Disclaimer: Jesusito de mi vida eres niño como yo, por eso todo le pertenece a Tolkien y a mi no me pertenece un mojón XD

Capitulo 10

OooOOoo Pandora ooOOooOo

Hubo un tiempo en el que las almas habitaban libres de enfermedades, vicios y pesares; hasta que a Prometeo le dió por reírse de los Dioses a sus espaldas y Zeus castigó a toda la humanidad quitándonos el fuego. La desesperación hizo que el mortal desafiara a los dioses antiguos al robar el fuego del carro de Apolo para devolvérselo a los hombres. Lógicamente el señor de los cielos enfureció, y en venganza ordenó a diferentes dioses crear una mujer que pudiera seducir a cualquier ser humano, una mujer irresistible a ojos de los mortales, y la mandó a la casa donde el desdichado Prometeo vivía con su hermano. A pesar de haber sido advertido de la venganza de Zeus, Epitemeo aceptó la llegada de Pandora, se enamoró de ella y la tomó por esposa. Pero Pandora no venía sin equipaje. Traía consigo un ánfora que contenía todos y cada uno de los males existentes que podían contaminar con desgracias el mundo entero. Presa de la curiosidad, la abrió dejándolos escapar sin querer, con lo que la muchacha entró en pánico y cerró el ánfora con tanta rapidez como le dieron sus torpes manos, que fue la suficiente como para que no todo escapara al mundo exterior. Desolada, Pandora intentó consolar a los hombres, hablándoles, y explicándoles que siempre podrían acudir a la Esperanza, ya que estaba bien guardada en el fondo de la vasija.

También yo soy poseedora de una una caja ahora pero, a diferencia de Pandora, una servidora sí que es consciente de su contenido. La nada, el vacío, puro aire reconcentrado por la larga estadía sin ser abierto, sin orearse un poco. Estaba vacía, de momento. Me recosté sobre la pared de la tina y apoyé en ella la cabeza, echando de nuevo una mirada en dirección a la cama. Allí estaba, igual de impenetrable que cuando se me entregó, igual de poderosa. A pesar de que era pequeña, llamaba la atención más que cualquiera de los objetos presentes en la alcoba. Incluso mis propios pensamientos, esos que había logrado mantener a raya lejos del objeto, de su procedencia y de las posibles complicaciones de su uso; ahora me traicionaban. Volaban hacia ella a una velocidad imposible. Pensaba en las vetas de la madera, tan exquisitas como caprichosas, procedentes de un árbol cuyo nombre apenas puedo recordar pero que tal y como Galadriel me relató sólo crecía en Valinor, en Lórien, y que por esa razón tenía propiedades tan curiosas. Estaba bellamente labrada y sobre el cierre de la tapa habían tallado unos símbolos que no pude entender por mi misma, pero como me informó más tarde la Dama Blanca se trataba de una oración a Irmo, el valar de los sueños. Tenía un aura fascinante, no cabía duda al respecto. Alcé la mano de las profundidades y me aparté un mechón rebelde de la cara... tal vez debería empezar a contar la historia de la caja desde el principio para que pueda entenderse bien su poder... y supongo que ése principio tiene lugar durante mi primera noche en el hogar de los galadhrim.

Da la casualidad de que la historia empieza igualmente en una bañera, durante un agradable segundo baño. El primero había sido muy raro, Elithiel no me había dejado sola en ningún momento y como no hablaba nada que no fuera élfico no pude pedirle que se marchara. Bueno, más exactamente podía hacerlo, de lo que había dudas era de que me entendiera. Para empezar me costó mucho desvestirme, tanto que consideré meterme al agua con ropa y todo. Al ver mis problemas con el tema de la desnudez, la elfa debió de pensar que era idiota y no tardó mucho en intentar ayudarme. Intentando aliviar la tensión bromeé diciendo que no solía desnudarme ante desconocidos, total, no iba a entenderme... pero sí que lo hizo, para mi desgracia había entendido cada una de mis palabras, incluidos mis intentos fallidos de echarla. (¿Con que sólo hablaba élfico?) Y fue entonces cuando finalmente supe la razón por la que no quería irse: Galadriel en persona la había designado como mi dama personal. Cuando le pregunté a qué se refería exactamente con eso de personal (puede que parezca raro, pero a mi eso de 'dama personal' no sé porqué me suena un poco a 'señorita de compañía', y aunque una tenga una mente abierta, mejor dejar las cosas claras desde el principio que encontrarme con una elfa en mi cama de madrugada) se limitó a decir con una voz suave y melosa que mis deseos eran sus obligaciones. La verdad es que no me aclaró demasiado el tema.

Cuando al fin estuve en la tina como la santa de mi madre me trajo al mundo, la elfa se arremangó las mangas del vestido para no mojarlas y cogió una jofaina que me pareció de plata. La metió en el agua y me la vertió por encima de la cabeza sin previo aviso, acto seguido cogió un emplasto de color violeta de un tarro de alabastro y se puso a la tarea de lavarme la cabeza con ganas. Tras un par de aclarados más, dando por fin el visto bueno al pelo me pidió que saliera, y aún no había terminado de taparme con una toalla cuando la puerta se abrió y entraron tres elfas más... ¿que era mi cuarto? ¿una sala de convenciones? Miraron el agua de la tina y luego posaron sus agudos ojos en mí y sonrieron. Entonces, tonta de mi, lo entendí... iban a cambiar el agua. El jabón del cabello había limpiado gran parte de la suciedad de mi piel y ahora parte de la suciedad había formado una patina en el fondo. No pude evitar ponerme roja de la vergüenza. Una vez hubieron terminado y el agua volvía a ser clara se volvieron a marchar en tropel. Intenté que Elithiel se marchara también alegando que aunque apreciaba su ayuda podía lavarme el resto yo sola, pero lo único que conseguí fue cabrearla aún más. Muy contrariada me dijo que se quedaría para comprobar que lo hiciera correctamente. ¿Acaso pensaba que no sabía hacerlo?

-No suelo bañarme con gente mirando- contesté molesta y luego añadí, con el tono menos grosero del que fui capaz, que si mis deseos eran sus obligaciones entonces debía marcharse. Y conseguí al fin que me hiciera caso, se marchó enfurecida y yo pude seguir mi baño tranquilamente. Cuando terminé, me sequé y busqué algo que ponerme en el armario. No se habían molestado en subir mis cosas y la ropa sucia se la habían llevado cuando salieron de mi cuarto-Me están tomando el pelo...

Todo lo que había dentro eran vestidos, de diferentes colores y diferentes tejidos, formas y estilos, pero todos vestidos. Con todo el dolor de mi corazón, cogí uno blanco sin mangas, de tirantes gruesos y generoso escote, y me pregunté qué pensaría de ése vestido una elfa como Galadriel, que me había separado de mis compañeros sólo porque no encontraba moralmente aceptable que continuara durmiendo con ellos. La certeza de que iba a odiarlo hizo que se me dibujara una amplia sonrisa en la cara, me lo puse en un santiamén con unas sandalias doradas que encontré al fondo del armario y salí en busca de Elithiel sólo para demostrarle que en nada había echado en falta su ayuda. Curiosamente el pasillo que daba a mi alcoba se encontraba desierto. Caminé y caminé hasta que al fin di con la civilización. Me encontré a un par de elfas hablando en mitad del corredor en el que me encontraba. Les pregunté si conocían a mi dama de compañía y me dijeron con la mirada gacha que habían visto a Elithiel por las cocinas, después se escabulleron entre risas hacia algún lugar que no pude ver. No tuve mejor suerte preguntando por las cocinas, he de admitir.

-¿Kahlan?

Al fin alguien conocido. Haldir, a Legolas y a Aragorn tomaban el aire en una de las terrazas. Al percatarse de mi presencia se giraron y entraron en una especie de estado comatoso, en el que eran incapaces de hablar mientras me miraban como si lo que estuvieran presenciando fuera una aparición mariana.

-Estoy buscando a Elithiel ¿la habéis visto?- no contestaron. El principito reaccionó al fin, se quitó la capa y me la echó sobre los hombros- Gracias, pero no tengo frío. Lo que es raro en pleno invierno, la verdad... En serio, tengo que encontrarla. Sí pudierais alguno articular palabra y decirme dónde diantres están las cocinas...

-Haldir, amigo ¿serías tan amable de buscar a Elithiel? Conoces mejor tu casa que nosotros...-El capitán de la guardia de Lórien se marchó apenas hubo terminado de hablarle el principito, anonadado aún por lo que sus ojos habían sido testigos.

-En serio, tengo que preguntarlo... -Aragorn aguantó la risa hasta que no pudo más- ¿Has echo alguna apuesta o algo así?¿Es eso, no? De ser así, Legolas amigo, no la invites a tu casa... parece ser el único palacio de vuestra gente que por el que aún no se ha paseado en camisón...

-¿Qué? ¡Mierda!- Me envolví toda con la tela y me arrebujé bien entre los pliegues de la capa -Cogí el primer vestido que había en el armario y... ¡la culpa es vuestra!

-¿Nuestra?-rió el elfo

-Sí, que hacéis lo hacéis todo tan bonito y tan élfico que una ya no sabe si es parte visible o no... En donde yo vengo los pijamas tienen dibujados patos, ovejitas, fresas... esas cosas...

-Los vestidos siempre llevan mangas. No está bien visto que las elfas enseñen el brazo entero. Pero eso es algo de lo debería haberte advertido Elithiel...

-¿Porqué te crees que la busco?

-¿Te ha dejado sola?-por el tono de voz del principito supuse que de contestar que sí iba a a meterla en un buen lío.

-No exactamente...

-Kahlan...

-¡Quería bañarme, Aragorn!¡Ella! Como si fuera una jodida niña pequeña y no supiera...

-Es una tradi...

-Me da igual. No me gustan tantas confianzas... ya me costó lo mio desnudarme delante de una completa desconocida como para encima dejar que me toque.

-¿la echaste?¿sabes el deshonor que eso conlleva?-Genial. Ahora la ira contenida del elfo la descargaba contra mí. Tal vez sí que debería haberle echado la culpa a Elithiel, de haberlo hecho ahora no me estaría gritando a pleno pulmón.

-¿deshonor?¿Acaso soy una completa idiota que no sabe ni lavarse?

-Nadie duda de que sepas, es una cuestión de rango- Aragorn intentó suavizar lo máximo posible la situación.

-¡Qué estupidez! ¿Acaso a vosotros os lavan?- dije justo antes de arrepentirme por completo de las palabras que acababan de abandonar mis labios. A mi mente vino la escena del principito en la tina con una elfa restregándole suavemente el cabello con la dichosa plasta morada y casi se me sale el corazón del pecho.

-De hecho...-empezó a decir el elfo como si la imagen mental hubiera sido compartida.

-¡Olvidalo! ¡no quiero saberlo!

-Creo que estás haciendo una montaña de un grano de arena...

-Mira Aragorn... soy cabezona, dramática, cabra loca donde las haya... pero aunque parezca mentira, hay dos cosas que soy por encima de todo: limpia y decente. Sólo hay dos motivos que justifiquen ver a otra persona desnuda: el arte y el sexo. Y como ni va a pintarme, ni me voy a tirar a Elithiel no creo que tenga porqué verme como Eru me trajo al mundo ¿ok?

-Deberías disculparte con ella.

-Sólo cumplía con la labor que la encomendaron Kahlan...

-Y no tengo duda que tu actitud con ella y el hecho de que la echaras ha sido un deshonor...

-Pero...

-Pero nada- contestó Aragorn- Legolas, tú te orientas mejor entre estos pasillos que para mi son poco más que laberintos... acompáñala a su recámara y asegurate de que se disculpa con Elithiel. Yo esperaré aquí, pues no creo que hayan de tardar las nuevas que esperábamos.

Legolas me cogió del brazo antes de que pudiera replicarle al montaraz, y amablemente me instó a empujoncitos a comenzar el camino de vuelta a la alcoba. Después de un silencio incómodo, empezó a aleccionarme de nuevo sobre mi comportamiento con la elfa.

-¿Me estás escuchando?

-No.

-¡Kahlan!

-¿Para qué voy a hacerlo? Ya habéis decidido que me disculparé ¿no? Si no puedo decir nada al respecto al menos me ahorraré un dolor de cabeza- Y de garganta, que ya sentía la laringe irritada. Entré de nuevo en el cuarto dejándolo con la palabra en la boca y me puse a rebuscar en el armario algo decente que ponerme para correr cuanto antes a cumplir las órdenes que me habían dado. Por las barbas de Eru... ¿Cuando mi vida se había visto reducida a eso?

-Sólo intento hacerte entender...- El elfo entró apesumbrado en la habitación, parándose de sopetón como si se hubiera dado cuenta de algo importante. Le mostré uno de los que menos me gustaban.

-¿Vestido o camisón?

-Camisón-dictaminó observando con detenimiento la prenda que sostenía.

-¿Puedes escoger uno? Si no nos tiraremos toda la noche aquí...

Me miró sorprendido, pero no dijo nada. Se acercó al armario y escogió un vestido verde (¡Elfos!) con corpiño de terciopelo y mangas de gasa que me recordó horrores al de la princesa Fiona. Al menos aquí no habría ogros de por medio... aunque los ogros tenían pinta de ser mucho menos gruñones que el principito que tenía enfrente. Me oculté tras el biombo de madera y me terminaba de poner el traje cuando escuche un quejido.

-¿Qué ocurre?

-Nada...

-¿Voy a tener que sacártelo a la fuerza elfo?

-Andaba pensando en mis cosas, no tuve cuidado y me quemé.

-En qué andarías pensando... -Cogí su mano entre las mías y examiné el dorso, donde encontré una mancha rojiza-¿ya encontraste una elfa bonita a la que dirigir tus atenciones? ¿es eso?

-No-Al contrario de lo que imaginé, mi comentario no le hizo gracia alguna y retiro la mano molesto. La volví a coger con decisión, apreté su palma con la mía y le pregunté si le dolía.

-Entonces puedes ayudarme con el maldito corsé...-Le contesté apenas escuché la negativa salir de su boca.

-¿No te parece decente que te bañe una elfa pero sí que yo te vea a medio vestir?

-No es lo mismo.

-No, pero se le parece.

-A ti te tengo confianza, a ella la acabo de conocer.

-¿Es una cuestión de confianza ahora?

-¡Legolas!

-¡Qué!

-¿Vas a hacer que lo haga, verdad?- solté su mano como si quemara- ¿Es lo que buscas?

-No sé de qué me hablas...- En verdad parecía desconcertado. Como si no entendiera mi enfado, como si mi furia no estuviese justificada.

-No, por supuesto que no. Pero te digo una cosa elfo... he sobrevivido al kraken, al Balrog de Moria y a los arbolitos hipernitrogenados de esta condenada ciudad... ¡un maldito corsé no va a poder conmigo!

Volví detrás del biombo con los ojos vidriosos, dispuesta a bajar a cenar con el jodido camisón si no era capaz de atar la cinta del corsé. ¿Acaso esperaba que iba a rogarle su ayuda? Cuando creí que no podía estar más enfadada sentí unas manos en mi cintura, tirando del cordón de seda del color de la hierba que me hicieron temblar de arriba a abajo.

-Me temo que no soy muy diestro en estas lides, pero si te ayudo has de hacer algo por mí- Me puse aún más nerviosa cuando noté su aliento en mi oreja, cuando me habló al oído- Repite conmigo: Legolas...

-Legolas...

-¿puedes atarme el corsé por favor?

-¿puedes...-iba a tener que hacerlo si no quería ir en pijama a todos lados. O se lo pedía a Legolas o tendría que disculparme con Elithiel y, como yo no veía razón para hacerlo, las palabras salieron casi solas- puedesatarmeelcorséporfavor?

-¿No ha sido tan difícil, verdad?- dijo terminando la lazada final-¿Estás cómoda? Puedo aflojarlo un poco si quieres...

-No soy una niña pequeña, como te dije un maldito corsé no va a poder conmigo. Volvamos. Tengo hambre.

-Casi pareces una elfa...-Me acomodó el pelo detrás de las orejas y sonrió.

-No lo soy.

-Ya, pero casi me haces olvidar que no lo eres-una pena cruzó la mirada cristalina del elfo-Vamos, nos estarán esperando.

La cena fue bastante pomposa. Todo el mundo vestía sus mejores galas, y bajar la escalinata principal del brazo del elfo tampoco ayudaba mucho, la verdad. Mi acompañante y el hecho de llegar tarde no hizo más que centrar toda la atención de los invitados en cómo bajábamos peldaño a peldaño, a un ritmo irremediablemente lento para mi gusto. Y digo irremediablemente lento porque cada vez que intentaba apresurar el paso, Legolas me lo impedía apretado más hacia sí mi pobre antebrazo preso, haciéndome finalmente amoldarme a su velocidad de tortuga marina coja. Recordé lo que me dijo una vez mi madre: espalda recta y cabeza alta. Si bien no consiguió hacerme sentir mejor, al menos no parecería tan bajita. Al llegar a la mesa donde se hallaban sentados los demás Legolas me soltó delicadamente el brazo (¡al fin!) y me apartó la silla de color blancuzco para que me sentara. Siento decir que me quedé mirándole como si de un bicho raro se tratara, lo cual achaco claramente a la falta de costumbre.

-Se supone que ahora has de sentarte Kahlan- Sonrió. No se había tomado a mal mi reacción. Ya sé que no hay disculpas suficientes en el mundo... pero estaba en shock. Tomé posesión de mi asiento sin terminar de creérmelo aún, mientras él parecía tan contento que nada de lo que pudiera suceder aquella noche podría arruinarle la velada con los de su 'especie filogenética'.

-Si no fuera porque te hemos visto sentarte más de una vez desde que comenzamos nuestra aventura, diría que es la primera vez que lo haces- ya le había salido la vena maruja al hobbit.

-Eso es porque no hace falta protocolo para sentarse en el suelo Pip...

-Kahlan esos son modales, no protocolo-ya saltó Merry- se llama educación, y dejame decirte que dice mucho y muy malo de los hombres de tu círculo social, amiga mía...

-Merry, ¿te das cuenta de que eres hombre y de que perteneces a mi círculo social?- El sarcasmo de mi comentario no hirió al hobbit en absoluto. Es más rió y bebió vino dulce a mi salud.

-Como única disculpa he de decir que no hemos tenido muchas ocasiones para hacerlo desde que partimos de Rivendel- dijo amablemente el enano- ahora Kahlan, se te ha quedado una faz que cualquiera diría que no somos los únicos que no lo han hecho, así que no te enfades con nosotros por nuestra falta de caballerosidad que tan claramente ha puesto en evidencia el elfo...

-Creo que a partir de esta noche, deberás especificar a que elfo en particular te refieres, maese Gimli- rió Aragorn.

-Cierto es. Pero creo que ella me ha entendido, porque no parece querer contestar.

-¿A qué? Si sabéis que no puedo enfadarme con vosotros. Y sí, nunca lo habían hecho antes, así que probablemente no valore demasiado vuestra falta.

-¿Ni siquiera Adrien?-preguntó el elfo divertido por mi turbación al oír el nombre del francés.

-No creo que eso sea de la incumbencia de nadie, principito. Y menos tuya.

-Su falta de caballerosidad no es excusa para la mía de educación. Te ruego que me perdones Kahlan.

-Perdonado quedas, que no soy rencorosa.- La tensión en la mesa se hizo palpable, y no se sabía muy bien debido a qué, si al comentario aludiendo al francés o a la disculpa orgullosa y casi encorsetada de Legolas- Y vosotros ¿quién ha sido el gracioso que le ha cambiado las pastillas al elfo? Porque tanta amabilidad me escama... ¿qué es lo que quieres Legolas?

-Me ofende que dudes de mis intenciones, Kahlan vanimelda. Aunque es posible que después de la cena te pida un pequeño favor -Galadriel se levanta para hablar- pero ahora escuchemos a la Dama Blanca, que parece que tiene algo que decirnos.

No hizo falta que la anunciaran, ni a ella ni a su discurso. Fue ponerse en pie y cesar todas las conversaciones de la sala, incluso las que se daban entre susurros directamente a la oreja del contertuliano/a de turno. Empezó dando las gracias a los asistentes por acudir a tan precipitada celebración. Tal vez resulte muy egocéntrica, pero creo que al hablar me miraba a mi directamente, no sé. Tal vez me he vuelto demasiado paranoica.

-No dejes de serlo. Ser paranoica, como tu lo llamas, puede salvarte la vida llegado el caso.-Otra vez esa voz taladrando mi mollera.

-Bien, empezaba a pensar que me otorgaba a mi misma mayor deferencia de la que me merezco. ¿Seguro que quiere tener esta conversación mientras ejerce de anfitriona perfecta?

-Probablemente así sea, y en cuanto a mis labores de anfitriona, como puedes comprobar no es algo de lo que tengas que preocuparte. Soy capaz de dar dos discursos completamente diferentes y que los que me escuchan embelesados piensen que me dedico enteramente a ellos.

-Asi que en eso se entretiene... debe tener al pobre Celeborn exhausto.

-Lo encuentra estimulante, pero una vez más, no es algo de lo que tengas que preocuparte.

-¿Entonces?Si no es mi profunda conversación telepática, ¿qué es lo que la retiene en mi humilde cabeza?

-Un aviso. Ambas lo sabíamos desde el principio, aranel. Desde el mismo momento en el que te descolgaste por las escalas y viste por primera vez las hojas doradas de nuestro bosque. Hace mucho tiempo ya que nadie nos visita, y a quién ha tenido la mala fortuna de encontrarnos no ha vuelto a ver el camino a casa.

-¿Me estás diciendo que no permitirás que la Compañía abandone Lórien?

-Ni siquiera yo puedo oponerme al destino de la compañía. Si lo hiciera, si no les dejara partir estaría condenando a todos los pueblos de Arda a las tinieblas. No, ellos han de marchar.

-¿Entonces? ¿A qué viene tanto secretismo y tanta profecía?

-Tú no perteneces a la compañía.

-No. Yo...

-Has de quedarte.

-¡No! No, no puedes hacerme esto!

-... ahora sí, es tiempo de disfrutar de la maravillosa cena.

-No te atrevas galadriel!

-¿Que no me atreva? (Ríe) No tientes tu suerte Dama Kahlan Amnell, ser Madre Confesora no te salvará de mi ira llegado el momento. Aranel...

Retorcí la servilleta hasta que los nudillos se me tornaron blancos. Quería huir, salir corriendo para que nadie me viera llorar de la frustración. Como si fuera capaz de sentir la tensión y la furia contenida que corría por cada arteria de mi cuerpo, Legolas tomó una de las manos que guardaba en el regazo por debajo de la mesa. Al levantar la cabeza para increparle por su atrevimiento me encontré con esos ojos azules suyos, que hicieron que extrañamente me sintiera reconfortada, como si me envolvieran en un abrazo invisible. No hicieron falta palabras, sabía que iba a pedirle que cumpliera su promesa.

OooooOoOoo Espejito, espejito, dime quién es la más hermosa ooOOooOOooO

-Ya hemos llegado.

-Aún no me puedo creer que vayáis a dormir aquí.

-En peores sitios hemos dormido. Al menos con la protección que nos ofrecen podremos dormir la noche del tirón...

¿Protección? ¿Qué protección les ofrecía dormir a la intemperie entre árboles gigantescos? Ni siquiera les había dado un habitáculo, tal vez para que no se acomodaran demasiado y no les costara partir. Maldita Galadriel. No había mencionado en toda la noche lo sucedido con la elfa, pero Aragon, el elfo y el enano parecían tener un sexto sentido para averiguar cuando me ocurría algo.

-Trancos...

-Dime- Seguí sus pasos para recoger algo de leña caída que echar al fuego.

-¿Qué te pasa conmigo?

-Nada, ¿que va a pasarme?

-Ya...- Aragorn dió la conversación por terminada y se sentó entre los hobbits a fumar. Legolas trasteaba junto al fuego, intentando anclar la punta de hierro que me había herido al astil ya remendado- ¿Aún intentas arreglar esa flecha?

-Sí, pero me temo que es imposible.

-A lo mejor es que ya no quiere ser una flecha-dije sentándome a su lado- A lo mejor se ha cansado de que su único cometido sea herir.

-Es una flecha Kahlan, las flechas no se cansan, lo que se cansa es el brazo que tensa la cuerda.

-Era una metáfora, principito...

-Lo mío también. Ojalá pudiera hacer que te sintieras mejor, pero temo que nada de lo que pueda hacer o decir hoy lo consiga.

Bajó de nuevo la mirada, empeñado en amarrar como fuere la punta de flecha al ástil, con todos los medios de los que disponía, que a decir verdad no eran muchos. Me levanté del leño y me alejé de la fogata, con la mirada fija de Legolas clavada en la nuca hasta que traspaso la barrera de árboles y me pierdo en la negrura. Y aunque sé que no puede verme ya, intuyo que me escucha cada paso que doy alejándome. Caminando, caminando, y haciendo camino al andar, acabo en un caminito propiamente dicho de baldosas de piedra que debe de ser alguna especie de 'carretera' por la que llevar carros o algo así, porque es el primero que veo dentro de la ciudad. El moho había descolorido alguna de las rocas del suelo. Miré a mi derecha y a mi izquierda buscando moros en la costa, pero no había nadie. No iba a ser tan... infantil. No, claro que no. Ni era Judy Gardland ni tenía 9 años … ¡Qué demonios! Di un paso largo hasta la primera baldosa descolorida y después un salto con los pies juntos hasta la segunda. Miré de nuevo a mi alrededor a ver si alguien era testigo de mi comportamiento y al no hallarlo salté de baldosa en baldosa cual Dorothy con zapatos de oro en lugar de grana.

-We're off to see the wizard- empecé a cantar bajito, que los elfos tienen muy buen oído- the wonderful wizard of oz. We hear he is a wiz of a wiz If ever a wiz there was. If ever, oh ever, a wiz there was...

Y cantando y saltando y buscando al mago de Oz casi me descubren un par de hobbits que vagabundeaban en medio de la noche. Me escondí tras unos matorrales, pues se trataba de Frodo y Sam y no me apetecía nada discutir con ellos. Poco se alejaron de dónde yo me encontraba, pues aún escondida oía sus voces claras, junto con la de la dama Blanca. Hablaron poco, ella les invitó a mirar en el espejo y los hobbits obedientes lo hicieron. Frodo le ofrecío el anillo a Galadriel tal y como Tolkien había imaginado, y ella superó la prueba y siguió siendo Galadriel, la reina de los Galadhrim. Frodo y Sam no tardaron en volverse por donde habían venido, y cuando pensé que era seguro salir de mi escondite, me incorporé con tal suerte que me pescó la galadhrim rubia.

-No tenías porqué esconderte... no hemos hablado de nada que no sepas ya.

-Frodo no me habla. Y como Sam le copia en todo, tampoco.

-El enfado no durará para siempre...-contestó como si la conversación en la sala no hubiera tenido lugar, crispándome aún más si cabía.

-Por supuesto, para siempre es demasiado tiempo... sólo hasta que alguno de los tres muera de viejo, y supongo que esa seré yo porque los hobbits tienen una vida larga los condenados...

-¿Porqué dices cosas que no sientes?

-Mecanismo de defensa supongo.

-¿Quieres mirar?

-No, ya sé lo que voy a ver. No quiero que la primera vez que vea los campos de La Comarca estén todos ardiendo.

-¿Eres siempre tan presuntuosa?

-Siempre que puedo, sí.

-Nadie sabe lo que verá en el agua, mucho menos tú. Lo que sabes o lo que crees que verás no es más que la visión de Frodo y Sam, no la tuya. Pero si temes...

-No le tengo miedo a tu magia élfica.

-Otra vez diciendo cosas que no piensas. Pero no te preocupes, haces bien en temer mi 'magia élfica', no te hace menos fuerte temerla. Aragorn y el príncipe Legolas lo hacen.

-¿Qué tienen que ver esos dos ahora?

-Eran sólo dos ejemplos de fortaleza que tu pudieras reconocer ¿De que me serviría hablarte de Oropher o incluso Thranduil si ni siquiera los conoces? No volveré a repetir mi oferta. Mira, si quieres, en el espejo.

Al principio lo único que reflejaba aquel agua eran la luz de centenares de estrellas tililantes que teníamos sobre nuestras cabezas. La luz se fue aclarando y llenando todo el recipiente, a lo lejos se veían unas montañas. En medio de la llanura una mujer vestida de blanco, la misma mujer de mi sueño, sola entre tanta arena, bajo un sol de justicia, caminando en dirección contraria a las montañas. Sólo que... no podía ser la mujer de mis sueños, no era Kahlan, no tenía los ojos verdes... sino de un marrón chocolate, de esos que cuando te miran te da hasta hambre...¿era yo? Intenté apartarme pero Galadriel me tomó firmemente del brazo.

-¿Era esto lo que no querías escuchar? Hiciste caso omiso a mi advertencia sobre Lórien, ahora tu destino está sellado. Tu sino se ha reescrito, entrelazado, confundiéndose con el de Kahlan. No te espera más futuro que el de la Madre Confesora aranel...

Las imágenes se confundían unas con otras, imágenes de Helm, de la toma de Minas Tirith, de la dama Éowyn en las Casas de Curación, un beso furtivo ante una hermosa puesta de sol, un mercado que no conocía... Thranduil, Legolas muy bien ataviado en un bosque de hojas verdes...

-Ya te he dicho que no creo en profecías.

-Existen independientemente de lo que tú pienses sobre ellas. No es asunto mío, ni me importa en absoluto lo que creas en ellas o no.

-Entonces no sé que hacemos discutiendo de este tema. Y si tanto le irrita mi estancia en su casa no sé porqué quiere retenerme en ella.

-Parece que la que no quiere entender eres tú aranel. No marcharás con ellos cuando dejen Lórien.

-¿Teme que si abandono su protección me transforme por arte de magia en Bridget Reagan, me dé por vestirme de blanco y por confesar a la gente? Porque no quiero reírme en su cara en serio... no, sería muy feo que lo hiciera.

-Una falta de respeto que no toleraría. Igual que el insulto a mi inteligencia. Si no te permito abandonar mis dominios es porque tú podrías arruinar todo lo que han de conseguir tus compañeros. Hablaremos mañana en la asamblea, pues es posible que haya encontrado una manera de evitar tenerte de huésped permanente. Y no, no es negociable. Lisse oloori aranel, nai Eru varyuva le.

-Algún día tendrá que explicarme el porqué de esa manía suya de llamarme aranel.

Lisse oloori aranel, nai Eru varyuva le: Dulces sueños princesa, que Eru te guarde (Quenya)

BONUS TRACK XD

Legolas POV

No podía dejarla ir, aunque lo quisiera con toda su alma no podía hacerlo. Miró la flecha que sostenía entre sus manos con expresión resignada y esbozó una sonrisa amarga. Una flecha es una flecha. No puede evitar herir todo lo que se cruce en su vuelo, aunque no lo quiera. Y es mejor que sea así, pues las heridas te hacen sentir vivo de nuevo, como si no fueras consciente de que respiras hasta que el aire te falta, hasta que el dolor te quiebra. En estos lares se hallaban sus pensamientos perdidos cuando soltó la punta de entre los dedos, dejándola caer al suelo. Tanto darle a la mollera le había hecho perder el cuidado y el tino al manosear el metal y se había acabado llevando un buen tajo. Y como un mensaje del propio Eru se lo hubo de tomar a bien, pues consideró que aquel corte sellaba su destino y agarrando el puntal de flecha de la tierra echó a correr entre la maleza.