Cómo os dije... tengo tiempo límite... así que... prisas prisas prisas. Otro capítulo hoy.
bueno, va a ser interesante cuando se conozcan, no lo dudes, dcromeor.
Bueno, Kykyo... no te quejarás de lo que he tardado. Es más fácil cuando se hace una sola, la verdad.
Morgana Karkarov
Elsa se dejó caer en el suelo. Su cabello dorado se destiñó y tomó un tono pelirrojo, parecido al de su hermana, se llevó las manos a los hombros, temblando. Di un golpe con la varita y le puse una chaqueta sobre los hombros.
_ ¿Qué me pasa?_ Preguntó, mirándome._ Son… ¿Efectos secundarios?
_ No… sólo tienes frío._ Dije, colocándole la cazadora sobre los hombros._ Deberías ir a la cama. Estás cansada. Tu cuerpo tiene que asumir el cambio.
_ Gracias… madre._ Dijo, con voz titubeante.
Le di un beso en la mejilla y la dejé que se marchase. Lo cierto es que me sentía feliz… pero no por Elsa. Estaba feliz por mí que, finalmente, había conseguido algo que me había llevado mucho tiempo. Me agaché y recogí del suelo el pequeño frasco que Elsa había dejado caer. Había pasado de tener un líquido rojizo a una resplandecer ligeramente con un tono azulado. El líquido, espeso, apenas se movió cuando agité el frasco. Salí fuera del barco y me acerqué al lago.
Cogí el frasco y dejé que el líquido cayese por mi garganta. Noté el frío calar por mis huesos. Me miré, observando cómo mis ojos perdían su tono oscuro y se tornaban azules. Mi cabello perdió su habitual tono oscuro y, mechón a mechón, se tiñó de rubio.
Sentía frío. Lancé un grito y estampé mis manos contra el lago, que se tornó sólido en cuanto lo toqué. Al observar me percaté de que el lago entero parecía haberse congelado. Una sonrisa se extendió por mis labios al tiempo que el frío que sentía desaparecía.
Me dirigí al bosque, dejando un rastro de hielo tras de mí. Cuál sería mi sorpresa al ver que era rápidamente interceptada por un centauro. Se me quedó observando atentamente, sin acercarse. Yo sólo extendí la mano y un chorro de hielo manó de ella. El centauro no tuvo tiempo de reaccionar antes de convertirse en una estatua de hielo.
Cogí un tronco del suelo y lo golpeé con fuerza, provocando que se hiciera añicos. Detestaba profundamente a los Híbridos, y era un gran punto para empezar.
Regina Mills
Los centauros nunca habían sido mis criaturas favoritas, pero admito… que lo que acababa de ver no era agradable. Quizá no debería haber salido de la torre de Gryffindor, ni tendría que haber seguido aquel rastro de hielo. Pero mi curiosidad había sido más fuerte que yo.
Y cuando la profesora Karkarov, a la que al principio me costó reconocer, se giró, me quedé completamente quieta, incapaz de mover un músculo.
_ Ese es el problema que tenéis los sangre sucia… una nada sana curiosidad.
En ese momento lamenté profundamente tener la apariencia de Hermione. Como Regina podría haberme explicado, me habría hecho caso, pero así… así no podía permitirme el lujo de explicarme sin hacer que todo el plan que Hermione había trazado tan bien se hiciera añicos.
La profesora, por suerte, no me convirtió en un carámbano. En lugar de eso sacó su varita, y después de apuntarme con ella, mi memoria se desvaneció.
Emma Swan
No pude evitar salir corriendo a la enfermería cuando me dijeron que Regina Mills estaba en la enfermería. La habían encontrado vestida con el uniforme incorrecto, tirada en mitad del bosque prohibido. Quizá no lo pensé bien, porque al entrar era obvio que iba a estar con su familia. Sus padres y su hermana estaban allí. Pensé en darme la vuelta y marcharme.
Tenía que encontrarme con Pansy para que volviésemos a intercambiar. Sin embargo, cuando Regina me vio, me hizo un gesto para que me acercase. Yo me señalé la cara, para indicarle que era yo misma, pero ella insistió. Me acerqué y ella me cogió la mano.
_ ¿Quién es esta?_ La hermana mayor, Zelena, me ensartaba con la mirada.
Los padres no hacían un mejor trabajo, a decir verdad. Me observaba como si fuese… no sé, pero estaba claro que nada bueno. No lograba describirlo.
_ Esta es mi novia._ Dijo Regina, directamente._ Su nombre es Emma, y ha venido a verme. Si no os gusta, podéis esperar fuera.
_ Pero… ¡Regina!_ Espetaba su madre.
_ Es mi última palabra._ Dijo Regina, muy seria.
Su madre, Cora, iba a replicar, pero Edward se le adelantó.
_ Regina tiene edad para tomar sus decisiones, Cora._ Dijo, tomándola de la mano._ Esperaremos fuera.
Aún estaba un tanto confundida cuando se marcharon y Regina estrechó mi mano con fuerza. La miré a los ojos, y me incliné para besarla con dulzura.
_ Eso ha sido muy valiente._ Reconocí.
_ No recuerdo qué me pasó… pero sé que estuve en peligro… y pensé en lo que echaría de menos si moría… y no podía dejar de pensar en ti. Te quiero en mi vida, Emma.
_ Y yo te quiero en la mía, Regina._ Le sonreí._ ¿Sigue en pie lo de navidades?
_ Claro, cielo. Ya tengo echas las maletas. Deberías hacer lo mismo.
Pansy Parkinson.
_ ¿Ya era hora, no crees?_ Me espetó Hermione._ No iban a ningún lado con mentiras.
_ No, la verdad es que no._ me saqué las gafas del bolsillo y las partí en dos. Lucrezia acababa de pasar a mi lado. Supongo que el resto del equipo aún no se había enterado de que Regina había estado enferma.
Regina Mills
Sí, por primera vez a lo largo de mi vida, sentía que estaba haciendo lo correcto y que no me equivocaba. Fuese cual fuese el futuro que me aguardaba, quería que fuese con Emma. La rubia volvió a ponerme las gafas que Hermione nos había dado, y yo la miré, confusa.
_ Es que estás muy sexy con gafas… eres una chica lista… pero que me derrite con esa figura que se gasta.
_ Sí que lo soy._ Dije. Si ella quería alimentar mi ego no iba a ser yo la que se lo impidiera.
Vi a Lucrezia acercarse, olvidándome de su advertencia, y eso fue un error. A través de los cristales de mis gafas podía ver sus ojos tintados de rojo como la sangre, y unos colmillos agudos como cuchillos saliendo de su boca. La visión me provocó un respingo, que hizo que las gafas se me cayeran. Escuché el sonido de los cristales hacerse añicos.
_ ¿Está bien, capitana?_ Me preguntó.
_ Eh, sí._ Contesté, rápidamente._ Me repongo deprisa.
_ Entonces, mejor os dejo solas, parejita._ Dijo, guiñándome un ojo._ Le diré al resto del equipo que no se preocupe.
_ Gracias, Lucrezia._ Dije, en un murmullo.
Elsa de Arendelle
_ No me creo que le hayas entregado tu magia así sin más._ Bufaba Anna._ ¿Ahora eres normal?
_ Depende de lo que entiendas por normal._ Dije, peinándome mi nuevo cabello._ Ahora soy una bruja normal y corriente. Por fin se acabó mi maldición.
_ ¿Tu maldición?_ Bufó Anna, tirando por enésima vez de su colgante._ Tu maldición es este maldito… trasto.
_ Mi maldición era el pánico de convertir a la gente que quería en un cubito de hielo… cómo me pasó contigo._ Suspiré._ Ahora no debo temer eso.
_ Elsa…_ Anna miraba por la ventana._ ¿Puedes explicarme por qué el lago está congelado?
_ Debe hacer frío…_ Murmuré, acercándome al ventanal.
_ Lo cierto es que es obra mía.
Ambas nos giramos a la vez y nos encontramos con Morgana. No se me escapó cómo su cabello había cambiado de color, al igual que sus ojos.
_ Lo lamento… no es fácil comprender este poder tuyo, Elsa.
_ Así que se lo quitaste para quedártelo tú._ Dijo Anna, apuntando hacia ella con un dedo acusador._ ¿Cuánto tiempo lo has estado planeando?
_ La magia tiene que ir a algún sitio, Anna. Aunque no me sorprende que no lo sepas._ Dijo Morgana, cruzándose de brazos.
_ No debiste hacerlo por mí._ Dije, mirándola._ Te has sacrificado por mí.
_ Sólo nos he ayudado a ambas._ Dijo, negando con la cabeza._ Y ahora que ya no puedes herir a nadie… supongo que puedo hacer esto.
Morgana se acercó a mí y me desabrochó el collar del cuello. Cuando me lo quitó me sentí desnuda por un momento.
_ ¿Quieres que me vaya?_ Pregunté, asustada.
_ No, claro que no._ Me rodeó con los brazos._ Pero… sé que puedo confiar en ti… que no vas a irte a ningún sitio.
_ Supongo que de mí no te puedes fiar._ Dijo Anna, mirándola con fijeza.
_ No has dado muestras de que merezcas mi confianza.
Emma Swan
Admito que despedirme de Pansy y Hermione había sido difícil. Nos habíamos convertido, las cuatro, en un grupo de amigos bien avenidos. Volver a atravesar el andén nueve y tres cuartos tuvo su encanto. Y los problemas no llegaron hasta… bueno, un poco más adelante.
_ Te digo que me niego, Emma._ Insistía._ ¡Es una locura!
_ Regina…_ Dije, cogiéndola de la mano._ Es seguro, te lo prometo.
_ Pero… ¿Cómo va a ser seguro? Es un trozo de metal que vuela, Emma.
_ Regina… en mi casa no hay conexión a la red Flu… ni nos podemos aparecer._ Le dije en un susurro._ Confía en mí, cielo.
_ No me mires con esos grandes ojos azules tuyos._ Me dijo, cruzándose de brazos.
_ ¿Vas a quedarte en tierra y a romper mi corazoncito?_ Dije, poniendo una voz aniñada.
_ Está bien… pero si me muero me pienso quedar para acostarte toda la eternidad.
_ Si pasa lo aceptaré como una buena novia debe hacer._ La tomé del brazo y me dirigí a la puerta de embarque con soltura.
Regina había aceptado pagar los billetes, y por eso íbamos en primera clase, y he de admitir que nunca había estado tan suelta en un avión. Regina, sin embargo, a pesar de que ni siquiera habíamos despegado, se mantenía apretada en su asiento y abrazándose a sí misma.
_ Sabes… nunca pensé que te vería asustada. Esta vez ves soy yo en quién tienes que confiar._ Sonreí._ Pide un refresco y relájate en cuanto despeguemos.
_ Eso es fácil de decir. ¡Mira este periódico! ¡Las fotos no se mueven!_ Se quejó, en un susurro._ Esto es tan primitivo.
_ Veremos si el cine te parece primitivo._ Dije yo._ Van a poner una película.
Regina alzó una ceja, confusa. Esperaba que la película al menos la hiciera distraerse, ya que de lo contrario sería un vuelo muy largo.
Unas horas después…
_ Entonces pones todos esos fotogramas uno tras otro y… eureka, así se hace una película._ No sé cómo sabía eso, pero era una suerte que lo supiese.
_ ¿Y todo eso sin magia?_ Susurraba Regina mientras nos apartábamos de las puertas embarque._ Alucinante.
Salimos fuera y llamé a un taxi con un clásico silbido. El mundo muggle era mi especialidad. El taxi paró y nos subimos detrás.
_ ¿Puede llevarnos a Santa Mónica, por favor?
Mis abuelos tenían casa en los ángeles. Y era allí dónde celebrábamos la navidad. Lo cierto es que no era precisamente el lugar más frío del mundo, y el calor abrazador quitaba un poco la estampa navideña, pero mi idea pasaba por ver a Regina en Bikini, y eso era algo que no podía perderme. Sería mi autoregalo de navidad.
_ Ha sido agotador._ Decía Regina, acomodándose en el taxi._ Es oficial, odio volar.
_ Te acostumbrarás._ Le dije, con una sonrisa._ Le das demasiada importancia.
Regina era un as volando en escoba, así que miedo a las alturas no tenía. Sospechaba que tenía más que ver con su miedo a no tener el control que con el hecho de no volar en sí. El viaje en Taxi lo dedicamos a descansar y, de hecho, el taxista tuvo que despertarnos cuando llegamos.
Pagué y cogí a Regina de la mano. Aún estaba algo aturdida. Pero se quedó observando el piso con cierto interés. Sabía que ella vivía en una mansión.
_ ¿Seguro que cabremos todos allí?_ Preguntó.
_ Que sí. Además… tú compartes cama conmigo._ Dije, apartando un poco.
_ ¡Descarada!_ Me reprendió.
_ Pero si te encanta…
