Con un feliz inicio de semana quiero agradecer a todos los que entran a leer este nuevo capitulo por su paciencia y devoción, realmente no la merezco.
En estos casi dos años han pasado muchísimas cosas: Tuve la oportunidad de vivir unos meses en el extranjero *A todos mis lectores Mexicanos; un fuerte abrazo desde este pedacito de mundo. Tienen un país precioso lleno de gente bella y comida deliciosa* Luego me enfoqué netamente en mi carrera y me enamoré perdidamente de una persona con quien las cosas terminaron bastante mal. En fin, este año en mi familia ha pasado de todo, incluyendo un problema legal y tengo lesionada la columna lumbar por lo que mis movimientos son limitados y se vislumbra una posible operación sino me recupero con la rehabilitación... *respira un poco* Entonces de repente me llega el mensaje de un lector pidiéndome que escriba y me quede con los ojos en blanco O_O
No era que me hubiese olvidado de la página, es solo que me enfoque tanto en los demás problemas que se me olvidó lo mucho que disfruto escribir, así que me apresuré a retomar el capitulo que casi había culminado hace dos años y se los traje hoy, es bastante extenso. Mientras no pueda moverme con libertad *ya que la recuperación es lenta y las piernas no sirven de mucho* Espero poder traerles actualizaciones rápidas pero no prometo nada, no vaya a ser que de nuevo rompa mi palabra.
He hecho un pequeño dibujo de la historia y lo colocaré como imagen principal :3 Es solo un bosquejo. Espero poder hacer algo más serio y a color para colocarlo de portada.
Agradecimientos especiales a toaneo07, Hilary Kryss Yagami, Kiray Himawari, IviWay, nessi 98, Validia y Tacaema Por sus ánimos y comentarios que siempre me enriquecen en cada capitulo c: ¡Criaturas hermosas! A Guest por hacerme revisar la ortografía MUCHAS veces jajaja 3 ¡Espero que este capitulo lo disfrutes mucho! Y a soramizuki, que con sus comentarios me ha recordado que por acá puedo darles vida a muchas de mis ideas con plena libertad. ¡Gracias a todos! Este capitulo es para ustedes.
La canción que aparecerá es Wonderwall de Oasis. Les recomiendo que la pongan a cargar desde ahora.
Aclaración: Beyblade y sus personajes son propiedad de Aoki Takao : D Yo no hubiese permitido que hiciesen la basura de V-Force! Por todo lo demás, cada palabra aquí presente me pertenece.
Capitulo 9: Contactos de vodka
Tenía la mirada puesta en ella intentando adentrarse en su pupila como si con eso fuese capaz de explorar su alma. Por instinto creyó que le saltaría encima, que le abrazaría con furia solo para destrozarle segundos después, dejando correr parte de su sangre sobre una superficie nevada tal y como la cruel escenografía de una película de terror. Aún así seguía suplicando por una oportunidad, lo necesitaba, sentía indispensable el contacto de sus manos sobre el pelaje albino aunque por mucho que lo intentase solo obtuviese un rotundo cabeceo indicando una señal negativa. Desilusionada, su única esperanza de cercanía era plantarse a sí misma delante del foso mirándole con ternura durante prolongados minutos. Adoraba con locura la imagen de aquellos osos polares.
-Mao, quiero ir a ver al tigre que esta por allá- La pequeña volvió a halarle del abrigo por décima vez aquella mañana mientras que con la otra mano apuntaba en dicha dirección.
-Solo un ratito más Tati.- Había jugado con muchos tigres a lo largo de su vida, en cambio no tenia oportunidad de visualizar aquel panorama nevado y salvaje desde hacía algunos años atrás.
-¡Por favor!- Insistió iniciando una pataleta con los pies enfundados dentro de aquellas botitas rojas.- Bryan dijo que nos llevaría dulces allá en donde nos espera el señor tigre, y tu no dejas de hacerles morisquetas a los ursus maritimus.- El nombre del espécimen relucía sobre una ficha que la niña solo pudo leer colocándose de puntitas.
-Vale vale.- Suspiró resignada.- Será mejor de que nos apuremos o Bryan también se tomará su tiempo para impartirme un discurso.- Con un ademán en la mano y una sonrisa infantil se despidió de la criatura tal como si esperase que esta hiciese lo mismo.
-Quiero comprarle un recuerdo al abuelito para llevárselo antes de regresar a casa.- La niña caminaba con pasos torpes girando sobre sus talones.
-Lo buscaremos en la tienda de recuerdos que está en la entrada.- Le tomó la manita.- Pero todavía queda mucho por recorrer y tenemos el resto del día para hacerlo.
-¿Te gusta mi gorro Mao?- La niña le miró con una sonrisa mal intencionada viendo como la otra torcía los labios en una mueca.
-Por octava vez en lo que va de día señorita Petrova, es su gorro absolutamente extraordinario.- ¿Y quién le mandaba? Los niños y sus apuestas ridículas que resultaban peores que una deuda bancaria. Durante el resto del día debía de sonreír como tonta y hacer una reverencia sobreactuada delante del gorro aunque le sacara que quicio.
-Eso es lo que pasa cuando no se escucha a la persona que está hablando.- Recordó levantando un dedo.- Son las normas que debe de seguir un buen oyente.
-A veces los adultos también nos distraemos.- Le soltó la mano unos instantes para acomodarse la coleta un tanto voluminosa que caía a un lado de su cabeza. - Mi cabello no quiere quedarse peinado hoy.
-La humedad hace que nuestros cabellos se levanten buscando las partículas de agua en el aire que puedan ayudarle a hidratarse.- Sonrió muy satisfecha de su respuesta.
-¿Lo viste en televisión?- Era muy inteligente, se lo había dejado bastante en claro durante el último mes.
-No, eso me lo dijo mi mami.- Le apretó fuertemente la mano iniciando una carrera a corta distancia hacia aquel joven ruso que destacaba del resto.
El cumpleaños de la niña fue celebrado con el mejor pastel de fresas y chocolate que había preparado en su vida. El negocio fue decorado con una inmensa cantidad de globos y adornos de papel, pequeños niños corrian por las afueras del mismo aventando bolas de nieve y bailando al ritmo de canticos infantiles provenientes de un antiguo tocadiscos. Luego de eso consiguió empleo, uno cuya prioridad recaía en ser la dama de compañía de aquella señorita cuyas tardes transcurrían en soledad dentro del segundo piso de la tienda mientras terminaba sus deberes. Ahora teniéndole a su lado, se ocupaban de pasearse por todos los lugares cercanos que se le hacían divertidos o interesantes, veían todas las películas que tuviesen a una princesa en su reparto y de vez en cuando, le tendían alguna especie de broma a su "príncipe" de ojos azules.
Su nuevo título dentro de "Los grandes logros de mi vida" era: dos meses de convivencia sin terminar dentro de alguna unidad psiquiátrica o encerrada en prisión por cargos de asesinato, con la respectiva fotografía suya donde cargara una placa con su nombre y una cara de pocos amigos. Moscú por primera vez no parecía enorme e inexplorable, tan inalcanzable. Siempre caminando por sus calles descubriendo nuevos sitios, buscando textos o contornos, recetas e ingredientes para sus preparaciones, incluso había aprendido a utilizar el transporte público, incluyendo el subterráneo. En cuanto a sus gastos, su trabajo de niñera cubría con buenos honorarios todas sus necesidades, lo suficiente para adquirir mensualmente sus objetos de uso personal y gastos diarios, de la comisión dentro del apartamento, ella quedaba encargada de la transformación de la materia prima, por lo que los rusos se habían negado a que diese de su dinero, su responsabilidad recaía en mantenerlos sanos y bien alimentados.
-¡Una paleta!- Chilló tirándose sobre los brazos abiertos del muchacho que la esperaba para elevarla sobre su espalda.
-¿Dónde están los modales señorita?- Los brazos en la cintura simulando una jarra.
-Estas sonando como mi mamá.- Se quejó pasando una pierna a cada lado de la cabeza del mayor para luego abrazarle como pudo.- ¡Gracias Bryan!
-No hay de que belleza.- Sonrío estirando la extremidad para acariciarle la cabeza.
-Me despeinas.- Una sonora carcajada salió de los labios rosa dejando además caer su gorrito tejido al piso.
-Dobla un poco las rodillas Bryan.- La muchacha le sonrío con cariño.- Eres muy alto y no podré ponerle el "fantástico gorro" si no te agachas.
-No te burles de bleu.- Gruñó mientras su cuidadora lo acomodaba con cuidado sobre sus rizos.-Sino llorará.
-De seguro que se comporta como niño grande.- Señalo al susodicho.- Me oíste bleu. En Francia no les gustan los gorritos llorones.
-Cuando sea grande iré a la torre Eiffel.- Apuntó dirigiendo el comentario al otro espectador.
-Entonces debemos empezar a practicar muy pronto ese Francés.- Se acercó a la jaula.- Las chicas de allá son muy bonitas pero estoy seguro de que tú los sorprenderás a todos.
-Mao irá conmigo. Ella es buena con las personas y sabe hablar bonito también.- La convicción era tanta que ninguno se vio en capacidad de objetar lo contrario.- ¿Tú crees que es linda Bryan?- Se metió la paleta en la boca.-
-¿Quién?¿Mao?- Alcanzó a sentir como la niña dejaba escapar un sonidito de afirmación sin soltar el dulce.- Ella es preciosa, tanto que iba a comprarle algodón de azúcar y no lo hice para que no me acusara de llevarle a cometer canibalismo.- Obviamente, la niña no entendió.
-Que tonterías dices.- Él y sus comentarios dulces.
-Que pareces un algodón rosa, suave, dulce, provocativo y que ha de derretirse en tu boca cuando alcanzas a probarlo. Muy probablemente eso también pase contigo.- Aseguró clavando sus ojos claros en el rostro ruborizado de la joven.
-¡Podrías casarte con ella!- Sugirió la tercera alzando la voz nuevamente.- Bryan habla muy bonito, no es un príncipe pero podría cuidar muy bien de Mao.
-Quizás.- Aseguró mostrando en una sonrisa la dentadura perfectamente alineada y perlada.- Me siento como si anduviese de paseo con mi novia y su hermanita.
-Ya basta Tati.- No había reparado en el comentario del otro.- No puedes andar por ahí diciéndole a todos mis amigos que me case con ellos.
-No lo hago.- Pero la china le achicó los ojos viéndola acusadoramente.
-A Misha y a Dimitri les dijiste lo mismo.- Le sacó la lengua como si de pronto ella también tuviese 6 años.- Yo no soy princesa y no me quiero casar pronto. ¿Y qué te hace pensar que Bryan quiera casarse conmigo?
-Yo lo haría.- Sintió arder su rostro, esperaba algo parecido a lo que Tala siempre comentaba intentando evadir la conversación, no una declaración tan directa.
Tala… Ivanov era el antihéroe enmascarado, el que aparece y desaparece a conveniencia y que ríe de medio lado cuando hay problemas como si el fuese el único con respuestas. Dejando eso de lado, se había mantenido limpio a tal punto que ni siquiera aceptaba alguna copa de vino o brandi cuando el clima se tornaba insoportable. Estaban ya a mediados de noviembre y las temperaturas empezaban a llegar bajo cero con frecuencia. Para su sorpresa, su relación era lo más parecido a un tratado de paz entre dos naciones que poseen misiles nucleares y que saben que pueden detonarse entre si en cualquier momento, por lo que siempre existía el dialogo abierto, los saludos de llegada y de salida, el intercambio de opiniones a la hora de la cena y su más reciente pasatiempo, armar un berrinche a la hora de ver películas una vez a la semana por escoger quién elegiria la de ese día. Era gratificante compartir el calor de un sofá con otros tres sujetos que parecían cuidarle siempre.
Y es que el pelirrojo era insoportable, no iba a dejar de aceptar aquello por muy bien que se la estuviesen llevando porque siempre encontraba el momento propicio para intentar hacerle salir de sus cabales mientras ella buscaba apuñalarle con el objeto punzante más cercano y él emprendía su huída. Desde el día en que Misha apareció en su vida parecía más feliz, como si realmente no lamentara desde lo más profundo de su ser el tener que llevar el cabello suelto 5 días a la semana y sonreírle a la pequeña cada tarde. Estaba empezando a creer que le tenía afecto. Seguía siendo huraño, prefería la Coca Cola a un buen batido de frutas y compraba una caja diaria de cigarrillos religiosamente, pero ahora sonreía con frecuencia, inclusive se encontraba intercambiando miradas con él sobre una mesa, dentro de la tienda como dándole un motivo por el cual debía divertirse. Y es que era un imbécil pero era su compañero de piso, su insoportable pelirrojo de lengua afilada amante de las fresas y del color azul.
-Creo que a Tala le gustaría mucho algo así.- En la tienda de recuerdos el mayor se encontraba señalando un pequeño globo de nieve con un lobo aullando a luna llena y que iniciaba una melodía al agitarse.- Siempre le han llamado la atención los objetos que son tan detallistas y minuciosos. Los relojes se le dan bien porque se le parecen.
-No te estoy entendiendo mucho…- Solo tenía los ojos fijos en el objeto.
-A nadie le interesan demasiado las piezas pequeñas, disfrutan de cacharros de gran tamaño y proporción en vez de vislumbrar un poco los trabajos que se realizan con tanto esmero como el de esta pequeña bolita.- El sonido era el claro de luna de Beethoven.- Ese grandísimo idiota es una pequeña caja de acabados minuciosos que solo consigues apreciar si te tomas el tiempo para conocerlo. Un mecanismo que puede llegar a parecer indescifrable.
-Es un insoportable.- Aseguró inflando las mejillas y dejando escapar una carcajada de su acompañante.
-No he dicho lo contrario.- Estaban muy cerca y él le miraba como quien tiene en frente lo más maravilloso y exótico del mundo. Como si fuese una fruta que quisiese comer, que pensaba que podía comer.
-A mi abuelito le encantará este león.- La voz semejante al trinar de un pájaro en los oídos les separó rápidamente- ¿Iban a hacer cosas de gente grande?- Se llevó un dedo a los labios.
-¿Qué son cosas de gente grande pequeña?- Bryan le sonrío acercándose para acomodar un pequeño rizo.
-Ya sabes. Abrazarse y darse besitos en la boca. Dormir juntos y cosas así… Aunque este no es un buen lugar para dormir, es mejor que se vayan a su casa.- Alrededor se reunió buen grupo de espectadores que tenían cara de estar disfrutando la declaración indiscreta de su pequeña vocera.
-Creo que ya hemos terminado por hoy Tati.- O ese día había acabado con su paciencia, o la semana se le había hecho terriblemente larga y no encontraba como lidiar con la susodicha sin arrancarle la cabeza y la medula espinal.
-¿Dije algo malo?- Caminó hasta el mostrador colocando el objeto a la vista y extendiendo un billete que sacaba del bolsillo.- Lo compraré con mi dinero.
-Hay ciertas cosas que no se deben decir cuando hay gente desconocida cerca.- El de cabellos plateados había carraspeado un poco antes de contestar.- Porque los mayores pueden malinterpretar lo que dices y por ende, burlarse de nosotros.
-La gente grande no siente vergüenza.- Aseguró ya saliendo de la tienda y tomándose de las manos de ambos.- Aunque a Mao siempre se le pone la cara muy roja cuando Misha se burla de ella, o le toca el cabello, o la empuja.
-Los grandes nos ponemos colorados de furia.- Como la que le corría en las venas en ese momento.- Ha sido un largo día Tati, vamos a casa.
-Me portaré mejor mañana, lo prometo Mao.- Agachó la cabeza con cierto remordimiento, sintiéndose mal por sus palabras.
-Mañana no te veré.- Y la pequeña levantó el rostro temerosa esperando encontrarse con la descolocada mirada de odio de su niñera.- Es mi día libre, día de que salgas con mamá y papá para que les cuentes todo lo que no saben.- Ella le regaló su mejor sonrisa mientras le pequeña se le abalanzaba encima.
-Gracias Mao.- Se limpió algunas lagrimitas.- ¿Me llevarías en tu espalda?
-Si quieres puedo hacerlo yo Tati, Mao está cansada.- Saltó el otro recibiendo solo un par de narices arrugadas en desaprobación.
-A las heroínas nada nos cansa.- Y se colocó de espaldas dejando que la niña subiera.- Ahora, a donde el abuelito.
-¡Sí!- Afirmó alzando la voz antes de emprender su camino abrazando a la chica con la que tanto se había encariñado.
Los señores Petrov eran una hermosa y joven pareja de internacionalista que trabajaban en la embajada de cierto país cercano. Entre sus deberes figuraba fomentar el intercambio comercial con la nación, destacar las agrupaciones que ejecutaban proyectos para el cuidado del medio ambiente y las relaciones interinstitucionales, sin embargo esto les restaba tiempo en sus tareas como padres y educadores, por lo que aquella niña solo dependía de su abuelo y de las nanas de turno que le eran asignadas para tener una guía a través de la cual entender el mundo, una vida bastante desdichada para solo contar con seis años. Entonces de repente ella cuyos deberes hacía un año se limitaban a dar clases a los pequeños en la escuela de su pueblo, resultaba una opción favorable para convertirse en tutora de aquella infanta. Le quería mucho, quizás demasiado. Amaba tanto enjabonar sus cabellos y hacer pequeñas burbujas de jabón que le estallasen en el rostro que se sentía terrible los días en que la niña terminaba lejos de sus brazos por motivos ajenos a su voluntad.
Y si eso era lo más cercano a un latido de vientre materno, quería poder ser madre algún día. Tomar de la mano a una personita más pequeña cuya descripción del mundo dependiera de tus palabras, de tus decisiones y de los valores que le fueses inculcando.
Así llegaba a su final otro día en la semana, un jueves específicamente. Bryan había tenido el día libre porque era de asueto por una fecha patria que no conocía bien y a la que en realidad le tenía muy poco interés. La misma causa había originado que la pequeña no tuviese clases y ella tampoco por lo que una salida al zoológico sonaba como una oferta tentadora después de una semana matadora como la que había tenido. Después de dejar a la niña en los brazos de su ancestro, emprendieron una caminata divertida donde se reían de todas las ocurrencias de la pequeña y de sus comentarios fuera de lugar. Tala hacía poco que marchaba de vuelta a casa así que era mejor que llegasen si querían que la cena figurase en la mesa a la hora correcta.
-No me parece que sean estas horas de llegada.- El inconfundible registro provino de la cocina después de girar la llave en la cerradura y abrirse paso a su hogar.- Si necesitaban espacio podían haberlo pedido, habría comprado comida china mientras se daban un paseo probando sábanas baratas.- Rio asomando la cabellera despeinada.
-¿Por qué habría de hacerlo?- Musitó el otro mirándolo.- Esta también es mi casa y puedo hacer lo que se me venga en gana con quien yo quiera a la hora que decida…
-¿De qué hablas Bryan?- Lo cortó en seco la chica mirándolo con reproche.- Hola Tala.
-Compañero, no es como si fuese mi problema pero me parece que te acaban de batear de home run.- Se acercó palmeándole la espalda.
-Seré yo el que mande tus bolas fuera de la estratosfera.-
-Me gustaría ver que lo intentases pequeño.- El pelirrojo le miraba desafiante.- Nunca has sido muy hábil en eso de mandar a la gente al carajo.
-Tú que cuestionas mi capacidad de despedir a las personas y tu no permites siquiera que alguien se acerque con un respectivo "Hola".- Tomó de la nevera un vaso de zumo.
-No me gusta la gente, son como gusanos blancos en la basura. Mientras más podrida más se multiplican y se jactan de ser rastreros y débiles.-
-Pero numerosos. Para nadie es un misterio que muy pocos resultan proactivos.-
-Así es, la realidad apesta.- Se pasó una mano por los cabellos libres de cualquier tipo de fijador.- ¿Qué tal el día con la mocosa?
-Se llama Tatiana.- Aclaró la de rosa mirándolo con hastío.- La hemos pasado muy bien. Ninguna de las dos había estado nunca en un zoológico tan grande en la vida, así que nos dedicamos a recorrerlo de pies a cabeza comiendo dulces.
-Lo que pasa es que los especímenes como tú andan en peligro de extinción, por eso no los atrapan.- Le miró divertido.- Algunos tienen la esperanza que un día de estos alguien les atraviese la cabeza con una bala y vendan sus restos en el mercado negro.
-Tú siempre tan efusivo y cordial.- Se deshizo de su abrigo para dejarse caer en el sofá.- La próxima vez te pondré el collar con la correa y te llevare de paseo.
-¿Pensando en mí?- Se le tumbó prácticamente encima.- Déjame que salga de tu cabeza al menos por un rato ¿quieres?
-Nunca sales de mi lóbulo frontal porque disfruto el mentalmente torturarte y picarte en pedacitos para mis mascotas imaginarias.- Estaba acostumbrada a esa clase de reacciones.
-Es una lástima.- Se separó de ella alertando al otro.- Mucho cuidado con esta psicópata, no te quiere cerca físicamente pero podría andarte desnudando dentro de ese cerebro pervertido.
-Yo pienso lo que quiera con quien YO quiera.- Aclaró encarando a la causa de sus tormentos.- Estúpido insoportable.
-Quisiera yo verte sin tenerme aquí para pelear contigo.
-Mi vida estaría mucho mejor, gracias.- Señaló la entrada.- Puedes irte cuando gustes, te ayudaré a hacer las maletas.
-Cuando Bryan amanezca en tu cama me iré de aquí.- Susurró a su oído.- Estoy seguro que con lo escandaloso que es no me dejaría dormir.
-¡Pervertido asqueroso!- Le golpeó el pecho mientras que el susodicho se asomaba a la estancia al escuchar su nombre en labios del otro.
-Si fuese conmigo ¿Qué harías?- Murmuró dejando ver sus labios entreabiertos mientras la otra se sonrojaba de sobremanera.- Todo cambiaría como lo conocemos, ¿o no?
-Sácate eso de la cabeza Ivanov. Primero muerta que bañada en sangre.- A lo que solo recibió un gesto de burla de su interlocutor.
-Tú sangre pequeña, tu sangre.- Y le palmeó la cara con la punta de los dedos.
-¿Interrumpo?- El ceño fruncido se hizo notar. No le gustaba la cercanía de esos dos y mucho menos los comentarios del mayor.
-Tranquilo Casanova, no pasa nada.- Se alejó directo a la cocina.- Pensaba hacer la cena pero ya que han llegado…
-Yo me ocupo.- Anunció la muchacha apareciendo de golpe en el lugar y lavándose las manos.- No dejare que nos envenenes o intoxiques. Tus manos deben dejar toxinas que perjudiquen la salud.
-Tal y como un sapo baboso y amarillo gato.- Exclamó iniciando los cortes en un tomate.- Ven a aquí pajarillo…- Casi había cantando lo último dirigiéndose al otro ruso.- Terminaremos más rápido si trabajamos los tres.
-Supongo que también seré un mediador para evitar que alguno de sus dedos aparezca en la ensalada.
-Suena desagradable cuando lo pones así.- Ella le tendió la mano con una cebolla dentro.- Por decisión unánime, picarás ogros.
-Gracias por la acotación.- Y así dieron inicio a sus labores culinarias.
Alrededor de un cuarto de hora después apareció el mayor uniéndose al grupo mientras cortaba algunos kiwis para batir un jugo. Y así la cena apareció sobre el rectángulo de caoba como salida de una revista; pollo al horno con vegetales en su jugo, puré de patatas, ensalada y magdalenas de miel y almendras. Cuando todos estuvieron reunidos para empezar a degustar los alimentos, el rubio desembolsillo un sobre blanco doblado a la mitad mostrándoselo a los presentes, ganando de parte de los entes masculinos cierto aire de emoción e impaciencia esperando que fuese abierto.
-¿Es del ingrato enano de mierda?- Señaló el de en medio.
-Por supuesto que es de ese bastardo. ¡Ábrelo!- El pelirrojo casi brincaba de emoción sobre la silla.
-Cuanto cariño para referirse a una persona.- Ironizó la muchacha tomando un bocado con ayuda del tenedor.- ¿Quién es?
-Ian.- Contestó el mayor abriendo el sobre.- Veamos qué tal le va:
Queridos amigos míos que viven allá en donde al diablo se le congelaron los testículos: ¡Feliz día de la unidad popular cabrones!(1)
¿Cómo están las cosas por esos lares? Ando debatiéndome entre sí aprovechar la navidad para culminar los estudios que me faltan o si viajar con ustedes para deleitarme con la imagen de Bryan devorando un pavo y dejándonos cuero y hueso libres para la degustación junto a un aroma a Dioses que ocuparía el baño todo el día siguiente.
Spencer, espero que hayas desarrollado los cojones necesarios para invitar a salir a la rubia bonita de la que tanto me han mencionado. ¡Caramba hombre! Viene siendo hora de que te comportes como un macho, un macho alfa, rubio y de pecho peludo… (Te tengo noticias man, eso eres)
Bryan querido, ¿has podido dormir sin mi todo este tiempo? Que falta me hacen esos manotazos tuyos y tus melodiosos ronquidos. Espero que andes invirtiendo bien ese tiempo, recuerda… Yo tengo tu love nene y te lo daré en lo que regrese 3
En cuanto a ti Yuri, ¡gracias hermano por no haber dado muerte a nuestros congéneres! Con esas miradas tuyas mi capitán sería como fácil congelarse en el desierto. Por ahí me he enterado que te han quitado los cuernos. ¡Bendita sea esa mujer china! Se ha ganado un lugar junto a Satán solo por mejorarnos la vista un poco.
Prometo escribir pronto, miren que estas Australianas no me dan mucho tiempo libre como para emplearlo en mis pobres amigos Europeos que me extrañan con locura. Yo también los echo de menos (¿Es eso lo que se pone en una carta no?) Ah sí, querido Yuri, hazme un favor y no jodas tanto o me encargare de partirte la cara en mi regreso. Debemos hablar de esos arranques tuyos de superioridad y sufrimiento al prójimo.
PD: A la chica gato, lo lamento querida. Al empezar a vivir con ese trío de desdichados te has ganado una sentencia directa de cómo perder el cielo en tres sencillos pasos.Izviní!(2)
Feliz Cumpleaños Ivanov! Veinticuatro inviernos y sigues más frío que la nieve, ¡Sonríe desgraciado! Pronto congelaras el infierno y tendremos una parcela más grande donde vivir.
Ni les aprecia ni les estima pero le hacen falta a su medio metro:
Ian Papov
-Es un maricón.- Bufó Bryan mordiendo un bollo.
-Eso no es ninguna novedad.- El rubio miró a la de cabellos rosas que sonreía con amplitud.- Le has agradado más de lo que pensé.
-No entiendo porque le mencionaste cosas sin importancia en la última correspondencia.- Atinó a opinar el pelirrojo.
- Debería haber omitido tu interesante vida Tala pero resulta que el enano se preocupa por ti tanto como nosotros, por eso le conté de tus hazañas.- Sabía de sobra que el comentario iba dirigido a la entidad femenina.- Al paso que vamos, Mao acabará por ganarse a todos nuestros conocidos y tu terminarás bajo un puente comiendo comida enlatada e intentando no congelarte.
-Tengo un carisma nato para alejar a los que me rodean.
-Y sabemos que te jactas de ello. Mejor cállate un rato, me duele la cabeza.- Había terminado con el dulce y ahora se masajeaba las sienes.- Me gustaría que pudiese pasar navidades con nosotros.
-Ya son dos años.- El ambiente se tornó tenso y silencioso. Era tristeza lo que les invadía, el pesar de tener a un ser querido lejos de su alcance.
-Seguramente no resistirá estar mucho más tiempo alejado de sus hermanos mayores.- El de cabellos platinados se puso de pie.- ¿Acaso piensan que esta por allá jugando charadas?, pronto lo tendremos chillando por el apartamento nuevamente.
-Jamás creí que diría esto pero… tienes razón.- Tomó su plato de la mesa e inicio el camino a la cocina.
-Si Tala dice que tengo razón entonces no lo veremos.- Un silencio incomodo.- ¡Es señal del ragnarok! Para cuando Ian este acá no quedará nada de nosotros.
-Eres un verdadero hijo de perra ¿lo sabías?- Le agarro por el cuello y le removió los cabellos.
-Deja los celos que Ian es el que tiene mi love, no puedo dártelo aunque mañana sea tu cumpleaños.- Intentó quitárselo de encima.
-¡Entonces eres un Escorpión!- El comentario les tomó por sorpresa ganándose un par de miradas interrogantes.- Y todo este tiempo yo que me andaba preguntando que signo te regia a ti Ivanov, quien lo diría, eres la terquedad hecha persona.
-Ahora resulta que nuestra compañera es una loca que cree en el horóscopo.- Estiró los brazos hacia atrás antes de contestar.- Me importa muy poco eso los signos del zodiaco y todo lo demás. No creo en el destino, no creo en las estrellas y no me gusta celebrar que soy un año más viejo.
-Por algo dicen que los de tu signo no saben morderse la lengua.- Ella también podía ponerse intensa si lo quería.
-Ya basta niños.- El mayor salió de la cocina.- Es tarde y me da fastidio pensar en que se pondrán a discutir quien sabe hasta qué horas. Quiero ir a dormir y a Bryan le duele la cabeza.
-Supongo que debo comportarme como una niña grande.- Aclaró la chica acariciándose el cabello.- Yo también he tenido una semana complicada y todavía nos falta un día para ser parcialmente libres. Mejor vayamos a descansar.
-¿Te acompaño?- Se había tardado mucho en encender un cigarro después de la cena.
-Ándate a tu hueco y no molestes.- Culminó desapareciendo por el pasillo.
El sonrío sin dejar de mantener los ojos fijos en el sitio. Sabía que la felicidad era lo más cercano a un sentimiento desconocido para sí mismo y bajo la misma creencia se mantenía a la distancia cuando le preguntaban por ello. Las personas no acababan de entender que cuando se preguntaban si eran felices era porque simplemente no podían estarlo. Ese concepto era tan complejo y atormentador que no dejaba espacio para las demás interrogativas internas. Sin embargo ya hacía casi un mes desde que esa estúpida pregunta había aparecido en su cabeza por última vez.
-Parece que le miras diferente.- Sintió como el de cabellos plateados se colocó a su lado.
-La miopía hace estragos. No distingo algunas cosas cuando las tenga muy lejos.- Intentó dar por desentendido el comentario.
-Sabes que no me refiero a eso.- Hacía bastante tiempo que no le escuchaba tan serio.- A veces creo que ella también te ve de manera distinta. No quiero que la dañes, es muy valiosa y he aprendido a tenerle cariño.
-Me parece que le tienes mucho más que eso Bryan.- Una bocanada de humo al aire.- Y si es de esa forma, viene siendo hora de que se lo digas antes de que se te adelanten.
-¿Hablas por ti?- Interrogó sorprendido.
-No pierdo el tiempo asaltando cunas y jaulas de zoológico imbécil, pero estás loco si piensas que nadie más se ha fijado en ella.-
-Supongo que muchos no son ciegos ante los encantos de una chica con un rostro tan hermoso y con tanto talento.- Suspiró.
-Das asco cuando hablas así.- Rio por lo bajo.- Apuesto a que en estos momentos no eres capaz de disparar un revolver sin volarte un dedo. Te has vuelto bastante torpe.
-Llevo mucho tiempo queriendo ser normal Yuri.- Hacía años que no lo llamaba por su nombre.
-Una decepción para NeoBorg.- Apagó el cigarrillo.- Aunque admito que me caes mucho mejor siendo torpe e intentando que una chica se fije en ti. Es reconfortante recordar que todos tenemos debilidades, incluso el gran Bryan Kuznetsov.
-No veo como ahora es que te incumben mis asuntos querido iceberg.- Colocó una mano sobre sus hombros.- Realmente me importa esa chica.
-Puedes empezar apareciendo en su habitación con uno de tus bailes sensuales.- Bromeó con sarcasmo.- Apuesto a que no le has dicho que trabajaste de stripper un tiempo.
-Fue durante una semana maldito idiota.- Rezongó mostrándole los dientes.
-Te aseguro que esa clase de datos te suman puntos con el algodón rosa.- Cerró los ojos.- Solo no te quieras comportar como si lo supieras todo, sino simplemente las cosas no funcionarán.- Aclaró iniciando su camino.
-Siempre fuiste bueno con las chicas, ¿Qué tiene ella que la hace diferente?
-Me saca de quicio.- Contestó abriendo la puerta de su cuarto.- No muchos pueden hacer eso.
El comentario le tomó por sorpresa dejándolo en medio de la sala un tanto petrificado. Su vida había dado un giro de 180 grados desde la llegada de su más reciente compañera. Claro que llevaba años intentando reparar errores y enmendando su camino, sería un idiota si se hubiese quedado solo con la peor parte de ser un esclavo mental suprimido ante los pensamientos y sentimientos negativos existentes en su corazón. Ahora charlaba con sus iguales, sabía hacer negocios y era en parte propietario de un pequeño puesto de mercado, bastante para lo poco que había tenido en la vida gracias a los errores de sus padres. Se sentía orgulloso de sí mismo, preparado para afrontar lo que viniese con entendimiento y energía. Poco a poco sentía suyo el momento de tomar a la Wong entre sus brazos y decirle que no estaba dispuesto a dejarle ir.
-Tala siendo tu consejero en cosas del amor, ¿hacía donde va el mundo?- Spencer no se había marchado del lugar, permanecía de pie en una esquina observando todo como una presencia divina.
-Ya me ves. Ese tonto tiene muchísimo más talento que yo para relacionarse con el resto y prefiere vivirse la vida dentro de una concha.-
-En algún momento acabará por entender su potencial.- También se dispuso a desaparecer del sitio.- En cuanto a la pequeña, lo mejor será que pienses muy bien lo que harás. Nunca se sabe que puede estar ocultando y quienes están en su vida ahora.
-Y eso lo dice el que tardó casi un año en hablarle a la chica que le mueve el piso.- Lo acompañó también con dirección a su alcoba.
-Te lo dice el hermano mayor que percibe lo mismo que tú entre esos dos.- Atinó con seriedad.- Él hace que le brillen los ojos.
-De fastidio y rabia.-
-Eso es lo que dice un idiota que no es capaz de ver más allá.- Culminó echándose en su cama dejando un montón de pensamientos revueltos en la cabeza de su compañero.
Aquello era en verdad una locura, quizás como firmar tu sentencia de muerte con una pluma de tu color favorito y además anexarle un dibujito junto a la línea punteada. Ese viernes había corrido de regreso de la universidad directo al supermercado para comprar los mejores ingredientes, globos y otras golosinas con que adornar la mesa porque su querido enemigo estaba de cumpleaños y ella horneaba el pastel más elaborado de su vida. Hasta había batido previamente la clara de los huevos para hacerla más esponjosa, como le gustaba a él. Así con los cabellos anudados en un moño mal sujeto más arriba de la nuca y harina en cada esquina de su cara, colocaba poco a poco un círculo hecho de fresas y crema por toda la tapa, ya el biscocho contaba con una cobertura de ganage de chocolate y avellanas a la mitad. Un mechón cayó directo a la frente cuando colocó el último copo sobre su creación. Ahora solo le quedaban preguntas sin una respuesta que atajar con rapidez… ¿Será Yuri o Tala? Que se suponía que iba escrito en medio dentro de la figura central.
-No puedo creer que esté haciendo esto por ti…- Suspiró dejándose caer sobre un asiento.- Quiero que me mires y sonrías como cuando algo te gusta y eres incapaz de aceptarlo.
No tenía un espejo en frente que le delatara y tampoco la mirada cómplice de algún acompañante a quien tuviese que renegarle los pensamientos. Estaba segura de que sus mejillas reflejaban calidez y sus labios se teñían de rosa, de que no podía dejar de pensar en la idea de que el ruso comería todo su pastel llenando sus pómulos de dulce y rechazando las bromas a su alrededor. A él también le quería. Le quería mucho más de lo que pudiese haber imaginado semanas atrás cuando solo ideaba la manera de asesinarlo mientras dormía.
-¿Fijaras tus ojos en mi Yuri Ivanov?- Preguntó al viento viendo contestada su pregunta. Era ese el nombre que correspondía al presente.
Culminó su labor en la cocina y llenó la sala de pequeños adornos recortados en papel, entre ellos una cadena de lobitos que colgaban desde la lámpara central hacia las esquinas de la habitación. Apartó los muebles colocando la mesa en medio y sobre ella lo que recién salía del horno, algunas galletas y bizcochos que solo eran opacados por el hermoso pastel en medio, completamente funcional como centro de mesa. Seguidamente, corrió a su cuarto para encontrar su cara reflejada en el espejo. Solo resaltaban sus enormes ojos como centro de la destrucción, se veía terrible y no era de esa manera en la que su calamidad debía de encontrarle, ella luciría hermosa, perfumada y bonita para él… si, quería verse linda solo porque le estaba mirando.
-Vaya manera de cagarme la vida ¿no? Venirme a encariñar con un lobo.- Porque era cariño, solo eso.
Y de no ser de esa forma ¿Qué planeaba hacer? ¿Iba a entrenar y pretender domesticarlo para que no mordiera?, sabía que muy lejos de sus posibilidades estaba el conseguir la aprobación de sus acciones ante el muchacho aunque llevaba bastante tiempo desde que los descalificativos punzantes y frases desmotivadoras para con ella habían disminuido. Sus discusiones más bien tomaban un rumbo sin sentido, poco violento e infantil, como si fuesen unos críos carentes de juguetes y necesitados de diversión. En ocasiones ella le observaba trabajar desde las escaleras cuando la niña quedaba rendida ante una película vespertina. Era como su jefe le había comentado, ponía todas sus ganas para realizar un buen trabajo, para idear cosas nuevas y además de eso, le sonreía cuando sentía que la chica empezaba a meter demasiado la nariz dentro de su nuevo proyecto, para soltar algún comentario burlón y propio de él acompañado de su infaltable coqueteo.
Ya estaba vestida. Nuevos abrigos se asomaban al ropero, los chicos le indicaban diariamente las temperaturas y que en ocasiones bajaban un par de grados bajo cero por lo que parte de sus ahorros ahora formaban mangas y capuchas cómodas. Peinó algunos mechones y agrego algo de maquillaje, estaba pálida y ojerosa por el cansancio acumulado. Algunas gotas de su perfume ocasional y unos aretes pequeños de plata que Dimitri le había obsequiado días antes, porque ese era otro que no dejaba de mirarle y musitar palabras de textos literarios a sus oídos y que le ponía sobre las manos pequeños botones de rosas cuando la chica no se daba cuenta. La verdad es que el sujeto le agradaba ¿A quién no? educado, cordial, inteligente, pensador, apuesto y sabiendo lo que quería en la vida. Demasiado perfecto para quererlo en su historia siendo el protagonista que caminase de su mano.
-¡Los hombres están locos! - La expresión escapó de su boca con un volumen considerable.- Y yo no tengo escroto pero me encanta hablar sola.- Suspiró resignada a los efectos secundarios ocasionados por la testosterona.
-Ya estamos en casa pequeña.- Una mirada atónita de ambos mayores frente al espectáculo.
-Era hora de que aparecieran.- Les echo encima un brazo a cada uno alrededor del cuello quedando prácticamente colgada de ambos.- ¿Qué les parece mi idea?
-Descabellada.- Aclaró el siguiente en edad mientras tomaba una golosina.- Debo decir que tienes mucha más audacia que nosotros dos juntos.
-Es que ¿como saber si esto es una locura, un acierto o un gol dentro de tu propia portería?- Habló el más alto intentando no sonar desilusionado.
-¿Tan mal creen que esta?- Preguntó decepcionada.
-Podría ser peor.- Contestaron al unísono dejando el fatalismo de lado.
-Cuando necesite un consejero suicida recorreré a ambos.- Le sabía amargo aquello pero no tenía otra forma de contestar.
-No nos malinterpretes Mao.- Anunció Bryan abrazándola con una extremidad.- Si hicieses esto para mí, andaría por la vida saltando en un pie con medio pastel en el estómago.- Pero ella pareció ignorar la declaración.
-Pero tú no eres Tala y no queremos pequeña que te sobresaltes si reacciona como de costumbre con alguna de sus groserías.
-Estoy preparada psicológicamente para lo que venga.- Se acarició la melena.- Eso incluye cualquier clase de agresiones verbales y palabras filosas.
-No entiendo porque el esfuerzo sabiendo que él no lo aprecia.- Soltó de repente como si lo tuviese atorado en la garganta.
-Supongo que es otro de mis intentos por agradarle.- Le entristecía pensar en eso.
-¡Acaba por entender que a ese idiota nunca admitirá que te quiere!- Casi lo había gritado.- Si no dice lo que siente tampoco gastará su tiempo en mentiras.
-Es suficiente.- Era mejor intervenir antes de dañar más aquello.
-¡Debe ser consciente de la verdad de una vez!, a él no le interesas y no va a llegar a quererte cerca solo porque adornes un estar con niñerías hechas a mano.- Necesitaba decir aquello, mentirse a sí mismo delante de los demás.
-Está bien Bryan, me cansé de malgastar mis energías.- Arrancó uno de los adornos que colgaban sobre su cabeza y rápidamente se colocó el abrigo para salir del lugar a paso rápido.
-¿A dónde vas pequeña?- Spencer intentó detenerle antes que enredara la bufanda sobre su cuello.
-Lejos. Me niego a ver su cara de desagrado ante todo este espectáculo.- Abrió la puerta y corrió por el pasillo escaleras abajo sin escuchar ninguna voz que acompañase sus pasos.
-Te equivocas Bryan, aquí el único que está actuando como un cretino eres tú.- Le escupió el mayor en la cara metiéndose en su cuarto.
-Con que ahora sales de casa a altas horas de la noche- Vociferó un pelirrojo entrando al edificio.
-Son las siete, idiota. Aún estamos en horario todo público.- Le pasó por al lado sin siquiera mirarlo.
-Nadie me asegura que estarás de vuelta antes de que las calles se colmen de mujeres de la mala vida. Cuidado y te confunden.- Se adentró extrañado de no obtener respuesta de la muchacha.- ¿Dónde quedó lo del escorpión y el feliz cumpleaños?
-Tonterías que inventa la industria para hacernos gastar más.- Le regaló una mirada sumida en la tristeza.
-¿Y eso te convierte en una maleducada que ni siquiera es capaz de desearle cosas positivas a quien envejece frente a tus ojos?
-¡Púdrete Ivanov!- Inició una carrera dejándole perplejo ante la respuesta. Que aburrido, esperaba una prolongada discusión.
Subió cada peldaño preguntándose mil veces mentalmente el porqué diablos el ascensor no hacía escala en el primer piso, sus piernas pesaban como dos trozos de plomo. Giró el picaporte y entonces se sintió dentro de un circo en donde lo que faltaba era el payaso tejiendo globos para los escandalosos pequeños que estiraban las manitas hacia el cielo intentando alcanzarle. Cerró la puerta tras de sí y caminó en dirección a la mesa abriendo los zafiros a más no poder cuando leyó su nombre dentro de aquel círculo construido con las mejores frutas del mundo.
-¿Te has dado la vuelta Mao?- Era la voz del rubio apareciendo junto a él.- Solo eres tú Tala.- Suspiró.
-Lamento que no te alegres de verme Spin. Yo estoy bien gracias, tuve un día fabuloso y mi jefe me compró una pequeña tarta de manzanas para celebrar mi nacimiento.- Acotó sin despegar la mirada del decorado.- No me imagino quien pudo contarle de mis 24 inviernos.
-Bryan se ocupó de anunciarle a tus conocidos más cercanos.- Le palmeó la espalda.- Feliz cumpleaños viejo. Estamos un paso más cerca de la tumba.
-Eso es cada día.- Sonrió.- El responsable del carnaval debe de haber terminado con la cabeza dentro de un león sino se atreve a darme la cara después de semejante espectáculo.
-Me parece que nuestro querido compañero se ha levantado hoy con el pie izquierdo y ha arruinado tu sorpresa de cumpleaños con una buena metida de pata. Le ha espantado con una de las suyas- Anunció tomando una galleta.- Están deliciosas.
-No es para menos. Esto luce totalmente ridículo.- Tomó un globo para explotarlo entre sus manos en un movimiento ágil.
-Ella lo hizo para ti.
-Lo supuse desde que entre acá. Todo huele a ese perfume que usa cuando siente que debe verse mejor que todos los días.- Ella era como un libro, la diversión de conocerla recaía en la interpretación y entendimiento de sus acciones.- ¿Qué le han dicho?
-Lo más parecido a que estrellarías el pastel contra la pared sin siquiera probarlo.-
-Muy poco original. Al menos anexar una imagen mía hundiéndole la cabeza en el pastel.- Sonrió tomando una fresa y metiéndosela a la boca.
-Sonaba demasiado bueno como para ser usado en tu contra. De ser así, ambos acabarían iniciando una guerra de comida y llenándose mutuamente de crema hasta la saciedad.
-¿Y eso es malo?- Se chupó los dedos, sabía riquísimo.
-Muy romántico y poco conveniente para quien no sabe atraer a una mujer.- Intentó tomar una de las frutas recibiendo un golpe de una de las manos color mármol.
-Las fresas y el pastel son míos, cómete lo demás.
-Yo también lo quiero probar.- Lo sabía desde un principio, el muchacho estaba feliz.
-Tendrás que esperar a que encuentre al chef para que te haga uno igual. Este me lo comeré yo.- Se encaminó hasta la puerta de la recamará del mayor.
-¿Qué harás?- Vio como llamaba a la alcoba con el puño cerrado muy cortésmente.
-No es obvio. Me traería mala suerte soplar las velas sin el pastelero. ¡Bryan!- Llamó alzando la voz.
-¿Qué quieres Ivanov?- Escuchó detrás de la puerta que no mostraba intenciones de abrirse para él.
-¡Eres un hijo de puta!- Le gritó sin parecer molesto.- Deja de masturbarte y estate listo. En lo que llegue nos tomaremos algunos tragos de vodka. ¡Gracias por arruinarme la sorpresa, melodramático!
-¡De nada cabrón anciano!- Fue su contestación sin aparecer frente a él.
-¿Acaso sabes en donde esta?- El rubio le siguió hasta su cuarto para ver como se cambiaba de ropa frente a él por algo más cómodo y acorde con la temperatura.
-No se me ocurre nada.- Sería como buscar una aguja en un pajar pero ya pensaría en algo.
-Quizás esté con el amigo ese suyo de la escuela de cocina.- Recordó desatando en su acompañante un gesto de inconformidad.
-¿Con Karamakov eh?, gracias por el dato. Creo que ahora si tengo una mejor idea de dónde puedo hallarla.- Tomó el IPOD con sus audífonos respectivos e inició su salida.
-Solo contéstame una cosa Ivanov.- Le miró antes de abrir la puerta.- ¿Tienes la menor idea de la verdadera razón de que salgas detrás de esa niña?
-Te soy sincero o prefieres que ingenie otra de mis formulas de escape.-
-Quiero la verdad.- El muchacho se acercó a su mayor mirándole con gracia, por un momento sus ojos parecieron brillar como los del pequeño que había conocido en la abadía.
-No se lo digas a nadie. No tengo una puta idea de lo que estoy haciendo, solo quiero hacerlo.- Le palmeó una mejilla y desapareció del lugar.
-Vivo con un par de pendejos que creen que soy el imbécil- Musitó para sí mismo.- Al menos yo soy capaz de admitir lo que siento.- Tomó otra galleta.- No, corrijo. Al menos yo soy capaz de darme cuenta de quién diablos me mueve el tapete.
No tenía prisa de hallar a la chica para regresar con el horizonte fijo en el apartamento. Un gigante y un idiota lo esperaban para picar un pastel con la excusa de que se le sumaba un número más a una edad que le recordaba que ya podía entrar a prisión. Aquello no tenía nada de divertido, ni eso ni mucho menos las actitudes de Bryan como intentando robar o ganar un caramelo. La chica era el premio y él era el enemigo, ese que intentaba frenar al héroe poco antes de tener a su princesa entre los brazos y marcarla como suya con "el primer beso del verdadero amor", esa línea solo podía provenir de la chiquilla. Tenía que admitirlo, un cariño indescriptible había nacido para con los saltitos a su alrededor y la maraña de bucles enredados que su niñera cepillaba cada tarde con cuidado.
Levantaba sus ojos dorados para mirarle de entre sonrisas cuando le tocaba realizar una de sus actuaciones maravillosas para las espectadoras que le admiraban, muy hermosas y con edades comprendidas entre cuatro y ocho años. Como no tenía malas mañas él se limitaba a dedicarles sonrisas e intercambiar miradas con la que decían era su mentora. Adoraba ver como su cabello caía a un lado de su cabeza en forma de trenza improvisada, sus manos recorriendo las viejas teclas de un piano de juguete mientras intentaba hacer sonar alguna melodía y la manera cariñosa en la que acomodaba el gorro, la bufanda y los guantes de Tatiana antes de devolverla a sus padres.
El tiempo contribuyó para que le dejase de incomodar respirar su mismo aire, caminar la distancia del trabajo a su hogar acostumbrado a su compañía, compartir el shampoo e incluso pedir tartas rojas para los fines de semana. Estaba malditamente fascinado aunque no pudiese explicar lo que sentía en aquellos momentos.
Today is gonna be the day
That they´re gonna throw it back to you
By now you should have somehow
Realised what you gotta do
Incluso la música gustaba de jugarle bromas pesadas en ocasiones.
I don´t believe that anybody feels the way that i do
About you now
El camino se tornó difuso. Sintió como si pudiese tocar una guitarra y estar montado en un escenario cantando aquella canción mientras procesaba bien sus significados.
Back beat, the words is on the street
That the fire in your heart is out
I´m sure you´ve heard it all before,
But you never really had a doubt
Y quizás tuviesen razón aquellas palabras
I don´t believe that anybody feels the way that i do
About you now
Su acostumbrado compañero de camino brillaba a un costado de su boca.
And all the roads we have are winding
And all the lights thar lead us there are blinding
There are many things that i would like to say to you
But i don´t know how
Todo era tan claro y confuso al mismo tiempo. Eran eso, palabras que acompañadas de música se convertían en poesía tal y como el gran Poe lo había dicho.
Because maybe
You´re gonna be the one that saves me
And after all
You´re my wonderwall
-¿Serás tú esa de la que me cantan al oído niña tonta?- Se preguntó aligerando el paso y cambiando rápidamente la canción de su reproductor. No estaba como para que lo pusieran a hacerse cuestionamientos complicados y existencialistas con el cansancio que cargaba encima.
-Estás loco Dimitri.- Le dio un golpecito en el brazo más próximo.
-Locura es que hayas aguantado tanto sin desquiciarte por completo Mariah Wong.- Recalcó atrayéndola a sus brazos.
-No son tan malos como parecen. Lo que pasa es que soy una actriz frustrada y me gusta agregar esos toques exagerados en mis historias.- Correspondió al abrazo encajando la cabeza en su cuello.
-Malos o no, sino valoran tu trabajo no merecen tu compañía.- Le besó la frente.
-No es que ellos no la valoren Di, es que tú la sobrevaloras.- Se separó de él clavándole los ojos.- Te has convertido en uno de mis mejores amigos pero a veces pienso que esperas más de mí de lo que puedo darte.
-¿Acaso tienes idea de lo que esta rondando por mi cabeza en estos momentos?- Colocó el pulgar sobre una de sus mejillas.
-Querías ir a golpearlos hace unos veinte minutos.- Quizás era parte de la naturaleza de los moscovitas ser impulsivos.
-Ahora tengo una mejor idea.- Se acercó a ella mirándole con ternura. Las esmeraldas pidieron un permiso silencioso e incoloro, parecían estar taladrando ideas dentro de la poca razón que le dominaba.- ¿Puedo?- Ella no contestó y simplemente cerró los ojos.
Se había convertido en un compañero de aventuras y vivencias desde bastantes semanas atrás. Esos cabellos castaños le generaban envidia en reiteradas ocasiones. Era mucho más sedoso que el suyo propio y se movía con su andar la mayor parte del tiempo puesto que al chico no le gustaba sujetarlo casi nunca. También adoraba su manera de mirar, un tanto indescifrable. Bonitos dientes y pocos vicios… nada más. ¿De qué podría hablar cuando le preguntasen porque estaba besando a ese chico bajo el faro de esa calle? ¿Tenía ganas?, realmente no. Le desagradaba hacer las cosas por compromiso pero en ese momento estaba traicionándose a si misma.
-Esto no va a funcionar.- Anunció separándose rápidamente y pasando una mano por sus labios involuntariamente.
-¿Te ha resultado tan desagradable?
-No me malinterpretes. Besas muy bien Di.- Le regaló un gesto que rayaba en lo compasivo.- Pero considero que no es ni el lugar ni el momento.
-¿Quieres acompañarme a casa?- Sin que se le frenase la lengua.- Podríamos compartir y ver películas un rato, comer algo. Ya más tarde decidirás si regresar a casa o volver mañana temprano.
-¿Qué clase de propuestas indecentes son esas?- Bromeó intentando ignorar su nerviosismo.
-Las que le hace un chico a una chica que le gusta mucho.- Sus labios se acomodaron en una sonrisa coqueta tomando su mano entre las suyas.- ¿Qué dices?
Ella apretó fuertemente los labios y se soltó del agarre caminando solo unos pasos delante de él. Aquella proposición era un arma de doble filo, eso lo sabía de antemano. Ahora el problema recaía en aceptar aquello o no sabiendo que podría acabar dentro de una situación complicada, aunque también tenía a su favor que siendo adulta podría solucionarlo todo de manera convencional y sin ocasionar daños a terceros.
-Supongo que no tengo nada mejor que hacer.- Jugó un poco con sus manos.- Es mejor que emprendamos camino antes que la temperatura baje más.
-Me encanta la nieve. Es uno de los placeres de vivir en esta ciudad.- Se posicionó junto a ella.
-Habla por ti. Me paso la mitad del tiempo extrañando el verde de los árboles y el aire fresco y singular de las montañas donde vivía.-
-Viene siendo hora de que te acostumbres a tu nuevo hogar.- Le detuvo acercándola hacía él.- Junto o lejos de ellos, ahora estas en Moscú belleza y tienes derecho a escoger junto a quien desayunar.
-Llámame torpe pero no te estoy entendiendo.- Ahora si era incomodo todo aquello.
-Podrías vivir conmigo. El apartamento es mío, compartiríamos los gastos, tendrías tu propia habitación y un compañero con quien contar- Le besó la comisura de los labios.- Siempre que quieras me tendrás cerca.
-Esto es muy precipitado.- Se agitó un poco intentando evitar que el contacto llegase a más.- Es mejor ir por partes. Primero lleguemos a tu casa y después…-
-¿Y tienes planes para después? Que mujer tan descarada.- La voz provino del cruce más próximo, a unos 2 metros de distancia de ellos.
-¿Quién esta ahí?- Preguntó el muchacho antes de sentir como ella se le desprendía de los brazos para asomarse a averiguar.
-Adivina adivinador, ¿Qué es sensual y hace el papel del lobo feroz?- Rió sin moverse un centímetro.
-Eso es ridículo.- Musitó el otro siguiendo a la muchacha
-¿Qué diablos haces aquí?- Tenía que admitirlo, le sorprendía encontrarlo en esa situación.- ¿Estabas espiando?
-Es mi nuevo pasatiempo, escuchar parejitas indiscretas que les gusta hablar de posiciones sexuales a mitad de la noche en las calles vacías.- Le miró entre los ojos.- Es divertido ver que algunos pobres miserables acaban casi rogando la compañía de alguien, ¿o no Karamakov?
-¿Tu quien eres?- No le agradaba el tono con el que le estaba hablando.
-Ahora eres amnésico. ¡Esa es novedad!- Se enderezó, llevaba rato con solo la espalda baja apoyada sobre los ladrillos de una pared.- Porque lo otro ya lo sabía. Eres tan carente de habilidad que podría apostar que recurrirías a lo que fuese tan solo por conseguir que ignorase esa cara de desesperado para irse contigo.
-No te permito que le hables de esa manera.- La muchacha le apuntó con un dedo.- Es mi amigo y si me invitó a casa es porque sabe que comparto el techo tres insensibles que parecen reclusos que escaparon de Alcatraz.
-¿Sabes ese momento en donde me pregunto si actúas como idiota o eres demasiado ingenua para no ver lo que sucede en realidad?- Le bajó la mano, no le gustaba esa sensación del estar entre la pared y una loca.
-Si me permites Mao, este sujeto debería buscar que hacer en lugar de andarte siguiendo.
-Es un imbécil.- Le lanzó viendo como los zafiros le reprochaban.- Lamento que te hablase de esa forma. No sabe controlar sus respuestas.
-Ni me interesa aprender.-
-¡Cállate maleducado!- Imagen de incomodad, ella entre dos tarados impulsivos.- Estoy hablando con Dimitri.
-Este tipo de conductas pueden denunciarse a la policía.- El muchacho desafío a su igual parándose frente a él.- Bajo los cargos de acoso, agresión verbal y creo que física también. Por la forma en que me miras creo que estas pensando en cómo partirme la cara.
-El como lo tengo en el puño cerrado.- Sonrío.- Pero no voy a darte el gusto de dejarme pasando la noche en un celda mientras te la llevas contigo.
-Seré yo quien decida a donde ir Ivanov.- No tomarían acciones sin preguntarle antes.- ¿Y qué es eso de denunciarlo? ¿Se te zafó un tornillo?
-Lo creí conveniente.- Lo tomó por sorpresa.
-¿Conveniente?, he pensado miles de veces en picar a este idiota en pedacitos y tirarlo a un rio. ¿Con que moral puedo ir a mentir acerca de lo que hace oculto detrás de una pared? Podría estar pensando en tonterías y nosotros pasarle cerca por casualidad.
-Ese no es el caso.- Lo quería lejos de ella.
-Igual, es mucho dramatismo por algo insignificante.- Eran un par de exagerados, ambos.
-Pero se comporta como delincuente.
-No lo es. Solo habla demasiado.- Lo defendió casi olvidando su presencia.
-Jamás apostaría a tu favor niña mascota.- Se acercó y revolvió sus cabellos con una mano.- Aún así supongo que siendo una persona cortes, muy al contrario que ti, mereces un agradecimiento de mi parte.
-Deja de utilizar palabras complicadas y termina de comunicarte.
-Ven conmigo.- Culminó amenazando al muchacho con una mirada.- Dejaste a aquel par muy preocupados por ti. Es solo un día al año en el que tengo prioridad por sobre todo, al menos déjame gozar mi momento y no des problemas.
-¿Entonces lo único que te importa es tu cumpleaños? ¿En ningún momento te inquietó la tranquilidad y el bienestar de ella?- Su voz sonaba rabiosa.- ¡Eres un egoísta!
-Al menos lo admito.- Suspiró.- Aquellos dos se pegarán del techo y no me dejarán dormir si no te llevo de vuelta.
-Diles que estoy bien, que me encontraste.- Que decepción. Estaba esperando que la halase del brazo y se la llevase a la fuerza.
-¿Crees que sea suficiente para tranquilizar el corazón inquieto del salvaje de Bryan?- Parecía la narrativa de un libro.- El que se encierre en su cuarto bajo sospechas y grite tu nombre de vez en cuando no quiere decir que no te quiera.- Nunca faltaban sus indiscreciones.
-Regresaré en la mañana.- Tomó de la mano al de cabellos chocolate.- Tú procura no perderte en el camino.
-Esa es mi línea.- Acomodó su bufanda.- Más bien deberías ser tú la que considere el no perderse de camino al baño en una casa desconocida. Capaz y despiertas mañana en otro país extrañando uno de tus riñones.
-Joven Ivanov, me sobran las palabras para decirle lo poco grata que me ha sido esta conversación.
-Deja de fingir cordialidad gusano.- Encendió un cigarrillo.- Lárgate antes de que se me acabe la paciencia.
-Vámonos de aquí.- Haló a Mao ignorando el comentario y regresando a la calle en donde habían estado anteriormente no sin antes escuchar la voz de quien dejaban atrás.
-Por cierto ojos brillantes.- Asomó la cabeza solo para ver como la chica se volteaba a mirarle.- Más te vale repetir lo que cocinaste en los próximos días. Spin ha intentado quitarme una fresa pero le dije que le harías un pastel igual, y yo quiero galletas.
-¿Lo has probado?- Un tono esperanzado surgió de sus labios a la par del abandono de su mano de la de su acompañante.
-Por supuesto que si.- Algo de humo por sus fosas nasales.- Son fresas.- La miró por última vez y le dio la espalda.- En fin, me acabaré el vodka con aquellos dos esta noche. Espero que los ácaros solo se coman tu piel muerta mientras duermes.
-Eres una persona despreciable.- Empezaba a detestarlo.
-A ti espero que te atropelle un auto de camino a casa Karamakov. En el mejor de los casos, que te coja un travestí mientras orinas en un baño público.- El sentimiento era mutuo.
-Espera Tala.- No los escuchaba solo respiraba al ritmo que le indicaba su corazón acelerado.- Declinare tú oferta Di, lo lamento.
-¿De qué hablas?- Aceptar que la muchacha se fuera no estaba dentro de sus planes.
-Me están esperando en casa.- Le depositó un beso en una de las mejillas.- Te compensare por esto, lo prometo.
-Le pondré veneno para ratas a lo que cocine para ti.- Nunca había tenido intenciones de marcharse sin ella.
-A él no lo escuches, solo dice tonterías.- Una sonrisa ligeramente correspondida.- Descansa. Te llamare mañana para vernos un rato.
-No puedo oponerme si me lo pides de esa forma.- Se resignó ante la idea, simplemente esa no era su noche.
-Buenas noches Di.- Y se posó junto al sujeto que ya caminaba delante de si casi con una cuadra de distancia.
-Esta me la pagas Ivanov.- Apretó fuertemente la mandíbula y los puños.- A ella no te la daré sin pelear.
Y la noche se había tornado muchísimo más fría pero esta vez estaba en compañía de 3 rusos que disfrutaban de una amena charla y bajaban una botella de vodka tras otra en celebración por el vigésimo cuarto cumpleaños de su compañero. Sin embargo el pelirrojo no había roto su promesa de mantenerse limpio, su idea de beber hasta morir era dejar que los demás perdieran la cabeza dentro de una botella mientras el se limitaba a vasos de coca cola con limón y varios cigarros. Ella por su parte había llegado abrazando al de cabello plateado mientras aceptaba su penosa disculpa soltada en pequeños retazos de oraciones. Al parecer no era muy bueno en eso de asumir equivocaciones propias.
-No podíamos esperar menos de Bryan y sus niñerías.- Soltó al aire con una bocanada de humo.-Siempre se las quiere dar de importante sin prestarle la más mínima atención a los demás, inclusive cuando estos están de cumpleaños.
-Ha de ser que tú eres muy considerado.- El rubio se había percatado que el mundo se le estaba tornando divertido, una señal de que ya era demasiado alcohol para su organismo, por lo que ahora bebía una taza de té verde.
-¡ÉL ES UNA MATA DE AMOR!- Gritó el de cabellos claros entre risas. Se tambaleaba de un lado a otro, una clara señal de su estado de ebriedad.
-Sería algo así como…- Una risilla y algo de hipo.- Yuri: inusual planta carnívora que crece en tierras nevadas y pedazos de hielo. Su extraño fruto se cree puede ser amor d-e-l ¡BUENO!- Y estalló entre risas.- ¡EL CABELLO DE TALA PARECE UNA MATA!- Más y más risas.
-¡HIEDRA VENENORSA DE HOJA ROJA! Mírale la cara… ¡ESTA ESPERANDO QUE NOS LIMPIEMOS CON SUS HOJAS A VER SI PICA!- Respondió el compañero de borracheras mientras la abrazaba riendo también y caían al piso haciendo bastante ruido.
-Creo que estos dos ya se borraron (3)- El mayor los observo tirados en el suelo con mantas y almohadas que ellos mismos habían buscado.
-Suprimieron diría yo. Creo que es un término más contemporáneo.- Llevó otra rebanada del pastel con fresas a su boca.- ¡Cállense de una vez carajo! Van a despertar a todo el edificio.- Nada peor que tener a un par de borrachos que solo cuentan chistes malos. Tenían cerca de 20 minutos intentando burlarse de él.
-Pobrecito…- Mao se colocó de pie y fue a sentársele en las piernas mientras le acariciaba las mejillas.- ¿Te has pasado tan mal el cumpleaños que ya ni puedes reír con nosotros?- Tenía la cara coloreada de un intenso carmín.- ¡ERES UN MALDITO CRÉTINO DESCONSIDERADO!- Tomó el vaso de soda y se lo derramó en la cabeza antes de comenzar a gimotear.
-Creo que empiezas a arrepentirte de hacer esta reunión nocturna, ¿o no?- Su compañero lo miraba divertido.
-Me arrepiento de que sean estos los que se hayan bebido el vodka, es un valioso desperdicio.- Se quejaba torciendo los ojos. Pronto el dulce de la cola le dejaría la piel pegostosa.- Son un fracaso como duo cómico.- La tomó de los hombros zarandeándola un poco.- ¡Tú no vuelvas a beber de esa manera o te lanzaré por la ventana!-
-No creo que con gritarle se le baje el alcohol.- Señaló el otro consciente esperando ver como solucionaba el asunto.
-Con un tipo ebrio es más sencillo. Una buena patada en los cojones y no es más tu problema.-
-¿A poco no te ha tocado lidiar con una puta borracha?
-A las putas se les pasa la borrachera cuando te las coges en el baño del bar.- Se colocó de pie intentando que la de cabello rosa lo soltara.- Deja la escenita y vete a dormir.- Empezaba a derramar lagrimas como si aconteciese una tragedia.- ¡No puedo creerlo!
-¡ERES UN DESGRACIADO!- Se separó de él mirándole con lagrimas en los ojos.- Me puse bonita para ti y quien me besó fue otro chico que ni siquiera me gusta.- Esta vez se le adelantó irreverente asestándole una palmada en el rostro que no llegaba a bofetada, parecía no tener ni fuerzas para estar en pie.- ¡Cociné como una esclava y ni siquiera me abrazaste!- Y se echo a llorar al suelo.-Eres un bastardo engreído y ciego.
-Esta ha sido la declaración de amor más extraña que he visto en mi vida.- Se rascó la nuca mirándole con lastima.
-Que amor ni que nada…- Chasqueó la lengua un poco harto de esa situación.- Lo que esta es ebria hasta los tuétanos. No sabe ni lo que dice ya.
A esas alturas ya no sabía ni como actuar. En el suelo y medio dormido Bryan gesticulaba frases incomprensibles mientras agitaba los brazos, Spencer lo miraba divertido y la idiota se echaba a llorar sobre un mueble como si no hubiese futuro intentando no desparramarse por el suelo. Se pasó la mano para acomodarse uno que otro mechón travieso que le nublaba la visión… ¡Podía meterla bajo la regadera con agua helada!, no, eso podría terminar con una bronquitis debido al frío clima. Siempre existía la opción de hacerla vomitar pero sabía que después tendría que reanimarla con golosinas para reponer el azúcar y la verdad no tenia las ganas de andarle tocando la campanilla a nadie… ¿Un golpe en la cara? Acabaría por destrozarle la mandíbula, no era buena idea.
-Has perdido demasiado tiempo reflexionando.- Se giró para mirar los azules ojos de su acompañante.- Se ha quedado dormida.
Ahí estaba, arrodillada junto al sofá a pocos centímetros del suelo. Sus gestos ya no estaban endurecidos de rabia y dolor, ahora simplemente una expresión de serenidad le invadía el rostro, haciéndole sentir a él tranquilidad y confianza. Sin siquiera detenerse a reparar en sus acciones, ya le llevaba en brazos directo a su recamara. Hacía tiempo desde la última vez que se permitió entrar, ahora lucía mucho más acorde a la personalidad de la cabezota que llevaba en brazos, ordenada y perfumada tal y como ella era. La depositó sobre el colchón y acomodó su cabeza sobre la almohada antes de sacarle las botas que enfundaban sus pies.
-Yuri…- No solía llamarle de esa forma pero lo que no se imaginaba es que al él escucharlo de sus labios con esa voz queda y meramente visceral, sintió su corazón dar un salto.-… Te quiero idiota.
¿Querer? ¡Estaba ebria! Claro que si, ebria. Salió corriendo como alma que lleva el diablo cuando encontró en la sala al mayor visualizando lo que parecía un cuerpo inerte descansar sobre el piso.
-No te lo has pensado demasiado ¿Eh?- Rio por lo bajo.- En otro contexto ¿Te la hubieses llevado a tu cuarto?
-No seas ridículo.- Bufó.- No tengo interés ni en la zoofilia y mucho menos en su práctica. Él idiota que duerme ahí estaría mucho más agradecido de esa oportunidad sino hubiese bebido como un maldito degenerado.
-Se sintió bastante mal por lo que pasó hoy.-
-No es para menos. No necesito que alguien dañe mi imagen colocándome como un inconformista de mal carácter delante de una compañera de piso.- Aquello era un cruel sarcasmo.
-Creí que eso eras.- Esas pláticas se le hacían divertidas. Estaba comprobando de a poco lo mucho que la fémina les importaba a esos dos.
-Pero ¿Cómo puedes decir eso de mi cariño?- Le revolvió los cabellos con violencia casi montándose en su espalda.- Siempre conservo el humor ante todo; vacío, oscuro y bastante negro pero humor al fin.
-Que se le hace, dicen que cada dos minutos nace un puto en este mundo.- Se deshizo del agarre y comenzó a acomodar al inconsciente sobre el suelo.
-Algunos no deberíamos haber llegado a tierra pero aquí me tienes.
Sus compañeros siempre intentaban ignorar los comentarios amargos cada cumpleaños, la manera en que satirizaba su nacimiento y el dejo de rencor con el que se refería a su llegada al mundo. No era por envejecer que detestase la fecha, mucho menos estaba en contra del sistema y de las festividades imaginarias para ganar más dinero; lo que le dolía realmente era recordar que en esas fechas la única familia conocida eran ese par de mastodontes que le acompañaban día con día sin atreverse a felicitarlo por todo lo alto, como cualquier amigo hubiese hecho de ser su historia diferente. Luego esa chica viene y le da la vuelta a todo ignorando por completo sus amenazas, como si ese día lo más importante fuese realmente él. ¿Cómo iba a intentar engañarlo diciendo que aquello no le importaba?, eso funcionaba con los poco observadores, pero no con él.
-Iré a ducharme…- Lo pensó mejor.- Sabes que, colocare la tina y tomaré un largo baño de agua caliente. Lo necesito.
-¿Te darás tu propio regalo de cumpleaños?- Sonrió
-Imposible, necesitaría algo de sexo y alcohol para poder regalarme en esta fecha tan importante algo que termine de hacerme feliz, y con este clima hasta a mi me da fastidio salir a buscarlo.
-Haga lo que se le dé la gana, ya es usted un hombre mayor.- Vio que comenzaba a desaparecer en la sombra del pasillo.
-No te pedí aprobación idiota.
Dormitaba plácidamente bajo el cobertor pero no conseguía conciliar realmente el sueño. Se sentía inquieta como con un presentimiento en el medio del pecho que le indicaba que debía levantarse y salir de ahí. Decidió ignorarlo y entre vuelta y vuelta se acomodó bajo las sábanas. Le había dicho que le quería, lo recordaba claramente aunque sus escenitas en la sala de la casa se tornaban borrosas… tendría que recordar la próxima vez lo mal que le sentaba el licor en grandes cantidades. Tenía como 3 años sin beber y mucho menos vodka. En la aldea una mujer de corazón puro no podía manchar su honestidad con bebidas espirituosas, para ser buenas esposas lo primero era servir a su marido y luego mantenerse sin vicios ni hábitos que le fuesen desagradables a la comunidad y que pudiesen perjudicar el bienestar de la familia.
-Que basura es recordar toda esa paranoia antes de dormir.- Gruño algo mareada. De repente el colchón comenzó a hundirse cerca de sus pies sintiendo como alguien se le acercaba de a poco. Se horrorizó al pensar que un fantasma rondaba por el cuarto esas noches de luna llena y que estaba allí para espantarle o robarle el espiritu.- Estoy ebria, los fantasmas no existen. Estoy ebria, los fantasmas no existen. Estoy ebria, los fantasmas no existen. Estoy ebria, los fantasmas no existen.- Aquello era según el poco raciocinio que le quedaba, el mantra perfecto para alejar un alma en pena.
-Mao…- El nombre retumbo en sus oídos en una voz suspirada casi espectral.
- Estoy ebria, los fantasmas no existen. Estoy ebria, los fantasmas no existen. Estoy ebria, los fantasmas no existen….- Empezaba a temblar cuando sintió que alguien se deshizo de la protección que el cobertor y sus sábanas le proporcionaban. Iba a gritar pero una mano le cubrió los labios.
-Soy yo.- Le miró con dulzura esperando que se calmara para acariciarle las mejillas.
-Casi me matas del susto Bry.- Suspiró antes de caer en cuenta que se encontraba sobre ella.- ¿Qué haces aquí?- No estaba lo suficientemente borracha para considerar aquello algo normal.
-No podía tolerar la idea de despertar otro día sin ti a mi lado.- Los efectos del alcohol eran bizarros. Aquello no pintaba bien.
-Siempre estaré contigo Bry, a primera hora en la cocina cada mañana.- Una risa nerviosa se le escapó mientras intentaba empujarlo con la poca fuerza que tenia. Solo entonces cayó en cuenta que el torso del chico estaba desnudo y que sus muy bien formados pectorales estaban casi sobre sus pechos.
-Sabes que no es de ese tipo de contacto al que me refiero.- Se acercó incluso más de lo que esperaba llevando sus labios cerca de la oreja de la chica.- Quiero hacerte mía.- Susurró con voz ronca.
-Espera por favor… -Jadeaba un poco. Aquella situación le estaba restando aire y ella tampoco se sentía dentro de sus cabales para lidiar con ello.
-Ya esperé demasiado.- Esa voz tan falta de criterio y desbordante de deseo invadió sus oídos antes de que los labios de él comenzaran a jugar con el lóbulo de su oreja propinándole un placer que no creyó poder sentir.
-Detente… Bry... Por fa…- No podía terminar ninguna frase, ya sus labios habían descendido a hasta su cuello entre besos y caricias para luego subir por su barbilla aprisionando los suyos en un violento y desesperado beso.
Ella no lo pudo soportar y sin más le rodeo con los brazos el cuello y lo atrajo mucho más hacia si, aprisionando su cuerpo a lo largo del suyo y permitiendo que su lengua juguetease con la de él. Esperar más era perder el tiempo, las grandes y callosas manos del ruso descendieron hasta su cintura ejerciendo presión, levantando sus muslos para un contacto directo con su pelvis. Luego con la mano libre decidió inmiscuirse en su blusa bordeando uno de sus pezones con un dedo y sin miramientos apretando sus pechos mientras disfrutaba el contacto. Ella gimió entre sus labios antes de que él abandonara su boca y comenzara a perderse por su cuello, lentamente con la humedad de su lengua dibujando un camino. Aquello era delicioso, eso... eso… ¡Eso no estaba para nada bien! Y aprovechando la concentración del otro antes de que eso llegase a más se liberó de su agarre y le tumbó sobre la cama, levantándose de golpe con una mirada aterrada.
-¿Qué es lo que sucede Mao?- Eso no se le hacía a un hombre en su condición… saben a que me refiero.
-No puedo seguir con esto Bry.- Estaba dispuesta a salir corriendo.- Has bebido demasiado y yo también, y no es justo para ninguno de los dos que esto suceda de esta manera.- Estaba completamente enloquecida.
-Yo no tengo problema con eso.- A punto estaba de levantarse para obligarla a volver con él y terminar lo iniciado.
-Quizás tu no pero yo si.- Se acercó con fuerza hacia la puerta.- Quédate ahí y duérmete. Yo iré a la sala y descansaré un poco.- Vio como él intentaba acercarse.- ¡No me toques!- Grito casi como si le asustase la idea.- Ya acuéstate y duérmete.
Salió del recinto trancando la puerta y espero unos minutos que no hubiese un intento de salir tras ella intentando convencerle de regresar, por suerte no pasó. Se acomodó la blusa y el brasier descolocado antes de soltar el suspiró más genuino de su corta vida… ¿Estaba loca o que carajos? Aquel sujeto era su amigo y evidentemente existía un coqueteo entre ambos pero la verdad era que no sabía prácticamente nada de él y que el "error" que casi cometía era producto de la ingesta de alcohol y el tiempo que tenía sin estar con un hombre. ¡Madre mía! Que bueno estaba el ruso. Jamás puso atención a sus brazos y cintura, casi podía asegurar que la retaguardia estaría igual de acolchada que sus otras virtudes. Y eso dejaba como moraleja que no volvería a beber de esa manera en presencia de tantos hombres y de que no cabía la menor duda de que era una pervertida y una idiota.
-Así que ahora pretendes darme un regalo de cumpleaños pequeña gatita inmoral.- Casi sintió que aquello era un ronroneo en sus labios.
-¿Cómo es que terminé en esta situación?- Lamentó para si misma cuando cayó en cuenta que la pared en la que creyó apoyarse no era menos que la puerta del pelirrojo.
-Tu eres la que maquina actos impuros pequeña, tu dime.- Sonrió bajo la melena mojada sobre la que reposaba una toalla que frotaba con una mano.- Yo solo ejecuto la acción.- Le divertía hacerla enfadar.
-Creo que me he sobrepasado con el alcohol, ni siquiera puedo caminar en línea recta.- Intentó ignorar sus comentarios.
-No creo que eso importe mucho en posición horizontal.- Las mejillas de la china se tiñeron de rojo mientras elevaban su tamaño, muy dispuesta estaba a darle una buena tunda cuando se sintió caer.
-¡Maldita ley de gravedad! ¡Maldito Newton!- Él la había atajado antes que su cabeza fuese a dar contra el suelo.
-Maldices más estando ebria una noche que yo en una semana.- La alzó sobre sus hombros como si de un saco de papas se tratase.- Te llevaré a tu cuarto.
-¡NO!- Gritó desesperada asestándole golpes en la espalda.- Yo…- Estaba nerviosa.- Dormiré en la sala. He descubierto que este piso es bastante cómodo. Él enarcó una ceja en señal de que no creía una sola palabra.
-Bien… quédate acá.- Abrió la puerta de su propio cuarto y la tiró en la cama.- Iré por agua.- Y cerró la puerta. Ella obedeció, estaba muy agotada para intentar discutir.
Camino a la cocina lógicamente se dio su paso por la sala en donde no encontró nada más que sábanas y almohadas en el suelo sin ningún cuerpo que las ocupara. Gruñó para sus adentros y a su regreso decidió asomarse al cuarto de sus compañeros a ver si vislumbraba el componente faltante pero en su cama solo había ropa y una que otra revista. Apretó la botella con el líquido entre sus manos y caminó rápidamente hacia el cuarto de la chica, giró la perilla y para su disgusto acabó por encontrarse con un hombre casi desnudo sobre la cama de una mujer poco menor que él… Algo dentro de si estalló y quiso despertar al que consideraba un hermano mayor para molerle la cara a golpes pero su sentido común le detuvo y por tanto solo salió del lugar intentando no hacer ruido.
-Te has tardado mucho.- Bostezó la chica girando sobre su propio cuerpo para mirarle. Los largos cabellos sueltos reposaban sobre su almohada y tenía las mejillas enrojecidas producto de la borrachera o de lo que sea que hubiese pasado en ese cuarto.
-¿Estas bien?- No quería preguntarlo pero últimamente su boca pronunciaba más sentimientos que ideas.
-Siento que tu cuarto esta girando y necesito ir al baño o te mojaré las sábanas.- Lo hermoso de la ebriedad era la sinceridad con que brotaban las palabras.
-Te ayudaré a llegar. Párate.- Le tomó de la cintura mientras ella apoyaba su brazo alrededor de su cuello y así paso a paso llegó a su destino trancando la puerta de golpe.- ¡No te vayas a caer ahí dentro! ¡No tengo intención alguna de verte orinar!- Aquello le carcomía… ¿Qué demonios había pasado en ese cuarto?
Te quiero idiota
Las palabras cortaron de raíz cualquier absurda idea que hasta entonces estuviese maquinando. La había encontrado en el pasillo asustada y confundida, pudo haberse quedado con el otro pero decidió cambiar la comodidad de su propio cuarto por el de una fría sala. No tenía porque desconfiar de alguien así. Ella salió con lentitud del baño, parecía haber aprovechado de lavarse la cara y los dientes también. De la misma manera entraron juntos a la cueva del lobo y sin pensarlo demasiado, ella se echo sobre la cama abriendo los brazos y cerrando los ojos.
-A menos que quieras que duerma sobre ti, más te vale darme un lado.- Sacó otro cobertor de su closet y comenzó a acomodarlo.
-Te dije que me dejaras en la sala, así estarás más cómodo.- Su voz era sumamente pausada y baja.
-Si duermes sobre ese suelo en un clima como este te dará neumonía.- Comenzó a arroparla una vez que ella se acomodó a un lado del colchón.- No quiero que me acusen de infligir una muerte lenta de manera involuntaria.
-Exageras.- Musitó casi en posición fetal con parte del cabello en la cara.
-Te sorprendería lo que es capaz de hacer un poco de frío a través del suelo.- Sonrió antes de sentarse al borde de la cama.
-¿Harías algo por mí?- Sus grandes ojos ambarinos le miraron de soslayo.- Abre la ultima gaveta de tu mesa de noche.- La verdad no entendía la petición pero sabía que objetar sería discutir y que ella no tenía ánimos ni fuerzas. Una pequeña caja de un azul metálico resaltaba entre piezas de relojería, plumas y artefactos olvidados. – Ábrelo.
No dudó un segundo en hacerlo después de ver un pequeño recuadro de cartulina escrito en letra cursiva:
Feliz cumpleaños sangre chinche (4): Te odio :D
Sonrió para si cuando del cubo extrajo una bola de cristal cuyo interior se semejaba al paisaje de un lobo vislumbrando la luna llena entre pinos y nieve. Se apresuró a agitarla dejando escapar la tonada del claro de luna de Beethoven, que él mismo compuso a una mujer ciega para que supiera como era aquel satélite natural. Era un detalle tan preciso, tan pensado y tan semejante a si mismo que dudaba si en algún momento había llegado a sugerirle que le gustaban las cajas de música, ya lo del lobo resultaba bastante obvio. La sostuvo entre sus dedos un poco más y aún sin girarse la colocó sobre la superficie lisa del mueble junto a la cama. Se adentro en las sabanas y se giró para mirarla, para encontrarse con unos enormes ojos que esperaban una respuesta casi en desesperación.
-¿Le regalas un lobo a un lobo?- Musitó con una risilla.- No eres muy original pequeño mamífero.
-Ya sabía yo que era una perdida de tiempo intentar regalarte alguna cosa.- Bufó dispuesta a darse la vuelta y dejarle hablando solo. Pero él no lo permitió. Con su brazo le atrajo hasta si y la envolvió con el calor de su cuerpo permitiéndose esconder su cabeza en los cabellos que guardaban un aroma floral.
-Me gustan las cajas de música.- Ella estaba estupefacta, incapaz de pronunciar palabra alguna.- Son como los seres humanos, compuestas de mecanismos y pequeñas piezas que unidas forman un todo. Lastima que ellas puedan repararse y nosotros no.- Sintió la tristeza en sus palabras.
-Yo voy a repararte.- Él se sorprendió separándose un poco para mirarle y encontrarse con unos ojos llenos de lagrimas que no podían contenerse.- Así como tú me has ayudado a encontrar mis piezas, yo encontrare tus partes y echaré a andar tus mecanismos. No me niegues esa oportunidad.- Se aferró fuertemente a su pecho.- Por favor…
-Con sinceridad, ¿Crees que recuerdes esta conversación por la mañana?- La escuchó aspirar su nariz, seguro intentaba no llenarle la franela de mocos.- Contesta.
-Quizás no… - Murmuró separándose de él y del abrazó que por pocos segundos les había unido.- Espero que tu también olvides las estupideces que te he dicho-.
-Así que no te crees capaz de cumplir tu palabra…-.
-¡Sabes que no es así!- Se sentó de golpe señalándolo con el dedo sin miramientos.- ¡Eres un pobre desalmado que se burla de todos los inútiles que nos preocupamos por ti!
-Pero eso ya lo habías dicho.- Sonrío viendo la energía que aún conservaba después de todo el alcohol de esa noche.
-¡Y te lo repetiré cada día mientras viva bajo este techo, maldito bastardo! Eres un…- Ahí venía su mejor frase, la que con tanto esmero había ensayado para cuando el desgraciado menospreciara el objeto que con tanta estima había adquirido para él. Más no fue así, tomada de golpe, una mano presionó su nuca atrayéndola contra unos suaves labios, cálidos y de aliento pausado. Cayó atónita y casi de golpe sobre el colchón sin oponer resistencia alguna, solo cerrando los ojos y dejando fluir el contacto más agridulce hasta ahora en su vida.
-Sino recuerdas nada en la mañana esto no será un problema.- Le susurró mirándola con los ojos entrecerrados y la respiración entrecortada.
-Prometo olvidarlo.- Y así sin más se permitió recorrer los cabellos color fuego con la punta de sus dedos mientras él le besaba la palma de la mano y la cicatriz en su muñeca. Lentamente sus rostros quedaron frente a frente y él le acarició la frente con los labios, luego la punta de la nariz para culminar en su boca; lento, pausado y sutil mientras ella jugaba a rizarle las puntas del pelo. Poco después se recostaron uno frente al otro. Ella, casi dormida le apretaba con fuerza la mano con temor a que desapareciera de repente.
-¿Puedes abrazarme?- No contestó, simplemente la acercó y la envolvió con el brazo mientras sus dedos dibujaban figuras sobre su espalda.- ¿Puedes volver a besarme?
-No siempre debes pedir permiso para que alguien ejecute una acción. Algunos placeres vienen dados del impulso de arrebatar algo.- Contestó ignorando su petición.
-Nunca he sido una buena infractora.- Se lamento respirando el aroma de su perfume.
-No eres buena para muchas cosas…-Rio por lo bajo tomándole la barbilla con los dedos.- Pero tus besos no saben a tiramisú, son fresas y crema.- Volvió a besarla esta vez sin romper el abrazo y sintiendo como poco a poco se iba quedando dormida.
-Te odio muchísimo…- Aquello fue casi un suspiro.- Y eso no lo olvidaré por la mañana.
(1) Día de la unidad popular: Es una fiesta que se celebra el 4 de Noviembre en Rusia con motivo de conmemorar el levantamiento popular que expulsó a las fuerzas de ocupación de la "Mancomunidad de Polonia- Lituania" en el año de 1612. Alude a la idea de la unidad de la sociedad rusa que pudo proteger al estado inclusive cuando no tuviesen un Zar que los guiara.
(2) Izviní: Es la manera de decir "Perdón" en ruso.
(3) Borrarse: No estoy muy segura de si en sus paises utilizan este término, pero acá en Venezuela recurrimos a él para decir que una persona esta tan ebria que ya no reconoce lo que dice y que seguramente no lo recordará por la mañana.
(4) Sangre chinche: La chinche es un pequeño insecto que desprende un olor espantoso cuando es aplastado o segrega líquidos. En mi país se le dice así a las personas que nadie quiere tener cerca.
Taranpampam... *redoble de tambores* ¿Y ahora que rumbo piensan que tomará todo esto?
Como habrán notado, los chicos están dejando brotar su personalidad a flor de piel. Bryan nos ha demostrado ser bastante visceral mientras de Spencer parece calcular con más precisión las situaciones antes de actuar. Ya llevan más de un mes viviendo juntos, eso es lo que hace la confianza jajajaja. ¿Y Mao? Cualquiera que haya estado ebria y despechada en una fiesta puede entender la situación por la que esta pasando nuestra compañera. Parece que todo se le complica cada día... ¿Y Tala?
Yo no sé nada e_e Yo quiero que me digan que piensan ustedes! Como bonus les traigo un adelanto del siguiente capitulo: ¡Sabremos que pasó con Ray \o/ Eso nos ayudará a atar cabos sueltos y puede que obtengamos uno que otro detallito de lo que pasa con Mao y su cuerpo.
Gracias a todos por leer! Espero sus comentarios, sugerencias y les deseo un excelente inicio de semana! Un abrazo!
Att:
