Capítulo X

Las Enanas mujeres no la tenían nada fáciles en el mundo Khazâd. Eran muy pocas, tal vez una rareza, por eso cada Enana mujer tenía como veinte Enanos interesados tras de sí. Réa desde que llegó a la edad de casarse tenía encima a unos cuantos Enanos, por eso ella se hizo guerrera e iba con su padre a todas las empresas, así se liberaba por el momento de la presión por casarse.

Su padre al parecer no estaba muy interesado en casarla, era celoso, si no la pobre Réa ya hubiera estado comprometida. Y tal vez no regresaría a las Colinas de Hierro, pues allá no tenía nada esperándola, y de paso se liberaba de los pretendientes.

Era la segunda noche de bodas y la Enana estaba insomne, sus pies por alguna razón la llevaron a la cocina, tal vez para prepararse una taza de leche caliente. Se sorprende entonces de encontrar a la reina ahí, a tan altas horas de la noche. Apenas recién se había terminado la cena y la música, y la pareja real se había retirado ya a su aposento. Pero ahí estaba Belladonna con Bombur.


-Majestad- saludó Réa con exquisitos modales, y me sonó muy extraño, no estaba nada acostumbrada a eso.

-¡Oh, por favor! Mis amigos no tienen que llamarme majestad- exclamé.

-Pero… ¿Qué haces aquí, Bella?- Réa más relajada preguntó con mucha vergüenza pues todo el mundo pensaba que… bueno, que Thorin y yo esas noches... No tenía dudas de que la gente estaba ansiosa por enterarse de detalles, todo el mundo tenía curiosidad por unión tan extraña. Las cosas más increíbles estarían pasando por sus mentes.

Pero no les daríamos el gusto.

-Es que Thorin está enfermo- expliqué enseguida para no seguir con conversación tan incómoda y para que dejara de pensar lo que estaba pensando.

-El rey comió algo que le cayó mal, y… creo que comió de más- rió Bombur- Estaba contento, comía con gusto, de hecho comió como nunca lo vi comer pues claro, después de estos meses de viaje y con comida tan mala pues nos volvemos locos con los banquetes . Mucho me temo que nuestra salud no está del todo fuerte-

-Es cierto, no debemos abusar de la comida todavía. La verdad es raro que mi estómago se haya portado tan bien- me di cuenta de que no había estado enferma durante el viaje a la intemperie y eso era una real hazaña.

- Seguro fue el puerco, eran unos cerdos salvajes que cazamos y tenían días ya con nosotros. Me temo que estos varones son unos glotones y, por supuesto, los estómagos no están muy fuertes ciertamente- dijo la joven. En realidad yo nunca pensé que la barba pudiera ser algo bonito en una mujer, pero ya entendía por qué entre los Enanos era una mujer algo hermoso.

Otra vez me preguntaba qué había visto Thorin en mí.

-Toma, Bella- me dijo Bombur que era experto en intoxicaciones por comida- Este té sanará a Thorin- añadió sonriendo y siempre daba mucha confianza hablar con él.

Las dos mujeres salimos de la cocina pues Réa me ayudaba con la jarra del té, y Bombur se quedó solo terminado de guardar los utensilios de la cena.

El gordo Enano que siempre era muy alegre, estaba algo opacado esa noche, y no precisamente por la enfermedad del rey. Era demasiado gordo, y nunca sería un guerrero como los otros. Era tal vez una vergüenza para los Enanos.

Bombur estaba en realidad muy solo, y tal vez engordaría mucho más, tanto que le esperaría una vida inútil acostado en una cama.


Mientras caminábamos por los pasadizos, proyectando sombras danzantes sobre la piedra, Réa parecía querer decirme algo. Me preguntaba si ella presentía alguna presión por parte de su padre o de Thorin con respecto al compromiso con alguno de los herederos. Me preguntaba si ella sentía alguna presión por ser la única mujer disponible para casarse. Ella creía que yo ya era una experta en los favores del amor, pero no era así. Sin embargo eso no iba a saberse pues nada iba a decir al respecto.

Seguramente estaba curiosa por saber cómo llegué yo, una hobbit, a casarme con un Enano. Lo decían sus gestos y sus sonrisas tímidas, pero todavía no se atrevía a tratar el tema.

Me dejó sola cuando llegamos al pasillo de paredes blancas, y no sería mucho tiempo el que estaríamos separadas, porque ya faltaba poco para el amanecer y cosas pendientes teníamos para la primera hora.

Cerré la puerta de nuestro cuarto y coloqué la jarra y la taza en la mesa de noche. Thorin descansaba sin camisa pero aún no se había dormido.

El ambiente como siempre era tenue, oscuro. Solamente eran los salones y cuartos iluminados por velas y antorchas. Y eso era así día y noche.

-Lamento haber arruinado nuestra segunda noche juntos, Bella- dijo con el rostro sudoroso –En realidad ni sé qué comí. Estaba tan emocionado, con el momento, la canción-

-Está bien- yo me recosté junto a él y empecé a secarle la frente, con mucha dulzura. Enfermo se veía más tierno aún- Y no te apenes, no es la primera vez que te veo vomitar. Estamos como la vez a orillas del río, cuando tú estabas peor…- me dolió recordar eso, le había quedado una cicatriz de los maltratos y los golpes que le dieron los Elfos. No aceptaba eso, que maltrataran tanto a los Enanos siendo ellos Los Primeros Nacidos, la raza superior, pero no tenían derecho de humillar a los Enanos- ¿Te acuerdas?- dije con cierta nostalgia, todos aquellos momentos de nosotros, esos acercamientos dificultosos.

-Me acuerdo de todo. Y nunca olvidaré de la primera vez que te vi… Te amo, Bella-

-Y yo te amo a ti- respondí con voz temblorosa.

Sonrió a pesar de su quebranto y se tomó la taza de té. Ya estaba mejor, después de expulsar de su estómago todo lo que se había comido… Con caricias se dormiría enseguida.

Yo era buena para eso, siempre amansé a las fieras con cariño. El amor era la fuerza que domaba hasta a las difíciles criaturas. Podría decirse que él y yo fuimos de esas criaturas.


El palacio de Thranduil estaba muy agitado cuando los Elfos regresaron con el oro. Se ocuparon en el primer momento de guardar el tesoro en sus cámaras internas y luego en reorganizarse para celebrar una reunión en el Salón del Rey.

Thranduil se había cambiado de ropa, quitándose la armadura, el arco y la espada. Memorables eran, numerosas batallas del pasado lo habían acompañado.

En el trono numerosos Elfos esperaban sentados en sus sillas, murmurando, las estancias eran oscuras pues estaban dentro de un caverna, pero muy adornada por plantas y el río corría por diversas partes en su interior. El príncipe estaba en silencio, sentado en su lugar al lado del trono, con una mirada algo indiferente.

Cuando al fin llega Thranduil y todos se ponen de pie. El rey Elfo no perdió tiempo pues se apresuró a exponer la cuestión que tenía pendiente.

-Señores- habló ya frente a la audiencia en el idioma de los Elfos del Bosque–Grandes eventos han ocurrido en estas últimas semanas. Se ha reclamado el reino de Erebor pero quien se sienta en el trono es un asesino- dijo sin miramientos y los Elfos rompieron en murmuraciones otra vez –Thorin Escudo de Roble, hijo de Thráin, y heredero del trono ha cometido el crimen de matar a Gwered a sangre fría y sin ninguna justificación. Proclamado para sí mismo el título de "Asesino de Elfos"- y ante esto muchos de los presentes se levantaron de sus sillas indignados y hubo una gran algarabía.

Thranduil hizo una pausa mientras se paseaba por el estrado, Legolas seguía mudo y estudiaba con sus ojos la audiencia. El príncipe recordó el día que llegaba de caza y encontró un charco de sangre allí mismo a pies del estrado donde estaban ahora, y era sangre de un Enano al que su padre había encarcelado. Nada menos que Thorin el heredero de Durin.

No fue nada agradable eso.

De hecho nada de eso que tenía que presenciar era agradable. Legolas no se sentía a gusto allí en esa reunión.

-El nuevo rey ha bautizado con sangre su reino, lamentablemente, cuando fue él mismo quién sacrificó su tesoro para evitar una batalla que les iba a ser mortal- sacudió la cabeza Thranduil con cierta compasión.

-Sí, desbarató con los pies lo que había logrado con sus manos el Rey Bajo la Montaña- comentó uno de los Elfos.

Ni Glorfindel ni Thranduil dijeron nada de la razón por la cual Thorin mató a Gwered.

-Y se dice que ese Enano ha traicionado a su raza contrayendo nupcias con una hobbit- dijo otro Elfo muy asombrado, y de nuevo se levantaron las murmuraciones –¡Estos tiempos ya me asustan que se están viendo cosas tan inauditas!-

-Y corren rumores de que hay enemistad entre los Hombres de Esgaroth- levantó la voz otro Elfo del reino.

-Los Hombres se separaron y no muy amistosamente, ahora son los de Valle y los de Esgaroth, sí es cierto- explicó Lindir.

-Bueno, estamos en medio de un asunto que nos incumbe sólo a nosotros. Ningún otro reino debe intervenir. No sabemos qué vamos a hacer con los Enanos de Erebor, pero desconocemos ese "reino"- Thranduil pronunció lo último como si fuera un chiste- Pero de ahora en adelante el reino del Bosque Negro y el reino de Erebor no deben tener comunicación, ni ningún tipo de relación. No habrá comercio con los Enanos. Están desterrados por criminales-