Bloodlines, lineas de sangre.
Colaboración con Apheront.
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10: Ciclos de pólvora.
"Sonidos locos en tus oidos te hacen sentir bien, corre pero no puedes ocultarte" Mad sounds, Arctic monkeys
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— ¿Qué espera de mí exactamente? —el corazón de la confundida Judy se aceleraba, en su cabeza no dejaban de resonar las recientes palabras de Nick: "Porque la necesito" —. ¿Que después de todo tenga que agradecerle de otra manera? —dijo bajando la mirada.
—No —interrumpió el zorro—. Nada de eso, usted no me debe nada, no se sienta comprometida a nada, yo quiero ayudarla —aseguró hincándose hasta estar a su altura—. Quiero protegerla.
La mirada de Judy se posaba sobre su mano siendo tomada por la de aquel zorro, sentía cómo el pulso se le aceleraba con tenerle así de cerca
—Esto es una locura —murmuro Judy.
—Lo sé —secundó el zorro mirándola con ternura.
La coneja levanto la mirada para verle, reconocía esos ojos, ya los ha visto en alguien más y por desgracia, no era un recuerdo agradable.
—Señor Wilde no —comentó.
El zorro despertó de aquél pequeño trance en que había entrado — ¿No qué Judy?
—Cualquier cosa que esté pensando —insinuó insegura.
— ¿Y qué es lo que cree que estoy pensando? —preguntó sonriendo de lado.
—Señor Wilde — repitió apenada aunque no pudiendo ocultar la pequeña sonrisa que se dibujó en su rostro.
—Así está mejor —habló Nick volviendo a acariciar su mejilla—. Vea lo hermosa que se ve cuando sonríe —se atrevió a decir.
— ¿Dígame acaso e da cuenta de las cosas que dice? —reprochó entre risas tomando con placer aquél halago logrando incluso olvidar por un momento que había venido de un depredador.
—Sí, claro que me doy cuenta de ello.
—Además no es el momento adecuado —explicó Judy.
Ese comentario dio un hincapié, Nick arqueó su ceja con una pizca de asombro y de alguna manera se había percatado de que estaba en sintonía con la coneja, ella también daba indicios de compartir el mismo sentimiento.
— ¿Cuándo seria el momento indicado para usted? —la acercó con lentitud hacia él.
—Señor Wilde —fue la tercera vez que lo llamó así.
— ¿Sí? —respondió el zorro tomándola de la cintura con la otra mano.
Nick se acercó con cautela y gentileza a ella, Judy lo miró, ya solo quedaban algunos centímetros de distancia entre sí. Nick no tenía ni la más mínima muestra de maldad en sus ojos, él la miraba, no igual que Noah, el señor Wilde la veía con devoción, cariño, preocupación, era una gama completa de emociones que tristemente Judy jamás había podido ver antes en un macho.
—No creo que esto sea correcto —susurró la presa.
—No, no lo es —le respondió en voz baja aproximándose mas a ella.
Ambos estaban a nada de silenciar sus diferencias, él podía sentir como la coneja temblaba de nervios, sentía su corazón golpeándole con rudeza, él no estaba quedándose atrás, experimentaba un suave pero vigoroso frenesí que le impedía alejarse de ella, sentía que de hacerlo su corazón agitado simplemente se detendría para siempre.
—No haga eso —la coneja se soltó de él, quería retroceder.
—No —la tomo de un brazo—. Por favor, no se asuste, no voy a hacerle daño.
—Lo sé —contestó—. Solo que...
Judy no tenía más palabras, era todo tan extraño para ella, además los sentimientos y las hormonas la estaban traicionando, su propio cuerpo conspiraba en contra suya entonces algo la despertó de ese pequeño trance, pudo sentir dentro suyo un movimiento inusual, algo que era nuevo para ella, eran sus pequeños manifestándose.
— ¿Judy? —el zorro arqueó su ceja al ver el ceño fruncido de la coneja.
—Se mueven —dijo tocándose el vientre, el cual crecía a velocidad impresionante a diferencia de los últimos días que a penas y lograba notarse.
—Eso es bueno —comentó Nick—. No olvide hablarles, ellos pueden oírla.
—Esto es tan raro —se rio la coneja.
—Es algo nuevo, todo lo nuevo es raro —sonrió el zorro.
—Ahí —dijo Judy mientras tomaba la mano del zorro para ponerla sobre su vientre—. ¿Puede sentirlo?
También era una extraña sensación para Nick, casi olvidaba que la Judy llevaba dentro de sí las crías de un hijo de puta estafador y mentiroso, sentía entre una mezcla de rabia y envidia, ese animal no merecía ser padre, no merecía a Judy. Sonrió cuando sintió los movimientos de los pequeños, no era algo para lo que estuviese preparado, nunca se había encontrado en una situación parecida. Nuevamente sus miradas se volvieron a conectar, era inevitable para el mantenerse al margen con ella, la necesitaba cerca suyo, poder tocarla, poder aspirar su aroma, escuchar su voz, esa chica estaba volviéndose en una adicción para él.
No soporto más, la volvió a acercar hacia él, ¿Qué más daba ya? Su padre lo sabía, no era un secreto para su familia el que él estuviese perdiendo la cabeza por aquella presa.
—Señor Wilde —le susurró la coneja, esta vez no mostrando intención alguna de alejarse.
— ¿Sí? —el zorro acarició su mejilla con suavidad.
"Al carajo" pensó, iba a besarla, no le importaba ya nada, era ahora o nunca, iba a probar sus labios y abrazarla como nunca, ella lo estaba permitiendo, no habría oposiciones pero entonces.
—Wilde —escuchó la voz de Finnick en el umbral de la puerta con los brazos cruzados.
La mirada de Nick quedó en blanco y se alejó con lentitud de la coneja, quien soltó una pequeña risa ante la interrupción del rubio. Nick se giró a verle con ojos fulminantes, lo cual solo llenó de satisfacción a Finnick, adoraba arruinarle sus momentos.
— ¿Sí? —preguntó el zorro.
—Greco nos tiene una tarea.
—Enseguida voy —respondió con desgane.
—Bien —insinuó el zorro rubio con una sonrisa aun sin irse del lugar.
Judy sonrió ante la incómoda situación y miro al señor Wilde —Es mejor que vaya.
El zorro suspiro y se levantó para caminar hacia su compañero —nos vemos en la cena —le dijo a la coneja.
En la estación de policía en el centro de la ciudad, un conejo y una cebra se encontraban dentro de una oficina. Mientras que los teléfonos sonaban fuera y el resto de los animales hablaban entre sí; el sonido a penas y lograba colarse por la puerta que sostenía la placa "Noah Savage" chapado en color dorado.
El escritorio estaba lleno de papeles, fotografías de Judy, muchas de ellas y apenas un par de Nick, el zorro sabía bien cómo ocultarse y mantenerse fuera de vista, las imágenes captadas a penas y lograban tomar su rostro, pero ni siquiera por completo.
—Tiene que haber algo —decía Noah entre dientes, sentado en la silla tras el escritorio.
—Tu chica es muy vistosa, pero ese zorro, no oído hablar de él hasta que tú me lo contaste —explicó la cebra.
—¡No me importa cómo! ¡Tengo que encontrar a los dos! —exclamó arrojando más papeles a la mesa, así mismo tratando de levantarse de la silla en que se encontraba; con dificultad lo logró y todo para ayudarse con un bastón.
—Tranquilízate ya Savage, los encontraremos y tú deberías descansar.
—Los doctores dijeron que estaré bien en una semana, no puedo perder todo ese tiempo —respondió tomando con violencia una de las fotos de Judy—. Ella es una inepta, no puedes decirme que desapareció de la faz de la tierra así como así.
—No digo que lo haya hecho por arte de magia, ese zorro debe tener contactos —excusó.
—Da igual si es amigo del gobernador, debe haber una manera de encontrarlos —dejó la fotografía y empezó a leer el resto de los papeles.
—¿Qué es esto de una granja? —inquirió la cebra leyendo un informe.
—¿Granja? Oh sí —respondió el conejo—. Ella dijo que su familia tenía una y ella venía de ese lugar.
—¿Y sabes dónde está?
Ahora Noah se maldecía a sí mismo, en todo el tiempo que estuvo "Casado" con Judy, jamás le dio importancia alguna a lo que esta le decía, y pese a que estaba seguro de que le había repetido una y mil veces cuál era su hogar y de donde venía, el infeliz nunca puso atención en las palabras de Judy, ignorante y desatento, ahora esas características suyas le estaban cobrando caro.
—Maldita sea.
—Es la única pista sólida que tenemos Noah.
—¿Crees que haya regresado con ellos?
—No lo sé, tú eras su esposo, dímelo.
Suspiró fastidiado, una vez más dándose cuenta que no sabía nada de ella —Averigua dónde está esa granja, y hazlo rápido Ryan.
—Como digas —contestó dirigiéndose hacia la salida de la oficina—. Y Noah, te recomiendo buscar más cosas sobre ese zorro mientras tanto, si no encontramos nada útil en la granja, puede que no demos con ellos nunca —cerró la puerta detrás de sí y dejó al conejo completamente solo.
Noah tragó un bulto muy grueso al pensar en la muy alta probabilidad de fracaso, Kozlov no era conocido por ser buena gente, si solo fuera una amenaza de muerte, tal vez no estaría tan preocupado, pero ese tigre tenía una fama macabra, y sabía bien que si llegaba a fallarle, su muerte sería lenta y dolorosa.
—¡Maldita desgraciada! —gritó golpeando su escritorio—. Cuando te encuentre Judy… Oh cuando te encuentre…
Judy sentía suma incomodidad en el gran comedor donde estaba debido a ello apenas podría probar bocado alguno pues sentía que de hacer algo mal pasarían cosas malas. En el comedor estaban Nick, Greco y Finnick mas nadie hablaba, nadie decía nada, solo se escuchaba el sonido de los cubiertos golpeando los platos aunque constante mente la presa y el depredador intercambiaban miradas, Nick siempre lo hacía una sonrisa, en cierta manera tratando de reconfortar a Judy, algo que resultaba especialmente incómodo para Finnick, de pronto la coneja vio un animal trajeado entrar con un semblante de preocupación, éste se acercó a Greco y pese a que no alcanzó a escuchar lo que le decía aun a pesar de su agudo sentido del oído, pero eso cambió la expresión de su rostro. Greco miró a Nick con cierto desconcierto, este le dio un gesto y ambos se levantaron de la mesa. Judy vio cómo ambos abandonaban el comedor.
— ¿A dónde van? —preguntó intrigada al zorro rubio.
—Algún problema con una exportación —mintió Finnick tranquilamente—. Siempre sucede.
— ¿Exportación? —recordaba cuando el señor Wilde le había dicho que se dedicaba al área comercial.
De igual manera, Finnick se levantó de la mesa al ver a Nick llamándolo, Judy lo siguió con la mirada hasta la puerta por la que salieron, teniendo así una última vista del zorro pelirrojo en cuyo rostro claramente podía notarse preocupación.
— ¿A dónde va? —preguntó Judy, levantándose de la mesa.
—Lo siento —se disculpó el zorro dirigiéndose a ella—. Es una emergencia en la oficina de exportación, tenemos que resolverlo —la tomó de la mano para besar sus nudillos—. No tardaremos.
— ¿Quiénes irán?
—Solo Finnick y yo —respondió.
—Andando —habló Finnick.
—Volveremos —se despidió el zorro.
Judy los vio retirarse del lugar de una manera muy apresurada, ella ni siquiera terminó de comer, simplemente dejó su plato y tranquilamente regresó a su habitación para así ver por la ventana y admirar el gran paisaje del lugar; era verde en su gran mayoría y el viento hondeaba con fuerza las ramas de los árboles, llevándose consigo alguna que otra hoja con tono marrón, el invierno protestaba por aparecer pronto.
Se detuvo mirar a Nick y a Finnick en el patio frontal de la mansión, ambos portaban algunos maletines. Los ojos de la coneja se abrieron de par en par cuando los vio acomodándose algunas armas dentro de sus sacos.
De nuevo las armas, ¿Para que necesitaran armas? Un enorme escalofrió le recorrió el cuerpo, también pudo ver a Greco junto con ellos, obviamente no alcanzó a escuchar lo que él les dijo pero alcanzaba a ver sus labios moverse y las expresiones en los tres no habían cambiado, seguían preocupados y se mostraban ansiosos por salir. Miró como Nick abrazaba a su Padre en forma de despedida para luego subir al auto junto con su compañero y emprender el camino.
Nick y Finnick se adentraron a un pueblo aledaño, ambos aguardaban a la señal. Habían sido informados que uno de los suyos había traicionado a Greco y tenían que capturarlo rápido, antes de que se convirtiera en algo perjudicial para la familia. Ambos iban en silencio, solo hasta que uno de ellos lo rompió.
—Tu chica me preguntó qué pasaba —dijo Finnick fumando un puro.
— ¿Y qué le dijiste? —preguntó Nick mirando por el espejo retrovisor.
—Nada, dijiste que entre menos supiera, mejor.
—Sí —respondió a secas, no del todo complacido de mentirle a Judy.
—Aunque creo que deberías decirle la verdad, antes de que se entere por sí misma y salga huyendo.
—Lo sabrá a su tiempo, por ahora solo hay que matar al hijo de puta primero.
—Hablas del esposo, ¿Cierto?
— ¡Ese imbécil no es su esposo! —contestó exaltado
La pequeña conversación fue interrumpida en cuanto el parabrisas trasero del auto reventó, ambos se enfocaron en los trozos y una bala resalto de entre el cristal hecho pedazos. Nick arrancó el auto y avanzó a toda velocidad, no iban solos, llevaban algunas escoltas detrás de ellos y claramente los habían descubierto. La odisea comenzó; entre tiroteos y derrapes de autos, los dos sabían que no llegarían muy lejos. Nick apenas podía asomarse por la ventana y regresar los ataques.
—Finnick, ¿Cuántos son? —cuestiono el pelirrojo sin detenerse.
El rubio se asomaba por la ventana a dispararles —Son 3 autos, ¡Y dos de los nuestros ya se quedaron atrás!
— ¡Maldición! —gritó con desesperación—. Prepara más municiones, tenemos que perderlos.
No pasaron ni 20 minutos de persecución cuando su auto terminó impactándose con otro que venía de frente. Nick no pudo mantener estable el volante y el vehículo se salió de control, derrapó contra una brecha y se quedó en ella. Después del shock inicial y habiendo recobrado un poco de conciencia Finnick ve semi inconsciente a su compañero. Primeramente se apresuró a tomar el resto de su arsenal, era momento de huir.
—Wilde! —lo agitaba con preocupación y prisa—. ¡Wilde!
El zorro apenas y lograba reaccionar — ¿Qué?
—Wilde, ¿Estás bien? Tenemos que salir, ¡Ya!
A duras penas ambos bajaron y se adentraron en el bosque, habían perdido de vista las escoltas, era incierto si seguían vivos o no, por el momento solo quedaban ellos dos y nadie más. La frente de Nick sangraba debido al impacto que se dio contra el volante, para empeorar las cosas, la lluvia de balas les estaba destrozando los oídos.
— ¡Son cerca de 30 hombres! —grito Finnick entre las balas.
— ¡Busca a ese hijo de puta traidor, tiene que estar entre ellos! —ordenó Nick—. ¡Lo quiero vivo!
—Ya lo vi —índico Finnick—. ¡Está ahí!
—No le dispares, Finn, mata a los demás, mata a cuantos puedas —Nick seguía apuntando y no dejaba de disparar.
—Como en los viejos tiempos, ¿No Wilde? —sonreía el rubio mientras disparaba oculto entre los arbustos.
—Nada como recordar los viejos tiempos —respondió el zorro.
Uno a uno iban cayendo, por los disparos de ambos hasta que sus números mermaron más y más, entonces Nick se arrastró con sigilo para llegar hasta el penúltimo que quedaba de pie, su satisfacción creció cuando finalmente había silencio, el olor a pólvora empezaba a disiparse y ya solo el sonido de las ramas de los árboles siendo hondeadas por el viento calmaba sus oídos.
—Fin del juego, imbécil —Nick jaló del gatillo.
—Baja el arma Wilde —interrumpió un puma.
El zorro se giró para ver al sujeto quien traicionó a su padre.
—Vaya, vaya, la escoria tiene los cojones de dar la cara —insultó el zorro.
—Silencio Wilde, ¡baja el arma! —ordenó.
—Tu primero —le sonrió vacilando.
—Esto se acabó.
—No —contestó Nick—. Sabes muy bien lo que le hacemos a los traidores.
—Era necesario —se excusó—. Te necesitamos fuera del mapa.
—No estoy para dialogar —amenazo Nick.
—Ni yo —el puma apunto el arma y soltó el disparo.
Nick no pudo decir otra palabra, apenas dio un paso y se desplomó en el suelo, seguido de otro estruendoso disparo de parte del rubio quien había derribado al puma.
— ¡Nick! —grito Finnick corriendo hacia él.
La vista se le empezaba a nublar, podía oler la pólvora recién quemada del arma de su amigo, escuchaba la voz de Finnick reanimándolo pero el zorro empezaba a desvanecerse.
Continuara...
