del mitad bestia-, ¿no quieres que te sirva de una vez?

-No tengo hambre –y continuó caminando hasta salir de la casa

-¡Yo si quiero que me sirvas!-exclamó Shipo que hasta entonces había estado muy ocupado lamiendo su paleta mientras escuchaba la conversación.

-em… si, ahorita te sirvo –respondió Ahome distraída.

Ahome permaneció en su lugar, olvidándose por completo del pequeño zorrito mientras seguía preguntándose qué sería lo que ocurría dentro de la cabeza de Inuyasha, ¿por qué de repente aquellas actitudes tan extrañas? y ¿desde cuando evitaba la comida?. En silencio, trató de reflexionar al respecto. Pensó en qué sería lo que de repente hacía actuar a Inuyasha de forma tan antinatural en él, en sus repentinos cambios de humor y en indiferencia hacía ella; aquella misma tarde había estado de inmejorable humor, incluso se había ofrecido a llevar el hiraikotsu de Sango, todo el camino había sido apacible y agradable, pero desde que llegaron a la aldea pareció transformarse; la extraña discusión que tuvo con Miroku definitivamente no la había acabado de entender y tampoco comprendía por que ese decaimiento repentino. Mientras se encontraba ensimismada, Ahome seguía con la mirada a la pequeña Kirara, que jugaba a correr detrás de sus dos colas… Y fue en ese minúsculo instante, mientras miraba a la gatita mover su pelaje blanco al correr, que una idea espantosa surgió de su interior como una revelación.

Shipo seguía reclamando su sopa, cuando Sango pasó corriendo exactamente por el mismo lugar por donde antes había pasado Inuyasha, pero antes de llegar a la puerta se detuvo y se volvió a mirarlos. La exterminadora estaba a punto de preguntarles algo cuando Shipo le arrebató la idea.

-¡Hola, Sango! ¿Ya te reconciliaste con Miroku? –preguntó indiscretamente Shipo, quien hacía gala de su precocidad cuanto podía, eso sí, siempre en las situaciones más indeseables y mientras trajera una paleta dulce en la boca.

-¿Qué dices? -preguntó Sango alarmada

¿Desde cuando su vida sentimental se había vuelto tan poca cosa como para que hablaran de ella tan a la ligera?

Ahome no dijo nada. Solo la miraba con fijeza.

-Hace un ratitito Inuyasha pasó y dijo que Miroku y tu estaban muy ocupados para cenar –informó con simpleza el zorrito-, ¿Ya se reconciliaron?

-¿Inuyasha dijo eso? –Preguntó preocupada sin percatarse de que los ojos de su amiga seguían fijos en ella- ¿Hacia donde se fue?

-Por allá –respondió Shipo señalando la dirección

Y sin decir nada más Sango salió apresurada en busca de Inuyasha.

-Que raros están todos hoy ¿No crees Ahome…? –comentó el pequeño- ¿Ahome?

Pero la sacerdotisa no pudo responder, se acaba de levantar a la vez que trataba de disimular las gruesas lágrimas que estaban a punto de correr por sus mejillas. Por fin se daba cuenta que aquella sospecha que había tenido en el campo de batalla, cuando el anciano Mioga había atraído a un sinfín de monstruos, la cual había desechado por ser absurda, no lo era tanto; y que, sin darse cuenta, había estado perdiendo a Inuyasha a manos de su mejor amiga.

Para cuando Shipo pudo darse cuenta Ahome también había salido de la habitación.

Continuara…

N/A:

Me encantó escribir este capitulo, pero más me va a gustar escribir la continuación, así que solo puedo decir que llega un punto en esta historia en que definitivamente los misterios terminan por desvelarse y solo queda la llana realidad, que en ocasiones es la que más nos asusta… Y para los que esperaban un encuentro entre Sango e Inuyasha, solo puedo decirles que creo que sus peticiones serán satisfechas muy pronto n.n

Gracias por leer y gracias a lo que dejan sus opiniones, las cuales me fascina leer y aprecio de veras. Gracias enormemente a: Kaory-cherry, Agila Fanel, master911, Kaoru Higurashi y Shuls

Con cariño,

Kuchiki Rukia-chan