Capítulo 10. Solo puede quedar uno

Aquello no podía ser verdad. Se frotó con ímpetu los ojos, incapaz de creerse aun de quien era el cuerpo que yacía en cubierta, medio aturdido. Había visto cómo le disparaban con sus propios ojos, poco antes de dejarle caer al vacío declarándole sus sentimientos. Pero… ahora allí estaba, recomponiéndose y levantándose con la ayuda de un Mr. Gold que había ido corriendo a socorrerle.

Ella, por el contrario, permanecía estancada en su posición, con el pensamiento alborotado. Todos se saludaban. Mary Margaret presentaba a Mulán, Aurora y Philip al resto, que les recibía con una amplia sonrisa. Todos estaban sonriendo, todos… excepto Regina. La buscó entre la gente con la mirada, la morena no sonreía y tenía la mirada perdida. Verla de aquel modo hizo que se le revolviese el estómago sintiendo cierta culpabilidad "no se merece estar conmigo si ni yo misma lo tengo claro, lo único que hago es hacerle más daño".

Aun así, dejó a un lado sus pensamientos e iba a encaminarse en su dirección cuando alguien se cruzó en su paso.

- Yo también me alegro de verte, Emma – una voz masculina la frenó y sintió como una corriente eléctrica recorría su columna.

Se giró siguiendo el sonido de aquella voz y se encontró frente a frente con el que había sido y era su amor juvenil: Neal.

- Neal… yo… yo… - balbuceó. No tenía ni idea de por dónde empezar, qué decirle… nada. Hacía a penas unos minutos creía que estaba muerto y ahora lo tenía delante.

- No es necesario que digas nada… - el joven le sonrió ampliamente, atrapándola entre sus brazos y abrazándola con fuerza – te he echado de menos…

Emma no supo reaccionar. Se alegraba que Neal siguiera vivo pero no podía evitar sentirse irremediablemente incómoda, así que simplemente se quedó quieta dejando que aquel hombre la abrazara. Su mirada se encontró furtivamente con la de la alcaldesa, fueron a penas unos segundos pero notó como aquellos ojos marrones se descomponían por dentro. Al ver aquello volvió a ser dueña de sus actos, apartando suavemente a Neal y sonriéndole casi por obligación.

- Me alegra muchísimo que estés bien – habló al fin – No te imaginas todo lo que ha pasado por mi cabeza desde que caíste por aquel portal…

- Ni tú lo que pasó por la mía – el hijo de Gold le apartó el pelo, pasándoselo por detrás de la oreja – pero ahora solo se que estoy aquí, contigo, y quiero poder estarlo siempre.

Aquellas palabras… aquellas palabras eran las que había deseado oír desde hacía tanto tiempo… Había imaginado mil escenarios diferentes y centenares de formas diferentes de decírselo. Lo había recreado una y otra vez en su imaginación ante la ausencia del padre de su hijo durante todos aquellos años pero… se estaba dando cuenta que no estaba teniendo el efecto que ella esperaba.

- No sé qué decir Neal… yo… - suspiró. Tenía lo que quería ¿no? Tenía al que siempre había sido su amor verdadero a su lado, diciendo que quería permanecer allí para siempre y se sentía "vacía".

- No te preocupes, se que tienes muchas cosas en las que pensar – Neal le acarició la cabeza con delicadeza - ¿Por qué no vamos con los demás y posponemos esta charla para más tarde? A fin de cuentas tenéis que contarme qué demonios hacemos en Nunca Jamás…

La sheriff asintió y sonrió por compromiso. Ambos alcanzaron al resto, que se disponía a bajar del Jolly Roger. Cuando llegaron, David fue el que les recibió con más efusividad:

- Y aquí llega la feliz pareja – comentó con una amplia sonrisa y estrechando a Neal entre sus brazos, quien se quejó porque había rozado la zona afectada por la herida de bala – Perdona, chico.

- No es nada, no te preocupes – respondió con una sonrisa fingida.

¿Qué mierda tenía David en la cabeza? Nunca había sido tan "amigo" de Neal y ahora le trataba como si fuera su adorado yerno. Estaba segura que todo aquello lo hacía para molestar a… De repente se dio cuenta, Regina. Si ella estaba pasando por una situación incómoda no podía imaginarse cómo debía estar pasándolo la reina, aquellas miradas, aquella cara… necesitaba hablarle. Sin embargo, la alcaldesa se había adelantado al resto y esperaba ya en la cueva, mirándoles con los brazos cruzados.

Emma dejó escapar un suspiro.

- Esos dos se llevan muy bien ¿No crees? – Hook la alcanzó por la espalda.

- Eres la última persona con la que desearía hablar en estos momentos, sinceramente – gruñó con despecho.

- Sí, pero soy la única… El cocodrilo y Charming están informando a Baelfire de la situación y Snow hace lo propio con aquellos tres… Mi reina sigue a su estilo – dejó escapar una sonrisa – muy solitaria ella.

- ¿Tu… reina? – Emma arqueó una ceja, las confianzas del capitán la exasperaban.

- Oh, disculpa… Pensé que como habías vuelto con Neal tenía el camino libre – la miró, desafiante.

- Nadie ha dicho tal cosa. No te le acerques y punto.

Hook se encogió de hombros y siguió avanzando por la tabla, adelantándosele. La sheriff sabía muy bien cuál era su próximo objetivo: la alcaldesa. Intentó ponerse a su altura pero alguien la retuvo, tomándola del brazo.

- Emma, ¿por qué no nos ayudas a explicarle a Neal la situación? – le sugirió James con una amplia sonrisa.

La rubia resopló y maldijo que David fuera un sujeto tan pesado y terco cuando quería. Se acercó al grupo fingiendo todo el interés que pudo y estuvo escuchando cómo le contaban la situación, sin saltarse un ápice de la historia. En un abrir y llegar de ojos llegaron a pisar el suelo de la cueva. El olor a sal y humedad se percibía con mayor intensidad allí.

Los pequeños charcos del suelo hacían que las rocas que pisaban estuvieran demasiado resbaladizas, había que maximizar la atención y pisar con sumo cuidado para evitar tropiezos y caídas. Algo que Mary Margaret no pudo evitar y acabó empapada, para risa del resto de los del grupo. Incluso Regina pareció reír un ápice, algo que alivió profundamente a Emma.

- Así que… secuestraron al chico llamado Henry los mismos que dispararon a Baelfire y por eso estáis aquí, ¿no? – Philip hizo un sumario de la situación.

- Correcto – sentenció Charming.

- Ayudaremos en lo que sea necesario – Mulán avanzó unos pasos con seguridad y mirada firme – podéis contar con nosotros.

Aurora asintió también con decisión y entre los presentes volvió a crearse una atmosfera de camaradería y charlas para decir cómo actuar ante el nuevo giro de acontecimientos.

- ¿Qué te parece si tú y yo retomamos esa conversación de antes, Em? – Neal se acercó a ella, mirándola fijamente.

La sheriff dudó unos segundos en si aceptar o no aquella charla pero al final decidió dejar de huir del tema y tomar una decisión, aunque no tuviera claro cuál iba a ser.

- ¿Podemos apartarnos un poco del grupo? – Realmente estar al lado de ellos le daba igual, lo que la rubia no quería era ver a Regina…

Baelfire asintió y ambos profundizaron un poco más en la cueva, alejándose unos metros del resto. La oscuridad hacía que Emma tan solo pudiera adivinar instintivamente la silueta de Neal.

- ¿Aquí te parece bien?

- Sí – "ha llegado el momento" intentó relajarse en vano.

- Emma… - podía notar el ligero temblor en su voz – deja que empiece esto pidiéndote disculpas… por lo que pasó cuando te dejé… sola. No debería haberlo hecho, debería haberme quedado contigo y ayudar a que cumplieras tu destino en lugar de dejarte hacerle frente por tu cuenta… Cuando Tamara me disparó y tú me sostuviste la mano, me di cuenta de lo que significabas para mí y lo que seguía sintiendo... Te quiero, Emma. Siempre lo he hecho solo que no quería darme cuenta.

La rubia tenía la boca abierta "¿Me quiere?" no sabía que pensar, no sabía qué decir. Si Neal le hubiera dicho eso mismo hacía a penas unos meses antes se habría lanzado a sus brazos sin dudarlo, sin pensar en todo lo ocurrido pero… ahora todo era distinto. Tenía una mezcla de sentimientos en su interior y Regina ganaba demasiado terreno. Cerró los ojos, frotándose los párpados con la yema de los dedos. Empezó a sentir una angustia y ansiedad demasiado fuertes, sentía que era débil y que no estaba siendo fiel a si misma teniendo tal ambigüedad de emociones.

- Em… ¿Estás bien? – Neal se le acercó, acariciándole los brazos.

- S… No – admitió con lágrimas en los ojos – Se que te dije que te quería, Neal… pero no se si realmente lo hago.

Él la miró con gesto serio y Emma pudo apreciar cómo tragaba saliva.

- ¿Qué te ha hecho dudar?

- Hay… - la rubia se decidió a contarlo todo – otra persona.

- ¿Quién?

- Regina.

Se hizo un silencio incómodo que duró a penas unos segundos, pero que la sheriff percibió como una auténtica eternidad.

- Dime que estás bromeando… por favor… - le rogó.

- No lo hago… - Emma respiró hondo y le miró con decisión, aun con la mirada turbia debido a las lágrimas – desde que llegué a Storybrooke siempre ha estado ahí… desde que la vi por primera vez con esa apariencia tan superior suya, detrás de todas y cada una de nuestras peleas, detrás de cada mirada, después que sacara a Henry de la mina y pudiera comprobar cómo es esa Regina vulnerable… detrás de cada sonrisa que me regala, Neal, solo a mí…

La rubia no pudo contenerse y las pequeñas lágrimas que le brotaban por los ojos ahora bañaban completamente su rostro.

- Solo me sonríe a mí así y no sabía entender el por qué… más bien, no quería verlo. Pero ahora lo veo todo con claridad, me sonríe de ese modo porque yo también lo hago con ella… yo también la trato de forma especial inconscientemente.

- Emma… puede que todo eso sea porque es la mujer que ha estado cuidando a Henry durante todos estos años… ¿No has pensado en eso?

- No, se porque es… empecé a notarlo cuando subimos a bordo del Jolly Roger, todo lo que había oculto en mi interior salió a la luz – hablaba entrecortadamente, debido a los jadeos que el llanto le producía – y desde entonces no he tenido claro nada, no sé qué es lo que quiero…

Neal le acarició la mejilla y la acercó contra su pecho, abrazándola. Después de permanecer así hasta que la rubia pareció calmarse se volvieron a separar, mirándose a los ojos. Casi por instinto, melancolía o nostalgia… ambos se besaron, un beso tímido que dejó a Emma con las cosas claras.

Baelfire se apartó de nuevo y rió entrecortadamente.

- ¿No has sentido nada, verdad?

- No…

- Entonces es que ya has tomado una decisión Em… y no habías sido lo suficientemente valiente para afrontarlas – Neal la miró con ternura, apoyando las manos en los hombros de la rubia – te aferrabas a mí porque era la opción fácil, porque no tenías que superar ningún obstáculo y, además, me dabas por muerto así que amar mi recuerdo no te producía ningún tipo de problema… Solo puede quedar uno y no soy yo.

La sheriff sabía que tenía razón, aquel contacto, aquel beso… no había sentido ni el mínimo cosquilleo, ni una pequeña aceleración del pulso, nada… Era muy distinto a la sobrecarga de electricidad que percibía con el mero tacto de la alcaldesa… sonrió para si misma, ahora lo veía todo: quería a Regina Mills. No, "estoy enamorada de ella".