Su removido horario biológico ya comenzaba a traerle las consecuencias nefastas de la sensación de pesadez en su cuerpo y la falta de alerta que ya le había provocado muchos tropiezos y cabeceos que comenzaba a impacientar a su compañero de asiento, quien con el sonido de su ya irritada garganta le pedía que por favor se le quitara de encima.

Sora se quitó de su cómodo hombro como perro adiestrado al escuchar el sonido. Pero en vez de esperar algún tipo de recompensa bajó la cabeza totalmente avergonzada.

―Perdone; no he dormido bien.

El hombre apenas gruñó en un intento de apatía que de todos modos Takenouchi interpretó como una señal de que mejor cerrara la boca.

Su estómago rugía como monstruo. Posó una mano sobre su plano vientre, haciendo un puchero de lamento y pensando lo tonta que era por no haberse llevado las ultimas galletas que quedaban en su alacena.

En sus vacaciones obligatorias, el horario sano de Sora fue totalmente sustituido por un continuo círculo vicioso de dormir, comer, y volver a dormir, o comer. También el hecho de que solía perderse toda la mañana, con su día comenzando pasadas de las doce. La ausencia de la comida mas importante del día había hecho lo suyo decolorando la piel de su cara, que ahora lucía un pálido amarillo, algo oculto por la base que llevaba, sino, desviando la atención a los colores perlados en sus cansados ojos.

El hecho de irse de lleno contra su propio sistema le había traído ya suficientes molestias, y también a personas ajenas. Pero lo peor vino cuando un mareo repentino al levantarse tomó lugar.

Sus deteriorados reflejos le fueron insuficientes esta vez. Vio casi en cámara lenta como las yemas de sus dedos apenas rozaron el tubo de agarre, mientras la gravedad la halaba hacia el suelo del tren sin remedio. Cerró los ojos en espera del azote.

Un pequeño quejido parecido a un grito ahogado salió de sus labios, tal vez al presentir el impacto de su caída o por el susto que se llevó al verse suspendida a apenas diez centímetros del suelo gracias a un par de fuertes brazos.

Ese alguien detrás de ella la ayudó a levantarse lentamente, y Sora inmediatamente se dio media vuelta con una seca sonrisa de agradecimiento ya en sus labios.

El joven le devolvió la sonrisa un poco nervioso. ―Por poco… ¿estás bien?

Sora asintió, sacudiendo su cabeza más fuerte de lo normal. ―Sí. Muchas gracias por detenerme, y disculpa la molestia.

―Está bien.

Tenía 40 minutos más después de bajar del tren, se dio cuenta al ver un reloj en la pared de la estación. Era una de esas pocas veces que se tomaba en serio el llegar preparada.

Hacía no mucho; cuando se dio cuenta que estaba hundiéndose en su soledad, siendo esa persona que toda su vida evitó ser, reparó en la obvia decisión de hacer algo al respecto, más por necesidad que por autoestima. Buscó un trabajo, sin muchas ganas, a decir verdad. Detestaba la depresión, sin embargo, no tenía ganas de hacer que se fuera; la maldita le quitó toda la voluntad de hacerlo. Al poco rato, se anunció una feria del empleo. Y al parecer esta vez no tenía una buena excusa; alguien allá arriba o de algún otro lugar quería que reanudara su vida. Lo hizo. Sólo lo hizo, sin ningún tipo de motivación, pensando que las cosas terminarían arreglándose solas.

Halló algo sencillo y cercano. Una zapatería que apenas abría en el centro comercial, eso fue lo mas que su actitud apagada le dio, por que tenía mas potencial que eso.

Algo tarde fue que se dio cuenta que no era suficiente para mantenerla bajo un techo decente. Cada vez se acercaba más a lo que su madre pensaba de ella, y encajar en ese estereotipo de "hija que se quedó sin futuro por no obedecer a mamá" le llenaba de rabia. Podría saber lo que era y lo que quería por si misma. Pero en otra ocasión.

Encontró otra opción casi inmediatamente. De más alto rango, cosa que la intimidaba, pues ya no se sentía tan capaz. Esperaba que una asistente fuera realmente deseada donde había decidido aplicar.

Si se encontraba nerviosa. Había estado fuera del juego en un rato, disfrutando de la buena voluntad de papá, con tal de intentar cumplir como progenitor.

Entre todos esos pensamientos divisó el nombre de la calle que estaba en su libreta y dio la vuelta para adentrarse al parque industrial.

Le tomó un par de edificios encontrarse con el que estaba buscando. Kenwood Corp. Llenó sus pulmones mientras se dirigía al lugar. Antes de entrar al enorme edificio se dio una última mirada en los paneles oscuros que cubrían la imponente torre. Arregló un poco su cabello y quitó el mechón que cubría su ojo derecho. Para la entrevista sabía que era primordial preocuparse por su aspecto, pero no se fijó en lo higiénico y formal que debía verse su atuendo. En vez de eso, se quedó viéndose a si misma a los ojos, como si acabara de descubrirse, o de descubrir a alguien mas, pues no lograba ver facciones familiares. No pudo reconocerse tan fácil.

Se quedó petrificada en la imagen de su reflejo unos segundos en los que sintió que se le iba la vida. Sus ojos se veían tan aburridos y cansados, apenas brillando por reflejar la luz en ellos. Su boca ya no tenía esa eterna curvatura amigable que tantos ánimos levantó alguna vez. Toda su energía se había esfumado, no había rastro de ella en su cuerpo, y al darse cuenta se sintió inmensamente débil. Parecía un espectro de ella misma, otra versión gris. Pero estaba viendo el reflejo de su deteriorado espíritu, quien la miraba confrontándola, preguntándole que había pasado y exigiéndole saber cuando fue que sucumbió ante la amargura. No supo que decirse. Al verse sólo quería soltar el llanto.

Sus ojos ya estaban inundados y el sentimiento listo para poseerla, pero por una vez más se tragó todo eso. Bajó su cabeza, dejando que sus lágrimas murieran en el pavimento sin haber tocado su piel.

Tomó unos segundos para calmarse, y después entró, aguantando dolorosamente la actitud de que todo estaba bien. Pero, de antemano sabía que no serviría de nada.

Sonrió al entrar al lugar, como si el haber pasado por esa puerta le hubiera cambiado mágicamente el ánimo.

―Buen día ―comenzó saludando a la recepcionista ―. Hoy tengo una entrevista con… ―tomó una pausa para leer el nombre en su confiable libreta. ―Mitsuki Isagawa.

―Tercer piso, sala 402-E, a la izquierda.

Sora asintió mientras se disponía a seguir la indicación. Tuvo suerte de haber escuchado bien si lo hizo; sentía que su cerebro estaba a punto de salir de su cabeza. Escogió un pésimo día para ir a una entrevista, ya que no era capaz de concentrase en el tema, según se dio cuenta.

Cada vez que los números de las puertas aumentaban, se sentía mas impaciente por terminar. Estaba a punto de llegar a la oficina que le habían indicado; se paró unos segundos y se cuestionó si era buena idea. En otras circunstancias hubiera sido brillante; en el universo paralelo en el que creía se encontraba ahora atrapada, era lo opuesto. De nuevo tenía ganas de llorar. ¿Cómo era que hacía antes cuando se sentía así? Ah, sí; hablaba con Taichi. Últimamente, todos sus problemas se reducían a él.

En un arranque de furia, entró abruptamente a la pequeña sala. La mujer que se encontraba detrás de su escritorio dio un sobresalto en su silla y la miró fijamente. Sora se sintió idiota.

―Lo siento, la puerta no abría ―se excusó ahora tan nerviosa como cuando enfureció sin razón. Decir lo primero que se viene a la mente no funcionaba con ella.

La señorita Isagawa, como pudo leer en la placa de su escritorio, no le dijo ni le expresó absolutamente nada. Sora actuó con lo que tenía. ―Soy Sora Takenouchi; vine por lo de la entrevista. ―explicó estrechando la mano de la señorita quien aun la veía extraño.

―Si, ya lo tengo. Toma asiento, por favor.

La pelirroja hizo como debía, aun sin poder sacarse el pesimismo de la mente ni el pensamiento de que ya lo había echado todo a perder.

La secretaria comenzó a buscar algo en sus cajones, hasta que sacó una carpeta bastante delgada. Sora pensaba cómo debía empezar todo aquello; ¿acaso tenía que decir algo después de su nombre? ¿Debía empezar con sus fuertes y después dejarla hablar, o todo lo contrario? Preguntas como esas se arremolinaron en su mente.

Isagawa se quedó quieta mientras la miraba un poco impaciente. Sora se preguntaba qué estaba pasando, incluso ya sudaba. La mujer señaló con sus ojos el sobre que Sora tenía en sus manos. Takenouchi lo vio como si lo acabara de encontrar.

Se lo extendió totalmente enrojecida, cada vez sintiendo más peso del que debía soportar. Isagawa no pareció notar nada además de la hoja donde leía los datos personales de la chica.

Isagawa le regresó sus datos como se los había entregado. ―¿Tienes alguna experiencia en este campo? Me refiero a algo en lo que hayas podido interferir, como estadísticas, manejo de datos, contaduría.

Eso se sintió como un strike. ―No. A decir verdad, he trabajado más informalmente.

―De acuerdo, al menos necesito que tengas una idea de lo que esto trata.

La chica suspiró, sintiéndose relajada, pero no más positiva.―No tengo mucha experiencia con este tipo de sistema, no había llegado tan arriba. Pero puedo decir que no me cuesta aprender; soy muy dedicada cuando tengo que serlo y no me tomo a la ligera las cosas. Cuando se me da una oportunidad, la aprovecho sin más. Posiblemente no parezca mucho, pero en verdad se que puedo dar la talla. ―terminó su seudo discurso, sintiendo que acababa de mentirle y que la señorita lo notaba. Si se hubiera escuchado diría que sonó como si hubiera copiado ese discurso. Además, de seguro su cara mostraba todo lo contrario de lo que había dicho.

Isagawa asintió sin parecer conmovida, lo cual Sora ya daba por hecho. La mujer seguía leyendo algo de su carpeta, tal vez buscando algo que pudiera aplicar a la pelirroja.

Igual, a partir de ese entonces Sora sabía que la entrevista sería muy corta. Mientras la veía buscar y rebuscar entre esos papeles sintió muchas ganas de echarse a reír. Muy en el fondo sabía que estaba volviéndose loca, pero la antigua Sora aun quería ocultarlo. Sólo sonrió amargamente, burlándose de si misma y de cómo terminaban las cosas en su vida, después de haberles puesto tanto empeño. Hacía ya mucho que no se sentía tan pequeña y patética, y todo por la ausencia de una sola persona…


Hikari batallaba para sacar una mancha difícil de su plato aun con dos productos diferentes. Los guisados de su hermano podían ser algo grasosos y excesivos en salsa. Cuando la mancha logró impacientarla un poquito, talló con más fuerza, casi frenética, y entonces unas gotas lograron salpicarle el rostro y su blusa como un modo de vengarse. La chica limpió su cara con una toalla, y para cuando tomó el plato de nuevo, la mancha había desaparecido. Valió la pena.

Secó el traste y volvió a sentarse a la mesa, viendo como su hermano se servía una tercera porción.

―¿Vendrás en navidad? ―preguntó la pequeña castaña, recordando el tema de repente.

―Sí. Bueno, tal vez.

―¿Tienes otros planes?

―Unos compañeros harán un viaje de fin de año. Me gustaría ir.

Hikari asintió. Las últimas semanas habían sido tan singulares. Taichi se comportaba extrañamente serio. Y a ella le importaba mucho lo que pasaba con su hermano; pero sabía que entrometiéndose en su vida no iba a ayudar en nada.

Pero fuera lo que fuera, seguramente tenía que ver con Sora. Era cosa de ley, más aun después de aquella confesión. Además, por alguna extraña razón, sentía que no debía mencionarla.

―¿Sora ha hablado contigo últimamente? ―Inquirió Tai como si hablara de cualquier cosa.

La chica se sorprendió sin saber bien la razón, ya que lo menos extraño en el mundo debía ser Tai mencionando a Sora, aunque esto a su vez, indicaba que algo andaba, sino mal, raro. Intentó seguir con el mismo ambiente retórico.

―No. Intenté llamarla hace poco, pero al parecer ya no tiene un número. La operadora me dice que no existe.

Después de no haber demostrado ninguna emoción, Tai se llevó a la boca otro pedazo de res.

Hikari miró hacia abajo entristecida. No comprendía que sucedía, pero no se sentía intrigada. La indiferencia le había dolido; no sólo su hermano era una persona muy querida. Sora era casi como su hermana. Pero no quería ser tan ilusa. Las cosas cambian, de eso no le cabía duda, el tiempo puede borrarlo todo literalmente. Pero no todos se adaptan al cambio; ella misma por ejemplo. Conocía esas ocasiones en las que se dejan de lado los recuerdos por enfrentar la realidad. No sabía ciertamente si eso era lo que pasaba con su hermano, ni tampoco si creer eso acerca de él. Pero en esos días muchas cosas no tenían sentido.

―¿Qué pasa? ―la despertó su hermano, a quien después de un tiempo por fin veía sonreír. Cosa aun más rara.

―Nada… Sólo pensaba… ―Contestó, ya sin importarle disimular.

―¿En qué?

Hikari suspiró nostálgica. ―En el antes y el ahora. Por qué cambiamos con el tiempo, qué hay detrás de todos esos cambios. Cosas como esas.

―¿Por qué tanto existencialismo? Es cosa de vivir. No seríamos seres vivientes si no cambiáramos. Es más que nada evolución. ―Explicó el chico como si se tratase de una materia. Además, sabía que se refería a él.

Su hermana demostró con su rostro lo sorprendida que estaba. Después de razonar lo escuchado unos segundos estaba lista para replicar. ―No me refiero a ese tipo de cambios simples. Sino como es que se cambia la mentalidad con las experiencias, ¿como saber cuando te equivocas y cuando estas bien? Y como eso te forja.

Taichi sonrió secamente. ―Es cosa de madurar.

―Dame un ejemplo.

―El tiempo se desperdicia con los recuerdos ―Dijo Tai algo tajante. ―. Mejor vive el hoy, Hikari.

―Yo creo que vives de nuevo recordando. ―Difirió segura y sonriente.

Para Tai, eso era soñar. ¿De qué le serviría recordar cuando las cosas eran mejores? ¿Acaso solucionaría algo? De hecho, cada vez que recordaba lo feliz que fue, le hacía más mísero su hoy. Morir por que las cosas fueran como antes no era sano, ni útil. Lo mejor eran las acciones. Y antes que eso, atreverse a correr el riesgo, a reunir el coraje. Aunque eso ya no parecía tan fácil, en el sentido que no sabía si esta vez tendría el suficiente valor para vivir con las consecuencias de los actos que había realizado. Había llegado al punto en que no sabía si debía intentar resolver las cosas o terminar de destruirlas. Y tenía ganas de hablar al respecto.

―Hiciste una pregunta muy interesante, Hika ―Dijo Tai intentando retomar el tema. ―; cómo podemos saber cuando nos equivocamos y cuando no. Lo que hago en tales casos, es dejar que la persona con la que cometí el error me lo diga. Siendo sincero, para mi, yo nunca me equivoco ―comentó riendo, haciendo que su hermana también lo hiciera. ―… hasta que esa persona reacciona de una manera en la que no esperaba que reaccionara. Es ahí cuando te das cuenta que triunfaste, o que lo arruinaste.

La castaña lo meditó.

―Si estas segura de tus acciones, tanto que incluso las planeaste ―continuó el. ―, no puedes estar mal. El problema aquí es lo que esa otra persona piense. Básicamente, es como jugar a la ruleta rusa.

A Hikari había dejado de sorprenderle la profundidad con la que ahora hablaba su consanguíneo. Pero ella también sabía al respecto.

―La ruleta rusa me parece algo muy drástico ―opinó ella, incluso divertida. ―, con esta no hay vuelta atrás. Para mi es más como una apuesta: Al final te acabas enterando de lo que querías enterarte, o de lo que no. Pagas por ello e intentas de nuevo, y hay más probabilidades de que, con cada intento, te acerques a una victoria. Y con una bala en tu cabeza ya no tendrías muchas opciones.

Ambos se miraron fijamente y terminaron soltando carcajadas. Hikari se sintió bien por Tai. Tarde o temprano se hartaría de todo eso.

―Ahora, ¿a qué nos referíamos con eso? ―preguntó Hikari, con cierta intención, como preguntando a un alumno si había entendido la definición de una palabra.

Taichi captó. No iba a ser tan fácil admitirlo. ―No sé, tú planteaste la pregunta. ¿A qué te referías? ―Le cambió la jugada, recuperando su expresión socarrona.

Hikari no le tomó mucha importancia. ―Al principio, a crecer espiritualmente con las experiencias. Después se me salió de las manos y tal vez me refería al amor y lo complejo de éste en algunas situaciones. Terminé por basarme en eso, pero esto aplica en cualquier situación.

El mayor terminó su comida y arrojó su plato al lavabo. ―Hacemos buen equipo; eso o sacaste todo de alguna libreta de Takeru…


Los días habían pasado sin cambio alguno. Todo estaba tan aburrido y deprimente como cuando se había dado cuenta antes. Ya no estaba segura si acaso algo cambiaría.

Después de haber despertado de una siesta que tenía la intención, fuera revitalizante, se levantó aun mas cansada. Observaba a su alrededor, asegurándose de estar completamente sola, como esperando que milagrosamente alguien estuviera ahí. Exhaló débil pero profundamente y encendió el televisor.

No esperaba encontrar algo con que desconectarse, fue mas por el hecho de fingir que hacía algo, y como buen intento, no halló nada. Aunque de todos modos, todo afuera parecía una farsa. Seguramente toda esa gente famosa en televisión aparentaba ser feliz mientras intentaban tapar sus problemas, con esas enormes sonrisas y esa fingida energía. Nada es perfecto, y el exterior es un buen escudo.

Era difícil de entender por qué todo su sistema se empeñaba en hacer algo más miserable su presente. Podía notar como sus heridas sanaban más lentamente que de costumbre, como el apetito era menos frecuente, el cansancio crónico, y su mente repitiendo constantemente lo pésima e inopia que era su vida entonces. Parecía imposible sentirse mejor.

Además, la última llamada que había recibido esos días fue la de la compañía a la que intentó pertenecer. Y todo terminó así, como un intento ineficaz. Escuchó la negativa de la misma Isagawa que le rezumbó en los oídos desde que colgó ese teléfono. Al parecer, no era muy "competente".

Le estaba tomando tiempo superar el incidente. Le estaba tomando meses sentirse capaz y segura también. Pero si no podía convencerse a si misma, mucho menos a alguien más.

Ya hacía poco entró en su cabeza una incógnita, otra preocupación que la desgastaba. Se preguntaba si podría manejar su vida tal y como lo había hecho antes, si podría mantener esa calma y estabilidad un tiempo más.

Toda esa reflexión terminaba en parte en Matt. No fue hace mucho cuando se dio cuenta de que el sentido de estar juntos estaba desvaneciéndose. Lo que es más, había perdido la cuenta de cuantos días pasaron desde la última vez que habló con él.

No pasó mucho cuando decidió actuar al respecto. Fuera de su departamento, en la ahora helada noche, se dirigía directo a la cabina telefónica cercana; a comenzar antes de que se arrepintiera.

El viento se llevaba cada espiración de nerviosismo, mientras ella veía su aliento alejarse. El esporádico acto aun le causaba mucho miedo; temía no tomar la decisión correcta, pero mas que nada, esa razón misma era la que le confirmaba que no estaba bien tampoco. Ya no le era posible dejar que todo se resolviera por si solo, más bien, ya no funcionaba.

Al llegar abrió la pequeña cabina, suspiró de alivio cuando entró en ella. Frotó sus manos contra si para intentar calentarlas y desentumirlas un poco, antes de marcar.

Sacó las monedas de su bolsillo y las depositó donde debía. Marcó el numero de Matt de memoria, y esperó unos segundos, para los cuales estaba casi arrepintiéndose.

Temblaba, pero era inconscientemente. No por el frío, eso sin duda; era uno de esos momentos decisivos en su vida.

Casi gritó cuando escuchó la otra línea. Matt aun tardó poco en contestar.

―¿Hola?

No sabía muy bien que sentir. No sabía si había esperado escucharlo de nuevo con ansias. Y no sabía cuando dejó de hacerlo. ―Matt, soy yo, Sora.

El chico se sorprendió bastante, pero le fue difícil alegrarse. No se escuchaba muy contenta. ―Hola. ¿Cómo estás?

―Bien ―No era una total mentira, al menos estaba viva, pensó. ―¿Cómo esta yéndote allá? ―preguntó algo curiosa.

―Okinawa está bien ―Contestó con su habitual tono indiferente respecto al lugar, interesándose de lleno en Sora después. ―¿Pero qué hay contigo?

La chica se preguntaba como era que se comenzaban esas charlas. ―Quería hablarte… de algo.

Los corazones de ambos ya empezaban a palpitar fuerte. Sora no aguantó mucho la presión. ―No me ha estado yendo muy bien, ¿sabes? ―contó con una risa nerviosa y con su voz casi quebrada ―. Se podría decir que no puedo conmigo misma.

Matt tragó saliva. ―¿Qué ha pasado?

Sora apartó un poco el teléfono para que Matt no escuchara el gemido que no pudo evitar soltar. Intentó componerse. ―Tengo problemas.

El rubio no lo pensó mucho. ―Sora, si me dijeras de que se trata yo podría…

―No, bueno… Son esa clase de problemas personales ―No quería mencionar las recientes dificultades económicas. ―. Matt, no te quiero amarrado a alguien tan inestable como yo. ―Dijo, finalmente llorando, pero despacio.

Al escuchar que ella lloraba no supo que decir. Sentía que su pecho se oprimía dolorosamente, incluso más sabiendo que estaba a leguas de distancia. Y todo estaba tan confuso de repente. ¿Cómo se supone que debía reaccionar? Sora, al parecer, estaba terminando con él por el momento, pero no le estaba quedando muy claro el asunto. Su primera reacción, y la más importante, fue preocuparse por ella.

―¿Qué tienes? ―preguntó suavemente, con tacto.

La chica ahora experimentaba una enorme culpa, aunque no quería dar marcha atrás. Tal vez, por primera vez en su vida, haría lo que ella pensaba era correcto según sus convicciones, no las de alguien más. ―No puedo seguir así. Necesito tiempo para volver en mí. ―Fue su respuesta, y mientras le decía esas pequeñas frases cargadas de tanto sentido y verdad, se sintió mejor; sintió la seguridad de estar finalmente en lo correcto.

No estaba de más decir que Matt seguía bastante confundido. Pero eso era lo que menos le importaba al rubio. Su mente había saltado a la idea del fracaso. Todas esas cosas que se había repetido constantemente para no olvidarlas se volvían realidad.

Lo sabía; sabía que algo pasaría.

En cambio Sora había logrado relajarse. Por el momento debía ser un poco egoísta hasta arreglarse consigo misma. Después podría pensar claramente en tomar acciones para restablecer su vida. Dejar a Matt libre era la primera de muchas.

Secó sus lágrimas, como si ahora le estorbaran. Ya era suficiente de tantos lloriqueos, ya no era una niña pequeña.

―Lamento mucho estar diciéndote esto ahora, pero ya no lo soportaba ―Continuó. ―. Sin embargo, no quiero que cambies nada. Estas a punto de lograrlo Matt, y detestaría ser yo quien terminara arruinándotelo. Si acaso puedes hacer algo por mí sería seguir con tu camino, ya sabes, tu carrera. ―Le dijo, con toda la honestidad y cariño que podía expresar.

Aun quería saber que pasaba por la cabeza de Matt. Necesitaba saber que estaban bien, no soportaría perderlo. Pero él no decía nada. Y con cada segundo de silencio el temor de ella aumentaba.

Todos los errores que había cometido antes la habían agotado, ya no había por qué ocultarlo. Pero, ¿equivocarse aun cuando creía estar bien? Eso era el colmo. Y todo terminó dependiendo de la reacción del rubio, hasta ahora ausente, cosa que no significaba nada bueno.

Con esto cometía otro error: Dar por sentado lo que ella pensaba que los demás pensaban de ella, sin siquiera indagar más. Matt no pensaba lo que ella creía.

Sí se sintió insegura de lo que estaba haciendo, pero ya no se permitió tambalear al respecto. ―Hablaremos a su tiempo, eso será lo mejor ―Estableció de manera seria, sintiendo que ya no podía soportar aquello más.

Matt pareció apenas escuchar lo importante. ―Sí, definitivamente.

Sora estuvo conforme con al menos escuchar su afirmación. No esperaba nada muy bueno de todo eso, y lo recordó con estoicismo.

―Te esperare aquí. ―No esperaba respuesta, pero aun así tardó en por fin colgar. Estaba agotada, y solo quería olvidar todo hasta que Matt regresara.

El rubio, por su parte, seguía absorto en lo que acababa de pasar. Todas las ideas que era capaz de crear se arremolinaban a cada segundo, abarrotando su cabeza y ninguna trayendo solución o contribuyendo en absoluto. Pero la más importante, y una que estuvo ahí desde que empezó su conversación seria con la pelirroja, se abrió paso por sobre todas las demás: ¿Cómo era posible que las metas que había logrado alcanzar gracias a ella los estaban separando?


Los días sucedieron normales en la vida de Sora por un tiempo más. No había escuchado nada de Matt y rezaba por que el chico no la estuviera pasando mal. Nunca fue su intención desconcentrarlo, y tal vez pudo haber esperado un poco más. Pero ya no había marcha atrás.

En lo que a ella respectaba, se moría de ganas por salir de ese túnel oscuro en el que se había metido. Quería que Matt llegara, que Tai llamara, que alguien, quien sea, llegara a socorrerla. Todo al mismo tiempo. Se estaba desesperando, esa seguramente era una de las peores épocas de su vida. Pero a la misma vez sabía que muchos de sus problemas se debían a su propia fluctuación. No era culpa de los demás. Tenía que madurar todavía; ahora que se veía sola se daba cuenta de que casi no se conocía a si misma, que no sabia actuar acorde a lo que ella deseaba. Y para consolarse pensaba que era necesario estar sola; más bien no era consuelo, era la verdad. Había que ganar independencia emocional. Eso fue lo que razonó.

Sólo descansaba de todo eso al dormir. Ese día fue uno sin agitaciones mayores, pero quería descansar de ella misma.

Se puso su abrigo para soportar el frío hasta llegar a casa. No se dio cuenta de que era observada atentamente.

Sora había salido de la zapatería en la que trabajaba, pero aun no salía del centro comercial. La mujer que la había estado vigilando se puso de pie al verla salir. La pelirroja no parecía apresurada, fue por eso que la alcanzó rápido.

La tomó suavemente del hombro, haciéndola virar en su dirección. Sora se asustó a pesar de los gestos dóciles, pero se sorprendió mucho al ver que era su madre quien la detenía.

Al principio no le dijo nada, tan sólo la miraba de una manera que no supo descifrar; tal vez con lástima, tal vez con ternura inclusive.

―Sora. ―La escuchó hablar por fin. No se escuchaba tan severa.

―¿Qué haces aquí? ―Preguntó aun pasmada.

―Quería hablar contigo, solamente. ¿Tienes tiempo?

La chica intentó descifrar de qué se trataba todo aquello. Desde que dejó la escuela su madre ya no se dignaba a dirigirle la palabra en absoluto. ¿Intentaría convencerla de regresar, acaso? Fue lo único que pudo pensar que ella quería, y si era el caso, estaba perdiendo el tiempo. Pero en verdad quería oír a alguien. Como sea, su madre le hacia falta.

―Sí. ¿De qué quieres hablar?

―Vamos a otro lugar ―Le propuso. Entonces prestó más atención a la apariencia de Sora. ―. No te ves muy bien, ¿te parece si cenamos aquí?

Sora asintió, aun más extrañada. La verdad es que la repentina aparición de su mamá la había absorbido del mundo. Parecía siempre haber necesitado algo a lo que aferrarse.

Fueron a un pequeño restaurante dentro del centro comercial. Ambas se sentaron algo apartadas del resto. No hablaron de mucho antes de que la cena llegara. Sora no tenía mucho apetito, ni tampoco se sentía muy cómoda, pero estaba llena de curiosidad por lo que su madre tenía que decirle.

La mujer dio un sorbo a su té, después acomodó la taza sobre una servilleta perfectamente doblada. Miró a Sora, incluso la examinó un poco.

―Te he estado observando, Sora ―Soltó sin siquiera inmutarse.

―¿Me has estado espiando? ―Interpretó Sora para si misma, cada vez más sorprendida. No sabía si sería correcto enojarse o emocionarse. ―¿Por qué?

―Eres mi única hija, Sora. Es normal que me preocupe por ti.

Pensó en decirle que no tenía por qué; pero si la había estado observando entonces sabía que le estaría mintiendo.

―Estoy bien. ―Aun así intentó, restándole importancia al no mirarla a los ojos.

Toshiko seguía mirándola, entendiendo como Sora aun intentaba hacerse la fuerte. Eso le sacaba de sus casillas en el pasado, pero esta vez notó que era un mero mecanismo de defensa.

―Sora, al contrario de lo que tal vez estés pensando, no vine a forzarte a nada ―Quiso dejar claro. ―; fue decepcionante cuando saliste de la escuela, pero eso ya no importa, y quiero que dejes de pensar que ese es mi motivo para acercarme a ti. Quiero ayudarte.

Sora odió escuchar esa vieja historia de nuevo. Mordió su labio para no replicar nada. Toshiko lo notó.

―También sé que intentaste estudiar diseño, y que tal vez las cosas se te complicaron. Y por eso decidí buscarte y hablar contigo de eso.

―Sí tengo problemas, mamá, pero necesito salir sola de ellos. ―Confeso sinceramente, sin repudio hacia los intentos de su madre, sino con lo que ella consideraba madurez de su parte.

Toshiko lo vio como hostilidad. ―Déjame ayudarte. ¿Crees que no me destroza verte así? ―Dijo, poniéndose sentimental. ―Siento que todo esto es mi culpa.

―Pues no lo es. ―Quiso hacerle entender con esa declaración, pero de una manera amable. A pesar de lo enojada que debería estar con ella, no encontraba motivos para ser insolente. Tal vez era la primera vez que era cien por ciento honesta con ella. ―Es cosa mía.

―Sora, quiero que trabajes conmigo, en la floristería. ―Le expresó finalmente, como último recurso para hacerla entrar en razón.

Sora la miró a los ojos, asombrándose de nuevo. Todo ese tiempo pensó que intentaba prestarle dinero o algo así, por eso fue reacia. Pero ese trabajo. Fue lo que empezó su mala relación en primer lugar. ¿Sería correcto? Debía admitir que la noticia no llegaba en mal momento, y además, hacía muchos años que quería acercarse a su madre.

¿Era esa la oportunidad de un nuevo comienzo? A partir de ese momento, parecía que su tren andaba una vez más. Pero las dudas… las malditas dudas no se disipaban.

Vio la cara de su madre, que prácticamente le suplicaba que aceptara. Era abrumador. Una madre que actuaba raro, un extraño presentimiento, y una nueva oportunidad. ¿Cómo saber adónde estaba yendo?


¡Hola!

Bueno, no tengo mucho que decir del capitulo de hoy, así que pasemos a lo del siguiente. Ya lo tengo medio planeado. Pues bueno, este capitulo fue casi todo para Sora y algo de sus problemas. El siguiente pretendía que fuera de Tai, y lo será en parte, ya que cuando pensaba en esto me dije "¿Y Matt que?" xD. Así que, según lo tengo contemplado será un poco mas de Sora y su madre, Tai, Matt; Takari si algo bueno se me ocurre, y para el final, algo que considero una sorpresa. Mas adelante intentare incluir a toda la banda ^^.

Nos leemos.