Arrancó de un sueño

Día 18. Tren de las 06:22

«¿Mamá te ha dicho que soy bonita?»

Regina lanzó una mirada llena de amenazas a la rubia que la ignoró completamente, inclinándose hacia el niño para animarlo a responder.

«Sí» respondió él asintiendo enérgicamente

«¿Y cuándo dijo ella eso?»

«¡Miss Swan!» intentó interrumpirla Regina

«¿Qué? Simplemente me intereso en lo que dice su adorable muchacho»

«Debo haberlo dicho así como así, no insista. Ni siquiera me acuerdo de haberlo dicho»

«Sí» respondió el niño frunciendo el ceño «Al abuelo»

«Henry, es suficiente. Tienes razón, lo dije, ahora pórtate bien»

El pequeño sonrió y se giró hacia Emma, dejando de lado su dibujo, para gran desespero de su madre que seguramente comenzaba a lamentar ese encuentro.

«¿Tú tocas el piano como mamá?»

«No, Henry, yo vendo ropa»

«Mamá, ella me ha comprado chapatos»

«Zapatos, Henry, zzz, zapatos» rectificó su madre

«Chhhhhapatos» intentó el niño

«Aún no le sale la "z"» dijo divertida mirando a Emma.

«Ya lo hará»

«Oh, sí, y cuando lo pronuncie correctamente, yo ya me lo estaré imaginando entrando en la universidad de lo orgullosa que estaré. Se pierde todo raciocinio y objetividad cuando se es mamá»

Emma se echó a reír, rápidamente seguida por la rubia.

«¿Ves?» interrumpió el niño visiblemente deseoso de ser el centro de atención

Ella se inclinó para ver bajo la mesa los tenis "Mickey" que el niño le estaba enseñando, y se divirtió al ver que él deseaba tanto enseñárselos que su madre tuvo que agarrarlo para que no resbalase.

«Henry, ponte bien» dijo ella volviéndolo a sentar

«¿Has visto Emma?»

«Sí, Henry, son magníficos» dijo ella extasiada

«Es "Mickey"»

«Sí, lo he visto. ¿Lo ves en la tele?»

«Mamá no gusta la tele»

«A mamá no le gusta la tele» corrigió su madre «Además puedes ver a Mickey con el abuelo todas las mañanas» Se defendió ella antes de girarse hacia Emma «Preferimos que juegue, lea cuentos, estimularlo antes que plantarlo delante de la pantalla todo el día. Mi padre es como yo, a excepción de Mickey, él prefiere inventarles aventuras y jugar a eso. Cuando mi madre está con ellos, van al parque, a la granja, a cualquier sitio para que disfrute del aire libre»

«Tiene razón. Nunca fui tan feliz como cuando estuve en una familia de acogida que era así»

«Yo crecí así, siempre fuera, a los cuatro años ya montaba en un pony»

«PONY» gritó de repente Henry

«¿Te gustan los caballos?» preguntó Emma

«Sí, como a mamá»

«¿Te gusta todo lo que le gusta a mamá?»

«Sí» respondió muy orgulloso

«¿Y qué le gusta en este momento a mamá?»

«Emma, Emma, Emma» canturreó el niño a modo de respuesta

«Sí, soy yo»

«No, mamá»

Emma tragó saliva sin saber cómo interpretar lo que el niño estaba diciendo

«Emma, Emma, Emma» retomó él

«¿Por qué cantas así?»

Regina intentó intervenir, pero su hijo fue más rápido

«Canción de mamá, es el abuelo quien lo dice»

«¿La canción de mamá?» preguntó Emma, dichosa, mientras que su vecina se hundía en su asiento , los dedos en sus sienes.

«Sí, mamá habla todo el tiempo de Emma, abuelo lo dice» dijo él sonriendo.

«Henry, ya basta, deja a Emma un poco tranquila y acaba tu dibujo»

«Estoy hablando con Emma» dijo él adquiriendo una expresión de adulto «Emma es la enamorada de mamá» dijo con expresión jovial

Regina se ahogó y tosió antes de inclinarse sobre su hijo

«Henry, corazón, ya basta, ¿por qué dices eso?» preguntó ella, incómoda, lanzando una rápida mirada a la rubia «Sabes bien que es Kathryn la enamorada de mamá»

Emma, por su parte, no osaba moverse, aún bajo el choque de esa frase que había hecho explosionar miles de mariposas en su estómago. Se preguntaba cómo la conversación había llegado de "¿Qué le gusta en este momento a mamá?" a "Emma es la enamorada de mamá" pasando por "Emma, Emma, Emma, canción de mamá"

Se sentía completamente desorientada, dividida entre el deseo de volar, saltar de alegría, dejar que sus nervios la mataran o desvanecerse, y lo que siguió no ayudó a tranquilizar su mente.

«No…Emma, la enamorada»

«Henry, tú…»

«¿Y por qué soy yo la enamorada de mamá?» la interrumpió Emma que sentía una gran necesidad de comprender la razón de esas palabras

«Miss Swan» se indignó una colorada Regina

«¿Qué?» preguntó ella con expresión inocente «Deseo comprender para que podamos explicarle y corregirlo»

Regina resopló y se dio la vuelta hacia su hijo.

«¿Por qué dices eso Henry?»

«Es el abuelo, él lo dijo» canturreó el pequeño moreno

«Me contarás más» murmuró la pianista incómoda

«¿Y el abuelo por qué te lo ha dicho?» dijo Emma

«Miss Swan» recalcó ella más fuerte

«Según le he dicho antes, solo quiero comprender para evitar malentendidos»

«Sí, por supuesto» dejó escapar ella, consciente del placer que sentía la rubia ante esa situación.

«Abuelo lo dijo cuando tú hablas de tu enamorada, tu sonríes toooodooo el tiempo. Mamá sonríe cuando habla de mí, ¡abuelo lo dice! Y cuando habla de EMMA» dijo él gritando su nombre y tendiendo los brazos hacia ella, con una inmensa sonrisa en el rostro «Así que es su enamorada»

«¡Lo que hay que oír!» dijo Emma riendo de buena gana ante la deducción hecha por el pequeño, ignorando la agradable sensación de bienestar y de esperanza que la invadía.

«Ratoncito» dijo una roja Regina inclinándose hacia él «Sonrío cuando hablo de Emma…» ella lanzó una rápida mirada a la rubia que enarbolaba una expresión de satisfacción a su pesar «porque ella es mi amiga y la aprecio»

Henry rio dando saltitos en el asiento.

«Abuelo lo dijo que tú ibas a decir eso»

«Abuelo dijo, no abuelo lo dijo» rectifico ella «Y voy a tener que hablar con él. Escucha Henry, Emma es mi amiga, Kathryn es mi enamorada»

«No estás siempre obligada» dijo él enarbolando unos perfectos ojos de cachorrito.

«Henry, la conversación está cerrada, hablaremos a la noche»

El niño bajó la mirada resoplando, visiblemente poco afectado en sus creencias, pero era obediente con respecto a su madre.

Emma, por su parte, no podía desviar su mirada de Regina, su cerebro hervía por esa charla. Evidentemente, la joven hablaba de ella en casa, a su hijo y a su padre, y por lo visto bastante a menudo, para que ellos le gastasen bromas. Si se atreviera a soñar, Emma tendría la impresión de que Henry senior ya era uno de sus aliados para su causa. Pero ¿dónde se detenían las señales y lo real y dónde comenzaban las ilusiones y los sueños? Era incapaz de saberlo. Sus pensamientos estaban en otro mundo cuando escuchó una voz lejana que la traía dulcemente a la realidad.

«Miss Swan»

«Eh, ¿qué?»

«Ya hemos llegado a la estación de Boston» afirmó la morena que parecía querer evitar lo máximo posible su mirada.

«Oh, ¿ya?» exclamó ella levantándose de un salto «Oh, jo…»

«Lenguaje» la interrumpió Regina rápidamente poniendo sus manos en las orejas de su hijo

«…lín» corrigió ella como pudo «Perdón, prometí que tendría cuidado»

«Gracias» le sonrió la morena

Bajaron del tren, Regina con Henry en los brazos, ocupado jugando con su collar.

«Miss Swan, con relación a la conversación, yo…»

«No se preocupe» la cortó ella frente a la incomodidad que parecía sentir «Son cosas de niños, lo sé»

«Bien» dijo sonriendo aliviada «No querría que hubiera el menor malentendido»

Emma ignoró el peso de cien kilos que acababa de caerle en el estómago y enarboló una sonrisa forzada que esperaba que fuera convincente.

«Ni el más mínimo»

«Perfecto. Entonces, hasta la tarde»

«Hasta la tarde» dijo ella antes de casi escapar hacia la salida.

Día 18. Tren de las 17:15

«Miss Swan, ¿qué hace en el andén?» preguntó Regina llegando a la altura de la rubia

«Heu, yo…»

¿Cómo decirle que tenía miedo de que ella perdiera el tren y había esperado en el andén?

«¡Qué explicación más pertinente Miss Swan! Está mucho más claro ahora. Veo que sus respuestas van mejorando» la pinchó

«Tenía miedo de que perdiera el tren, ya está» confesó ella entonces «Ya llega casi al límite en un día normal, así que correr sobre sus tacones con un niño en brazo…»

«Tengo muchos recursos» dijo ella en un ronroneo, mientras subía «Venga, suba, Miss Swan, si no, va a perderlo»

Emma se quedó de una pieza ante el descaro de la joven y la siguió entrando justo antes de que cerraran las puertas.

El comienzo del viaje fue algo tenso, Regina parecía estar a la defensiva ante lo que pudiera decir su hijo y Emma se sentía idiota por haber imaginado e imaginar todavía cualquier flirteo entre ellas.

«Regina»

«Emma»

Las dos mujeres habían hablado exactamente al mismo tiempo, antes de callarse rápidamente para escuchar a la otra.

«Usted primero» dijo Emma

La pianista carraspeó antes de rebuscar en su bolso ante la mirada perpleja de la rubia. Sacó un Ipod del que quitó los auriculares para enganchar unos grandes cascos en su lugar.

«Henry, cariño, vas a escuchar música, mamá debe hablar cosas importantes con Emma»

«Yo también hablo con Emma» dijo él riendo

«Te lo prometo, no tardaré mucho, después podrás hablar con ella»

El niño hizo una mueca, pero obedeció. Comenzó inmediatamente a moverse cuando su madre encendió la lista de música hecha para él.

«¡Oh, Dios mío, Mickey está fuera!» dijo Regina bastante fuerte.

Henry no reaccionó y ella sonrió, visiblemente satisfecha, entonces se dio la vuelta hacia Emma e inspiró.

«He pensado todo el día sobre lo de esta mañana. Estaba bastante mal por lo que Henry ha dicho y por el malestar que había cuando nos despedimos»

«Yo también para ser sincera»

«Conocerla ha sido una de las mejores cosas que me ha pasado desde hace mucho tiempo, nuestra amistad, aunque muy reciente, me llena el corazón, es normal que hable de ello a la gente que quiero. No hay nada malo en ello, ¿verdad?» dijo de un tirón

Emma sonrió intentando convencerse de que no era duda lo que veía en sus ojos. Regina la consideraba solo como una amiga y ella debía aceptarlo. Lo que ella había imaginado como un flirteo, turbación, debía ser consecuencia de la vida de la morena. Emma intentaba mostrarse atenta y presente, inconscientemente eso debía haber tenido un efecto sobre la morena que se sentía abandonada por su mujer desde hacía mucho tiempo.

«No, no hay nada malo en ello. Son solo cosas de niños, y no hay ningún malestar»

«Y de todas maneras usted no es homosexual» dijo ella riendo nerviosamente

«Bueno…»

«¿Qué? ¿Lo es?» preguntó incrédula

«Ah, no, homosexual no…Me gustó mucho estar con hombres tanto sentimental como sexualmente»

Rio ante la repentina cara crispada de su vecina, feliz de volver con naturalidad a una conversación distendida.

«¿Es de esas lesbianas que sienten una aversión completa hacia el pene?»

Regina miró inmediatamente a su hijo para asegurarse de que no escuchara antes de responder.

«No, en fin…Sé que soy yo quien no sigue las "normas"» dijo ella haciendo seña visual de comillas «Un hombre, una mujer, un pene, una vagina, un espermatozoide, un óvulo, y pouf, un bebé. Pero por mi parte, me quedo…bastante…perpleja en cuanto a las ventajas de un pene»

«No tenga miedo de sorprenderme o de herirme, puede odiarlo»

«No lo soporto» suspiró ella más cómoda «Sinceramente, para mí se resume en un trozo de carne colgando y sin gracia que rige el conjunto de la persona a la que está colgada»

Emma se tomó un tiempo antes de estallar repentinamente en carcajada.

«¡Oh, dios mío, perdón!» dijo ella secando sus lágrimas «Me gusta mucho como habla de ello. Verdaderamente no le gusta»

«No, realmente no» dijo ella sonriendo ligeramente, feliz de su efecto y tranquila ante la liviandad con la que hablaban de eso «Así que, ¿a qué vino ese "Bueno…" de antes?»

«Bueno…» dijo ella calmadamente

«Sí, ese mismo»

Emma le sacó la lengua antes de continuar

«No lo sé muy bien, a veces me pregunto si no seré de hecho bi»

Emma sabía que estaba caminando sobre un alambre contando sus dudas, pero en absoluto quería que Regina la catalogara como "heterosexual pura", era más fuerte que ella, quería, consciente o inconscientemente, no cerrarse ninguna puerta.

«¿Y por qué? Ya ha sentido deseo por mujeres, quizás sea una fantasía que desea cumplir»

«No creo que sea una fantasía. En fin, sí, parece una fantasía, pero…»

«Dígame, no la juzgaré»

«Digamos que es más una atracción emocional a la cual se suma ahora una atracción física. En fin en su momento» rectificó como pudo «En su momento la atracción física vino después. Y fantasías hay muchas»

«Oh…entonces sí, quizá sea bi» dijo ella seria «¿Por qué no intentó algo, lo que fuera?»

«Ella no es…era» rectificó otra vez «para mí»

«¿Por qué?»

«Cogida…»

«Oh…»

«Hablemos de otra cosa»

«¿Cómo comenzó su deseo por ella?»

«Hablar de otra cosa para mí es cambiar de tema»

«No hablo de lo emocional, hablo de lo sexual»

«Sabe dónde dar, eh»

Regina enrojeció de la cabeza a los pies y se hundió en su sitio bajo la mirada divertida de la rubia.

«De hecho, arranca de un sueño, es en ese momento que la atracción emocional entró en la dimensión física. En ese sueño, yo estoy en la plaza de un mercado, hace buen tiempo, los rayos del sol acarician mi piel y me siento bien. El lugar me es familiar, como sacado de mi infancia. Hay un hombre al otro lado de la plaza, en traje y chaqueta, el rostro medio oculto por un sombrero. Está bastante lejos de mí, pero no logro mirar en otra dirección. Cruza mi mirada, pero yo no lo veo bien, aunque ya estoy totalmente turbada. La gente pasa entre nosotros y cuando miro de nuevo hacia él, ya no está. Lo busco un momento con la mirada antes de resignarme. En mi camino, siento una presencia justo detrás de mí, al principio tengo miedo, después su olor me embriaga e inmediatamente me siento bien, sé que no tengo nada que temer, que llevo esperándolo toda mi vida. Me rodea con sus brazos y me corazón late desbocadamente. Sus manos se posan en mi vientre, su respiración es cálida, en mi cuello y descargas eléctricas invaden todo mi cuerpo.

Estamos solos en la calle y posa sus labios en mi cuello. Yo me estremezco y él me da la vuelta en sus brazos, apoyándome dulcemente contra el muro de una casa. Tiene la cabeza gacha y no puedo ver su rostro, necesito ver su rostro. Cojo el borde de su sombrero entre mis dedos y él tiembla, pero se deja hacer. Se lo quito y todo me parece normal cuando sus cabellos caen sobre sus hombros. Ella es hermosa, me sonríe y mi mente sabe que mi corazón siempre lo supo. Todo es normal, mis sentimientos son normales, no debo tener miedo.

Ella avanza y toma mi mano para apoyarla en su pecho, yo no me muevo y eso la hace sonreír. Entonces avanza lentamente, muy lentamente hacia mí. Abre ligeramente la boca, sus ojos se deslizan de los míos a mis labios y yo me doy cuenta de que estoy imitando sus gestos. Continúa avanzando y…»

Emma se detuvo y miró a su vecina que estaba completamente inclinada hacia ella, la boca entreabierta y los ojos como platos.

«Y…¿y qué? Ella avanza ¿y qué?» preguntó con voz ronca.

«Y me despierto»

La morena refunfuñó de frustración volviendo a sentarse correctamente en su sitio.

«Es sádico como final»

Emma rio al ver la turbación en su vecina.

«Antes mi sueño se paraba cuando besaba mi cuello, pero ahora veo su rostro y es una mujer. Al principio yo no la tocaba, me despertaba antes, pero ha progresado hasta casi ese beso que marca sistemáticamente mi despertar»

«Bueno, Miss Swan, si no es lesbiana, al menos es bi, no hay ninguna duda»

Ese comentario tuvo el don de ponerla nerviosa, pero lo ocultó como pudo. Sus miradas se cruzaron y se sonrieron en un intento, ninguna sabía cómo salir de esa.

«Cansado música» gritó de repente Henry haciéndolas sobresaltarse.

Regina entonces le quitó los cascos.

«No grites Henry, te escuchamos bien. ¿Quieres dibujar?»

El niño asintió enérgicamente antes de tender los brazos hacia la rubia.

«Con Emma»

«Corazón, Emma quizás no…»

«No, no, ningún problema, voy a dibujar con él. ¿Te pongo a mi lado?»

«Síii» gritó levantado los brazos

«Lado ventanilla» dijo rápidamente la pianista mientras que la rubia ya se inclinaba por encima de la mesa para cogerlo

«Jefe sí jefe» respondió ella colocándolo

Regina sacó sus lápices de colores y las hojas de su bolso, poniendo una delante de cada uno.

«Venga, niños, sed buenos y no pintéis en la mesa»

«Sí, mamaaaaaa» respondió Emma haciendo reír a Henry a su lado.

«Tengo dos por el precio de uno» resopló ella

«Confiese que nunca ha visto una niña tan sexy»

«Sexy seguro, inmadura también»

«¿Qué? Perdóneme, me quede en sexy» dijo divertida ella

«NO» dijo de repente Henry poniendo su mano en la hoja de Emma y empujándola hacia su madre

«¿No tengo derecho a dibujar?»

«Hacemos un dibujo juntos»

«¿Dibujo en tu hoja?»

«Sí»

Entonces, ella cogió un lápiz y lo acercó a la hoja

«Noooo» la interrumpió él de nuevo antes de que comenzase «Así no»

«Pero aún no he hecho nada»

«Henry, ratoncito, Emma no sabe jugar a "dibujo a dos", debes explicárselo»

El niño la miro como si fuera un extraterrestre, visiblemente asombrado de que ella no conociera ese juego.

«Yo hago, después tú»

«Debe continuar sus trazos, después él los suyos y al final se mira el resultado» precisó Regina.

«Ohhhh, de acuerdo, ya entiendo, podemos comenzar»

«Primero yo» dijo él trazando una raya verde

Emma continuó y viceversa durante unos diez minutos, Regina observando atentamente el avance del dibujo, hasta que apareció un cruzado de líneas de colores sin ninguna lógica.

Ellos se gastaban broma y Emma sentía permanentemente la mirada de su vecina en ella. Sin embargo ella estaba más centrada en el pequeño que la derretía completamente. Una vez que sus nombres fueron escritos abajo a la derecha por una Emma guiando la mano de Henry, presentaron su obra de arte a una Regina muy objetiva que clamó el talento de los dibujantes.

«Para ti» dijo el niño dándoselo a la rubia

«¿De verdad? ¿Para mí?»

«Sí»

«Muchas gracias Henry» dijo ella cogiendo el dibujo, emocionada a su pesar.

Regina sonreía mirándolas y de repente se sobresaltó

«Miss Swan, su parada»

«Oh, vaya» dijo levantándose de un salto «Hasta mañana a los dos. Gracias por el dibujo Henry, estoy muy feliz por tu regalo»

«Adiós Emma»

«Hasta mañana Miss Swan» dijo Regina que se levantó para volver a colocar a Henry a su lado.

Salió del tren con el corazón y el alma ligeros y se dirigió inmediatamente a la ventana en la que golpeó suavemente. Henry y Regina giraron sus cabezas al mismo tiempo, enarbolando la misma sonrisa al verla y Henry agitaba la mano. Respondió a su saludo y rio al ver cómo apoyaba su cabeza en el cristal, aplastando su naricita, justo antes de que el tren volviera a ponerse en marcha.

Día 19 Tren de las 06:22

Emma subió al tren y se disponía a hablar cuando Regina la cortó con un "chut" suave. Señaló a Henry que dormía bien encogido en sus rodillas, como un bebé, con sus manos aferradas a su blusa.

«El despertar fue difícil esta mañana» susurró

«¿Algo en particular?» dijo con el mismo tono

«Conocerla ayer le provocó muchas emociones»

El corazón de Emma dio brincos y ese se tradujo en una gran sonrisa

«¿Por qué?»

«Estaba contento, tengo…tengo que confesar que escucha hablar de usted regularmente, así que estaba ansioso. Ayer por la tarde se lo contó a sus abuelos por teléfono, después a Kathryn, después a su osito. Escuché tantas veces anoche su nombre que soñé con usted esta noche»

«¿Ah sí, soñó conmigo?» preguntó ella marchando sin comedimientos sobre los sobreentendidos

Regina abrió los ojos de par en par y casi se ahogó con su saliva.

«Sí, en fin, con el tren, los viajes, el vagón, estábamos aquí, charlando, en el tren. En mi sueño…estaba el tren»

«Sí, así que lo hacíamos en el tren» dijo ella divirtiéndose con los intentos de la morena para irse por las ramas

Tenía ahora la boca más abierta que sus ojos de lechuza y parecía incapaz de encontrar una respuesta.

«Charlar» dijo la rubia para aliviar sus sufrimientos «Lo hacíamos en el tren, charlar»

«Oh, sí, por supuesto, eso es, era mi sueño…En fin, a Henry le costó dormirse»

Ella pasó su mano por sus cabellos y acarició su mejilla

«Kathryn no dijo nada de que hablara tanto de otra mujer»

«Me pareció crispada, pero no dijo nada. No traje el tema a colación, así que de momento, va bien»

«Espero no crearle problemas»

«Si hay problemas, estos no viene de usted, no se preocupe»

«Muy bien»

Las dos pusieron su atención en Henry antes de que Emma volviera a tomar la palabra.

«Es adorable»

«Es verdad» dijo ella sin quitarle los ojos de encima «Y usted le gusta, creo que aún no la conoce lo suficiente»

«¿Cómo es eso?» preguntó ella intentando mantener su voz lo más baja posible

«Solo ve la novedad, espere a que se dé cuenta de que usted no es más que una irritante mujer testaruda que no tiene ninguna noción del espacio personal y de educación»

«Pero…» dijo ella golpeándole ligeramente el hombro, dándose cuenta de que deseaba tomarle el pelo «Está bien, de buena mañana»

«Arruinó mi noche haciendo de mi hijo una bola de energía sin botón de apagado, tengo derecho a vengarme» dijo ella con una inmensa sonrisa medio divertida medio sádica

«En primer lugar, no es mi culpa si ha sucumbido, como usted, al encanto Emma…»

«En sus sueños Miss Swan» la interrumpió ella, volviendo a sus comentarios de los inicios ahora teñidos de amistad «La tolero como mucho, no pida demasiado»

«Ha sucumbido completamente, Madame Mills, deje de mentirse»

Regina la fusiló con la mirada al escuchar el título, lo que enorgulleció a Emma.

«Decía, en primer lugar, no es mi culpa si él ha sucumbido, como usted, al encanto Emma, y en segundo lugar, como niño que es, no tiene ninguna noción de espacio personal»

«Oh…¡Así que se compara con un niño de tres años! Ya decía que había algo detrás de ese comportamiento. Lo que me sorprende es que pueda coger el tren sola, sin su peluche. Ya es una niña grande» le dijo palmeándole lo alto de su cabeza.

«La odio» dijo la rubia

«Lo sé, causo ese efecto, es lo que tiene enfrentarse a alguien que gana siempre»

«Usted no gana siempre»

«De esperanza también se vive» dijo con aire altanero

«No gano la guerra por el asiento»

Regina se calló dándose cuenta de que ella tenía razón.

«Usted tampoco» dijo finalmente

Se sostuvieron las miradas durante un momento antes de comenzar a reír en silencio.

«Ok, usted no es una niña» concedió la pianista

«Y usted no gana todo el tiempo» persistió Emma.

«Oh, usted…»

«Chut, chut, no querrá despertar a Henry» la interrumpió ella con expresión triunfante

«Espere y verás»

«Pero si me adora»

«No mucho» resopló ella

Continuaron hablando un rato antes de sentarse cómodamente y disfrutar del viaje, cada una con la presencia de la otra, sin hacer ruido para no arriesgarse a despertar a Henry.

Emma lo observaba dormir desde hacía algunos minutos cuando escuchó un ruido a sus espaldas que captó su atención. Se dio la vuelta y vio a una pareja, de entre 16/17 años, besándose apasionadamente. Se dio la vuelta suspirando y comenzó a enervarse sola.

«Ajjj, no soporto a la gente incapaz de comportarse en un sitio público» exclamó de golpe en voz baja

«¿De qué habla?» dijo Regina saliendo de su contemplación del paisaje, sus dedos continuaban jugando con los rizos morenos del dormido pequeño.

«Los dos adolescentes pre púberes de detrás, no dejan de besuquearse desde hace diez minutos»

Regina lanzó un vistazo hacia atrás y sonrió al ver sus dulces caricias.

«Si no comenzara a conocerla, Miss Swan, diría que está celosa»

«¿Yo, celosa? ¿Celosa de dos bolas de hormonas? No, ¡qué dice! Solo lo encuentro indecente»

«Indecente, ¿de verdad? ¿De parte de una adepta a la vulgaridad como usted? Me hace reír»

«Pavonearme cada cierto tiempo no me impide saber comportarme»

«Venga, no me va a decir que nunca le ha pasado, de estar totalmente perdida en los brazos de alguien que nada más existe a su alrededor»

«Sí, por supuesto, pero…En fin, quiero decir, estamos en público y…el ruido al que nos someten no es agradable»

«Si fuéramos nosotras quienes estuviéramos en plena sesión de caricias, esta conversación ni se le pasaría por la cabeza»

Emma asimiló inmediatamente las palabras de la morena y se quedó sin voz, la boca abierta ante la sorpresa.

Regina la miró al no escucharla responder y pareció comprender su error en cuanto la vio.

«Quiero decir…» Balbuceó ella «Si usted o yo, con…nuestras respectivas parejas…si besáramos a nuestras parejas respectivas»

«Ohhh» exclamó Emma al comprender su equivocación «Sí, por supuesto…cada una por nuestro lado»

«Eso es» dijo Regina más fuerte de lo que hubiera querido, mirando rápidamente a su hijo para asegurarse de que aún dormía

«Claro, sí, por supuesto» dijo la rubia riendo «Cada una por nuestro lado...¿qué si no?»

Las dos jóvenes eran presas de una risa nerviosa que se esfumó rápidamente, dando lugar a un incómodo silencio.

Regina carraspeó antes de hablar

«Así que…¿el ruido le molesta?»

«¿Qué ruido?» preguntó Emma cuyo cerebro la asaltaba con todo tipo ruidos que podían provenir de su vecina en los que ella no quería ni debía pensar.

«Los dos jóvenes…que se están besando»

«Oh sí…»exclamó Emma de nuevo «Sí, los dos jóvenes, sí, heu, no, de hecho. Está bien besarse, tienen razón»

Desvió la mirada, avergonzada hasta el punto de querer que se la tragara la tierra, desesperada de la capacidad que tenía la morena para ponerla tan nerviosa. Entre la llegada de Henry, los sobreentendidos cada vez más presentes entre ellas, sus bromas sobre los besos y el sueño con Regina…Emma se sentía completamente perdida. Se dividía entre el deseo de ir aún más lejos, atreverse todavía más, y la culpabilidad de pensar y sentir tanto por una mujer casada.

Cierto, ese matrimonio estaba en declive, pero ¿quién era ella para esperar que su vecina tuviera el coraje de dejar a su mujer? ¿Estaba actuando como una amiga que quería la felicidad de la otra o como una enamorada desesperada buscando reemplazar a esa mujer que no merecía el lugar que tenía? A veces Emma era incapaz de saber cuál de esas dos personas era realmente. ¿Un poco de las dos? Seguramente

Pero si Regina necesitara un detonante para echar a volar de esa jaula que la mantenía presa, ¿podía serlo ella? ¿Acaso no era pretensioso? Si dejaba de lado su culpabilidad, se atrevía a verse en ese lugar, sabía que tenía mucho para ofrecerle. No tenía dinero ni familia, pero tenía todo para ofrecerle y mucho más si fuera necesario. Pero ¿qué representaban esos sentimientos? ¿Era ella lesbiana? ¿Bi? ¿O simplemente estaba enamorada de Regina?

Enamorada…A penas se insinuaba esa palabra en su mente, su estómago se hacía un nudo pensando en la única persona a la que le había dicho te amo…Aquel que había arruinado su vida.

«Un penique por sus pensamientos»

La voz grave de la pianista la atrajo a la realidad y se cruzó con su mirada que inmediatamente hinchió su corazón.

«No valen un penique»

«Tiene razón…valen mucho más»

Regina posó una mano sobre su mejilla y fue cuando la secó que Emma se dio cuenta de que algunas lágrimas se habían escapado de sus ojos. Presionó contra la palma de la joven y le sonrió para intentar aligerar la situación.

«¿En qué piensa?»

«En…en Neal» dijo ella sin mentir, omitiendo toda la parte que concernía a su vecina.

En el rostro de la morena se dibujó la inquietud y acarició su mejilla con su pulgar.

«¿Quiere hablar?»

Emma miró al muchacho dormir y sonrió

«Hoy no, no tengo valor»

«Venga» respondió su vecina atrayéndola hacia ella

Pasó un brazo a su alrededor y Emma se pegó a su hombro, prefiriendo dejar de lado sus pensamientos y aprovechar las atenciones de la morena que acariciaba sus cabellos como acariciaba los de su hijo.

Sintió un beso en lo alto de su cabeza y cerró los ojos ante tal felicidad.

«Estoy aquí, para hablar de ello, para hablar de otra cosa, para reír o llorar, para apoyarla. Usted no está sola, tiene a Mary Margaret, a sus amigos y me tiene a mí»

«Gracias» suspiró ella apoyándose aún más en ella. El corazón demasiado encogido para decir nada más.

Henry no se despertó sino cuando su madre se movió al llegar a la estación de Boston. Estaba completamente adormilado y le costaba mantenerse recto, prefiriendo recostarse en el hombro de su madre, la cabeza de ella en sus cabellos. Divisó a Emma y sonrió pronunciando su nombre con una voz de completo sueño.

«Buenos días Henry, nos vemos esta tarde» dijo ella amablemente

Entonces él abrió los ojos, el ceño fruncido y miró a su alrededor.

«¿Tren terminó?»

«Sí, cariño, estamos en Boston» dijo su madre acariciándole la espalda.

Las lágrimas empañaron sus ojos ya empañados y miró a su madre como si el mundo se hundiera.

«¿Dormido durante Emma?»

«Sí, pero no pasa nada, esta tarde la verás»

La joven vendedora se quedó impresionada al ver las lágrimas deslizarse sin gritos que las acompañaran. Parecía muy triste y sumergido en su pena.

«Vamos, vamos, corazón, ¿a qué viene esa cara de pena?» dijo su madre bajando del tren

«Dormido…durante…Emma» repitió él entre sollozos

«Sí, pero esta tarde volvemos a vernos y tú estarás bien despierto» intentó ella

El niño asintió sin dejar de llorar y se estiró para ofrecer su mejilla. Emma miró a Regina con incertidumbre y se inclinó finalmente para darle un beso.

«¿Prometido?»

«Prometido»

Él tendió los brazos y Regina se adelantó para que pudiera darle a su vez un beso mojado. La morena rio mientras secaba su mejilla, comprendiendo seguramente que ella no iba a atreverse a hacerlo delante del pequeño.

«Perdóneme Miss Swan»

«No pasa nada, al contrario me gusta, es una reacción muy tierna»

«Yo también quiero un beso en su mejilla» dijo ella dándole uno tan rápido que no tuvo tiempo de reaccionar.

Se alejó, Henry diciendo adiós a la rubia por encima del hombro de su madre.

«¿Ese es su hijo? Dios mío, ¡qué grande!» dijo una voz a su lado

Emma se dio la vuelta y vio a Aurora que se acercaba a ella.

«Hum…Sí» dijo ella a la defensiva mientras comenzaba a caminar, maldiciendo al ver que la seguía

«Usted y ella están cercanas, ¿verdad?»

«Somos amigas»

«Sí…amigas» dijo Aurora con una expresión de por supuesto

«Escuche, no sé lo que quiere ni sus intenciones, pero Regina y yo somos amigas. Sé perfectamente que está casada y eso significa algo para mí»

«Deduzco que le ha hablado de Kathryn y de mí» suspiró ella

Emma asintió intentando desesperadamente deshacerse de la joven.

«Nunca lo premedité, sucedió sin que pudiera hacer nada, nunca imaginé que iba a sentir algo por la mujer de mi amida. En esta historia yo también he perdido todo, a mi amiga y a Kathryn»

«Lo comprendo, pero Regina es mi amiga, así que no deseo hablar de eso con usted»

«Las cosas no son ni tan blancas ni tan negras, sabe»

«¿Qué quiere decir?»

«Si Kathryn ha actuado así tiene sus razones»

«¿Quiere decirme que ella es la víctima?» Emma comenzaba a enfadarse

«No, por supuesto que no, pero Regina tiene su parte de responsabilidad. Por supuesto ella no hubiera podido hacer nada, aunque Kathryn le hubiese hablado. No es algo que ella haya hecho, es lo que ella es. Es bastante independiente de su voluntad, pero podría ayudarla a comprender»

«Espere, stop. No quiero que me hable de eso, no sé lo que usted quiere, pero si tengo que conocer el fondo del problema, será en primer lugar el punto de vista de Regina, y en segundo lugar, será por su boca, no por la suya»

«¿Prefiere ignorar su curiosidad antes que serle desleal al conocer las cosas por mí?» preguntó la joven incrédula «Está más enganchada de lo yo pensaba entonces»

«Es mi amiga, métaselo en la cabeza» dijo enfadada

«Venga, venga, no se ponga a la defensiva, ya le he hecho demasiado daño a esa mujer para querer hacerle más. He perdido a mi amiga, ¿cree que no lo lamento lo suficiente? Creo que ellas deben hablar y seguir adelante, no es una vida lo que tienen. No soy una enemiga, soy como usted»

«¿Aún está enamorada de Kathryn?»

El silencio de la joven bastó para convencer a Emma.

«¿Desea que ellas se separen?»

«Incluso dejando mis sentimientos personales de lado, creo sinceramente que es lo mejor»

«Escuche» dijo Emma «No somos nosotras las que debemos hacer algo. Regina es mi amiga, estoy ahí para ella y no me siento cómoda hablando con usted. Espero que no tenga malas intenciones con respecto a ella, sino se las verás conmigo»

«Usted le gusta»

«¿Qué?»

«La conozco bien y sé ver cuando alguien le gusta de verdad»

«Usted…Cállese» Se cortó ella misma «No sé a qué juega, pero no quiero tener esta conversación con usted. Tengo que ir trabajar, adiós»

Tras decir eso, se dio la vuelta y se marchó como si huyese de la peste, una sola cosa girando en bucle en su mente…«Usted le gusta»

Día 19. Tren de las 17:15

En el instante en que Regina entró por la puerta, Henry corrió hacia Emma y se sentó a su lado mientras su madre se sentaba en frente. Emma la vio suspirar y sonreír mientras se sentaba, mirando cómo su hijo comenzaba a contarle su día. Por el rostro de la morena, estaba claro que poco antes ella había sido diana de las mismas historias.

La rubia se sintió inmediatamente privilegiada, dándose cuenta de que el pequeño estaba impaciente por contarle a ella también. Prefirió no hablar de su conversación de esa mañana con Aurora, lo haría, pero no en presencia de un Henry perfectamente despierto.

«¿Le cuentas lo que has encontrado hoy?» dijo la pianista, su voz volvió a la rubia a la realidad.

«Mamá, ssut, yo lo cuento»

«Yo no lo iba ser, ratoncito, solo te lo recordaba»

«Emma, Emma» dijo él para llamar la atención de la rubia que tenía los ojos fijos en su madre.

Más allá del interés que el niño tenía hacia ella, Regina también le incitaba a ello. Emma había experimentado una sensación de calor en su vientre al escuchar a la joven decirle a su hijo que le contara una historia, un poco como si ella formara parte de la familia y que fuera normal que también ella supiera todas sus aventuras de niño.

Volvió a centrar su atención en él ofreciéndole su más bella sonrisa.

«Entonces, ¿qué has encontrado Henry?»

«Un bebé pájaro» dijo él en su oído después de haberla atraído hacia él, como si le anunciara un gran secreto.

«¿Un bebé pájaro de verdad?» dijo ella extasiada

«Muy pequeñito, pequeñito» gritó él con entusiasmo

«¿Qué has hecho con ese bebé pájaro?»

«Nicole lo guarda»

«La señora de la guardería» precisó Regina

«Di sí, mamá, di síiiiiii» dijo de repente el niño saltando

«Henry, ya hemos hablado. No podemos quedarnos con él, se necita mucho tiempo para cuidar un bebé pájaro, y yo no sé ni siquiera cómo se hace. Nicole encontrará a alguien que se ocupe de él, no te preocupes»

«Yo conozco a alguien» se atrevió a decir ella, interrumpiendo la próxima súplica del niño.

«¿Quién?»

«Mary Margaret, mi mejor amiga. Ella recoge todas las criaturas heridas, las cura hasta que estén bien para soltarlas de nuevo»

«¿Está segura de que ella podría cogerlo?»

«Puedo hablar con ella y ver lo que dice. Además, si es ella quien lo tiene, podría enviaros fotos y tú podrías saber cómo él se encuentra» dijo mirando a Henry

«Miss Swan, no tiene que sentirse obligada»

«No es ninguna obligación, me ha invitado a comer a su casa esta noche, se lo comentaré, si ella puede, cogeré prestado una caja o algo parecido, como usted no trabaja mañana, pasaré a ver a esa famosa Nicole y pondré al pajarito dentro, a partir de mañana estará en buenas manos. Si ella no puede, le mandaré un mensaje diciéndoselo»

«¿Está segura de que no le molesta?»

«En absoluto»

«Muy bien entonces»

«Síiiii» gritó el niño

«Henry, cálmate, ella aún no ha dicho…»

La joven pianista fue interrumpida por el sonido de su móvil desde su bolso. Descolgó rápidamente mientras se excusaba. No llevaba hablando un minuto cuando ciertos pasajeros se quejaron del ruido. Un hombre le indicó que no estaba permitido hablar en el vagón y que tendría que ir a la plataforma exterior que comunicaba los vagones. Pidió a su interlocutor que esperara y comenzó a mirar a su alrededor con el ceño fruncido.

Emma comprendió que estaba pensando a toda prisa para encarar la situación con respecto a Henry, tomó valor para intervenir.

«Yo me ocupo de Henry» susurró

Regina pareció pensar, una evidente inquietud en sus ojos.

«¿Está segura que irá bien?» pregunta insegura

«Por supuesto, no se preocupe, lo voy a cuidar muy bien, se portará bien y no se moverá. Le prometo que le prestaré atención como a la niña de mis ojos»

La joven miró hacia la plataforma, después de nuevo a su hijo y a la rubia. Dudaba, pero terminó por aceptar.

«Muy bien, no tardaré mucho» Se levantó y se agachó ante él. «Corazón, mamá vuelve enseguida, estoy allí» dijo ella señalando el fondo del vagón «Contestar al teléfono y vuelvo en cinco minutos, ¿todo bien?»

El niño asintió antes de darse la vuelta hacia Emma a la que idolatraba con la mirada desde que le había dicho que podía encontrar una casa para su polluelo.

«Henry, ¿me has comprendido?» preguntó volviendo a captar su mirada «Me voy, pero vuelvo rápido»

«Sí, mamá» dijo él girándose hacia Emma.

Regina se levantó y lanzó una mirada inquieta a su hijo, después a Emma antes de alejarse. Al abrir la puerta del vagón les lanzó una última mirada, aún insegura, y finalmente se decidió a salir tras recibir una inmensa sonrisa tranquilizadora de la rubia.

La ausencia repentina de su madre fue como una descarga eléctrica para el pequeño que perdió rápidamente su sonrisa y pareció tomar conciencia verdadera de sus palabras.

«¿Dónde está mamá?»

«Fue a hablar por teléfono, está ahí» respondió Emma señalando con el dedo el fondo del vagón.

El niño miró y sus ojos se llenaron de lágrimas al no verla.

«¿Dónde está mamá? Mamá» dijo más fuerte escrutando la puerta

«Ella va a venir enseguida Henry, háblame de tu polluelo» dijo ella para intentar mantenerlo ocupado y desviar su atención.

«Quiero a mamá. ¿Dónde está? Mamá, mamá»

Las lágrimas que corrían por sus rechonchas mejillas comenzaron a estresar a la rubia que sabía que no iba a logar calmarlo.

«Va a venir rápido Henry» intentó

Sus lágrimas redoblaron e intentó bajar del asiento. Emma reaccionó inmediatamente estrechándolo contra ella para retenerlo. Comenzó inmediatamente a llorar a lágrima viva llamando por su madre, retorciéndose para librarse del agarre. Inmersa en el pánico del niño, Emma no lo pensó y lo tomó en sus brazos mientras se levantaba.

«No tengas miedo Henry, voy a enseñarte dónde está mamá»

Lo ajustó a su cintura y lo llevó hasta la puerta. Desde allí pudieron ver a Regina que estaba en plena conversación, caminando de un lado para otro mientras hablaba. Henry posó sus manitas en el cristal mirando fijamente a su madre, sorbiéndose los mocos entre sus últimas lágrimas, visiblemente tranquilo al verla.

Emma sintió su corazón encogerse ante ese amor incondicional de un pequeño hacia su madre. Ella era su mundo y la joven no podía sino asistir a esa estrecha y única relación que los unía. Sacudió la cabeza para borrar las lágrimas y vio que Regina se acercaba a ellos después de haberlos visto. La joven pianista posó una mano a la altura de las del niño e hizo una mueca al ver sus ojos aún empañados de lágrimas.

Henry ya estaba sonriendo, golpeando suavemente sus manos contra la suya a través del cristal. La morena estaba todavía hablando por teléfono, pero comenzó a hacer muecas para hacer reír a su hijo. El efecto fue inmediato y el niño comenzó a reír en los brazos de Emma, sollozando todavía un poco, pero su tristeza ya se había olvidado.

Emma se sentía a la vez privilegiada y perturbada. Era espectadora de ese amor y, si no se mintiera, desesperaba por formar parte de eso. Tenía los ojos fijos en Regina, pero no reía por sus muecas, al contrario, la ponían seria porque la encontraba aún más hermosa que antes en su papel de madre. La joven morena sonreía a su hijo cuando su mirada se cruzó con la suya. Aún tenía su mano sobre el cristal, pero su sonrisa había desaparecido. Tenía sus ojos clavados en los suyos y las dos mujeres se miraban con la misma intensidad, parecían leer una en la otra como en un libro abierto.

Como si el cristal entre ellas volviera la situación menos verdadera, más fácil para confesarse, ella subió la mano y Emma posó delicadamente la suya a la misma altura. Emma sentía su corazón golpear fuertemente en su pecho, los latidos sordos audibles a sus oídos. En ese instante, leía en los ojos chocolate tanta turbación como ella veía en su propio reflejo. No había soñado esas esperanzas, no era su corazón que se había enamorado desesperadamente el que había imaginado esos momentos de seducción, esos intercambios, esos sentimientos a medio desvelar.

Todos esos instantes en que ella había tenido la impresión de haber sufrido sola no fueron finalmente testigos de sentimientos en un único sentido. El miedo predominaba en la mirada de la morena, ese miedo frente a la complejidad de la situación, pero en ese instante, en los ojos de Regina, veía el reflejo de que lo desde hacía ya un tiempo, intentaba acallar fuertemente.