Capítulo 10 – Explicaciones

Disclaimer: nada me pertenece, los personajes son de J.K Rowling y la historia es de Caeria, que me autorizó para traducirla


El programar las sesiones de estudio con Neville y Colin inmediatamente después de cenar, significaba que para cuando terminaban, la mayor parte de los estudiantes ya estaban en sus salas comunes por la noche. Hermione había elegido ese horario en específico para que no fueran interrumpidos y fuera menos probable que algún estudiante curioso los viera. Ahora, sólo esa hora tardía le permitió a Hermione llegar tan lejos antes de llamar la atención. Estaba completamente atrapada en el triunfo de su descubrimiento, y prácticamente voló a través de los pasillos de Hogwarts, con la pura intención de alcanzar su meta en la oficina del profesor Snape. La seguridad de su conocimiento ardía dentro de ella y le daba velocidad a sus pasos. Ella no le estaba prestando atención a los pasillos que la rodeaban, ni estaba particularmente atenta hacia donde iba, así fue como Hermione se encontró a sí misma frente a una atónita profesora Vector.

La mirada de total sorpresa en el rostro su profesora de aritmancia, le indicó a Hermione que algo estaba mal. Pensando que podía tener algo en su ropa, Hermione se miró a sí misma, tratando de descifrar lo que había sorprendido tanto a su profesora. Ella se horrorizó al ver que seguía vestida como el profesor Snape, desde las puntas de sus botas negras con tacón grueso, hasta los negros rizos que bloquearon su línea de visión cuando bajó la cabeza. ¡Oh, dios!

"Profesora vector... Puedo... Por favor no... profesor Snape... no... " Balbuceó, una docena de pensamientos distintos trataban de salir por su boca a la vez. Puedo explicarlo. Por favor no se lo diga al profesor Snape. No es lo que parece. Aún así, ninguno logró pasar más allá de unas pocas palabras inconexas

Vector la seguía mirando fijamente como si nunca antes la hubiera visto, una reacción que la ponía más nerviosa con cada segundo que pasaba, causando que las palabras salieran aún más rápido de su boca.

De pronto, la profesora Vector pareció salir de su aturdimiento. "Ven conmigo, señorita Granger." Dijo ella, interrumpiendo la verborrea de Hermione.

Con el corazón desbocado, Hermione siguió obedientemente a la profesora que entró en una de las viejas salas de clases que se alineaban en el pasillo. Una vez que la puerta estuvo firmemente cerrada, Vector dijo. "Baja tus papeles." Hermione hizo lo pedido, entonces Vector apuntó el centro de la habitación. "Párate ahí" ordenó.

Sin una palabra, Hermione siguió las instrucciones.

Una vez en el lugar, Hermione trató de explicarse. "Por favor, profes-"

Vector levantó una mano, cortándola. El nerviosismo de Hermione alcanzó nuevos límites cuando la profesora comenzó a girar alrededor de ella.

"Excepcional. Absolutamente excepcional. El nivel del detalle en el glamour... incluso alcanzaste a imitar los grabados de los botones."

El nerviosismo de Hermione se convirtió en confusión. La profesora Vector no sonaba enfadada. Sonaba, casi, como si su profesora estuviera impresionada.

En la siguiente vuelta de Vector, ella preguntó. "¿El profesor Flitwick ha visto esto?"

Eso atrajo un rotundo "¡No!" La sola idea de que otro profesor fuera consciente de ella vestida como el profesor Snape, hacía que el malestar en la boca de su estómago aumentara diez veces.

Vector, sin embargo, no pareció entender el horror de Hermione ante la pregunta. En cambio, sacudió su cabeza con pesar. "Que pena, él estaría bastante impresionado." Dejando de andar en círculos, se volvió a parar frente a Hermione; con una expresión más seria, agregó. "Aunque él sería el único impresionado, me temo. ¿Deseas morir o algo así?"

Hermione palideció. "Por favor, profesora, déjeme explicarle. No es lo que usted piensa. Tampoco es lo que él pensaría, si me viera así." No había necesidad de explicar quién era 'él'.

Sacando su varita, entonó el contrahechizo del glamour, tocándose ligeramente la coronilla con su varita, luego sus párpados cerrados y finalmente su pecho.

Una vez más, escuchó a Vector murmurar. "Excepcional."

En algún otro momento, escuchar la admiración en la voz de un profesor por un hechizo que ella había realizado, habría enviado una oleada de orgullo a través de Hermione. Ahora, sin embargo, mas bien sentía como si quisiera vomitar. Ciertamente no se sentía muy excepcional en este momento. Aterrorizada era una descripción más adecuada. Si la profesora Vector decidía contarle al profesor Snape... Oh, Dios.

La visón de Hermione se hizo borrosa y manchas oscuras comenzaron a flotar frente a sus ojos. "Creo que necesito sentarme." Tropezando un poco se sentó en una vieja silla, hundiendo su cara entre las palmas de sus manos.

Ella estaba vagamente consciente de que Vector seguía con ella en la habitación, pero su mente le estaba recordando con dureza lo que habría sucedido si hubiera llegado a la oficina del profesor Snape vestida como él. Un desastre que aún podía ocurrir, si es que la profesora Vector decidía marchar hacia las mazmorras sin dejar que se explicara. Todo podría estar arruinado. Ella tenía la certeza absoluta de que, bajo estas circunstancias, el profesor nunca creería que ella no se estaba burlando de él o tratando de dejarlo en ridículo. La sensación de malestar en su estómago volvió a retorcerse ante el pensamiento de que él pudiera pensar que ella quería humillarlo de alguna manera.

"Parece, señorita Granger, que necesitas un poco de té. Pensándolo bien, ahora que he visto cómo se vería Severus Snape como mujer, creo que también necesito un poco de té.

Hermione hizo un ruido afirmativo pero no levantó la cabeza de sus manos.

Vector se apartó de Hermione. "Anila." Dijo al aire en voz alta. Un momento después, un suave pop anunció la llegada de un elfo doméstico.

"Rink lo lamenta, señora. Anila no puede servir. Rink servirá en lugar de Anila. ¿Qué puede hacer Rink para servir a la honorable señora?"

Al escuchar las palabras del elfo doméstico, la cabeza de Hermione se disparó para mirar horrorizada a Rink. Rink le servía al profesor Snape. ¿Por qué estaba aquí? ¿Rink estaría a punto de revelar más de sus secretos?

Rink, sin embargo, ignoró a Hermione, su mirada sólo estaba concentrada en la profesora de aritmancia.

"Por favor, tráenos una tetera con té, Rink."

Rink se inclinó y desapareció sólo para reaparecer un minuto después con una bandeja. Además del té solicitado, una pequeña selección de galletas y pastelitos adornaban un pequeño plato.

Sintiéndose demasiado enferma para comer, Hermione se concentró en beber el té que la profesora Vector le había servido. Subiendo la vista, se encontró a la profesora Vector mirándola con un brillo especulativo, haciendo que Hermione se pusiera aún más nerviosa. Apretando sus dedos alrededor de su taza de porcelana, Hermione respiró profundo antes de comenzar a explicar. "Esto no es lo que parece, profesora. Estoy a cargo de un grupo de estudio de pociones con algunos estudiantes que están teniendo problemas en la materia." En un intento de asegurarle a su profesora sus buenas intenciones, agregó rápidamente. "El profesor Snape está al tanto de que estoy ayudando algunos estudiantes."

"¿Puedo asumir que él no sabe sobre tu atuendo?"

Hermione negó con la cabeza. "No, señora. Pero no lo hago para burlarme del profesor Snape. Nunca podría hacer eso, profesora." La mirada de Hermione volvió a bajar hasta su taza, donde comenzó a estudiar las manchas negras de té que flotaban al fondo. "No a él." Agregó suavemente. Concentrada en su taza, Hermione no vio que la profesora Vector levantó sus cejas ante sus palabras.

"Verá, algunos de los estudiantes, bueno, ellos le temen al profesor Snape. Tan sólo la vista de él los aterra" Volviendo a levantar la cabeza, continuó. "He estado vistiéndome y actuando como él en mis sesiones de estudio. De esa manera cuando ellos tratan conmigo, lo ven a él."

Vector asintió pensativa. "Y cuando tienen que tratar con el profesor Snape," dijo, completando el pensamiento, "ellos te ven a ti y no tienen tanto miedo. Ingenioso."

Hermione agachó su cabeza, sin estar segura de si se suponía que debía responder a eso. Afortunadamente, Vector no pereció estar esperando una, pero en su lugar hizo otra pregunta. "Señorita Granger, ¿debo asumir que andar paseando por los pasillos vestida como estaba no fue su intención?"

Hermione sintió sus mejillas calentarse por la vergüenza. "No, profesora, esa no fue mi intención." Ella recorrió un dedo alrededor de la orilla de la taza en su mano. "El profesor Snape me dio un rompecabezas en el que trabajar. Él lo llamó un desafío y me dio una semana como plazo. He estado trabajando en él toda la semana, y mañana es mi último día. Hace algunos momentos encontré la solución. Estaba tan concentrada en alcanzar al profesor Snape para contarle lo que había descubierto que yo... Bueno, no estaba pensando en nada más."

Las palabras apenas habían alcanzado a salir de su boca, cuando ella usó la palma de su mano para golpear su frente. "Estúpida," exclamó. "¿Cómo pude haber sido tan estúpida?"

Vector, observó Hermione, la estaba mirando raro de nuevo, así que Hermione trató de explicar. "He sido una completa tarada. Todo el punto del desafío del profesor Snape era hacer que pensara. Yo resolví el problema, pero entonces dejé de pensar y sólo reaccioné. Resolví el rompecabezas pero fallé la prueba."

Vector le dio una pequeña sonrisa. "Creo que tal vez estás siendo un poco dura contigo misma, Hermione. La emoción del descubrimiento a menudo lleva a un comportamiento apresurado."

En otro tiempo y lugar, Hermione habría acogido con gusto el entendimiento y perdón que vector le ofrecía. Ahora, sin embargo, Hermione continuaba pateándose metafóricamente a sí misma. "No lo creo, profesora, al menos no cuando estoy vestida de una manera que potencialmente podría herir al profesor Snape."

Hermione había pasado tanto tiempo tratando de encontrar maneras de proteger, cuidar y hacer mejor la vida del profesor Snape, que no se dio cuenta de lo extraña que sonaba su afirmación viniendo de una estudiante, una estudiante Gryffindor además.

Vector, sin embargo, sí se dio cuenta, aunque no dijo nada. En cambio, ella se apegó al tema original de Hermione vestida como Snape. "Señorita Granger, es tarde y ya se acerca el toque de queda. ¿Dijiste que el profesor Snape te dio hasta mañana?" Cuando Hermione asintió, ella continuó. "Entonces mañana tendrás tiempo suficiente. No te quitaré puntos ya que tu intención no era hacer daño, pero creo que es mejor que por esta noche, vuelvas a tu sala común."

Hermione le dirigió una sonrisa agradecida. "Sí, señora. Gracias." Volviendo a tomar sus notas, Hermione se dirigió fuera del aula.

Detrás de ella, Vector comenzó una búsqueda frenética entre sus bolsillos hasta que logró sacar un trozo de pergamino doblado y su artefacto muggle favorito – un muy querido bolígrafo con la punta masticada. Con mucha concentración, Miranda comenzó a hacer anotaciones aritmánticas en su trozo de pergamino. Sus fórmulas y números transformándose los unos en los otros mientras trataba de apretar tantos pensamientos como fuera posible en el papel. Como cualquier buen teórico, ella podía visualizar las ecuaciones básicas en su cabeza y ver las representaciones visuales de esas ecuaciones.

Miranda era muy consciente de cómo se sentía la emoción de un descubrimiento repentino. Se sentía como un número que lograba balancear una ecuación. Se sentía como una simetría perfecta. Se sentía como un modelo estadístico que respondía cualquier pregunta. Se sentía como el entendimiento repentino, sin saber el cómo o por qué, de que Hermione Granger jugaría un rol importante en el enfrentamiento que se acercaba.

Se sentía bien.

Con los apuntes anotados, ella guardó el pergamino y bolígrafo en el bolsillo de su túnica. Necesitaba volver a su sala de trabajo. Tenía ecuaciones en su piel y números nuevos que escribir.


Hermione apenas durmió después de que la profesora Vector la enviara de vuelta a su sala común y a la cama. La inquieta energía de su cuerpo y la continua divagación de sus pensamientos tanto sobre la solución al problema como su estupidez de andar paseándose por ahí vestida como la profesora Granger-Snape, la alejaron de los pacíficos sueños. Pero cansada o no, debía admitir que la distancia le había hecho bien. Sus pensamientos estaban más centrados y ordenados ahora. Incluso sin todo el tema de la vestimenta, si hubiera visto al profesor de pociones anoche, ella habría estado a tientas con sus palabras y explicaciones, y él habría estado menos que impresionado. Ella quería impresionarlo. Pero incluso más que eso, ella quería que él la viera realmente y pensara que era digna de su aprecio.

Estaba calmada. Estaba confiada. Estaba lista.

Cuando la puerta del profesor Snape se abrió de repente, ella se dio cuenta de que tal vez no estaba tan lista como creyó. En realidad no estaba lista cuando él levantó una ceja negra como ala de cuervo, preguntándole si pensaba proteger su puerta con la misma devoción que la gárgola protegía la del director.

Y lista o no, Hermione se encontró a sí misma, una vez más, instalada en la sorprendentemente cómoda silla frente al escritorio del profesor Snape mientras él la miraba fijamente.

Cuando pareció que él solo se iba a quedar mirándola fijo, ella decidió comenzar la conversación. "Ya sé por qué fallaron las pociones"

De nuevo se alzó la ceja negra. "Dígalo entonces, señorita Granger."

"No son pociones. Ésa es la respuesta a su acertijo: ¿cuando una poción no es una poción? La respuesta es cuando NO es una poción. Sólo es una colección de ingredientes que nunca se convierten en una poción."

Ella hizo una pausa, tratando de medir su reacción. Sabía que esta vez estaría en lo correcto, pero aún así las pequeñas dudas la picaban, picaduras que rápidamente se estaban convirtiendo en mordiscos por la expresión impasible del profesor Snape.

A ella le dio un pequeño sobresalto cuando él finalmente inclinó su cabeza en reconocimiento. "Continúe."

Al escuchar esa única palabra, una gran sonrisa se extendió en su rostro y un estremecimiento de pura emoción atravesó su espalda, causando que ella respingara en su silla.

En un tono tan seco como el Sahara, él preguntó. "¿Debo darle algunos minutos para que saque el aturdimiento de su sistema?"

"No señor." Respondió, aunque la gran sonrisa en su rostro contradecía sus palabras. "Bueno, tal vez, señor." Dijo, con una risita mezclándose en sus palabras.

El profesor Snape le estaba frunciendo el ceño. Inhalando profundo, sostuvo la respiración por un momento antes de dejarla salir. Cambiando su cara a una más seria, ella le dedicó una pequeña sonrisa. "Mis disculpas, señor. Ya estoy bien."

Decidiendo que lo más prudente sería seguir con su explicación, Hermione buscó entre sus documentos, buscando la lista de estudiantes y pociones. Levantándose de su silla, ubicó el pergamino encima del escritorio para que él pudiera verlo.

"Bueno, usted debe saber que sólo tenía como ejemplo a una persona cuyas pociones no estaban saliendo correctamente." Recordando justo a tiempo que tenía secretos que guardar, ella dijo. "Tuve la confirmación de que alguien más había tenido el mismo problema pero que se le había pasado." Ella sacudió la cabeza. "Creo que eso fue lo que me confundió – la persona que actualmente estaba teniendo el problema no lo estaba superando. Traté en la biblioteca, pero ni siquiera tenía un punto de partida para comenzar a buscar la respuesta. Ahí fue cuando vine a usted."

Le mostró otra pequeña sonrisa a su profesor antes de girarse hacia el papel. "Me tomó algo de tiempo antes de que pudiera encontrar el camino correcto."

"¿El cuál fue?"

Atrapada en su descubrimiento, ella no se dio cuenta cuando se inclinó sobre el escritorio para apuntar los elementos de su lista mientras hablaba. "Terminé encuestando las otras casas. Pensé que podía haber algún tipo de patrón o pista. Tal vez si todos eran de Gryffindor, o si siempre era una poción en específico la que salía mal." Ella apuntó una columna en particular. "Usted puede ver aquí los alumnos encuestados, con la referencia cruzada de Casa y poción. No tenía mucho sentido hasta que me di cuenta que todos los afectados eran hijos de muggles, o en el caso de Harry, había sido criado por muggles. De algún modo no están haciendo pociones. Eso es lo que está mal. Los resultados no son diferentes a lo que pasaría si un muggle fuera quien mezclara los ingredientes. Esa es la respuesta final a su acertijo – la magia se está perdiendo."

Eso se ganó un pequeño asentimiento de su profesor. "Correcto, señorita Granger." Su rostro se retorció como si hubiera probado algo ácido. "Aunque me duela, creo que acordamos un número entre nosotros, eran setenta y cinco puntos para Gryffindor.

Ella registró sus palabras, pero las descartó con un movimiento inconsciente de su mano. Ella estaba en la cúspide de aprender algo mayor y el puro pensamiento de puntos era inconsecuente al conocimiento ante ella. Atrapando su labio inferior entre sus dientes, se preguntó si él le explicaría algunas de sus otras preguntas o la despediría.

Ella apenas registró el parpadeo un poco sorprendido de su profesor por su desestimación de los puntos. Pero en realidad ¿cuán buenos eran los puntos si los comparaba con el entendimiento? Ella estaba mucho más preocupada sobre si él continuaría conversando con ella o no.

"Pregunte, señorita Granger." Las palabras fueron dichas con un suspiro exasperado. "Y vuelva a sentarse."

Ella se apresuró a sentarse de nuevo. "¿Que pregunte, señor?" Incluso ella pudo oír la esperanza mezclándose en su voz.

El profesor se recargó en su silla rodando un poco los ojos. "Usted tiene preguntas adicionales." Él levantó un dedo antes de que ella pudiera responder. "No trate de negarlo, niña. Usted siempre tiene preguntas adicionales." Agregó con una sonrisa burlona. "Me siento magnánimo en este momento. Le sugiero que tome ventaja de la situación antes de que la mande afuera.

Insegura qué había precipitado su buena fortuna, Hermione tomó el máximo provecho del privilegio de preguntar que le habían otorgado. Con los ojos brillando por la emoción, se inclinó hacia adelante en su silla. "La magia se está perdiendo, lo que causa el problema. Lo que no entiendo es ¿por qué? O por qué algunas personas fueron afectadas y otras no, o por qué la mayoría, pero no todos, parecen superarlo cerca de su cuarto año."

"¿Usted recuerda nuestra discusión sobre la Afinidad?"

"Sí, señor."

"¿Qué es lo que le dije sobre su falta de conocimiento en lo que concierne al mundo mágico?"

No lograba ver del todo la relación entre su discusión previa con la preparación de pociones, sin embargo, Hermione recitó las palabras que él le había dicho en relación a la Afinidad. "Que al no haber sido criada en el mundo mágico, siempre habrían cosas que no conocería hasta que se me fueran explicadas."

"Correcto. El mundo mágico supone que usted sabe cómo funcionan ciertas cosas porque es un conocimiento que todo el mundo conoce – algo tan común que no necesita ser explicado."

Ella se acercó un poco más al borde de su asiento. "Pero nosotros los hijos de muggles nos estamos perdiendo de algo aquí, algo importante."

El profesor asintió gravemente. "Así que, dígame, señorita Granger, usted dedujo cuando una poción es una poción. Pero ¿qué pasa con la situación contraria? ¿Qué es lo que hace una poción? ¿Cómo se introduce la magia?"

"Yo-" Hermione se detuvo cuando se dio cuenta de repente que no lo sabía. Despacio, volvió a comenzar, con tono pensativo y mirada baja mientras trataba de desentrañar el rompecabezas. "No lo sé. Yo siempre me he limitado a seguir las instrucciones. Creo que nunca he intentado conscientemente poner magia en algo cuando estoy preparando una poción." Ella subió la vista entonces, aún siguiendo el pensamiento. "Pero es más que eso. Un muggle podría seguir las mismas instrucciones, pero no podría crear una poción." Ella se detuvo de nuevo, volviendo a morder su labio inferior mientras se esforzaba en unir las piezas, en pensar, como este hombre quería que hiciera. "En nuestra primera clase de pociones nos dijo que no habría tontos movimientos de varitas en su clase."

"Lo hice."

"Pero para los nacidos de muggle, eso es todo lo que nos han enseñado. La magia se hace con varitas. Nadie nos dijo nunca que existía otra manera de hacer magia. Algunas personas lo hacen bien inconscientemente. Yo infundo mis pociones con mi magia cuando las preparo, pero aún no sé cómo lo hago. Es un accidente que mis pociones hayan funcionado hasta ahora. Pude haber sido como los otros. No sé lo que estoy haciendo. No sé cómo infundo mis pociones con magia."

Una mueca adornó el rostro de su profesor. "Sí, una seria falta en el currículum que voy a enmendar."

"Pero ¿cómo?" Persistió.

La exasperación comenzó a filtrarse entre las palabras del maestro. "¿Pero cómo, señorita Granger? ¿Cómo qué?"

Las palabras parecieron caer de ella en su apuro de hablar antes de que él perdiera toda su paciencia. "La magia con varita es algo que pueden entender los hijos de muggle. Uno puede ver los movimientos de la varita y escuchar el encantamiento. ¿Cómo se puede enseñar a alguien a infundir una poción con magia cuando no hay nada visible?

Una expresión molesta cruzó el rostro del profesor Snape, y Hermione estuvo segura de que había cruzado completamente la delicada línea de tregua entre ellos. Aunque no había comprendido completamente las motivaciones de él al darle este desafío o al permitir que recuperara los puntos perdidos, ella sí entendía que le estaba dando una cantidad de respeto que en general no era extendido a meros estudiantes.

Sintiendo que ella acababa de encontrar el borde de su tolerancia, rápidamente bajó la mirada y dio marcha atrás. "Perdóneme, señor. No quise molestarlo."

Él carraspeó. "Sí, lo hizo."

Las palabras fueron austeras y bastante duras, pero fueron entregadas con una nota de diversión irónica que levantó el decaído espíritu de la chica.

"Levántese, señorita Granger."

Curiosa por saber lo que tenía planeado, ella hizo lo indicado y se encontró a sí misma enfrentando los veintisiete centímetros de una varita de ébano pulido, sostenida en el firme agarre de un hombre con un pasado y reputación menos que estelar. Sintiendo que volvía a enfrentar una prueba, sonrió al hombre parado frente a ella. No preguntó lo que pensaba hacer, ni el hechizo que iba a lanzarle. En su lugar, reconoció verbalmente la creciente confianza en él que había estado construyendo desde que comenzó la campaña S.N.O.R.T. "Cuando esté listo, profesor."

Él le entrecerró los ojos un momento antes de lanzar su hechizo. "Vere Veneficus."

Los movimientos de la varita, observó, eran intrincados y estilizados, involucrando tanto movimientos de muñeca como de dedos. Su mente tradujo automáticamente las palabras, su latín era áspero pero útil. Con el hechizo, él la llamó bruja real, o tal vez bruja verdadera.

Tomándose un momento para revisarse a sí misma, Hermione decidió que no se sentía diferente. Mirando hacia abajo, dejó salir un pequeño jadeo cuando se dio cuenta de que definitivamente se veía diferente. Ella estaba brillando. Manchas de colores luminosos adornaban su cuerpo. El punto resplandeciente más bajo estaba unos pocos centímetros por debajo de su ombligo, el siguiente estaba un poco más arriba y parecía emanar desde la parte superior de su estómago, justo debajo de sus senos, el tercero se centraba sobre su corazón. Ella sólo pudo vislumbrar un resplandor saliendo de su garganta. Ella se retorció un poco para mirar detrás de ella y no estuvo sorprendida al ver otro punto brillante sobre su espalda baja.

Puntos Chakra. El hechizo del profesor Snape había iluminado los puntos Chakra, o nudos de energía, de su cuerpo. Ella sabía, aunque no podía verlos, que habían otros dos puntos de colores brillantes sobre su frente y coronilla. Ella también se fijó que desde cada nodo resaltado por el hechizo, una línea de energía serpenteaba y fluía a través de su brazo hasta la palma de su mano de varita. El brillo pulsaba al mismo ritmo que sus latidos.

"Saque su varita y lance un hechizo, señorita Granger."

Ansiosa por ver lo que podían hacer las líneas de poder, ella no perdió tiempo en sacar su varita. Apuntando la silla, ella hizo correctamente una sacudida y un golpecito mientras pronunciaba "Wingardum Leviosa." La silla, en respuesta a su comando mágico, se elevó hasta quedar a medio metro del suelo. Hermione, sin embargo, no le estaba prestando atención a la silla. Ella estaba concentrada sólo en los puntos chakra brillantes y en las líneas que bajaban hasta su brazo de varita. Ella podía ver la magia. Pulsaba, fluía y se retorcía mientras bajaba por su brazo y por su varita. Los colores – rojo, naranja, amarillo, verde, azul, morado y plateado – brillaron y se entremezclaron mientras sostenía la silla en el aire.

Hipnotizada por la representación visual de su magia, Hermione bajó ausentemente la silla y terminó el encantamiento, cautivada completamente con la manera en que la representación de su magia cambiaba y se movía. La sonrisa con la que se giró hacia el profesor Snape se sintió como si hubiera sido extendida de oreja a oreja. "Eso fue hermoso." Suspiró suavemente.

Snape indicó el asiento desocupado, y ella se volvió a sentar rápidamente, volviendo a centrar su atención en él. "Así, señorita Granger, es cómo le mostraré a los estudiantes nacidos de muggles lo que están haciendo mal. Es un hechizo que la mayoría de los sangrepura lanzan sobre su prole al emerger las primeras muestras de sus poderes. Le da al pequeño mago o bruja una representación visual de su magia." Él asintió a su mano de varita aún brillante. "También hará que la idea de infundir los ingredientes que está preparando, y la poción que está elaborando con su magia, un concepto bastante fácil de entender.

"Brillante." Hermione estaba sonriendo otra vez y no parecía poder controlarlo. Ella pensó que el profesor Snape se veía bastante sorprendido por su afirmación, pero fue difícil de decir cuando la expresión ligeramente menos vigilada que había estado utilizando, volvió a la impasibilidad propia de su maestro de pociones.

"Bastante." Respondió él, en voz baja girándose hacia ella. "Debo informarle que el encantamiento no puede cancelarse, pero va pasarse solo. Eso debería suceder en un par de horas, aproximadamente. Le sugiero que utilice el tiempo en que siga activo para explorar su magia."

Al oír la despedida no dicha, Hermione se levantó y reunió sus documentos. Deteniéndose en la puerta de la oficina, se giró y le regaló otra sonrisa brillante. "Gracias, señor."

Él asintió ligeramente hacia la chica antes de cerrar la puerta tras ella.

Con la espalda contra la puerta, Hermione dejó salir el triunfo que sentía burbujeando dentro de ella. Sin embargo, all oír el resonar de su risa haciendo eco en las paredes de piedra, rápidamente puso una mano sobre su boca. Ciertamente no le molestaba que su profesor le hubiera devuelto esos setenta y cinco puntos.

Al ver su cintura brillando intensamente, dejó escapar una pequeña risita. Tenía algo de experimentación que hacer.


Severus cerró la puerta detrás de la señorita Granger. Ocho centímetros de viejo roble no fueron suficientes para ahogar completamente la carcajada que resonó del otro lado. No tenía dudas de la fuente de su alegría. Ella acababa de obtener una victoria mayor aquí. Ella había cumplido con su desafío y se había ganado setenta y cinco puntos para Gryffindor. Volviendo a su escritorio y a su planeación de clases, negó con la cabeza. Él no recordaba haberle dado tantos puntos a Gryffindor en un mes, mucho menos en un mismo día.

Tomando su pluma, la giró distraídamente entre sus dedos mientras recordaba cómo la señorita Granger había desestimado casualmente los puntos. Eso lo sorprendió momentáneamente. Siempre habían existido aquellos estudiantes que estaban por encima del sistema de puntos, pero nunca había asociado a la señorita Granger como uno de ellos, con su deseo de orden y estructura. Lo que sí se preguntaba era cómo explicaría el repentino salto en puntos, si es que llegaba a explicarlo. Una Minerva indignada nunca lo fue a acosar así que supo que la señorita Granger no se había quejado o explicado la pérdida de los setenta y cinco puntos originales. Si Minerva nunca llegaba a regodearse sobre la adquisición de puntos, entonces sabría que la chica continuaba manteniendo su silencio.

No que le importara en última instancia. Los puntos de Casa eran, después de todo, sólo una manera más de controlar a las pequeñas bestias y molestar a Minerva. Él no tenía dudas de que Gryffindor encontraría una manera de ganar la Copa de las Casas este año como lo había hecho los últimos cinco. Hizo una pequeña mueca. Albus, sabía, se encargaría de eso. Merlín no lo quiera, que Potter salga de Hogwarts sin que Gryffindor hubiera ganado. Su mueca se convirtió en un gruñido silencioso. Y decían que él era parcial al entregar puntos.

Soltando un resoplido, dejó ir su furia. Pelear contra lo inevitable no lo llevaría a ningún lado.

Levantando la pluma, rozó el extremo suave contra su barbilla mientras pensaba en la chica que acababa de dejar su oficina. El estuvo sorprendido, y a la vez no, de que ella hubiera descubierto el problema con los estudiantes nacidos de muggles.

Él tendría que recordar discutir esta situación con Albus. Que algo tan deslumbrantemente sencillo hubiera estado ocurriendo por tanto tiempo... Era simplemente inexcusable. Albus tendría que hablar con los directores de otras escuelas mágicas para asegurarse que ellos entendieran la naturaleza del problema. Durmstrang no admitía nacidos de muggles pero sabía que Beauxbatons y la Academia Salem seguían políticas más abiertas.

Sí, la señorita Granger continuaba intrigándolo y divirtiéndolo. Él siempre había disfrutado un buen enigma. Ella estaba probando ser muy enigmática, por cierto.


Durante la semana siguiente , Hermione comenzaba a sonreír ampliamente cada vez que veía a un estudiante brillando con el hechizo Vere Veneficus. El profesor Snape había sido honesto a su palabra y se había encargado del problema. Cada uno de sus estudiantes de pociones, desde primero hasta séptimo año habían tenido el hechizo en ellos. Los alumnos sangrepura y mestizos se encogieron de hombros y siguieron con su día, pero el efecto en los hijos de muggles no era menos que increíble.

Colin le había traído reportes de los mismos nacidos de muggles que había entrevistado originalmente. Ahora todos entendían lo que estaban haciendo mal en sus pociones.

Y el profesor Snape no ofreció explicación alguna por el uso del hechizo ni una sola de sus clases. Él no tomó el crédito, buscó una alabanza, ni cambió un ápice su actitud de idiota grasiento insensible e indiferente.

Hermione lo había visto todo. Al final de la semana, había redoblado sus esfuerzos tratando de encontrar una manera de ayudar al profesor Snape. Ella estaba más convencida que nunca de que él en realidad merecía todo el respeto, ayuda y protección que podía darle.


Hermione miró su reloj y bostezó. Eran casi las dos en punto de la mañana. Realizando una rápida búsqueda en el Mapa de Merodeador, se fijó que el profesor Dumbledore finalmente se había ido a la cama. Las pisadas del profesor Snape, sin embargo, aún se estaban moviendo.

¿El hombre nunca dormía? Ahogando otro bostezo, Hermione observó las pisadas del profesor mientras pasaban de largo la esquina que las guiaban hacia las mazmorras, y en su lugar tomaban el pasillo que las llevaban hasta la sala de trofeos y al territorio de Hufflepuff. Ahora entendía dónde había ganado su profesor la reputación de ser un vampiro. Ella siempre creyó que era por la piel pálida y la ropa totalmente negra. Ahora Hermione estaba convencida de que era porque el hombre no dormía de noche. Nunca. Era el insomnio llevado al extremo. Ella no tenía idea de cómo el profesor Snape funcionaba siquiera con tan poco sueño como parecía obtener.

Extendiendo los brazos sobre su cabeza, Hermione sintió su columna vertebral sonar y crujir mientras se estiraba después de horas de mala postura. Dejando escapar otro gran bostezo, apiló los libros que había estado hojeando antes y los empujó al pie de su cama.

El profesor le había dicho que no podría encontrar la respuesta al problema de Colin en un libro. Ella le había creído. Pero no quería decir que sus otros problemas no pudieran ser resueltos con investigación. Estaba leyendo sobre el insomnio, pociones para dormir, y hechizos para dormir. Por desgracia, no estaba teniendo mucha suerte.

La verdad sea dicha, estaba cansada de pensar. Estaba cansada de tratar de pensar. En su mayoría, estaba simplemente cansada. Tomando su varita, tocó el mapa y dijo "Travesura Realizada." Una vez más estaba mirando un trozo de pergamino en blanco, lo dobló cuidadosamente y lo guardó debajo de la pila de libros al final de su cama. Estaba bastante segura de que nadie más que ella tomaría Manzanas Envenenadas, Ataúdes de Cristal y Ruecas: Hechizos Tradicionales de Sueño a Través de los Años.

Ella realmente tenía que dejar de mirar al profesor Snape a través del mapa. Cada noche su curiosidad la impulsaba a observarlo un poco más cada vez, hasta que ahora sólo estaba teniendo unas pocas horas más de sueño que él. Hermione hundió un poco más su hombro bajo la suave cubierta de su cubrecama. Considerando que casi se había quedado dormida en la clase del profesor Flitwick esa tarde, decidió que mañana en la noche no abriría el mapa, y en su lugar, dormiría la noche entera. Si no lo hacía, temía que alguna mañana caería dormida sobre su avena en el Gran Comedor.

Ella dejó escapar un suspiro profundo y se hundió aún más dentro de las suaves sábanas. Mientras el sueño se acercaba a ella, Hermione le dedicó un pensamiento más al profesor Snape, quien estaba, incluso ahora, aún caminando por los corredores de la escuela. Era una pena que al pobre hombre le fuera negado el absoluto placer de una buena noche de sueño.

Ella casi podía escuchar a Morfeo llamando su nombre, empujándola gentilmente dentro del reino de los sueños. Fue, por lo tanto, totalmente comprensible que hubiera entrado en pánico cuando un repentino peso aterrizó sobre su cintura, atrapándola bajo las sábanas. Abriendo los ojos para ver una sombra moviéndose encima de ella, Hermione dejó escapar un grito sorprendido. Reaccionando instintivamente, luchó para deshacerse tanto de las frazadas como del peso que la sujetaba hacia abajo mientras tomaba su varita. Sintiendo su mano cerrarse sobre la fría madera, Hermione gritó "Lumos" y encontró su mirada con los ojos parpadeantes de Rink.

Desde afuera de las cortinas cerradas de su cama, la voz somnolienta de Lavender Brown rompió la mirada mutua. "'Ermione. ¿Stá todo bien?"

Viendo que Rink estaba a punto de decir algo, Hermione tacleó al pequeño elfo, sujetando una mano encima de su boca antes que él pudiera decir algo. "Estoy bien, Lavender. Pesadilla. Vuelve a dormir."

"O...kay." Respondió, interrumpida por un bostezo.

Con el sueño alejado por la adrenalina inducida con el miedo, Hermione lanzó un rápido hechizo silenciador alrededor de su cama mientras aún mantenía su mano sobre la boca de Rink. Olvidando momentáneamente la reacción acostumbrada de los elfos domésticos al percibir desaprobación, Hermione dijo entre dientes. "Rink ¿qué estás haciendo aquí?"

Ella se arrepintió inmediatamente de su tono áspero cuando los ojos de Rink se llenaron con lágrimas. Oh ¡por el amor de Dios!

Poniendo una voz más amable, ella palmeó torpemente un huesudo hombro de Rink. "No hagas eso, Rink. No quise gritarte. Sólo me asustaste. No te esperaba."

Rink, sin embargo, no estaba escuchando sus disculpas, mientras que gruesas lágrimas comenzaron a caer por su rostro. Cuando él comenzó a balancearse hacia delante y hacia atrás, y comenzó a lamentarse en un tono que podría romper el vidrio, Hermione nunca estuvo tan agradecida de haber puesto un hechizo silenciador.

"Rink es un elfo malo. Rink asustó a la joven señorita, Rink debe ser castigado."

Cansada, irritable, y sin nada de preparación para tratar con elfos domésticos histéricos, Hermione hizo algo que, en circunstancias normales, nunca habría considerado. Tiempos desesperados, sin embargo, requieren medidas desesperadas.

Tomando prestado el tono más exasperado de su maestro de pociones, Hermione interrumpió la letanía de Rink por sus faltas. "Rink, ¿si eres castigado, te detendrías?"

Al ver asentir las orejas del elfo, Hermione sacó la almohada detrás de ella. Alisando la tela de algodón que cubría la almohada de plumas, la puso directamente frente al rostro de Rink. "Aquí." Dijo. "Golpea tu cabeza contra esto tres veces."

Rink la miró fijo por un momento y entonces completó su castigo.

Frotándose los ojos con cansancio, se levantó a sí misma hasta quedar sentada con las piernas cruzadas bajo las sábanas. "Ahora que eso está fuera del camino ¿que estás haciendo aquí?

Aún resoplando un poco, Rink le regaló una gran sonrisa a Hermione. "Rink hizo lo que Hermy le pidió."

¿Hermy? ¿De verdad quiero saber? La curiosidad le ganó al final, como solía hacerlo. "¿Hermy?" Preguntó.

Rink asintió solemnemente. "La señorita desea servir como una elfina doméstica. Hermione," dijo Rink, preocupándose de decir el nombre con cuidado y precisión, "no es un nombre de elfina doméstica. Hermy es un buen nombre de elfina. Hermy es un nombre para estar orgullosa. Hermione es la joven señorita. Hermy sirve al maestro se pociones con Rink.

Bueno, pensó, no era peor que Mione o Herms o Her-mo-ninny.

Rink chasqueó sus dedos y un rollo de pergamino apareció en su mano. "Rink ha tomado notas de la comida y bebida del maestro de pociones como Hermy pidió." Rink negó tristemente con la cabeza. "El maestro no come como el maestro debería. Rink le ha fallado al maestro de pociones." Con mucho cuidado, Rink le presentó el pergamino a Hermione. "Hermy ayudará al maestro y Rink ayudará a Hermy."

Presentado con ese tipo de fe, Hermione alzó mentalmente sus manos en derrota. ¿Quién necesitaba dormir de todos modos? Desenrollando el pergamino, aumentó el brillo del Lumos para darles más luz. "Muy bien, Rink, muéstrame lo que tienes."


Con un suspiro, Hermione bajó su cabeza hasta la fría madera de su mesa en la biblioteca, su cabello cayó sobre su rostro para esconderla dentro de una cascada de rizos cafés. La información de Rink sobre los hábitos alimenticios del profesor Snape era útil pero aún no tenía idea de cómo atacar el problema. En su lugar, se concentró en el insomnio. Ahora, después de semanas de trabajo diligente, ella no había encontrado nada. Nada. Ella no podía evitar sentir que era una afronta hacia ella, la biblioteca de Hogwarts y el universo en general. Volvió a suspirar. Está bien, tal vez no todo el universo, pero definitivamente su pequeño rincón de él.

Ella había buscado en cada libro que pudiera pensar y había pasado una considerable cantidad de tiempo rastreando entre referencias mágicas, tratando de encontrar el tipo de hechizo que buscaba. Ella había encontrado muchos hechizos y pociones que ponían una persona a dormir, todo desde la maldición de la bella durmiente hasta atrapar a un soñador dentro de una pesadilla interminable. Pero nada se acercaba siquiera a lo que estaba buscando.

Por supuesto, ella misma no estaba exactamente segura de lo que buscaba, sólo sabía que el producto final debía calzar con ciertos criterios. Tenía que ser algo suave y que el soñador pudiera romper con facilidad. Ella no quería atrapar a su profesor en el sueño y que no fuera capaz de despertar si lo necesitaba. Ella quería algo que aliviara el insomnio por el que era tan notorio, y promover el descanso a la vez que le daba la sensación de ser cuidado y protegido.

Sin mencionar, que todo esto tendría que hacerse con un nivel de magia tan bajo que tendría que ser prácticamente indetectable. Los hechizos fuertes podrían desatar el instinto de paranoia en el cuerpo de su profesor. Tenía que ser tan inofensivo y delicado que incluso Salazar Slytherin en persona estaría impresionado de su sutileza.

Y no podía encontrar ni una maldita cosa. Los hechizos eran muy notorios o muy fuertes. Había fracasado, y el fracaso la dejaba frustrada, molesta y boca abajo sobre la mesa. Era patética.

Ella ignoró los susurros alrededor de ella. Que pensaran que la cerebrito de Gryffindor finalmente se había quebrado bajo la presión de su trabajo en clases. En este punto, cuando se estaba revolcando en su fracaso, no le importaba, y estaba bastante tranquila ahí, bajo la nube de su cabello. Eventualmente, cuando no se moviera o hiciera algo digno de chismes, los murmullos terminarían. Ella aún no hacía nada, excepto quedarse ahí, con la cabeza inclinada sobre la mesa.

Le tomó un rato penetrar dentro del torbellino de pensamientos que la plagaban. Ella no sabía cuanto rato había estado sólo escuchando antes de oír el sonido. Era suave y agradable. Subiendo la vista, miró alrededor hasta que vio a una Hufflepuff de tercer año en la mesa de al lado tarareando en voz baja mientras trabajaba en un pergamino.

La melodía era calmante y vagamente familiar. Un momento después Hermione la identificó como una vieja canción de cuna. Con la curiosidad satisfecha, cerró sus ojos y volvió a poner su frente sobre la mesa.

Dos segundos después los volvió a abrir de golpe, enderezándose en su silla. Canciones de cuna. Bebés. Lo había estado mirando mal todo el tiempo. Sintiendo su propósito renovado y la emoción de la búsqueda literaria, Hermione se levantó abruptamente, ansiosa de retomar su búsqueda. Quizás un poco muy rápido, ya que, sin advertencia, la silla de madera en la que había estado sentada se cayó causando un ruido sorprendentemente fuerte en la silenciosa biblioteca, atrayendo varias miradas y un punzante "Shhhhh" de Madame Pince. Sonrojándose furiosamente, arregló la silla y escapó de los ojos curiosos y ligeramente acusadores de sus compañeros lanzándose hacia la primera columna de estanterías.

Los libros que buscaba estaban en una especie de rincón cerrado creado por un ángulo extraño entre la pared trasera de la biblioteca y dos pesadas estanterías. Le tomó veinte minutos encontrar lo que estaba buscando ya que una columna de soporte tapaba parcialmente la primera fila. Dejándose caer para así poder ver mejor los títulos polvorientos en la estantería del fondo, sintió una punzada de preocupación cuando sólo vio cuatro volúmenes delgados. Sin embargo, cuando pasó la yema de un dedo a través del suave cuero de los lomos, sintió el inconfundible cosquilleo de la magia. Había poder aquí – un poder antiguo que no tenía nada que ver con la aparente edad de los libros. Aún con toda la fuerza de ese poder, era cálido y reconfortante, envolviéndola con una aceptación mágica que la relajó desde la cabeza hasta los pies y causó que una sonrisa espontánea se extendiera en su rostro.

Magia de madres, magia antigua. Una magia anterior a las varitas y las escuelas formales de magia. Ésta era la magia que le había obsequiado la madre de Harry a su hijo; la magia que había repelido la maldición asesina de Voldemort y salvó a Harry de Quirrell.

Si, esto era exactamente lo que estaba buscando.

Aún sonriendo, acarició ausentemente las cubiertas mientras sacaba cada libro de la estantería. El primero era Qué esperar cuando se está mágicamente esperando. Aunque estaba segura de que sería una lectura interesante, no era exactamente lo que estaba buscando. El segundo libro, Criando a un niño mágico, por Dr. Spook, se veía más prometedor.

Decidiendo simplemente acomodarse donde estaba, se giró y se recargó contra la sólida estantería, arreglando su túnica del uniforme alrededor de ella. Abriendo el libro, aspiró el olor a talco que emanó del tomo. Girándolo con su índice, Hermione lo revisó hasta encontrar el capítulo titulado, 'Haciendo dormir a tu niño.' Relajándose con el ritmo de lectura, Hermione se perdió a sí misma entre las palabras.


La agonía se disparó en la pierna izquierda de Severus deteniendo su paso habitualmente fluido, soportándolo con un jadeo suprimido. Apretando sus dientes por el dolor, miró rápidamente a su alrededor para asegurarse que su momentánea muestra de debilidad no hubiera sido atestiguada. Al no encontrar a nadie en su línea de visión, soltó un poco el control de su voluntad de hierro y trató de relajarse dentro del sufrimiento. Recargándose en una estantería por balance, agradeció que esa parte de la biblioteca estuviera desierta de estudiantes.

Aunque el Señor Oscuro tendía a favorecer la maldición Cruciatus, no quería decir que sólo utilizara ese método para castigar la desobediencia o fracaso. Voldemort no había estado satisfecho con su reporte la noche pasada, y ahora estaba pagando su lapso con la nueva afición de su amo por el maleficio Dolor Torus. Al igual que el Cruciatus, estaba dirigido hacia los nervios y músculos del cuerpo, pero podía localizarse y dirigirse hacia una sola área, en lugar de todo el cuerpo. También tenía la ventaja añadida de que las secuelas persistentes y dolores recurrentes duraban varios días, en lugar de varias horas, mientras que no tenía el desagradable efecto secundario de llevar a la víctima a la demencia.

Asegurándose de no hacer ruido, Severus cojeó por el corto pasillo, deteniéndose al llegar a la columna que bloqueaba la vista del resto del pasillo. Estuvo sorprendido al ver a Hermione Granger sentada en el suelo, con los pies escondidos bajo su túnica de la escuela. A su alrededor habían varios libros, mientras que otro descansaba sobre su regazo. Ella estaba completamente absorta en las páginas.

Resistiendo su primer impulso de enviarla lejos con un comentario sarcástico, se quedó en la sombra de la columna, simplemente observando al miembro femenino del Trío Dorado.

Era una tarea a la que se dedicaba más seguido de lo que sabían los estudiantes. A menudo los observaba desde nichos solitarios mientras los estudiantes interactuaban. El conocimiento que adquiría lo había prevenido de varias bromas, peleas y planes de venganza. Severus sabía que estaba al tanto, antes que todos los demás maestros con la posible excepción del director, del ánimo y el pulso del cuerpo estudiantil.

Curioso por saber lo que cautivaba tanto a la chica, inclinó la cabeza para tener una mejor vista de los títulos que ella había sacado de los estantes. Se sintió medianamente sorprendido cuando leyó el título del primer libro. Para cuando había llegado a Regalar a tu hijo un nombre mágico en el que transformarse, la mediana sorpresa se había convertido en ira mezclada con una decepción aguda.

¡Estúpida, estúpida niña! ¿Éste es el misterio detrás de su comportamiento cambiante? ¿Ésta es la pasión que le ha quitado la atención a sus deberes? Se sentía inexplicablemente traicionado. ¿Cómo se atrevió?

"¡Señorita Granger!"


Nota de la traductora:

Bueno, el trecho hasta las mazmorras era bastante largo, y creo que habría sido muy contraproducente que lograra llegar.

Sé que siempre digo lo mismo, pero muchas gracias a todos los que dejan comentarios, siguen y ponen la traducción en sus favoritos, me animan mucho.

¡Un abrazo a todos y que tengan buen fin de semana!