NOTA DE LA AUTORA: ¡Gracias por estar aquí! :D Creo que no viene mal en esta instancia y más en un capítulo como el que viene, que este es un fanfic que desde el capítulo uno está dirigido a un público mayor de 18 años. Si eres menor y aún así quieres leerlo que sea bajo tu propia responsabilidad :P


10.

Heridas de guerra


Carol sólo pudo encorvar su espalda drásticamente cuando sintió que, tan rápido como un rayo, uno de los dedos de Daryl se introducía dentro de ella.

No entendía cómo pasó, ni cuándo el hombre había cambiado su parecer ante lo que venían discutiendo hacía sólo unos minutos, pero realmente, poco le interesaba conversar ahora.

Se volteó lentamente hacia Daryl tratando de volver en sí, pero éste último ahora se le prendía del cuello escondiendo su rostro y la mujer no podía mirarle a los ojos para confirmar si lo hacía sólo para complacerla o si de verdad algo se había encendido en su interior.

Desde fuera comenzaron a sentirse las primeras y pesadas gotas de lluvia y unos suaves truenos que fueron aumentando su intensidad rápidamente así como Daryl se estaba comportando para con Carol.

—¡Daryl! —exclamó la mujer luego de que cayese un rayo no muy lejos de allí, siendo éste el impulso que necesitaba para volver a tierra.

El hombre no contestó y siguió enceguecido besándole. Había ya quitado su mano de entre la ropa interior de Carol y comenzaba a subirle la camisola, tratando de desvestirla de una forma muy torpe. Carol sentía que cada vez que Daryl la movía para quitarle la ropa, los golpes de Ed sobre su piel le dolían cada vez más. De todas formas empezaba a sentir algo entre sus piernas que no era doloroso sino que muy satisfactorio: un cosquilleo el cual comenzaba a repartirse por su cuerpo como si miles de hormigas caminasen por él.

Daryl se apartó de ella una vez pudo quitarle la parte superior de su vestimenta, para así él desprenderse la pesada campera de cuero que traía. Mientras dejaba la misma a un lado, sus ojos azules chocaron con los de la mujer.

No pudo identificar si era por las luces rojas o los golpes de su marido, pero las mejillas de Carol estaban extremadamente rojas. Sus pupilas estaban dilatadas y su rostro poseía una expresión de susto y confusión.

—¿Era esto lo que querías? —Daryl cuestionó casi de una manera amenazante justo en el momento en que se quitaba la camiseta, y Carol de una forma muy estúpida, volteaba el rostro.

Tenía frente de ella a un hombre semi desnudo, y aunque Daryl no era el típico galán de telenovela, era jodidamente masculino: No tenía abdominales marcados, pero sí unos amplios hombros, de los cuales nacían un par de bíceps perfectos que Carol no creía recordar si bien le había visto ya en camisilla sin mangas.

—No —negó Carol pero Daryl no mostró ningún tipo de emoción— No quiero que lo hagas por obligación. No te estoy acosando sexualmente, esto tiene que ser mutuo.

—No lo hago por obligación —confesó sin más a la vez que se volvía colocar en el cuello de una aturdida Carol.

Daryl comenzó a bajar sus labios por el esternón de la mujer hasta llegar a los pequeños pechos aún cubiertos por el sostén y entonces, pudo sentir cómo el agitado corazón de ella se aceleraba aún más.

Estaba pegado totalmente a su pecho y se quedó allí congelado por unos segundos: Podía sentir cómo el músculo cardiaco bombeada sangre fuertemente y los pulmones, acortaban cada vez más la respiración. Aquella piel, y aquellos sonidos le eran totalmente preciosos ya que nunca se había podido tomar el tiempo de oír latir el corazón de una mujer, ni tampoco de apreciar aquellos signos de ansiedad que mostraba Carol porque él sólo se había acostado con prostitutas.

Era algo diferente. Se sentía diferente. No podía responderse en ese momento si sólo Carol le podía transmitir aquello, o lo haría alguna otra mujer. Lo único que sabía era que se sentía bien.

Aún no lograba entender qué fue lo que vio cuando ella le daba la espalda que lo arrastró hacia su ser fuertemente. Quizás verle así, acurrucada, necesitada de cariño y golpeada, le hizo entender que él también quería acostarse con ella, y que ambos se lo merecían por soportar tanta mierda. Se merecían pasarla bien.

Entonces, Daryl respiró profundo, y dirigiéndose hacia el seno derecho de ella, tomó con sus dientes la tela del sostén y lo bajó sin desprenderlo. Uno de los pechos de Carol estaba totalmente expuesto ante los ojos de Daryl, y la mujer intentó casi por inercia tapárselo, pero la mano de él llego antes.

El dedo pulgar del hombre acarició el tenso pezón y Carol jadeó un poco la cabeza. Le tenía encima, pero aún ambos estaban con los pantalones puestos por lo que alzó sus tiesas manos las cuales tenía aferradas a la cama y las dirigió al cinto de Daryl, el cual sorprendido le miró inmediatamente.

Carol sonrió. La escena era demasiado cómica. Ambos estaban haciendo previa de algo inminente, casi vestidos y mirándose aterrados como si fuesen dos vírgenes. Para peor, ahora la mujer luchaba con desprender el cinturón del hombre y éste último seguía observando todo en silencio. Tuvo que largar la carcajada.

—Nunca me había pasado esto —confesó una risueña Carol pero Daryl seguía mirándole con las cejas curvadas— Es bastante patético. Parece que tenemos quince años.

—Todo marchaba bien hasta que decidiste tocarme —concluyó Daryl en un suspiro. La mujer volvió a ponerse seria.

—¿Crees que el único que va a disfrutar aquí eres tú? —preguntó y el hombre tuvo que apartar su mirada del rostro de Carol, la cual ahora le miraba juguetona.

Daryl volvió a acercarse al pecho de Carol mientras desprendía su cinturón pero la mujer no paraba de emitir una risita nerviosa que estaba empezando a cresparle y a arruinar aquel entorno que tanto bien le estaba haciendo.

Así que decidió callarla.

Carol emitió un gemido casi mudo de placer y sorpresa cuando se percató de que Daryl le besaba el seno descubierto y con una de sus manos acariciaba el que aún tenía sobre sí la otra parte del sostén. Pero algo le erizó la piel: el hombre le había descubierto el otro pecho y Carol recordó que tenía allí algo que no quería que fuese visto. No en aquel momento.

Pero de nuevo, ya era tarde. Daryl se le adelantó y miraba incrédulo una cicatriz rosa fuerte sobre el pezón, y antes de que pudiese decir nada, Carol se apartaba de él volviendo a colocarse correctamente el sostén.

—¿Qué pasó?... ¿Qué era eso? —preguntó Daryl con cierta sorpresa mientras que Carol se cubría su torso semidesnudo con vergüenza.

—Adivina —Carol emitió una sonrisa abatida y entonces el hombre comprendió que la tristeza que la mujer había olvidado hacía un rato volvía a hacerse presente en su rostro.

—Ed —dijo Daryl entre dientes, maldiciendo a su vez.

Él le miró con compasión y fue allí que Carol se dijo a sí misma que las heridas provocadas por Ed no iban a acabar con un momento que había esperado por mucho: el de sentirse amada de verdad. Así fue que, Carol se acercó al hombre y se acurrucó en su regazo, y ambos sentados en la desgastada cama volvieron a besarse, esta vez con mucha más ternura que veces anteriores.

Daryl desprendió así el sostén y se deshizo de él mientras besaba uno de sus hombros. Volvió a recostar con mucha delicadeza a Carol sobre el colchón. Bajó sus pantalones suavemente mientras ella intentaba bajar los suyos y se abrazaron en repetidas ocasiones.

Luego de eso, las palabras no volvieron a ser necesarias.

Una vez desnudos y teñidos de color rojo, Carol se sujetó fuertemente de la espalda de Daryl, sintiendo al tacto unos relieves que parecían ser cicatrices mientras él no paraba de besarla, tanto en cuello, hombros y rostro a la vez que sus manos le acariciaban las lívidas piernas. El hombre no paraba de repetirse en su cabeza lo suave que era la piel de Carol y lo tierno y delicado que era su cuerpo el cual lastimosamente estaba lleno moretones.

Ambos estaban ahora totalmente expuestos, conociendo las heridas de guerra del otro pero sin hablar de ello.

Carol elevó sus piernas y rodeó las caderas de Daryl. Éste último le beso la barbilla y tomó impulso. Entonces, la luz parpadeó a causa de la intensa lluvia y Carol pudo sentir como una fuerte presión se abría paso dentro suyo y se introducía en su ser. Gimió.

No sintió más dolor, las heridas parecían haberse esfumado: todo su cuerpo estaba adormecido en un cosquilleo por la anestesia que Daryl había colocado dentro de sí.

El hombre, quien le acariciaba suavemente la frente, comenzó a moverse. Al principio era suave y lento, pero la excitación fue aumentando cuando fue consciente de que el cuerpo de Carol se adaptaba perfectamente al suyo como una pieza del puzzle encaja con la otra. Sus embestidas se hicieron más rudas y rápidas y la mísera estructura de la cama empezó a chillar debajo de ellos.

La mujer gemía cada vez más fuerte. Ed no era nada comparado a Daryl. No sólo en lo físico, sino también en el sexo. Ed era patético, salvaje, grosero y tristemente diminuto. Daryl era perfecto.

El hombre comenzó lamerle el cuello mientras se embriagaba con el perfume de Carol y ésta comenzaba a sentirse cada vez más liviana bajo de él. De repente, Daryl sintió una presión en su vientre bajó y tuvo la necesidad de gruñir, mordiéndole así, el lóbulo de la oreja a Carol.

La cama dejó de chillar y ambos se detuvieron.

Carol pudo sentir como algo tibio se desparramaba dentro suyo y emitió el último gemido tirándose hacia atrás y derramando un par de lágrimas de placer y felicidad. Daryl apretó fuertemente las sábanas y se retiró sin separarse de ella.

Ambos se miraron agotados y Carol sonrió de forma cansada mientras acariciaba el rostro de Daryl.

—Estaba pensando —comenzó la mujer— en que deberíamos haber usado protección pero no creo que hubiese resistido —finalizó mientras reía y Daryl sólo pudo emitir una sonrisa tímida.

—No te preocupes, el que tiene sífilis es mi hermano —aseguró apoyando su cabeza en el pecho de la mujer para volver a oír su corazón. Ahora latía mucho más calmado que la vez anterior.

Carol comenzó a acariciar los lacios cabellos de Daryl mientras razonaba lo que acababa de pasar. Había sido demasiado mágico y no creía que fuese real, sin embargo y para su fortuna, lo era.

Su ropas estaban desperdigadas por el piso lleno de roña de un motel barato y tenía encima suyo a un hombre que ahora intentaba dormirse en su regazo pero con el cual también había tenido el mejor sexo de su vida.

Cuando ambos estaban a punto de caer en un sueño profundo, un estruendo los despertó abruptamente. No había sido ni un trueno ni un rayo, sino que provenía de allí mismo, dentro del motel.

De repente una voz masculina de tono amenazante acompañado de lo que parecían ser unos gritos femeninos empezaron a hacer eco por todo el edificio y Daryl casi sin pensarlo dos veces, dio un salto de la cama y comenzó a vestirse.

—Quédate aquí —le ordenó a una Carol alarmada que le observaba mientras se vestía sin entender qué diablos pasaba.

—No vayas. En un lugar como este, deben de ocurrir peleas muy a menudo —Carol quiso detener al hombre tomándole de uno de sus brazos.

—Es Merle —se abstuvo a decir Daryl mientras se calzaba.

—¿Qué?

—Lo sé, es el maldito de Merle. Podría reconocer sus amenazas tanto aquí como en China —concluyó y abandonó la habitación. Carol respiró hondo y trató de tranquilizarse a la vez que hacía un esfuerzo por escuchar qué más sucedía.

La habitación en la que habían pasado la noche estaba solo a unos metros de la especie de recepción de la cual provenía el disturbio y en donde Daryl tuvo una breve discusión con el dueño del lugar. Cuando llegó, Daryl comprendió que sí era verdad lo que le había dicho a Carol: conocía demasiado a su hermano.

Merle estaba trenzado y a los golpes con aquel gordo intento de recepcionista, y Paris, la prostituta con la que Merle se había ido a drogar, también estaba allí, intentando inútilmente separarles.

Paris era raquítica y debilucha, de estatura baja y en una escena como aquella, no parecía más que un mosquito intentando terminar con una pelea de elefantes.

Entonces Daryl se acercó a todo aquel embrollo de puñotezos e insultos y tomó a Merle del cuello de su abrigo tirándolo hacia atrás, haciendo que cayera al piso con el otro hombre encima.

—¡¿Pero que mier...?! —Merle elevó los ojos y cuando vio a su hermano un extraño destello apareció en ellos —¡Hermanito!

El recepcionista se puso de pie agitado mientras observaba toda la situación junto a Paris.

—¿Qué carajo haces Merle? —preguntó Daryl mientras ayudaba a parar a su hermano quien estaba notoriamente bajo el efecto de váyase a saber cuál droga.

—¡Este puto gordo no quiere darme una jodida habitación para que Paris y yo podamos...! ¡Ya sabes! —se quejó el hombre mientras se acercaba a la prostituta y la rodeaba con uno de sus brazos.

—No voy a darles una habitación para que inhalen mierdas. Ya una vez tuve problemas con la policía por ustedes —rectificó el recepcionista mientras volvía a ponerse violento.

—No vamos a drogarnos, hijo de puta. Tenemos una cosa más importante qué hacer, ¡una cosa que a ti te hace falta! —atacó Paris mientras respondía al abrazo de Merle— Daryl, convéncele —exigió.

Daryl miró a la prostituta con el entrecejo fruncido.

Paris era una mujer conocida en la familia Dixon por ser la jovencita que un día se apareció en el porche de la casa, clamando por Merle y gritando que estaba embarazada.

Para aquella época, Merle tenía apenas dieciséis años y Paris no más de catorce.

Siendo Daryl un niño el cual había cumplido recientemente los siete, no lograba entender cuál era el dilema que aquel día todos reunidos en la sala-comedor discutían, pero las imágenes de la situación aún estaban intactas en su mente.

Recordó a su madre, vestida con un salto de cama haraposo y un cigarrillo en su mano izquierda. Con la derecha golpeaba a Merle en la cabeza cuestionándole qué mierda había hecho. Paris lloraba sentada al lado del pequeño Daryl mientras que el ahora recientemente fallecido Charles, miraba la televisión como si nada sucediese.

De repente, la voz de su padre interrumpió todo aquel escándalo y de forma tranquila dijo:

—Merle, idiota: Oblígala a que aborte.

El llanto y los gritos volvieron a hacerse presentes. Paris se negaba a abortar, Merle preguntaba cómo carajo iba a costear un aborto y Natalie, comenzaba a discutir con Charles de que el mejor castigo para Merle era hacerse cargo. Daryl sólo observaba.

Finalmente, por lo que Daryl pudo enterarse tiempo después, Paris sí había abortado aunque luego de eso no volvió a ser la misma: sus padres, estrictamente religiosos, se enteraron de la situación y la torturaron psicológicamente hasta que la chica decidió irse de casa. Estuvo viviendo un tiempo en casa de los Dixon, pero no pudo soportar los acosos de Charles.

No le quedó otra alternativa que irse a la calle, donde caería en el bajo mundo de las drogas y recurriría a la prostitución, en donde el mismo Merle se convertiría en su más afable cliente y compañero de noches de vicios y descontrol.

Daryl sintió pena. Paris no era más que otra víctima de la familia Dixon.

—Merle, creo que deberíamos de hablar —dijo Daryl finalmente. Sabía que no era el momento indicado para comunicarle la muerte de su padre ya que no estaba en un estado propiamente aceptable, pero sino era allí, ¿cuándo sería?

—¡¿Pero vas a ayudarme o no, mierda?! ¡Al menos para romperle la cara a este desgraciado!

—Luego, ahora necesito que...

—¡Yo necesito que me ayudes, inútil! ¡No tengo ganas de conversar contigo! —interrumpió Merle y Daryl recordó que a su hermano drogado no se le podía comunicar cosas de manera civilizada.

Asi que mientras Merle seguía despotricando junto con Paris, Daryl tomó aire y elevó la voz:

—Nuestro padre murió, Merle.

Los ojos de Merle, tanto como los de Paris se inundaron de sorpresa. El mayor de los Dixon quedó congelado unos segundos, tratando de entender qué era lo que Daryl trataba de decirle, y cuando creyó captarlo todo, se empezó a acercar a su hermano con el rostro desfigurado en dolor.

—Es una broma, ¿no? —preguntó quebrado— ¡Dime que es una broma, hijo de puta! —estalló tomando a Daryl de los hombros y sacudiéndolo violentamente.

—No lo es —otra voz femenina se hizo presente en la escena y todos voltearon a ver desde donde provenía. Era Carol— Suéltalo —exigió la mujer.

Merle miró a Carol de pies a cabeza totalmente fuera de la realidad y luego se volvió a su hermano. Comenzó a reír mientras soltaba lágrimas y parecía enfurecerse a su vez.

—Sabiendo que nuestro padre había muerto... ¿vienes aquí a acostarte con una perra casada? —lo que dijo Merle sonó totalmente espantoso ante Daryl, quien se acercó a su hermano, enfrentándolo.

—Yo no le debo respeto al malnacido de Charles Dixon.