MI PERDICION

(Be My Downfall)

Por Kristen Elizabeth

Traducido por Inuhanya

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen. Tan simple como eso.

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Capítulo 10 - Si pudiera mantener mi corazón fuera de vista

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"Trowa…" El intento de Quatre por formar una oración murió cuando Trowa succionó el lóbulo de su oreja en el calor de su boca. Tomando un profundo respiro, lo intentó de nuevo. "Trowa, necesito saber… tú no sólo estás…"

"Sólo qué?" Respiró Trowa, haciendo que el rubio bajo él temblara. "Jugando? Experimentando?"

Los ojos de Quatre se cerraron fuertemente, pero asintió. "Ambas?"

"No lo estoy." Él dejó que el total peso y dureza de su cuerpo se presionara en el de Quatre. "Te quiero."

"Y lo que quieres, automáticamente lo tienes?" Empujándolos a una posición sentada, Quatre se tomó un momento para componerse. Cómo habían llegado a la cama con la mitad de su ropa fuera? Sólo había invitado a su amante para una bebida después de una inocente cena. Está bien, igual la tensión sexual entre ellos había sido fuerte, pero se había asegurado de que podía manejarlo. Pero como resultó, el control y la madurez que pensó había ganado de su roto corazón no había sido capaz de mantenerlo contra su abrumador deseo por Trowa.

Manteniendo sus ojos nivelados con las órbitas verdes, Quatre continuó, "Esto no funcionará si no estás seguro de quién eres. Confía en mi; lo sé."

Trowa frunció. "Qué quieres decir?"

"Realmente no crees que no he tenido sexo desde nuestra noche juntos, verdad?"

"Yo… um… no sé. Realmente no he… pensado en eso. O no he querido pensar en eso."

Quatre sonrió paciente. "He estado con personas que no están seguras, Trowa. Y nunca duran, porque lo estás o no lo estás. Entonces…" Él dejó una mano bajar por la esculpida extensión del pecho de Trowa. "Lo estás?"

"Estaría aquí si no quisiera esto?"

"Lo has hecho antes."

Desviando la mirada por un momento, Trowa retiró su cabello de sus ojos. "Qué quieres? Una especie de declaración?"

"Creo que merezco escuchar una antes de que exponga mi corazón otra vez."

El hombre lo miró. "No te lastimaré otra vez, Quatre."

"Eso está por verse," susurró Quatre.

"No lo haré," reafirmó Trowa. "Quiero compensarte por lo que te hice." Colocando sus manos en los hombros de Quatre, los guió a la cama. "Así." Sin esperar un permiso, lo besó largo y profundo, conquistando el calor de la boca de Quatre con su lengua. Su amante gimió bajo él, pero no protestó.

Trowa rompió el beso para hundir su rostro en la curva del cuello de Quatre. Su piel olía a especias exóticas. Habría sido tan fácil quedarse ahí, inhalando de él para siempre. Pero como si el destino estuviera trabajando contra él, el beeper en el bolsillo de sus pantalones, los cuales estaban apilados a los pies de la cama, sonó entonces.

"Mierda," murmuró él.

Quatre liberó un respiro contenido mientras miraba al techo. "Debes responder."

Trowa levantó su cabeza. "Puede esperar."

Él se inclinó por otro beso, pero Quatre lo detuvo. "Está bien. Respóndelo."

Con un suspiro, Trowa rodó del otro hombre y salió de la cama. Después de recoger sus pantalones y revisar el beeper, sacudió su cabeza. "Wufei es el peor inoportuno."

Quatre se recostó contra la cabecera de la cama. Sin el calor del cuerpo de Trowa rodeándolo, de repente tuvo frío. Cruzó sus brazos sobre su expuesto pecho. "Debe ser importante."

"Esto…" Señaló hacia la desordenada cama. "… es importante."

"No tanto." Levantándose, Quatre fue por la bata de su hotel. "Si fuera mi trabajo llamándome, iría."

Trowa tuvo que sonreír. "Lo harías?"

"Bueno." Colocándose la prenda, Quatre se encogió. "Me sentiría mal por eso."

"Sí. Mal." Después de ponerse sus pantalones, Trowa se le acercó. "Aquí está mi declaración. Siento." Rozó su pulgar por los hinchados labios de Quatre. "Cuando estoy contigo, estoy seguro de eso."

Sus pestañas temblaron ante el contacto, y le tomó mucha voluntad obligarse a mantener abiertos sus ojos. "Entonces, tal vez cuando Wufei termine contigo… regresarás aquí?" Pausó. "Estaré esperando."

Trowa inclinó su cabeza y lo besó. "No llegaré muy tarde."

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"Llegas tarde." Wufei le dio a su compañero una rápida reprimenda mientras entraba a la oficina. "Y luces terrible."

Lanzándole la mirada más oscura que pudo lograr, Trowa extendió sus manos. "Qué es lo que quieres, Chang?"

"Tú y Heero… ninguno de los dos está *aquí* realmente! Y, quién es ella? Esa chica del circo?"

"Mira, estoy aquí para trabajar, no para discutir mi vida privada." Cruzó hacia el escritorio de Wufei. "Encontraste algo de la secretaria?"

"Asistente…"

"No comiences."

Wufei sacó unas cuantas hojas de papel de una carpeta. "Mientras estuviste fuera haciendo lo que sea… o con quien fuera… yo estuve haciendo tu trabajo, revisando las citas de la mujer y la Presidenta durante los últimos dos meses. Y adivina qué descubrí?" Él no esperó a que Trowa adivinara y continuó, "Resulta que la mujer, Karen Miller solía ser la Sra. Karen Wynstock."

"De acuerdo…"

"Wynstock no te suena?"

"Debería?"

Wufei señaló una entrada particular en los papeles. "Pasa que sólo un día antes de que la Presidenta recibiera noticias del envenenamiento, tuvo una cita para cenar con el recientemente divorciado Sr. Marvin Wynstock, el Ministro de Desarrollo."

Trowa pensó esto por un momento. "Entonces, la secretaria de la Presidenta solía estar casada con un miembro de alto rango de la administración de la Presidenta. Lo cual ruega la pregunta… por qué alguien que alguna vez se movía en los mismos círculos sociales que la Presidenta aceptaría trabajar para la Presidenta?"

"También ruega la pregunta, la Presidenta lo sabe?"

"Creo que debemos averiguarlo. Trae a la secretaria a primera hora en la mañana."

Wufei cruzó sus brazos. "Eso funcionaría, si la Sra. Karen Miller no estuviera perdida."

"Perdida?"

"He iniciado una búsqueda… envié su foto a cada puerto espacial en la Tierra y las colonias. Sólo es cuestión de tiempo hasta que la encontremos. Pero hasta entonces…"

Haciendo a un lado los papeles, Trowa levantó el comunicador de su oficina. "Vamos a guardar silencio por ahora. Aunque probablemente debamos decirle a Heero. La Presidenta debe estar consciente de que su secretaria se fue, verdad?"

"Quién sabe? Así como la cabeza de Yuy está llena de ella, la Presidenta está llena de él." Wufei pausó. "Eso salió más sucio de lo que planeé," dijo él, casi orgulloso.

"Felicitaciones." Trowa miró la pantalla del comunicador por un momento. "Nunca he visto a Heero tan distraído. Es casi como si últimamente fuera una persona diferente."

El chino resopló. "Eso es lo que pasa. Afortunadamente, no me ha pasado todavía, y no veo que vaya a pasar. Las mujeres pueden ser confortantes; no lo negaré. Pero dan más estrés que alivio. Y no necesito nada de ese desastre en este momento."

"Cierto. Un desastre." Él aclaró su garganta. "Chang, has estado aquí por horas, y francamente, creo que estás comenzando a apestar. Ve a casa. Puedo continuar la búsqueda."

"Estás seguro? No hay una sexy mujer esperando por ti?"

Trowa se sentó. "No. No una sexy mujer."

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Sally no realizaría el procedimiento hasta que al menos hubiese pasado dos semanas. Se sentía segura de que Relena cambiaría de opinión, recobrara sus sentidos, fuera egoísta como cualquier otra mujer lo sería. Pero lo que Sally no se dio cuenta era que Relena no estaba eligiendo a su pueblo sobre su bebé. Su primer y primordial pensamiento era sobre su hijo. Dos semanas no era suficiente tiempo para atarse verdaderamente, se decía cientos de veces todos los días. Si esperaba, se ataría, y luego tenía que hacer la misma elección, sabía, muy en el fondo, que arriesgaría la paz de todo el universo para mantener a salvo a su bebé.

Aún, no había contado con el cómo saber que estaba embarazada la haría atarse a su hijo. No había esperado a que los síntomas matutinos se volvieran un recordatorio diario de la existencia del bebé. Y no había contado con la retirada de Heero.

Él no la tocaría. Ni la miraría. Mantuvo su distancia, reforzando todas sus paredes, y estaba rompiendo su corazón un poco más cada día. No estaba segura si la hacía más o menos segura de su decisión. Más, supuso, porque mientras pudiera soportar su silencio, un bebé no debería. Menos porque si lo perdía, también tendría que perder lo poco de él creciendo dentro de ella.

Tenía heridas en sus manos que no discutió. Salió de la mansión, citando el hecho de que Milliardo estaba alrededor para protegerla cuando no estuviera ahí. Pero lo peor de todo era la mirada en sus ojos. La monótona expresión que veía cuando estaban juntos, lo cual no era muy seguido. La helaba hasta los huesos. No debería estar aliviado de que no esperaría un compromiso a largo plazo de él?

La semana antes al procedimiento, Relena desahogó todo esto con Noin durante el te. La novia de su hermano tomó la noticia de su embarazo con calmada aceptación. Relena estaba agradecida por la falta de sermones que recibió; después de todo, Noin misma estaba embarazada y sin casarse.

"Lo más extraño es…" Noin bajó su taza de te. "Así es como tu hermano reaccionó a cada uno de mis abortos."

"Qué quieres decir?" Relena parpadeó. Nunca había escuchado sobre ningún aborto.

"Perdí dos bebés, uno a los tres meses, el otro al cuarto."

Su mano voló hacia su garganta. "Oh… lo siento mucho! Y aquí estoy hablando sobre abortos y…"

"Está bien. No lo sabías." Después de un respiro, la mujer continuó, "Fueron experiencias devastadoras. E inmediatamente después de cada una, me volví hacia Zechs buscando fortaleza. Pero no siempre estaba ahí. Él…" Pausó para tocar la gentil protuberancia de su abdomen. "Parecía como si no quisiera estar más junto a mi. Por supuesto, dejé claro que esto no me hacía feliz."

"Y qué dijo?"

"Hablamos. Y descubrí… que estaba haciendo el duelo tanto como yo. Sólo que no tenía idea de cómo mostrarlo. Así que, se cerró." Alcanzó de nuevo por su taza. "Suena como lo que Heero está haciendo en este momento."

Relena movió su te pensativa. "No lo sé. Milliardo obviamente quería esos bebés. Heero, por otro lado, no pensaba en tener hijos. Digo… nunca me dio algún indicio de que disfrutara mi compañía en otro lado además de la habitación."

"Si lo sientes de esa forma, por qué lo dejaste usarte así?"

"Oh, tengo muchas razones, no siendo la menor de ellas que él es una fantasía sexual hecha realidad. Pero principalmente… principalmente es porque muchas personas me necesitan. Más y más de mí, cada día. Algunas veces es agradable estar con alguien que no me necesita. Y Heero…" Ella sacudió su cabeza, sonriendo triste. "Heero no necesita a nadie."

Noin consideró a la joven. "No estoy segura de eso."

Un golpe en la puerta de la sala mató efectivamente la conversación. Una de las mucamas entró tranquilamente. "Señora Presidenta, hay un Sr. y Sra. Duo Maxwell en la puerta. Piden…"

Relena ya estaba de pie. "Déjalos pasar, inmediatamente!" Una vez que la joven se inclinó y salió, regresó a Noin. "No los he visto en mucho tiempo! Cenamos juntos en L2 cuando estuve ahí para una reunión… debió haber sido hace dos años. Me pregunto qué hacen aquí en la Tierra?"

"Tal vez vieron tu conferencia de prensa," supuso Noin.

Algo de la felicidad se drenó del rostro de Relena. "Estaba esperando que Duo pudiera haberse metido en la cabeza venir de visita. No quiero compasión."

"Si aún es el mismo Duo que recuerdo, dudo que esté aquí para darte lágrimas y abrazos."

Veinte minutos después, la puerta de la mansión se abrió y Duo Maxwell entró, de mano con su esposa, Hilde. La primera vez que Relena había puesto sus ojos en el antiguo piloto del Deathscythe, había estado silueteado en el ponente sol, apuntándole un arma a Heero y diciéndole quitarse de su camino. Ahora, respaldado por el sol, cargaba un asiento de bebé en su mano libre, una tonta sonrisa aplastada en su apuesto rostro.

"Princesa," la saludó, levantando la silla. "Mira lo que hicimos!"

Relena se paralizó mientras miraba la pequeña y rosada cara perdida en un mar de cobijas azules y enmarcada por una capucha de felpa. "Oh dios mío," susurró ella.

Duo gentilmente bajó a su hijo y extendió sus brazos. "Aún está bien abrazar a la Presidenta?"

Ella se recuperó lo suficiente para abrazarlo con tanto calor como fuera posible. "No tenía idea de que ustedes dos iban a tener un… un bebé."

"No quisimos ser tan secretivos," le aseguró Hilde.

"No, entiendo." Relena la abrazó. "Esto es… maravilloso. En verdad." Ella se separó, conteniendo la repentina urgencia de llorar. "Cuál es su nombre?"

"Jeremiah," dijo Duo con tal orgullo y alegría que Relena casi pierde la batalla con sus lágrimas. "Heero no te habló de él? Heero está trabajando como tu guardaespaldas, verdad?"

Relena sacudió su cabeza. "No. Digo, sí, lo está, pero no, no dijo nada. Heero y yo… exactamente no estamos… digo, no siempre… hablamos." Forzó una sonrisa. "Pero eso no es importante. Deben estar cansados de su viaje, especialmente tú, Hilde." Ella alcanzó por la mano de la otra mujer. "Ven y siéntate. Justo tomábamos el te."

"Eso suena maravilloso, pero primero, si no te importa; hay algún lugar donde pueda ir a cambiarlo?" Ella levantó a su bebé que había comenzado a retorcerse en su silla. "Es trágico tener una vejiga del tamaño de una nuez."

"Oh, por supuesto. Um… hay un baño de visitas justo detrás de la escalera." Señaló Relena. "Estaremos justo por esas puertas, en la sala."

Hilde le envió a Duo un pequeño beso antes de irse. Mientras la observaba alejarse, sacudió su cabeza divertido, aún cuando verdaderamente no pudiera creer que su vida hubiese resultado tan bien. "Diecinueve horas de labor y nunca lo sabrías. Es una chica fuerte, mi nena."

Relena le sonrió. "Estoy tan feliz por los dos."

"Y sorprendida, también. Sé que nos aparecimos de repente…" Señaló su oreja. "Pero cuando escuchamos… tú sabes… quisimos estar aquí para ti." Duo miró sobre su hombro y mientras lo hacía, su voz se tornó más fuerte. "Porque sabes que Heero Yuy es un completo insensible, imaginamos que necesitarás unas cuantas risas de vez en cuando."

Perpleja, Relena miró sobre su hombro. Tras ella, Heero había entrado a la mansión en silencio. Su aliento se atascó en su garganta, pero logró asentir. "Tenemos… visitas," le dijo ella, innecesariamente.

"Puedo verlo," respondió Heero, acercándose. "Maxwell."

Duo enderezó su espalda y moldeó su rostro en una exagerada y vacía expresión. "Yuy."

Relena contuvo una sonrisa detrás de su mano. "Heero, Duo y Hilde trajeron a su…"

Fue interrumpida por Hilde regresando con un muy despierto Jeremiah sentado en la curva de su brazo. "Resultó que no estaba húmedo. Sólo malhumorado." Parpadeó al ver a Heero. "Vaya, hola."

Heero miraba al niño que cargaba Hilde. Después de un momento, aclaró su garganta. "Se ve como de nueve libras."

"Felicitaciones para nosotros." Duo giró sus ojos. "Eres muy amable, Heero."

Jeremiah parpadeó varias veces antes de cerrar sus lechosos ojos azules una vez más. "Es perfecto," susurró Relena.

"Quieres cargarlo?" ofreció Hilde.

"Oh… yo… no sé. Estoy…" Relena buscó una excusa que no ofendiera o delatara algo. Sin encontrar nada, cedió. "Está bien. Sí."

Sólo le tomó un momento para que Hilde le pasara a su hijo, pero cada segundo pasó para Heero como cien años. Y una vez que el bebé estuvo en brazos de Relena, encontró que simplemente no podía desviar su mirada. Un no identificado lugar en su pecho dolió ante la vista.

Sosteniendo al bebé, Relena era más hermosa que nunca. Notó que había dejado su cabello suelto y lo había rizado en sus hombros, brillando a la luz de la tarde que se filtraba por las ventanas del foyer. Ella miró al pequeño Jeremiah y esbozó la primera sonrisa genuina que hubiese visto en su rostro desde que habían descubierto su embarazo.

Se dio cuenta en ese momento de cuánto quería que el bebé en sus brazos fuera el de ellos. Y con esa realización, tuvo que girar su cabeza para desviar la mirada antes de que lo matara.

Aún sonriendo, Relena desvió sus ojos de la perfecta personita e inconscientemente miró a Heero. Estaba mirando hacia la sala, claramente aburrido con toda la situación. Cualquier esperanza a la que aún se aferraba se derrumbó.

"Yo… no puedo." Tan cuidadosa, pero también tan rápidamente como pudo, le regresó el bebé a su madre. "Lo siento. Justo… recordé. Hay… trabajo. Tengo que…" Ella señaló las escaleras. "Una de las mucamas los instalará en una habitación. Y los… veré en la cena." Antes de que alguien pudiese protestar, se dio la vuelta y corrió por las escaleras, una mano presionada contra su boca.

"Princesa!" Duo le gritó. Ella desapareció por una esquina de arriba y miró a Heero, completamente confundido. "Está bien?"

Heero le dio una mirada sin mirarlo en realidad. "Cómo voy a saber?"

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Continuará…