DANGER LINE – LÍNEA DE PELIGRO
AUTOR: LUNATRANCY
TRADUCCION: Maru de Kusanagi
RATING: M
NdT: Hola, estoy viva. Los que ya me conocen saben que tengo muy poco tiempo, ya que trabajo y estoy casi todo el día fuera de casa….
Capítulo 10: Tiroteo
Eren tenía un plan. Y era uno bueno, Armin le había ayudado con eso, después de todo.
Más temprano, habían ido al sitio de la construcción. Estaba un poco lejos de la ciudad, pero aun así podían verse los altos edificios. Por la noche, dijo Armin, las luces podrían verse con facilidad. Revisaron el lugar tanto como pudieron, junto a los trabajadores y evaluaron el área.
Descubrieron escondites posibles y los accesos más rápidos a la calle. Los mejores sitios para estacionar los coches. Según Armin, lo que fuera que sucediera, iba a tener lugar donde hubiera luz, pero nada directo, para mantener el anonimato.
"Así que, desde aquí", señaló el rubio, "podremos ver cómo alumbran las luces. Pero, más allá, no tanto. Así que ellos serán capaces de ver sin ser vistos."
"Entonces, ¿tenemos que mantenernos de este lado?", preguntó Eren. Armin asintió, dándose la vuelta.
"Aquí es donde podemos estar de este lado. Tendremos que traer un buen equipamiento. Armas y esposas…"
"Sí, pero si es solo uno-"
"Eren, nunca es solo una persona", afirmó Armin. "Irvin puede que se reúna con un jefe de una banda, pero se trataría de un jefe mafioso. Lo que significa que está al mando de mucha gente. ¿De verdad crees que una organización criminal va a dejar a su jefe solo? ¿Para qué se reúna con un detective?"
Eren meditó sus palabras. "Oh…"
"Así que, seguramente, le acompañará su gente. Rondando en las sombras. Es entonces cuando nosotros saldremos. Será nuestro deber detenerlos y mantenerlos alejados de Irvin, en el caso de que se pongan negras. Es muy posible que no atrapemos a todos, así que deberíamos estar listos para eso. Sólo precisamos a uno."
"¿Por qué? ¿No sería mejor que tratáramos de agarrar a tantos como podamos? Sería más sensato. Sacar a tantos como se pueda de las calles."
"No", dijo Armin. "Verás… en teoría, sí. Pero no en la realidad. Precisamos a uno, alguien que podamos usar para informarnos y como ventaja. Nos enfocaremos en ese y los atraparemos, luego buscaremos a los demás. Si nos separamos y vamos por muchos, es más probable que todos salgan heridos, se separen y se nos escapen."
"No lo pensé de ese modo…"
Armin sonrió, palmeándolo en la cabeza. "Lo sé. ¿Alguien se ofreció para venir? ¿O sólo seremos nosotros tres?"
"Ah, Reiner dijo que iba a ayudar. También Jean, con Marco. Y Connie."
"Qué bueno", repuso el rubio. "Si somos demasiados, aumentan las posibilidades de perderse. En algún momento tendremos que separarnos. Pero deberíamos hacerlo en parejas. Así podremos esquivar hacer un grupo grande, lo que nos haría un blanco fácil."
La cabeza le daba vueltas a Eren. En su mente, solo había imaginado una grandiosa redada antidrogas, con Irvin y Levi en el medio de todo. Ahora, Armin de golpe le hablaba de estrategias, resultando en el escenario imaginado por Eren. Le seguía la idea, sólo que le resultaba densa y complicada.
"¿Entendiste?"
"¡Sí, lo entiendo!", gritó Eren. "No soy tonto. Oye… ¿tenemos todos que ir de negro? ¿Para mezclarnos?"
Armin resopló.
"De todas las cosas que podías preguntar, ¡¿tenía que ser sobre la vestimenta?!"
"¡Es una duda válida!"
Armin suspiró, tirándose del pelo. "¡Sí! ¡Sí, todos vamos a ir de negro, para poder mezclarnos!"
Llegó la noche. Los seis se sentaban en el auto de Jean, dado que era el más espacioso. Eren había sido obligado al fondo del SUV, debido a que Jean conducía y se negaba a que Eren estuviera remotamente cerca. Armin iba adelante, dando las indicaciones. Reiner, Marco, Connie y Mikasa estaban en el medio.
Eren se removió en el fondo.
Jean estacionó junto al camino, lejos de la vista y del equipo mecánico, pero todavía a distancia de una carrera. Salieron del vehículo y se reunieron alrededor de Armin, mientras les daba las indicaciones. Todos oyeron con atención, siguiendo sus palabras al pie.
Mikasa miró en derredor con cautela.
"Debemos separarnos ahora", dijo el rubio. "Jean con Marco. Reiner con Connie. Mikasa con Eren-"
"Puedo ir solo", repuso Eren. "Armin, ve tú con ella. Puede cuidar de ti."
"Estaremos juntos en el mismo grupo", protesto Mikasa. "Los tres."
Reiner rió. "¿Vas a poder cuidar a los dos, Mikasa? Es mucho trabajo."
Eren silbó y ella sacudió la cabeza.
"Puedo", afirmó Mikasa. "Tengo años de experiencia."
Jean rió, ocultando la cara en el hombro de Marco. Ella le golpeó el brazo.
"Bien, entonces… si todos están listos…", anunció Armin. "Y, recuerden mantener el perfil bajo, y que no los vean…"
Todos asintieron. Silenciosamente, comenzaron a alejarse hacia a sus puntos asignados. Eren vio a todos desaparecer, siguiendo a Mikasa de cerca y a Armin. Sacaron sus armas y se agacharon tras una montaña de tierra.
Eren resollaba. Tenía el corazón acelerado. Apenas podía ver, debido tanto al ángulo en que estaba y a cuan oscuro estaba. Con facilidad podía ver las luces de Vegas, tal como predijo Armin. Y, cuando se volvió a mirar al lugar, pudo notar cierto movimiento.
Los contornos de las figuras no le eran familiares, no reconocía a nadie.
Se mordió el labio, mientras se deslizaba con cuidado por detrás de la montaña.
"Eren, ¿qué diablos haces?", dijo Mikasa. Su voz era apenas más que un susurro. Él hizo un gesto.
"Shhh", dijo. "Me acercaré un poco. Quédate."
Caminó en cuclillas hacia atrás, agachando la cabeza mientras corría hasta otra pila de tierra. Y, desde esa pila, vio un tractor tras el cual podía esconderse para ver mejor la escena. Debía estar atento por Irvin.
Observó la escena por un momento, antes de ponerse derecho y hacer una carrerilla. Un repentino tirón en su hombro y un rápido golpe en la cara le hizo parar cualquier acción que iba a hacer.
Trastabilló, sosteniéndose la mandíbula y alzando el arma a ciegas. No podía ver quien le había golpeado, estaba mareado y atontado. Pero sostuvo el arma con firmeza, a pesar de que las piernas le temblaban. Le tomaron del brazo, le golpearon la muñeca con tal fuerza que tuvo que soltar el arma y fue puesto de rodillas en cuestión de segundos.
Sintió el sabor a sangre en la boca. El polvo le picaba en los ojos y se le metía en la nariz. Le apretaban la cara contra el piso, con el brazo torcido en la espalda. Un codo se le clavaba entre los hombros, manteniéndolo reducido. Oyó un chasquido y supo que su atacante estaba armado. Intentó moverse, pero no pudo ponerse de pie.
Cerró los ojos, mientras el arma le recorría la sien, apartando unos cabellos de su rostro. Casi podía sentir al otro encima de él, respirándole con la misma pesadez.
"Tenés que estar jodiendo."
Eren alzó la vista. Y pudo ver a un Levi horrorizado, mirándolo desde arriba.
"¡Le – Levi!"
"¡Pedazo de mierda!", silbó Levi, apretando los dientes. Apoyó el arma con más fuerza contra la sien de Eren. "¡Pedazo de mierda, casi te cago matando!"
"¡Me di cuenta!", escupió Eren. "¡Sal de encima!"
Levi se apartó y Eren se puso de pie, tosiendo tierra. El otro estiró la mano y lo tomó del cuello, sacudiéndolo con la mano firme. Sostuvo el arma contra la barbilla de Eren, e incluso le hizo ladear la cabeza-
"¿Qué carajo estás haciendo acá? ¿Qué mierda te hizo pensar que esta era una buena idea?"
Eren tragó aire, mientras era sacudido tan de repente. Luchó por liberarse, pero Levi lo sostuvo.
"¡Ibas a emboscar a Irvin!", dijo Eren. "Debemos detenerte."
"Debemos… carajo… ¿hay más de los tuyos acá? ¿Y por qué mierda crees que iba a hacerle una emboscada a Irvin?"
"Porque…", masculló Eren, "porque-"
"Momento. Momento, mierda. ¿A quién se lo contaste?"
El tono de Levi cambió. Su agarre en Eren se aflojó y los ojos se le abrieron de par en par. Dio un paso atrás, horrorizado, y corrió al límite de la montaña de tierra, mirando en derredor. Eren tosió, llevándose una mano a la garganta. Todavía podía sentir el frio acero del arma contra la piel.
"Eren", dijo Levi, casi desesperado, "¿a quién le dijiste?"
"¿Qué cosa?"
"¿Sobre esto? ¿Sobre la reunión? ¿Qué yo iba a estar acá?", le preguntó Levi. se arrodilló junto a Eren, tomándolo por los hombros. Incluso bajó el arma. "Eren, ¿a cuánta gente?"
"No sé. Solo a quien estuviera presente en la oficina", respondió Eren. Se frotó la mandíbula. "¿Qué importa? No es que-"
Y fue entonces que lo oyeron. El horrible sonido de los disparos.
El estómago de Eren se encogió. Luchó para ponerse de pie, mientras Levi también lo hacía. Ambos sacaron sus armas.
"Eren, atrás. Ve por tus amigos, o lo que sea, y retrocedan", le ordenó Levi.
"¡No!", espetó Eren. "No voy a-"
"¡Eren!", gritó el otro. "Esto no es un maldito juego. Salí cagando de acá, antes de que terminés muerto."
Se quedó mirando a Levi a los ojos. En ese brillo que mostraban, podía ver cuán preocupado estaba Levi. Lo temeroso que estaba. Y Eren supo, entonces, que, si había un momento en que debía escuchar, era aquel.
"Voy a ir a buscarlos…"
"Gracias mierda."
Levi suspiró, aliviado, y enredó los dedos en los cabellos del joven. Lo hizo bajar a su altura y le besó con fuerza. No hubo manera de evitarlo. Y tampoco de controlarlo.
Eren lo dejó pasar. El corazón le latía más rápido, la adrenalina le nublaba la mente. Cuando se dio cuenta de lo que pasaba, se inclinó hacia delante en ese beso. Y, ni bien lo hizo, Levi lo apartó.
"Salí cagando, mocoso de mierda."
Era el peor momento para un beso. No se lo podía saborear. Ni cuestionar lo sucedido. O corresponderlo. Y, sin embargo, llegó a sentirse bien. Fueron apurados. Fue torpe. Fue apasionado. Fue espontáneo.
E, incluso, entonces, sabiendo que podía morir – dándose cuenta de que Levi podía morir –, Eren no pudo evitar sonreír, mientras corría a buscar a los demás.
Mikasa y Armin habían abandonado sus puestos. Notó que el auto seguía en su sitio. Así que se puso a correr hacia el ruido de toses y voces. En la lejanía, vio a Mikasa, y quizás a Jean. ¿O era Marco? No podía asegurarlo. Le dolía la cabeza.
Hubo más disparos, y Eren sintió un repentino dolor. Un tremendo dolor. Se llevó las manos al costado y dejó de correr. Sintió algo caliente y húmedo contra la camisa, que pronto le cubrió las manos. La visión se le puso más borrosa y cayó de rodillas, sintiéndose débil.
No era posible.
Intentó ponerse de pie y se encogió, doblándose. Oyó que decían su nombre en la distancia. Era Mikasa a quien oía. Y, maldita sea, sonaba molesta. Sabía que no iba a cortarla por días. Por meses.
¿Quizá por años?
O, quizás, por unos minutos. Eso parecía lo más apropiado, dada la sangre caliente sobre sus dedos.
Alzó las manos, sólo para cerciorarse. Rojo. Definitivamente rojo. Incluso con la vista nublada, podía ver el rojo. Su propio color rojo.
Y, luego, se hizo la oscuridad.
