Hana empalideció notablemente.

- ¿Cómo que la bitácora mágica ha desaparecido? –preguntó, incrédulo-. ¿No se supone que estaba en un sitio seguro, bajo la atenta mirada de la abuela?

- Probablemente la acaben de robar –respondió Anna Asakura, con aparente tranquilidad-. Aprovecharían la fiesta. Eso explicaría el repentino corte de luz.

- ¿Y nadie lo notó? –dijo Hana, cada vez más horrorizado-. El que la haya robado, sabía perfectamente cómo actuar. Con esa bitácora puede causar problemas no solo para nosotros, sino que también para todo el mundo.

- Disculpad –intervino Anna, tímida-. Lo siento, pero no os sigo. ¿Qué es la bitácora mágica?

- Es el libro que contiene los secretos de hace más de quinientos años de Hao Asakura –contestó Yoh, con evidente nerviosismo-. En ese libro se esconden los secretos de su poder.

- Cualquiera que posea la bitácora, conocerá sus secretos –continuó Hana-, y lo peor: tendrá acceso a la destrucción de nuestra familia. Por eso estaba bien vigilada, o al menos eso creíamos.

- Tuvo que ser alguien que estuviera invitado a la fiesta –dijo Anna Asakura, impasible-. Es imposible que lo hiciera otro, nos habríamos dado cuenta.

- Ya, ¿pero quién? –respondió Yoh-. ¿Quién sería capaz de traicionarnos? Todos nuestros invitados eran amigos de la más estricta confianza. No me imagino a ninguno haciéndolo.

- Entonces tuvo que ser algún amigo de mis padres –susurró Anna. Todos se volvieron a mirarla-. Como bien ha dicho Yoh, ningún amigo de la familia Asakura se atrevería a traicionaros, en cambio, los amigos de mis padres… Siempre les ha interesado el poder.

- Podría ser –coincidió Keiko, que había permanecido callada hasta el momento-. Le pediré a tu padre una lista de los amigos que estuvieron presentes en la fiesta. Ahora, será mejor que descansemos. Mañana será un día muy largo, y necesitamos estar despiertos y concentrados.

Todos salieron de la sala, notablemente preocupados. Hana se dirigió hacia el jardín, y Anna lo siguió.

- No me lo puedo creer –murmuró Hana, acostándose sobre el césped-. Lo que faltaba.

- No te preocupes, la encontraréis pronto –dijo la rubia, totalmente convencida, sentándose a su lado-, y todo volverá a la normalidad.

- Lo malo es que, cuando descubramos quién la ha robado (si lo descubrimos), alguien tendrá que ir a recuperarla. Y lo más seguro es que me manden a mí, puesto que soy el heredero de la familia.

- ¿Por qué tendrías que ir tú? –susurró Anna. Hana la miró-. Precisamente porque eres el único heredero tendrían que mantenerte protegido, no enviarte a donde está el peligro.

- Tengo que demostrar que soy digno heredero de la gran dinastía de los Asakura, que sé manejar las crisis. Para la familia, si no puedo hacerlo, estoy mejor muerto.

-¡¿Qué?! –gritó Anna, mirando a su prometido con los ojos muy abiertos, horrorizada-. ¿Eres idiota o qué? ¡No vuelvas a decir eso, imbécil!

- ¿El qué? –preguntó el rubio, incorporándose.

- ¡Lo de que estás mejor muerto! –respondió la rubia, conteniendo un escalofrío-. ¡Cómo vuelvas a decir eso te mato!

Hana no puedo evitar sonreír. La abrazó por los hombros y la atrajo hacia sí.

- No te preocupes, por lo general suelo manejar muy bien la crisis. Piensa en hace dos meses, cuando llegaste a mi casa diciendo que eras mi prometida.

- Si no recuerdo mal, fui yo la que propuso la tregua –dijo Anna, sonriendo burlonamente.

- Yo no lo recuerdo así –respondió el rubio, mirando hacia otro lado, divertido-. Pero te puedo asegurar que sé manejar perfectamente las crisis. A fin de cuentas, soy digno hijo de mi madre.

La rubia pensó un momento lo que le dijo su prometido, y respondió:

- Vale, confío en ti. Si dices que sabes manejar las crisis como tu madre, entonces no hay problema.

Hana se recostó en el césped y Anna se acurrucó a su lado, y ambos contemplaron las estrellas sumidos en sus propios pensamientos.


- La bitácora mágica está en América –dijo Keiko, imperturbable.

- ¿Y qué vamos a hacer? –preguntó Anna Asakura con aire ausente, mirando por la ventana de la sala.

- Pues mandaremos a Hana a por ella –respondió la mujer, como si fuera lo más obvio del mundo-. Ya va siendo hora de que asuma su papel como heredero de nuestra familia.

- ¿Crees que es lo correcto? –preguntó la sacerdotisa, volviéndose hacia su marido-. ¿Crees que debemos mandar a nuestro hijo a que recupere la bitácora solamente sabiendo que se encuentra perdida por América?

- Es lo que debemos hacer –respondió Keiko antes de que Yoh pudiera siquiera abrir la boca.

- Estoy pidiéndole a mi esposo su opinión al respecto, Keiko –dijo Anna fríamente-. Simplemente me gustaría saber qué piensa sobre esto.

- Aunque tiene poco para guiarse, creo que debería ir –contestó Yoh-. Yo fui a buscar la aldea de los Paches con lo mismo que él tiene, y no me fue tan mal.

- No es lo mismo, y lo sabes –dijo su esposa-. Tú sabías a qué te ibas a enfrentar. Hana no lo sabe. No podemos enviarle como si nada hacia un peligro que ni siquiera nosotros conocemos.

- No queda otro remedio, conoces la tradición…

- ¡Al diablo la tradición, Yoh! Estamos hablando de nuestro hijo. ¿Estás dispuesto a enviarlo al peligro? ¿A la muerte incluso?

- Sabes que no puedo hacer nada al respecto, Anna –respondió Yoh, procurando no mirar hacia su esposa.

- Vale, como quieras –dijo la sacerdotisa, lanzándole a su marido una mirada helada-. Pero como le pase algo a Hana, no te lo perdonaré nunca –y salió de la sala rápidamente, dejando a su esposo y a su suegra allí.


- Hana -comenzó Keiko-, la bitácora mágica se encuentra en América. Como miembro de la familia Asakura debes ir allí y recuperarla.

Anna cerró los ojos, apesadumbrada. Sabía por lo que le había dicho su prometido que tendría que ser él el que fuera a recuperarla, pero no esperaba que obtuvieran la información sobre su paradero tan pronto.

- Como quieras, abuela –respondió el aludido, con una expresión indescifrable.

- Saldrás dentro de una semana. Ren Tao te proporcionará todo el transporte que necesites y…

- No tienes por qué ir si no quieres –interrumpió Anna Asakura, impasible.

Los presentes en la sala se volvieron hacia ella, sorprendidos, excepto Hana, que la miró incrédulo, preguntándose si su madre había dicho lo que acababa de oír o habían sido imaginaciones suyas.


Siento haber tardado tanto, pero es que me fui de vacaciones y no pude subir nuevo capítulo...

A todos los que leéis este fic muchísimas gracias y espero que os guste :)